24134(07-02-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24134   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                               DR.    SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ   

                            Aprobado Acta Nº: 09   

          Bogotá D. C., siete de febrero de dos mil seis.   

VISTOS  

          Decide   la  Corte  la  casación  discrecional  instaurada  por  el  defensor  de  MANUEL SALVADOR AMAYA BARRERA  contra  el  fallo  proferido  por  el  Juzgado  Segundo  Penal del  Circuito  de  Sogamoso, Boyacá, el 8 de abril del año en curso, que confirmó,  con  modificaciones,  las  condenas  de  35  meses  de  prisión  y multa por 36  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  impuestas  al procesado por el  Juzgado  Promiscuo  Municipal de Pesca de esa misma jurisdicción en fallo del 6  de  octubre  de  2004, fijándolas en definitiva en 16 meses de prisión la pena  corporal  y  17.3 s.m.l.m.v. la sanción pecuniaria, al hallarlo responsable del  delito  de  lesiones  personales dolosas, al reconocerle al agente la diminuente  punitiva de la ira.   

          Del  mismo  modo,  el  Ad-Quem  disminuyó  el  monto  de  los  perjuicios  materiales  a  los que  inicialmente  había sido condenado el acusado, fijándolos en 3.5 s.m.l.m.v. en  lugar  de  los  7  deducidos  por  el A-Quo;  en  relación  con  los morales se abstuvo de proferir condena, a  diferencia  de  lo  que  consideró  el juzgador de primera instancia, quien por  dicho  concepto  los tasó en el equivalente al salario mínimo legal mensual de  2  meses  y  10 días, al estimar que la víctima “se  expuso  al  riesgo, en alguna medida, al atender los comportamientos ofensivos y  desafiantes de su hermano.”    HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  acontecimientos a los que se contrae el  presente  proceso  fueron  historiados  por  la Sala en pasada oportunidad de la  siguiente manera:   

“(…)   tuvieron   su  origen  en  la  riña  protagonizada  al anochecer del día 25 de abril de 2002 por los hermanos Rafael  Antonio  y  MANUEL  SALVADOR AMAYA BARRERA, en el paraje Puente Nuevo, sector El  Alisal  del municipio de Pesca, Boyacá, a consecuencia de la cual el segundo le  infligió  al  primero  heridas  de  consideración  con arma cortopunzante, que  determinaron  en  el lesionado incapacidad definitiva de 35 días y como secuela  una      deformidad     física     de     carácter     permanente.”    

         A  raíz  de  tales  hechos, la esposa de Rafael Antonio procedió a  denunciar  a  MANUEL SALVADOR,  y  éste  a  su  vez  hizo  lo  mismo  respecto de aquél, razón por la cual La  Fiscalía  12  Delegada  ante  el Juzgado Promiscuo Municipal del lugar decretó  formal   apertura   de  instrucción  y  vinculó  mediante  indagatoria  a  los  consanguíneos  por  la  conducta  punible de lesiones personales recíprocas, a  quienes  tan  sólo  les  resolvió  su situación jurídica en el momento de la  calificación  del  sumario,  lo  que  hizo acusando al primero por el delito de  lesiones  personales  tipificado  en  el  Art. 113, inciso 2°, y al segundo por  idéntica  ilicitud pero conforme a la descripción típica contenida en el Art.  112,  inciso  1°,  ambas conductas agravadas de acuerdo con las previsiones del  Art. 119 y 104-1, todos de la Ley 599 de 2000.   

          En  virtud  de  la  calificación  impartida a los hechos, el Fiscal  instructor  le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  a  MANUEL     SALVADOR    AMAYA    BARRERA,   con   derecho   a   disfrutar   de   la   libertad   provisional  caucionada.   

          Del  juicio  le correspondió conocer al Juzgado Promiscuo Municipal  de  Pesca  y,  en desarrollo de la vista pública, hubo de suspender el debate a  efecto  de establecer a través de perito los perjuicios causados a MANUEL   SALVADOR,  los  cuales  fijó  en  providencia  del  3  de  abril de 2004 en $261.000 los de naturaleza material, y  los  de  índole  moral en el equivalente a un (1) salario mínimo legal mensual  vigente.  Cancelado  el  valor  de los daños, por determinación del 19 de mayo  siguiente  decretó  la cesación de procedimiento por indemnización integral a  favor  de  Rafael  Antonio, acorde a lo dispuesto en los Arts. 39 y 42 del C. De  P. P.   

          Culminada   la   audiencia   pública   respecto   de   MANUEL    SALVADOR,   el   Juzgado   del  conocimiento  conforme al pliego de cargos profirió la condena a la que se hizo  alusión  en el acápite inicial de este providencia, cuya confirmación con las  modificaciones  indicadas  impartió  el  Tribunal,  como  allí también quedó  reseñado.                       

LA  DEMANDA   

          Dentro  del  término  legal, el defensor  del  procesado  presentó  demanda  de casación discrecional, y al amparo de lo  previsto  en  el  inciso  3°  del Art. 205 del Código de P. Penal, solicita la  admisión  del  libelo  para  la  garantía  del  derecho  fundamental al debido  proceso  instituido  en  el Art. 29 de la Carta Política, que estima conculcado  con  el fallo de segunda instancia, según lo deja entrever, por desconocimiento  del  principio  de legalidad, sobre cuyo imperativo restablecimiento diserta con  propiedad  en  alegación  preliminar haciéndole ver a la Corte la necesidad de  entrar  a  reparar  los  agravios inferidos al procesado con el fallo recurrido.   

         En   efecto,   el  Ad-Quem  al  resolver  la  impugnación  promovida contra el fallo de primer  grado  y entrar a modificar la sanción corporal imponible por el reconocimiento  del  estado  de ira en el actuar del agente, aduce el censor, le impuso una pena  más grave de la que realmente a su asistido le corresponde purgar.   

Luego de identificar los sujetos procesales y  la  sentencia impugnada, sintetizar los hechos y resumir la actuación procesal,  con  fundamento  en  la  causal  primera de casación, cuerpo primero, un único  cargo  postula  el  censor  contra  el fallo objeto del reproche, por violación  directa  de  la ley sustancial, habida cuenta de la interpretación errónea del  Art. 57 de la Ley 599 de 2000.   

         Tras  admitir  en  el comportamiento del procesado la presencia del  estado  de  ira  y  reconocer que había lugar a la aminorante de pena que dicho  dispositivo  entraña, el censor explica en desarrollo del cargo que el juzgador  de  segunda  instancia  al  cuantificar  la correspondiente sanción establecida  para  la  ilicitud  en  el  tipo penal infringido -Art. 111, en armonía con los  Arts.  113,  119  y  104  del C. Penal-, redujo del mínimo -32 meses- una sexta  (1/6)  parte  y,  de  esta  manera, en la dosificación pertinente partió de 26  meses  20 días, cuando el Art. 57 ibidem lo   que   enseña   es   que,   en   este   caso,  “la   pena   no   puede   ser   menor   de   la   sexta   parte  del  mínimo”,  baremo  este  escogido  para realizar la  respectiva  tasación  en  el entendido de que no se dedujeron circunstancias de  agravación genéricas.   

         Una  tal situación en el evento materia de controversia y conforme  a  lo establecido en el Art. 61 del estatuto represor, apenas sí conlleva a una  penalidad imponible de 5 meses y 10 días.   

         Del  mismo  modo,  procedimiento similar se empleó en la sentencia  acusada  para  dosificar  la  pena pecuniaria imponible, agrega el casacionista,  porque    para   tasar   la   multa   debió   partir   de   5.77   s.m.l.m.v.  que es la sexta parte de 34.6  salarios    de    la    misma   especie, y no 17.3 como lo hizo el Juzgador.   

         También   se   equivocó   el   Ad-Quem  al  cuantificar  el valor de los perjuicios irrogados  con  la  ilicitud, aduce el censor, “toda vez que la  sexta  parte  de  7  salarios  mínimos  impuestos  por  el a-quo sería de 1,17  salario mínimo legal mensual.”   

         Debido  a  esa  errónea  interpretación,  el  fallador de segunda  instancia  le dio un alcance diferente al Art. 57 del Código Penal, con lo cual  desconoció  las  preceptivas  contenidas  en  los  Arts.  29  y 6° de la Carta  Política,     preceptos    que    señala    como    objeto    del    quebranto  argüido.   

         Casar  parcialmente la sentencia impugnada en sede extraordinaria y  en  su  lugar  expedir  la  que  corresponda  con  la imposición de la pena que  resulte  acorde con la motivaciones del fallo recurrido, es decir, que atienda a  los  extremos punitivos mínimos de las sanciones previstas para la ilicitud por  la  que  se  procede, tal como realmente se adujo, es la petición que el censor  eleva     ante     la     Corte.           

ALEGACIÓN   DEL   SUJETO   PROCESAL   NO  RECURRENTE   

         Tras  profusa  disertación de lo que finalmente se persigue con la  postulación  de  la  casación discrecional, que en el presente evento lo es la  garantía  de un derecho constitucional fundamental efectivamente conculcado con  la  sentencia  atacada, el criterio del procurador judicial adscrito al despacho  judicial  que  se  acusa  de  la vulneración en cuestión, es que la demanda de  casación  discrecional instaurada con ocasión de este asunto debe ser admitida  por  la  Corte, a efecto de procurar la reparación de los agravios inferidos al  procesado   con  el  fallo  recurrido,  en  los  términos  solicitados  por  el  libelista.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  yerro  que  le  atribuye  el  demandante  al  sentenciador,  se  encuentra  correctamente  planteado,  destaca  el  Procurador  Delegado, pues de  manera  “práctica” explicó  en  qué  consistió la vulneración del precepto sustancial que reputa violado,  y  en  la  fundamentación  de  la  censura  logra demostrar su trascendencia al  indicar  de  manera  cierta, la equivocación del funcionario en la comprensión  de  aquél  en  el  proceso de dosificación de la sanción, lo cual redundó en  perjuicio del procesado.   

         Luego  de  reseñar el cargo materia de la acusación, el mismo por  el  cual se declaró penalmente responsable al sentenciado en el fallo de primer  grado  y  que  el  defensor  apeló por no haber sido acogido su argumento de la  presencia  en  el  actuar del agente de la circunstancia de atenuación punitiva  consagrada  en  el  Art.  57  del  C.  Penal,  la  cual finalmente reconoció el  Ad-Quem   al  desatar  la  alzada,  el  agente  del  Ministerio  Público arriba a la conclusión de que al  impugnante  extraordinario  le  asiste  la  razón  en  su reclamo, pues resulta  palmario  el  yerro  de  hermenéutica  cometido  por  el  fallador  de  segunda  instancia  en  relación  con  las  preceptivas  contenidas en el Art. 57 del C.  Penal,  en  el  instante  de determinar las penas principales imponibles en este  caso  -privativa  de  la  libertad  y  pecuniaria- al emprender el proceso de su  dosificación.   

         Al   efecto,  y  luego  de  establecer  los  parámetros  punitivos  pertinentes,  coincide  el  Delegado  con  el  demandante en la fijación de las  respectivas  sanciones. Por el mismo lapso de la corporal, aduce, debe imponerse  la    inhabilitación    para    el    ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas.   

         Sólo  carece de absoluta razón el demandante, acota el Ministerio  Público,  en  lo  atinente  al  valor  de  los  perjuicios  materiales que debe  cancelar  el  acusado  -en  cuanto  a los morales dijo el juzgador que no había  lugar  a  condena-,  cuando  frente  al  reconocimiento  de la diminuente dicha,  pretende se rebajen en la misma proporción de la pena.   

         Si    bien    el   A-Quo   fijó  tales  perjuicios  en siete (7) s.m.l.m.v., es lo cierto que  el  Superior los redujo a la mitad no empece a que guardó silencio respecto del  precepto en el cual sustentó su decisión.   

Sin  embargo,  no  cabe  duda  que  lo hizo  teniendo  como  fuente  legal  el  artículo  2357 del Código Civil, destaca el  Delegado.  No  puede ser el artículo 57 del Código Penal, como equivocadamente  lo  propone  el  casacionista,  norma  esta  que  para  nada  se  refiere  a las  obligaciones  que nacen de la responsabilidad civil, en tanto que la regulación  contenida  en  este  último  precepto hace relación a la reducción de pena en  las  proporciones  allí  estipuladas,  esto  es,  en  relación  con  el delito  pertinente,          trátese         del         tipo         básico         o  agravado.          

         Por  modo  que,  la  falta  de entendimiento correcto por parte del  juzgador  de  la  norma  cuyo quebrantamiento denuncia el actor, al asignarle un  significado  diverso variándole su verdadero sentido, hace que la censura tenga  toda  vocación  de  prosperidad,  argumenta el agente del Ministerio Público a  manera  de  colofón  de  sus razonamientos, razón por la cual le solicita a la  Corte  proceda a casar parcialmente la sentencia recurrida, modificando mediante  la  de  sustitución  que  ha de proferirse, el monto de las penas de prisión y  multa,  como  también  la  de  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  que  ha  de  disminuirse  en  la  misma  proporción de la  resultante para la privativa de la libertad.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Violación   directa   de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea  del  Art.  57  del  C.  Penal,  en  cuanto  el  juzgador  Ad-Quem  al  reconocerle  al  procesado la  aminorante  punitiva  establecida  en  el  referido canon le asignó al mismo un  alcance  diverso  en  él  contenido,  imponiéndole  como  consecuencia  de  su  equivocada  intelección  unas  penas  más  gravosas  de  las que legalmente le  correspondía, es el yerro que el censor aquí denuncia.   

          Cuando  se  acude  a  la violación directa de la ley sustancial por  errónea  interpretación,  lo  tiene dicho la Sala y ahora lo reitera, se parte  de  la base que el fallador selecciona adecuadamente el precepto que gobierna el  caso  y  lo  utiliza  en  su  solución, pero  al  hacerlo  se  equivoca en su entendimiento asignándole una  significación  que le es extraña a la disposición, como cuando se le atribuye  un  sentido  o  alcance  diverso  al  que realmente le corresponde, o se le hace  derivar efectos que no produce.   

          En  el  presente  asunto, el comportamiento del agente se adecuó al  tipo  penal  de lesiones personales agravadas de acuerdo con lo previsto para el  efecto  en  los  Arts.  113,  inciso  2°, 119 y 104-1 de la Ley 599 de 2000, en  armonía   con   el   Art.   57   ibidem  al      reconocérsele      la     diminuente     punitiva     allí  consagrada.   

            Pues  bien, conforme con dicha normatividad el juzgador determinó  los  límites  punitivos  establecidos para la ilicitud por la que se procedía,  así:  de  32  meses  a  126  meses  de  prisión  y multa que oscila entre 34.6  s.m.l.m.v. y 54 s.m.l.m.v.-    

Empero,  en  equivocada hermenéutica de las  preceptivas  que  regulan  la ira o el intenso dolor cuya presencia en el actuar  del  justiciable  reconoció, entendió el sentenciador que esos hitos punitivos  debían  disminuirse  de  una  sexta  (1/6)  parte a la mitad (1/2). De ahí que  concluyera  que  la  sanción  corporal   mínima  en  el  evento  a examen  correspondía   a   26  meses  y  20  días  de  prisión  y  la  máxima  a  63  meses.   

Un  tal  yerro  deviene  mayúsculo, como lo  advierte  el  Ministerio Público, cuando al establecer los cuartos de movilidad  punitiva  a  los  que alude el Art. 61 de la Ley 599 de 2000, vuelve a disminuir  esos  extremos  punitivos  inicialmente tasados, en su orden, en 32 y 126 meses,  pero  esta  vez invirtiendo la operación, es decir, reduciendo el mínimo hasta  la  mitad, y el máximo en una sexta parte. Así, obtuvo como resultado 16 y 105  meses, respectivamente.   

Idéntica  postura asumió el Juez Penal del  Circuito  al  dosificar  la  pena  pecuniaria,  pues  a  los topes de 34.56 y 54  salarios  mínimos legales mensuales vigentes que, en su orden, dedujo a título  de  multa  como mínimo y máximo, aplicó la proporción de la mitad al primero  y  la  sexta  parte  al  segundo,  lo  que  le  dio  una  cifra  de  17.3  y  46  s.m.l.m.v.   

De  una tal manera, en uno y otro evento, la  determinación  de  los  cuartos  en  que  el  juzgador  estableció  el ámbito  punitivo  de  movilidad  devino  completamente  equivocado  como seguidamente se  verá, situación que redundó en perjuicio del procesado.   

En   efecto,   realizado   el  proceso  de  adecuación   típica   conforme  se  reseñó  con  antelación,  los  extremos  punitivos  del  tipo  básico  de  lesiones  personales  que producen deformidad  física  permanente  oscilan  entre  2  y 7 años de prisión y multa de 26 a 36  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  -Art.  113,  inciso 2° del C.  Penal-,  en  tanto  que  si dicho comportamiento se ejecuta en persona unida por  relación  de  parentesco,  como  la  de  hermano  en  este caso, los anteriores  límites  punitivos  se modifican “de una tercera parte  a  la  mitad”  -Arts. 119 y 104, ord. 1° ibidem-,  quedando  los  nuevos  extremos  punitivos,  de  acuerdo con lo reglado en el Art. 60-4 del Estatuto Represor, en  32 y 126 meses de prisión, y la multa en 34,66 y 54 s.m.l.m.v.   

Ahora,  si  esa conducta punible de lesiones  personales  agravadas  se comete en estado de ira o de intenso dolor, como aquí  se  reconoció,  la  correcta  intelección  de las preceptivas contenidas en el  Art.  57  del  C. Penal indica que el infractor incurrirá en pena “no  menor  de  la  sexta  parte del mínimo ni mayor de la mitad del  máximo”,  lo  que en el asunto a examen significa que  el  correspondiente  ámbito  punitivo quedaría fijado, el mínimo en 5 meses y  10  días  de  prisión,  y  el  máximo  en  63  meses,  mientras  que la multa  oscilaría entre 5.77 y 27 s.m.l.m.v.   

Si en la sentencia de segundo grado recurrida  se  estimó  por  el  fallador  que  por no existir circunstancias genéricas de  agravación  por  deducir, pero si de atenuación por la buena conducta anterior  del  procesado  dada  su  carencia  de  antecedentes,  había  de ubicarse en el  mínimo  del primer cuarto, ello implica que, atendidos esos mismos parámetros,  las  penas principales imponibles debieron ser 5 meses  y  10  días  de  prisión  y multa de 5.77 s.m.l.m.v.,  como  con acierto lo reclaman el demandante y el agente del Ministerio Público,  sanciones  estas que en definitiva serán las que la Corte habrá de fijar en el  correspondiente fallo sustitutivo.   

Del  mismo modo y conforme con lo reglado en  el  Art.  52  del  C.  Penal, la pena accesoria de inhabilitación de derechos y  funciones  públicas habrá de reducirse al término señalado en este caso para  la pena principal privativa de la libertad.   

En  relación  con la cuantificación de los  perjuicios,  carece  por  completo de razón el casacionista al aspirar a que su  monto  se  disminuya  en la proporción indicada en el pluricitado Art. 57 de la  Ley  599  de 2000, pues, como con acierto lo destaca el Delegado, dicho precepto  hace  relación  a  la  reducción  en  su  mínimo y en su máximo de las penas  establecidas  en  la  respectiva  disposición  para  el  delito  por el cual se  procede,  mas  no  para los daños, cuya tasación, como parece ser lo entendió  el  Ad-Quem  aunque sin citar  el  precepto  legal en el cual se apoya, obedeció sin duda a las estipulaciones  contenidas  en el Art. 2357 del C. Civil, norma que estatuye que “la  apreciación  del  daño está sujeta a reducción, si el que lo  ha      sufrido      se     expuso     a     el     imprudentemente.”   

La anterior afirmación encuentra sustento en  la  propia  argumentación contenida en el fallo de primera instancia, cuando el  A-Quo al tasar los perjuicios  morales  con  claridad  meridiana  adujo que apenas optaba por el equivalente en  salarios  mínimos  legales mensuales vigentes, a 2 meses y 10 días, por cuanto  la  víctima  “se expuso al riesgo, en alguna medida,  al    atender    los    comportamientos    ofensivos   y   desafiantes   de   su  hermano.” Los daños materiales los cuantificó en 7  s.m.l.m.v.   

De    ahí    que    el    Ad-Quem  al  reconocer el estado de ira en  el  actuar  del  agente,  hubiese  decidido  rebajar  la  condena por perjuicios  materiales  a  3.5  s.m.l.m.v.,  esto es, en un 50%, mientras que desechó la de  los  daños morales, razonamientos que encuentran eco, entre otros,  en los  pronunciamientos  de la Sala realizados el 14 de diciembre de 1999, Rdo. 12.343,  y 27 de agosto de 2003, Rdo. 17.160. En el primero, se sostuvo:   

“(…) Tal es lo  que  ocurre  en  materia penal cuando el delito se comete bajo el estado de ira,  por  cuanto como se desprende de los elementos estructurantes de esta aminorante  punitiva,  el  hecho  delictuoso  es  motivado  por  una  grave, ajena e injusta  provocación  de  quien  es  sujeto  pasivo  del  hecho  punible,  pues en tales  condiciones,  es  indudable  que  siendo el comportamiento de la víctima el que  desencadena  la  reacción delictual la reparación del daño sufrido a causa de  su   propio   actuar   no   puede   hacerse   en   forma   plena,  sino  parcial  (…)”    

En esta oportunidad, la Corte retoma dicha  tesis,  pues  si  bien con posterioridad a las sentencias de las que se ha hecho  mérito,  en  proveído  del  18  de  noviembre de 2004, Rdo. 20.889, la Sala al  reconocer  que el procesado desplegó el comportamiento punible en estado de ira  resolvió      reducir      “en     la     misma  proporción”  que  corresponde  a dicha atenuante la  indemnización  por  perjuicios  morales,  es  lo  cierto  que en el mismo no se  explicaron  los  motivos para variar la jurisprudencia en relación con el tema,  y   menos   se   hizo   mención   de  los  precedentes  que  sobre  la  materia  existen.          

Prospera el cargo.  

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,  administrando justicia en nombre de la República y por autoridad  de la ley,   RESUELVE   

          CASAR  parcialmente el fallo impugnado, de  fecha,  origen, contenido y naturaleza indicados y fijar en definitiva las penas  a  las  cuales  queda  condenado  MANUEL SALVADOR AMAYA  BARRERA  por  su  ilícito  proceder,  en 5  meses y 10 días de prisión y multa equivalente a 5.77 salarios  mínimos  legales mensuales vigentes. Al mismo término  de  la  sanción  privativa de la libertad, se le condena a la pena accesoria de  inhabilitación  de  derechos  y  funciones  públicas.  En  lo  demás  rige la  sentencia objeto del recurso extraordinario.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                      ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                       ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                        JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS              

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

         Secretaria     

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