24033(31-08-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  24033   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 064.  

          Bogotá   D.C.,   agosto  treinta  y  uno  (31)  de  dos  mil  cinco  (2005).   

  VISTOS  

Procede  la  Sala  a  decidir  acerca  de la  admisión  formal  de  la  demanda  de  revisión  presentada  por  el apoderado  especial  de  GUSTAVO ADOLFO ARENAS CARDONA,  condenado  el  4  de  mayo  de  1995  por el Tribunal Superior de  Medellín  a  la  pena  principal  de  cuarenta  (40)  años  de  prisión, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por diez (10)  años  y  al pago de la correspondiente indemnización de perjuicios, como autor  penalmente   responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  en  Carlos  Enrique  Acosta Bedoya, providencia  a  través  de  la cual se revocó el fallo absolutorio proferido por el Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  misma ciudad el 8 de marzo de la referida  anualidad.   

HECHOS  

          Aproximadamente  a  las  ocho de la noche del 9 de julio de 1993, en  el  establecimiento  público  denominado  Salsamentaria Manantial ubicado en la  calle  81  No.  54  – 89 de  Itagüí,  Carlos  Enrique  Acosta  Bedoya  fue  herido con varios proyectiles de arma de fuego que produjeron  su deceso.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

Dispuesta la apertura de la instrucción, la  Fiscalía   de   Itagüí   vinculó   mediante   indagatoria   a   GUSTAVO    ADOLFO    ARENAS   CARDONA   y  LUIS    FERNANDO    HERRERA    SANMARTIN,   resolviéndoles   su   situación   jurídica   con   medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva sin derecho a libertad provisional como  posibles  coautores del concurso de delitos de homicidio agravado y porte ilegal  de arma de fuego de defensa personal.   

Concluido  el  ciclo instructivo, el sumario  fue  calificado  el  30 de marzo de 1994 con resolución de acusación en contra  de  los  vinculados  como  presuntos  coautores  del  concurso  de  delitos  que  sustentó la medida de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Primero Penal del Circuito de Itagüí, despacho que luego de surtir  el  rito  dispuesto por el legislador profirió sentencia el 8 de marzo de 1995,  por   cuyo   medio   absolvió  a  los  procesados  por  los  cargos  objeto  de  acusación.   

Impugnado  el  fallo  por  la  Fiscalía, el  Tribunal  de Medellín lo revocó mediante sentencia del 4 de mayo de 1995, para  en  su  lugar  condenar a los incriminados a las penas señaladas en el introito  de esta decisión.   

Mediante  auto  del  11 de marzo de 2004, en  aplicación  del  principio de favorabilidad, el Juzgado Cuarto de Ejecución de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Medellín  readecuó  la  pena  impuesta a  GUSTAVO   ADOLFO  ARENAS  a  veinticinco (25) años de prisión.   

LA  DEMANDA   

Con  base  en lo dispuesto en el numeral 3°  del   artículo  220  de  la  Ley  600  de  2000,  el  defensor  aduce  que  con  posterioridad  al  fallo  de  condena  “han aparecido  nuevas  pruebas  que  establecen  la inocencia” de su  representado.   

Aduce  que  en  el diligenciamiento no obró  prueba   directa   que   comprometiera   la   responsabilidad   de  CARLOS  ADOLFO  ARENAS en la comisión del  homicidio  investigado  y  que  sólo se contó con la declaración de oídas de  Alba  Viviana  Rivera  Lara,  compañera  del  occiso,  la cual no fue confirmada por otros medios probatorios  y, por el contrario, denota serias incongruencias.   

          También  afirma  que  si  a  la  víctima le fueron encontrados 100  miligramos  de  alcohol  en  la sangre, no es cierto que cinco minutos antes del  suceso  había salido de su lugar de trabajo, pues obviamente, en aquel sitio no  podía  estar  libando  licor  y probablemente el consumo se produjo en el mismo  establecimiento donde fue agredido.   

          Considera   que   lo   dicho   por  la  compañera  de  Carlos  Enrique  Acosta  de que vivía con  éste  hacía  siete  meses es desvirtuado por lo expuesto por algunos testigos,  pues sólo llevaban dos meses de convivencia.   

          Cuestiona  que  la  hermana de la víctima hubiera escuchado el plan  urdido  para  ocasionar  la  muerte  a  Carlos Enrique  Acosta,  pero  no  hubiera emprendido actividad alguna  para evitar tal resultado.   

          Resalta   que   el   único  testigo  del  homicidio  fue  el  menor  Johan     Fredy    Molina    Rodríguez,  quien  atendía  el establecimiento comercial donde se produjo el  delito  que  fue  objeto  de investigación, cuyo padre no le permitió decir la  verdad  sobre  lo  acaecido,  pero  que ahora que es mayor de edad afirma que el  sentenciado    GUSTAVO   ADOLFO   ARENAS  no  se  encontraba allí cuando se cometió el referido homicidio,  circunstancia  corroborada  por  los  testigos  Jesús  María   Acosta   Bedoya,   hermano   del  occiso,  y  Juli  Andrea  Acosta  Bedoya,  sobrina del mismo.   

          Indica   que   María   Rubi  Palacio  de  Bedoya, esposa de un tío de la víctima, precisó que  la   muerte   de   Carlos  Enrique  Acosta       fue       cometida       por       alias      “Maco”,   dado  que  la  compañera  del  interfecto había convivido anteriormente con aquél.   

          Finalmente    dice    que    los    testimonios    de   Gilma    del   Socorro   y   Luz   Marina   Acosta,   así   como   de  Viviana      Rivera,  “son falsos, irreales, amañados y comprometidos con  los  personajes  que  realmente  ocasionaron  la muerte de Carlos Enrique Acosta  B”.   

          Con  base  en lo anterior, el demandante solicita a la Corte revocar  el  fallo  de  segundo  grado, pues con las pruebas nuevas aportadas se acredita  que  su  procurado  no  cometió  el homicidio por el cual se lo condenó y, por  tanto   debe   ser   absuelto   en   aplicación   del   principio  in  dubio  pro  reo,  al  no  reunirse los  presupuestos  legales  para  condenárselo,  como en efecto fue señalado por el  a quo.   

En  sustento  de  su  pretensión aporta las  declaraciones    extraproceso    rendidas    ante   Notario   por   Johan  Fredy  Molina  Rodríguez,  María  Ruby  Palacio  de Bedoya,  Jesús María y Juli Andrea Acosta Bedoya.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Habida  cuenta  que  la acción de revisión  tiene  como propósito fundamental remover la intangibilidad inherente a la cosa  juzgada,  legalmente  se  encuentra establecida como condición de admisibilidad  del  libelo  dirigido  a  tal  fin,  el  cumplimiento  de  estrictas y taxativas  exigencias contenidas en el artículo 222 de la Ley 600 de 2000.   

Como esta acción procede únicamente contra  providencias  que  hayan cobrado ejecutoria (fallos, resoluciones de preclusión  de  la investigación o autos de cesación de procedimiento), es obligación del  actor  anexar al libelo copia de las decisiones de primero y segundo grados cuya  rescisión    pretende,    junto    con   la   respectiva   constancia   de   su  ejecutoria.   

Cuando  se  invoca la causal contenida en el  numeral  3º  del  artículo  220  del  estatuto procesal penal, esto es, por la  aparición  de  hechos nuevos o el surgimiento de pruebas de igual naturaleza no  conocidas  al  tiempo  de los debates con virtud para demostrar la inocencia del  condenado  o su inimputabilidad, resulta imprescindible que junto con la demanda  se  aporten  tales  medios  probatorios  novedosos, los  cuales  deben ser idóneos para acreditar cualquiera de las finalidades anotadas  en precedencia.   

En el asunto objeto de estudio se observa que  el  actor  allega  copias de las sentencias de primera y segunda instancia, así  como  del fallo proferido por esta Sala, a través del cual se decidió no casar  el   fallo   proferido   por  el  ad  quem.   

No obstante, si bien aporta las declaraciones  extraproceso  de  Johan Fredy Molina Rodríguez, María  Rubi  Palacio  de  Bedoya, Jesús María y Juli Andrea Acosta Bedoya,  es evidente que de su contenido material no emerge con la nitidez  requerida  su  anunciado  carácter  novedoso,  ni  la  aptitud  suficiente para  derruir  de conformidad con la causal invocada el recaudo probatorio que sirvió  de  fundamento a la atribución de responsabilidad que se considera injusta, por  las siguientes razones:   

          En   cuanto  se  refiere  a  la  crítica  que  emprende  contra  la  declaración  de  Alba Viviana Rivera Lara  por  supuestas  inconsistencias  y  contradicciones  en su relato,  baste  señalar  que  un  tal  proceder no se ajusta a las exigencias propias de  esta  acción  especial y denota únicamente el propósito de reabrir debates ya  superados en el curso de las instancias.   

          En  punto  del  cuestionamiento  que  el  defensor formula contra la  declaración   de   Gilma   del   Socorro,  hermana del occiso, por no haber advertido a este acerca del plan  para  matarlo,  una  vez  más  la  Sala  vislumbra que al respecto no se aporta  elemento  novedoso  susceptible  de  consideración, sino la simple apreciación  subjetiva  del demandante sobre el referido testimonio, lo cual no corresponde a  las  exigencias  formales  para  accionar  en  revisión  contra un fallo que ha  cobrado ejecutoria.   

          Acerca   del  testimonio  de  Johan  Fredy  Molina  Rodríguez,  pueden  efectuarse las siguientes  observaciones:  La  primera,  que  no  se  trata  de  una  prueba nueva, pues su  declaración  obró  en  la  actuación y fue apreciada por los falladores en la  sentencia  de  condena,  motivo  por  el cual no cumple el carácter de elemento  probatorio  novedoso  que  dispone  el  legislador  para  acceder a esta acción  especial.   

La  segunda, que si de lo que se trata es de  una  retractación,  oportuno resulta señalar que de tiempo atrás ha sostenido  reiteradamente  la  Sala que “no se le da trámite a  una  acción  de  revisión,  por el sólo hecho de la retractación  de  uno  o  varios  de  los  testimonios  vertidos  en  el proceso  comoquiera  que  no  existe  certidumbre  sobre  en dónde fue que el declarante  respetó   la  verdad,  continuando  el  fallo  en  consecuencia,  en  posición  privilegiada  por  la  doble presunción de acierto y legalidad con la que está  amparado”1    (subrayas    fuera    de  texto).   

Con   relación   a   las   declaraciones  extraproceso    de    Jesús   María   y  Juli  Andrea  Acosta Bedoya,  observa  la  Sala  que  a  pesar de tener el carácter de pruebas  nuevas,  no  cuentan  con  la  idoneidad suficiente para derruir la sentencia de  condena objeto de esta acción.   

En  efecto,  de  una parte, resulta bastante  curioso    que   Jesús   María   Acosta,  hermano  del  interfecto  y  Juli Andrea  Acosta, sobrina del mismo, quienes además eran amigos  del     condenado     GUSTAVO     ADOLFO     ARENAS  CARDONA,  esperaran  más  de  diez  (10)  años  para  exponer  ahora  a  la  administración  de  justicia la supuesta verdad sobre la  autoría   del  homicidio  de  Carlos  Enrique  Acosta  Bedoya,  más  aún,  cuando  no percibieron de manera  directa  el  suceso,  sino que el primero escuchó unos disparos y la segunda se  limitó  a  repetir  la  versión de aquél, amén de que tampoco el sentenciado  alegó tal circunstancia en su injurada.   

Y   de  otra,  que  tales  testimonios  no  desvirtúan  otros  elementos  probatorios  tales  como la nota que Juan  Carlos Restrepo alias “Maco”,   Luis  Fernando  Herrera  y  Carlos  Adolfo    Arenas    le   enviaron   a   Viviana  Rivera Lara el día del sepelio de  su  compañero,  en  la  cual  reconocían  su  autoría  en  la  comisión  del  homicidio.   

          Sobre  el testimonio de María Rubi Palacio  de  Bedoya,  en  el  cual  refiere  que  la  muerte de  Carlos  Enrique  Acosta  fue  cometida      por     alias     “Maco”,  dado  que  la  compañera  de  la  víctima  había  convivido  anteriormente  con éste, es suficiente indicar que una tal circunstancia no fue  siquiera  sugerida  o  acotada  a  lo  largo  del diligenciamiento y, por tanto,  resulta  ahora  fuera de contexto, además de que carece de la idoneidad exigida  para desvirtuar los fundamentos de la sentencia condenatoria.   

          Ahora,  si  la  finalidad  del  defensor  se  encontraba orientada a  señalar  que  los  testimonios  de  Gilma del Socorro  y      Luz     Marina  Acosta,  así como de Viviana  Rivera  son  falsos, le correspondía invocar la causa  quinta  de revisión, con el deber de asumir las cargas demostrativas inherentes  a ella.   

Por  tanto,  advierte  la  Sala  que ninguna  novedad  sobre  la  inocencia  o  inimputabilidad  del  sentenciado plantean los  medios  demostrativos  allegados  con posterioridad a la ejecutoria del fallo de  condena,  con base en los cuales el defensor solicita su revisión, dado que sus  eventuales  aportes  ya fueron objeto de valoración por parte de los falladores  para proferir la sentencia.   

Además,  las  pruebas  nuevas, esto es, las  declaraciones    extraproceso    rendidas    ante   Notario   por   María  Rubi  Palacio  de Bedoya, Jesús María y Juli Andrea Acosta  Bedoya, no desvirtúan de manera alguna la atribución  de  responsabilidad  contenida  en la providencia condenatoria contra la cual se  dirige  esta  acción,  motivo  por  el  cual  resulta  improcedente disponer la  revisión solicitada.   

          Así  las  cosas,  en  el  entendido  que la acción de revisión de  acuerdo  con  la  voluntad  del  legislador no se erige en una continuación del  juicio  ni  en una instancia adicional con virtud para franquear el acceso a una  pretensión  de lograr enmienda a supuestos errores de procedimiento o de juicio  en  los  que  pueda haber incurrido el sentenciador al valorar las pruebas, como  parece  entenderlo  el demandante, para lo cual contó con las oportunidades que  la  ley  tiene  establecidas en las instancias y, agotadas estas, con el recurso  de  casación  que  también  interpuso  con  resultado adverso, es claro que el  libelo  que  viene de examinarse no apunta al propósito de este instituto, sino  apenas,  a  suscitar una nueva ponderación probatoria, con base en elementos de  juicio despojados de la aptitud requerida para ello.   

Como  el libelo incumple fundamentalmente la  exigencia  formal  que  para su admisión establece el numeral 3º del artículo  222  de  la  Ley  600  del  2000, se impone su inadmisión de conformidad con lo  indicado en el artículo 223 del mismo estatuto.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         1.                      RECONOCER personería  al   doctor  Belffort  González  Hernández,  como  apoderado  del  sentenciado  GUSTAVO     ADOLFO    ARENAS    CARDONA,  en  los  términos  y  para  los  efectos señalados en el poder  otorgado.   

         2.                      INADMITIR la demanda  de  revisión presentada por el defensor del mencionado  ciudadano,  de  conformidad  con   las   razones   consignadas   en   la   anterior   motivación.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1  Providencia  del  8  de  febrero  de  1995.  Rad. 9203. M.P. Dr. Carlos E Mejía  Escobar, entre otras.     

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