23856(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23856  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado  Ponente   

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

Aprobado acta número 54  

Bogotá  D.C.,  seis  de  julio  de  dos  mil  cinco.   

          Decide  la  Corte  si  es  admisible la demanda de casación que la  defensora     de     Javier     Alexander    Rojas  Villegas,  formula  contra  la  sentencia  de segunda  instancia   dictada  el  4  de  febrero  de  2005  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de San  Gil,  confirmatoria  de la de primera instancia proferida por el Juzgado tercero  penal  del  circuito  de  Villavicencio  el  2 de mayo de 2003, mediante la cual  condenó  al  procesado  como  autor del múltiple delito de homicidio culposo y  lesiones personales.   

HECHOS  

          Así fueron narrados en las decisiones de instancia:   

          “A  una  hora  aproximada  a las tres de la tarde del 9 de mayo de  1999,  un  grupo familiar compuesto por varias personas transitaba por el puente  nuevo  ubicado  sobre  el  río Guatiquía que de esta ciudad conduce a Restrepo  (Meta)  con  destino  al  cementerio Jardines del Llano a visitar la tumba de un  ser   querido,   aprovechando   que   ese  día  se  celebraba  el  día  de  la  madre.”   

          “En  el  momento  que  cruzaban  el  mencionado  puente,  en forma  intempestiva  varias  de  esas  personas  fueron  arrolladas  por  la  camioneta  Chevrolet  350  de  placas  HUF  186  de  Armenia  que se movilizaba en el mismo  sentido,  la  cual  era  conducida por Javier Alexander  Rojas Villegas.”   

          “Como  consecuencia  de  tal  acto,  fallecieron  Argelia Celis de  Quesada,  Diana Ortiz Miranda, María Paz Jiménez Miranda y Liliana María Oros  Miranda,  y  resultaron  seriamente  lesionadas  Diana Marcela Jiménez Torres y  Nohora Lucía Miranda.”   

ACTUACION  PROCESAL   

          El  10 de mayo de 1999, la Fiscalía segunda de la Unidad de Vida de  Villavicencio,   abrió  investigación  penal,  ordenando  la  vinculación  al  proceso  de Javier Alexander Rojas Villegas,  persona  a la cual escuchó en diligencia de indagatoria el 27 de  mayo    del    mismo   año   (fs.,   81),  y  a  quien  el  21 de julio le impuso medida de aseguramiento de  detención  preventiva,  reconociéndole  la  libertad  provisional (fs., 138 a 145).   

          El  10  de  agosto  de 2001 la fiscalía clausuró la investigación  (fs.,  411) y el 14 de marzo  de  2002  acusó  al  sindicado  por  la comisión de los delitos de homicidio y  lesiones personales culposas.   

          Al  Juzgado  tercero  penal  del circuito le fue asignado el juicio,  que  concluyó  en  primera  instancia  con  la sentencia del 2 de mayo de 2003,  mediante   la   cual   Rojas   Villegas  fue       condenado      como  autor  de  los  delitos  de  homicidio  y  lesiones personales  culposas, a la pena principal  de  60  meses  de  prisión, multa de 8.000 pesos y suspensión del ejercicio de  conducción    de    vehículos    automotores   por   36   meses   (fs., 529)   

          El    Tribunal    Superior    de    San    Gil     –  autoridad a la cual le correspondió  conocer  del  recurso de apelación interpuesto contra la decisión de instancia  en    virtud    del    programa    de   descongestión   judicial   –,  confirmó  la providencia impugnada  mediante  la  suya  del  4  de  febrero  de  2005,  modificándola en el aspecto  operacional,  al  reconocerle  al  procesado  el  derecho  a  purgar  la pena en  prisión     domiciliaria     (fs.,    2    cuaderno  tribunal).   

Contra esta decisión la defensa interpuso el  recurso extraordinario de casación.   

DEMANDA DE CASACION  

Con base en la causal primera, cuerpo segundo  de  casación,  la  demandante  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  acusándola  de  ser violatoria, por vía indirecta, de disposiciones  de   derecho   sustancial,  como  consecuencia  de  errores  de  derecho  en  la  apreciación de las pruebas.   

Primer   cargo.   

Aduce  que  en  el  proceso se demostró que  fallas  mecánicas  propiciaron  el  accidente,  tal  y  como  en  su momento lo  destacó  el  Cuerpo  Técnico de Investigación en su concepto pericial. Pese a  ello,  dice,  en  el  proceso  se  dejó  de  investigar  la  influencia de esos  desperfectos   y   su   relación   causal,   en   perjuicio  del  principio  de  investigación integral.   

Segundo cargo.   

Acusa al Tribunal  por  haber  interpretado  erróneamente  la  prueba  testimonial.  En ese orden,  indica  que  Javier  Alvarez  Barrera,  quien se dirigía hacia Villavicencio al  momento  del  accidente,  declaró  que  en dirección contraria a la que él se  dirigía,  venía  una  fila  de  vehículos  que  encabezaba  la  camioneta que  conducía  el  procesado.  De  manera  que si eso fue lo que expresó, no podía  afirmar  que  fuese el exceso de velocidad la causa del accidente. Claro, porque  a  mas 80 kilómetros por hora, tratándose de un día concurrido, era imposible  conducir un vehículo por ese sector.   

Agrega  que  es  factible  que  el sindicado  hubiese  invadido  una  zona  de tránsito peatonal, pero no por su imprudencia,  sino  porque  otro  vehículo, que se dirigía en sentido contrario, invadió su  carril.  De  ese  modo,  la  sola constatación de ese aspecto objetivo no puede  servir  de  base  para  afirmar  que  el procesado actuó culpablemente, pues el  evento no fue consecuencia de una conducta negligente o descuidada.   

Advierte, por último, que toda persona trata  de  sortear  riesgos y que el sindicado buscó evitarlos tratando de esquivar el  vehículo  que  venía en sentido contrario, con tan mala fortuna que se produjo  un   accidente  de  mayores  proporciones.  Pero  no  por  su  culpa,  sino  por  desperfectos  mecánicos,  y  por  otros  factores,  como  los ya indicados, que  generan una duda insalvable acerca de su responsabilidad.   

SE CONSIDERA  

          Teniendo  en  cuenta  que  en  materia  penal  la  ley  que  rige la  interposición  del  recurso  extraordinario  de casación es la vigente para el  momento  de  ejecución  de  la conducta, entonces las normas aplicables son las  del  decreto 2700 de 1991 –  modificado   por   ley  81  de  1993  –,  salvo  que una ley posterior regulase el tema de mejor manera, lo  cual no se ofrece posible.   

          De  acuerdo  con  esa reflexión, recuérdese que el artículo 35 de  la  ley  81  de  1993  modificó  el  artículo  218  del  decreto 2700 de 1991,  señalando  una  pena  privativa  de  la libertad que “sea o exceda” de seis  años  como límite mínimo para recurrir por la vía de la casación común las  sentencias  dictadas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial  y  el Tribunal Penal Militar. Como el homicidio culposo, que  es  la  conducta  por la cual fue condenado el recurrente, se sancionaba con una  pena  máxima  de seis años de prisión (artículo 329  del  decreto  100  de  1980), ello quiere decir que la  demandante  acertó  al no acudir al régimen de la casación discrecional, como  hubiese  tenido  que  hacerlo  de  haberse mantenido la tesis del hecho procesal  relevante.   1   

          Pues  bien,  pese  a  que  los  requisitos  del recurso de casación  común  son  mas  dúctiles,  la  recurrente  no  logró  elaborar la demanda de  acuerdo  a  las  mínimas  exigencias  que  permiten  abrir espacio al examen de  constitucionalidad   y   legalidad   de  la  sentencia  a  través  del  recurso  extraordinario  (artículos  225  del  decreto 2700 de  1991 y 212 de la ley 600 de 2000).   

          En  efecto, tratándose de errores de derecho, como se anuncia en el  primer  cargo,  en la demanda se ha debido indicar sí fueron errores originados  en  un falso juicio de legalidad (se aprecia como legal  una   prueba   no   decretada  legalmente  o  allegada  ilegalmente)  o  en  un falso juicio de convicción (se  le  confiere  a  la  prueba  un  valor por fuera de la tarifa legal),  los que propiciaron que el Tribunal infringiera indirectamente la  ley.   

          Además, en la postulación de este tipo  de  errores – como en todos  –,   se  requiere de  una   exposición   clara,  precisa  y  coherente  de  los  cargos  (numeral  3  de los artículos 225 del decreto 2700 de 1991 y 212 de  la  ley  600  de 2000), destacando la influencia nociva  del  error  en  la  conclusión  final  a  través  de  una  nueva  apreciación  probatoria  en  la  cual  se subsane el yerro denunciado, pese a lo cual, siendo  esencial, la demanda carece de este tipo de juicios.   

Por  lo  mismo,  la  probable  falta  de  estimación  del  dictamen  pericial  rendido por peritos del Cuerpo Técnico de  Investigación,  que  constituye  la idea nuclear del cargo, es apenas el esbozo  de  un  planteamiento  sin  desarrollar, que desde luego no es compatible con el  sentido que se atribuye al error de derecho.   

          Recuérdese  que  el  error de derecho está diseñado para resolver  problemas  relacionados  con  la  existencia  jurídica  de la prueba y no de su  existencia  material,  que  como  tal debe discutirse a través de cualquiera de  las  modalidades  del  error de hecho, de los que se ha debido seleccionar el de  existencia,  toda  vez  que  se  afirma que la prueba aportada al proceso no fue  apreciada en las instancias.   

          Como  si  ello  no  fuese  suficiente, en perjuicio del principio de  autonomía   de  las  causales,  la  demandante  termina  por  asumir  que  como  consecuencia  del  error  denunciado se incurrió en infracción al principio de  investigación  integral,  tema  que  ha  debido  proponerlo,  si es que así lo  consideraba,  como principal y bajo la nomenclatura de la causal tercera, que es  la  apropiada para atacar la legalidad y legitimidad del procedimiento cuando se  vulneran derechos y garantías procesales.   

          En   el   segundo  cargo  –  así  parece  inferirse,  dada  la  escasa  claridad argumentativa  –, pretende cuestionar la  credibilidad  del  testimonio  de Javier Alvarez Barrera, pero sin indicar cuál  fue  el  error  en  que  el  Tribunal  incurrió al apreciarlo: si de hecho o de  derecho.  A  lo  sumo, del cargo, tal como fue formulado, podría decirse que lo  que  persigue  es  abordar el tema desde la perspectiva del error de raciocinio,  pero  desde luego sin indicar la regla general de la experiencia que el Tribunal  habría infringido.   

          Además,  con  ese fin, le correspondía acreditar cómo se produjo  su  transgresión,  y  demostrar  de  forma  lógica y ordenada, cómo por haber  incurrido   el   juzgador  en  ese  desacierto,  dejó  de  aplicar,  o  aplicó  indebidamente,  determinado precepto sustancial y cómo de no haber ocurrido, el  sentido     del    fallo    habría    sido    sustancialmente    distinto    al  impugnado.          

          A   esas  incipientes  formulaciones,  la  demandante  agrega  otros  aspectos  que  no  están relacionados con la prueba testimonial, ni con ninguna  otra,  y  los  que bien podrían tildarse de conclusiones finales, pero que nada  dicen  con  respecto  a  los  supuestos  errores denunciados, razón por la cual  expresan  tan  solo  una  visión de tipo general que es propia de un alegato de  instancia,   pero   que   no  satisface  las  formas  del  recurso  (artículos  225  del  decreto  2700  de  199 y 212 de la ley 600 de  2000).   

          En   consecuencia  la  demanda  se  inadmitirá.  Así  mismo,  debe  advertir   la  Sala  que  no  encuentra  que  se  hubiesen  afectado  garantías  fundamentales  que  la  Corte  esté  en  el  deber  de  remediar oficiosamente.   

          Por  lo  expuesto,  La  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación  Penal,   

RESUELVE  

          Inadmitir   la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  Javier    Alexander    Rojas   Villegas.   

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Notifíquese,  Cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

MARINA PULIDO DE BARON  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ      HERMAN GALAN CASTELLANOS   

ALFREDO            GOMEZ  QUINTERO            EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO        

ALVARO         O         PEREZ  PINZON                 JORGE  QUINTERO MILANES   

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Según  la  tesis  del  hecho  procesal  relevante, la ley que regula el recurso  extraordinario  es la vigente para el momento cuando se profiere la sentencia de  segunda   instancia  y  no  la  del  momento  cuando  suceden  los  hechos.  Por  favorabilidad,  La  Corte  modificó esa postura mediante auto del 16 de febrero  de 2005, radicado 23006, M.P. Alfredo Gómez Quintero.     

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