23709(25-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 23709  

CORTE     SUPREMA     DE   JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta N° 076  

          Bogotá,   D.  C.,  veinticinco  (25)  de  abril  de  dos  mil  seis  (2006).   

V I S T O S :  

Procede  la  Corte a emitir concepto sobre la  solicitud  de  extradición  del  ciudadano colombiano HUGO ALBERTO ROJAS YEPES,  también  conocido  con el nombre de HUGO DE JESÚS REYES ZULUAGA y con el apodo  de  “Cholo”,  elevada  por  el  Gobierno de los Estados Unidos de América a  través de su Embajada en Colombia.   

A N T E C E D E N T E S :  

1.             En  Nota  verbal  N°  3011  del  9  de  diciembre             de             20041,  la  Embajada  de los Estados  Unidos  de América solicitó al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia  la  detención  provisional  con  fines  de  extradición  de HUGO ALBERTO ROJAS  YEPES,  también  conocido con el nombre de “Hugo de Jesús Reyes Zuluaga” y  con  el apodo de “Cholo”, ciudadano colombiano nacido el 11 de enero de 1961  e    identificado   con   la   cédula   de   ciudadanía   No.   14’234.405,  según aclaración contenida  en   la  Nota  N°0592  del  17  de  marzo  de  20052,   para   que   comparezca  a  responder   por  la  acusación  N°  04-465  (RMC)  del  30  de septiembre de 2004, proveniente del Tribunal  del  Distrito de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, contentiva del  siguiente texto:   

Cargo Uno:  

Concierto  para  fabricar y distribuir cinco  kilogramos  o  más  de  cocaína  con  la  intención  y el conocimiento que la  cocaína   sería  ilegalmente  importada  a  los  Estados  Unidos,  y  ayuda  y  facilitamiento  de  dicho  delito, lo cual es en contra del Título 21 Secciones  959  (a),  960 (a) (3) y 960 (b) (1) (B) (ii) del Código de los Estados Unidos,  todo  en  violación  del  Título  21,  Sección 963 del Código de los Estados  Unidos,  y  del  Título  18  Sección  2  del  Código  de  los Estados Unidos;  y   

Cargo Dos:  

Distribución  de cinco kilogramos o más de  cocaína  con  la  intención  y  el  conocimiento  de  que  la  cocaína sería  ilegalmente  importada  a  los Estados Unidos, y ayuda y facilitamiento de dicho  delito,  en  violación  del Título 21, Secciones 959 (a), 960 (a) (3), 960 (b)  (1)  (B) (ii) del Código de los Estados Unidos, y del Título18, Sección 2 del  Código de los Estados Unidos.   

2.            También fue remitida la copia auténtica  de   la   acusación   N°   PENAL   04-465,  proferida  el  30  de  septiembre  de  2004 por el Tribunal de  Distrito  de  los  Estados  Unidos  para  el Distrito Columbia, y de la orden de  captura   expedida   por  la  citada  autoridad  el  21  de  octubre  del  mismo  año3.   

El  pliego  formulado a ROJAS YEPES contiene  las siguientes imputaciones:   

CARGO UNO  

“Con  inicio en el año de 2003, siendo la  fecha  exacta  desconocida  para  el  Gran  Jurado,  y  con  continuación desde  entonces  hasta  e inclusive la fecha del dictamen de la presente Acusación, en  México,  Guatemala,  Venezuela,  Colombia  y en otras partes, los acusados HUGO  ALBERTO  ROJAS  YEPES….,  ilícita  e  intencionadamente y con conocimiento de  causa  combinaron,  confederaron y concordaron el uno con el otro, ….con fines  de  distribuir  cinco  kilogramos o más de una mezcla y sustancia que contenía  una  cantidad  perceptible de cocaína, una sustancia controlada de la Tabla II,  con  la  intención  y  el  conocimiento  de  que esa sustancia sería importada  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos, lo cual sería un delito en violación a  las   Secciones   959   y  960  del  Título  21  del  Código  de  los  Estados  Unidos.”   

CARGO DOS  

“El  10  de febrero de 2003 o alrededor de  esa  fecha,  en  Venezuela, Colombia, México y en otras partes, el acusado HUGO  ALBERTO  ROJAS  YEPES….,  ilícita  e  intencionadamente y con conocimiento de  causa  distribuyó  y causó que se distribuyeran cinco (5) kilogramos o más de  una  mezcla  o sustancia que contenía una cantidad perceptible de cocaína, una  sustancia  controlada de la Tabla II, con la intención y el conocimiento de que  esa cocaína sería importada ilícitamente a los Estados Unidos.   

(Distribución de cinco (5) kilogramos o más  de  cocaína  con  la  intención  y  el  conocimiento de que la cocaína sería  importada  ilícitamente  a  los  Estados  Unidos,  en  violación  de  la Sección 959 del Título 21 del Código de los Estados Unido,  y   Ayudar  e  Instigar,  en  violación  de  la  Sección  “  del  Título  18  del  Código de los estados  Unidos)”.   

3.            Fue  incluida  la  transcripción de las  normas  penales  del  Código  de  los  Estados  Unidos,  relevantes  para  este  asunto4.   

4.            Entre la documentación enviada obran las  declaraciones  juradas  de  Patrick  H.  Hearns,  Fiscal para la Sección contra  Estupefacientes   y   Drogas   Peligrosas  de  la  División  de  lo  Penal  del  Departamento  de  Justicia  de  los  Estados  Unidos de Norteamérica, y Luis A.  Miranda,  Agente  Especial de la Administración Antidroga de los Estados Unidos  (DEA),  quienes han estado encargados de la investigación de los hechos materia  del   proceso   que   ha   dado   lugar  a  la  presente  actuación5.   

5.            Se  recibió también la fotografía del  requerido     HUGO     ALBERTO     ROJAS     YEPES6.   

6.            Los  documentos aportados cuentan con la  traducción  necesaria  y  la  legalización  respectiva  ante  el Ministerio de  Relaciones Exteriores.   

7.            En  Colombia  se  realizó  el siguiente  trámite:   

7.1.          Recibida la documentación procedente de  la  Embajada  de  los  Estados  Unidos en la Oficina Jurídica del Ministerio de  Relaciones  Exteriores,  fue remitida a la Fiscalía General de la Nación, cuyo  titular,   mediante   resolución   del   2   de   marzo  de  2005  -aclarada     el     18    de    marzo  siguiente-,  solicitó  la  captura  con  fines  de  extradición  de  HUGO  ALBERTO  ROJAS YEPES, quien fue  notificado  personalmente  de  dicha  providencia el 7 de marzo de 2005, estando  privado  de  la  libertad  en la Cárcel Modelo de esta ciudad, momento a partir  del  cual  se  identificó  con  la  cédula  de  ciudadanía N° 14’234.4057.   

7.2.          La mencionada Oficina Jurídica a través  de  oficio OAJ.E 0499 del 6 de mayo de 2005, manifestó que “…por no existir  Convenio  aplicable  al  caso  es procedente obrar de conformidad con las normas  pertinentes del ordenamiento procesal penal colombiano”.   

7.3.          Iniciado en la Corte el trámite previsto  en  el  artículo  518  de  la  Ley  600  de 2000, la persona reclamada designó  defensor  para  que  la  asistiera,  y  el  28  de  julio de 2005 se les corrió  traslado  por  el  término  de  10  días  para que solicitaran las pruebas que  considerasen  necesarias,  derecho  que  ejercieron oportunamente la Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal  y  el  defensor,  pero  de manera  infructuosa  pues  la  Sala  se  vio  obligada a denegar las pruebas solicitadas  mediante  providencia del 25 de octubre del mismo año, decisión que mantuvo en  auto  del 23 de mayo de 2006 al desatar el recurso de reposición interpuesto en  debida  forma  por  el  defensor,  y como no se consideró indispensable allegar  oficiosamente  otros  elementos  de convicción, se ordenó el traslado para que  las  partes  formularan sus planteamientos previos a la emisión del concepto de  fondo.   

ALEGATOS     DE     LOS   SUJETOS  PROCESALES :   

La  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación Penal   

Conceptuó  favorablemente a la solicitud de  extradición  al  concluir  que  los requisitos del artículo 520 del Código de  Procedimiento Penal se encuentran satisfechos:   

1.             Calificó  de  formalmente  válida  la  documentación   presentada   por   el   Estado  requirente  para  acreditar  el  seguimiento  en  ese  territorio  de  un proceso penal en contra de HUGO ALBERTO  ROJAS  YEPES,  según  lo indica la utilización de la vía diplomática para su  remisión  y  las  certificaciones  sobre su autenticidad que, además, permiten  deducir que fue otorgada conforme a la legislación norteamericana.   

2.            Encontró  plena  coincidencia  entre la  persona  que  se  encuentra  privada  de la libertad en este país por cuenta de  “la  Unidad  Antinarcóticos  y  de  Interdicción  Marítima  de la Fiscalía  General  de  la Nación colombiana” y a quien se le notificó personalmente la  resolución  en  que  se  dispuso  su captura en razón de esta actuación, y la  reclamada  en  extradición,  no  obstante  la utilización de dos documentos de  identidad  diferentes,  el  primero,  expedido  a  nombre  de HUGO ALBERTO ROJAS  YEPES,   distinguido  con  el  N°  14’234.405,   y   el  segundo  otorgado  a  Hugo  Alberto  Rojas  Yepes  contentivo      del      N°     70’697.760,  por cuanto con base en experticio lofoscópico rendido por  el  CTI  y  en  la fotografía del requerido, se estableció que genuinamente le  corresponde  el  primero,  situación  que,  además,  fue  aclarada por Estados  Unidos  en  Nota  Verbal  N°  0592 y que dio lugar a la compulsación de copias  para  la  investigación  penal de la duplicidad apócrifa del último documento  de identidad reseñado.   

3.             Estimó   adecuadamente  respetado  el  principio  de  doble  incriminación  al encontrar equivalencia entre los cargos  formulados  a  HUGO  ALBERTO  ROJAS  YEPES en la resolución de acusación de la  jurisdicción  penal norteamericana y las normas invocadas en dicha providencia,  con  las  conductas  constitutivas  de  los  delitos de concierto para delinquir  agravado  por  tener como finalidad la comisión de tráfico de estupefacientes,  y  tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes agravado por la cantidad  del  objeto  material  sobre  el  cual  recayó,  consagrados,  el primero en el  artículo  340,  modificado por la Ley 733 de 2002, y, el segundo, en el 376 del  Código  Penal colombiano, normas éstas complementadas con los artículos 9, 12  y  22  de  la  Ley  599  de  2000, reguladoras de la estructura dogmática de la  conducta punible.   

Adicionalmente aludió a la satisfacción del  límite  mínimo  de  la  pena  privativa  de  la  libertad  fijada  para  estos  comportamientos  por  el  legislador patrio pues están castigadas con sanciones  ampliamente superiores a cuatro (4) años de prisión.   

          4.        Encontró   perfectamente   equivalente  el  pliego  de  cargos  N°  04-465   emitido  por  la  jurisdicción  del  país  requirente  a  HUGO  ALBERTO  ROJAS  YEPES  el  30 de  septiembre  de  2004,  con  la  resolución  de  acusación del sistema procesal  colombiano  dada  la  similitud  de  su  estructura  en  aspectos  tales como la  especificación  de  los  hechos y su calificación jurídica con la indicación  de  las  disposiciones  sustanciales  aplicables,  y,  además,  porque en ambos  ordenamientos  constituyen  presupuesto procesal para la iniciación de la etapa  de juzgamiento. Y,   

5.            Solicitó  finalmente a la Sala exhortar  al   Gobierno   Nacional   para  que  advierta  al  país  extranjero  sobre  la  imposibilidad  de juzgar al solicitado por hechos distintos a los que motivan la  petición  y  de  someterlo  a  tratos  crueles,  inhumanos  o degradantes, ni a  destierro,  prisión  perpetua  y  confiscación, ni a la pena capital, por así  prohibirlo    los    artículos    11,    12    y   34   de   la   Constitución  Política.   

          El defensor   

Pidió concepto adverso a la extradición con  base  en  los  argumentos que esgrimió dentro del contexto de varios postulados  orientadores  de la extradición y ante la ausencia de plena demostración de la  identidad del solicitado, así:   

          1.        Principio del non bis in idem:   

          Recurre  al  linaje constitucional de dicha garantía derivada de su  pertenencia  al  derecho  al debido proceso y a su consagración en el artículo  29,  inciso  4°  de la Carta Fundamental, de cuya interpretación, sostiene, se  ha  ocupado  la Corte Constitucional en varios pronunciamientos realizados en el  curso       de      acciones      de      tutela8  y  de inexequibilidad, éstos  contenidos    en   las   sentencias   C-622    del    25    de    agosto    de    1999    y    C-1189  de  2000, de los cuales destaca el  último  en  cuanto  al precisar las excepciones a la extradición de nacionales  incluye  la  circunstancia  de  que  la  persona  requerida  por las autoridades  extranjeras  sea  procesada o cumpla pena por los mismos hechos delictivos a los  que se refiere la solicitud.   

          Con  respaldo  en  las  anteriores  fuentes  y en la aceptación del  referido  principio por parte del Estado requirente a través de la declaración  jurada   del  Fiscal  de  Tribunales  Patrick  H.  Hearns,  de  la  Sección  de  Estupefacientes  y  Drogas  Peligrosas,  División  de lo Penal, Departamento de  Justicia  de  los  Estados  Unidos  de Norteamérica, plantea el defensor que la  Corte  Suprema  de Justicia a pesar de haber manifestado que el destinatario del  artículo   565   del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  1991,  que  impone  obsecuencia   al  principio  del  non  bis  in  idem,  lo   es  el  Gobierno  Nacional,  puede  acometer  su  aplicación  en  su  condición  de  “máximo  jerarca  de la justicia” y en  cumplimiento  de  su  misión  de  “guardiana de la legalidad” con el fin de  evitar  que  se  violen  derechos fundamentales por parte de otra rama del Poder  Público  debido  a  la  omisión  de normas positivas, y entonces, al emitir el  concepto  de  rigor,  esta  Sala  no  debe  limitarse  a  la  constatación  del  cumplimiento   de   las   exigencias  legales  de  tipo  meramente  formal  sino  convertirse en garante del mencionado derecho fundamental.   

          Evoca  la  interpretación  del antes citado artículo 565 elaborada  por  esta  Sala  en  concepto  de  extradición  del  12  de agosto de 1997, del  siguiente tenor:   

“…la restricción para extraditar cuando  en  contra  del requerido en Colombia exista proceso penal por los mismos hechos  que  motivaron  la solicitud, opera sólo en los casos en que con anterioridad a  la  solicitud  de  extradición  las  autoridades colombianas hayan decretado la  apertura  de  instrucción  y  ordenado  la  vinculación  de  dicha  persona al  proceso…”   

          Los   acontecimientos   que   aconsejan   la  emisión  de  concepto  desfavorable  en  este  caso,  con  el  fin  de  acatar  la  prohibición  antes  mencionada,  según  el defensor parten de la investigación preliminar iniciada  el  31  de marzo de 2003 por la Fiscalía UNAIM de Colombia, contra HUGO ALBERTO  ROJAS   YEPES  y  otras  personas,  que  alcanzó  el  estadio  de  instrucción  distinguida  con  el  N°  828, con la resolución de apertura del 9 de junio de  2004,  en  la  cual  se  ordenó  la  vinculación  de HUGO ALBERTO ROJAS YEPES,  proceso  que  actualmente  se encuentra en la etapa del juicio y que versa sobre  los  mismos  hechos y por los delitos de tráfico de estupefacientes y concierto  para  delinquir  -conforme lo  acredita   con   las   copias   arrimadas  a  esta  actuación  con  el  alegato  concluyente- por los cuales  también  es requerido por el Gobierno Norteamericano mediante solicitud elevada  posteriormente,  en  Nota  Verbal  N°  0892  del 5 de mayo de 2005, dirigida al  Ministerio  del  Interior  y  de  Justicia,  diligencias dentro de las cuales se  había  formalizado  la  captura  con  fines de extradición del ciudadano antes  mencionado el 2 de marzo de 2005.   

Estima que en situaciones como la previamente  descrita   debe   actuar   la  jurisdicción  penal  colombiana,  según  lo  ha  determinado  la  Corte Constitucional en Sentencia Unificadora del 20 de febrero  de  2002,  sentido  este  en  el  cual  ha  obrado el Gobierno Nacional en otras  oportunidades  de  las  cuales cita como ejemplo la resolución ejecutiva N° 28  del 11 de julio de 2000, relacionada con Orlando García Cleves.   

          2.        Principio de territorialidad.   

          Consagrado  en el sistema normativo integrado por los artículos 9 y  35,  inciso  2°  de  la  Constitución  Política,  y  13  y  15 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  a juicio del defensor, llamado a operar en este  caso  por  cuanto  si  los  hechos ocurrieron en el territorio patrio, según la  información  procesal  relacionada en el punto anterior, la ley penal aplicable  debe ser la nacional y en ningún momento la norteamericana.   

          Funda  la  tesis  en  las  pruebas  enviadas  con  la  solicitud  de  extradición  del  Gobierno  norteamericano  constituidas  únicamente  por  las  interceptaciones  telefónicas  realizadas a la comunicaciones sostenidas por su  representado  desde  Medellín  y Bogotá que dan cuenta de conductas realizadas  exclusivamente  en  dichas  ciudades;  en  la  incautación  del  cargamento  de  sustancias  prohibidas  referenciado  en  dicho  trámite en lugar completamente  ajeno  al  territorio estadounidense; y en la ausencia de concertación criminal  entre   ROJAS  YEPES  y  ciudadanos  del  país  requirente  para  una  supuesta  exportación   del   señalado   material,  lo  cual  impide  vincularlo  a  una  organización  ilícita  internacional,  situaciones estas que al evidenciar que  los   hechos   del  caso  solamente  tuvieron  lugar  en  Colombia,  imponen  la  intervención  exclusiva  de la jurisdicción penal colombiana para investigarlo  y  juzgarlo,  como  efectivamente  lo  está  haciendo,  razón  por  la cual el  concepto  de  extradición  debe  ser  desfavorable  pues  de  lo  contrario  se  violaría la soberanía nacional.   

          3.        Principio de la doble incriminación.   

          Con  base  en  este axioma de obligatoria constatación por parte de  la  Corte, resulta improcedente la extradición de su representado a quien se le  imputa   “conspiracy”,   por   cuanto  al  perder  vigencia  el  Tratado  de  Extradición  suscrito  entre  Colombia y Estados Unidos en 1979, que equiparaba  específicamente   dicha  conducta  punible  al  concierto  para  delinquir,  ha  desaparecido    el    cimiento    de   la   extradición   de   nacionales   por  “conspiracy”.   

          4.        Validez formal de la documentación presentada.   

          Sin  desconocer la autenticidad de la documentación remitida por el  Estado  requirente  y  la  legitimidad  del  conducto  utilizado para el efecto,  estima  afectada  su  validez  debido  a  las  dudas  existentes  sobre la plena  identificación  del  requerido,  derivadas  de  la  declaración rendida por el  Fiscal  Patrick  H. Hearns quien indica como lugar y fecha de nacimiento de HUGO  ALBERTO   ROJAS   YEPES  Rionegro,  Antioquia,  y  el  2  de  febrero  de  1955,  respectivamente,  cuando en realidad dicho evento tuvo lugar en Ibagué en 1961,  según   consta   en   el  documento  de  identificación  cuyo  número  logró  establecerse  al momento de notificar al solicitado la resolución extranjera de  captura,  en la cual se anotó otro número diferente, como también ocurrió en  la  petición de extradición recaída sobre “Hugo de Jesús Reyes Zuluaga”,  identificado  con  otro  documento,  discrepancias  estas  que motivaron la Nota  Verbal  N°  0592,  a través de la cual la Embajada norteamericana corrigió la  divergencia anotada.   

          Adicionalmente  objeta el procedimiento de notificación previamente  citado   por  no  haber  sido  cumplido  por  la  funcionaria  de  la  Fiscalía  comisionada con tal fin sino por una persona diferente.   

CONCEPTO    DE    LA   CORTE   

1.           Aspectos previos:   

1.1.          El  artículo  35  de  la  Constitución  Política,  modificado  por  el  Acto  Legislativo  01 de 1997, establece que la  extradición  se  podrá  solicitar,  conceder  u  ofrecer  de  acuerdo  con los  tratados  públicos  y,  en  su defecto, con la ley, lo cual conduce a concluir,  entonces,  que la extradición no procederá cuando se trate de hechos cometidos  con  anterioridad  a  la promulgación del mencionado Acto Legislativo, esto es,  del 17 de diciembre de 1997.   

De  acuerdo  con la solicitud elevada por el  Gobierno  de los Estados Unidos a través de su Embajada en Colombia, y con base  en  los  documentos  aportados, se infiere que las actividades delictivas que se  le  imputan a HUGO ALBERTO ROJAS YEPES tuvieron ocurrencia de manera continua, a  partir  del  año  2003,  luego  la acusación sobre él recaída abarca delitos  cometidos  con  posterioridad  a  la entrada en vigencia del antes invocado acto  legislativo,   y   por   tanto,   no  es  necesario  hacer  salvedad  alguna  al  respecto.   

1.2.            El    pluricitado    artículo    35  constitucional  también  dispone  que  la  extradición  de los colombianos por  nacimiento  se  concederá  por  delitos  cometidos en el exterior, considerados  como  tales  en  la  legislación  colombiana,  y  que no procederá por delitos  políticos o de opinión.   

En   relación   con   el   principio  de territorialidad, invocado por  el  defensor,  se  observa  que  si  el  pliego acusatorio en que se sustenta la  solicitud  de  extradición  y las declaraciones que se acompañaron, se precisa  que  HUGO  ALBERTO  ROJAS  YEPES  se  concertó  con otras personas -algunas  residentes  en  el  área  del  Estado       Norteamericano       de      Kansas9-  para,  desde  Colombia, importar ilícitamente e intencionadamente a los Estados  Unidos  de  América,  con  fines  de  distribución,  importantes cantidades de  cocaína,  resulta  infundada  la apreciación del defensor de la inoperancia de  la  extraterriorialidad  de  la  ley  penal norteamericana en este asunto, menos  aún  si  se  tiene en cuenta el criterio de la Corte en el sentido que respecto  del   delito   de  concierto  para  delinquir  relacionado  con  actividades  de  narcotráfico,   

“…su ámbito de operación territorial es  aquél  en  donde  se  lleva a cabo el convenio ilícito o donde éste surte sus  efectos,  sin  que su configuración típica exija la incautación de sustancias  estupefacientes  o  el lugar en donde ellos suceda determine la competencia para  el     ejercicio     de    la    jurisdicción.”10   

          Se  observa,  además,  que  incurre en inexactitudes el defensor al  sostener  que las pruebas enviadas con la petición de extradición del Gobierno  norteamericano   dan   cuenta   exclusivamente  de  conductas  de  narcotráfico  desarrolladas  en  Medellín  y  Bogotá, pues conforme al testimonio de Luis A.  Miranda,  agente  especial  de  la “DEA” en Bogotá, anexo a la solicitud de  extradición,   se   tiene   que   justamente  mediante  la  interceptación  de  comunicaciones  telefónicas las autoridades estadounidenses se pudieron enterar  de  la  concertación de la operación de importación ilícita de cocaína a su  territorio  desde  Colombia,  gestión  que  les  permitió  incautar  en varias  ocasiones  importantes  cantidades  de  dicha sustancia destinadas a tal fin, en  México  y  en  Guatemala,  gracias  a  la intervención de los guarda costas de  dichos países y del requirente.   

Entonces,  en  cualquiera  de las hipótesis  establecidas  por la jurisprudencia y la doctrina como criterios para determinar  el  sitio  de la ocurrencia del hecho, tales como el lugar de realización de la  acción,  según  el  cual  el  acontecimiento  se entiende cometido en el lugar  donde  se llevó a cabo total o parcialmente la exteriorización de la voluntad;  la   del   resultado,  que  estima  realizado  el  hecho  donde  se  produjo  el  efecto   de  la  conducta;  y,  la  teoría  de  la  ubicuidad  o mixta que  considera  cometida  la  conducta donde se efectuó la acción de manera total o  parcial,  como  en  el  sitio  donde  se  produjo   o  debió producirse el  resultado,  la  Sala  encuentra  que las conductas atribuidas por el Tribunal de  Distrito  de  los  Estados  Unidos  para  el Distrito de Columbia a HUGO ALBERTO  ROJAS  YEPES  traspasaron  las  fronteras  colombianas,  luego  se  satisface la  condicionante  constitucional de que el suceso haya sido cometido en el exterior  y,  por tanto, no puede ser acogido el planteamiento de la defensa al oponerse a  la extraterritorialidad de la ley penal extranjera en este caso.   

          Tampoco   opera   en   este   asunto  la  cortapisa  impuesta  a  la  extradición  de  nacionales colombianos cuando se trata de delitos políticos y  de  opinión, pues los comportamientos atentatorios contra la salud pública por  los  cuales  es  requerido  ROJAS YEPES ninguna relación estructural tienen con  aquellos.   

2.           Cuestiones de fondo:   

La  inexistencia  de tratado de extradición  aplicable  en  el  ordenamiento  interno  entre  Colombia  y  los Estados Unidos  de   América,  según  información  suministrada  por  el  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores  dentro  de  este  trámite,  impone  su  sujeción a las  previsiones   del   Código   de  Procedimiento  Penal  colombiano  y  por  ello  corresponde  a  la  Sala,  según  lo  indicado en el artículo 520 del referido  ordenamiento,  realizar  el  respectivo  análisis  sobre el cumplimiento de los  aspectos allí determinados:   

2.1.           Validez  formal  de  la  documentación  presentada.   

El gobierno de los Estados Unidos de América  elevó  la  solicitud  por  vía  diplomática,  con  documentos  traducidos  al  castellano  y  cuya autenticidad fue certificada por la autoridad reclamante, en  los  términos  establecidos en los  artículos 513 de la Ley 600 de 2000 y  259 del Código de Procedimiento Civil.   

En  efecto,  la petición fue acompañada de  copia     de     la    resolución    de    acusación    N°.    04-465  (RMC) del 30 de septiembre de 2004,  formulada  por  el  Tribunal del Distrito de los Estados Unidos para el Distrito  de  Columbia  que  indica los actos que soportan la reclamación, el lugar y las  fechas  de  su  ejecución,  y  los  datos  necesarios  en orden a establecer la  identidad de la persona reclamada.   

Se aportaron, además, las declaraciones del  Agente  Especial  de  la  Administración Antidrogas de los Estados Unidos (DEA)  Luis  A.  Miranda y del Fiscal de Tribunales del Departamento de Justicia de los  Estados   Unidos,  Patrick  H.  Herans,  quienes  estuvieron  encargados  de  la  investigación de los episodios en referencia.   

Fue enviada una reproducción literal de las  normas  del Código Penal de los Estados Unidos de América, aplicables al caso,  y  copia  de  la  orden  de  captura  del 21 de octubre de 2004, expedida por el  Tribunal  de  Distrito  de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  Central de  Columbia,  contra HUGO ALBERTO ROJAS YEPES, alias Hugo de Jesús Reyes Zuluaga y  “Cholo”.   

Los   anteriores  documentos  cumplen  las  condiciones   de   validez   que  demanda  la  ley  procesal  colombiana  y  que  desarrolla   la Resolución N° 2201 de 1997, por la cual se establecen los  procedimientos  para la legalización de documentos otorgados en el exterior que  vayan  a  producir efectos en Colombia, como quiera que el material remitido por  el  Estado  requirente  debidamente autenticado e idóneamente traducido por sus  autoridades,  fue  recibido  en  primer término por el Consulado de Colombia en  Washington  de  donde fue enviado al Ministerio de Relaciones Exteriores de este  país, por tanto, este requisito se satisface.   

2.2.              Identificación     plena     del  solicitado:   

A  tono  con el artículo 520 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  la  plena identidad exigida es entre la persona  procesada  por  el  Estado  requirente y la reclamada o aprehendida con fines de  extradición,  y no alude a la verdadera identidad de aquella o de ésta, según  lo  ha  establecido  la  jurisprudencia  de esta Sala11.  Bajo  este contexto, es la  identificación  sobre  la  cual  se  pronunciará  la  Sala, para atender a los  reparos que sobre dicho tópico ha formulado la defensa.   

En la Nota Verbal N° 3011 del 9 de diciembre  de  2004,  aclarada  mediante  la  Nota  Verbal  N°  592  del  17  de  marzo de  200512,  el  Estado  requirente  especificó que la persona solicitada con  fines  de extradición, es HUGO ALBERTO ROJAS YEPES, identificado con la cédula  de      ciudadanía      N°     14’234.405,  quien también es conocido con el nombre de Hugo de Jesús  Reyes  Zuluaga  y  es  portador  de la cédula de ciudadanía N° 70’697.760,   además,   adjuntó   una  fotografía           del          requerido13,  y  fotocopia de la cédula  de  ciudadanía  colombiana  a  él  expedida  el 2 de abril de 197914,  correspondiente  al  número inicialmente anotado, información que fue obtenida  a  partir  de  la  notificación  personal  al  solicitado  de la resolución de  captura  con  fines  de  extradición  dictada  por  la  Fiscalía General de la  Nación  el  2  de  marzo  de  2005  y cumplida cinco días después15 -cuya  validez  no puede ser objetada por  haber  sido  realizada  por  una  persona  distinta  a  la  comisionada,  según  argumento  del  defensor,  pues de todas maneras quien la cumplió pertenecía a  la  oficina  comisionada- y a  su  vez  convalidada  con  el dictamen lofoscópico proveniente de la mencionada  institución16,  en  que  quedó  claramente  evidenciada  la  identidad apócrifa  adoptada por HUGO ALBERTO ROJAS YEPES y establecida la genuina.   

Luego  las dudas detectadas por su defensor  en  las notas verbales sobre la identidad de su representado si bien existieron,  fueron  adecuadamente eliminadas no sólo con la prueba pericial antes enunciada  sino  a  partir de la información suministrada por el requerido a la Fiscalía,  con  las  anotaciones  sobre tal punto realizadas en el poder allegado al inicio  de             este             trámite17, sin que en ningún momento  el  solicitado  ni su defensor hayan promovido discusión alguna acerca de dicho  aspecto.   

Sin  desconocer la inconsistencia destacada  por  el  representante  judicial  del  solicitado  sobre  el  lugar  y  fecha de  nacimiento  de  éste,  consignados  en  la sección concluyente de declaración  rendida  por  el  Fiscal  Patrick H. Hearns, con los anotados en el documento de  identificación   a   éste   legítimamente   otorgado   por   las  autoridades  colombianas,  lo  cierto  es que no tiene la virtualidad de enervar la exigencia  que  se  está  analizando,  por cuanto, como se dejó esclarecido, su identidad  quedó  confirmada  con  los  documentos  que  obran  en  el  expediente,  antes  referenciados.   

Por consiguiente este requisito, al igual que  el anterior, se satisface a cabalidad.   

2.3.              Principio     de     la     doble  incriminación.   

De acuerdo con lo previsto en el numeral 1°  del  artículo  511  de  la  Ley  600  de 2000, para conceder la extradición es  requisito  indispensable  que  el hecho que la motiva esté previsto en Colombia  como  delito  y  reprimido con sanción privativa de la libertad cuyo mínimo no  sea inferior a cuatro (4) años.   

El  ciudadano  colombiano HUGO ALBERTO ROJAS  YEPES  es  requerido  para  que comparezca en juicio en el Tribunal Distrital de  los  Estados  Unidos  para  el  Distrito  Columbia,  dentro  del  caso en que se  profirió  la  resolución de acusación previamente detallada y se le imputaron  dos  cargos  por  conductas  prohibidas  en  el Código de los Estados Unidos de  América,  según síntesis contenida en las Notas Verbales 3011 y 0892 del 9 de  diciembre  de  2004 y del 5 de mayo de 2005, en su orden, en la siguiente forma:   

    

* Un  cargo  por concierto para fabricar y distribuir cinco (5) kilogramos de cocaína  con  la  intención  y el conocimiento de que dicha sustancia sería ilegalmente  importada  a  los  Estados  Unidos,  comportamiento  que configura el delito del  Título  21,  Sección  959  (a), 960 (a) (3) y 960 (b)(1)(B)(ii) del Código de  los  Estados  Unidos y Sección 963 del mismo Título; y Sección 2, del Título  18, ibídem.     

    

* Un  cargo  por  distribución  de  cinco  (5)  kilogramos  o más de cocaína con la  intención  y el conocimiento de que la misma sería ilegalmente importada a los  Estados  Unidos  y  facilitamiento  de  dicho  delito,  conducta enmarcada en el  Título  21,  Sección  959 (a), 960 (b) (1) (B) (ii) del Código de los Estados  Unidos,    y    del    Título    18,    Sección   2   del   invocado   código  extranjero.     

Las  conductas  inmersas en los cargos antes  referidos  son  castigadas en las normas previamente invocadas con “…pena de  prisión  por  un  término  de  por  lo menos 10 años y no mayor que la cadena  perpetua…”   

La   primera  modalidad  delictiva  guarda  consonancia  con  la  conducta que penalmente se ha reprimido en Colombia, en el  artículo  340  del Código Penal, modificado por el artículo 8o. de la Ley 733  de 2002, así:   

“Concierto  para  delinquir.  Cuando varias personas se concierten con el  fin  de  cometer delitos, cada una de ellas será penada, por esa sola conducta,  con prisión de tres (3) a seis (6) años.   

         

Cuando el concierto sea para cometer delitos  de   genocidio,   desaparición  forzada  de  persona,  tortura,  desplazamiento  forzado,  homicidio,  terrorismo, tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o  sustancias    sicotrópicas,   secuestro,   secuestro   extorsivo,   extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos o testaferrato y conexos, o para  organizar,  promover,  armar  o financiar grupos armados al margen de la ley, la  pena  será de prisión de seis (6) a doce (12) años y multa de dos mil (2.000)  hasta veinte mil (20.000) salarios mínimos legales mensuales.   

La  pena  privativa  de  la  libertad  se  aumentará  en  la  mitad  para quienes organicen, fomenten, promuevan, dirijan,  encabecen,   constituyan   o  financien  el  concierto  o  la  asociación  para  delinquir.”   

En  consecuencia,  la  similitud  entre los  supuestos  de  hecho  tanto  de  las normas penales invocadas en la solicitud de  extradición  como  la  del  ordenamiento  penal  interno acabada de transcribir  permite  inferir  que  en  ambos  países  el  mismo  comportamiento  es delito,  además,  como  la pena fijada en las dos legislaciones supera el mínimo de los  cuatro  años de prisión, la exigencia analizada se cumple a cabalidad, sin que  transcienda  en  este asunto la pérdida de vigencia del Tratado de extradición  suscrito  en 1979 entre Estados Unidos de América y Colombia, y la consiguiente  ausencia  de validez de la norma que equiparaba el “conspiracy” al concierto  para  delinquir, en la forma pretendida por el defensor, toda vez que en materia  de   extradición  la  fuente  formal  es  el  Código  de  Procedimiento  Penal  colombiano  (artículo  511,  numeral  1°),  justamente ante la inexistencia de  tratado  público  sobre  la materia entre nuestro país y el requirente, según  concepto  emitido  por  el  Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano en el  oficio OAJ.E. 0499 del 6 de mayo de 2005.   

De   otra   parte,   los  comportamientos  consistentes  en distribuir una sustancia controlada (cinco kilogramos o más de  cocaína)  con  la  intención  y  el  conocimiento  que  dicha sustancia sería  ilegalmente  importada a los Estados Unidos, configura conductas similares a las  previstas  en  Colombia  en  el artículo 376 del Código Penal, de la siguiente  manera:   

“Tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes.  El  que  sin  permiso  de  autoridad  competente,  salvo  lo  dispuesto  sobre  dosis para uso personal, introduzca al  país,  así  sea  en  tránsito  o  saque  de  él,  transporte, lleve consigo,  almacene,  conserve,  elabore, venda, ofrezca, adquiera, financie o suministre a  cualquier  título  droga  que  produzca  dependencia, incurrirá en prisión de  ocho  (8)  a  veinte  (20)  años   y  multa de mil (1.000) a cincuenta mil  (50.000) salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Si  la  cantidad  de droga no excede de mil  (1.000)  gramos  de  marihuana,  doscientos  (200) gramos de hachís, cien (100)  gramos  de  cocaína  o  de sustancia estupefaciente a base de cocaína o veinte  (20)  gramos  de  derivados de amapola, doscientos (200) gramos de metacualona o  droga  sintética,  la  pena  será de cuatro (4) a seis (6) años de prisión y  multa   de   dos   (2)   a   cien  (100)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes.   

Si la cantidad de droga excede los límites  máximos  previstos  en el inciso anterior sin pasar de diez mil (10.000) gramos  de  marihuana,  tres  (3.000)  gramos  de  hachís,  dos  mil  (2.000) gramos de  cocaína  o  de  sustancia  estupefaciente   o  base  de cocaína o sesenta  gramos  de  derivados  de la amapola, cuatro mil (4.000) gramos de metacualona o  droga  sintética,  la pena será de seis (6) a ocho (8) años  de prisión  y   multa   de   cien   (100)   a   mil   (1.000)  salarios  mínimos  mensuales  vigentes”.   

          El  principio  de  la doble incriminación, entonces, se satisface a  plenitud también en este caso.   

2.4.          Equivalencia de la providencia proferida  en el extranjero con la acusación del sistema procesal colombiano:   

El Tribunal Distrital de los Estados Unidos  para  el  Distrito  de  Columbia  formuló  contra  HUGO  ALBERTO ROJAS YEPES la  acusación  N°. 04-465 (RMC)  del  30  de  septiembre  de  2004,  acto procesal que guarda equivalencia con el  contenido  de  la  resolución  de acusación prevista en el artículo 398 de la  Ley 600 de 2000.   

En dicho documento se especifican los hechos  que  sustentan  los  cargos,  las  circunstancias de tiempo, modo y lugar en que  ocurrieron y las normas que los subsumen.   

          2.5.                      Finalmente, al haberse  constatado  la  concurrencia  de  los requisitos establecidos en la ley procesal  colombiana,  la  Sala  conceptuará a favor de la extradición solicitada, en la  forma  recomendada  por  la  Procuradora  Segunda  Delegada  para  la  Casación  Penal.   

2.6.          El  análisis  demandado  por la defensa  sobre  la constatación por parte de la Corte del cumplimiento del principio del  non   bis   in  idem,  como  presupuesto  para  emitir  concepto  favorable  y  en  ejercicio  de  la misión  constitucional  de  garante  de los derechos fundamentales de los intervinientes  en  las  actuaciones  de  su  competencia, no será abordado por la Sala, por no  estar  incluido entre las condicionantes del concepto señaladas en el artículo  520  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y, sobre todo, porque tal examen le  corresponde al Ministerio de Justicia y del Derecho.   

La  Sala ha venido sosteniendo a través de  su  jurisprudencia  que  le  corresponde  al  Presidente  de la República, como  supremo  director  de  las  relaciones internacionales, decidir en definitiva si  concede  o  niega  la  extradición,  o si eventualmente la otorga difiriendo la  entrega  del  solicitado  (artículo 522 de la Ley 600 de 2000), como quiera que  está  facultado  para  obrar según las conveniencias nacionales, y, por tanto,  de  acuerdo  con  su  competencia,  de  la cual carece la Corte, es el llamado a  establecer  si  en  Colombia se adelanta proceso contra la persona requerida, si  se  trata o no de los mismos hechos por los cuales se solicita la extradición y  si  ello es así, debe proceder de acuerdo con sus facultades constitucionales o  legales18.   

3.          Puntos adicionales:   

Se  observa  que  el  catálogo  punitivo  norteamericano  prevé  para  las  conductas  punibles endilgadas a HUGO ALBERTO  ROJAS  YEPES  “pena  no  mayor  que  la cadena perpetua”, sanción ésta que  nuestro  sistema  penal  proscribe según expreso mandato del artículo 34 de la  Carta  Política,  por  tanto,  el  Gobierno Nacional está en la obligación de  condicionar  la  entrega  de la persona solicitada, en el evento de que acceda a  la  extradición,  a  que dicha pena sea conmutada, de acuerdo a lo dispuesto en  el  artículo  512  de la Ley 600 de 2000. Y, también, a que el requerido   no  pueda  ser  en  ningún caso juzgado  por hechos diversos a los que son  objeto  de  pedido  y  entrega,  o anteriores, y a omitir todo procesamiento por  conductas  anteriores  a la vigencia del Acto Legislativo No. 01 de 1997, y a no  ser  sometido,  en  caso de condena, a penas crueles, inhumanas o degradantes de  la  dignidad  humana,  como  acertadamente  lo  reclama  la  Procuradora Segunda  Delegada para la Casación Penal.   

Adicionalmente,  es de advertir al Gobierno  Nacional  que  la  persona solicitada en extradición se encuentra privada de la  libertad    en    la    Cárcel   Penitenciaría   “La   Picota”   de   esta  capital19,  por  cuenta  del  proceso penal que le adelanta el Juzgado Octavo  Penal   del   Circuito   Especializado   del   mismo   lugar   (Radicación  N°  2005-0078-8).   

Finalmente,  la  Sala  considera  oportuno  destacar  que  en  virtud de lo dispuesto en el numeral 2º del artículo 189 de  la  Constitución  Política,  le  corresponde  al  Presidente  de la República  realizar  el respectivo seguimiento a los condicionamientos que se impongan a la  concesión  de  la  extradición y la determinación de las consecuencias que se  deriven de su eventual incumplimiento.   

          5.        Conclusión final:   

A  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTCIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, EMITE CONCEPTO  FAVORABLE  a la solicitud de extradición del ciudadano  colombiano  HUGO  ALBERTO  ROJAS  YEPES,  formulada por vía diplomática por el  Gobierno  de  los  Estados  Unidos  de América, en relación con los dos cargos  penales  a  que  se  contrae  la  solicitud,  contenidos  en  la  resolución de  acusación  N°. 04-465 (RMC)  del  30  de  septiembre  de  2004, formulada por el Tribunal del Distrito de los  Estados Unidos para el Distrito de Columbia.   

Por  la  Secretaría  se  comunicará  esta  determinación  al  requerido  ROJAS YEPES, a su defensor y al representante del  Ministerio  Público, al igual que al Fiscal General de la Nación para lo de su  cargo.   

Igualmente,  se devolverá la actuación al  Ministerio   de   Justicia   y   del   Derecho,   para   los  trámites  legales  subsiguientes.   

Cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                                                   ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

        Aclaración de voto   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                            MARINA PULIDO DE BARÓN   

  JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS   

  JULIO  ENRIQUE  SOCHA  SALAMANCA                                      JAVIER   ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

ACLARACIÓN  DE  VOTO  

Con el respeto que siempre profeso por las  decisiones  de  la Sala, expongo a continuación los aspectos que, en mi sentir,  deben  incluirse  en  los  conceptos de extradición que emite la Corte frente a  trámites  que involucran ciudadanos colombianos por nacimiento, particularmente  cuando  se  desarrollan  en  ausencia  de  cláusulas  pactadas  en instrumentos  internacionales   de   carácter  bilateral  o  multilateral,  en  la  forma  de  condicionamientos  que  el  Gobierno  Nacional  debería  exigir  al  momento de  acceder  a  la  entrega  de  un  connacional,  además  de  los que se le vienen  sugiriendo de manera común.   

La  posición que he venido sustentando en  Sala  y que no ha tenido acogida, descansa en que la Corte al asumir la función  de  conceptuar,  no  sólo  ha  de tener como guía los parámetros que sobre la  materia  están  fijados  en  el  ordenamiento  procesal penal patrio, sino que,  además,  su misión también debe estar influida por la regla del artículo 2º  de  la  Constitución,  pues  en  cuanto  órgano  máximo  de  la jurisdicción  ordinaria  y,  por tanto, componente esencial en la estructura del Estado Social  de   Derecho,   también  debe  velar  por  la  efectividad  de  los  principios  –entre ellos el fundante  de  la dignidad humana-, derechos y deberes consagrados en la Carta; defender la  independencia  nacional  y  proteger a todas las personas residentes en Colombia  en su vida, honra, bienes, creencias, derechos y libertades.   

En  ese  orden  de  cosas,  estimo  que es  preciso   advertir   en  el  concepto  sobre  la  necesidad  de  plantear  otras  condiciones  a  la  entrega del reclamado, derivadas del hecho de que el acto de  extradición  no  implica  que el extraditado pierda la nacionalidad colombiana,  lo  cual sólo ocurre frente a los presupuestos señalados en el artículo 98 de  la Constitución.   

En tales condiciones, cuando la entrega en  extradición  de  un  nacional  colombiano se tramita y agota, en ausencia de un  convenio   multilateral   o  bilateral  sobre  la  materia,  con  arreglo  a  la  Constitución  y  a  la  ley,  debe tenerse en cuenta que a diferencia de lo que  ocurre  si  se  hubiera adelantado conforme a un instrumento internacional en el  cual  las  partes  acuerdan condiciones que pueden significar la restricción de  ciertos  derechos,  en  virtud  a  la  configuración del Estado colombiano como  social  y  democrático  de derecho, en el cual es base fundamental el respeto a  la  dignidad  humana  (artículo  1º de la Carta), las condiciones que se deben  exigir  al país reclamante tienen que estar ligadas con la observancia allí de  los  derechos  y  garantías  que  cobijarían  al  solicitado de ser juzgado en  Colombia.   

Eso  es  así,  porque  al  acceder  a  la  extradición  de  un colombiano por nacimiento el Estado, a través del Gobierno  Nacional,  renuncia  a la potestad de ejercer su propia jurisdicción, pero no a  la  obligación  de  proteger al extraditado, pues en tanto siga siendo súbdito  de  Colombia, tiene derecho a todas las prerrogativas, garantías y derechos que  emanan  de  la Constitución y la ley, en particular, aquellos que se relacionan  con   su   calidad   de   procesado  y  que  tienen  que  ver  con  la  dignidad  humana.   

Así las cosas, siendo el marco esencial de  la   figura   de  la  extradición  lo  señalado  en  el  artículo  35  de  la  Constitución,  que  fija  un  sistema  de  fuentes20   para  que  se  solicite,  conceda  u  ofrezca, que son los tratados públicos y, en su defecto, la ley, es  preciso  comentar  que  como no hay un instrumento vigente de esa naturaleza que  ligue  a Colombia con Estados Unidos en el tema de extradición, el ámbito para  evaluar   la   procedencia  de  una  solicitud,  concesión  u  ofrecimiento  de  extradición   entre   los   dos   países   es   el  Código  de  Procedimiento  Penal.   

Obsérvese   que   los   preceptos   que  desarrollan  la  extradición  en  la  Ley  600 de 2000, además de reiterar las  reglas   constitucionales   (improcedencia  por  delitos  políticos,  o  la  de  colombianos    por    nacimiento    por    hechos    cometidos    con   anterioridad    al    16    de  diciembre  de  1997  –artículo  508-);  fijan el organismo  al  que  le  corresponde ofrecer o conceder la extradición de una persona y las  facultades    sobre   la   materia   –el   gobierno-,   el   ámbito   de   competencia   de   cada  ente  gubernamental,  y  el  que  le  corresponde  en el trámite a la Corte; señalan  requisitos  adicionales  (doble  incriminación,  acto  procesal  mínimo  en el  exterior    –artículo  510-);  estructuran la forma como se desarrolla el trámite mixto, así como los  fundamentos  del concepto (artículo 520); determinan cuándo se decide sobre la  solicitud,  en  qué  momento se hace la entrega y regula la orden de prelación  en  caso de varias solicitudes (artículos 522, 523 y 524); consagran el derecho  a  la  defensa  y  los  eventos en que hay lugar a la libertad (artículos 529 y  530).   

Además, el artículo 512 ibídem le impone  de  modo  imperativo  al  gobierno la obligación de exigir que el solicitado no  vaya   a   ser  juzgado  por  un  hecho  anterior  diverso  del  que  motiva  la  extradición,  ni  sometido  a  sanciones  distintas  de  las que se le hubieran  impuesto  en  la condena, y a que se le conmute la pena de muerte en caso de que  la  legislación  del  país  reclamante  la prevea como sanción del delito que  motiva la solicitud de extradición.   

Recuérdese  que  las  condiciones  arriba  señaladas  fueron  extendidas,  con el mismo carácter imperativo, por la Corte  Constitucional a otras situaciones, al señalar que:   

“…no  sólo  habrá  de  entenderse que en caso de que exista en el Estado requirente la pena  de  muerte,  la entrega se hará bajo la condición de la conmutación de ésta,  sino,  también  bajo el entendido de que al extraditado no se le podrá someter  ni  a  torturas,  ni  a tratos o penas crueles, ni a desaparición forzada, ni a  tratamiento   degradante   e  inhumano,  razón  por  la  cual  así  habrá  de  condicionarse  la  constitucionalidad  que  se  declara  del  artículo  550 del  Código de Procedimiento Penal.   

Por  otra  parte, se observa por la Corte,  que  la  Constitución  colombiana,  prohíbe  en  su  artículo 34 ‘las  penas  de  destierro,  prisión  perpetua      y      confiscación’,  a las cuales, por las mismas razones anteriormente expuestas, no  podrá  someterse  al extraditado por el país que lo juzgue, lo que implica que  igualmente   en  ese  sentido  habrá  de  condicionarse  la  exequibilidad  del  artículo     550    del    Código    de    Procedimiento    Penal.”21   

Sin  embargo,  esas  no  son  las  únicas  condiciones  susceptibles  de formularse, pues al fin y al cabo el artículo 512  del    Código   de   Procedimiento   Penal   preceptúa   que   “El  gobierno  podrá  subordinar el ofrecimiento o la concesión de  la   extradición   a   las   condiciones  que  considere  oportunas”.   

Esa  facultad,  debe  señalarse,  no  es  discrecional,  pues  al  momento  de  decidir  sobre  la  entrega de un nacional  colombiano  el  gobierno  está  en  el  deber  de  armonizar  los  criterios de  conveniencia  nacional o de cooperación internacional, con la premisa según la  cual  al  concederse la extradición no se renuncia a la soberanía, sino que se  ejerce22,  y  con  los  derechos  y garantías que están consagrados en la  Constitución  y  en  los instrumentos internacionales sobre derechos humanos en  pro   de   un   justiciable,   así   como   en   protección   de  su  dignidad  humana.   

Así,  con  arreglo  al artículo 29 de la  Carta;  a  los  artículos  9  y  10  de  la  Declaración Universal de Derechos  Humanos,  5-3.6, 7-2.5, 8-1.2(a)(b)(c)(d)(e)(f)(g)(h).3.4.5, 9 de la Convención  Americana  de  Derechos  Humanos,  9-2.3,  10-1.2.3,  14-1.2.3,5, y 15 del Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles  y  Políticos,  el  Gobierno Nacional debe  condicionar  la  entrega de un compatriota, si concede la extradición, a que se  le    respeten    al   extraditado   –como  a  cualquier  otro  nacional en las mismas condiciones- todas  las  garantías  debidas  a  su  condición de justiciable, en particular, a que  tenga  acceso  a  un  proceso  público  sin dilaciones injustificadas, a que se  presuma  su  inocencia, a que cuente con un intérprete, a que tenga un defensor  designado  por  él  o por el Estado, a que se le conceda el tiempo y los medios  adecuados  para  que  prepare la defensa, a presentar pruebas y controvertir las  que  se  aduzcan  en contra, a que su situación de privación de la libertad se  desarrolle  en  condiciones  dignas, a que la eventual pena que se le imponga no  trascienda  de  su persona, a que la sanción pueda ser apelada ante un tribunal  superior,  a que la pena privativa de la libertad tenga la finalidad esencial de  reforma y readaptación social.   

Igualmente, el gobierno debe condicionar la  entrega  a  que el país reclamante, conforme a sus políticas internas sobre la  materia,  le  ofrezca  posibilidades racionales y reales para que el extraditado  pueda  tener  contacto  regular  con sus familiares más cercanos, habida cuenta  que  la  Constitución  de  1991, en su artículo 42, reconoce a la familia como  núcleo  esencial  de la sociedad, garantiza su protección y reconoce su honra,  dignidad  e  intimidad,  lo  cual se refuerza con la protección adicional que a  ese   núcleo  le  otorgan  la  Convención  Americana  sobre  Derechos  Humanos  (artículo  17)  y  el  Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles y Políticos  (artículo 23).   

En cumplimiento de su deber de protección  a  las  garantías y derechos del nacional colombiano entregado en extradición,  es  misión  del  Estado,  por medio del ámbito de competencias de los órganos  respectivos,  vigilar  que  en  el  país reclamante se respeten las mencionadas  condiciones  (artículo  9  y 226 de la Carta). Así, en primer orden, a través  del  cuerpo  diplomático,  en concreto, por las diferentes oficinas consulares,  con  apoyo  de  la  Procuraduría  General  de  la  Nación (artículo 277 de la  Constitución)  y  de  la  Defensoría del Pueblo (artículo 282 ibídem), de lo  cual,  además,  habrá  de darse informes periódicos a la Corte, en virtud del  principio  de  colaboración  armónica  entre  los diferentes Poderes Públicos  (artículo  113  de  la  Carta),  con  el  fin  de  que todos los estamentos con  injerencia  en  el  tema  tengan elementos de juicio que les permitan sopesar la  conveniencia    de    privilegiar   jurisdicciones   foráneas   frente   a   la  interna.   

De   esa   manera,   dejo   sentado   mi  criterio.   

Señores Magistrados,  

SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Magistrado  

Fecha   ut  supra.   

    

1 Anexo  fols. 9-1.   

2 Anexo  fl. 25.   

3 Anexo  fols. 108-103.   

4 Anexo  fols. 118-110.   

5 Anexo  fols. 128 y 97.   

6 Anexo  fols. 136 y 172.   

7 Anexo  fols. 76-70.   

8  T-162  de  1998,  M.  P.  Doctor, EDUARDO CIFUENTES.   

9  Anexo, fol. 93.   

10  CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,  Concepto del 11 de febrero de 2004, rad N°. 20.292.   

11  CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Conceptos  del  18  de  septiembre  de  1995,  rad.  N°  10.564; y del 8 de  noviembre de 2005, rad. N° 23.760, entre otros.   

12  Anexo fols, 9-1, y 35   

13  Anexo fols. 136 y 172.   

14  Anexo fol. 150.   

15  Anexo fols. 76-72.   

16  Anexo fols. 212-215.   

17 C.  orig. N° 1, fol. 13.   

18  CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Conceptos  del  28  de julio de 2004, rad. No. 21.990; del 8 de noviembre de  2005,  rad.  N°  23.760;  del 24 de enero de 2006, rad. N° 24.072; y del 30 de  mayo de 2006, rad. N° 23.177, entre otros.   

19 C.  orig. N° 1, fol. 65.   

20  Corte Constitucional, sentencia C-740/00.   

21  Sentencia C-1106/00.   

22  Cfr. Corte Constitucional, Sentencia C-621/01.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *