23697(26-09-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23697  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

Magistrado Ponente  

JORGE LUIS QUINTERO MILANES  

Aprobado acta N° 181  

Bogotá  D.C., veintiséis (26) de septiembre  de dos mil siete (2007).   

V   I   S   T   O   S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  del  recurso de casación interpuesto por el defensor del procesado NÉSTOR  MERARDO  BARRERO  LIZARAZO, contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de Cundinamarca, el 9 de noviembre de 2004, mediante la cual adiciona,  en  el  sentido  de  suspender  el  pago  de  la multa de cien salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  impuestos,  y confirma en lo demás, la que había  emitido  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Chocontá,  el  30  de  junio de  2004.   

H E C H O S  

El  a  quo  los  resumió  de  la  siguiente  manera:   

“Se procede a través de estas diligencias,  en   razón   de   los   hechos   presuntamente   constitutivos  del  delito  de  contaminación  al  medio  ambiente  en  el  que  pudo  haber  incurrido el acá  procesado  NESTOR  MERARDO  BARRERO  LIZARAZO, como propietario de una industria  procesadora  de  cueros, ubicada en la vereda Quincha, comprensión municipal de  Villapinzón,  finca  La  Concordia, al proceder a verter residuos químicos sin  ninguna  clase  de  tratamiento al río Bogotá, lo que tuvo ocurrencia para las  fechas  del  5  de mayo y 13 de septiembre de 1999, épocas en las cuales fueron  practicadas visitas por la CAR a dicha industria.”   

A N T E C E D E N T E S  

1.  Con sentencia del 30 de junio de 2004, el  Juzgado  Penal del Circuito de Chocontá (Cundinamarca), condenó a NÉSTOR  MERARDO  BARRERO  LIZARAZO,  a las  penas  principales  de  24 meses de prisión  y multa de  100 salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes, a la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por un periodo igual al de la pena  privativa  de  la  libertad y le otorgó la suspensión condicional de la misma,  como  autor  responsable  del punible de contaminación ambiental, que le había  sido  imputado  según  resolución  de  acusación  elevada  por la Fiscalía 6  Seccional  de la Unidad Especial de delitos contra la administración pública y  medio ambiente, que quedó ejecutoriada el 7 de abril de 2003.   

2. Dicho fallo fue apelado por el defensor del  acusado,  y  la  Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca, al desatar la  alzada,  confirmó  el  mismo,  con la adición señalada, mediante la sentencia  que  ha  sido  objeto del recurso extraordinario de casación interpuesto por el  actual   procurador   judicial   del   procesado,  cuya  revisión  ocupa  a  la  Corte.   

L  A      D  E  M  A  N D  A   

Manifiesta el demandante acudir a la casación  por  la  vía ordinaria, atendiendo las exigencias del artículo 218 del decreto  2700  de  1991,  modificado  por  la  ley  81  de 1993, vigente al momento de la  comisión  de  la  conducta punible, y formula contra el fallo como cargo             único,  violación  indirecta  de la ley sustancial, originada  en   un   error   de   derecho  por  falso  juicio  de  legalidad,  “al  apreciar defectuosamente el exiguo material probatorio, darle  credibilidad  a  dichos  medios de convicción pese a que fueron recopilados sin  el  lleno de los requisitos legales y que los mismos no permitían acreditar con  el  grado de certeza que demanda nuestra legislación, tanto la materialidad del  punible,  como  la  responsabilidad  del  procesado”,  refiriéndose   “a   las  pruebas  técnicas  y  el  análisis    de    laboratorio   recaudadas   por   los   funcionarios   de   la  CAR”,  puesto que la toma de muestras no se cumplió  acorde  con  lo establecido por el artículo 198 del decreto 1594 de 1984; yerro  que  al  juzgador  a  aplicar  indebidamente la ley 491 de 1999, que reformó el  artículo  247  del  decreto  100 de 1980, al deducir que el acusado cometió la  conducta punible.   

Argumenta que dentro del proceso “no  aparece  si  los  elementos  que  sirvieron  como  base  para  decretar    la    resolución   u   (sic)   acto   administrativo   del  cual  se  compulsó  copias a la fiscalía que tuvo conocimiento, si esta toma de muestras  cumplen  con  los  requisitos  de  embalaje,  transporte  en medios adecuados, a  temperaturas  que  no alteren sus características, si su almacenamiento se hizo  en  las  condiciones  adecuadas para su preservación, protección y vigilancia,  además  si el traspaso de los medios de convicción se mantuvo en una secuencia  ininterrumpida  desde  el  momento  de  su  toma  en  el  presunto  lugar de los  hechos,   si  esta toma de muestra se produjo en debida forma, por personal  técnico  científico, si el envío a los laboratorios especializados se produjo  en  debida  forma,  si  en  estos  momentos existe disposición para poder tener  acceso  por  parte  de  la  autoridad  de  conocimiento a las presuntas tomas de  muestras”;  amén  de  no  existir  auto o decisión  administrativa  mediante  la  cual se haya ordenado la toma de muestras y de que  en  dicha  diligencia  no estuvo presente el procesado o su defensor, siendo que  el  derecho  a  la defensa debe garantizarse de manera integral, ininterrumpida,  técnica   y   material,   en   desarrollo  de  toda  acción  encaminada  a  la  investigación,  por  lo  que ante lo acontecido aflora la violación del debido  proceso.   

Señala,   que   la  sentencia  tiene  como  fundamento  única  y  exclusivamente las pruebas trasladadas que no confirmaron  las  ínfimas  arrimadas  al proceso, sino que las desvirtuaron, y las ordenadas  por  el  instructor  y  el  juez de conocimiento no se allegaron, por lo que las  dudas   que  les  asistían  quedaron  en  el  limbo,  “ esto quiere decir que no se dio una valoración en  conjunto  a  los  medios  de  convicción,  conforme  a las reglas que ordena el  estatuto  procedimental,  es  decir  a  la  sana  crítica,  para si conformar o  informar  el  aporte  de dichas probanzas, al análisis parcializado y único de  estos  medios  de  prueba,  sin  ser  sometidos  a confrontación con las demás  pruebas,  el  otorgarles  vida  jurídica  y  validez probatoria a esta clase de  medios  sin  merecerlos  permitieron  al  juez  de segunda instancia adoptar una  decisión  según  los  términos  consignados  en  la parte resolutiva donde se  desprende  sin  temor  a  equívocos  el  nexo  de  causalidad que es materia de  ocupación”.   

Con  todo ello, solicita aceptar el cargo que  formula y revocar la sentencia proferida por el a quo.   CONSIDERACIONES         DE        LA    CORTE   

Conforme   a   los   últimos   desarrollos  jurisprudenciales1,  en  el  presente  asunto  el  recurso   procede  por  vía  de  la  casación  común, como quiera que el  delito   de   contaminación  ambiental  por  el  cual  se  condenó  al  señor  NÉSTOR    MERARDO    BARRERO   LIZARAZO, cuya pena máxima era de ocho (8) años  de  prisión,  acorde  con  la  legislación  tenida en cuenta por favorabilidad  (artículo  247  del decreto 100 de 1980, modificado por la ley 491 de 1999), se  consumó  antes de entrar en vigencia la ley 600 de 2000, por ende, la casación  estaba  gobernada  por  lo  dispuesto  en  el artículo 35 de la Ley 81 de 1993,  conforme  al  cual  podía  accederse  al  recurso  extraordinario  respecto  de  sentencias  de  segunda  instancia  proferidas  por los Tribunales Superiores de  Distrito  Judicial,  por  delitos que tuvieran señalada pena cuyo máximo fuera  igual o superior a seis (6) años de prisión.   

En    consecuencia,   como   el   recurso  extraordinario  interpuesto procede por la vía ordinaria, la Sala se ocupará a  continuación  de examinar si la demanda presentada para sustentarlo se ajusta o  no a las exigencias que la ley procesal prescribe.   

No  cumplió  el  actor  con  el deber que le  asistía  de  satisfacer  los  requisitos  que  la demanda de casación conlleva  (artículos  212 y 213 del C. de P. Penal), por cuanto la misma no es un escrito  de  libre  formulación  en  el  que resulte procedente hacer cualquier clase de  cuestionamientos  a  una  sentencia  que  por  ser la culminación de un proceso  está  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad, de donde emerge  necesaria  una  argumentación  lógica  y  sistemática  en  la  que  sólo  es  permitido  denunciar  los  errores cometidos en el fallo al tenor de los motivos  expresa  y  taxativamente  señalados en la ley, demostrarlos dialécticamente y  evidenciar    su    trascendencia    en    la    parte    resolutiva.   

En  consecuencia, el éxito de la censura no  depende  de  la  multiplicidad  indiscriminada de criterios personales, ni de lo  extenso   o   sugestivo  del  discurso  plasmado  en  la  demanda,  sino  de  la  argumentación  técnica  que  conlleve, de manera lógica, precisa, coherente y  jurídica,  a  la  demostración  de  que  la  sentencia  es  ilegal,  por haber  incurrido   el   juzgador  en  vicios  de  juicio  (in  indicando)    o   de   procedimiento   (in    procedendo),   según   el   caso.   

Ahora bien, la violación indirecta de la ley  sustancial,  que  es  la  vía de ataque escogida en el caso concreto, según la  reiterada  jurisprudencia  de  esta  Sala,  hace referencia a los errores en que  puede  incurrir  el  juzgador  en  la  apreciación probatoria, siempre y cuando  ellos  conduzcan  a  la  equivocada  declaración del derecho material en cuanto  deja de aplicar determinado precepto o por aplicarlo indebidamente.   

Esta  clase  de  desacierto  se  presenta por  errores  de  hecho  o  de derecho; los primeros cuando el juez ignora una prueba  que  obra  válidamente en el proceso o supone como existente una que no ha sido  incorporada  (falso  juicio  de existencia) o cuando distorsiona o tergiversa su  contenido  fáctico  atribuyéndole  efectos  que  no  se derivan de ella (falso  juicio  de  identidad),  y los segundos hacen  referencia a que el fallador  admite   y  confiere  valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  allegado  irregularmente  al  proceso  o   desconoce  y  niega  alcance  probatorio a  pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad),   o  le  asigna un valor  probatorio  distinto  al  establecido por la ley o le niega el que legalmente se  le ha conferido (falso juicio de convicción).   

Igualmente,  la transgresión indirecta de la  ley  puede ocurrir cuando en la asignación del mérito probatorio que se deriva  de  la prueba válidamente allegada al proceso, el juzgador haya desconocido los  postulados  de  la  sana crítica como método de apreciación probatoria (falso  raciocinio),  valga  decir,  los  principios  de  la  ciencia,  la  lógica,  la  experiencia o el sentido común.   

Cuando  se  acude  a  esta  vía  de censura,  compete  al  actor precisar la naturaleza del error, el sentido de la violación  y,  luego  de  identificar  el  desacierto,  demostrar su incidencia en la parte  resolutiva  del  fallo  acusado,  en proceso de demostración completo, esto es,  acreditando   cómo  de  corregirse  el  yerro  sobre  las  pruebas  erradamente  apreciadas  y  valorárselas  adecuadamente junto con las restantes válidamente  incorporadas    al    proceso,   la   sentencia   habría   sido   de   distinto  contenido.   

En relación con el  error   de   derecho   por   falso  juicio  de  legalidad,  que  es  el  aducido  cuando  se  denuncia que el Tribunal Superior apreció  unas  pruebas  que  no  podían  valorarse  por ser supuestamente ilegales en su  producción,  tiene que cumplir el censor imprescindiblemente con los siguientes  requisitos:  1.)  debe  confrontar  el  procedimiento  real utilizado en el caso  concreto  para  la  aducción  (decreto,  práctica  o producción) de la prueba  sobre  la  que  hace  recaer  el  yerro,  con las exigencias normativas sobre la  misma,  para  de  ese modo verificar objetivamente la diferencia entre la manera  cómo  se  produjo  el  medio  de  convicción  y las formas exigidas en ley que  reglamenta   la  materia;  2.)  inmediatamente  debe  demostrar,  a  través  de  argumentos  racionales, que el defecto en la aducción de la prueba es esencial,  por  socavar  algún derecho concreto o garantía fundamental específica de las  partes  o  intervinientes, con lo cual emerge que el yerro así verificado tiene  entidad  para  invalidar o comprometer la existencia jurídica de la prueba; 3.)  también  debe  demostrar  que  el  Tribunal  cometió un error al no aplicar la  regla  de  exclusión  sobre  dicha  prueba,  porque  tal  consecuencia sólo es  condigna  a  aquellos  eventos  donde  se  constata  la  vulneración del debido  proceso,  en  cuanto  el  incumplimiento  de  las disposiciones que contienen el  principio    de    legalidad    en   materia   probatoria   hubiese   conllevado  indefectiblemente  la  violación  de  los derechos fundamentales de los sujetos  procesales   y,   4.)   por  último,   debe  avanzar  hasta  verificar  la  trascendencia  del  yerro  en  que  incurrió  el  juzgador,  lo  cual se cumple  demostrando  que  de haberse aplicado la regla de exclusión, el restante acopio  probatorio  no  alcanza  a cimentar las declaraciones de la sentencia impugnada,  es  decir,  se  debe  enseñar a la Corte cómo de no  haber  sido  apreciado el medio de prueba catalogado como ilegal, necesariamente  el  fallo  habría  sido  favorable  a  los intereses que representa2.   

El censor funda su ataque contra “las  pruebas  técnicas  y el análisis de laboratorio recaudadas  por   los  funcionarios  de  la  CAR”,  que   señala   incorporados   al  proceso  con  violación  de  los  requisitos  exigidos  por  el  decreto  1594  de  1984  –  usos de aguas y   residuos  líquidos  -,  cuando  lo cierto es que tanto la resolución No. 00636  del  10  de  noviembre  de  1999,  mediante  la  cual  el  Director  Regional de  Zipaquirá   de  la  Corporación  Autónoma  Regional  (CAR)  de  Cundinamarca,  declaró  formalmente abierto el trámite administrativo sancionatorio contra el  señor  BARRERO  LIZARAZO, le  impuso  medidas  preventivas  y  formuló  en  su  contra cargos por la presunta  violación  de  normas  ambientales,  así  como  los  análisis  de laboratorio  practicados  por  la misma CAR (fls. 2-7 y 11-14 c. o. 1), no fueron diligencias  cumplidas  en  desarrollo  de  la  actuación  penal  sino como consecuencia del  trámite  administrativo  adelantado  por  la  CAR en ejercicio de sus funciones  como   máxima  autoridad  ambiental,  las  cuales  fueron trasladadas como  pruebas   a  este  proceso,  tal  y  como  lo  dispuso  el instructor en la  resolución  mediante  la  cual  ordenó la apertura de la investigación previa  (fl. 9 ib).   

Así las cosas, el cuestionamiento que se hace  en  torno  a las eventuales falencias en que se incurrió al tomar las muestras,  embalarlas,  trasladarlas,  etc.,  ha  debido  ser  esgrimido  al  interior  del  trámite   administrativo,   puesto  que  en  el  proceso  penal,  como  pruebas  trasladadas,  de hecho desde su incorporación se contó con la oportunidad para  debatirlas,  tal  y  como  lo  ha  efectuado  la  defensa  desde  el  sumario, y  entratándose  de  informes  técnicos  o  científicos, a los que correspondía  darles  un  tratamiento  asimilable  al de prueba pericial, si bien es cierto el  artículo  254.2  del  Código de Procedimiento Penal, dispone correr traslado a  los  sujetos procesales del dictamen pericial por el término de tres (3) días,  para  que  soliciten  su aclaración, ampliación o adición, también es verdad  que  la  omisión  de  dicho  acto procesal carece de la entidad suficiente para  enervar  la  actuación,  pues  tan  solo  constituye  una irregularidad, que no  conculca  las  garantías  fundamentales  de las partes, como lo ha sostenido la  jurisprudencia        de        la        Sala3,  dado  que,  la objeción del  mismo  puede  proponerse  hasta  antes  de  que  finalice la audiencia pública,  obviamente,   rebasando   el   término   de   tres  (3)  días  que  prevé  la  norma.   

Ahora, la  figura  del  traslado  de pruebas cuenta con desarrollo propio y  completo  en  el  artículo 239 del Código de Procedimiento Penal que establece  que   las   pruebas  practicadas  válidamente  en  una  actuación  judicial  o  administrativa  podían  trasladarse  a otra en copia auténtica y apreciarse de  acuerdo  con  las  reglas  previstas  en  la  misma  codificación,  esto es, en  conjunto  y  de  acuerdo  con  las reglas de la sana crítica (art. 238 ib.). El  176,  a su turno, para garantizar el derecho de contradicción relacionó dentro  de  las  providencias  que  debían notificarse la que ponía en conocimiento de  las  partes  la  prueba  trasladada,  decisión  que  en  el presente caso no se  dictó,   lo   cual  constituye  una  irregularidad  procesal  que  resulta  sin  trascendencia  y  no genera invalidez de los medios de convicción, porque si su  proferimiento    tenía  como  finalidad  que  los  sujetos  procesales  se  enteraran  del  traslado  de  las pruebas obtenidas en el proceso administrativo  para  así poder ejercer en relación con las mismas el derecho de controversia,  ante  la  evidencia  de que el acusado y su defensor las conocieron y debatieron  en  desarrollo  del proceso, no cabe afirmar que se les sorprendió con ellas en  la  sentencia, y por tanto no pueden considerase nulas, en términos del último  inciso  del  artículo  29 de la Constitución Política, ya que con lo anterior  se  entiende  satisfecho  el requisito de publicidad condicionante de la validez  de  la  prueba  trasladada  y,  en  consecuencia,  es manifiesto que el error de  derecho   por   falso   juicio   de   legalidad   denunciado   no  podía  tener  ocurrencia.   

La  censura  por este aspecto se reduce a un  reclamo  sin  la  estructura  lógica suficiente para indicar a la Corte en qué  medida  las  presuntas  irregularidades  en la producción de la prueba a que se  hace  alusión,  afectan  sustancialmente  –  y  no  de  manera contingente – la  validez  de  dicho  medio de convicción, y tampoco demostró el casacionista en  qué   forma   la   ausencia   de   ponderación  del  mismo  habría  conducido  necesariamente  al  proferimiento  del fallo absolutorio, aún justipreciando el  resto  del  caudal de pruebas tenido en cuenta por los juzgadores al cimentar la  sentencia atacada.   

En  este  punto, resulta necesario reconocer,  que  contradecir  o  desvirtuar  el mérito concedido por el ad quem a las otras  pruebas  implica  a  su vez demostrar que los funcionarios judiciales erraron en  el  proceso de valoración y fijación de su poder suasorio, lo cual no se logra  a   través   de  la  imposición  del  criterio  particular  del  censor,  sino  demostrando  con  la lógica casacional la incursión en errores de hecho en ese  ejercicio;  esto  es,  falso  juicio  de existencia, falso juicio de legalidad o  falso   raciocinio,   que   de   ninguna   forma   son   desarrollados   por  el  censor.   

Así  las  cosas,  como  el  demandante  omite  fundamentar  clara  y  precisamente    el    cargo   formulado    que,    además,   resulta  desconectado  de  la realidad  jurídica   que   el  fallo  ofrece  y  acusa  inocultables  defectos  de  orden  lógico-jurídico,  amén  de  que  de  la revisión de lo actuado no se observa  violación  de  garantías  fundamentales  que  tornen viable el ejercicio de la  oficiosidad  por  la  Sala,   resulta  inexorable  tener  que  inadmitir la  demanda  y  disponer  la  devolución  del  diligenciamiento al  juzgado de  origen.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda      de     casación     presentada     a     nombre     del  procesado  NÉSTOR    MERARDO   BARRERO   LIZARAZO,   por   lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.  En  consecuencia    se    DECLARA   DESIERTO el recurso.     

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

C  O  M  U N Í Q U E S E     Y    C Ú M P L A S E   

ALFREDO GÓMEZ QUINTERO  

Cita medica  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                          MARÍA   DEL   ROSARIO   GONZÁLEZ   DE  LEMOS   

AUGUSTO  J.  IBAÑEZ  GUZMÁN                                            JORGE   LUIS   QUINTERO   MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                          JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA   

MAURO   SOLARTE   PORTILLA                                             JAVIER  ZAPATA ORTÍZ   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1 Autos  16/02/2005 Rad. 23006 y 20/06/2006 Rad. 25090   

2   Auto 26/01/2006, Radicación 23706.   

3 Auto  07/02/2007 Radicación 26011.     

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