23686(05-10-06)

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23686  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

          Magistrado  Ponente   

          JAVIER ZAPATA ORTIZ   

          Aprobado Acta No. 112   

Bogotá  D.  C., cinco (5) de octubre de dos  mil seis(2006)   

VISTOS  

Mediante sentencia del 4 de junio de 2003, el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Gachetá  (Cundinamarca)  absolvió a ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ  y  a  JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES del delito de rebelión    por    el    que    fueron  acusados.   

Al  desatar la apelación interpuesta por la  Procuradora  252  Judicial Penal de Gachetá, en fallo del 31 de agosto de 2004,  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  revocó  íntegramente la decisión de  primera  instancia  y  en  su lugar condenó a ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ y a JOSÉ  VICENTE    ARIZA   BENAVIDES   a   título   de   cómplices   de   rebelión, a la pena principal de treinta  y  seis  (36) meses de prisión cada uno, a inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas por igual lapso, al pago de multa por valor de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos  legales mensuales; les negó la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  no  les  concedió  la  prisión  domiciliaria y ordenó su captura.   

En esta oportunidad la Sala resuelve de fondo  sobre  el recurso extraordinario de casación interpuesto por el defensor de los  procesados.   

HECHOS  

El  sábado 8 de febrero de 2003, tropas del  Ejército  Nacional  pertenecientes al Batallón de Ingenieros No. 13 “General  Antonio                   Baraya”1,   instalaron  un  retén  de  control    en    la    vereda    El    Escobal   del   municipio   de   Gachalá  (Cundinamarca).   

Según el informe suscrito por el subteniente  Álvaro  Londoño  Silva, en requisa efectuada a la camioneta marca Dodge D-100,  modelo  1974,  de  placas EKH-475, se localizó “una  caleta  en  al  parte  trasera  del  mismo  hallando  en su interior dos canecas  plásticas  con capacidad de cinco galones cada una, en una de ellas 1.500 (sic)  cartuchos  para  Fusil  5.56.  mm,  y  en  otra 1.500 cartuchos para fusil AK 47  calibre 7.65 x 39 mm.”   

El anterior hallazgo determinó la captura de  los  tres  ocupantes del vehículo: JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES (propietario),  ROBERTO   PABÓN   IBÁÑEZ  (conductor),  y  LUIS  ANTONIO  SOLANO  ECHAVARRÍA  (pasajero).   

Al  ciudadano ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ le fue  incautado  un  teléfono  celular  Bellsouth,  activado  con  la  línea número  315-7934909,   que,   según  el  mismo  informe,  recibió  llamadas  de  alias  “JAMES”,  relativas  al  destino     de     esos     “paquetes”,  de  lo  cual  tenía  que  comentarle  a alias “El Tío”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

1.  Con base en el informe de captura de los  implicados,  la  Fiscalía  Delegada  de  la  Unidad  de  Reacción Inmediata de  Gachetá  (Cundinamarca)  abrió  investigación,  dispuso  vincularlos mediante  indagatoria,  y  solicitó  al Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía  la  designación  de  un  perito  en  balística  y  de un perito en automotores  “para     que     realice     el     respectivo  experticio”   a   la   camioneta   retenida.   (Folio 14 cdno. 1)   

En las indagatorias iniciales respondieron de  la siguiente manera:   

-.  ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ, conductor de la  camioneta,  aseguró  que  el  día  de  los hechos salió desde Bogotá con los  otros  dos capturados, a buscar un ganado que se le había perdido por la vereda  Altos  de Hierbabuena. Como no lo encontraron, decidieron regresar a la Capital,  y  al pasar por un puente cerca de la escuela de esa vereda salieron dos hombres  uniformados  que  los  obligaron a transportar esos “timbos”, cuyo contenido  desconocía,  los  cuales  iban  a  ser  recibidos por una mujer que salía a la  entrada de Gachalá.   

Cuando  preguntó a los hombres cuál era el  contenido   de   los  recipientes,  le  contestaron  que  si  era  “sapo”  o  informante;  y  entonces  ellos  mismos (los uniformados) sacaron la herramienta  del  carro  de  su  lugar  y  los  metieron ahí, diciéndole finalmente que era  leche. (Folio 29 cdno. 1)   

-. JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES, propietario  de  la  camioneta,  dijo  que  la razón del viaje desde Bogotá hasta la vereda  Altos  de  Hierbabuena  de  Gachalá,  “fue a ver si  hacía  un contrato de fruta, lulo y queso para llevar hasta Bogotá”,  pero  como  no  encontraron los productos, se regresaron y fue  cuando  salieron  los  hombres  armados  que  los  obligaron  a  transportar las  garrafas,  diciéndoles que era leche. (Folio 34 cdno.  1)   

-.  LUIS ANTONIO SOLANO ECHAVARRÍA dijo que  “andaba  con  ellos  vine a pasear, y ellos estaban  donde  un amigo a ver si conseguían unos quesos y un tomate para llevar para el  pueblo”;  y  que de regreso les salieron dos hombres  uniformados   y   armados   que  los  obligaron  a  transportar  las  canecas  o  “timbos”,  que  metieron  “en el hueco que tiene  ese   carro,   yo   no  sé  cómo  le  dirán,  yo  le  digo  hueco.” (Folio 38 cdno. 1)   

2.  Con la asistencia del defensor de oficio  de  los  tres  implicados,  y  un  fotógrafo del C.T.I., el Fiscal Seccional de  Gachetá  acudió  a  las  instalaciones  del  Batallón  de  Ingenieros  No. 13  “General   Antonio   Baraya”,   con   el  fin  de  practicar  diligencia  de  “inspección  ocular” a  la  camioneta  inmovilizada  por  el  Ejército,  oportunidad en la que dejó la  siguiente nota:   

“Inspeccionada  cuidadosamente se observa  en  la  parte  trasera  de  la  misma,  cerca a las puertas traseras, existe una  cavidad  de las siguientes dimensiones, la cual se oculta en el piso de la misma  y  tiene  tapa  metálica  con bisagras, esta cavidad se camufla con el tapizado  del  piso…caleta…  donde venían camuflados los dos timbos o garrafas con la  munición,  los  cuales  son  colocados  allí para verificar que caben y que al  cerrarse  la  puerta  o  tapa no es posible observarlos sin levantar el tapizado  del   piso   y   abrir   el  seguro  de  la  misma.”  (Folio 43 cdno. 1)   

3.  Al  definir  la  situación  jurídica  provisionalmente,  el  11 de febrero de 2003, la Fiscalía Seccional de Gachetá  (Cundinamarca)  afectó a ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ, JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES  y  LUIS  ANTONIO  SOLANO  ECHAVARRÍA con medida de aseguramiento consistente en  detención  preventiva,  sin  excarcelación,  por  los  delitos de rebelión       y       fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas  y  municiones  de uso  privativo   de   las   fuerzas  armadas.  (Folio 56 cdno. 1)   

4. El dictamen pericial sobre el vehículo se  limitó  a determinar que los guarismos de identificación de motor y chasis son  originales,  puesto  que,  de  conformidad  con  directrices  del  C.T.I.,   “los  dictámenes deben estar referidos únicamente  a  la IDENTIFICACIÓN DE AUTOMOTORES, que por lo tanto no está  autorizado  ningún  dictamen  que  evalúe estado mecánico, originalidad de la pintura, ni  aspectos    similares.”    (Folio    101    cdno.  1)   

5.  Con posterioridad a la definición de la  situación    jurídica,    los    implicados    solicitaron    ampliación   de  indagatoria:   

-. ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ expresó que iba a  decir  la  verdad, según la cual LUIS ALBERTO SOLANO ECHAVARRÍA era uno de los  guerrilleros  de  las  FARC que les salieron al camino, le quitaron su teléfono  celular,   y  lo  obligaron  a  transportar las canecas; y que fue el mismo  subversivo  quien,  estando en el calabozo, le dijo que respondieran que estaban  buscando un ganado. (Folio 110 Cdno. 1)   

-. JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES se expresó  en  similar  manera, agregando que el guerrillero, que resultó ser LUIS SOLANO,  se  fue en la camioneta con ellos intimidándolos todo el tiempo, por lo cual ni  en  el  retén  militar, ni en el Batallón donde fueron llevados pudo contar la  verdad. (Folio 116 cdno. 1)   

-.  Por  su  parte,  LUIS  ANTONIO  SOLANO  ECHAVARRÍA   admitió  ser  guerrillero  de  las  FARC,  alias  “El  Tío”,  y confirmó que tomaron por  asalto  la camioneta de los antes mencionados, les quitaron un teléfono celular  “le   metieron  el  número  de  JAMES”  y  los  obligaron  a transportar la munición; y que él se fue  con  ellos  en  el  vehículo,  puesto  que  la  idea  era entregársela a alias  “JAMES”, comandante del  Frente  53  de  ese  grupo  armado  ilegal,  pero  la  operación se frustró al  encontrar  el  retén  del  Ejército Nacional. (Folio  115 cdno. 1)   

6.   SOLANO   ECHAVARRÍA   manifestó  su  intención  de  someterse  a  la justicia, aceptó los cargos que le formuló la  Fiscalía  por  los  delitos de rebelión y  fabricación, tráfico o porte de armas  y  municiones  de uso privativo de las fuerzas armadas;  y  solicitó el proferimiento de sentencia anticipada, generando así la ruptura  de  la  unidad  procesal  respecto  de  los  otros  implicados,  con  quienes la  investigación  continuó  por  separado.  (Folio 132  cdno. 1)   

7.  Recaudada  la  prueba necesaria, el 7 de  mayo  de  2003,  el  Fiscal instructor cerró el ciclo instructivo. (Folio 1 cdno. 2)   

8. Al calificar el mérito del sumario, el 4  de  octubre  2003,  la  Fiscalía Seccional de Gachetá (Cundinamarca) profirió  resolución  acusatoria  contra  ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ y JOSÉ VICENTE ARIZA  BENAVIDES    en    calidad   de   coautores   del   ilícito   de   rebelión,  y precluyó la investigación  a  favor  de  ellos  por  el  delito  de fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas  y  municiones  de  uso  privativo  de las fuerzas  armadas.  (Folio  21  cdno.  2)   

El  defensor  de  los procesados impugnó la  resolución  acusatoria; no obstante, fue confirmada por la Unidad de Fiscalías  Delegadas  ante  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca, con proveído del 28 de  julio   de  2003.  (Folio  12  cdno.  Fiscalías  2ª  instancia))   

9.  Adelantó la fase de la causa el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Gachetá  (Cundinamarca);  surtió  los traslados para  alistar  las  audiencias  preparatoria  y  pública,  y decretó la práctica de  pruebas.   

Finalizado el debate público, el mencionado  Despacho  judicial,  con  sentencia  del  12 de mayo de 2004, en aplicación del  principio  in  dubio  pro  reo absolvió a ROBERTO PABÓN  IBÁÑEZ   y  a  JOSÉ  VICENTE  ARIZA  BENAVIDES  del  cargo  por  rebelión  que  les  había  endilgado la  Fiscalía. (Folio 219 cdno. 2)   

10. Al desatar la apelación interpuesta por  la  Procuradora 252 Judicial Penal de Gachetá, con fallo del el 31 de agosto de  2004,  el  Tribunal  Superior de Cundinamarca revocó íntegramente la decisión  de  primera  instancia  y  en  su  lugar condenó a los procesados en calidad de  cómplices  en  el  delito  de  rebelión,  a la pena principal de treinta y seis meses (36) de prisión cada  uno,  y  adoptó las otras determinaciones indicadas en la parte inicial de esta  providencia.         (Folio22        cdno.  Tribunal)   

11.  El  defensor  de  los  procesaos PABÓN  IBÁÑEZ  y  ARIZA  BENAVIDES interpuso y sustentó el recurso extraordinario de  casación que resuelve la Sala en este proveído.   

LA  DEMANDA   

Tres  cargos  postula  el apoderado de JOSÉ  VICENTE  ARIZA  BENAVIDES y ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ contra el fallo del Tribunal  Superior  de  Cundinamarca, invocando la causal primera de casación prevista en  el  numeral 1° del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, Ley 600 de  2000,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  la  apreciación  probatoria,     por     falsos    juicios    de    existencia,    identidad    y  legalidad.   

Asegura  que por haber incurrido en aquellos  errores  de  hecho y de derecho el Ad-quem  dejó  de  aplicar  el artículo 7° (in  dubio  pro reo) del Código de Procedimiento Penal, Ley  600 de 2000.   

Por lo anterior, solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y en su lugar absolver a los implicados, como adecuadamente lo  hizo el Juez de primera instancia.   

PRIMER      CARGO.     Falso juicio de existencia por omisión de pruebas   

El  censor  protesta  porque  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca no valoró varias pruebas importantes, que contenían  la  información  necesaria  para concluir que los implicados estaban en la zona  de  Gachalá  buscando  frutas para comerciar y que en realidad fueron asaltados  por un comando guerrillero.   

1.1 Se refiere inicialmente a los siguientes  medios de convicción:   

-.  Ampliación  de  indagatoria de ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ,  en tanto explicó que sí iban a buscar frutas y quesos, pero  que  al  llegar  al  retén militar el guerrillero que antes los había asaltado  les  dijo  que  no  lo  fueran  a  delatar, porque de lo contrario los mataban a  todos;  y  que  fue el mismo guerrillero quien le dijo que inventara el pretexto  de la pérdida del ganado.   

-. Indagatoria de JOSÉ VICENTE ARIZA, donde  refirió  que  salieron  temprano  desde Bogotá, “a  ver   si   se   hacía   un   contrato   de   fruta,  lulo  y  queso”,   productos   que   no   encontraron   porque  ya  los  habían  vendido.   

-.  Declaración  de  Ana Celmira Bejarano,  quien  explicó  que  “allá se produce el queso, el  tomate  y  el  lulo, como también el fríjol”; y que  muchas personas acuden a hacer negocios y contratos.   

El  censor asegura que si el Juez colegiado  hubiera  valorado  esas  pruebas,  tenía  que  concluir  que  sí  existía una  explicación  satisfactoria para la presencia de los implicados en la zona donde  fueron detenidos.   

1.2 Recuerda que el Tribunal Superior apoyó  la  sentencia  condenatoria  en el hecho consistente en que al teléfono celular  de  ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ  ingresaron  llamadas telefónicas procedentes del  teléfono   celular   de  alias  “JAMES”,  presunto  subversivo  que  se dirigía a alias “El  Tío” para referirse al traslado de  la munición incautada.   

Según  el  casacionista,  el  Ad-quem  dejó de apreciar las siguientes  pruebas:   

-.  Declaración  de  Ana Celmira Bejarano,  vendedora   de   una  tienda,  quien  asegura  que  escuchó  una  conversación  “dura y con groserías”,  y  observó  a  dos  uniformados  que  estaban requisando a los implicados y les  quitaron algo, que ella no sabe qué es.   

-.  Ampliación  de  indagatoria  de  LUIS  ANTONIO  SOLANO  ECHAVARRÍA, guerrillero confeso, que admitió ser el encargado  de   transportar   la   munición   para   entregarla  a  alias  “JAMES”, comandante del Frente 53 de las  Farc;  y explicó que los señores de la camioneta actuaron obligados, que   les  quitaron  un  teléfono  celular;  y  que  él les dijo que inventaran como  explicación inicial lo de la búsqueda del ganado.   

-.  Declaración  del  guerrillero Jorge E.  Moreno    Martínez,    alias   “JAMES”,  quien  confirma  que  él estaba esperando la munición que le  enviaban   las  Farc;  y  que  se  comunicaba  con  alias  “LUCHO”  o  alias  “El  Tío” utilizando un  teléfono celular que las Farc le suministraron a este personaje.   

-. Declaración del cabo Amado Reinel Ariza,  en  cuanto refirió haberse enterado por un ciudadano del paso de un carro azul,  con  tres  ocupantes,  sospechoso  y  desconocido  en  la  región;  y en cuanto  contradice  el  testimonio  del  soldado Jaime Alberto Ramos Blandón, según el  cual  el  informante  les  dijo que la camioneta a cada rato subía a Rionegro a  llevar víveres.   

Acota que por ignorar la existencia procesal  de  esas  pruebas, el Ad-quem  no  entendió  que  los  procesados  estaban exentos de responsabilidad o por lo  menos hubiera reconocido la duda a favor de ellos.   

1.3 En la sentencia de segunda instancia se  condena  a  los  implicados  en  calidad  de  cómplices,  figura  jurídica que  comporta  un  acuerdo previo. El Tribunal Superior supuso la existencia de dicho  acuerdo,  sin  que  en  el  expediente  obren  pruebas  que  así  lo  indiquen,  incurriendo, por tanto, en error de hecho.   

SEGUNDO     CARGO:     Falso juicio de identidad   

Dice  el libelista que el Tribunal Superior  de  Cundinamarca  distorsionó  varios  medios  de prueba, error que lo llevó a  concluir  que los implicados actuaron con conocimiento y voluntad libre; y a que  no    comprendiera    que    en    realidad    actuaron   bajo   “insuperable    coacción    ajena”   o  “impulsados   por   miedo  insuperable” y por ende, sin responsabilidad.   

2.1  Transcribe apartes de las ampliaciones  de  indagatoria  de ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ y de LUIS ANTONIO SOLANO ECHAVARRÍA  (subversivo   sometido  a  la  justicia),  donde  señalan  que  la idea de la supuesta búsqueda del ganado  perdido  surgió en el calabozo de la Policía de Gachalá, porque el subversivo  les dijo que inventaran esa historia y que no fueran a delatarlo.   

De     ahí     que     –agrega  el  casacionista-  no  es  que  SOLANO   ECHAVARRÍA  hubiese  aconsejado  a  PABÓN  IBÁÑEZ que inventara esa versión, como se expresa en  el  fallo,  puesto que no se trató de un consejo entre amigos o conocidos, sino  de una verdadera orden.   

2.2  Al  analizar  los  testimonios  de los  militares   Reinel   Ariza   Amado   y  Jaime  Alberto  Ramos,  el  Ad-quem  puso en boca de ellos la palabra  “caleta”, para referirse  al  lugar de la camioneta donde fueron encontradas las canecas que contenían la  munición.   

Para el libelista, esas declaraciones fueron  tergiversadas,   porque   ninguno   de   ellos   habla  de  una  “caleta”,  sino  de  un espacio de doble  fondo,   debajo  del  tapete  del  carro,  que  estaba  tapado  con  costales  y  neumáticos.  Y  ese  yerro  es trascendental, porque se confundió el baúl del  carro    con   el   término   “caleta”,   que   conduce   pensar   que   los  procesados  actuaron  con  dolo.   

TERCER      CARGO:     Falso juicio de legalidad   

Hace recaer este error de derecho en que el  Tribunal     Superior     de     Cundinamarca     apreció    la    inspección  ocular  practicada  sobre la  camioneta,     sin    importar    que    dicha    prueba    fuera    ilegalmente  producida.   

Alude    a    la    de    inspección   ocular  que  practicó  la  Fiscalía  a  la  camioneta  de los implicados, cuando encontró que en la parte  trasera     tenía     una    “caleta” donde ocultaron la munición incautada.   

Agrega  que  el perito del C.T.I. comunicó  que  su  trabajo tenía que limitarse a la identificación del vehículo, por lo  cual  no  existe  un dictamen pericial que demuestre que la camioneta tenía una  “caleta”.   

Y  la inspección  ocular  mencionada  fue  ilegalmente producida, por no  llenar  los  requisitos para el dictamen pericial que exige el artículo 251 del  Código  de  Procedimiento Penal (Ley 600 de 2000), ya que la providencia que la  decretó  no expresa con claridad los puntos materia de la diligencia, el lugar,  la  fecha  ni  la  hora  para su práctica, a la cual sólo asistió el Fiscal y  defensor de oficio, pero no acudió un perito en automotores.   

Ese  error  de  derecho -dice el libelista-  sirvió  para  que  el  Tribunal Superior confundiera el baúl del carro con una  “caleta”  y  entonces  concluyera que los implicados actuaron con dolo.   

Por  lo anterior, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y en su lugar absolver a JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES y a  ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ, como lo hizo el Juez de primera instancia.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

La  Procuradora  Tercera  Delegada para la  Casación   Penal   advierte   inconsistencias   de  fondo  insuperables  en  la  postulación  de  los  cargos,  que  les  resta  posibilidad  de  prosperar. Por  consiguiente,  solicita  a  la  Corte no casar el fallo materia de impugnación.   

SOBRE   EL  PRIMER  CARGO.  Falso juicio de existencia   

La  Procuradora  Delegada  observa  que el  libelista  “confunde  la  falta  de apreciación de determinada prueba, con la  negativa de asignarle mérito probatorio.”   

En      efecto      –acota la Delegada- aunque el Tribunal  Superior  no  los mencionó en algún acápite destinado a ese fin, no es cierto  que   hubiese  dejado  de  sopesar la ampliación de indagatoria de ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ,  la  indagatoria  de  JOSÉ VICENTE ARIZA y la declaración de  Anal  Celmira  Bejarano,  porque  el  fallo  aludió  en  distintos apartes a la  apreciación  conjunta  de  los  medios  de prueba y a la supuesta razón por la  cual  los  procesados estaban en la zona donde fueron capturados, ocurriendo que  no les otorgó credibilidad por contradictorios.   

Tampoco  fue  ignorada  la  ampliación de  indagatoria   del  coprocesado  LUIS  ANTONIO  SOLANO  ECHAVARRÍA  (rebelde  confeso), ni las declaraciones  de  Ana  Celmira  Bejarano,  Jorge  Eliécer  Moreno Martínez (alias  James,  integrante  de las Farc),  Reinel  Ariza  Amado  y  Jaime  Alberto Ramos Blandón; sino que el Ad-quem  se formó su propio criterio al  establecer  que  efectivamente  el  teléfono  celular  incautado  en  el retén  militar  pertenecía  a  ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ,  que  recibió tres llamadas  hechas   por  “JAMES”,  quien  explicó  que  la organización armada ilegal le encomendó la misión de  recibir  una  munición  que  le llevaría alias “El  Tío”,  con  quien  se  comunicaba  por  teléfono  celular.   

En  el  mismo orden de ideas, no es que el  Tribunal  Superior  inventara  alguna  prueba  para  inferir  que los implicados  actuaron  como  cómplices  del subversivo LUIS ANTONIO SOLANO ECHAVARRÍA, sino  que  fue  el  conjunto  de  pruebas  estudiado en sana crítica lo que permitió  inferir  que  decidieron voluntariamente transportar la munición para colaborar  en el grupo armado ilegal.   

Por tanto, concluye, esta censura carece de  fundamento fáctico y no está llamada a prosperar.   

SOBRE  EL  SEGUNDO  CARGO:  Falso juicio de identidad   

Con    relación    al    consejo   que   el   subversivo  SOLANO  ECHAVARRÍA  habría  dado  a PABÓN IBÁÑEZ para que inventara el relato de la  búsqueda  del  ganado,  y  que  el  casacionista  dice  que  fue  una verdadera  orden, la Delegada constata  que  si  bien  el Tribunal Superior no utilizó las mismas palabras de éste, no  se  presenta  ninguna  distorsión,  porque  lo  cierto  es que el argumento del  ganado  -a  iniciativa  del  guerrillero-  en ningún momento puede tomarse  como  una orden, como quiere  hacerlo  ver  el  demandante, quien, por demás, sostiene que los consejos sólo  se dan entre amigos, como si ésta fuera una regla de experiencia.   

Advierte  que el cabo Reinel Ariza Amado y  el  soldado  Jaime  Alberto  Ramos  Blandón  se  refirieron  expresamente  a la  “caleta” que tenía la  camioneta,  como  lo  demuestra  transcribiendo  los  apartes pertinentes de las  declaraciones,  temática  en  la  que  el libelista no tiene razón, porque ese  término    no    fue    utilizado    arbitrariamente    por   el   Ad-quem,  sino  extraído  del  material  probatorio.   

Igual que en el caso anterior, por ausencia  de    fundamento    la    Procuradora    Delegada   solicita   desestimar   este  reproche.   

SOBRE   EL  TERCER  CARGO:  Falso juicio de legalidad   

La Delegada detecta que el censor confunde  la  diligencia  de  inspección  “ocular”  practicada  por  el  Fiscal instructor al vehículo incautado,  con el dictamen pericial rendido por el perito del C.T.I.   

Así  las  cosas,  el  reproche  carece de  asidero,  porque  la  inspección  ocular,  donde se detectó la caleta y que fue la prueba apreciada por el  Ad-quem, no tiene por qué  satisfacer    las   exigencias   de   legalidad   que   para   el   dictamen   pericial   que   prevé   el  artículo  251  del Código de Procedimiento Penal, máxime que ningún dictamen  pericial  fue  incluido  entre  los  elementos  de  convicción para afianzar la  sentencia condenatoria.   

Por  la  ausencia  de  razón,  dice  la  Delegada, este reproche tampoco debe salir avante.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

Razón  asiste  a  la  Procuradora  Tercera  Delegada  Para  la  Casación  Penal,  en  tanto advierte que al desarrollar los  cargos  el  libelista  es insuficiente e impreciso en su argumentación  de  fondo, por lo cual no salen avante.   

SOBRE   EL  PRIMER  CARGO.  Falso juicio de existencia   

Esta en lo cierto la Procuradora Delegada al  afirmar  que  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  sí  tuvo  en cuenta los  diversos  medios  de  prueba que el libelista reclama omitidos, y que, realmente  ocurre,  bajo  el  velo de un error de hecho por falso  juicio  de  existencia,  es un intento adicional de la  defensa  por convencer que su criterio –según  el  cual los implicados actuaron obligados por la guerrilla-  es el adecuado y el que debe prevalecer.   

1.1   Desde   el   inicio,  en  la  parte  considerativa   del   fallo  de  segunda  instancia,  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca  alude  en  forma  directa  y  sin equívocos las pruebas sobre las  cuales el censor hace recaer el yerro in iudicando.   

En  efecto,  para  estructurar la sentencia  condenatoria  el Ad-quem hizo  la  reseña  probatoria  y  el  correlativo  análisis de las indagatorias y las  ampliaciones  de  los  implicados  JOSÉ  VICENTE  ARIZA  BENAVIDES (propietario  de  la  camioneta), ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ (conductor),  y   LUIS   ANTONIO   SOLANO   ECHAVARRÍA  (quien  en  ampliación  de  indagatoria confesó ser guerrillero);  el  testimonio de Ana Celmira Bejarano (propietaria de  una  tienda  donde los implicados tomaron gaseosa) y el  testimonio     de     Jorge     Eliécer     Moreno    Martínez    (también  guerrillero,  capturado en un operativo diferente, quien  compareció  para  declarar  que  la  munición  incautada  pertenecía al grupo  armado ilegal Farc.).   

No  se  trata, entonces, de un falso  juicio  de existencia por omisión,  defecto  que podría presentarse cuando el Juez deja de apreciar pruebas legal y  oportunamente practicadas.   

1.2  Contrario a lo que sostiene el censor,  el  Ad-quem  no ignoró las  pruebas,  ni  siquiera apartes esenciales de ellas (lo  que  sería  un  falso  juicio de identidad), sino que,  encontró  débiles los argumentos de JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES y de ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ en el sentido que fueron asaltados por un comando guerrillero y  obligados  a transportar la munición incautada; entre otros, por los siguientes  motivos:   

-.  PABÓN  IBÁÑEZ  dijo inicialmente que  fueron  a  buscar  dos  vacas  que  se le habían perdido en la finca del señor  Ignacio  Novoa  Daza,  quien lo llamó para enterarlo de ese hecho. Sin embargo,  en   su   declaración,  Ignacio  Novoa  desmintió  completamente  la  versión  anterior.    (Folio    93    cdno.   1).   

Después  (no  antes)  de que Ignacio Novoa  negó  la  explicación  inicial  de  PABÓN  IBÁÑEZ,  quedando desvirtuada la  excusa  esgrimida,  se  produjeron  las  ampliaciones  de  indagatoria, donde el  procesado  LUIS  ANTONIO  SOLANO ECHAVARRÍA confesó ser guerrillero y refirió  la   historia   del   supuesto   asalto   a   la  camioneta  de  los  otros  dos  implicados.   

-.  El Tribunal Superior de Cundinamarca al  motivar  el  fallo  dijo  que  no era creíble que los implicados, residiendo en  Bogotá,  estuviesen  buscando  frutas en un lugar tan retirado, “cuando   cerca   de  la  Capital  se  pueden  obtener  esos  mismos  productos”.   

Como  puede verse, no se trata del olvido o  la  pretermisión  de  alguna  prueba,  sino  de  la aplicación de una regla de  experiencia respecto de la cual el libelista guarda silencio.   

-.  Con  relación al teléfono celular, el  implicado   ROBERTO   PABÓN  IBÁÑEZ  dijo  que  le  fue  decomisado  por  los  guerrilleros  en  el momento en que lo abordaron. En cambio, LUIS ANTONIO SOLANO  ECHAVARRÍA,   en   la  ampliación  de  su  indagatoria,  cuando  confesó  ser  subversivo,  relató  que  le  encargaron la misión de transportar la munición  con  destino  a “JAMES” y  que  sus  compañeros  guerrilleros  le  entregaron  un teléfono celular que ya  tenía  grabado  el  nombre  de  “JAMES”.   

Una vez más debe resaltarse que no se trata  de   la   pretermisión  de  pruebas,  sino  de  la  advertencia  de  una  seria  contradicción  que  deja  sin  sustento  la  disculpa,  en el sentido que JOSÉ  VICENTE  ARIZA  BENAVIDES  y  ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ  fueron obligados por la  guerrilla  a  prestar  su  camioneta  para facilitar la entrega de una munición  perteneciente a un grupo armado ilegal.   

-.  La  munición  iba  escondida  en  una  “caleta”,  según  lo  demostrado  al  inspeccionar la camioneta y lo relatado por los militares, lugar  que  no  era  precisamente  un  compartimiento  para  guardar la herramienta del  carro, porque, además, ésta no se reportó el hallazgo de ésta.   

1.3 En el mismo orden de ideas, no es que el  Tribunal    Superior   hubiese   inventado   la   prueba   del   “acuerdo    previo”   que   exige   la  participación  criminal  del  cómplice; ni el casacionista indica cuál sería  ese medio de convicción aducido deliberadamente.   

Después de analizar el acopio probatorio en  su  conjunto,  el  Ad-quem no  identificó  elementos  que  le  permitieran inferir que ARIZA BENAVIDES y   PABÓN  IBÁÑEZ eran rebeldes; en cambio, en un proceso reflexivo vertido en un  acápite  especial  de  la providencia –que   el   censor   no   cuestiona-,  concluyó  que  actuaron  como  colaboradores  del  grupo armado ilegal Farc, prestando el vehículo para llevar  la munición de un lado a otro.   

Es más, la existencia de la “caleta”  en  el carro inmovilizado y la  versión  del  soldado  Jaime  Alberto Ramos Blandón, a quien un informante que  pasó  en  motocicleta  por  el  retén  militar  le  dijo que esa camioneta era  sospechosa  porque  “a cada rato subía a Rionegro a  llevar   cosas,   víveres  más  que  todo”;  y  el  conocimiento  personal  del  soldado  Ramos  Blandón  de  que  en la región de  Rionegro   “opera  sólo  la  guerrilla”2,  son  circunstancias  que  permitían  ahondar  en  la  hipótesis  vertida  en  la  resolución  acusatoria,  en el sentido que JOSÉ VICENTE ARIZA  BENAVIDES      y      ROBERTO      PABÓN     IBÁÑEZ     eran     coautores     y     no    cómplices      de      rebelión.   

Siendo  claro  que  en  el presente estadio  procesal    la    sentencia    condenatoria    a    título    de   complicidad    en    la    rebelión es inalterable, en virtud de la  prohibición  de  la  reformatio in pejus   (artículo  31  de  la  Constitución  Política), es propicia esta oportunidad para recordar  que  para tener la condición de rebelde no necesariamente el implicado debe ser  combatiente,  ni  atacar con sus armas a la fuerza pública, pues quienes están  comprometidos  con el ideario político de la organización subversiva, también  alcanzan    la   entidad   de   rebeldes  si  desarrollan  labores  tales como financiamiento, ideológicas,  planeación,     reclutamiento,    publicidad,    relaciones    internacionales,  instrucción,   adoctrinamiento,  comunicaciones,  inteligencia,  infiltración,  suministros,  asistencia médica, o cualquier otra actividad que no se relacione  directamente  con  el  uso  de las armas, pero que se constituyen en instrumento  idóneo  para  el  mantenimiento,  fortalecimiento  o  funcionamiento  del grupo  subversivo,  como  lo  manifestó la Sala de Casación Penal en la sentencia del  26  de  enero  de 2006 (radicación 23893), cuyos lineamientos jurisprudenciales se ratifican.   

Por  lo  antes  expuesto,  el  reproche  no  prospera.   

SOBRE   EL  SEGUNDO  CARGO:  Falso juicio de identidad   

El libelista advera que el Tribunal Superior  tergiversó  varios  medios de prueba, llegando por ese entendimiento equivocado  a  no  aceptar que los implicados JOSÉ VICENTE ARIZA BENAVIDES y ROBERTO PABÓN  IBÁÑEZ    actuaron    sin    responsabilidad    penal,   por   “insuperable    coacción   ajena”,   o  “impulsados     por  miedo             insuperable”.   

2.1  Con  la  transcripción de los apartes  pertinentes  de  las ampliaciones de indagatoria de ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ y de  LUIS  ANTONIO  SOLANO ECHAVARRÍA (subversivo sometido  a   la  justicia),  el  libelista  asegura  que  éste  obligó  a  aquél  a  que  inventara   la   supuesta   búsqueda   del   ganado;   y  que  el  Ad-quem  por  tergiversar  esas  pruebas,  entendió   que   el   guerrillero   sometido   a   la   justicia   aconsejó a PABÓN IBÁÑEZ que inventara  esa   historia;   error   trascendente,   porque   una   cosa   es  obligar     y     otra    aconsejar,    dado    que    en   estas  circunstancias  la primera forma (obligar)   descarta   el   dolo,   en  tanto  que  la  segunda  (aconsejar)   presupone   un   trato  de  amigos.   

Al  revisar  aquellas versiones se verifica  que  el  Tribunal  Superior  no  tergiversó ni distorsionó lo dicho por PABÓN  IBÁÑEZ  y  SOLANO  ECHAVARRÍA,  pues  lo  que  hizo  el Juez colegiado fue no  conceder  credibilidad  a  la  excusa  según la cual aquél actuó obligado por  éste,   por   el   conjunto   de   razones  indicadas  al  estudiar  el  primer  cargo.   

Es cierto que ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ en su  ampliación de indagatoria se expresó de la siguiente manera:   

“cuando  ya  en el retén y los soldados  empezaron  a  disparar,  el  guerrillero cuando vio el retén nos dijo que no lo  fuéramos  a  delatar,  que  no  lo  fuéramos  a echar al agua, porque sino nos  mataban  a  todos,  ya  en  el  calabozo  el  guerrillero me dijo que dijera que  estábamos  buscando  un  ganado,  eso  del  ganado  no  existe, primero venimos  intimidadas    por    el    guerrillero,    segundo    yo    nunca   he   estado  detenido…”  (Folio 111  cdno. 1)   

Y  también  lo  es que LUIS ANTONIO SOLANO  ECHAVARRÍA,  en  su ampliación de indagatoria, cuando manifestó su intención  de  someterse  a  la  justicia, hizo un relato similar, avalando lo dicho por el  anterior.   

No obstante, no es correcto afirmar, como lo  hace   el   libelista,   que  el  Ad-quem  erró  al  valorar  esas pruebas, al no admitir que los implicados  JOSÉ  VICENTE  ARIZA BENAVIDES y ROBERTO PABÓN IBÁÑEZ actuaron obligados por  la  guerrilla;  porque  no es verdad que el Juez colegiado hubiese tergiversado,  distorsionado,  cercenado  o  cambiado  el sentido a esas versiones, y porque la  convicción  declarada  en  el  fallo  se logró al analizar en sana crítica el  conjunto  de  pruebas,  las mismas que llevaron a la corporación a concluir que  aquéllos  ofrecieron  explicaciones baladíes sobre su presencia en el lugar de  los  hechos, que la camioneta estaba preparada de antemano con un escondite para  la   munición   y   que   fueron   contradictorios  en  sus  distintas  salidas  procesales.   

2.2  De  otra  parte,  hace  consistir  el  falso juicio de identidad en  que  el  cabo  Reinel  Ariza Amado y el soldado Jaime  Alberto  Ramos  Blandón  mencionaron un lugar bajo el  tapizado  de  la  camioneta,  que no era otra cosa que el baúl donde se guardan  las       herramientas;      y,      sin      embargo,      el      Ad-quem  interpretó  ese  lugar como una  “caleta”;  siendo grave  dicho     yerro,     porque     el     diseño     de     una    “caleta” presupone el dolo; conocimiento  y  voluntad  de infringir la ley, que en este caso no convergen, porque el sitio  donde  los  guerrilleros  depositaron  la  munición no era cosa distinta que el  baúl de la camioneta y no un compartimiento diseñado ex profeso.   

Tampoco en esta oportunidad el casacionista  tiene  la  razón,  toda vez que no fue el Tribunal Superior el que utilizó por  su  propia  cuenta  la  palabra  “caleta”  para  referirse al espacio de la camioneta donde se ocultaba la  munición,   sino   que   desde   el   informe  de  captura  se  describió  ese  compartimiento,  en  inspección  el  Fiscal delegado verificó su presencia, el  cabo  Reinel  Ariza Amado la mencionó en su testimonio y también la describió  el   soldado   Jaime   Alberto   Ramos   Blandón,   como   a  continuación  se  destaca:   

-. En el informe de captura suscrito por el  subteniente  Álvaro  Londoño  Silva, ratificado en testimonio por los soldados  que  participaron en el operativo, se indicó que en el vehículo involucrado se  localizó          “una         caleta  en  al  parte  trasera del mismo  hallando  en  su  interior dos canecas plásticas con capacidad de cinco galones  cada  una,  en una de ellas 1.500 cartuchos para Fusil 5.56. mm, y en otra 1.500  cartuchos    para    fusil   AK   47   calibre   7.65   x   39   mm.”   

-.     En     la     “inspección  ocular”  que llevó a cabo  el  Fiscal  Seccional  de  Gachetá  sobre  la  camioneta  inmovilizada  por  el  Ejército, se apuntó lo siguiente:   

“Inspeccionada cuidadosamente se observa  en  la  parte  trasera  de  la  misma,  cerca a las puertas traseras, existe una  cavidad  de las siguientes dimensiones, la cual se oculta en el piso de la misma  y  tiene  tapa  metálica  con bisagras, esta cavidad se camufla con el tapizado  del  piso…caleta… donde  venían  camuflados  los  dos timbos o garrafas con la munición, los cuales son  colocados  allí  para verificar que caben y que al cerrarse la puerta o tapa no  es  posible  observarlos  sin levantar el tapizado del piso y abrir el seguro de  la  misma.” (Folio 43 cdno.  1)   

-.  En  su testimonio, el cabo Reinel Ariza  Amado  explicó que no era fácil observar el lugar de la camioneta donde fueron  encontradas las canecas con munición:   

“No, se camufla con el tapete del carro,  y  levantando  el  tapete  primero,  se  ve el borde de la tapa para ver bien la  caleta,  y  estaba tapada  con  costales,  neumáticos  y  ropa,  no  era fácil observarla.” (Folio 45 cdno. 1)   

-.  El  soldado Jaime Alberto Ramos Baldón  también  describió  el  espacio  destinado a la munición como un sitio oculto  que no se percibía fácilmente:   

“No a simple vista no, a simple vista se  veía  normal,  el  tapete,  se  levantaba  el  tapete  y  se  ve  la tapa de la  caleta,  es  una  tapa de  aluminio,  la que levanto (sic) se observan los costales, los quito y se ven los  galones,  los  que  estaban  llenos de munición…lo que me pareció curioso es  que            el            odontólogo3  me  dijo  que el hueco de la  caleta,  normalmente dijo  que  era  para  cargar  herramienta,  de  la  cual  no llevaba nada, ni siquiera  llevaba    llanta    de   repuesto.”   (Folio 49 cdno. 1)   

En  ese  orden  de ideas, no existe ninguna  distorsión  del acopio probatorio, ni –en  gracia de discusión- podría afirmarse que el Tribunal Superior  se  valió  de  una  regla  de  experiencia  inapropiada,  porque  en la cultura  colombiana  un hueco o cavidad destinada a esconder u ocultar efectos delictivos  se  denomina “caleta”; la  mayoría  de las personas lo entiende de ese modo y no se precisa ser experto en  alguna área del saber para comprenderlo.   

2.3 El Diccionario  de  la  Lengua Española (XXI  Edición)4   ofrece   tres   acepciones   para   la   palabra  “caleta”,   ninguna   de   las   cuales  concuerda  con  el  significado  adicional  especial  que  ese  vocablo tiene en  Colombia.  Esas  tres  voces  son: i) Barco que va tocando, fuera de los puertos  mayores,  en  las  calas  o  caletas. ii) En Venezuela, gremio de porteadores de  mercancías,  especialmente  en  los puertos del mar. iii) Ladrón que hurta por  agujero.   

No obstante, en Colombia, la misma palabra,  “caleta”, en el lenguaje  cotidiano  alude  a  un  espacio o escondite para asegurar u ocultar productos o  elementos delictivos.   

En    efecto,    en   el   Nuevo  Diccionario  de  Americanismos, Tomo I, Nuevo Diccionario de  Colombianismos5,    se   define    la   expresión  “caleta” así: “Lugar  donde  se  esconde  algo.  Escondrijo. Lugar donde se esconden objetos robados o  mercancías de contrabando”.   

Por manera que la noción de “caleta”,   que   fue   introducida  al  expediente  a  través de los medios de convicción, se utilizó por el Tribunal  Superior  de  manera  natural,  precisa y objetiva, así como la percibieron los  testigos,  y con el contenido lingüístico y simbólico que le corresponde: una  cavidad o lugar oculto para depositar elementos de un delito.   

Por  los  anteriores  motivos,  el cargo no  prospera.   

SOBRE   EL   TERCER   CARGO. Falso juicio de legalidad   

Atina  la  Procuradora Delegada al destacar  que  el casacionista confunde la inspección judicial que el Fiscal Seccional de  Gachetá  (Cundinamarca) realizó sobre la camioneta con una prueba pericial con  el mismo objeto.   

Oportuno  es  recordar  que se trata de dos  cuestiones  distintas,  cada  una de las cuales se rige por diferentes preceptos  que condicionan su realización:   

3.1  La  inspección  judicial  sobre  la  camioneta,     que     en     el    acta    fue    denominada    “inspección  ocular”,  la llevó a cabo  el  Fiscal  Seccional  de  Gachetá, con la asistencia del defensor de oficio de  los  tres  implicados  y  un  fotógrafo  del  C.T.I.,  en las instalaciones del  Batallón    de   Ingenieros   No.   13   General   Antonio   Baraya6.   En   esa  oportunidad     se    detectó    la    presencia    de    la    “caleta”,  según  lo  explicado  en  el  capítulo anterior. (Folio 43 cdno. 1)   

El   artículo   245   del   Código   de  Procedimiento  Penal,  Ley 600 de 2000, señala los requisitos de la inspección  judicial,  entre  ellos,  su  decreto  “por medio de  providencia  que  exprese  con  claridad los puntos materia de la diligencia, el  lugar,  la  fecha  y  la  hora.  Cuando fuera necesario, el funcionario judicial  designará       perito      en      la      misma      providencia.”   

La  misma  norma dispone que la inspección  que  se  practique  en  la  investigación previa no requiere providencia que la  ordene   y  que  en  la  instrucción  se  puede  omitir  la providencia, a  condición  de  que  las  partes  la  conozcan para que soliciten su adición si  fuere el caso.   

Aunque  la  inspección  judicial  no  fue  ordenada  por  una  providencia  dictada  con  antelación,  no  existe vicio de  legalidad   de  ninguna  especie,  toda  vez  que  se  practicó  cuando  ya  la  investigación  estaba abierta y comparecieron los sujetos procesales, que hasta  ese  momento  eran  los  procesados,  representados  por  su  defensor,  quienes  tuvieron la posibilidad de conocer su contenido.   

Tampoco  es irregular que el Fiscal no haya  convocado  un  perito  para  esa  diligencia,  pues  en este tópico la norma es  facultativa  y  no  imperativa;  y porque la localización de la “caleta”  y  su descripción como tal se  hizo  legítimamente  a  partir  de  la  experiencia  común,  sin  protesta  ni  cuestionamiento alguno por el defensor de los implicados.   

3.2  En  la  resolución  de  apertura  de  investigación,  el  Fiscal  delegado  dispuso  solicitar  al Cuerpo Técnico de  Investigación  la  designación  de  un  perito  en automotores “para  que se realice el respectivo experticio técnico al vehículo  camioneta  DODGE  modelo  1974  de  placas  EKH475  el  cual se encuentra en las  instalaciones      del     Batallón     Baraya     de     Ubalá…”   

El experto redujo su gestión exclusivamente  a  determinar  que  los  guarismos  de  identificación  de  motor  y chasis son  originales,  puesto  que,  de  conformidad  con  directrices  del  C.T.I.,   “los  dictámenes deben estar referidos únicamente  a  la IDENTIFICACIÓN DE AUTOMOTORES, que por lo tanto no está  autorizado  ningún  dictamen  que  evalúe estado mecánico, originalidad de la pintura, ni  aspectos    similares.”    (Folio    101    cdno.  1)   

Ese   dictamen   pericial,  que  resultó  superfluo  porque  se  contrajo  a  la  identificación  de la camioneta por los  números  de chasis y de motor, no fue tenido en cuenta como elemento de prueba;  luego,  mal  podría  habarse  incurrido  respecto  de él en un falso juicio de  legalidad.   

3.3  Adicionalmente,  el  censor incurre en  imprecisión    conceptual    cuando    pretende    que    a   la   inspección   judicial,  regida  por  el  artículo  245  del  Código  de  Procedimiento Penal, Ley 600 de 2000, se   apliquen  las  mismas  exigencias que para el dictamen  pericial  prevé  el  artículo  251  ibídem, pues se  trata  de  dos pruebas de naturaleza distinta, que es necesario deslindar cuando  se  alega  en casación un falso juicio de legalidad, pues cada una debe cumplir  determinados    requisitos   formales   y   sustanciales,   cuya   pretermisión  eventualmente podría comportar ilegalidad.   

Corolario   de   lo   anterior,   es   la  desestimación  de  esta  censura, cimentada en apreciaciones que no consulta la  realidad procesal ni la normatividad atinente al asunto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

No  casar  el  fallo impugnado.   

Contra  la  presente sentencia no procede  recurso alguno.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO  ESPINOSA  PÉREZ                                        ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                             MARINA    PULIDO    DE  BARÓN   

       Comisión  de  servicio                             Permiso   

JORGE  LUIS QUINTERO MILANÉS                               YESID     RAMÍREZ  BASTIDAS   

JULIO ENRIQUE SOCHA SALAMANCA            JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Ubicado en el municipio de Ubalá (Cundinamarca).   

2 Folio  47 cdno. 1.   

3  El  procesado  ROBERTO  PABÓN  IBÁÑEZ dijo en su indagatoria que era odontólogo,  egresado de la Universidad del Atlántico.   

4 REAL  ACADEMIA  ESPAÑOLA. Diccionario de la Lengua Española. Editorial Espasa-Calpe,  S.A., Madrid 1992.   

5  INSTITUTO  CARO  Y  CUERVO.  Nuevo  Diccionario  de Americanismos. Tomo I. Nuevo  Diccionario  de  Colombianismos.  Imprenta  Patriótica  del  Instituto  Caro  y  Cuervo. Bogotá, 1993.   

6  Ubicado en el municipio de Ubalá (Cundinamarca).     

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