23344(28-02-07)

2007

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 23344  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE C ASACION PENAL  

                                     Aprobado  Acta  No. 28                                                                              Magistrado Ponente:   

                                     Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D. C., veintiocho de febrero de dos  mil siete.   

Decide  la Corte el recurso extraordinario de  casación  interpuesto por el defensor de Elkin Oswaldo  Rincón  Valencia  contra la sentencia dictada el 6 de  octubre  de  2004  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Buga,  mediante  la  cual  confirmó  la  proferida  el  10 de junio de ese año por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad,  que  condenó al  procesado  a la pena principal privativa de la libertad de 97 meses de prisión,  como autor responsable del delito de tráfico de estupefacientes.   

Hechos.  

El  26  de  marzo de 2003, en las horas de la  noche,  el  Comandante  de Policía de la primera sección de vigilancia de Buga  recibió  una  llamada  telefónica de la ciudad de Cali, para informarle que en  el  bus  intermunicipal  afiliado  a  la  empresa Arauca, de placas WAC-032, que  cubría  la  ruta  Cali  –  Manizales,  se movilizaba un pasajero que llevaba como equipaje cuatro cajas, al  parecer  con marihuana. Dispuesto el operativo de rigor se retuvieron las cajas,  en  cuyo  interior  fueron  hallados  75.500 gramos de marihuana prensados, y se  capturó  a  Elkin Oswaldo Rincón Valencia,  quien manifestó a la policía que desconocía su contenido y que  las  cajas  pertenecían  a  un  sujeto  de  nombre  Carlos, quien se las había  entregado  en  Cali  para  que las llevara hasta el terminal de Manizales, donde  las  recibiría  una  tercera persona, cuyo nombre desconocía, indicándole que  contenían manzanas.   

Actuación procesal relevante.  

1.  La Fiscalía vinculó al proceso mediante  indagatoria   a   Elkin   Oswaldo  Rincón  Valencia,  quien  en  esta oportunidad reiteró las explicaciones  suministradas  a  las  autoridades  de  policía sobre el origen y destino de la  sustancia.   Semanas   después   solicitó  ampliación  de  indagatoria,  para  manifestar   que  las  cajas  las  recibió  en  Cali  del  señor  Carlos  Ramírez,  en el convencimiento de  que   contenían  manzanas,  y  que  la  sustancia  pertenecía  a  Cristóbal   Tamayo   Galvis   y  Dubier  (a.  El  Mono),  primo  de  la  esposa  de Tamayo Galvis, según logró establecer  después         de         su        captura1.   

2. El 7 de julio de 2003, el ente investigador  dictó  resolución de acusación contra el procesado por violar la prohibición  contenida  en  el  artículo  376  inciso  primero  del Código Penal (tráfico,  fabricación  o porte  de estupefacientes). Esta decisión fue revisada por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  en virtud del recurso de apelación  interpuesto  por  el  procesado,  y confirmada mediante pronunciamiento de 13 de  agosto         del         mismo         año2.   

3. Rituado el juicio, el Juzgado Primero Penal  del  Circuito  de Buga condenó a Elkin Oswaldo Rincón  Valencia  a la pena principal privativa de la libertad  de  97  meses  de  prisión,  y  la  accesoria  de  interdicción  de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo término, como autor responsable del delito  imputado  en  la  acusación.  La  defensa  apeló  la  decisión  y el Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Buga, mediante fallo de 6 de octubre de 2004,  la     confirmó     en    todas    sus    partes3.   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  tercera  del  artículo  207  del Código de Procedimiento Penal de 2000 (ley 600), la defensa  acusa  la  sentencia  impugnada  de  haber  sido dictada en un juicio viciado de  nulidad   por   quebrantamiento   del   principio  de  investigación  integral.   

En el desarrollo del cargo, alude inicialmente  a  la  respuesta dada por el Tribunal a la solicitud de nulidad sustentada en el  mismo  motivo  (violación  del  principio  de  investigación  integral),  para  sostener  que  sus  argumentaciones  son equivocadas, en cuanto hace depender su  decisión  de  lo  inane e intrascendente que son los medios probatorios dejados  de   recaudar,   frente   a   la  clara  participación  del  procesado  en  los  hechos.      

Afirma  que  éste,  en  la ampliación de la  indagatoria  y  en  varios memoriales dirigidos al Fiscal, fue claro en señalar  con  nombres  propios  y direcciones a los verdaderos responsables del envío de  la  sustancia, al precisar que se trataba de Cristóbal  Tamayo   Galvis,   Carlos   Ramírez   y  Dubier  N.  (a.  El  Mono),  y  que gracias a estos datos la policía registró y encontró en  la  residencia  del  primero 105 kilos de marihuana, siendo capturada su esposa,  pero   que  los  funcionarios  judiciales  nada  hicieron  para  vincularlos  al  proceso.   

Argumenta  que a la luz de ordenamiento penal  adjetivo  lo  indicado “era cobijar o arropar con la investigación llamando y  vinculando  en  su  momento  a  los señores Cristóbal  Tamayo,  Carlos  Ramírez  y  Dubier  N., voces que son  macro  o  magnas  en  los  escritos  que  el  citado Rincón Valencia arrimó al  proceso,  y  la  ampliación  que  de  la  primera  exculpación  solicita se le  reciba”.  Y  agrega  que  “de  haberse  ordenado  aquéllas  y  actuado  con  diligencia  de  instructor  e  investigador,  las  resultas  de esa instrucción  pudieron   perfectamente   haber   sido  distintas  en  lo  que  atendió  a  la  contrariedad   o   sanción   que  se  impuso  al  señor  Rincón  Valencia”.   

Cierto  es que los hechos relacionados con la  posterior    incautación    en    la   residencia   del   señor   Cristóbal  Tamayo  de  los  105  kilos de  marihuana  son  distintos  y  que  nada tienen que ver con los que son objeto de  investigación  en  este proceso, pero no puede negarse que esta incautación se  erige  en  un  indicio  serio de que el procesado en este caso está diciendo la  verdad,  y  que  tal  como lo explicó en la ampliación de indagatoria y en sus  escritos,  fue objeto de engaño por los verdaderos autores del ilícito, debido  a la confianza que tenía con ellos.    

Insiste  en que si hubiera existido seriedad,  diligencia  y cumplimiento de la obligación por parte del operador de justicia,  específicamente  la de investigar con igual celo lo favorable y desfavorable al  procesado,  “de  seguro  otro hubiere sido el cantar de la providencia o fallo  proferido  y que pudo haber sido la preclusión en la instrucción o en la vista  pública,   o   con   fallo   absolutorio”,  puesto  que  la  revelación  que  Rincón  Valencia hizo de los  responsables  del  ilícito  fue  el  origen  de la aprehensión de la esposa de  Cristóbal  Tamayo  y  de la  incautación de los 105 kilos de marihuana.     

Para  el  caso,  a  pesar  de  que se ordenó  verificar  las  citas  que  el  procesado hizo en su ampliación de indagatoria,  ninguna  actuación se adelantó con el fin de establecer su dicho con el celo o  formalidad  que  requiere  una investigación proba, asegurando la comparecencia  de  los  presuntos infractores de la ley, lo cual habría abierto la posibilidad  para  que  el  procesado  hubiese  sido  absuelto,  o  para  que  obtuviera  los  beneficios  por  colaboración  eficaz previstos en los artículos 413 y 414 del  estatuto procesal penal.   

Era  muy  importante  escuchar de viva voz la  versión  de  Cristóbal  Tamayo  Galvis, para  conocer  sus  explicaciones y poder confrontarlas con el dicho  del  procesado,  pero no se hizo así, privando a éste de la posibilidad de una  decisión  absolutoria,  como  ya se indicó, y eventualmente, en el supuesto de  comprobarse  su  participación  voluntaria  y  consciente  en  el  ilícito, de  obtener los beneficios por colaboración o delación.   

Sustentado en estas consideraciones, solicita  a  la Corte casar la sentencia impugnada y en su lugar decretar la nulidad de lo  actuado  desde  la  resolución  mediante  la  cual  la  Fiscalía  definió  la  situación jurídica del procesado.   

      

Concepto del Ministerio Público.  

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  solicita  a  la  Corte  no  acceder  a  las  pretensiones  del  demandante.  Argumenta  que  aunque  la ley le impone al funcionario judicial el  deber  de investigar tanto lo favorable como lo desfavorable al procesado, dicho  principio  rector  no  implica  que  deban  ser  practicadas la totalidad de las  pruebas  solicitadas  por  los  sujetos procesales, o que se adelanten de oficio  pruebas inútiles o innecesarias.   

Sostiene   que  en  el  presente  caso,  la  inconsistencia   de   la  versión  del  procesado  y  la  información  que  la  investigación  ofrecía  sobre  su  comportamiento  al  momento  de la captura,  permitió  inferir  a  los  juzgadores  de instancia que sus afirmaciones, en el  sentido  de  que había actuado engañado, no resultaban admisibles frente a las  reglas  de  la sana crítica, y que la pretensión de la defensa se orientaba en  últimas  hacia  la  obtención  de  un  reconocimiento  por  la  utilidad de la  delación.   

Afirma  que  las  conclusiones  del Tribunal,  consistentes    en    que   Elkin   Oswaldo   Rincón  Valencia  actuó  consciente  y  voluntariamente en la  ejecución  de la conducta delictiva, no admiten reparo alguno, porque la prueba  indica  que el procesado inicialmente negó ser el dueño o transportador de las  cajas,  actitud  que  muestra a todas luces que conocía su contenido, es decir,  que  en  ellas  no se transportaban manzanas, como lo pretende hacer creer, sino  marihuana.   

A esta conclusión converge también el hecho  de  que  el procesado hubiera afirmado que Carlos N. lo ayudó a subir las cajas  al  vehículo,  no  siendo  ello  cierto, y que hubiera inicialmente ocultado la  verdadera  identidad  de  los  copartícipes  del delito, de suerte que, ante la  claridad  de su compromiso penal, carece de sustento el ataque propuesto, porque  la   falta   de   vinculación   de  Carlos  Ramírez,  Cristóbal  Tamayo  y  Dubier,  en modo alguno habría  conducido   a   la  demostración  de  ausencia  de  responsabilidad  del  aquí  implicado,  lo  cual  desvirtúa la vulneración del principio de investigación  integral.   

Advierte  que si la pretensión de la defensa  es  obtener  el  reconocimiento  de  beneficios por colaboración eficaz, la ley  prevé  la  posibilidad  de que los mismos sean acordados con la Fiscalía en el  curso  del  proceso,  o  incluso posteriormente, después de hallarse la persona  condenada,  en cuyo caso debe elevarse la correspondiente petición ante el Juez  de   Ejecución   de   Penas   (artículos   413   y   414  de  la  ley  600  de  2000).   

SE        CONSIDERA.   

1.  El  cargo  que  se  presenta  contra  la  sentencia  impugnada  se  sustenta  en  la  afirmación  de  que la fiscalía no  adelantó   actuación   alguna   orientada  a  escuchar  en  versión  libre  o  indagatoria   a   Cristóbal  Tamayo  Galvis,  Carlos  Ramírez  y  Dubier  N (a. El Mono), personas a las que  el  procesado  señaló  como  responsables del ilícito, privando a éste de la  posibilidad   de   probar   su   inocencia  o  de  obtener  los  beneficios  por  colaboración  eficaz,  con violación del principio de investigación integral.   

2.  La  revisión  del  expediente  permite  establecer  que  el  6  de mayo de 2003 el procesado amplió su indagatoria para  reiterar   su  inocencia  y  manifestar  que  los  verdaderos  responsables  del  transporte  de  la  sustancia  eran  los señores   Carlos        Ramírez,        Cristóbal  Tamayo  Galvis,  y Dubier  N. (a. El Mono), haciendo hincapié  en  que  solo  se  enteró  del  compromiso  de  los dos últimos después de su  captura,   y  para  pedir  que  se  escuchara  en  declaración  a  Luz   Dolly   Ramos   Berrío  (esposa)  y  Héctor      Jaime      Carmona      (primo)4.   

3.  El día siguiente, el Fiscal Seccional de  Buga  comisionó  a  su  similar  de  Manizales  para escuchar en declaración a  Luz  Dolly  Ramos  Berrío  y  Héctor  Jaime  Carmona,  y  cursó  una misión de trabajo al Cuerpo Técnico de Investigación de Manizales  para  que  adelantaran  las  gestiones  necesarias  con  el fin de establecer la  identidad  plena  de  los  señores  Cristóbal Tamayo  Galvis,  Carlos  Ramírez  y  Dubier N. (a. El Mono), y  verificaran  si  tenían  vínculos  con  el  expendio,  suministro o consumo de  sustancias               alucinógenas5.   

4.  El  19  de  mayo,  la Fiscalía 004 de la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Seguridad  Pública  de  Manizales  recibió el  testimonio  de  Luz  Dolly Ramos Berrío, quien  reiteró  lo  dicho  por  el  procesado  en su ampliación de  indagatoria,  en  el  sentido  de  que  la  noche  de  los  hechos  Cristóbal    Tamayo    Galvis    estuvo  preguntando  insistentemente  en  su residencia por la suerte de su esposo. Dijo  además  que  la  semana  inmediatamente anterior a su declaración, la policía  halló     en    la    residencia    de    dicho    sujeto     (ubicada  en el mismo barrio) 105 kilos de  marihuana,  capturando  a su esposa, ya que él no se encontraba. Preguntada por  Carlos   Ramírez  dijo  no  conocerlo    y    respecto    de   Dubeir  manifestó  que  era  primo  de  la  señora  capturada  pero  que  desconocía           su           paradero6.   

5.  El  3  de  junio  el  instructor declaró  clausurado  el  ciclo  investigativo,  sin  que  aparezca  hasta ese momento, ni  después,  constancia alguna de que el Cuerpo Técnico de Investigación hubiera  dado  respuesta  a  la  misión  de  trabajo  del  7  de mayo del referido año,  dispuesta  con  el  fin  de establecer la identidad y ubicación de los señores  Cristóbal  Tamayo  Galvis,  Carlos Ramírez y Deber N  (a.  El  mono), ni actuación alguna que indique que la  Fiscalía  hubiese  insistido  en la respuesta, o reiterado a dicho organismo el  envío de la contestación.   

6.   El  recuento  procesal  que  viene  de  efectuarse  lo  primero  que  permite  establecer es que las afirmaciones que el  casacionista  hace,  en  el  sentido de que nada se hizo con el fin de verificar  las  citas  realizadas  por el procesado en su ampliación de indagatoria no son  literalmente   exactas,   porque,   como  se  ha  dejado  visto,  la  Fiscalía,  inmediatamente  después  de  haber  escuchado  en ampliación de indagatoria al  procesado,  ordenó  pruebas  con  ese  propósito  y  libró las comunicaciones  respectivas,  sin  lograr integralmente su cometido, como quiera que solo obtuvo  al   testimonio  de  la  esposa  del  procesado.    

Esta  primera  aclaración es importante, por  cuanto  no  es lo mismo que los funcionarios judiciales hayan omitido confrontar  las  citas o referencias del procesado, estando en condiciones de hacerlo, a que  los  resultados  obtenidos en ese propósito no sean los deseados, como ocurrió  en  el  presente  caso,  donde  se  comisionó  a  la  Fiscalía para recibir el  testimonio  de la esposa del procesado y al Cuerpo Técnico de Investigación de  la  misma  ciudad  para  adelantar  averiguaciones  con  el fin de establecer la  identidad  y  ubicación  de  las  personas  señaladas  como  responsables  del  ilícito, sin obtener los resultados esperados.   

Verdad es que el funcionario instructor, ante  la  ausencia de respuesta, pudo haber insistido en ella, con el fin de completar  la  información  requerida,  pero  no puede perderse de vista que los términos  procesales  para  la  clausura  del  ciclo  investigativo  apremiaban  y  que la  información   disponible   hasta  ese  momento  indicaba  que  el  paradero  de  Cristóbal  Tamayo Galvis, Carlos Ramírez y Dubier N.  (a.  El  Mono)  era desconocido, porque el primero, de  acuerdo  con la versión de la esposa del procesado, había logrado escapar a la  acción  de  las  autoridades,  y  de los dos restantes no se tenían nombres ni  direcciones  ciertas  en  el proceso, lo cual tornaba inútil pretender insistir  en su localización.   

7. La Corte ha sido insistente en sostener que  para  que  exista nulidad por violación de principio de investigación integral  no  basta demostrar que los juzgadores omitieron la práctica de una determinada  prueba,  sino  que  es necesario acreditar que la prueba omitida era conducente,  que  su  recaudo  era  materialmente posible, que los funcionarios nada hicieron  para  aportarla y que su contenido era indispensable para la solución del caso,  exigencia  esta  última  que se identifica no propiamente con la importancia de  la  prueba  individualmente  considerada,  sino con su aptitud para modificar el  sentido      de      la      sentencia      o      de      sus     consecuencias  punitivas.         

8.  En  el  caso que estudia es cierto que el  procesado    en    ampliación    de   indagatoria   sindicó   a   Cristóbal  Tamayo  Galvis,  Carlos  Ramírez  y  Dubier  N.  (a. El  Mono)  de  ser  los  responsables  del ilícito, y que  estas  personas  no  fueron  vinculadas  al  proceso  mediante  declaración  de  indagatoria.  Pero  esto, de suyo, no se erige en motivo de nulidad, porque para  que  afecte  la  validez  de  la  actuación  es indispensable demostrar que los  funcionarios  judiciales  incurrieron  en  omisión  injustificada,  y  que  las  pruebas  eran  trascendentes, condiciones que no se cumplen en el presente caso,  porque  la verdad procesal indica, de una parte, que los funcionarios atendieron  los   pedidos   del  procesado,  y  de  otra,  que  las  versiones  Cristóbal  Tamayo  Galvis, Carlos Ramírez y Dubier N. en    nada   habrían   cambiado   la   situación   jurídica   del  implicado.   

9.  La  defensa,  al  sustentar  el  reparo,  sostiene  que  si  estas  pruebas  hubiesen  sido  practicadas,  los  juzgadores  habrían  llegado a la conclusión de que las explicaciones suministradas por el  indagado,  en el sentido de que desconocía el verdadero contenido de las cajas,  eran  ciertas.  Pero la prueba revela una verdad distinta. Basta examinar, entre  otros  elementos  de  juicio,  los testimonios de Raúl  Antonio     Martín     Linares    y    Yesid   Montoya   Agudelo   (conductor  y  auxiliar  del  bus,  respectivamente),  quienes afirmar  que  el procesado inicialmente negó ser el dueño o poseedor de las cajas, para  concluir   que   conocía   su   contenido   y   que  participaba  consciente  y  voluntariamente  en  la  comisión  del  delito,  como  con cierto lo destaca el  Procurador Delegado en su concepto.     

       

10.  El argumento adicional que se aduce para  insistir  en  la  nulidad  de  la  actuación,  consistente  en  que la omisión  denunciada  privó  al  procesado  de  la  posibilidad de obtener beneficios por  colaboración  eficaz,  resulta  también infundado, porque el reconocimiento de  estos  beneficios presupone el adelantamiento de un acuerdo previo con el fiscal  General  de la Nación o su Delegado, que el procesado no ha adelantado, y   porque    

el  proferimiento de la sentencia no lo priva  de  la  oportunidad  de  buscar  su  reconocimiento,  dado  que la ley prevé la  posibilidad   de   obtenerlo    aún   después  de  concluido  el  proceso  (artículos 413 y 414 del Código de Procedimiento Penal).   

El cargo no prospera.  

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en nombre de la  república y por autoridad de la ley,    

RESUELVE:  

No casar la sentencia  impugnada.   

Contra  esta  decisión no proceden recursos.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

ALFREDO GOMEZ QUINTERO  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PEREZ                 ALVARO  ORLANDO  P. PINZON            

MARINA        PULIDO        DE  BARON                JORGE                                 L.                                QUINTERO  MILANES               

YESID            RAMIREZ  BASTIDAS                 JULIO                                  E.                                  SOCHA  SALAMANCA               

MAURO            SOLARTE  PORTILLA              JAVIER  ZAPATA ORTIZ   

                   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

    

1  Folios 7-13 y 52-56 del cuaderno 1.   

2  Folios   75  – 82 y  98-106 ibídem.   

3  Folios 165-182 y 2004-221 ibídem.   

4  Folios 52-56 ibídem.   

5  Folios 57 y 58 ibídem.   

6  Folios 63-64 ibídem.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *