23181(20-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 23181  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

                                                                                 Magistrado  Ponente:   

                                                                   Dr.       ALFREDO       GÓMEZ  QUINTERO   

                                                                                    Aprobado    Acta   No.  27   

Bogotá, D.C., veinte (20) de abril de dos mil  cinco (2.005)   

VISTOS:  

Se  pronuncia  la  Sala  sobre el recurso de  reposición  que  el defensor del solicitado en extradición JUAN ANDRÉS TOLOZA  PEÑA  interpuso  contra  el  auto  del  pasado  16 de marzo del cursante año a  través  del  cual  se  negó  la  práctica  de  la  pruebas  deprecadas por el  mismo.   

EL RECURSO:  

Aceptando  el  defensor  que algunas de las  pruebas  por  él  solicitadas no se orientan a demostrar los precisos elementos  que  han  de  conformar  el  concepto  de  la  Corte, así tengan que ver con la  decisión  que  en su momento debe adoptar el Gobierno Nacional, dice restringir  su  disenso  sólo  a  la  negativa  de  aquellas  que  tienden  a cuestionar el  cumplimiento  de  los  tratados  públicos,  especialmente  los que garantizan y  protegen  los  derechos  fundamentales,  o  los que hacen relación a la validez  formal     de    la    documentación    adjuntada    a    la    solicitud    de  extradición.   

En  ese  orden  -añade- el objetivo de las  pruebas  demandadas  es demostrar la ajenidad de Juan Andrés Toloza Peña en el  proceso  que se le sigue ante el país requirente, de modo que valorándolas con  acatamiento   de  los  tratados  y  convenios  internacionales  que  prevén  el  principio  de  contradicción  debe  inferirse  un  cuestionamiento a la validez  formal  de  la  documentación  allegada  en  tanto la solicitud de extradición  refiere  la  existencia  de  una  serie  de  pruebas que sin haberse aportado el  requerido  tiene  derecho a conocer y controvertir, más aún cuando se trata de  declaraciones   de  informantes  confidenciales  y  secretos  que  no  han  sido  incluidas en el pedido.   

Depreca por eso se revoque el auto recurrido  y  en su lugar se soliciten al país requirente las pruebas a que se alude en el  pedido de extradición.   

Dice anexar finalmente el defensor copia de  la  asistencia  judicial  solicitada  por  los  Estados  Unidos para preguntarse  porqué  razón  la  Sala  niega  las  pruebas  por él demandadas con el fin de  demostrar  la ajenidad de su prohijado en los hechos que se le imputan, mientras  el país requirente sí practica pruebas en nuestro territorio.   

CONSIDERACIONES:   

Como  ya  tuvo  oportunidad de advertirlo la  Sala  en  decisión  del  1º de septiembre de 2.004 con ponencia de quien igual  cometido  cumple  en este asunto, “si bien es cierto  que  de  conformidad  con el artículo 520 del Código de Procedimiento Penal el  cumplimiento  de  lo  previsto  en  los  Tratados  Públicos  hace  parte de los  fundamentos  del  concepto  de  extradición,  una tal situación es eventual en  tanto   -como   lo   prescribe   la   misma   norma-  ello  ocurre  ‘cuando   fuere  el  caso’,  esto es cuando entre Colombia y el  país   requirente   exista   un   Tratado   internacional   vigente   sobre  la  materia.    

Es  decir,  “no  porque  nuestro  país  tenga  suscrita  una  serie  de  tratados sobre derechos  fundamentales  cuyos  preceptos se hallan en no pocas ocasiones reiterados en la  Carta  Política,  resulta imperativa su aplicación sin consultar la naturaleza  y   objetivos   del   instrumento   de  colaboración  internacional”.   

Es  que  si  bien es cierto la posibilidad o  garantía  de contradicción que reclama el defensor es innegablemente aplicable  en  este  trámite que por igual debe sujetarse a un debido proceso, no menos lo  es  que aquella no puede tener el alcance que el recurrente persigue al punto de  que  por  esa  vía  la  Corte  entre a permitir -como si fuera un proceso penal  propiamente  dicho- un debate probatorio que sólo es propicio en el ámbito del  asunto donde se cuestione la responsabilidad penal del requerido.   

El  trámite  de  extradición  -ha  dicho  reiteradamente  la  Sala-  no  es  un  proceso  judicial  donde  se viabilice el  cuestionamiento  o  el  debate de las pruebas que el país requirente dice tener  en  contra  del  pedido,  él  sólo  es  admisible  en  aquél  que  el  Estado  solicitante  adelanta  contra  el ciudadana requerido a través del mecanismo en  examen.   

Este  asunto -es incuestionable- se sujeta a  principios  constitucionales como el debido proceso y la defensa que la Corte en  manera  alguna  desconoce o soslaya, pero -se reitera- ellos deben entenderse no  en  la  forma  en que lo pretende el letrado sino en relación con la función y  objetivos  de  este  específico  trámite, por manera que las pruebas que a él  aspiren  aportarse  deben  observar  los  postulados  que le son propios pero en  relación  con  el  objeto  de la extradición y los termas que respecto de ella  habrán  de  ser  tratados  en  el concepto que se demanda de la Corte, esto es,  “la validez formal de la documentación presentada,  en  la demostración plena de la identidad del solicitado, en el principio de la  doble  incriminación,  en  la  equivalencia  de  la providencia proferida en el  extranjero  y,  cuando  fuere  el caso, en el cumplimiento de lo previsto en los  tratados públicos”.   

Por fuera de dichas restricciones que emanan  de  la  propia  ley  la  Corte  -de  un  lado-   carece de competencia para  pronunciarse  y  -de  otro-  le  queda  vedado  en  tales  condiciones admitir o  decretar  pruebas  que pretendan demostrar aspectos que no sean los determinados  por  el  ordenamiento,  máxime  que  este  no es un proceso penal con todas sus  connotaciones  sino  un  particular  trámite  que en esta fase se surte ante la  jurisdicción  cuyo objeto no es propiamente el establecimiento del delito y sus  consecuencias  o  la  determinación  del responsable, ni por ende es el ámbito  donde  pueda  aportarse  pruebas  o  controvertirse  aquellas  que supuestamente  acreditan esos tópicos.   

No  por  otras  razones  ha  dicho  la Corte  Constitucional,  en  sentencia  C-700/2.000, que “la  persona  requerida  en  extradición,  que  puede  ser nacional o extranjera, no  está  sujeta,  en cuanto al juzgamiento de su conducta, a las normas de nuestra  legislación,  puesto  que  no  va  a  ser  procesada ni juzgada por autoridades  nacionales.  Además,  dentro  del  proceso  que  ya  se adelantó y culminó el  Estado  requirente,  o  que cursa con resolución de acusación en su contra, ha  dispuesto  -se  presume- o deberá disponer, de oportunidad para su defensa y de  todas  las  garantías  procesales,  como  también las tiene en Colombia al ser  solicitada y tramitada la extradición.   

“La  extradición demanda un procedimiento  diferente  al  ordinario,  pues  es claro que el individuo reclamado no va a ser  juzgado  en  Colombia,  ni  con  nuestra legislación, ni se le va a evaluar, en  consecuencia,  su  responsabilidad penal por parte de autoridades nacionales. Se  trata  de  delitos  cometidos  en  el exterior, cuyos juicios se adelantan o han  adelantado en otro Estado”.   

En las anteriores condiciones las pruebas que  depreca  el  defensor en procura de demostrar que su prohijado no es responsable  de  la  comisión  de  los  hechos  que  motivan  el pedido y que corresponden a  aquellas  que el Estado requirente dice tener sobre su responsabilidad no tienen  ninguna  conducencia  en  este  trámite pues carecen de cualquier relación con  los  elementos  que  habrán de conformar el concepto que en su oportunidad debe  rendir   la   Sala,   por   ello   en   manera   alguna  se  repondrá  el  auto  recurrido.   

Insólita  para  los  efectos de este asunto  sigue  siendo  la iteración del recurrente acerca de la asistencia judicial que  solicitada  por  los  Estados  Unidos  le merece un cuestionamiento de reproche,  pues  en  manera  alguna  precisa  las  razones  de su procedencia como medio de  convicción  mucho  menos cuando aquella obedece a convenios suscritos entre los  dos  países.  Por  eso  y  ante  lo  obvio de su inoportunidad se dispondrá la  devolución   del  documento  que  en  fotocopia  adjuntó  con  el  escrito  de  reposición.   

Por  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

         

RESUELVE:  

1.  No reponer el auto recurrido, fechado el  16 de marzo del año en curso.   

2.  Devolver  al  recurrente  el  documento  -“Asistencia  judicial  Estados  Unidos”-  que  en fotocopia adjuntó con su  escrito de reposición.    

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase,   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                   HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN             JORGE       LUIS      QUINTERO  MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                              MAURO SOLARTE PORTILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria   

    

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