23134(13-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  23134   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 055.  

Bogotá  D.C.,  junio  trece (13) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS  

Procede  la Sala a decidir lo que en derecho  corresponda  respecto  de  la  admisión  formal  de  los  libelos  de casación  presentados  por  el  defensor de los incriminados RAUL  PEQUI   COICUE   y  ROSALBA  BENAVIDEZ  SAAVEDRA,  contra el fallo de segundo grado  proferido  por el Tribunal Superior de Popayán el 22 de junio de 2004, mediante  el  cual  fueron condenados como autores penalmente responsables del concurso de  delitos  de  homicidio  agravado  en  Mayerly Orejuela  Zuñiga   y   Héctor  Luis  Aguirre  Carvajal  y porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal,  decisión  que  modificó  la  sentencia  dictada  el  19 de  diciembre   de   2003  por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  la misma ciudad, que los había condenado por el concurso de  delitos  contra  la  vida  y  absuelto  por  el  ilícito  de  porte  ilegal  de  armas.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  31  de  julio  de  2001,  la  Sección  Investigativa  de  Policía  Judicial  de Corinto encontró en el sitio conocido  como  Gualanday  del sector de las Cruces del referido municipio, los cadáveres  de  Mayerly Orejuela Zuñiga y  Héctor     Luis    Aguirre    Carvajal,  los  cuales presentaban múltiples heridas producidas por arma de  fuego.  Las  víctimas fueron vistas con vida por sus familiares en la tarde del  día 28 de los mismos mes y año.   

Con  base  en  la denuncia presentada por la  madre  de una de las víctimas y el informe rendido por el Jefe de la mencionada  Sección  Investigativa,  la  Fiscalía Seccional de la misma localidad declaró  abierta   la  instrucción,  en  cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  RAUL   PEQUI   COICUE   y  ROSALBA  BENAVIDEZ  SAAVEDRA,  resolviéndoles   su   situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin derecho a libertad provisional como posibles autores  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado,  rebelión  y desaparición  forzada.   

Clausurado  el  ciclo  instructivo,  el 4 de  abril  de  2002  la  Fiscalía  Delegada  ante  los  Jueces Penales del Circuito  Especializado  de  Popayán  calificó el mérito del sumario con resolución de  acusación  en contra de los procesados como presuntos coautores del concurso de  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa  personal.   

En   la  misma  providencia  precluyó  la  investigación  adelantada  contra los incriminados por los delitos de rebelión  y desaparición forzada.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de Descongestión de Popayán,  despacho  que  una  vez surtido el rito legal correspondiente profirió fallo el  19   de   diciembre   de   2003,   por   cuyo   medio  condenó  a  RAUL    PEQUI   COICUE   y   ROSALBA   BENAVIDEZ  SAAVEDRA  a  la  pena  principal  de  treinta (30) años de prisión, a la accesoria de inhabilitación  para  el  ejercicio de derechos y funciones públicas por veinte (20) años y al  pago   de  la  correspondiente  indemnización  de  perjuicios,  como  coautores  penalmente  responsables  del  concurso  de  delitos  de  homicidio.  Igualmente  dispuso  la  absolución  de  los  incriminados por el delito de porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal.   

          La  sentencia  fue impugnada por los procesados, sus defensores y la  Fiscalía.  El  Tribunal  Superior de Popayán decidió mediante fallo del 22 de  junio  de  2004  confirmar  la  condena  por el concurso de delitos de homicidio  agravado  y  revocar  la absolución por el delito contra la seguridad pública,  dosificando  en  consecuencia  la  pena principal en treinta y seis (36) años y  seis (6) meses de prisión.   

LAS  DEMANDAS   

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  RAUL          PEQUI         COICUE.   

          Bajo  la  égida  de la causal primera de casación, cuerpo segundo,  el  censor  denuncia  la  violación indirecta de la ley sustancial por error de  hecho  por  falso  juicio  de identidad, dado que “el  fallador,  en la apreciación de las pruebas vertidas al sumario en ejercicio de  la  sana  crítica  ha  incurrido en una tergiversación de lo que los medios de  prueba  muestran”,  además  de  que “se  han inferido indicios que no han sido debidamente probados en el  contexto de la sentencia”.   

          Estima  que  se  han  violado  los  artículos  238,  285  y 287 del  estatuto procesal penal, cuyos textos transcribe.   

          En  cuanto  atañe  a  la  demostración  de  la  censura,  aduce el  impugnante   que   el   Tribunal  afirmó  que  los  procesados  incurrieron  en  contradicciones,  motivo  por  el  cual  considera  que  según  el ad  quem,  lo  mejor  para su asistido era  haber  permanecido  callado  y probablemente el resultado del fallo habría sido  diverso.   

Agrega que si en la sentencia atacada se dijo  que  fue  el  día  martes y no el jueves cuando una vecina fue a contarle a los  incriminados  sobre  la  noticia  publicada  en  el  diario  El Caleño, ello no  constituye     contradicción     grave    alguna,    pues    si    RAUL  “se  dio  cuenta  de  lo  sucedido  ese  día  y  no  otro, no necesariamente tendría que  saberlo ROSALBA BENAVIDEZ”.   

Respecto  de  la  contradicción  de  que al  llegar  los  agresores RAUL se  encontraba    en    la    puerta    de    la    calle,   mientras   ROSALBA  afirma  que  se  encontraba en la  Sala  de  su  casa,  afirma  el  defensor que “es muy  viable  que  al  llegar  los intrusos saliera a la puerta y eso es lo que quiere  decir  en  su  relato,  y más que una contradicción, no tiene que ser un sitio  único,  pero  soslaya la versión que complemente en ampliación de indagatoria  y en audiencia pública”.   

También   indica   que  si  la  madre  de  RAUL  no precisó la hora de  llegada  de  éste  a su casa, ello es natural, pues por estrategia defensiva se  había   podido   aleccionarla   para  que  declarara  con  exactitud  sobre  el  particular,  pero  lo  que  se pretendió fue que su testimonio se ajustara a la  verdad,     más     aún    cuando    lo    cierto    es    que    RAUL  si  estuvo en casa de su progenitora  después  de  haber salido de su residencia por la permanencia de los intrusos y  de las víctimas.   

Cuestiona  que  en  el  fallo  se afirme que  existe  contradicción  entre  lo dicho por los procesados y la declaración del  menor   Jefry   Harvy  Cardona  Benavidez,  pues  este  fue  intimidado por las autoridades de policía y por  tal  razón  negó  que  a  la  casa  donde se encontraban los acusados hubieran  ingresado otras personas diferentes de las víctimas.   

Acerca  del móvil para delinquir expone que  no  se  probó  que RAUL PEQUI  fuera  miembro  de  algún grupo subversivo, al punto que la Fiscalía profirió  en  su  favor  preclusión  de  la  investigación  por  el delito de rebelión.  Además,  no  conocía a las víctimas ni se estableció vínculo alguno con las  Milicias  Bolivarianas  de  las  Farc,  luego  no podía el Tribunal edificar el  referido indicio.   

          En  punto  del  indicio  de  manifestaciones  posteriores  al delito  asevera  el  casacionista  que  la  afirmación del Tribunal de que RAUL  PEQUI “no  estuvo  en  el billar esa noche, ni fue a visitar a su mamá esa noche, ni dejó  solos   a   sus   compinches”,  resulta  en  extremo  subjetiva,  pues  lo cierto es que cuando los intrusos se presentaron en la casa  del  procesado,  este  les  exigió  que  se  fueran,  pero al existir la fuerza  intimidante  y  con  el  propósito  de  no  verse  involucrado  en una conducta  delictiva posterior, salió a los lugares anotados.   

          Con  relación  al  indicio  de  oportunidad  el defensor indica que  probablemente  lo  mejor  para  los  procesados  era no haber reconocido que las  víctimas  estaban en su casa cuando ingresaron los intrusos por ellas, pero que  tal    sinceridad    no    puede   dar   lugar   a   construir   el   mencionado  indicio.   

Destaca  que es normal que la casa estuviera  con  la puerta abierta dado que aquél era un día de mercado y en la residencia  de  los  incriminados  se  vendían  huevos,  circunstancia  aprovechada por los  agresores  para ingresar y llevarse a las personas que ulteriormente aparecieron  muertas.   

          Para   demostrar  la  incidencia  de  los  yerros  en  el  fallo  el  recurrente  afirma  que  las  deducciones  de  los falladores están plagadas de  subjetividad   y   resultan   peligrosistas,   tales   como   los   indicios  de  manifestaciones  posteriores  la  delito  o  de móvil para delinquir, más aún  cuando   para   construir   tales   indicios   se   asumió   que   RAUL  PEQUI  era  rebelde,  todo  lo  cual  condujo  a  su  condena y a que los verdaderos responsables, quienes si integran  las filas de la guerrilla, ni siquiera hayan sido investigados.   

          Con  base  en lo anterior, el recurrente solicita a la Sala casar la  sentencia   impugnada   y   en   su   lugar   proferir   la   que   en   derecho  corresponda.   

          De  manera subsidiaria solicita la nulidad de lo actuado a partir de  la    declaración    del   menor   Harvy   Benavidez  Cardona,  pues  carece  de  fecha,  no  compareció un  familiar  en  primer  grado  de  consanguinidad  y fue tenida como ilegal por el  Tribunal,   pues  considera  que  “ha  servido  como  criterio  de  decisión  para  ambas  instancias, sobre todo la primera, pero la  segunda  también  recae  sobre  ésta  así  trate  de  no considerarla por ser  ilegal”.   

2.             Demanda   a  nombre  de  la  procesada  ROSALBA       BENAVIDEZ      SAAVEDRA.   

          En  términos  similares al anterior libelo, el defensor presenta un  cargo  contra  el  fallo  del  Tribunal  con  fundamento en la causal primera de  casación,  cuerpo  segundo,  esto  es,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,   determinada   por   un   error   de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad.   

         

Como   preceptos  violados  relaciona  los  artículos 238, 285 y 287 del estatuto procesal penal.   

          Para  acreditar el cargo el casacionista afirma que no se probó que  ROSALBA   BENAVIDEZ  fuera  alzada  en  armas, que perteneciera a las Farc, o que esta organización hubiera  ordenado la ejecución de las víctimas.   

          Tampoco  se  averiguó,  dice  el  recurrente,  si  el  Sargento  Rubian Morales Basto sentía o no  animadversión  por RAUL PEQUI  al decomisarle su motocicleta.   

          Acerca  de  la declaración del menor Yefry  Yarvy  Cardona Benavidez expone que merece un análisis  detallado  sobre  aspectos  tales  como  si  se  le  explicó  el derecho que le  asistía  a  no  declarar;  no  fue  acompañado por un familiar para que con su  firma  avalara  lo  dicho  por el niño y en el acta no se registró la fecha en  que  fue escuchado, lo cual deja “florecer la idea de  una   intimidación   psicológica   del   menor   en  las  dependencias  de  la  policía”.   

          También  advierte  que se debe tener en cuenta que los funcionarios  judiciales  no  se  pronunciaron  sobre  el paseo que las autoridades judiciales  dieron  al  menor por los bares y establecimientos públicos de menor señalando  a  personas  que  eran amigos de sus padres; tampoco se estableció el motivo de  la retractación que de su primera declaración realizó el niño.   

          Agrega   que   no   se   probó   la   presencia   de   ROSALBA  al  momento  de  la muerte de las  víctimas  y  tampoco se demostró que en qué vehículo salió de su casa, pues  los  testimonios  se  refieren  a  automóviles  de diferentes colores y marcas,  “sobresaliendo    entonces   la   presunción   de  inocencia” establecida en su favor.   

Concluye  que  no  fue  acreditado  en  el  diligenciamiento  con  grado  de certeza la responsabilidad de su asistida, como  para haber proferido en su contra fallo condenatorio.   

Al  señalar la trascendencia de la censura,  el  impugnante  afirma  que  las  contradicciones  entre  el  fallo  de  primera  instancia  y  el  de  segundo  grado  denotan  que  se  condenó  a ROSALBA  BENAVIDEZ sin que hubiera mérito  para ello.   

          Además,  no se tuvo en cuenta el testimonio del agente Rubian  Morales Basto, a quien la procesada  le    manifestó    que    alias    ‘El  Arete’ no  existía  y que RAUL junto con  otros  sujetos  “habían  retenido a la pareja y que  ella   le   había   dado   a  guardar  a  una  persona  un  carne  (sic)  de  celular porque la parecer desde  el  teléfono  5698929  había llamado al negro para informarle de la retención  de  los  hoy  occisos,  porque  si  se  hubieran tenido en cuenta los dichos del  policial  la acusada había salido absuelta de dicha responsabilidad”.   

          Finalmente  dice  que  no  se  tuvo  en  cuenta  que  de  acuerdo al  artículo  50  de  la  Ley  504  de  1999,  los  informes  de  policía  no  son  contundentes   para   fortalecer   una   acusación,   sino   para  orientar  la  investigación.   

          A  partir  de  lo  expuesto, el defensor solicita a la Sala casar el  fallo   objeto   de   impugnación   y   dictar  la  sentencia  que  en  derecho  corresponda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         

1.             Demanda   a   nombre   del   procesado  RAUL          PEQUI         COICUE.   

En  atención  a  que  el censor denuncia la  violación  indirecta  de  la ley sustancial por error de hecho por falso juicio  de  identidad,  es pertinente señalar que sobre tal especie de error la Sala ha  puntualizado  que  tiene lugar cuando el juzgador al apreciar la prueba yerra en  cuanto le adiciona un fragmento, cercena una parte o la tergiversa.   

Es  deber  del  impugnante  en  tal  caso,  identificar  el  medio  sobre  el  cual  recayó  el  error,  precisar el aparte  adicionado  o  cercenado  y  demostrar  la injerencia de tal incorrección en el  sentido   del  fallo,  es  decir,  acreditar  que  sin  el  referido  error  las  conclusiones  de  la  sentencia  impugnada  serían  necesariamente  diversas  y  favorables a su representado.   

          En   el   asunto   objeto  de  estudio  encuentra  la  Sala  que  el  casacionista  no  se sujetó a las referidas reglas, pues afirma que el Tribunal  tergiversó  los  medios  de prueba al apreciarlos contrariando las reglas de la  sana  crítica,  planteamiento  que  corresponde  al  error  de  hecho por falso  raciocinio,  en  virtud  del  cual,  lo  que  se  cuestiona  no es la adición o  cercenamiento  de las pruebas, sino que las conclusiones que de ellas se extraen  violan  las  directrices  de la sana crítica, esto es, las leyes de la ciencia,  los   postulados   de  la  lógica  y  las  máximas  de  la  experiencia,  cuya  demostración,   como  sin  dificultad  se  vislumbra,  resulta  sustancialmente  diversa    a    la   del   falso   juicio   de   identidad   que   postuló   el  defensor.   

Adicional  a  ello,  si bien el casacionista  hace  explícito  su interés por atacar la prueba indiciaria, no se percata que  para  emprender  tal  cometido debe identificar con claridad si la equivocación  se   cometió   respecto   de   los   medios   demostrativos   de   los   hechos  indicadores,   la  inferencia  lógica,  o  en  el  proceso  de valoración  conjunta  al  apreciar  la  articulación,  convergencia  y  concordancia de los  varios  indicios  entre sí, o entre éstos y las restantes pruebas, para llegar  a una conclusión fáctica desacertada.   

Tampoco  tiene  en  cuenta  que  si el error  radica  en  la apreciación del hecho indicador, dado que debe acreditarse   necesariamente  con  otro  medio de prueba, imprescindible le resulta establecer  si  se  trata  de  un  yerro de hecho o de derecho, a qué especie corresponde y  cómo se acredita su ocurrencia en el asunto.   

Ahora, olvida que si el error se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el que se acredita el hecho indicador y demostrar que el juzgador en  su  apreciación  se  apartó  de  las leyes de la ciencia, los principios de la  lógica  o  las  reglas  de  la  experiencia, para acto seguido señalar en qué  consiste  y  cuál  es  su  operancia correcta, así como su trascendencia en la  decisión impugnada.   

Igualmente,  no atiende que si lo pretendido  es  denunciar  un  error de hecho por falso juicio de existencia de un indicio o  un  conjunto  de  ellos, lo primero que debe acreditar es la existencia material  en  el proceso del medio con el cual se evidencia el hecho indicador, la validez  de  su aducción, qué se establece de él, cuál mérito le corresponde y luego  de  realizar  el  proceso  de inferencia lógica a partir de tener acreditado el  hecho  base,  exponer el indicio que se estructura de conformidad con las reglas  de  la  experiencia,  para  ahí  sí,  poner  de  presente  su  articulación y  convergencia con los otros indicios o medios de prueba.   

También  en punto de los yerros respecto de  la  prueba  indiciaria  se  tiene,  que el demandante omite precisar si estos se  presentan  en  la  labor de análisis de la convergencia y congruencia entre los  distintos  indicios y de éstos con los demás medios, circunstancia que permite  advertir serias incorrecciones formales en el libelo.   

          Como  puede  verse, el impugnante procede a identificar los indicios  que  fueron  aducidos  por los falladores para proferir la sentencia de condena,  pero  no  atina,  de  acuerdo  a  las  reglas  ya  enunciadas, a ser claro en su  planteamiento,  como  que  únicamente  expone su particular ponderación de los  medios  de prueba y ensaya su cotejo con la apreciación judicial de los mismos,  pero  sin  detenerse  a  identificar  errores  y  tanto  menos  a acreditarlos y  demostrar su trascendencia en el fallo.   

          Como  el  casacionista  afirma  que  se  violaron los artículos 238  (apreciación  de  las  pruebas), 285 (unidad de indicio) y 287 (apreciación de  los  indicios)  del  estatuto procesal penal, baste expresar que tales preceptos  no  tienen  la condición de normas sustanciales, en cuanto no definen conductas  delictivas  o hacen referencia a la punibilidad o a la responsabilidad, sino que  sólo  sirven  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de las  disposiciones   sustantivas,  falencia  que  se  desentiende  de  la  preceptiva  contenida  en  el numeral 1º del artículo 207 de la Ley 600 de 2000, según la  cual,  la  casación procede “cuando la sentencia sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya  cita resulta imprescindible (numeral 3º del artículo  212 ejusdem).   

          Finalmente  se encuentra que pese a solicitar la casación del fallo  objeto  de  reproche,  el  defensor  no  precisa cuál debe ser el sentido de la  sentencia  de  reemplazo  que  solicita,  razón  de  más  para advertir graves  inconsistencias   en   el   libelo   objeto   de   estudio  que  conducen  a  su  rechazo.   

          En  cuanto  se  refiere  a la solicitud de nulidad que el impugnante  plantea  de  manera  subsidiaria, suficiente resulta expresar, de una parte, que  tal  censura  debió  formularla  como  principal de acuerdo con el principio de  prioridad,  pues  en  caso  de prosperar tornaría inane el estudio del reproche  por violación indirecta de la ley sustancial.   

Y de otra, que su exigua demostración, unida  a  la  manifiesta  confusión  argumentativa, como se advierte al exponer que la  actuación  es  nula  porque  no se anotó la fecha en la declaración del menor  Harvy  Benavidez  Cardona  y  porque  tal  testimonio  fue  asumido como ilegal y no valorado por el Tribunal,  sin  señalar  el fundamento de tales asertos, denotan palmario desentendimiento  de  las pautas que rigen la postulación, desarrollo y acreditación de censuras  al  amparo de la causal tercera de casación, razón adicional para inadmitir el  libelo.   

Según   lo  expuesto,  la  demanda  será  inadmitida.   

2.             Demanda   a  nombre  de  la  procesada  ROSALBA       BENAVIDEZ      SAAVEDRA.   

          Al  igual que en la anterior demanda, el defensor incurre en esta en  manifiesta  confusión  respecto del planteamiento y acreditación de errores de  hecho  por  falso  juicio  de identidad y falso raciocinio, circunstancia que le  impide    acometer    adecuadamente    la    presentación    formal    de    la  censura.   

Adicional a ello, una vez más el recurrente  indica  como  normas  sustanciales  violadas  los  artículos 238, 285 y 287 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  disposiciones  que  como  ya se dijo, son de  carácter  procesal  y  por tanto, no cumplen con la exigencia establecida en el  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, esto es, ser preceptos sustanciales, para  que  a  través  de  este  mecanismo  extraordinario  se  denuncie su violación  indirecta.   

En  cuanto se refiere al reproche que dirige  contra  los  indicios  que de manera conjunta edificaron el fallo de condena, el  censor  se limita – como si  se   tratara   de   una   alegación   propia  de  las  instancias  –   a   exponer  de  manera  breve  su  percepción  personal  respecto  de cada uno de ellos, pero no identifica yerros  en  los  falladores  de  acuerdo  a  las  reglas  que atrás se enunciaron, para  concluir,  sin  más,  que  no  se  probó en el proceso con grado de certeza la  responsabilidad   de   su  asistida  para  haberla  afectado  con  un  fallo  de  condena.   

Un tal proceder no se ajusta a las exigencias  formales  para  acudir  a  este  medio  impugnaticio  extraordinario y demuestra  confusión  conceptual  del  recurrente,  pues si su interés estaba orientado a  plantear  la  existencia  de  duda  razonable,  era  preciso  que se adentrara a  especificar  qué  aspectos  no  fueron debidamente dilucidados y probados en la  actuación  y  daban  lugar  a  la conformación de dudas trascendentes sobre la  materialidad  del  ilícito  o la responsabilidad de la procesada, sin que baste  la  afirmación  indemostrada  de  que no se arribó a la certeza exigida por el  legislador para condenar.   

Con  relación a que no se tuvo en cuenta el  testimonio  del agente Rubian Morales Basto,  sin  dificultad  observa la Sala que la censura no pasa de ser un  enunciado  sin desarrollo, pues el demandante no acredita por qué razón al ser  valorado  dicho  testimonio  se  desvirtúan los soportes probatorios que dieron  piso  a  la  sentencia  de condena, omisión que pone de presente nuevamente las  graves falencias técnicas del libelo objeto de estudio.   

          Como  también  el  recurrente afirma que en virtud del artículo 50  de  la  Ley  504  de  1999,  los  informes  de policía no son contundentes para  fortalecer  una  acusación, sino para orientar la investigación, es suficiente  indicar  que  dicha  censura  debía  plantearla como error de derecho por falso  juicio de convicción, proceder que no acometió.   

          Para  culminar  se  observa, que tampoco respecto de esta demanda el  defensor  puntualiza  el  sentido  del fallo que solicita, motivo adicional para  establecer   el  incumplimiento  de  las  reglas  que  rigen  esta  impugnación  extraordinaria.   

En suma, estima la Sala que si el defensor no  sujeta  sus  libelos  a  los  cánones  legales  establecidos  para  postular  y  demostrar  los  reproches  que  presenta  contra el fallo de segundo grado y, de  acuerdo  con  el principio de limitación que gobierna el trámite casacional la  Corte  no  se  encuentra  facultada  para  enmendar  las  falencias de aquel, de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  213 de la Ley 600 de 2000 se  impone de plano la inadmisión de las demandas.   

          Finalmente  es oportuno indicar que la Sala no advierte dentro  del  trámite  o  con  ocasión  de  la  sentencia  atacada  conculcación  alguna  de  derechos o garantías de  los incriminados, como  para  que  ello  determinara  el  ejercicio de la facultad oficiosa que sobre el  particular  le  confiere  el  legislador  en  punto de  asegurar su protección.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  las  demandas de casación   interpuestas   por   el   defensor   de  los  procesados  RAUL   PEQUI   COICUE   y  ROSALBA  BENAVIDEZ  SAAVEDRA,  por las razones expuestas en la anterior motivación.   

         De  conformidad con lo dispuesto en el artículo 187 del Código de  Procedimiento    Penal,    contra    este    proveído    no   procede   recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria  

    

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