23119(09-02-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso  23119   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. SIGIFREDO ESPINOSA PÉREZ  

Aprobado Acta N° 06  

Bogotá,  D.C.,  nueve  de febrero de dos mil  cinco.   

V    I    S   T   O  S   

Se  pronuncia  la Sala sobre la admisibilidad  formal  de  la  demanda  de  casación  presentada por el defensor del procesado  JOSÉ  GUILLEBALDO  CASTIBLANCO SÁNCHEZ contra el fallo de segundo grado del 23  de  julio  de  2004,  proferido  por  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de  Bogotá,  mediante  el  cual  revocó  la sentencia absolutoria proferida por el  Juzgado  23  Penal  Municipal  de  la  misma  ciudad,  y en su lugar condenó al  procesado  en  cita  como  autor  responsable  del delito de lesiones personales  culposas.   

LOS HECHOS  

En  el  mes  de  febrero de 1999, la señora  María  Soledad  Cardona  Restrepo  contrató  los  servicios  profesionales del  odontólogo  JOSÉ  GUILLEBALDO  CASTIBLANCO SÁNCHEZ para la adaptación de dos  prótesis  removibles  en  su  boca,  pero  posteriormente  por  sugerencia  del  profesional  resolvió  hacerse  unos  implantes  en  el  maxilar inferior, cuyo  procedimiento  quirúrgico  fracasó  tras  generarle  una  grave infección que  obligó  a  otro  profesional  a  retirarle  los  implantes.  Por  las dolencias  sufridas  se  le  fijó  una  incapacidad definitiva de 25 días y como secuelas  perturbación funcional del órgano de la masticación.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Cinco  cargos contra la sentencia impugnada presenta el defensor del  procesado  JOSE  GUILLEBALDO CASTIBLANCO SÁNCHEZ, los dos primeros al amparo de  la  causal  tercera  de  casación y los tres restantes al amparo de la primera,  los cuales sustenta de la siguiente manera:   

          Cargos primero y segundo   

             

          Bajo  una  misma  argumentación,  acusa  la  sentencia  de  haberse  dictado  en  un  juicio viciado de nulidad por violación al debido proceso y al  derecho  de  defensa,  toda  vez  que  al  iniciar  la indagación preliminar la  Fiscalía  no  dio  aviso  de  ello  al imputado ya conocido, pues contra él se  había  dirigido  la  denuncia  formulada  por la señora María Soledad Cardona  Restrepo,   violándose  de  tal  forma  el  artículo  81  de  la  ley  195  de  1995.   

          Según  el  demandante,  antes de que el procesado rindiera versión  libre  sobre  los  hechos  objeto  de  la  denuncia,  la  Fiscalía adelantó la  practica de pruebas a espaldas del mismo.   

          Precisamente,  dentro  de  las pruebas practicadas en ese interregno  se  encuentra  el  dictamen  pericial  suscrito  por  un odontólogo forense del  Instituto  de  Medicina Legal, cuyo traslado a los sujetos procesales se corrió  antes  de  la  versión  libre  recibida al imputado el 23 de noviembre de 1999.   

          Además,   tampoco   tuvo   el  procesado  CASTIBLANCO  SÁNCHEZ  la  oportunidad  de  interrogar  a la denunciante en esos primigenios momentos de la  investigación.   

          Tal   irregularidad,   agrega,  repercutió  definitivamente  en  el  trámite  del  proceso,  y por supuesto en la sentencia, porque todo juicio debe  sujetarse a la Constitución y la ley.   

         

Como normas violadas cita los artículos 4, 6  y  29  de  la  Carta  Política,  el Pacto Internacional de Derechos Civiles, el  artículo  81  de la Ley 195 de 1995 y los artículos 1, 2, 5, 6 y 9 del Código  de Procedimiento Penal.   

              

          Por  lo anterior, solicita que se declare la nulidad de lo actuado a  partir  inclusive  de  la  resolución que ordenó la apertura de investigación  preliminar  o  en  su defecto desde el momento en que se inició la instrucción  formal.   

          Cargo tercero   

          Al  amparo  de la causal primera, cuerpo primero, acusa la sentencia  de  haber violado en forma directa la ley sustancial por aplicación errónea de  los  artículos  334  y 340 del decreto 100 de 1980 y falta de aplicación de la  ley  228 de 1995, vigente a la fecha de los hechos, pues las lesiones personales  investigadas  tipificaron  una  contravención  especial  en la medida en que la  incapacidad dictaminada no superó los 30 días.   

          Dice  que  además  al folio 6 de la sentencia se citó el artículo  337  del  anterior  Código  Penal,  que  nada  tiene  que  ver  “con  el  razonamiento que se hizo sobre decisiones tomadas con base  en    el    último    reconocimiento    forense”,  quebrantándose así el principio de legalidad.   

          Con  base  en  ello  pide  que se case la sentencia y en su lugar se  profiera  una  ajustada  a derecho en la que se aplique la ley 228 de 1995. Pero  como  en  el  momento  oportuno  el  hecho  no  fue puesto en conocimiento de la  autoridad  competente, esto es el juez penal municipal, “se presenta la figura  jurídica  de  la  procesabilidad  y  la  procedibilidad”,  por  lo  que  debe  ordenarse  “el  archivo  del  proceso  por  preclusión de la investigación o  cesación de procedimiento porque el proceso no puede seguirse”.   

          Cargo cuarto   

          Al  amparo  de la causal primera, cuerpo segundo, acusa la sentencia  de  haber  violado  la  ley  sustancial  por error de hecho derivado de un falso  juicio  de  existencia  al  ignorar el testimonio del odontólogo Diego Fernando  Gallego.   

          Según  el  demandante,  con ese testimonio se probó que el fracaso  del  tratamiento  médico ejecutado por su prohijado se debió al retiro que por  su  cuenta  decidió  hacer  la señora María Soledad de la férula o prótesis  temporal  que  el  procesado  le  había  colocado  para  proteger las cuchillas  implantadas.   

         

          Sostiene  que  en  la  sentencia  nada  se  dijo  de este testimonio  esencial.  El  error  es  transcendente,  porque  con la prueba se confirmaba la  inocencia  del  procesado, repercutiendo así en la parte dispositiva del fallo,  ya  que  se  afirma  que  el  doctor  CASTIBLANCO  SÁNCHEZ  infringió el deber  objetivo  de  cuidado, olvidando que bajo el principio de confianza el procesado  estaba   en   el   derecho   de  suponer  que  la  paciente  iba  a  acatar  las  recomendaciones y directrices dadas por el médico tratante.   

          Por  lo  anterior,  solicita  que  se  case  la sentencia de segunda  instancia  y  en  su  lugar se profiera una de carácter absolutorio a favor del  procesado.   

          Cargo quinto   

          Acusa  al  fallador  de  haber  violado  en  forma  indirecta la ley  sustancial  por  error  de  hecho  que  lo  llevó a desconocer el principio del  in  dubio  pro reo contenido  en  los  artículos  7º  y  232  de  la  ley  600  de  2000  y  29  de la Carta  Política.   

          Según  el  demandante  en el proceso no existe prueba que demuestre  con  grado  de  certeza  la  responsabilidad  del  odontólogo JOSÉ GUILLEBALDO  CASTIBLANCO SÁNCHEZ.   

          Si  en  gracia  de  discusión  se  admitiera  que  el procesado fue  “responsable”  de  las  lesiones  personales,  de  todas maneras las pruebas  dejan  un  manto  de  duda  manifiesto y razonable que impedían condenarlo, tal  como  se  deduce  del  testimonio  del galeno Diego Fernando Gallego y del mismo  dictamen del perito forense que obra al folio 50.   

          Por  lo  tanto  solicita  que  se case la sentencia y en su lugar se  absuelva  al  procesado,  remediando  de  tal  manera  el  agravio  que se le ha  causado.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

    

1. Sobre la demanda de casación     

De  acuerdo  con el inciso 3° del artículo  205  del Código de Procedimiento Penal, la Corte Suprema de Justicia, de manera  excepcional  y  discrecional,  podrá  admitir  la  demanda  de casación contra  sentencias  de segunda instancia en condiciones distintas a las señaladas en el  inciso   1°  del  mismo  texto,  a  solicitud  de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,   cuando   lo   considere   necesario   para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía  de  los derechos fundamentales, siempre que se  cumplan los demás requisitos exigidos por la ley.   

En  tal  evento,  el  recurso extraordinario  puede  ser  presentado  contra sentencias de segundo grado dictadas por órganos  judiciales  diferentes  a  un  tribunal  y/o que el delito por el que se procede  tenga  dispuesta  una  pena  privativa  de  la  libertad cuyo máximo es igual o  inferior  a  ocho  (8)  años, como salvedad a los presupuestos señalados en el  citado inciso 1° del artículo 205.   

         

Aunque en el presente caso la impugnación se  dirige  contra sentencia de segunda instancia proferida por un juzgado penal del  circuito,  lo  que  en  principio  haría  viable  la  impugnación  por la vía  excepcional  como  lo  manifestó  el  defensor del procesado JOSÉ GUILLELBALDO  CASTIBLANCO  SÁNCHEZ  al  interponer  el recurso, encuentra la Sala sin embargo  que  la demanda presentada no apunta en forma alguna a demostrar las razones por  las  cuales  se  haría  necesario  autorizar  el  trámite, carga de ineludible  cumplimiento  cuando  de  acceder  a esta sede extraordinaria se pretende por la  vía discrecional.   

         

          En  efecto,  si  bien  es  cierto  que en  algunos  de  los  cargos  enunciados  el demandante alega la vulneración de los  derechos  constitucionales  fundamentales  al  debido proceso y a la defensa del  procesado  CASTIBLANCO  SÁNCHEZ, los motivos aducidos como fuente del quebranto  no  se acompañan de una argumentación racional y lógica que demuestre que las  pretendidas  irregularidades realmente afectaron las garantías aducidas, única  forma  de  justificar  la  intervención  de la Corte por esta vía excepcional.   

Así, frente a la queja del censor sobre la  falta  de  notificación  al  imputado  del inicio de la indagación preliminar,  cabe  recordar  que  ya  la  Sala  tiene  sentado  que  dicha omisión no genera  menoscabo  a  la estructura del proceso habida cuenta que esa etapa previa no es  presupuesto  condicionante  de  la  instrucción. Así se ha pronunciado la Sala  sobre el particular:   

“Y si bien la apertura de dicha etapa no le  fue  comunicada  al  imputado tal omisión no traduce irregularidad de carácter  sustancial  que  comporte  el  extremo  remedio  procesal  de la nulidad porque,  siendo  una  fase eventual, sometida dentro de determinadas condiciones a cierta  discrecionalidad  del instructor su existencia y consiguiente validez no depende  de  que  se le notifique su tramitación al imputado conocido; no es, por tanto,  dicha    comunicación    un    presupuesto    de    legalidad   de   ese   acto  procesal”1   

Frente  al  argumento  traído en el tercer  cargo,  en  el  que  se  acusa  al  Juzgado de segunda  instancia  de  haber violado de manera directa la ley sustancial por aplicación  errónea  de  los  artículos  334  y  340  del  decreto  100 de 1980 y falta de  aplicación  de la ley 228 de 1995, equivocación que lo llevó a considerar que  la  conducta imputada constituía un delito cuando en realidad se adecuaba a una  contravención  especial,  quebrantando   de  tal  forma  el  principio  de  legalidad,  ha  de  responder la Sala que el recurrente tampoco acredita en este  punto  el  requisito  de  “necesariedad”  que  consagra la ley para hacer viable la casación por la vía  excepcional,   pues   de   manera   interesada  se  abstiene  de  mencionar  los  razonamientos     del    ad    quem    que  lo  llevaron a arribar a la supuesta errada calificación de la  conducta  imputada, omisión que de entrada impide a la Corte valorar la alegada  violación al principio de legalidad.   

         Finalmente,  los  reparos aducidos en los  cargos  cuarto  y  quinto  de la demanda a estudio, se relacionan exclusivamente  con  la  apreciación de la prueba, sin que de ellos pueda deducirse una afrenta  directa  a  los  derechos  fundamentales  del  procesado  recurrente, razón que  impide  tenerlos  como  sustentación  válida  de  la  excepcional figura de la  casación    estimulada    por    la    vulneración    abierta    de   derechos  fundamentales.    

          Se  recuerda al demandante que la discrecionalidad que la ley otorga  a  la Sala para admitir una demanda de casación por la vía intentada no es una  atribución  absoluta,  pues,  en cualquier caso, se trata de un pronunciamiento  dentro  de un trámite legal rogado, por lo que la carga de demarcar el campo de  acción  de  la  Corte  la  tiene el recurrente, a quien le corresponde poner de  manifiesto  la  necesidad  de  una  intervención  para  la  protección  de las  garantías fundamentales o el desarrollo de la jurisprudencia.   

          La  exigencia  no  puede  ser de otro modo, porque la Corte no puede  entrar  a revisar in integrum  el  proceso  para buscar un motivo que la lleve a considerar que el  asunto  merece  un  tratamiento  jurisprudencial aún no dispensado, o de que los jueces  de   instancia   menoscabaron   algunas   garantías  fundamentales,  pues  ello  equivaldría  a  entrar  oficiosamente  en  el  fondo  de  la  cuestión, sin la  provocación procesal suficiente y propia de los recursos.   

         2.  Sobre  la  improcedencia  del  recurso  de reposición contra la  presente decisión de inadmisión de demanda.   

Como  ya  ha  sido  reseñado por la Sala en  múltiples               oportunidades2,   a  partir  de  la  reforma  introducida  por  la Ley 553 de 2000 se varió sustancialmente el trámite de la  casación  discrecional  o  excepcional  consagrada  en  el  último  inciso del  artículo  218  del  entonces  vigente  Código  de  Procedimiento  Penal  (hoy,  artículo  203,  inciso  3º,  de  la  Ley 600 de 2000), pues a diferencia de la  normatividad  anterior  que  preveía la formulación de una solicitud en la que  se  exponían  las razones que le permitían concluir a la Corte la presencia de  uno  de  los  dos  presupuestos  que dan lugar a la excepción, y la que una vez  admitida,  obligaba  a  la devolución del expediente al despacho de origen para  que  se  presentara la demanda y se surtieran los traslados, la reforma unificó  las  dos  modalidades  de  la  casación, motivo por el que en el actual esquema  procesal  (el contenido en la Ley 600 de 2000) el recurso, por cualquiera de las  vías  que  se  intente, se interpone y sustenta con la demanda, caso en el cual  la  Corte  ya  no  obra  con libertad para “aceptar un  recurso”  como  de  antaño  se concibió para la vía  discrecional,  sino  para  resolver sobre la admisión  de  la  demanda  en  caso de que reúna los requisitos  formales  que  exige  la  ley  (artículo 213 ídem), y, en el último caso, que  además  se haya demostrado uno de los motivos que lleven a la Corte a franquear  el  acceso a la impugnación extraordinaria que por modo general le niega la ley  (necesidad   de  desarrollo  jurisprudencial  o  de  garantía  a  los  derechos  fundamentales).   

          Se  aclara  lo  anterior,  porque  si  bien en el pasado el auto por  medio  del  cual  se  rechazaba  o  negaba  el  recurso de casación por la vía  discrecional  admitía  el recurso de reposición por consideración expresa del  artículo  199  del decreto 2700 de 1991, en concordancia con el 186, el primero  de  los  cuales señalaba que el recurso procedía, entre otros, “contra    las    providencias    de    sustanciación   que   deben  notificarse”,  dentro  de  las  cuales  se  hallaba  “las  que  deniegan los recursos de apelación y de  casación”, según la última norma citada, a la luz  del  nuevo  procedimiento  el trámite de la casación  no  contempla,  ante  esta  Corporación, la posibilidad de adoptar respecto del  escrito  sustentatorio  del extraordinario recurso, ya sea por la vía ordinaria  o  la excepcional, decisiones diversas a los autos de admisión o inadmisión de  la  demanda, estos últimos de carácter interlocutorio que quedan ejecutoriados  en  la  fecha  de  su  suscripción,  sin  perjuicio  de su notificación en los  términos   esbozados   en   la  sentencia  de  constitucionalidad  C-641          de          20023.   

En este sentido, oportuno se ofrece señalar  que  el  ejercicio de los recursos se rige por el principio de legalidad, por lo  que  en virtud del artículo 189 del Código de Procedimiento Penal la decisión  que  inadmite la demanda de casación en cualquiera de sus dos modalidades no es  susceptible de impugnación alguna.   

En   efecto,   la  disposición  normativa  establece  que  “salvo  las  excepciones  legales, el  recurso  de  reposición  procede  contra las providencias de sustanciación que  deban  notificarse,  contra  las interlocutorias de primera o única instancia y  contra  las  que declaran la prescripción de la acción o de la pena en segunda  instancia    cuando    ello    no    fuere   objeto   del   recurso”.   

   

Siendo  ello  así,  de  bulto  resulta  que  atendiendo  a  las normas que reglan el ejercicio del derecho de impugnación de  las  decisiones  judiciales,  el  recurso de reposición no es viable contra las  adoptadas  en  sede  de segunda instancia y, menos, contra las proferidas en una  instancia  límite,  pues dada la especial naturaleza del control jurisdiccional  que  le compete a la Corte cuando actúa como tribunal de casación (numeral 1º  del  artículo  235  de  la  Carta  Política),  sus  decisiones  ponen fin a la  actuación  procesal correspondiente, sin que sea viable su discusión a través  de  los  mecanismos de impugnación establecidos para otros trámites ordinarios  que    no    involucran    decisiones    de    un    órgano   límite   de   la  jurisdicción.     

Se exceptúan eso sí, porque la disposición  legal  así  lo ordena, las decisiones que “declaran  la  prescripción de la acción o de la pena en segunda instancia cuando ello no  fuere  objeto  del  recurso”. En estos eventos sí es  viable  el mecanismo horizontal de impugnación, mandato que se hace extensivo a  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, cuando en sede de  casación  declara  la  prescripción  de  la  acción, si ello no es objeto del  extraordinario recurso.   

Véase que en tales situaciones la excepción  a   la  regla  general  de  que  el  recurso  sólo  procede  contra  los  autos  interlocutorios  de  primera o única instancia, parte del supuesto necesario de  que  lo  decidido “por fuera del recurso”   es  un  “hecho  nuevo”,  respecto  del  cual, para garantizar el derecho de defensa, se  debe habilitar la posibilidad de controvertirlo.   

Esa es la razón por la cual el artículo 190  de  la Ley 600 de 2000 permite la impugnación de la providencia que resuelve la  reposición,  únicamente  cuando  “contenga puntos  que  no hayan sido decididos en la anterior, caso en el cual podrá interponerse  recurso  respecto  de  los  puntos  nuevos,  o  cuando  alguno  de  los  sujetos  procesales,  a  consecuencia de la reposición, adquiera interés jurídico para  recurrir”.   

Ese  es un motivo más para sostener que las  resoluciones  adoptadas  por  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de  Justicia  en  razón  de  la  atribución constitucional otorgada en el referido  artículo  235,  numeral 1º de la Carta, no se pueden cuestionar, especialmente  cuando   única   y   exclusivamente   se   ocupan   de   lo  planteado  en  las  impugnaciones.   

Consecuente  con la anterior argumentación,  se  advertirá  en  la parte resolutiva de esta decisión que contra la presente  inadmisión no procede recurso alguno.   

          En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado JOSÉ GUILLEBALDO  CASTIBLANCO   SÁNCHEZ.                 En consecuencia, se declara desierto el recurso  de casación.   

Contra  este auto no procede recurso alguno,  conforme a las motivaciones expuestas.   

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

                                                                                        Permiso   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                      ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO     

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN              JORGE     LUIS  QUINTERO MILANÉS   

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria   

         

         

    

1Auto  única  instancia  del 30 de septiembre de 1999, radicación N° 18.972 M.P. Dr.  Augusto  Gálvez  Argote.  En el mismo sentido, entre otras, sentencia del 22 de  noviembre   de   2001,   radicación   N°  14.425,  M.  P.  Dr.  Edgar  Lombana  Trujillo.   

2 Ver,  entre  otros,  los  autos  de  22 de octubre de 2001, rad. 18631; 11 de marzo de  2002,  rad. 18851; y 11 de abril de 2002, rad. 17051,  M.P. Gálvez Argote;  Auto  de  oct. 22 de 2001. Rad. 18582, M. P. Gómez Gallego; auto de nov. 1º de  2001, rad. 17946, M.P. Arboleda Ripoll.   

3  .  M.P., Dr. RODRIGO ESCOBAR GIL.     

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