22531(01-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22531  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 043.  

          Bogotá    D.C.,    junio   primero   (1°)   de   dos   mil   cinco  (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   GUILLERMO  GONZÁLEZ  DE LA CRUZ, contra la  sentencia  del Tribunal Superior de Cali, de fecha 29 de enero de 2004, por cuyo  medio  confirmó  en  lo  esencial  la dictada por el Juzgado Séptimo Penal del  Circuito  de  la  misma ciudad, del 30 de noviembre de 2001, que lo condenó por  el  delito  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de los requisitos  formales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          A  través  de  informes  elaborados  por  la  Oficina  Seccional de  Auditoría   de   la   Administración   de   Justicia  de  Cali,  se  revelaron  irregularidades  en  el  trámite  de  los  contratos 056 del 24 de noviembre de  1997,  suscrito  con  “Osorio Gálvez y cia. Ltda.”; contrato 057, del 29 de  diciembre  de  1997  con  el  representante  de  “XEROX”  en Colombia por el  arrendamiento  de once máquinas fotocopiadoras por valor de $ 85.037.843,oo; en  las  órdenes  de  servicio 369 con la firma “CONTRATOS Y PERSONAL”, para la  prestación  del  servicio de aseo, por valor de  $ 43.286.188,oo; 347, 052  y  073 en relación con el mantenimiento de algunos vehículos;  386 con la  firma  INDUASEO;   071  de  febrero  26  de  1998,  para  la  reparación y  mantenimiento  de  una  fotocopiadora  y,  en  el  contrato  de  prestación  de  servicios       033       suscrito       con      “INGERESERCOP”,   en   todos   los   cuales   intervino  GUILLERMO   GONZÁLEZ   DE   LA   CRUZ   en   su  calidad  de  director  de  la  Oficina  de  Administración  Judicial, Seccional  Cali.               

Con  fundamento  en los hechos anteriores, se  dispuso  inicialmente  abrir  investigación  previa  y,  luego,  se decretó la  apertura  formal  de  la  instrucción,  en  cuyo  marco fue vinculado, mediante  diligencia  de  indagatoria, GUILLERMO GONZÁLEZ DE LA  CRUZ,  contra  quien se dictó medida de aseguramiento  de  detención  de  preventiva  como  presunto  autor del delito de contrato sin  cumplimiento de los requisitos esenciales.   

          Clausurada  la  instrucción, se calificó el mérito del sumario el  20  de  febrero  de  2001  con resolución de acusación en contra del sindicado  como presunto autor del delito que sustentó la medida detentiva.   

     

          La   etapa  de  juzgamiento  correspondió  adelantarla  al  Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito de Cali, despacho que, una vez surtido el trámite  legal  pertinente,  dictó  sentencia el 30 de noviembre de 2001, por cuyo medio  condenó   al   procesado  como  autor  penalmente  responsable  del  delito  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales a las penas  principales  de  cinco  (5)  años  de prisión, multa de 12.5 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  15  meses  y,  a  la accesoria de pérdida de empleo público u oficial, al  tiempo   que   lo  absolvió  del  pago  de   perjuicios.      

          Impugnada  la  anterior  decisión por la defensa del procesado y el  apoderado  de la parte civil, el Tribunal Superior de Cali, mediante providencia  de   fecha   enero  29  de  2004,  la  confirmó  en  lo  esencial  “con  la MODIFICACIÓN de que la PENA ACCESORIA DE INTERDICCION DE  DERECHOS  Y  FUNCIONES  PUBLICAS,  se impondrá por el mismo término de la pena  principal”, atendiendo solicitud del sujeto procesal  últimamente referido.           

Contra  esta determinación del Tribunal, el  defensor  del  procesado  interpuso recurso extraordinario de casación, el cual  sustentó   mediante   la  demanda  que  se  somete  a  consideración  para  su  admisibilidad formal.   LA  DEMANDA   

          Tres  cargos  formula  el  defensor  técnico  del  procesado  en la  demanda  contra el fallo de segundo grado.  Los dos primeros con fundamento  en   la   causal   primera   por  violación  indirecta  (principal)  y  directa  (subsidiario) de la ley sustancial y, el último, por nulidad.   

          Los  argumentos que presenta el actor en  sustento de sus pretensiones, son del siguiente tenor:   

          1.   Cargo  primero. Violación indirecta de la ley sustancial,  por error de hecho en la apreciación de las pruebas:   

    

          Para  el  actor,  esta  forma  de  violación generó la aplicación  indebida  de los artículos 146 del estatuto penal sustantivo, modificado por el  1°  del  Decreto  141  de  1980, 1° y el 57 de la Ley 80 de 1993, por medio el  cual  se sanciona el delito de contrato sin cumplimiento de requisitos formales;  así  mismo,  de  los  artículos 24, 39, y 40 de la referida Ley 80, el 3° del  Decreto  855  de  1996  y  el  25  del  Decreto  679  de 1994, disposiciones que  transcribe en su integridad.   

En  el capítulo siguiente, que denomina del  “error  y  su demostración”, transcribe los planteamientos contenidos en la  sentencia  impugnada  respecto  de las anomalías encontradas en la tramitación  del contrato 057.    

Luego pasa al contrato 056 e indica que éste  no  se llevó a cabo por mutuo acuerdo entre las partes y que en su reemplazo se  realizó  la orden de servicios 389 del 25 de noviembre de 1997, cuyo objeto era  el    mantenimiento    preventivo   de   las   máquinas   fotocopiadoras;   posteriormente,  se  ocupa  de  la  orden de servicio 369 del 30 de diciembre de  1997, recordando las condiciones contractuales.   

En relación con el contrato 057 precisa que  se  trata  de  un  contrato  de formalidades plenas, que de acuerdo con su monto  exige  dos  ofertas, según se estipula en el artículo 39 de la Ley 80 de 1993,  requisitos  que  a  su  juicio,  “fueron cumplidos a  cabalidad,  pues  el contrato fue de 494.39 salarios mínimos legales mensuales,  se  adjuntaron las dos ofertas y se celebró contrato por escrito”  y, si bien hubo una adición, ésta no superó el 50 %, por lo que  la autorización existente en ese sentido fue legal.   

Señala igualmente que el Tribunal incurrió  en  un  error  al afirmar que la adición posterior de este contrato constituyó  un  solo  acto  jurídico  “y que por lo tanto lo que  inicialmente   se   pactó   de   (sic)  494.39  salarios  mínimos  legales mensuales paso a 610.99 salarios  mínimos  legales  mensuales”.  A su modo de ver  este  yerro  fue  “manifiesto”,  pues  al adicionarse el contrato inicial la  limitante  es  que  no  pase  del 50 % de su monto, sin que en momento alguno se  hable  de salarios mínimos, condicionamiento que “es  apenas  lógico  porque  no  se  está ante una nueva contratación sino ante un  contrato  que se realizó con todos los requisitos de Ley y además se encuentra  en  la  etapa  de  ejecución”;   de  ese modo,  agrega,  no  es  un  nuevo  contrato  y  por ello se equivoca el fallador cuando  considera  que  debía  contratarse  nuevamente  y  a  partir  de  allí otorgó  carácter delictivo al comportamiento.   

Además,  en  la  etapa  de  ejecución  del  contrato,  cuando  se  adicionó, no se pactó la entrega de anticipos por monto  superior   al 50%, conforme lo señala el parágrafo del artículo 40 de la  Ley  80, lo que le permite concluir que el Tribunal confundió la entrega de los  anticipos  con  su  pago.   Se  incurrió  así  en  un  error “de    interpretación    y   de   sentido   común” .   

Ello  llevó  a  que  el  Tribunal  recayera  “en   error   de  hecho  al  tomar  unos  contratos  legalmente  constituidos  y  autorizados  por  la  Ley  y  darle  el  alcance de  violación   a   la   Ley   Penal  cuando  esto  no  ha  sucedido”.   

          Acto  seguido,  se  refiere  al contrato 056 y la orden de servicios  389,  cuyo tramite se regula de conformidad con los artículos 24 y 39 de la Ley  80,  el 3° del Decreto 855 de 1994 y el 99, numeral 3°, de la Ley 270 de 1996,  exigiendo  únicamente  que  el  representante  legal  consulte  los precios del  mercado.   Sin  embargo,  acota,  el  Tribunal  pasó por alto estas normas  “y  que  si  las  hubiera  analizado  y  visto  los  requisitos  tenía  que haber entrado a absolver, porque esa orden es legal como  lo preceptúan las citadas normas”.   

En  lo que respecta con la orden 389, indica  que  era  de contratación directa sin formalidades plenas y que, de acuerdo con  su  cuantía, tenía como exigencia exclusivamente consultar con los precios del  mercado,     pero     el     ad-quem    derivó  responsabilidad penal asimilando equivocadamente esta orden  a un contrato administrativo con formalidades plenas.   

Adicionalmente,       “el  sentenciador  incurre  en  falsear  en  que  la contratación  (sic)  se  había estipulado  pagar  por  anticipado  la suma de $ 2.172.716, frase que no aparece en la orden  de  contratación y por ese medio le da a un hecho que no existe el carácter de  delito  cuando  brilla  por  su  ausencia”  a lo que  agrega  que  se canceló y que en el comprobante de egreso se certificó el pago  por  adelantado,  cuando en realidad éste no es parte del contrato “y  si allí se escribió que pagó por anticipado, es simplemente  una  afirmación  sin  connotación”,  pues  lo  que  realmente evidencia es que se está haciendo un pago y nada más.   

Acto  seguido, alude a la orden de servicios  369,  precisando  que  el  fallador  aplicó  indebidamente el artículo 146 del  ordenamiento    sustantivo  penal  al  señalar  que  su  valor  fue  de  $  43.288.188  y  que   debía pagarse por anticipado, como se estipuló en la  orden,  lo  cual  en  su  criterio es “irreal a todas  luces”,  dado  que  en  el contrato no se pactó ese  pago.   Así,  en  torno  a  la  orden  369 por cuantía de 212.36 salarios  mínimos,   su   procedimiento   encajaba   en   la  contratación  directa  sin  formalidades   plenas,   bastando   con   la   presentación   de  más  de  dos  ofertas.   

La  contratación  que  va  de  100  a  300  salarios,  continua,  se  regula  conforme al artículo 3°, inciso primero, del  Decreto  855  de  1994,  que  únicamente exige la presentación de dos ofertas,  como  en  efecto  se verificó en este caso y sin que se hubiera estipulado pago  por  anticipado,  en  sentido contrario a lo que sostuvo el Tribunal, motivo por  el   cual   colige   que   se   cumplieron   los   requisitos  previstos  en  la  ley.   

Los  errores reseñados son de tal magnitud,  según  el  demandante,  que  distorsionaron  la  prueba.   De  esa  forma,  “en   los   contratos  se  hicieron  figurar  pagos  anticipados  cuando  no fueron pactados”; además, se  confunde  un  contrato con todas las formalidades y que autoriza adición con el  pago  de  los anticipos y con la modalidad que sólo exige consultar los precios  del mercado.   

En  virtud  de  lo  expuesto,  solicita  se  profiera  fallo  de  reemplazo  para  que  se  revoque la sentencia proferida en  primera   instancia   y,   a   consecuencia   de   ello,   se   absuelva   a  su  defendido.              

2.  Cargo  segundo. Violación directa de la  ley  sustancial “por ostensible y manifiesto error en  la  selección  de  la  norma, lo cual determinó la falsa adecuación típica a  los hechos”:   

Señala  el  censor  que  el  sentenciador  incurrió  en  “graves juicios de interpretación de  la  norma,  pues  se le dio un alcance al artículo 146 del Código Penal que no  trae”,   derivado  de  haber  considerado  que  los  contratos  se  celebraron  sin  atender  a  los  requisitos legales “pero  todos  fueron  cumplidos  tanto en la etapa de celebración  del  contrato  que  culminó  con  su firma, igual ocurrió con los contratos de  contratación  directa.   Luego,  si el señor GONZÁLEZ cumplió con todos  los  requisitos  legales en los contratos, es ahí donde el tribunal cometió el  error    al    aplicar   una   norma   por   extensión   que   no   tiene   ese  alcance”.   

Como el comportamiento de su representado se  ajustó  a  la ley, agrega, se “incurrió en error al  aplicar  el Art. 146 del C.P. porque entre los verbos rectores que trae la norma  no  esta  (sic)  establecido  como  delito  el  comportamiento  de  GUILLERMO  GONZÁLEZ  DE LA CRUZ, es decir  aplicó  una  norma  inexistente,  porque  si  no  hay delito no puede entrar el  juzgador a sentenciar”.   

Por  el  contrario,  señala,  se  dejó  de  aplicar  el  artículo  39  del  ordenamiento  procesal  que  se  refiere  a  la  preclusión    de    la   investigación,   por   tratarse   de   una   conducta  atípica.   

              

Con  fundamento  en  lo anterior, depreca la  casación   del   fallo  y,  a  consecuencia  de  ello,  se  profiera  sentencia  absolutoria.   

3. Cargo tercero.  Nulidad:  

Sostiene que para los efectos del tipo penal  por  el  que  fue   condenado  su  defendido “se  entiende   por   empleado  oficial  es  el  que  (sic)  ha sido nombrado por Decreto o Resolución y ha tomado  posesión   de   su   cargo   ante   el   respectivo  funcionario”.   En  este  proceso, indica, no se acreditó esa calidad, por  cuanto no se aportaron ni el decreto ni el acta de posesión.   

Por  tratarse de una norma imperativa que no  señala  una  facultad  discrecional,  cuando  el  fallador  presume esa calidad  vulnera    el   debido   proceso,   lo   que   entraña   nulidad   “de   pleno  derecho  desde  la  resolución  de  apertura  de  la  investigación”,  conforme  a  lo  previsto  en  el  artículo 29 de la Carta Política.   

           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Previo  a  adoptar  la  decisión  que  en  derecho  corresponda, es  necesario  señalar  que  la  presentación  de  los  cargos de la demanda no se  ajusta  al denominado principio de prioridad que rige el medio extraordinario de  impugnación.   

Según  este principio, se ha dicho en forma  reiterada  por  la  Sala,  las  censuras  deben  proponerse  de  acuerdo  con la  cobertura  procesal  que  generen.  Significa lo anterior que, conforme con  los  efectos  previstos  en  el artículo 217 de la Ley 600 de 2000 (en el mismo  sentido  229  del  Decreto  2700  de  1991  y  13  de la Ley 553 de 2000), si la  eventual  prosperidad  del cargo entraña la nulidad de la actuación procesal o  de  la sentencia, dicha pretensión ha de ser formulada prevalentemente respecto  de la que contrae el proferimiento de un fallo de reemplazo.   

En otras palabras, el efecto de la nulidad de  la  actuación  procesal  o  de  la  sentencia  -pretensiones demandables por la  causal  tercera  de casación- debe proponerse en forma prioritaria sobre la que  tiene   asidero   en   la   causal  primera  -que  no  entraña  ningún  efecto  invalidante-;   de  contera  su  estudio  se  impone preferente, pues en el  evento   de   verificarse,   haría   innecesario   el  estudio  de  los  demás  reparos.   

En el mismo orden de ideas, si son varios los  cargos  formulados al interior de la causal tercera, es preciso que se propongan  de acuerdo con su nociva incidencia procesal.    

          Lo  anterior  lleva  a la Sala a apartarse del orden en que el actor  presenta  los  cargos  formulados contra la sentencia, para en su lugar ocuparse  en  primer  lugar  del  que  enderezó  por  la  causal  tercera, so pretexto de  vulneración  de la garantía del debido proceso y cuyo efecto, según el actor,  se   remonta   a   la   declaratoria   de   la  nulidad  desde  la  apertura  de  instrucción.   Posteriormente,  se  acometerá  el  estudio  de los demás  cargos,  que  formula  por  la  vía  de  la  causal  primera, en el mismo orden  previsto                                  en                                  la  demanda.             

          1.   Cargo  tercero de la demanda.  Nulidad por violación  al debido proceso:   

          Es  evidente  que  el  cargo  que formula el actor por nulidad de la  actuación  procesal  “a partir de la resolución de  apertura   de   investigación”,  no  se  allana  ni  técnica, ni conceptualmente a una tal propuesta.   

Sobre la técnica para emprender el ataque de  nulidad  en  sede  extraordinaria,  que  corresponde  a  la  causal  tercera  de  casación   –la  cual  ni  siquiera  cita  el  actor-,  se  ha  dicho  que si bien su acreditación es más  flexible  que  la  demostración de las otras causales, también lo es que exige  del   demandante  exponer  con  precisión,  claridad  y  nitidez  la  clase  de  irregularidad   sustancial   que   determina   la  invalidación,  plantear  sus  fundamentos  fácticos,  indicar  los  preceptos  que  considera  conculcados  y  expresar  la  razón de su quebranto, así mismo, debe especificar el límite de  la  actuación  a  partir  del  cual  se  produjo  el vicio y la cobertura de la  nulidad,  demostrar que procesalmente no existe manera diversa de restablecer el  derecho  afectado  y,  lo más importante, acreditar que la anomalía denunciada  tuvo  injerencia perjudicial y decisiva en la declaración de justicia contenida  en  el  fallo  impugnado  (principio  de  trascendencia),  dado que este recurso  extraordinario  no  puede  fundarse  en especulaciones, conjeturas, afirmaciones  carentes de demostración o en situaciones ausentes de quebranto.   

En el asunto que concita la atención, fácil  se  colige  que  el punto sobre el cual descansa la inconformidad plasmada en el  cargo  no tiene ninguna relación con la salvaguarda de garantías fundamentales  que   socavan   el  debido  proceso,  como  lo  indica  el  casacionista  y,  en  consecuencia,  no ostenta la entidad de generar el efecto que le atribuye, en el  sentido  de que se invalide la actuación procesal desde el momento mismo en que  se decretó la apertura formal de la investigación.   

La controversia que someramente se plantea en  la  censura gira en torno de la supuesta falta de demostración de la calidad de  servidor   público   de  GUILLERMO  GONZÁLEZ  DE  LA  CRUZ,  en  tanto  al  proceso  no  fueron allegados el  decreto  de  nombramiento  del  mencionado,  ni  el  acta  de  posesión  que la  corroboren.   

Es  claro  que  esa  pretensión  estaría  orientada  a demostrar que la conducta es atípica por no concretarse uno de sus  elementos  (sujeto  activo  calificado),  aspecto  que  no  es compatible con la  eventual  vulneración  del  debido  proceso  que  postula el actor y que debió  plantear  por  la  causal  primera  de  casación,  por aplicación indebida del  precepto  que  sanciona  la  conducta  punible  por  la  que  fue  condenado  su  defendido.    

          Así  las  cosas,  si  el  tema  que se propone no se aproxima a los  motivos  de nulidad previstos en el artículo 306 de la Ley 600 de 2000 (304 del  Decreto  2700  de  1991),  es  evidente  que no existe correspondencia entre los  fundamentos  expuestos  y  la  causal  de  casación invocada, circunstancia que  atenta  contra  la necesaria claridad y precisión que se exige legalmente de la  censura para su admisión.     

          2.   Primer  cargo de la demanda.  Violación indirecta de  la   ley   sustancial   por   error   de   hecho   en   la  valoración  de  las  pruebas:     

          Se  ha  señalado  por  la  Sala que cuando el demandante tenga como  propósito  demostrar  que  en  el fallo se ha incurrido en la causal primera de  casación,  por  violación indirecta de la ley sustancial, a consecuencia de un  error  de hecho en la valoración de las pruebas, sobre la cual se cimienta esta  censura,  es  necesario establecer si a éste se llegó con ocasión de un falso  juicio  de  existencia,  de  raciocinio  o  de  identidad,  lo  cual no se logra  determinar  en  el  reparo  objeto de análisis.  Para tal efecto, conviene  recordar  los  matices  que  caracterizan  a  estas  alternativas  del  error de  hecho:     

          El  primero  se  genera  cuando un medio de prueba es excluido de la  valoración  que  efectúa el juzgador no obstante resultar incidente de cara al  fallo  que  se  controvierte  (ignorancia  u  omisión)  o porque el juzgador lo  inventa  o  crea  a  pesar  de  que  no  existe  materialmente  en  el  proceso,  otorgándole   un   efecto   trascendente   en   la   sentencia  (suposición  o  ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica (raciocinio) y, el último, cuando la tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente  (identidad).  En todos los casos, debe tratarse de prueba trascendente, esto es,  que  tenga  la entidad de modificar las declaraciones contenidas en la decisión  de forma favorable para quien lo alega.   

Para  la prosperidad de cualquiera de ellos,  surge  como  condición necesaria que el actor se detenga en concretar la prueba  sobre  la  cual  recae  el defecto que atribuye.  Así, debe identificar la  probanza  ignorada  si se trata de un falso juicio de existencia por omisión; o  la  supuesta,  en  los  casos  de  falso juicio de existencia por suposición; o  aquélla  valorada  en desatención de los postulados de la sana crítica, si lo  que  se  invoca  es  un  falso  raciocinio  o; por último, la que fue objeto de  distorsión, cuando  se endilga un falso juicio de identidad.   

Si  el demandante no individualiza la prueba  objeto    del    yerro    que   atribuye,   resulta   imposible   verificar   su  concreción.   En  la  censura  que  se  somete a estudio tal situación se  patentiza  porque  el  casacionista  se  limitó  a exponer su criterio personal  orientado  a demostrar la legalidad de los contratos suscritos por su defendido,  a  diferencia  de lo que estimó el fallador, para quien el análisis probatorio  condujo  a  la  conclusión  opuesta  y  olvidó centrarse en el tema que debía  ocupar su atención en procura de demostrar la causal invocada.   

El  criterio  personal y generalizado que el  actor  tiene  de  la prueba no sólo no se adecua a los postulados del error que  invoca,  sino  que  permite afirmar sin ninguna duda que en definitiva el censor  no  desarrolló  el único cargo que propone con fundamento en la causal primera  por  violación  indirecta  de  la  ley sustancial a consecuencia de un error de  hecho.   Además,  esa  postura  se  aparta totalmente de la naturaleza del  recurso   extraordinario  de  casación,  al  concebirlo  simplemente  como  una  instancia adicional dentro del proceso.    

Por otra parte, la exposición de su criterio  con  miras  a  que  se  case  el  fallo  impugnado,  tampoco tiene la entidad de  resquebrajar  la  presunción  de  acierto y legalidad que le gobierna y, en esa  medida,  su  esfuerzo  se  torna  infructuoso,  máxime  cuando  lo que se logra  advertir  es  que  su  única  pretensión se circunscribe a señalar que en los  trámites  contractuales  no  se  desconocieron  las  normativas  que regulan la  materia,  en  algunos  casos sin siquiera exponer los razonamientos que llevan a  esa  conclusión;  como  cuando  refiere  al  contrato 057, en donde se limita a  hacer  una trascripción de los argumentos del fallador y al abordar el 056 y la  orden  de  servicios  369,  bastándole  con  recordar  las  condiciones  de  la  contratación;    en   los  demás,  porque  simplemente  discrepa  de  sus  conclusiones  desde  su  perspectiva  personal,  pero  sin  precisar el error de  apreciación   probatoria   inherente   a   la  causal  de  casación  que   esgrime.    

Refuerza  lo  anterior,  el  hecho de que en  algunos  pasajes  de  la  censura señala tangencialmente que la interpretación  del  Tribunal  no  es lógica, con lo cual parecería que intenta desarrollar un  falso   raciocinio,  mas  lo  cierto  es  que  ese  cuestionamiento  surge  como  comentario  aislado  y  ayuno  de  fundamento, porque ni siquiera identifica las  reglas de la lógica que a su juicio se vulneraron.     

Al no existir claridad ni precisión sobre el  tipo  de  yerro  que  adjudica al fallo y cuando lo único que en verdad aparece  diáfano  es  que propende por la primacía de su criterio personal a fin de que  se  llegue  a  una  conclusión diferente a la de la sentencia recurrida, impera  colegir  que  la  censura  no  reúne  los  requisitos formales exigidos para su  admisión.    

3.  Segundo  cargo de la demanda. violación  directa de la ley sustancial.   

Ha   señalado  la  Sala  que  cuando  de  desarrollar  violación directa de la ley sustancial, como en forma reiterada lo  ha  manifestado  esta  Corporación,  el  actor  está  compelido a respetar los  fundamentos  fácticos  y  probatorios  de  la  decisión  impugnada  para  así  concentrar  su atención exclusivamente en el error de juicio que sin mediación  alguna  recae  sobre  la norma sustancial, pues si pretende ventilar discusiones  en  derredor  de  la  apreciación de la prueba o de los supuestos fácticos del  fallo,  para  ella  cuenta con la causal que por antonomasia se prevé, esto es,  la violación indirecta de la ley sustancial.    

Pues  bien,  el  censor  con  el  objeto de  estructurar  su pretensión plantea una discusión probatoria, pues a diferencia  de  lo que concluyó el sentenciador, precedido de un análisis de los medios de  convicción,  considera  en  este  caso  que los contratos fueron tramitados con  arreglo  a  las  previsiones  legales  y  que por consiguiente la conducta de su  defendido  no  se tipifica en el delito por el que fue condenado, dado que no se  actualiza ninguno de sus verbos rectores.   

Dicha  propuesta  ha  debido proponerse con  fundamento  en  la causal primera por violación indirecta de la ley sustancial,  como   lo   hizo  en  el  cargo  previamente  analizado,  pero  demostrando  con  suficiencia  que el juzgador incurrió en un error de apreciación de los medios  de  prueba  que  lo  condujo  a  aplicar  indebidamente la norma que tipifica la  conducta por la que se condenó a su defendido.     

Adicionalmente,  encuentra  la  Sala que el  censor  cuando  alude a la norma sustancial vulnerada, esto es, el artículo 146  del  anterior  estatuto  represor,  que  contenía  el  delito  por  el  que fue  condenado   el   procesado,   señala   equivocadamente   que   se  “aplico      (sic)     una  norma  inexistente”,  afirmación  que  riñe  con  la  realidad  porque  si  bien  dicha  norma ha dejado de tener  vigencia  con  la  entrada  en vigencia del artículo 410 de la Ley 599 de 2000,  que  sanciona  el  mismo  comportamiento, como claramente se expuso en el fallo,  estaba  en  vigor para el momento de comisión de las conductas y se aplicó por  favorabilidad   dado   resultar   benéfica  punitivamente  para  el  procesado.   

Tampoco es atinado en este caso referir a la  vulneración  del  artículo  39 de la Ley 600 de 200, que prevé los eventos en  que  procede  la  preclusión de investigación y la cesación de procedimiento,  porque  no  es el momento oportuno para ello cuando ya se ha proferido sentencia  que define la responsabilidad de su prohijado.   

Todo  lo anterior conlleva colegir que este  reparo,  como  los  precedentes,  no  se  sujeta  a  los presupuestos formales y  técnicos del recurso extraordinario incoado.   

El principio de limitación que regenta este  medio   extraordinario   de   impugnación,  y  que  por  vía  legal  encuentra  consagración  en  el  artículo  216  de  la  Ley 600 de 2000, impide a la Sala  subsanar  las  incorrecciones  anotadas  en  las que incurre el casacionista, la  cuales  atentan  contra  la  fundamentación  clara  y precisa de los cargos que  formula  y,  por  consiguiente, conducen a colegir que no reúnen los requisitos  formales      previstos      en      el      artículo      212     ibídem.   

          Por  todo  lo anterior, es evidente que la decisión que corresponde  adoptar  es  la de inadmitir la demanda presentada por el defensor del procesado  GUILLERMO   GONZÁLEZ   DE   LA   CRUZ   y  devolver  el  expediente al despacho de origen, como lo indica el  artículo         213        ejusdem.  Además,  porque  no  se  advierte  que  se  haya  incurrido  en  violación de garantías  fundamentales     que     reclame    la    intervención    oficiosa    de    la  Sala.      

         

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta  por  el defensor de GUILLERMO GONZÁLEZ DE  LA  CRUZ,  por  las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                 HERMAN      GALÁN  CASTELLANOS   

Comisión de servicio  

ALFREDO    GÓMEZ   QUINTERO                        ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

Comisión de servicio  

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN           JORGE LUIS  QUINTERO MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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