22308(18-05-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22308  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                                        Aprobado  Acta #   48   

Bogotá D.C., mayo dieciocho (18) de dos mil  seis (2006).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor de la procesada NUBIA CIFUENTES PÉREZ, contra la  sentencia  condenatoria que dictó en su contra el Juzgado Penal del Circuito de  La    Dorada    (Caldas)    y    que   confirmó   el   Tribunal   Superior   de  Manizales.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.   En  su  condición  de  Cajera  del  Hospital  de  San  Félix de La Dorada (Caldas) y a  través  de  la falsificación de documentos,  la mencionada se apropió de  $104.000.oo  entre  junio  y  agosto  de  2000,  los  cuales reintegró antes de  proferirse la sentencia.   

2.  La Fiscalía la  vinculó  al proceso a través de indagatoria y tras resolvérsele la situación  jurídica,  en  desarrollo  del artículo 40 de la ley 600 de 2000, aceptó el 8  de  agosto  de  2003  la  responsabilidad  penal  por los cargos de peculado por  apropiación,  atenuado  por  la  cuantía,  y falsedad ideológica en documento  público1.   

3.   Mediante  sentencia  del  26  de agosto de 2003 el Juzgado Penal del Circuito de La Dorada  (Caldas)  la condenó a 30 meses de prisión, multa de $8.666.67 e interdicción  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el término de 6 meses. Y  por  un  período  de  prueba  de  3  años  le  suspendió  condicionalmente la  ejecución  de  la pena privativa de la libertad, excluyendo explícitamente del  beneficio   la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas2. Y,   

4. Persiguiendo un  incremento  punitivo  menor por razón del concurso, el reconocimiento de rebaja  de  pena por confesión y que se revocara la orden de ejecución inmediata de la  pena  de  interdicción de derechos y funciones públicas, la defensa apeló ese  pronunciamiento  y  el  Tribunal  Superior  de  Manizales,  a  través del fallo  recurrido  en casación, expedido el 11 de diciembre de 2003, revocó la pena de  multa  y  accedió a las dos primeras pretensiones del recurrente, fijando en 21  meses   y    4   días   la  pena  de  prisión3.   

LA DEMANDA:  

Cargo único.  

1. Con sustento en  la  causal  1ª  del  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal de 2000,  denuncia  el  defensor  que el Tribunal violó directamente los artículos 29 de  la  Constitución  Nacional  y  6º,  inciso  2º, del Código Penal de 2000, al  aplicar    indebidamente    el    artículo    63   del   último   –a través del cual se hizo obligatorio  el  cumplimiento  de  la  pena de inhabilitación para el ejercicio de funciones  públicas       en       casos      de      condena      condicional— y no el 69 del Código Penal de 1980,  que  regía  cuando  sucedieron  los  hechos  y  le  resultaba  beneficioso a la  procesada  pues  le  concedía  discrecionalidad  al  Juez  para,  al otorgar el  subrogado,  “exigir  el cumplimiento de las penas no privativas de la libertad  que considere convenientes”.   

El  artículo 69 del Código Penal derogado,  por  lo  tanto,  era  aplicable  ultraactivamente  en  virtud  del  principio de  favorabilidad  porque no contemplaba una exigencia como la prevista en el actual  artículo  63,  que hizo obligatorio el cumplimiento de la sanción no privativa  de  la  libertad de la inhabilitación de funciones públicas “cuando se trate  de  lo  dispuesto  en  el  inciso  final  del  artículo 122 de la Constitución  Política”.   

2.  Se equivocó el  Tribunal,  entonces,  al  concluir que entre los artículos 69 y 63, en el punto  comentado,  no existía una diferencia sustancial pues lo cierto es que existe y  es  fundamental, como se deduce que la misma Corporación lo admitió al aceptar  que  la  primera  norma  “no establecía como mandato legal la suspensión del  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas”  para  casos  de condena por  delitos  contra  el patrimonio del Estado y que la segunda sí, al contemplar la  obligación de imponerla en virtud de exigencia constitucional.   

“Entonces,  si  el  Tribunal  hubiera sido  consecuente  con al aceptación de esa ‘diferencia    sustancial’,       hubiera       colegido      que,      como      ‘tal       situación’              –la    exigencia   del   ‘cumplimiento   de   las   penas   no  privativas    de    la    libertad    que   considere   convenientes’—            ‘era facultativa del señor Juez según  la   preceptiva  69  del  C.  derogado’,  la  aplicación retroactiva del artículo 63 del C. Penal de 2000  en  este  asunto, sí permitía hablar de una ostensible violación al principio  de favorabilidad”.   

3.  Esa violación  condujo  al ad quem “al momento de estudiar si debía otorgarse o no una plena  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena”  a la procesada, a  aplicar  una norma que obligaba a imponer la sanción de inhabilitación para el  desempeño   de   funciones   públicas  cuando  la  misma,  por  razón  de  la  discrecionalidad  establecida  en  el  artículo  69  del Código Penal de 1980,  “podía haber quedado comprendido por el subrogado concedido”.   

4. En la sentencia,  adicionalmente,   se  dispuso  ejecutar  la  pena  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y a ella no se refiere el artículo 122 Constitucional.  “Puede  postularse”,  por  lo  tanto,  que  la  aplicación  retroactiva del  artículo  63 del Código Penal de 2000 determinó “una indebida extensión de  la  exigencia  del  cumplimiento” de esa sanción no privativa de la libertad,  “cuya  exclusión  de  la  suspensión condicional de la ejecución de la pena  otorgada”, no era obligatoria.   

La solicitud del casacionista es, en fin, que  se  case  la  sentencia recurrida y se declare que la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena  comprende la inhabilitación para el desempeño de  funciones   públicas  consagrada  en  el  artículo  122  de  la  Constitución  Política.   

CONCEPTO     DEL     PROCURADOR    1º  DELEGADO:   

1.   Aunque  por  favorabilidad  los  juzgadores  aplicaron  los  artículos 219 y 133 del Código  Penal  de  1980, no especificaron el estatuto con sustento en el cual excluyeron  de  la  suspensión condicional de la sentencia la pena de interdicción para el  desempeño  de  funciones  públicas.  Tanto  el  actual  como  el derogado, sin  embargo,  consagran esa sanción y la única diferencia es que el último, en su  artículo  69,  facultaba  al  Juez  para exigir el cumplimiento de las penas no  privativas  de la libertad que considerara convenientes al momento de otorgar la  condena  condicional, mientras que el primero, en su artículo 63, exige en todo  caso  la  ejecución  de  la  inhabilitación  para  el  ejercicio  de funciones  públicas  en  la  circunstancia  prevista por el inciso final del artículo 122  Superior.   

2.  En  el  evento  examinado,  de  todas  formas, las instancias actuaron dentro de la legalidad al  excluir  esa  pena  de  la  condena  condicional  porque aún tratándose de una  decisión  discrecional  suspenderla  o  no, la ejercieron razonadamente como se  constata en la sentencia de primera instancia.   

3. De otro lado, si  los  hechos  ocurrieron  en  vigencia  del  inciso  5º  del artículo 122 de la  Constitución,  es  irrelevante  que  se  haya aplicado uno u otro Código Penal  pues  en  ambos  casos  debía  ejecutarse la inhabilidad intemporal, como desde  mucho  antes  de  expedirse  los  fallos  de  instancia  lo venía señalando la  jurisprudencia.   

4.  Así las cosas,  si  la  procesada  fue  condenada  a  la  pena  de  interdicción  de derechos y  funciones  públicas  por un término de 6 meses, sólo operaría el mismo en lo  relacionado  con  la  privación  de  derechos “pues es claro que –por mandato constitucional—  el término señalado en la ley para  la      inhabilitación     de     ‘funciones     públicas’,  no  puede coexistir con la inhabilidad intemporal señalada en el  artículo 122 de la Carta Política”.   

Ahora  bien:  aunque  la  Corte  ha  venido  declarando  de  oficio  esa inhabilidad intemporal, fundamentada en el principio  de  legalidad  de  la  pena,  “la  Delegada considera que en este caso ello no  sería  posible, toda vez que el principio constitucional de la no reformatio in  pejus  lo  impide”,  dada  la  desmejora  evidente  que  sufriría  la  única  recurrente.   

En  síntesis, el cargo no puede prosperar y  no  es  posible declarar que la sanción de interdicción de funciones públicas  es superior a 6 meses.    

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1.  Los argumentos  que  condujeron  al  a  quo  a  otorgar  la  condena condicional y a disponer el  cumplimiento  de  la  pena  de  interdicción de derechos y funciones públicas,  impuesta  como  principal  por consagrarla como tal el artículo 133 del Código  Penal de 1980, fueron los siguientes:   

“Considera el Despacho que el quantum de la  pena  a  imponer  y  la  ausencia  de  antecedentes  penales, permiten …   suspender  condicionalmente  por  un período de tres (3) años al ejecución de  la  pena de prisión impuesta, excluyendo de éste beneficio la interdicción en  el   ejercicio   de  derechos  y  funciones  públicas,  la  que  se  ejecutará  inmediatamente  quede  en  firme  esta  decisión considerando el Juzgado que el  proceder  reprochable  que  imprimió  a  su  conducta  no la hacen merecedora a  permanecer  vinculada  laboralmente a dicha institución de salud que ella misma  defraudó     abusando     de     sus    funciones4”.   

En segunda instancia, sobre la no suspensión  de     la     pena     no     privativa     de    la    libertad    –que   hizo   parte  del  tema  de  la  apelación—,     se  expresó:   

“Finalmente   y  en  lo  atinente  a  la  exclusión  del  subrogado,  la  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas, ha de decirse que en el presente caso no existe violación  a  la  favorabilidad  normativa  a  la que alude el ilustre defensor, pues de la  lectura  tanto  de  la normatividad penal vigente para la época de la comisión  de  las  conductas  aquí  investigadas,  como  la  del actual, se colige que la  diferencia  sustancial,  se  centra,  para  el  punto  en  discordia,  en que el  artículo  68  del  Código  Penal anterior no establecía como mandato legal la  suspensión  del  ejercicio  de derechos y funciones públicas para asuntos como  el  de  la  especie,  situación que sí contempla el actual Código Penal en el  inciso  final  del  artículo 63, por exigencia de rango Constitucional, pero en  aquella  codificación,  tal  situación  era  facultativa  del  Juez  según la  preceptiva  del Código derogado, luego entonces no puede hablarse de violación  del principio de favorabilidad.   

“Por  tanto, las consideraciones plasmadas  en  el  fallo  de  instancia  como  sustento  para  excluir  de  la  suspensión  condicional     de     la     ejecución     de     la     pena     ‘el  ejercicio  de derechos y funciones  públicas’ por un período  de  seis (6) meses, son de recibo para la Corporación, por cuanto tal decisión  consulta  en  un todo la gravedad de las conductas atribuidas y aceptadas por la  procesada,  porque  no  sólo se atentó contra la fe pública sino que timó el  erario  del Estado, de donde derivaba su subsistencia y la de los suyos, si bien  en  ínfima  cantidad tal aspecto tiénese en cuenta para efectos de la sanción  punitiva,  pero  no  desnaturaliza el tipo legal de prohibición, ni mucho menos  el  atentado  contra  los  dineros del estado, modalidad (el peculado) que se ha  constituido  en  el  principal nivel de corrupción del estamento público. Y no  puede  pretenderse que el detrimento o perjuicio de las arcas del Estado sean de  mayor  entidad  y  que  alcance  niveles  insospechados  para  que  se  le de la  trascendencia que tal conducta amerita como lo estima el censor.   

“De  ahí  que  la decisión de la señora  Juez  de  excluir  de  la suspensión de la ejecución del fallo, concedido a la  procesada  CIFUENTES  PÉREZ, sobre la ‘interdicción    en   el   ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas’ sea compartida  por   la   Sala   y   por   ello   será  confirmada5”.   

2. En ninguna parte,  como  puede  verse,  los  juzgadores  basaron  la  orden  de  cumplimiento de la  sanción  de interdicción de derechos y funciones públicas que por el lapso de  6  meses  se  impuso a la procesada, en alguna de las normas a que hizo mención  el  recurrente.  Y  si  se  tiene en cuenta que adujeron las razones pertinentes  para  que  la  misma  no  hiciera  parte  de  la  suspensión  condicional de la  ejecución  de  la  sentencia,  es manifiesto que carece de objeto la discusión  que  plantea el cargo porque los funcionarios judiciales no hicieron depender el  cumplimiento  de  la  privación de funciones públicas del mandato contenido en  el  último  inciso  del  artículo 63 del Código Penal de 2000, que de acuerdo  con  el  defensor  no  le resultaba favorable a su representada, en comparación  con  el  69  del  Código  Penal  de  1980,  norma  ésta que fue en realidad la  aplicada  –así no lo diga  la   sentencia—,  al  no  asociarse  la  determinación  cuestionada  a  la previsión del Código vigente  sino  a  valoraciones  de  los juzgadores, propias del ejercicio de una función  discrecional  o  autorización  legal  para  suspender o no la ejecución de una  sanción no privativa de la libertad.   

3. De todas formas,  aunque  se hubiera sustentado la pena de privación de funciones públicas en la  parte  final del artículo 63 vigente, no se habría quebrantado el principio de  favorabilidad  porque  pese a no contener el Código de 1980 una norma como esa,  el  mismo  mandato  de  exigir  el cumplimiento de la interdicción de funciones  públicas  en casos de condena contra servidores públicos por delitos contra el  patrimonio   del   Estado   derivaba  del  artículo  122,  inciso  5º,  de  la  Constitución  Política  y  del  59  A  de  la  codificación  derogada, que es  reiteración  del mandato Superior, cuyos términos eran los siguientes antes de  la modificación introducida por el Acto Legislativo 1 de 2004:   

“Sin perjuicio de las demás sanciones que  establezca  la ley, el servidor público que sea condenado por delitos contra el  patrimonio  del  Estado,  quedará  inhabilitado para el desempeño de funciones  públicas”.   

Lógicamente,  dadas  esas  circunstancias,  sobreviene  la  inhabilidad  permanente  y  eso significa que es una sanción de  cumplimiento     obligatorio     y     no     susceptible     de     suspensión  condicional.   

El  cargo,  por lo tanto, no está llamado a  prosperar.   

4.  Cabe advertir,  para  finalizar, que no obstante el hecho de que no se impuso en la sentencia la  inhabilidad  constitucional,  no  es  necesario casar parcialmente el fallo para  que  se  cumpla  porque ella opera de pleno derecho por el sólo hecho de que la  acusada  fue  condenada por un delito contra el patrimonio del Estado. Por ende,  está  fuera  de lugar el planteamiento del Delegado relativo a que tendría que  imponerse  judicialmente  la  inhabilitación  permanente  pero  que no se puede  hacer  porque  ello sería lesivo de la prohibición de reforma en peor prevista  como   garantía   fundamental   en   el   artículo   31  de  la  Constitución  Política.   

Distinto   es   el  caso  de  la  conducta  “gravemente  culposa” del servidor que dé lugar a  que  el  Estado sea condenado a una reparación patrimonial, salvo que asuma con  cargo  a  su  patrimonio  el valor del daño”, contemplada en la modificación  introducida  por  el  artículo  1º  del  Acto Legislativo 1 de 2004, porque en  dicho  caso  el  propio precepto Constitucional exige que esa calificación haya  sido judicialmente declarada.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO  CASAR  la  sentencia recurrida.   

         

Contra  la  presente  decisión no proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                               ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                              

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                      ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN               

         Excusa Justificada   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                           JORGE                                LUIS                               QUINTERO  MILANÉS                             

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                                               JAVIER   ZAPATA   ORTIZ   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  .  Folios 52, 80, 129 y 165.   

2  .  Folio 172.   

3  .  Folio 210.   

4  .  Folio 186.   

5  .  Folios 218 y 219.     

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