22306(06-04-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22306  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 021.  

          Bogotá D.C., abril seis (6) de dos mil cinco (2005).   

VISTOS  

          Decide  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   RIGOBERTO   CAÑAS  MONTENEGRO  contra  la  sentencia  anticipada de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Barranquilla  de  fecha agosto 20 de 2003, por cuyo medio confirmó la de primer  grado  dictada  por  el Juzgado Tercero Penal del Circuito de la misma ciudad el  18  de  noviembre  de 2002 que lo condenó como autor penalmente responsable del  delito  de  homicidio  agravado  y  atenuado  por  el  estado  de  ira e intenso  dolor.       

  ANTECEDENTES     

El supuesto fáctico que generó la presente  actuación  fue  declarado  por  el  Tribunal,  en el proveído impugnado, de la  siguiente manera:   

“El  10 de enero de 2000, cerca de la 1:00  a.m.,  en la calle 70 con Carrera 44 de Barranquilla, el señor RIGOBERTO CAÑAS  MONTENEGRO,  taxista  de  profesión,  le  disparó  con arma de fuego al señor  JAIRO  ALONSO VELASQUEZ ALVAREZ y al hacerle blanco en la frente le ocasionó la  muerte  en  forma  inmediata.   La  víctima se encontraba en compañía de  JULIO  CESAR  BLANQUICET  y  ANGEL  MANUEL  SALCEDO  DÍAZ,  quienes al parecer,  momentos  antes  se  encontraban dentro de un grupo de personas que arremetieron  contra el automotor que conducía el sindicado causando su ira.   

Luego  de  disparar, CAÑAS MONTENEGRO huyó  del  lugar de los hechos, pero fue capturado por agentes de la Policía Nacional  en  la  Carrera  38 entre Calles 45 y 47 de esta ciudad, hallándose en su poder  el  arma  homicida,  una  pistola  marca CZ calibre 7.65 mm., la cual al parecer  portaba   sin   autorización   del   Estado.   Esta  última  conducta  es  investigada en un proceso aparte”.   

Los hechos anteriores sirvieron de fundamento  para  que  se    iniciara  la  correspondiente  investigación  penal,  dentro   de   la   cual   se   vinculó   mediante  indagatoria  a  RIGOBERTO  CAÑAS MONTENEGRO, a quien se le  resolvió  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  como  presunto  autor  responsable  del  delito  de  homicidio en la  persona      de     Jairo     Alonso     Velásquez  Alvárez.   

Cerrada  la  investigación, se calificó el  mérito  del  sumario el 12 de octubre de 2000, con resolución de acusación en  contra  del  procesado  por  el  mismo  delito  imputado en la medida detentiva.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de Barranquilla, despacho que ordenó  correr  traslado  a los sujetos procesales de conformidad  con el artículo  446     del     Decreto     2700     de     1991.     En     ese    interregno,  el  defensor del procesado presentó escrito a través  del  cual  solicitó  la  aplicación  del  artículo  40  de la Ley 600 de 2000  advirtiendo  que  “Mi  defendido  acepta  los cargos  formulados por la Fiscalía”.   

Con  fundamento en la anterior petición, el  Juzgado  de conocimiento profirió sentencia anticipada de fecha noviembre 14 de  2001,  por  cuyo  medio condenó al procesado RIGOBERTO  CAÑAS  MONTENEGRO a la pena principal de 22 meses y 22  días  de  prisión, como autor responsable del delito de homicidio atenuado por  el estado de ira e intenso dolor.   

Contra   la   anterior   determinación,  interpusieron  recurso  de   apelación el agente del Ministerio Público y  el  apoderado  de  la parte civil, sobre las cuales se pronunció el Tribunal el  16  de  agosto  de  2002,  anulando  la  actuación  a partir de la sentencia de  primera instancia.   

Devuelto el expediente, el Juzgado de primer  grado  dictó  nuevamente  sentencia  anticipada  mediante  la  cual condenó al  procesado  CAÑAS MONTENEGRO a  la  pena  de  43  meses y 22 días de prisión como autor penalmente responsable  del  delito  de  homicidio  agravado  y  atenuado por el estado de ira e intenso  dolor   en  la  persona  de  Jairo  Alonso  Velásquez  Alvárez,  a la accesoria de interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  igual  término  y  al  pago  de indemnización de  perjuicios en las sumas indicadas.   

El  apoderado  de  la  parte civil interpuso  recurso  de apelación en contra de la anterior sentencia, motivo por el cual el  Tribunal  de  Barranquilla,  mediante  fallo  de  fecha noviembre 28 de 2003, lo  confirmó  “con  la  modificación  de  que  la pena  principal  que  deberá  descontar  el Sr. RIGOBERTO CAÑAS MONTENEGRO, es de 70  meses de prisión”.   

            

La    decisión    anterior  es  objeto del recurso extraordinario de  casación   por   el  defensor  del  procesado  CAÑAS  MONTENEGRO,  quien lo sustenta mediante demanda, sobre  cuya admisibilidad formal se pronuncia la Sala.   

LA DEMANDA  

          El   defensor   del  procesado  formula  un  cargo  contra  la   sentencia  objeto  de  impugnación  al amparo de la causal primera de casación  por  considerarla violatoria de los artículos 29 de la Constitución Política,  40 y 238 de la Ley 600 de 2000.   

Señala el recurrente que en el presente caso  su  defendido  fue  condenado  en  primera  instancia a una pena privativa de la  libertad  de  22  meses  y  23  días  de prisión, luego de solicitar sentencia  anticipada  “entrando a gozar de libertad condicional  en  forma  inmediata”;  sin embargo, dicho fallo  fue  apelado  por  la  parte  civil,  reformándose  la  sentencia por orden del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  en  el  sentido   de  imponer  a  su  prohijado una pena de 43 meses y 23 días de prisión.   

Impugnado  nuevamente  el fallo por la parte  civil,  agrega,  el Tribunal “le agravó aún más la  pena  a mi poderdante imponiéndole la pena privativa de la libertad de 70 meses  en       base      ha      (sic)      apreciaciones  subjetivas  de  las  pruebas  y  la creación de otro  delito   que   no   se   estaba  ventilando  dentro  del  proceso”.   

De acuerdo con lo anterior, destaca que a su  defendido  se  le ha agravado la pena en tres ocasiones, lo que a su modo de ver  no  es  justo  porque éste se acogió a sentencia anticipada y no tiene ninguna  clase  de antecedentes penales, por lo cual es evidente que el Tribunal lesionó  garantías fundamentales de rango constitucional y legal.   

Con base en lo expuesto, solicita se case la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar, “reformar la  duración  de la pena en cuanto que la misma ha de ser de 22 meses y 23 días de  privación  de  la  libertad como se había dispuesto en la sentencia de primera  instancia     el     día    14    de    noviembre    del    2001”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Único   cargo:    Causal   primera,   por  violación  de  los  artículos  29  de  la  Constitución  Política,  40  y  238  de  la Ley 600 de  2000:   

   

El único cargo propuesto por el casacionista  no  satisface  los  requisitos formales señalados en el artículo 212 de la Ley  600  de  2000  y,  en  esa  medida,  se inadmitirá, por ser la consecuencia que  sobreviene  frente a tal supuesto, como lo enseña la siguiente disposición del  ordenamiento  en  mención.   A esa conclusión se llega de conformidad con  las siguientes razones:   

1. No empece invocar el demandante la causal  primera  de  casación,  es  lo  cierto que en momento alguno de su disertación  señala  la  forma  de  violación  de  la  ley  sustancial  consecuente con ese  propósito,  si  ello  se produjo por un error que recayó sin mediación alguna  sobre  el precepto (violación directa) o si se produjo a raíz de errores en la  apreciación  de  las  pruebas  que  condujeran a su desconocimiento (violación  indirecta).        

El  anterior  yerro no es sólo de carácter  enunciativo,  sino  también  argumentativo, pues en todo el contexto del único  cargo  que se propone en la demanda, no se vislumbra desarrollo afín con alguna  de  las  modalidades  que  consagra la causal primera de casación que prevé el  artículo          207          de         la         Ley         600         de  2000.                  

Al respecto, oportuno se ofrece señalar que,  como  lo  tiene  dicho  la  jurisprudencia  de la Sala, la violación directa se  produce  cuando  el  fallador  recae en un error de juicio sobre la norma que lo  lleva  a  inaplicarla  no  obstante  ser  la  llamada  a  regular el asunto, o a  aplicarla  indebidamente  porque  pese  a  no  ser la disposición procedente la  aplica  o, a darle una interpretación errónea, caso en el cual si bien acierta  en   su   selección,  le  otorga  unos  efectos  que  no  corresponden  con  su  sentido.        

Por  su  parte,  se  incurre  en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  a  consecuencia  de los diversos errores del  fallador  en  la  apreciación  de  los medios de prueba, lo que a su vez genera  violación  de  la  ley  sustancial  bien  porque el precepto aplicado no debió  serlo  (aplicación  indebida)  o  en  cuanto  se  dejó de aplicar el llamado a  regular el caso (exclusión evidente).    

Los errores en la apreciación de los medios  de  prueba  a  que  refiere  la  segunda  modalidad  de  vulneración  de la ley  sustancial,   por   violación   indirecta,   pueden   ser   de   hecho   o   de  derecho.   

            De acuerdo a la pacífica jurisprudencia  de  esta  Sala  se  tiene que se incurre en error de hecho, por la comprobación  fehaciente  de  que  el sentenciador incurrió en los llamados falsos juicios de  existencia,  raciocinio, o de identidad.  Ocurre el primero cuando un medio  de  prueba  es  excluido  de la valoración que efectúa el juzgador no obstante  resultar  incidente de cara al fallo que se controvierte (ignorancia u omisión)  o  porque  el  juzgador lo inventa o crea a pesar de que no existe materialmente  en  el proceso, otorgándole un efecto trascendente en la sentencia (suposición  o ideación).   

A  su  turno,  el  segundo  yerro se origina  cuando  el  sentenciador  aprecia  la  prueba desconociendo los postulados de la  sana  crítica  (raciocinio)  y,  el último, cuando tergiversa o distorsiona su  contenido  objetivo  para  hacerla  decir  lo  que ella no expresa materialmente  (identidad).  En  los  dos  últimos  casos,  al  igual  que en el primero, debe  tratarse  de prueba trascendente, esto es, que tenga la entidad de modificar las  declaraciones  contenidas  en  la  decisión  de  forma  favorable para quien lo  alega.   

En  lo  que  concierne  al error de derecho,  éste  puede  configurarse  por  dos  situaciones, a través del falso juicio de  legalidad  y  el  de  convicción.   El  primero tiene ocurrencia cuando el  juzgador  otorga  valor  a  un  medio  probatorio que ha sido aducido al proceso  irrespetando  las  formalidades legales previstas para su formación o aporte y,  una  segunda  posibilidad, cuando le resta valor a una prueba por considerar que  ha  sido aportada con desconocimiento de los requisitos formales establecidos en  la ley cuando en realidad los cumple.   

Por otro lado, se incurre en error de derecho  por  falso  juicio  de  convicción  cuando  se  le  otorga  mérito a la prueba  contrariando  el  valor  que  la  ley previamente le ha asignado, situación que  resulta frecuente en los sistemas de tarifa legal probatoria.   

    

El  recuento anterior permite colegir que el  casacionista  no  desarrolló el reproche bajo ninguna de las modalidades que le  concede  la  causal  invocada.   En  efecto,  no  lo  hizo  acorde  con los  parámetros  de  la  violación  directa  de  la ley sustancial estableciendo el  yerro  de  juicio  que  recae  sobre la norma y el sentido de esa violación, ni  mucho  menos  con fundamento en la violación indirecta atacando la apreciación  que  el  juzgador  otorgó  a  los  medios  de  prueba  que  a la postre habría  desembocado en el conculcamiento de tales preceptos.   

Lo  anterior resulta suficiente para colegir  que  la demanda no cumple con el requisito formal previsto en el numeral 3° del  artículo  212,  según  el  cual  la  demanda  de  casación  deberá  contener  “La  enunciación de la causal y la formulación del  cargo,   indicando   en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas  que  el demandante estime  infringidas”  (subrayas fuera de texto).           

    

1. Ahora bien, lo único que se logra  inferir  del  reproche  es  que  el  casacionista  se  siente inconforme con los  incrementos  que  ha  tenido la pena impuesta a su defendido con ocasión de las  impugnaciones  que  el  apoderado  de  la  parte  civil ha interpuesto contra la  sentencia  y  que ello ha vulnerado garantías fundamentales, sin que indique en  qué se basa para hacer esa afirmación.     

            Ciertamente, contra la primera sentencia  anticipada  que  se  profirió por el juzgado de conocimiento de fecha noviembre  14  de  2001,  la  parte civil y el Ministerio Público interpusieron recurso de  apelación,  lo  que  condujo  a  que  el  Tribunal de Barranquilla decretara la  nulidad  de  dicha  decisión,  al  verificar  que  se  afectó  el principio de  congruencia,  en  tanto  se dosificó la pena sin considerar la circunstancia de  agravación    punitiva    del   homicidio   endilgada   y   aceptada   por   el  procesado.            

Así  las  cosas,  el  proceso  fue remitido  nuevamente  al  Juzgado Tercero Penal del Circuito de Barranquilla, despacho que  profirió  fallo  el 18 de noviembre de 2002, por cuyo medio incrementó la pena  impuesta  al  sindicado  CAÑAS MONTENEGRO a  43  meses y 22 días de prisión;  sin embargo, el apoderado  de  la  parte  civil consideró que esa pena continuaba siendo irrelevante y que  no  se ajustaba a los parámetros legales, argumento que tuvo eco en el Tribunal  hasta   el  punto  de  que  redosificó  la  pena  dejándola  en  70  meses  de  prisión.   

Ninguna   irregularidad  se  advierte  del  procedimiento  efectuado,  como  sin razonamientos en apoyo de esa inconformidad  pretende   hacerlo  ver  el  casacionista.   Los  incrementos  de  la  pena  efectuados  en  dos  oportunidades  no  se  produjeron  a  raíz  del recurso de  apelación  promovido  por  el  procesado  o  la defensa en calidad de apelantes  únicos,  sino  a  instancias  del  recurso  de  apelación  promovido por otros  sujetos  procesales  y  especialmente del apoderado de la parte civil, de manera  que  no  había  cortapisa alguna para que se decretara la nulidad con el objeto  de  que  se  adecuara  la  pena  a  la imputación correcta, como ocurrió en la  primera   oportunidad,   y  para  que  el  Tribunal  directamente  efectuara  al  incremento  tras  comprobar  que la sanción modificada continuaba desconociendo  los  criterios  establecidos  por el legislador para su individualización, como  ocurrió en la segunda.        

Ese  orden  de  ideas,  la Sala no vislumbra  oficiosamente  desconocimiento  del  principio constitucional de la prohibición  de  la  reformatio  in pejus,  previsto  en  el artículo 31 de la Constitución Política, en concordancia con  el  204, segundo inciso, de la Ley 600 de 2000, preceptos claros en señalar que  la  prohibición  de  agravar la pena impuesta sólo procede cuando el procesado  sea  apelante  único  y  no,  como  la señala expresamente la última norma en  mención,  cuando  fuere  recurrida  por  el  fiscal,  el  agente del Ministerio  Público o la parte civil.     

Máxime lo expuesto cuando fácil se advierte  que  los  ajustes  punitivos,  impulsados por la parte civil y secundados por el  Tribunal,  tuvieron  como  objetivo aplicar el principio de congruencia frente a  la  imputación  que  aceptó  el procesado y ajustar la sanción al marco legal  previamente definido.   

Sobre   esto  último  resulta  conveniente  precisar  que  la  dosificación de la pena que se efectuó basada en el sistema  de  cuartos  previsto  en  la  Ley  599  de  2000,  en  este  caso  no  resultó  desfavorable  frente  al  establecido  en el anterior estatuto sustantivo penal,  vigente  para  el  momento  en  que se cometieron los hechos (enero 10 de 2000),  habida  cuenta  que  el Tribunal partió del mínimo de pena contemplado para el  primer  cuarto  (50  meses),  parámetro  que  resulta  igual  al  aplicable con  fundamento                    en                   el                   anterior  ordenamiento.          

3.  Lo anterior se constituye en razón  suficiente  para  inadmitir  la demanda presentada por el defensor del procesado  RIGOBERTO CAÑAS MONTENEGRO y  devolver  el  expediente al despacho de origen, tal como lo señala el artículo  213   de   la   Ley   600  de  2000.   Además,  porque no se advierte que dentro del presente trámite y  en    la   sentencia   se   haya   incurrido   en   violación   de   garantías  fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  interpuesta   por  el  defensor  de  RIGOBERTO  CAÑAS  MONTENEGRO, por las razones consignadas en la anterior  motivación.   

          Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase,  

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN   

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                                 HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                     ÉDGAR     LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN           JORGE   LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                            MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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