22299(06-07-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22299  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

YESID  RAMÍREZ BASTIDAS   

Aprobada Acta N° 54  

Bogotá,  D.  C.,  julio seis (6) de dos mil  cinco (2005).   

VISTOS:  

Resuelve  la Sala los recursos de apelación  oportunamente  interpuestos  y  sustentados  por el Defensor y el Procurador 134  Judicial  II  Delegado  ante  el  Tribunal  Superior  de  Montería,  contra  la  sentencia  de febrero 27 de 2004 a través de la cual la mencionada Corporación  condenó  al  doctor  ALBERTO CAYETANO BURGOS BURGOS, Juez Penal del Circuito de  Sahagún,  a  la  pena  de  treinta  y  seis  (36)  meses  de prisión, multa de  cincuenta  (50)  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación  para  el  ejercicio  de derechos y funciones públicas por cinco (5) años, y le  concedió  el  sustituto  de  la  condena de ejecución condicional, al hallarlo  autor  penalmente responsable de la conducta punible de prevaricato por acción.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL:   

1.  Los  sucesos  que  dieron  origen  a la  presente  investigación  penal  fueron  adecuadamente  relacionados en el fallo  impugnado, de la siguiente manera:   

“El 15 de junio  de  2001,  el  Juzgado  Promiscuo  Municipal  de  Sahagún condenó a 6 meses de  prisión  a José David Dumar Zuleta como autor de la contravención especial de  daño  en bien ajeno, en razón a que en la madrugada del 18 de marzo de 2001 el  citado  Dumar  Zuleta  rompió intencionalmente un ventanal de vidrio de la casa  del  querellante  Víctor  José  del  Bechio  Díaz,  avaluado  en  la  suma de  $250.000.00.   

Al  ser apelada esta decisión –por  el  defensor  del procesado-, el  Juez  Penal  del  Circuito  de  Sahagún,  Dr.  Alberto  Cayetano Burgos Burgos,  mediante  proveído  del  1°  de  agosto  de  2001,  declaró  que  la  acción  contravencional  en  las  citadas  diligencias no podía iniciarse y mucho menos  proseguirse  porque  al  momento  de  ponerse  en  conocimiento los hechos no se  acreditó  la calidad de querellante legítimo; se desconoce con qué derecho el  señor  del  Bechio  Díaz  presentó  querella contra Dumar Zuleta y, por tanto  desde  su  inicio  debió  inadmitirse  la querella. En consecuencia, ordenó la  cesación   de  todo  procedimiento  contravencional  respecto  de  David  Dumar  Zuleta.   

Inconforme con esta decisión, el señor del  Bechio  Díaz denunció al Juez Penal del Circuito de Sahagún por los presuntos  delitos de prevaricato por acción y abuso de autoridad.”   

2.  Como  consecuencia  de lo anterior y de  algunas  pruebas  acopiadas  durante la indagación previa, la Fiscalía Segunda  Delegada  ante  el Tribunal Superior de Montería, mediante resolución de fecha  marzo  15  de  2002,  abrió formalmente investigación penal contra el referido  funcionario  y  lo  vinculo a través de indagatoria resolviéndosele situación  jurídica  el  8  de  junio  siguiente en el sentido que, de conformidad con las  pruebas  producidas  hasta  ese  momento, había adecuado su comportamiento a la  especie  delictiva  de  prevaricato  por  acción,  pero se abstuvo de imponerle  medida  de  aseguramiento de detención preventiva por estar cumplidos los fines  de  la  misma, decisión que fue confirmada por la Unidad Delegada ante la Corte  Suprema  de  Justicia  el  16  de  septiembre  de 2002 al resolver el recurso de  apelación interpuesto por el procesado.   

3.  Clausurada  la  etapa  instructiva,  se  profirió  en  contra del mencionado funcionario resolución de acusación el 16  de  enero  de 2003 por esa conducta punible, providencia que alcanzó ejecutoria  el  20  de junio siguiente cuando la Fiscalía Delegada ante la Corte Suprema de  Justicia  la  confirmó  al  resolver la alzada que había interpuesto el doctor  BURGOS BURGOS.   

4.   La  fase  procesal  del  juicio  fue  adelantada  por  el  Tribunal  Superior  de  Montería, Corporación que una vez  concluida  la  audiencia  pública,  dictó  el  27 de febrero de 2004 sentencia  condenatoria  en  los  términos  inicialmente  indicados,  decisión  que, como  atrás  se  indicó,  es objeto de la apelación interpuesta por la Defensa y el  Ministerio Público.   

LA    DECISIÓN  IMPUGNADA:   

1.  La  conducta desarrollada por el doctor  BURGOS  BURGOS encuadra en el tipo objetivo  de prevaricato por acción previsto en el artículo 413 de la Ley  599  de  2000,  porque  al dictar la providencia de fecha agosto 1° de 2001 por  medio  de  la  cual cesó procedimiento a favor de José David Dumar Zuleta, con  el  argumento  que la acción contravencional contra éste no podía iniciarse o  proseguir  debido  a  que  no se encontraba acreditada la calidad de querellante  legítimo  de  Víctor  José del Bechio Díaz, es una decisión manifiestamente  contraria  a  la  ley  (artículos 27, 29 y 30 del Decreto 2700 de 1991, vigente  para  el momento de instaurarse la acción) porque esa preceptiva no exigía que  el  querellante  tuviera  que “acompañar las probanzas ya preconstituidas que  acreditaran  la  calidad  con  la  que  actuaba  o que afirmaba tener”, de tal  manera  que estando expresamente regulados los requisitos y condiciones para que  la  persona  afectada  directamente  por  un  hecho  punible  pudiera ejercer su  derecho  de  formular  la  respectiva  denuncia, el Juez acusado no podía hacer  nugatoria  esta  facultad  mediante  exigencias  no previstas en el ordenamiento  jurídico.   

2.  El  comportamiento  del  doctor  BURGOS  BURGOS  resulta  igualmente  antijurídico   porque  con  su  proceder  vulneró  el  bien  jurídico  de  la  administración  pública, lesionó la confianza en él depositada como servidor  del  Estado  y  de la sociedad, generando desazón e inquietud en los ciudadanos  frente  a  la  administración de justicia, al dejar de lado el debido proceso e  impidiendo  el  derecho del querellante a obtener el resarcimiento de perjuicios  y    la    sanción    del    responsable   de   la   conducta   contravencional  denunciada.   

3.     Y     obró     dolosamente  porque, a pesar de su amplia  trayectoria  judicial,  no es posible admitir que su decisión hubiera obedecido  a  una  interpretación  errónea  de  las  normas  que  regulan la figura de la  querella  debido a que no abrigaban complejidad alguna y entonces no podían ser  entendidas  en  un  sentido  diferente a reconocerle a la víctima directa de la  conducta  punible su condición de querellante legítimo sin más exigencias que  las expresamente previstas en la ley.   

La  intención  del doctor BURGOS BURGOS de  querer  consciente  y  voluntariamente  anteponer su criterio al nítido y claro  mandato  legal, se acredita al tergiversar el contenido de la querella formulada  por  Víctor  José  del  Bechio  Díaz  e  ignorar  los  elementos  probatorios  existentes en el proceso:   

Lo primero, porque no obstante reconocer que  únicamente  la víctima o sujeto pasivo del hecho punible es quien puede acudir  a  la  justicia  para  formular  la  querella, le negó tal calidad a del Bechio  Díaz,  sin  embargo  de éste haber afirmado bajo la gravedad del juramento que  los  daños de que daba cuenta habían sido causados en la casa de su propiedad,  con  el  argumento  incongruente  de  no  saber  “a  qué  título  o con qué  capacidad  actuaba  el  señor  Víctor  José  del Bechio Díaz” debido a que  “se  hace  aparecer  como dueño de la residencia donde rompieron los vidrios,  sin  que exista en el dossier o expediente la prueba de tal calidad (Certificado  de  Matrícula  Inmobiliaria)”,  categoría  y  requisito  no  exigidos por la  normatividad vigente.   

Y,  lo  segundo,  porque  en el proceso sí  existía  prueba  que  demostraba la condición de querellante legítimo con que  obró  del   Bechio  Díaz,  como  que  en  la  misma  denuncia la víctima  manifestó  bajo  la gravedad del juramento que los daños fueron causados en el  ventanal  de  su  casa y esa afirmación aparece corroborada por la declaración  de  su  hijo José Mario del Bechio Peñate, el informe del C.T.I. que practicó  inspección  judicial  al inmueble, el perito que avaluó los destrozos causados  y  el  testimonio  de  Ulises  Manuel Martínez, celador del barrio, quienes son  coincidentes  en afirmar que los daños fueron causados en la casa ubicada en la  carrera  11  N°  7-120  de  propiedad  o  donde reside Víctor José del Bechio  Díaz.   

Estos  elementos  de  juicio no podían ser  ignorados  so  pretexto  de  no  haberse  allegado  prueba  escrita porque en el  estatuto   procedimental   penal   rige  el  principio  de  libertad  probatoria  (artículo  237  Ley 600 de 2000) en virtud del cual los elementos constitutivos  del  delito,  la  responsabilidad del imputado y la naturaleza y cuantía de los  perjuicios,  pueden  demostrarse  con  cualquier medio probatorio a menos que la  ley    exija    prueba    especial    y    respetando   siempre   los   derechos  fundamentales.   

Lo anterior pone de presente la conciencia  que tenía el procesado sobre  el  carácter  ilícito  de  su  conducta,  y  por  tanto, lo condenó a la pena  principal  inicialmente  indicada  y le otorgó la suspensión condicional de la  ejecución de la pena.   

LAS  IMPUGNACIONES:   

    

1. Del defensor:     

1.1.  El  Tribunal  al  concluir  que  el  procesado  incurrió  en  el  delito  de prevaricato por acción al apartarse en  forma  clara  y  ostensible de la normatividad vigente, olvidó el contenido del  artículo  30 del Decreto 2700 de 1991 no obstante su cita en la sentencia, pues  no  se  le  hizo  producir  los  efectos de la misma que indican que la querella  “únicamente”  puede  ser  presentada  por  el  sujeto pasivo de la conducta  punible,  lo  cual  significa  que para la validez de la querella requiere estar  acreditada tal condición.   

El  doctor  BURGOS  BURGOS  no  exigió por  voluntad  suya un requisito no previsto en la ley, como lo afirma el a quo, sino  que  señaló  en  su  providencia  que  no  estaba  acreditada la condición de  querellante  legítimo  toda  vez  que  no  bastaba la sola afirmación de quien  acude  a  la  justicia  para  tener  por  demostrado  ese  presupuesto procesal.   

1.2. El procesado pudo haberse equivocado,   pero   ese  yerro  no  fue  manifiestamente  contrario  a  ley, como lo exige el tipo penal del prevaricato.  No  fue  una  actuación  grosera o caprichosa frente a la aplicación de la ley  sino  que  la  normatividad  procesal  sobre  la  querella  permite  requerir la  necesidad  de  acreditar  la  condición de sujeto pasivo del delito, que fue lo  exigido por su defendido en el auto mencionado.   

1.3.   La  conducta  investigada  resulta  atípica    porque   la  providencia  por  medio  de  la  cual el doctor BURGOS BURGOS optó por cesar el  procedimiento   adelantado   no   es  manifiestamente  ilegal si se compara su contenido con el texto legal,  sin    que   tampoco   esté   acreditado   el   tipo  subjetivo  porque  el  acusado entendió que el a quo  falló  al  iniciar  la  actuación  contravencional  sin  estar  acreditada  la  condición  del  sujeto  pasivo,  limitándose  a efectuar tal declaración, sin  entrar  a ocuparse de las pruebas practicadas en el proceso y sobre la legalidad  del fallo.   

Esto  quiere  decir  que  el  procesado  no  desconoció  las  pruebas  existentes  en  el proceso como lo afirma el Tribunal  (declaración  del  hijo  del  denunciante  y la inspección judicial), sino que  estas  son  posteriores  al  momento  de  instaurarse  la querella y a lo que se  refirió   el   doctor   BURGOS   BURGOS  fue  precisamente  a  la  falta  de  demostración  de  la  calidad de querellante al iniciarse la actuación procesal.   

1.4. Entonces concluye que su defendido pudo  haberse  equivocado,  pero  sin  incurrir en el delito por el cual fue juzgado y  condenado,  reclamando en consecuencia que la Corte revoque la sentencia y en su  lugar lo absuelva.   

    

1. Ministerio público:     

2.1.   El   Tribunal  consideró  que  el  comportamiento      del      funcionario     investigado     es     típico  porque  si  el  artículo 30 del  Decreto  2700  de  2001  establecía  que  la  querella  únicamente  la  podía  presentar  el  sujeto  pasivo  de  la  conducta  punible,  no  resultaba válido  exigirle  al  denunciante  que  acreditara  con “pruebas preconstituidas” la  condición  con  la  que actuaba, criterio que no comparte porque si bien la ley  no  exige  al  querellante  acompañar o presentar con la queja la prueba de que  tiene  legitimidad  para  obrar, esa demostración tiene que estar acreditada en  el  curso  del  proceso  pues de lo contrario faltaría ese presupuesto procesal  que convalida el ejercicio de la acción penal.   

En  la  situación  que  estudió el doctor  BURGOS   BURGOS  encontró  que  la  prueba  que  demostraba  la  condición  de  querellante  legítimo  del  denunciante  Víctor  José  del  Bechio  Díaz  no  aparecía  en  la actuación con lo cual fallaba ese presupuesto procesal, luego  la  decisión  no podía ser distinta de la asumida por el acusado quien, con la  mejor  buena  fe, estimó o  consideró que dicha prueba brillaba por su ausencia.   

Y  si  lo que se denunciaba eran los daños  causados  a  la  casa  de  habitación del querellante, solamente la querella la  podía  presentar  su  propietario y esa condición la tenía que demostrar. Esa  prueba  fue  la  que  en  ejercicio de su autonomía interpretativa no encontró  allegada  el  Juez investigado a la hora de resolver la segunda instancia y  por  dicha razón ordenó la cesación de procedimiento, luego nada más alejado  de la realidad sostener que su conducta es objetivamente típica.   

2.2.    Frente    a   la   antijuridicidad  de  la conducta imputada  al  doctor  BURGOS  BURGOS  critica que el a quo hiciera afirmaciones teóricas,  genéricas  y  sin  ningún  soporte con la realidad, porque ninguna desazón ni  inquietud  produce  entre los ciudadanos el discurrir de un juez que se limita a  interpretar la ley referente  a   la  prueba  con  la  que  se  acredita  en  nuestro  medio  la  propiedad  y  la  situación jurídica de  los  bienes inmuebles que lo  es con el certificado del registrador de instrumentos públicos.   

Como  el  entendimiento  del  doctor BURGOS  frente  a  este  aspecto  fue  el  tradicional e inveterado, nada ni nadie puede  llamarse  a  sorpresas,  al punto que sí causaría alarma en la sociedad que se  diga  que  la  propiedad sobre los bienes raíces puede demostrarse con informes  de  policía  o  con  declaraciones  de  parientes  y  amigos,  de  modo  que la  antijuridicidad de la conducta investigada es inexistente.   

2.3.  En  relación  con  el  dolo   que   el   a  quo  le  imputa  al  funcionario  investigado,  la  Corte  con  la  simple  lectura de la providencia  presuntamente   prevaricadora  se  dará  cuenta  que  el  procesado  no  actuó  caprichosamente  y  sin  fundamento, porque podrá decirse que su motivación es  equivocada,  torpe  si  se  quiere,  pero jamás con el propósito de contrariar  conscientemente la ley.   

Reprocha el Tribunal que el doctor BURGOS  BURGOS  hubiera negado la condición de sujeto pasivo de la conducta punible del  querellante  a  pesar  de  que  éste bajo la gravedad del juramento dijo que le  rompieron  los  vidrios de su casa, pero ese daño en bien ajeno sólo lo podía  denunciar  el  propietario  de  la  cosa dañada porque se trata de una conducta  contra  el  patrimonio económico cuya titularidad recae en persona determinada,  natural  o  jurídica,  la  cual  debe  acompañar  la  prueba que demuestre esa  condición a efectos de cumplir con dicho presupuesto procesal.   

En  relación con las pruebas supuestamente  ignoradas  por  el  funcionario  investigado,  encuentra  el  representante  del  Ministerio  Público  que el propietario de un bien inmueble no puede atribuirse  la  prueba  del dominio que alega tener sobre el mismo, como tampoco acreditarlo  con  el  testimonio de su hijo y menos aún con la inspección judicial donde se  avaluó  el  monto  de  los  daños causados o con el testimonio del celador del  barrio  Ulises  Manuel Martínez, pues le parece en extremo exagerado considerar  que  un  juez  prevarica  y  condenarlo  en  consecuencia, cuando no acepta como  prueba  de  la  propiedad  de  un bien inmueble medios como los indicados por el  Tribunal.   

Y, por último, la libertad probatoria no es  absoluta  sino  relativa  porque  el  mismo  artículo 237 del estatuto procesal  penal  enseña  que  “a  menos  que  la ley exija prueba especial”, luego no  puede  obligarse  a un juez que  dé por satisfecho el presupuesto procesal  de  la  legitimidad  de  la  querella  en  un caso de daño en bien ajeno, sólo  porque  el  propio  denunciante,  un hijo de él y el celador del inmueble digan  que  efectivamente le pertenece. Por lo menos, debía concedérsele el beneficio  de la duda y absolverlo.   

Al  encontrar  entonces  demostrado  que la  conducta  del  doctor  BURGOS  BURGOS  no es típica de prevaricato por acción,  delito  por  el  cual  fue  condenado, solicita que la providencia impugnada sea  revocada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

          1.           El           punible          de          prevaricación        del  funcionario  público  lo tipifica el  artículo  413  de  la Ley 599 de 2000 –vigente    para    la    época    de    los   hechos-   en   estos  términos:   

El   servidor  público  que  profiera  resolución,   dictamen   o  concepto  manifiestamente  contrario a la ley incurrirá en…   

         2.  Para la fecha en la cual Víctor José del Bechio Díaz acudió  a  la Administración de Justicia para decirle de la agresión sufrida (marzo 18  de  2001),  regía  el  Decreto  2700  de 1991, que en su artículo 29, modificado por el artículo 1° de la  Ley 81 de 1993, indicaba que   

“La       querella  y  la petición son condiciones  de  procesabilidad de la acción penal. Cuando la ley exija querella o petición  especial   para   iniciar  el  proceso,  bastará  que  quien  tenga  derecho  a  presentarlas  formule  la respectiva denuncia ante autoridad competente, con las  mismas    formalidades    y    facultades    establecidas    en   el   artículo  27.”   

Y   en  lo  que  tiene  que  ver  con  el  querellante  legítimo,  el  artículo    30   en   lo  pertinente señalaba:   

“Salvo  los casos especialmente previstos  en   el   Código   Penal,   la   querella   únicamente   puede   ser   presentada   por   el   sujeto   pasivo   del   hecho  punible…   

La           querella   debe   entenderse   como  una  manifestación     de     voluntad     del    sujeto  pasivo  y  a  la  vez  un  acto  de  disposición  de  capacidad  jurídica que da  lugar  a  la iniciación del proceso penal. La querella  legítima   hace  pues  relación  a  dos  aspectos:  voluntad      y     capacidad     civil.”   

3.  Con  ese marco  normativo,  el  doctor  BURGOS BURGOS, Juez Penal del  Circuito  de  Sahagún,  al  conocer  del  recurso  de apelación que la defensa  interpusiera  contra  el  fallo  condenatorio de primer grado que impuso a José  David  Dumar Zuleta seis (6) meses de prisión y la indemnización de perjuicios  estimada  en  $250.000.00 como autor penalmente responsable de la contravención  especial  de  daño  en  bien  ajeno, optó en auto del 21 de agosto de 2001 por  cesar   procedimiento  al  considerar  que la acción no  podía  haberse  iniciado ni proseguir por ilegitimidad  del     querellante,    al    alero    de    estas  razones:   

“Una  atenta  y  cuidadosa  revisión del  expediente        permite        entender        que       la       infracción  que  se  le imputa al señor  JOSÉ  DAVID  DUMAR  ZULETA,  es  la  contravención  especial  de  daño  en  bien  ajeno  contemplada en el  numeral  19  artículo 1° de la Ley 23 de 1991, que de acuerdo con el artículo  2°  de  la  Ley 81 de 1993, requiere para que se pueda iniciar la acción penal  QUERELLA. Y si la ley habla  de  querella,  contrario  a lo que sucede con la simple denuncia, es para que se  tenga       en       cuenta       que      únicamente      la      VÍCTIMA  o sujeto pasivo del delito, que  es  la  receptora  de las imputaciones, es quien puede acudir a la justicia para  la  formulación  de  la  querella  para  que  se  inicie  la investigación del  ilícito cometido.   

Como se puede observar se ha presentado una  querella,  que  en  verdad,  apenas  tiene  de  ésta,  el  nombre, por ser lisa y llanamente en una denuncia  (sic),  que  es  inaceptable,  para  la  especie  de  infracción  que  se  investigó,  y  por  lo tanto se ha  configurado  lo  que el Código de Procedimiento Penal, llama en su artículo 50  ilegitimidad    de    la    personería,  y que en el proceso civil podría denominarse más técnicamente  falta  de  legitimación  en  la  querella,  que  entraban o no permiten iniciar  investigación,  por  no  constituir una condición de procesabilidad, según el  artículo  29 del Código de  Procedimiento Penal.   

A  lo  anterior  debe  anotarse, en vía de  aclaración   de   conceptos   que   si  bien  es  cierto  que  la  querella basta formularse como cualquiera  denuncia  (sic),  también  lo  es  que  sólo podrá hacerlo quien tenga  derecho  a formularla (inciso 1°,  artículo  29  del  C.  de P.P.), y en este evento sub examine no se sabe a qué  título  o con qué capacidad  actuó  el señor VÍCTOR JOSÉ DEL BECHIO DÍAZ. Y refuerza esta afirmación el  hecho    de    que   dicho   señor   se   hace   aparecer   como   dueño  de  la residencia donde rompieron  los  vidrios,  sin  que  exista  en  el  dossier  o  expediente  la prueba     de     tal     calidad  (Certificación  de  Matrícula  Inmobiliaria).   

En  este  orden  de  ideas,  y  para  mayor  claridad,      debe      anotarse      también,     que     la     calidad  con que se actúa en la querella  o   petición   especial   debe   probarse  de  antemano, es decir, al momento de ponerse en conocimiento los  hechos,   deben   acompañarse   las   probanzas   ya   preconstituidas,  porque  si   así  no  sucede,  lo  lógico         es         rechazarlas,        por        la        ilegitimidad.  Un  secuestre por ejemplo,  que  desee  presentar  una  querella  por  razones  de  su  oficio o condición,  obviamente,  que  de  inmediato  debe  aportar  o  agregar  el  documento que lo  acredita   como   tal,   y   si   se   trata   de   una   persona   dueña    de   un   bien   inmueble,  que  quiera  hacer  valer esta  condición,    por    la    misma    razón,    debe  probar      el     dominio     o     propiedad    con    el    certificado de matrícula inmobiliaria.   

En  síntesis, no se sabe a ciencia cierta,  con  qué  derecho  presentó  querella el señor VÍCTOR JOSÉ DEL BECHIO DÍAZ  contra  el  joven JOSÉ DAVID DUMAR ZULETA, y por tanto, desde su inicio, debió  inadmitir  la querella, por  faltar  las  condiciones de  procesabilidad  de  que  se  ha  hablado.  En estas circunstancias se declarará  extinguida  la  acción  contravencional  y en consecuencia la cesación de todo  procedimiento,  por  razón  de  que la actuación no podía iniciarse y tampoco  proseguirse,      según      lo     manda     el     artículo     36   del   Código   de   Procedimiento  Penal.”   

4.       Esta       interpretación   la   reiteró   cuando  rindió  versión  libre  y  en indagatoria: al examinar el proceso llegado a su  conocimiento   en  segunda  instancia,  notó  que  la  actuación  carecía  de  acreditación  de  la legitimitidad del querellante porque, en tratándose de la  contravención    especial    de    daño    en    bien    ajeno,   únicamente  el sujeto pasivo, que en este  caso  –según su entender  por  haberse  presentado como propietario-, sólo era el dueño del inmueble que  sufrió  la  ruptura  del  vidrio  quien  podía  incentivar  el ejercicio de la  acción  penal,  calidad cuya ausencia  se convirtió en razón para que se  inclinara por cesar el procedimiento.   

        5.   La    Constitución  Política  establece   el   derecho   penal   de   acto  como principio rector (artículos 6,  28,  29,  86),  axiología  según  la  cual  el delito  es   ante   todo  conducta  o  comportamiento humano más la determinación legal  que  efectúa  la  ley penal, según el artículo artículo 9 cp-2000 y conocida  como  proceso  de  tipificación,  de  donde  se dice que delito es hacer humano  naturalistícamente  entendido y a la vez calificado, determinado y descrito con  elementos  normativos  propios  del orden jurídico que implican un desvalor, es  decir, que delito es algo ontológico con definición jurídica.   

        Así,  pues,  por  expresa  previsión  constitucional  y legal, la  conducta   junto   a   la  afectación  del  bien jurídico, son los dos pilares o elementos básicos de la  descripción  legal  (tipo),  estando  la  primera  necesariamente inserta en la  estructura  del  tipo  legal  que  la  prohíbe,  y  conformada  por unas partes  subjetiva   y  objetiva,  que  hacen  parte  del  tipo  penal.   

6.  Lo  subjetivo  o  elementos  síquicos, es el proceso ideativo de la  acción,  representación o motivación, que constituyen el proceso selectivo de  los  mecanismos  o  medios  y  la  voluntad  que  mueve al acto. Lo objetivo   es  la  exteriorización  del  comportamiento  que se proyecta con relación a bienes jurídicos que son objeto  de    tutela   penal,   bien   lesionándolos   o   colocándolos   en   peligro  efectivo.   

        Es  que  cuando  el  Legislador en ejercicio del poder punitivo del  Estado   para   salvaguardar   bienes   jurídicos   (artículos  2,  16  Const.  Pol.),    tipifica  un  comportamiento  como  delito,  lo  hace  con  la  finalidad  de  dirigirse a los  asociados  a  fin de que conociendo de antemano ese desvalor jurídico que se le  asigna   al   comportamiento    –conducta  prohibida  penalmente-,  los  ciudadanos  se abstengan de  realizarlo  y  dirijan su comportamiento en el mundo de relación conforme a las  exigencias  normativas,  lo que supone que el legislador se dirige a la conducta  real  de los asociados, esencialmente al proceso de motivación, a lo síquico o  subjetivo  de  las  personas  para que a partir de ese conocimiento enmarquen su  actuación.   

También  el legislador patrio acogió con  la  mejor  doctrina  contemporánea  que  el tipo penal  no  es  neutro  sino  que  lleva  valoración,  para  permitir   figuras   como   la  del  tipo  de  injusto  según   la   cual   para   que   el   acto  sea típico  debe            ser            antijurídico,    como   se   desprende  –entre  otros-  de  los  artículos  9 –tan  vinculado conceptualmente con el artículo 29 inc. 2 Superior-  y   el  32-10  inc.  1°  parte  segunda  del cp.   

7.  En  consecuencia, el cp-2000 indica en  los  artículos  21-25, especialmente, que los elementos subjetivos se ubican en  la    conducta   y,   por  consiguiente,  al  interior  del  tipo  legal,  razón  para  señalar entre sus  especies   la   dolosa,   culposa   o  preterintencional,  vale  decir,  que  el  conocimiento,  representación y voluntad son elementos propios del acto, y como  el   acto,  acción  o  conducta  es  el  núcleo  del  tipo,  deviene  en  consecuente inferencia que en los  delitos     dolosos,     el     dolo    hace  parte  de  la  estructura  típica,  como  lo  hace la ley al  definir  en  el  artículo  32-10  el  error de tipo, que se configura cuando el  actor  obra  desconociendo  (elemento  representativo) que en su hacer concurren  los  elementos  objetivos  del  tipo  o persuadido de que concurren presupuestos  fácticos de una causal de justificación.   

De  otra  manera:  el cp acoge un concepto  complejo  de  tipo integrado  básicamente       por       dos      sustratos   o   fases:   subjetiva   y  objetiva.  La  primera,  compuesta  a  la  vez por dolo,  culpa  o  preterintención  y en algunos tipos,  por los llamados elementos  anímicos  o teleológicos, especiales procesos de motivación o finalidades que  por  excepción  suelen incluirse en el tipo junto al dolo, caso de los móviles  bajos,  eróticos, la piedad, las finalidades de lucro o repercusión política,  etc.  Y  la  segunda, por la  parte  externa de la acción, la afectación al bien jurídico tutelado (lesión  o  peligro  de  lesión)  y  por  la  relación  jurídica que permite imputar o  atribuir el resultado a la conducta del autor.   

8.  Así  mismo, el estatuto penal de 2000  consagró  como causales de ausencia de responsabilidad  (artículo  32)  los  ya  tradicionales  errores    de   tipo   (num.10)   y   de  prohibición  (num.11),  la  primera clase en  su  especie clásica (“se obre con error invencible de que no  concurre  en  su  conducta  un hecho constitutivo de la descripción típica”)  más  “de  que  concurren los presupuestos objetivos de una causal que excluya  la    responsabilidad”,    errada    representación    sobre   lo   material,  fenomenológico  o fáctico de las causas de justificación, verbi gratia, en la  legítima  defensa,  yerro  en  el  acto de agresión, que otrora configuraba la  defensa  putativa,  error  de  prohibición  o sobre el elemento antijuridicidad  (artículo  40-3  cp-80),  que  no  es  sobre  lo  normativo  o jurídico de esa  institución (articulo 32-11 cp-2000).   

9. Esos yerros pueden clasificarse también  en  los rangos de invencibles y vencibles, con consecuencias jurídicas diversas  porque   en  el  error  de  tipo  vencible,  la conducta se pena si la ley la registra como culposa, mientras  que  en  el  error de prohibición vencible,  se castiga con una mitigación punitiva de la mitad.     

10.  El  error de  tipo  invencible  es la errada interpretación que no  le  era  exigible  al  autor  superar,  o  en otros términos, que  ni aún  actuando   en   forma  diligente  y  cuidadosa  habría  podido  llegar  a  otra  conclusión,   esto   es,  que  el  error  invencible  no  depende  de  culpa  o  negligencia.  Y, el error de tipo vencible es  aquella falsa representación que el autor había podido evitar  o  superar  si hubiere podido colocar el esfuerzo, el ejercicio representativo a  su  alcance  y  que  le era exigible, es decir, el error que le era dado superar  atendiendo   a   las   condiciones   de   conocimiento,   oportunidad  y  demás  circunstancias temporo-espaciales que rodearon el hecho.   

11.  El  tipo  de  lo  injusto  de  la  prevaricación  en  su fase  subjetiva  es  esencialmente  doloso y además reclama en su descripción que la  providencia,      en     este     caso     judicial,     sea     “manifiestamente  contraria a la ley”, lo  cual  implica que el autor tenga la representación efectiva y actual (artículo  22 cp) de la contrariedad de la decisión con la ley.   

        12.   Se   imputa   al   doctor   BURGOS    como  acción  punible  el  haber  revocado una  sentencia  de  condena para en su lugar cesar procedimiento con el argumento que  la   acción   penal  no  podía  haberse  iniciado  ni  proseguirse  porque  la  infracción  exigía  querella de parte legitimada, la cual a su juicio y debido  a   que  se  trataba  de  daño  en  propiedad  inmueble,  requería  la  prueba  correspondiente   y   se   acreditara   el   dominio   del   bien.  Entendió, pues, que esa prueba no podía  ser  otra  que la escritura pública a través de la cual se celebró el negocio  de  compraventa correspondiente y, principalmente, el certificado de tradición,  como  así  lo  establecían  las  leyes  civiles,  de  lo  cual  dedujo  que no  habiéndose  aportado  en  su  momento por el quejoso esa prueba del dominio del  inmueble    objeto   del   daño,   no   se   había   demostrado  la  calidad  de  querellante  legítimo,  situación  que determinaba,  según  las  leyes vigentes del procedimiento penal, que la acción no podía iniciarse.   

13.  Se  evidencia  que  el juez BURGOS se  motivó  en la convicción y  representación  de  que la acción penal no podía iniciarse por la ausencia de  prueba  solemne,  de  donde  se  colige  en  el  sustrato  representativo  de su  comportamiento   la   ausencia  de  dolo  porque  no  obró  con  la  representación  de  que en su conducta  concurrían   los   elementos   que   hacían  de  la  sentencia  una  decisión  manifiestamente  ilegal  y,  muy  por  el  contrario, obró persuadido de que su  determinación  era  adecuada  a  la ley ante la certeza de que la única prueba  que  legitimaba al querellante era la prueba por él extrañada, configurándose  así   en   su   actuar   la  contrapartida  del  dolo  llamada   error  de  tipo  pues si el dolo es, según las voces del artículo 22  cp,  el  actuar  con  el  conocimiento  de  la concurrencia de los elementos que  constituyen  la  descripción  típica  respectiva  y querer su realización, el  error  de tipo es precisamente -en su primera modalidad-, actuar desconociendo o  no  representándose  por  error invencible de la concurrencia en su conducta de  esos elementos.   

En  el  error de  tipo  si bien el autor obra voluntariamente, no se ha  representado,  por ejemplo, que el documento que entrega a otro es falso, que la  persona  con  la cual realiza acceso carnal es consanguínea, la cosa es ajena o  que  la  resolución  que  dicta  es contraria a la ley, en una palabra, en esta  forma  de  error  el autor desconoce que su comportamiento se subsume en un tipo  penal.   

14.  De  la misma manera, aparece evidente  que  el  juez  no  solo  obró al exagerar en la exigencia de esos requisitos de  procedibilidad,   en   la   falsa   creencia  sobre  la  legalidad  de  su   determinación  sino  que además el error le   resultaba   invencible  si  se  tiene  en cuenta que las normas de la ley civil (artículos  756  y  1857  Código  Civil)  requerían  para probar la calidad de propietario  de    prueba   solemne,   como  además  lo  demandan  algunos  importantes  doctrinantes  nacionales.  La  subjetividad  de  su  representación  lo llevó a la convicción de que obraba  conforme  a las exigencias de la ley civil que debía ser aplicada como elemento  de  reenvío  al  interior  del  proceso penal, lo cual conlleva la ausencia   de   dolo   por  error   de   tipo   y   la   consecuente  atipicidad   subjetiva de su conducta.   

15.  Y  si, finalmente, se estimara que el  error   de   tipo  en  que  incurrió      el      doctor      BURGOS      BURGOS      fue      vencible,      como      no hay tipicidad  culposa  de  esta  especie  delictiva,  su  conducta  también   por   esta   variable   resulta   intrascendente   para   el  derecho  penal.   

A mérito de lo  expuesto,   la   Corte   Suprema  de  Justicia,  en  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República  y  por  autoridad de la  ley,    

RESUELVE:   

1°.-         REVOCAR  en todas sus partes la sentencia  condenatoria  proferida  el 27 de febrero de 2004 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Montería,  y  en  su lugar, ABSOLVER   al  doctor  ALBERTO  CAYETANO  BURGOS  BURGOS  de  los  cargos  que  le  fueron  formulados  por  el  delito de  prevaricato  por  acción,  supuestamente  cometido en el ejercicio del cargo de  Juez  Penal  del  Circuito  de Sahagún, por atipicidad  subjetiva.   

2°.-  Devolver  el expediente al lugar de  origen.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Cópiese,   notifíquese   y  cúmplase.   

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO         ESPINOSA  PÉREZ                      HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                       ÉDGAR                     LOMBANA  TRUJILLO                      

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN         JORGE                         LUIS                         QUINTERO  MILANÉS            

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS                           MAURO SOLARTE PORTILLA   

      Adición de  voto                                                                        Aclaración de voto   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

ADICIÓN DE VOTO  

         Auspiciado   para   que   ampliara   el   espectro  de  fundamentos  dogmáticos  que  soportaran la absolución  del  juez  BURGOS  BURGOS,  emprendí la tarea proponiendo varias  alternativas   de   solución  al  importante  caso  debatido,  la  primera   de   las   cuales   sólo  fue  deficitariamente  respaldada por la Sala pero que quiero hacer trascender, y que  decía así:   

        1.          La          dogmática  jurídico-penal,  que  involucra  los  principios  a  través  de los cuales se construyen las teorías de la pena y del delito, y sus  derivaciones  sistemáticas  en el derecho penal, necesariamente tiene que estar  irradiada    por    el   acervo   valoral  de la Constitución Política como su fuente inspiradora, en cuyo  contexto     se     intercalan     -entre    varios-    los    valores  de  justicia   material  y  orden     justo,     el    principio    fundante   del  Estado  de  la  dignidad  humana,  el  principio-presunción  de  la buena fe en  el   actuar   de   las   personas   y   los   derechos  fundamentales    del   servidor   judicial   a   la  independencia  y  a  la  autonomía  (artículos  228 y 230 Const. Pol.), que ha  propiciado   la  llamada  teoría  constitucional  del  delito  y  a  que el juez sea protagonista del avance  dialéctico    de    ser    considerado    apenas    como   la   “boca de la ley” en la primera etapa del  Estado       de      Derecho      –Liberal-,   para   convertirse   en   la  voz  de  la  ley  y  en  la  conciencia  del  Derecho en  estas        fases        avanzadas        del        Estado        Constitucional  de  Derecho,  marcándose  además  una  clara  diferencia  entre  quien  hace  la  ley  y  quien  la  dice  aquilatándola a criterios de justicia material.   

        2.  En  consecuencia, no puede ser siquiera típica la decisión    judicial    sostenida   en  hermenéutica   razonable   y   racional,   al   fin  y  al  cabo  la  fuente  de  legitimación  de  la  Administración  de Justicia y  principal   amparo   del   juez   en  su  importante  función  de  intérprete  de  la  ley y de la sociedad  que   espera  de  él  decisiones  justas  desde  luego  que  soportadas  en  la  ley1,   garantías   que  serán  más  resplandecientes  en  sedes  de  trámites verbales y céleres.   

3.       La       interpretación  de la norma que regulaba  la  figura  aplicada,  tiene las características anunciadas porque el artículo  237   del   cpp   dispone  que:   

Los elementos constitutivos de la conducta  punible,  la  responsabilidad del procesado, las causales de agravación  y  atenuación  punitiva,  las que excluyen  la responsabilidad, la naturaleza  y   cuantía   de  los  perjuicios,  podrán  demostrarse  con  cualquier  medio  probatorio,   a   menos   que  la  ley  exija  prueba  especial,    respetando    siempre   los   derechos  fundamentales,   

mientras  que  el  artículo  1857  del  Código  Civil,  norma  que se  aplica   por   integración  (artículo   25   cpp-2004),  al  referirse  a  los  presupuestos  esenciales  y  solemnidad legal del contrato de venta, dice:   

“La venta se reputa  perfecta desde  que  las  partes  han convenido en la cosa y en el precio, salvo las excepciones  siguientes:   

La   venta   de  los  bienes  raíces  y  servidumbres  y la de una sucesión hereditaria, no se reputan perfectas ante la  ley,   mientras   no   se   ha   otorgado   escritura  pública…”,   

aspectos que complementa la jurisprudencia  al  señalar que “en compraventa de inmuebles la solemnidad se caracteriza por  ser  ad substantian actus y  ad               probationen”2,  a  la  vez que el artículo  756  de  la  misma Obra, al  regular la tradición de inmuebles, preceptúa:   

“Se efectuará la tradición del dominio  de  los  bienes raíces por la inscripción   del   título   en   la  oficina  de  registro  de  instrumentos  públicos”.   

        Esto   es:   que  para  efectos   de  probar  la  propiedad  de  inmuebles  la  ley  exige  escritura  pública lo mismo  que    para   demostrar   la   tradición  del  dominio  de  bienes  raíces  se  requiere  el  certificado  correspondiente  expedido en  la  oficina  mencionada,  prueba  especial  que también exige  la doctrina para demostrar, por ejemplo,  el  parentesco como circunstancia agravante de la conducta punible de homicidio:   

Por  su  parte,  PEDRO  PACHECO  OSORIO,  sostiene   que   para   acreditar   el   vínculo   no  valen,  pues,  la  confesión  del acusado ni pruebas  diversas  de  las  enumeradas   en los arts. 253 y 262, numeral 3 del C. de  P.C.,  en consonancia con lo dispuesto  por los arts. 101 y 105 del decreto  1260  de  19703.   

        4.   No   es   posible   entonces   quejarse  porque  el  ejercicio  hermenéutico  que  hizo  el  juez BURGOS BURGOS frente a las normas citadas, en  ese  amplio marco conceptual que le difería la Constitución Política y la Ley  para  el  ejercicio  democrático  y  la credibilidad social de su actividad, no  resulte  atendible  y  razonable, predicado que además otorga  confianza y  fiabilidad  al trabajador de la justicia en procura de las garantías esenciales  citadas, y hace atípica objetivamente su actuación.   

Atentamente,  

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

Magistrado  

Fecha     ut     supra.   

    

1 CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, Única  No. 16.955, nov. 24 de 2004, M. P., Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS.   

2 CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Cas.  feb. 27/78.   

3  JESÚS    ORLANDO   GÓMEZ   LÓPEZ,   El  homicidio,  T.  I.,  Bogotá,  Edit.  Temis, 1993, pág. 307.     

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