22295(09-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22295  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 49   

          Bogotá D.C., nueve de junio de dos mil cuatro.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Corte  en  relación  con el aspecto formal de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   ANGÉLICA  HENRÍQUEZ  QUINTERO  contra la  sentencia  de  segundo  grado del 15 de octubre de 2003, por cuyo  medio el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  confirmó  la  condena de 13 años y 6 meses de  prisión  que  el  Juzgado  30  Penal  del  Circuito de la ciudad le impuso a la  procesada  en  fallo  del  2 de julio del mismo año al hallarla responsable, en  calidad  de  coautora,  de  las  conductas  punibles de homicidio simple y porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal, en concurso.   LA  DEMANDA   

          Tres  cargos formula el censor contra la sentencia recurrida en sede  extraordinaria  de  casación,  el primero como principal al amparo de la causal  tercera,  por  estimar  que  el  fallo atacado se profirió en juicio viciado de  nulidad;  y  los  dos  restantes  en  forma subsidiaria al auspicio de la causal  primera,  por  violación  indirecta de la ley sustancial, el segundo como error  de  hecho  por falso juicio de existencia, y el tercero por error de derecho por  falso juicio de legalidad.   

             

         Primer cargo.   

          Con  fundamento en el Art. 306-2 del C. de P. Penal, el censor acusa  de  ilegal  la  diligencia  de  allanamiento  y registro llevada a efecto por el  funcionario  instructor en la residencia de la acusada, irregularidad sustancial  que  en  su  sentir  afecta  el  debido  proceso por no haberse cumplido con los  requisitos  ni  con  los fines estipulados para el efecto en los Arts. 294, 296,  314 y 319 ibidem.   

          En  desarrollo  del  cargo  sostiene  el actor que, contrariamente a  como  lo mal interpretó la Fiscalía y erróneamente lo valoró el Tribunal, en  el  proceso  no  existe  prueba  de  que  dos  de  los intervinientes en el acto  delictivo  hubiesen  dado  a  conocer en sus descargos el nombre y la dirección  del  domicilio  de  la  mujer  que los acompañó en la ejecución del reato, en  este  caso  la  procesada,  como para tener por demostrada la afirmación que en  tal  sentido plasmó el funcionario instructor en la Resolución por medio de la  cual  ordenó  la práctica de la aludida diligencia de allanamiento, puesto que  uno   de   ellos   simplemente   hizo   referencia  a  una  tal  “María”      o      “María  Angélica”, de quien expresamente  dijo  desconocer  su  lugar  de  residencia  y  número  telefónico,  mas  no a  ANGÉLICA   HENRÍQUEZ;  en  tanto que el otro, ninguna información suministró al respecto.   

          Del  mismo modo, desconoce el Tribunal el hecho de que al agente que  suscribe  el  informe  mediante  el  cual se puso a disposición de la autoridad  competente  a  los  menores  hijos  de  la  procesada  después de practicada la  diligencia  de  allanamiento,  jamás  se  le  recibió  testimonio  para que se  ratificara  de  lo  que  dio  cuenta  en  el  correspondiente  oficio, y además  explicara  de  qué manera obtuvo la información pertinente, las circunstancias  en  que  ello  se  produjo,  cuál fue su fuente, etc. -labores de verificación  previa-,  actuación procesal que conforme a lo reglado en el Art. 314 del C. de  P.  Penal,  era  necesario  realizar  antes  de  su judicialización, para darle  validez  a  la  determinación  por  cuyo  medio  se  dispuso  el allanamiento y  registro del domicilio de la justiciable.    

          Así   las   cosas,   como   no   se  estuvo  en  presencia  de  los  “serios  motivos”  a los  que  alude  la  ley procesal penal -Art. 294- que tornan viable la práctica del  allanamiento,  dicha  diligencia  deviene  ilegal en cuanto no se cumplieron con  los  presupuestos  de  validez  que  la hacían procedente, como quiera que para  efecto  de  su aprehensión era requisito indispensable que la acusada estuviera  plenamente  identificada,  pues  no  se  trataba de un caso de flagrancia, ni de  captura  públicamente  requerida.  En  ausencia  de  estas  circunstancias,  la  diligencia  dicha se practicó irregularmente y por consiguiente ninguna validez  tiene, repite el actor.   

          Otro  tanto  ocurre  con  el  acta  atinente a la realización de la  susodicha  diligencia,  pues a efecto de propender por el respeto a la garantía  de  inviolabilidad  del  domicilio,  la  ley  exige que todo cuanto ocurra en su  desarrollo  debe quedar allí consignado. No obstante tal preceptiva, si bien se  dio  cuenta  de  la  incautación  de  un  carné estudiantil, un pasaporte y un  certificado  de  seguro  de  vida  de  Davivienda,  lo cierto es que mientras en  relación  con  los dos primeros documentos se describieron sus características  y  se  dejó constancia de que pertenecían a la procesada, respecto del último  nada se dijo, falencia esta que torna irregular la mencionada acta.   

          Todo  ese  cúmulo  de  irregularidades  son  violatorias del debido  proceso  en  cuanto se inobservaron las preceptivas contenidas en los Arts. 2º,  28  y 29 de la Carta Política, como quiera que se obtuvo una prueba ilegalmente  al  registrarse el domicilio de la procesada y capturársele sin el cumplimiento  de  las  formalidades legales con menoscabo de su dignidad humana y el principio  de presunción de inocencia -Arts. 1º, 3º y 9º del C. de P. P.-   

Esos  vicios, comprometen toda la actuación  posterior,  asegura  el  casacionista, lo cual permite afirmar sin lugar a dudas  que  la consecuente declaratoria de nulidad deja si caudal probatorio al proceso  y,   como   se   trata  de  irregularidades  insubsanables,  la  correspondiente  invalidación  cobijaría  lo  actuado  desde  el  momento en que se expidió la  orden de allanamiento, inclusive.   

Segundo       cargo.   

Violación indirecta de la ley sustancial por  error  de hecho por falso juicio de existencia originado en la suposición de la  prueba  indiciaria  de  responsabilidad, derivada, según el sentenciador, en la  información  contenida  en  el  oficio suscrito por quien dirigió el operativo  por  cuyo  medio  se le dio captura a la acusada, TE. Harold Herrera Herrera, es  el sustento de este reparo.   

Con  el  mentado  oficio, aduce el censor en  desarrollo  del  reproche,  se  pusieron  a  disposición  de las autoridades de  menores  a  los pequeños hijos de ANGÉLICA HENRÍQUEZ  QUINTERO,  y  además  se  informó que la citada dama  “está  involucrada  en un homicidio en momentos que  pretendían  cometer  un  hurto  a  un  apartamento”.   

Con  dicha  afirmación, el Tribunal dio por  probado  el  indicio  de  responsabilidad  que  pesa  sobre  la justiciable, sin  reparar  en  la  regla  contenida  en  el Art. 314 del C. de P. Penal acerca del  valor  establecido  para  esas labores previas de investigación adelantadas por  la   Policía   Judicial,   informaciones   que   sólo  sirven  como  criterios  orientadores  de  la  instrucción,  sin  que  quepa asignárseles categoría de  testimonios  o  de  indicios.  Si es la propia ley la que no les confiere a esos  elementos   valor   alguno  de  prueba,  ello  impide  su  estimación  por  ser  inexistentes como tal.    

De  un  hecho  inexistente  -la  afirmación  contenida  en  el  susodicho  oficio-, no se puede arribar a conclusión lógica  alguna,  prosigue  el  libelista, menos a la inventada por el Tribunal acerca de  que  la  “Angélica” a la  que  se  refirió  Henry  Oswaldo  Barreto  en  su  indagatoria,  fuera la misma  ANGÉLICA HENRÍQUEZ la aquí  procesada,  situación  que  aunada  a  la  supuesta existencia de su dirección  domiciliaria  en  las  diligencias,  conllevó  a la prédica de la presencia de  factores  coincidentes sobre el punto. Además, de esta última información, el  juzgador  teniendo  por probado otro hecho inexistente, tras una “inferencia   personal   y   subjetiva”,  arribó  a  una segunda conclusión, que el sitio cuya dirección suministró la  Policía,  era  el  lugar  de  reunión  del grupo que intervino en el homicidio  investigado,  sitio  en  el cual, igualmente, guardaban los elementos utilizados  para cometer actos delictivos.   

Con  fundamento  en  la  prueba  indiciaria  denunciada  por  inexistente,  junto  con  otro  indicio  nacido  de  la  prueba  recaudada   en  la  diligencia  de  allanamiento  y  registro  -incautación  de  documentos-,  el  Tribunal  dedujo  responsabilidad  a la acusada y confirmó la  sentencia  de  primer grado, yerro cuya trascendencia se manifiesta precisamente  en la inexistencia de bases suficientes para edificar una condena.   

Como preceptos infringidos señala el censor  los  Arts.  232, 237, 284 a 287, 314 y 333 del C. de P. Penal, y 12, 22, 29, 103  y 365 del C. Penal.   

Casar  la  sentencia recurrida y en su lugar  absolver  de  los  cargos  por  los  cuales  fue  condenada  su  asistida, es la  petición que el casacionista le formula a la Corte.   

                

Tercer        cargo.   

          Violación  indirecta  de  la  ley sustancial por haber incurrido el  Tribunal  en  manifiesto  y  ostensible  error  de  derecho  por falso juicio de  legalidad,  “por  tener  como  legal  y válidamente  incorporada  la  prueba  documental recaudada en la diligencia de allanamiento y  registro   del   inmueble  donde  residía  ANGÉLICA  HENRIQUEZ  y  de  deducir  responsabilidad   de   la  información  contenida  en  uno  de  los  documentos  incautados”,   es  el  fundamento  de  la  presente  censura.   

          En  desarrollo  del  reparo sostiene el demandante que si bien en el  acta  contentiva  de  la  diligencia  de  allanamiento  y  registro realizada al  habitáculo    de   ANGÉLICA   HENRÍQUEZ   QUINTERO  se relacionaron unos documentos objeto de incautación  por  interesar  a los fines de la investigación, solamente se identificaron dos  de  ellos, el pasaporte y el carné estudiantil que estaban a nombre de la antes  nombrada,   no  así  el  tercero  que  dice  relación  con  una  solicitud  de  certificado  individual  de seguro de vida de Davivienda que, posteriormente, ya  en  el  transcurso  de  la averiguación, se descubrió pertenecía a Rosa Aydé  Ravelo,  esposa  del  también  procesado Henry Oswaldo Barreto Garzón. De esta  circunstancia   el   juzgador   dedujo   como   indicio  de  responsabilidad  el  conocimiento   habido  entre  la  HENRÍQUEZ  QUINTERO  y      Barreto  Garzón, restándole importancia a la ilegal incorporación  a  los  autos de aquella prueba con el argumento de que el referido documento no  fue  anexado  de manera aislada al proceso, sino conjuntamente con los otros dos  decomisados  en  el  acto  aludido.   Al  procederse  de una tal manera, se  desatendieron  las  reglas que para el efecto establece el Art. 296 del C. de P.  Penal,   como   quiera   que   dicho   documento   se  incautó  “sin  identificarse  debidamente  y sin describirse ni aún de manera  general        sus        características        o       contenido.”   

          El  yerro  del sentenciador en este caso deviene trascendente, en la  medida  en  que  el  indicio  que  de  aquel  hecho  estructuró, a la postre se  convirtió  en  soporte de la condena atacada, error que de no haberse incurrido  en  él hubiera dado lugar a proferir un fallo absolutorio, puesto que los otros  medios  carecen  de  fortaleza para producir certeza sobre la responsabilidad de  la acusada.   

          Como  preceptos  infringidos  denuncia el actor los Arts. 232, 235 y  296  de  la Ley 600 de 2000, 12, 22, 29, 103 y 365 de la Ley 599 del mismo año,  así como el Art. 29 de la Carta Política.   

          Casar  la sentencia impugna y en su lugar proferir la que en derecho  corresponda,   es   la   petición  que  finalmente  el  censor  le  hace  a  la  sala.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

            

1.  Ilegal  aducción  de  la  diligencia de  allanamiento  y  registro  llevada  a  cabo  en  la  vivienda  de  la  procesada  ANGÉLICA HENRÍQUEZ QUINTERO  por  no  haberse  cumplido  con  los  requisitos  que condicionan su validez, ni  haberse  realizado para los fines estipulados en el precepto que la regula, así  como  la  del  acta contentiva de la prueba recaudada en desarrollo de la misma,  es  el fundamento de esta primera censura que el demandante formula al amparo de  la  causal  tercera de casación, en el entendido de que esas irregularidades de  carácter sustancial son violatorias del debido proceso.   

En   eventos  como  el  planteado  por  el  libelista,  tiene dicho la Corte que el juicio de legalidad respecto del proceso  de  formación  de  la  prueba,  dice  relación  con las normas que regulan sus  propios  ritos  de  formación y la manera legítima de incorporarla al proceso,  es  decir,  con el principio de legalidad en materia probatoria y la observancia  de los presupuestos y formalidades exigidos para cada medio.   

Cuando  se  alega la ilegal aducción de una  prueba  al  proceso  y como tal es objeto de estimación por parte del juzgador,  los  vicios  que  en  un  momento  determinado  puedan  afectar  su  validez  no  trascienden  a  la  estructura  del proceso, ni las irregularidades cometidas en  desarrollo  de  su  práctica  se  comunican  a la actuación procesal.  Su  sanción  es  la  inexistencia jurídica, lo cual conlleva a que al sentenciador  no  le  sea  posible  tenerlo  en  cuenta  para  su  estimación,  por lo que su  postulación,   acorde   con  la  técnica  casacional,  no  puede  hacerse  con  fundamento  en  la  causal tercera sino en la primera, cuerpo segundo, por error  de derecho por falso juicio de legalidad.   

La  incorrecta  selección de la causal para  denunciar el vicio, da al traste con la aspiración del demandante.   

2. Al amparo de la causal primera, el censor  denuncia  subsidiariamente la violación indirecta de la ley sustancial merced a  la  incursión  del  juzgador en errores de apreciación probatoria, traducidos,  en  su  orden,  en  error de hecho por falso juicio de existencia derivado de la  “suposición    de   la   prueba   indiciaria   de  responsabilidad” contenida en el informe rendido por  uno  de los miembros de la Policía Metropolitana de Bogotá que intervino en el  operativo  de captura de la procesada -cargo segundo-, y en error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  dada  la  irregular aducción de prueba documental  incautada  en  desarrollo de la diligencia de allanamiento y registro practicada  a  la  residencia  de  la  acusada, y de la cual también dedujo como indicio de  responsabilidad  el  conocimiento  existente entre ésta y uno de los procesados  que  ya  había  sido  vinculado a la investigación mediante indagatoria -cargo  tercero-.   

Pues   bien,   cuando   del  ataque  a  la  apreciación  de  la prueba indiciaria se trata, la jurisprudencia de esta Corte  reiterativamente  viene  sosteniendo en el desarrollo y demostración del cargo,  el  censor  debe  especificar  si  la  equivocación se cometió respecto de los  medios  demostrativos  de los hechos indicadores, la inferencia lógica, o en el  proceso  de  valoración  conjunta  al apreciar su articulación, convergencia y  concordancia,     para     llegar     el     juzgador    a    una    conclusión  equivocada.      

Tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, que  si  el  error  radica  en  la  apreciación  del hecho indicador, dado que éste  necesariamente  ha  de  acreditarse  con  otro medio de prueba de los legalmente  establecidos,  necesario resulta postular si el yerro cometido fue de hecho -por  haberse   supuesto   un   medio  inexistente,  omitido  apreciar  uno  existente  válidamente   en   la   actuación,  o  distorsionado  su  expresión  fáctica  haciéndole  producir  efectos que objetivamente no se coligen de su contexto, o  porque  en  su  valoración  se  inobservaron  las  reglas que gobiernan la sana  crítica-;  o  de derecho -por haberse apreciado como prueba del hecho indicador  un  medio  aducido  irregularmente  al  proceso,  o  asignado mérito persuasivo  distinto de aquél prefijado en la ley-.   

Y,  si  el  error  de  hecho  se ubica en el  proceso  de  inferencia  lógica,  ello  supone partir de aceptar la validez del  medio  con  el cual se acredita el hecho indicador, y demostrar al tiempo que el  juzgador  en  la  labor  de asignación del mérito persuasivo se apartó de las  leyes  de  la  ciencia,  los  principios  de  la  lógica  o  las  reglas  de la  experiencia y el sentido común.   

Empero, además, lo ha repetido la Corte, que  dada  la naturaleza de este medio de prueba, si el yerro se presenta  en la  labor  de  análisis  de  la  convergencia  y  congruencia  entre  los distintos  indicios,  y de estos con los demás medios, o al asignar la fuerza demostrativa  en  su  valoración conjunta, ello no puede dejarse de precisar en la demanda, y  acreditar  que la apreciación probatoria que se propone en su reemplazo permite  llegar  a conclusión diversa de aquella a la arribada por el sentenciador, pues  no  trata  el  recurso de dar lugar a anteponer el particular punto de vista del  actor  al  del  fallador,  ya  que en dicha eventualidad primará siempre éste,  puesto  que  la  sentencia  arriba  a  la sede extraordinaria ungida de la doble  presunción   de  acierto  y  legalidad,  correspondiéndole  por  lo  tanto  al  demandante desvirtuarlo.     

       

De ahí que a efecto de demostrar el tipo de  error  cometido en la apreciación de la prueba indiciaria, el casacionista debe  indicar  en  los claros y precisos términos fijados por el Art. 212-3 del C. de  P.  Penal,  en  qué  momento  de  la  construcción  se produce, si en el hecho  indicador,  o  si  en  la  inferencia  por  violación  de las reglas de la sana  crítica,  para  lo  cual  ha  de  señalar  qué  en  concreto  dice  el  medio  demostrativo  del hecho indicador, cómo hizo la inferencia el juzgador, en qué  consistió  el  yerro,  y  qué  trascendencia  tuvo  éste  por la repercusión  definitiva en la parte resolutiva del fallo.   

Nada de lo precisado con antelación realiza  el  censor  en  relación  con  los  dos  cargos  subsidiarios  postulados en su  demanda,  como  no sea el ataque que indistintamente realiza sobre lo que, si el  principio  de  limitación  lo  permitiera,  podría pensarse se trata del hecho  soporte del hecho indicador, y la inferencia.   

De   ese   jaez,   por  ejemplo,  son  las  afirmaciones  hechas  en el segundo cargo en cuanto a que para dar por existente  el  hecho  indicado  -la  coautoría  de  la  procesada  en  los acontecimientos  investigados-,  “parte  el  Tribunal  de  tener como  premisa  menor  del mismo indicio, de suponer la existencia del hecho indicante:  de  que tal información fue suministrada a los agentes de la SIJIN por parte de  los    capturados.”    O    que,   “A  su vez, con base en este hecho inexistente y tomado como indicio,  ‘lo   toma  como  hecho  indicador  de  que  la  ANGÉLICA  a  que se refería HENRY OSWALDO BARRETO, era  ANGÉLICA    HENRÍQUEZ,    cuya    dirección    era    la    anotada   en   la  providencia’  (…)”  O,  del  mismo  modo,  su  referencia  a que  “Con  base  en este mismo hecho inexistente y tomado  como  hecho indicante o premisa menor, construye otro indicio consistente en que  en   el   apartamento  cuya  dirección  se  suministró  por  la  policía  era  ‘el  lugar se reunía con  los  otros integrantes del grupo que intervinieron en el homicidio investigado y  sitio   donde   se   guardan   los   elementos   utilizados   para   los   actos  delictivos’  (…)”, para rematar sosteniendo que el Tribunal dio  por   probado   otro   hecho  inexistente  “con  una  inferencia personal y subjetiva.”   

O, como de la misma forma asevera en el cargo  tercero:  “Al aducirse al proceso de manera irregular  el  mencionado  documento y al tenerse como indicio en contra de mi defendida el  hecho  que  apareciera  a  nombre  de  la esposa del sindicado, es ostensible el  error  y  su  manifestación  que cobra trascendencia porque es una de las bases  indiciarias     para     confirmar     el    fallo    de    condena.”   

Así  las  cosas,  porque  el rigor técnico  está  ausente  del  libelo  que  apenas se ofrece como alegatos propios de unas  instancias  ya  superadas opuestos al criterio del juzgador, deviene inepto para  los  fines  de  la  casación,  razón suficiente para inadmitirlo y declarar la  consiguiente deserción del recurso interpuesto.    

En  mérito a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE  

        INADMITIR  la  demanda  de  casación presentada a nombre de ANGÉLICA  HENRÍQUEZ  QUINTERO por su defensor. En consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso,  conforme a las motivaciones plasmadas en el  cuerpo de este proveído.     

Contra este auto no procede recurso alguno,  en  virtud  a  lo  dispuesto  en  los Arts. 213 y 187, inc. 2º de la Ley 600 de  2000.   

               

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                  ÁLVARO   ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO  DE  BARÓN                    JORGE   LUIS   QUINTERO  MILANÉS   

                   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                      MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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