22239(09-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 22239  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE    ANÍBAL    GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta n.° 49   

Bogotá,  D.C.,  nueve  de  junio de dos mil  cuatro   

VISTOS  

La  Corte  evalúa  la  demanda de casación  presentada  en  nombre  del  procesado  CECILIO  BONILLA, contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Bogotá  el 16 de octubre de 2003, que confirmó la pena de 36 meses de prisión  que  como  autor  responsable  del  delito  de  falsedad  material  en documento  público  agravada  por  el  uso,  le impuso el Juzgado 26 Penal del Circuito de  esta  ciudad  mediante  fallo  del  16  de  julio del citado año, con el fin de  establecer  si  reúne los requisitos señalados en el artículo 212 del Código  de Procedimiento Penal.   

LA  DEMANDA   

Primer  cargo   

Con base en el artículo  207-3  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  censor acusa la sentencia de  segunda  instancia  de  haberse  proferido  dentro  de  un  proceso  viciado  de  nulidad.   

Para   el  efecto,  cita  parcialmente  el  contenido  del  artículo  396  del Código de Procedimiento Penal de 2000, para  sostener  que  la  resolución  de  acusación  se le notificó de modo personal  sólo  al  procesado que estaba en detención domiciliaria y al agente del   Ministerio  Público,  pero  que a él, que por esa época también fungía como  defensor, apenas se le envió un telegrama que no recibió.   

De  conformidad con la disposición en cita,  sostiene   el   libelista,   pasados  ocho  días  después  del  envío  de  la  comunicación  sin que hubiera comparecido, se debió designarle al procesado un  defensor  de  oficio  para  notificarle la providencia, pero lo que ocurrió fue  que  se  declaró  la ejecutoria  de la resolución sin que se designara el  abogado. Por este motivo la nulidad debe prosperar.   

Segundo  cargo   

Está  propuesto con fundamento en la causal  primera,  cuerpo  segundo, del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal,  por quebranto indirecto de la ley sustancial.   

El tribunal incurrió en un error de derecho  al  ratificar  el  contenido del dictamen grafotécnico y de esa manera darle un  alcance   que   no   tiene,  pues  de  acuerdo  con  la  sana  crítica  resulta  contradictorio   “que  en  determinados  rasgos  las  muestras  manuescriturales  (sic)  que  se  le tomaron a Cecilio Bonilla en unas  partes  no  coincidieran  con  la  documentación  apócrifa; pero en otras sí;  precisamente      con     la     firma     de     Valverde     Solis.”   

De ahí surge que la presunción de inocencia  prevalece     a     favor     del     reo     y    aparece    un    ‘falso         juicio         de  identificación’   por  dársele un alcance suasorio que no tiene al elemento de prueba.   

También  incurre  el  tribunal  en error de  hecho  cuando  sostiene  que  por  ser  el  procesado  un  abogado no es posible  descartar  su  actuación  maliciosa,  pues  admitir  lo  contrario  llevaría a  concluir  que  a  los profesionales que se desempeñen en su respectivo campo no  se les puede atribuir la ejecución de conductas indebidas.   

Esas  apreciaciones las hizo el tribunal por  ignorar  prueba  documental,  que constituye contra indicios demostrativos de la  inocencia  del procesado, ya que son confirmatorios de las explicaciones que dio  en  su indagatoria. Por eso, la valoración probatoria no se podía limitar a la  prueba técnica.   

Esa  presunción   no  puede  servir de  soporte  a  la  sentencia,  porque  de  conformidad  con  el  artículo 83 de la  Constitución  se  debe  partir  de  la  buena fe; cuando se asegura que todo el  mundo  puede  delinquir, se contraviene ese principio, con desconocimiento de la  presunción   de   inocencia  y  de  las  garantías  consagradas  en  la  Carta  Política.   

Con  la falencia se vulneraron, por indebida  aplicación,  los artículos 220 y 22 del Código Penal, 83 de la Constitución,  6º,  232,  238,  306-3,  del Código de Procedimiento Penal y el Decreto 196 de  1971.   

Culmina solicitando que, si el recurso reúne  los  requisitos  legales,  se profiera sentencia de conformidad con el artículo  217 de la Ley 600 de 2000.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  demanda  de  casación  no  satisface la  plenitud  de  las  exigencias  señaladas  en  el  artículo  212 del Código de  Procedimiento Penal.   

1.  En  cuanto  al  reparo  por  la presunta  irregularidad  denunciada  por  el  censor, cabe recordar que sobre la causal de  nulidad   la  jurisprudencia  de  esta  Corte  tiene  sentado  que  la  relativa  flexibilidad  en  su  proposición  y  argumentación  no  quiere significar una  autorización  para  desconocer las pautas de viabilidad enumeradas en el citado  artículo  212,  comunes  a todas los motivos de impugnación extraordinaria, ni  para  eludir  los  principios  que  orientan  la  declaratoria de nulidades y su  convalidación,    señalados    en    el   artículo   310   del   ordenamiento  procesal.   

La  censura, antes que informal, no contiene  ninguna  fundamentación.  El  casacionista  se  limita  a enunciar una presunta  irregularidad,  la  inadecuada  notificación de la resolución acusatoria, pero  no  concreta  de  qué forma semejante falla afectó la estructura del proceso o  quebrantó   las  garantías  del  procesado,  ni  cómo  se  restringieron  las  oportunidades de defensa.   

De  la  demanda  es  imposible  conocer esos  tópicos.  Entonces,  como  tales  aspectos  constituyen  exigencia  mínima  de  argumentación  –claridad y  precisión  en  los  fundamentos-  para  que  la Corte pueda entrar a cotejar el  planteamiento  del  cargo con la actuación a fin de verificar si se desarrolló  con  apego  al  ordenamiento  jurídico,  porque  así  lo impiden la naturaleza  rogada  del  recurso y el principio de limitación que lo guía, el libelo será  inadmitido.   

2.  Similar  suerte  correrá la censura que  trata el alegado error de derecho.   

En  efecto,  sin  especificar  la especie de  falencia  que  pudo  concretarse en la motivación de la sentencia impugnada, el  censor  se  duele  de  que al dictamen grafotécnico se le dio un alcance que no  tiene, de acuerdo con las reglas de la sana crítica.   

Los términos son contradictorios, porque si  en  verdad el yerro fuese de derecho, era de su cargo aclarar si se debió a que  el  medio  probatorio  fue  incorporado  con  desconocimiento de los parámetros  legales    previstos    para    su    práctica    o    aducción   –falso  juicio  de legalidad-, o si fue  producto  de  darle un mérito probatorio que la ley no le concede o por negarle  el  que  le  otorga  –falso  juicio  de  convicción-,  alternativa en todo caso inviable en consideración a  que  el  derecho  procesal  patrio  consagra el sistema de sana crítica para la  valoración de los elementos de juicio.   

Si pensaba que al fijar el valor suasorio de  la  prueba  el  juzgador  se  alejó  de  las pautas de la sana crítica, porque  desconoció  las  leyes  de  la  ciencia,  los  derroteros  de  la lógica o las  máximas  de  la  experiencia,  ha  debido seguir la senda del falso raciocinio,  modalidad  del  error  de  hecho  que busca corregir las deducciones llevadas al  absurdo  que  tenga esa causa. Pero ningún desarrollo hizo sobre el particular.  Ni  siquiera  citó  el contenido exacto de la prueba, ni la estimación literal  que  sobre  ella hizo el juez corporativo, por lo que no es posible encontrar en  la demanda indicación siquiera somera de la inconsistencia.   

Similar pobreza argumental se observa cuando  el  censor  se  refiere  al  error  de hecho, cuando apenas atina a decir que el  tribunal  llegó  a unas deducciones relacionadas, al parecer, con las calidades  profesionales  del  enjuiciado  condicionantes  de la ejecución de su conducta,  debido  a  que  ignoró  algunos elementos probatorios que respaldan la versión  exculpativa  de  éste,  porque  ni  siquiera indicó cuál o cuáles fueron los  omitidos,  mucho  menos  señaló  de modo puntual la expresión fáctica de los  mismos,  como  tampoco  se  ocupó  en  poner  de  relieve de qué forma podían  desvirtuar las premisas de la sentencia.   

Por  total ausencia de razón suficiente, al  no  tener  la  demanda  la indicación clara y precisa de los fundamentos de los  cargos  como  lo  exige  el  artículo 212-3 del Código de Procedimiento Penal,  será, en suma, inadmitida.   

En  mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

Inadmitir la demanda  de  casación  presentada  en  nombre  del  procesado  CECILIO  BONILLA, por las  razones expuestas en la parte motiva de esta providencia.   

Contra  esta  decisión  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al tribunal de origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                ALFREDO         GÓMEZ  QUINTERO                       

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                   ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                  

MARINA      PULIDO      DE  BARÓN                     JORGE               LUIS              QUINTERO              MILANÉS                    

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS                          MAURO SOLARTE PORTILLA   

      TERESA RUÍZ NÚÑEZ   

         Secretaria   

    

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