21835(18-02-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21835  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

Aprobado acta N°  011  

Bogotá  D. C., dieciocho (18) de febrero de  dos mil cuatro (2004).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  GUILLERMO  ENRIQUE  DAZA  MARTÍNEZ, contra  el  fallo proferido por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá de  fecha 16 de mayo de 2003.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado, luego de referirse  a  los  hechos y comentar la decisión del sentenciador de segundo grado, afirma  que  acude  a  la  causal primera de que trata el artículo 207 del C. de P. P.,  invocando  la  comisión  de  un  error  “esencial de  hecho”   al   haberse  ignorado  la  existencia  de  “varias   circunstancias   de   orden  comercial  y  personal”    que    impidió   la   concesión   y  reconocimiento  del   in dubio pro reo.   

En   desarrollo   de   la   censura,  como  consecuencia  del  señalado  defecto  que  denuncia  el  libelista,  asegura el  demandante  que  se  violó  indirectamente el artículo 29 de la Constitución,  así  como también los artículos 7° y 232 del Código de Procedimiento Penal,  lo  que  generó la aplicación indebida de los artículos 287 y 246 del Código  Penal.   

Dice  que  en  desarrollo  de  la  audiencia  pública  el  procesado  se  retractó  y  procedió  a decir la “verdad”, al efecto, empezó por explicar  la  dependencia  económica  que  tenía  con  su  hermano,  quien  fue  el  que  verdaderamente  se  aprovechó  de  la  situación  para  hacerlo  aparecer como  vendedor  en  el  contrato  en  el  cual  se  deriva  la  comisión de conductas  punibles.   

En estas condiciones, no estima el demandante  atendible  el  hecho  que  se le haya restado crédito a esta retractación, tal  como se hizo por los sentenciadores de instancia.   

Para   demostrar   que  el  procesado  fue  “utilizado”   por   su  hermano  como  instrumento  para  llegar a la negociación, expone el censor una  serie    de   circunstancias,   “rasgos”      o      “perfiles”  que  en  su criterio debieron verse como sustento de ello, como  por  ejemplo,  el  hecho que siempre el comprador tomó al hermano del procesado  como  el  verdadero  vendedor,  tanto  así  que  a  él  le  entregó el dinero  pactado.   

Insiste que esto puede tomarse como práctica  comercial  y acorde con la valoración probatoria sometida a las “máximas  de  la  experiencia”  y  a  la  “sana  crítica”  debió  por  lo  menos arrojar a la duda de quién era el real vendedor y, por ende, sin  la certeza debida, lo coherente era absolver.   

En  estas  condiciones,  solicita se case la  sentencia.         

LA     CORTE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  para   ser   admitida   establecen   las   normas   que   regulan  la  casación  penal.   

En efecto, el libelista alega que el fallador  incurrió  en  error de hecho por falso juicio de existencia, para lo cual, ante  todo,  es preciso que la Sala le reitere que esta clase de yerros tiene lugar en  el  proceso de contemplación material de un específico elemento de convicción  y  se  configura  cuando  se  omite  la  evaluación  de la prueba que haya sido  legalmente  aducida,  esto  es,  se ignora, o cuando se supone la existencia del  que no obra en el diligenciamiento.   

En este caso, el actor no señala la prueba  sobre  la cual recae el vicio, como tampoco dice a cuál de esas dos modalidades  se  refiere,  lo  que no se suple por el hecho que haya formulado críticas a la  retractación   del   procesado   verificada   en  la  diligencia  de  audiencia  pública.   

Por el contrario, antes que desvanecer estos  vacíos  en  la dialéctica casacional, lo que se revela es la inconformidad con  la  valoración que se le dio a esta prueba y especialmente por el hecho que los  sentenciadores  no  le hubieran dado crédito y mérito probatorio, violentando,  en su criterio, las reglas de la sana crítica.   

Esta  argumentación  no  es  otra  cosa que  oponerse  a  la  credibilidad  de  la prueba, sin percatarse que la discrepancia  entre  el  fallador  y el censor sobre el mérito de elementos de convicción no  sometidos  en  cuanto  a su valoración al método de la tarifa legal sino de la  sana  crítica,  no configura desatino demandable en casación, prevaleciendo el  criterio  del  sentenciador, por llegar la sentencia a esta sede amparada por la  doble presunción de acierto y legalidad.   

Salta  a  la  vista  el  cuestionamiento  al  mérito  probatorio,  cuando por considerar que se le debe dar credibilidad a la  retractación,  afirma que se debió concluir la falta de certeza para condenar,  lo  cual  no  es  más  que  anteponer  su personal conclusión probatoria, para  especular    con    tesis    que    debieron   ser   ventiladas   en   sede   de  instancias.   

Ahora bien, si quería cuestionar la lesión  a  la  sana  crítica,  ha  debido acudir a la invocación de la censura por los  senderos  del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  lo  que  tampoco puede  entenderse  como  desarrollado  pues  no  señala cuales reglas o máximas de la  experiencia  fueron  indebidamente aplicadas, en tanto los hechos que asegura en  la  demanda  que  se presentaron, como que el comprador trataba como vendedor al  hermano  del  procesado  y  no a éste y que le entregó el dinero a aquél, son  meras  especulaciones  y  conclusiones  probatoria  que  no  podrían tenerse en  cuenta como tales.   

Además, tampoco destinó aparte alguno para  demostrar   que   aún   aceptándose  que  el  hermano  del  procesado  era  el  “verdadero”  vendedor,  tesis  a  la  que  se  reduce  su  disertación,  la  responsabilidad  deducida  en  cabeza de su defendido era producto de un defecto  judicial, lo que deja sin sustento ni trascendencia su reproche.   

Frente  a los anotados yerros de la demanda,  se  impone  su  inadmisión,  pues  la  Corte,  en  acatamiento  al principio de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

         R E S U E L V E   

Inadmitir   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   GUILLERMO    ENRIQUE   DAZA   MARTÍNEZ.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la  Ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P., (Decreto 2700 de 1991, aplicable  a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                   ALFREDO GÓMEZ QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO                             ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                              JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                              MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUÍZ  NÚÑEZ   

Secretaria     

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