21797(19-01-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21797  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 003  

Bogotá  D. C., diecinueve (19) de enero de  dos mil seis (2006)   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  LUIS GONZAGA VANEGAS LOZADA.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por  el juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“LUIS  GONZAGA  VANEGAS   LOZADA,   operador  de  mantenimiento  del  Hospital  María  Inmaculada  de  la ciudad (Florencia  –  Caquetá),  designado  como  interventor  del  contrato  de  prestación de  servicios,  suscrito  el  29  de  julio de 1999, entre dicha entidad y el señor  EVER  ADAMES  RAMÓN,  recibió  de  éste,  previo  acuerdo,  contraprestación  monetaria  para  mantenerlo  al  tanto  de  los daños que se presentaran en los  equipos  y  además  le  exigió dinero a fin de no poner en conocimiento de las  directivas  algunas  irregularidades  detectadas,  en  la reparación de dos (2)  electrocardiógrafos”.   

2. El Juzgado Tercero Penal del Circuito de  Florencia,  mediante  sentencia del 16 de junio de 2003, condenó, entre otro, a  Luis Gonzaga Vanegas Lozada  a  las  penas  principales de 3 años de prisión, multa de 60 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  e  interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  mismo  lapso de la pena privativa de la libertad, como autor del delito  de  cohecho  impropio,  que  preveía  el  artículo  23  de la Ley 190 de 1995,  imputado  en  la resolución de acusación, la cual quedó ejecutoriada el 17 de  diciembre de 2001.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor del  procesado,  el  Tribunal  Superior  de  Florencia,  el  13 de agosto de 2003, lo  confirmó  integralmente,  decisión  contra  la  cual  se  interpuso el recurso  extraordinario de casación.   

  LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Luis  Gonzaga Vanegas Lozada, al amparo  de  la causal tercera de casación, presenta un único cargo contra la sentencia  del    Tribunal,    cuyos    argumentos    se   sintetizan   de   la   siguiente  manera:   

Acusa  al juzgador de segunda instancia por  haber  dictado  sentencia  en  un  juicio  viciado de nulidad, irregularidad que  afectó  el  debido  proceso,  pues  si  la  investigación  se constituye en la  búsqueda  de  la  verdad  respetando  la  legalidad  del  proceso  y basando la  averiguación  de  los  hechos  en las pruebas legal y oportunamente aducidas al  proceso,  lógico  es  que “cualquier violación que  en   tal  sentido  conlleva  al  no  cumplimiento  del  principio  de  legalidad  consagrado en el artículo 29”.   

Dice   que  el  contratista  Ever  Adames  introdujo  al  proceso prueba ilegal con la cual trató de justificar su actuar,  es   decir,   allegó   la  fotocopia  de  un  recibo  superpuesto  en  la  cual  “en  una  hoja  membreteada  del  Hospital  María  Inmaculada  de  la  ciudad de Florencia, el señor LUIS GONZAGA da el número de  cuenta   del   Banco   Caja  Social  de  Ahorros  N°  15103009458-6”.   

Sostiene  que  el  citado  contratista  no  aportó  el  original  del  mencionado  recibo  donde inicialmente el acusado le  dio    “la   cuenta   de  ahorros  del  Banco  Popular”    porque    era    un   documento   que  “en  media  hoja  dicha  y  llanamente  sin ningún  membrete  del  Hospital María Inmaculada monta un documento con el membrete del  Hospital  María Inmaculada que no es original y que mi defendido le entregó de  buena  fe,  preparando el terreno para montarle una estrategia para perjudicarlo  más adelante…”.   

“Y qué me dicen  Honorables  Magistrados  de  la consignación de los cuatrocientos cincuenta mil  pesos  ($450.000,oo)  consignados  en la cuenta de la Caja Social de Ahorros con  recibo  N°  33787230  obrante  al  folio  39  anverso  del  C. O., en donde con  claridad  anota  ‘abono a  cuenta  de  ciento cincuenta mil pesos ($150.000,oo) a los meses de marzo, abril  y  mayo  de  2003  por la adjudicación del contrato N° 0040/99 con el Hospital  María         Inmaculada        de        Florencia        Caquetá’, aparece el número de cuenta y esta  hecha  a  nombre  de  Luis  Gonzaga  Vanegas, el señor contratista, preparó la  prueba  de manera tal de tener en manos, para que hiciera su voluntad, al señor  interventor  del  contrato  con  el  hospital, al corromperlo la primera vez, ya  estaba  en  las manos de éste, lo que es relevante es que en la fotocopia donde  está  sobrepuesto  el  papel  membreteado  y  el recibo de consignación de los  cuatrocientos  cincuenta mil pesos, son muestra clara de la capacidad de engaño  y  la posibilidad embaucadora del señor EVER ADAMES RAMÓN, sólo a éste se le  ocurre  ir  dejando  en  el  camino  esa  pruebas para después hacerlas valer y  mostrarse  como  una  persona  constreñida, chantajeada, extorsionada, etc., no  Honorables       Magistrados,       eso       no       fue      así…             ”.   

En el título que denominó “TRASCENDENCIA  DE LA IRREGULARIDAD SUSTANCIAL Y SU RELACIÓN CON EL  FALLO”,  afirma  que  toda  prueba debe aducirse al  proceso  con  respeto  a  los  requisitos  y formalidades legales para que pueda  tener  validez  y  fuerza  vinculante,  por  lo  que es necesario que exista una  providencia que la decrete.   

Recuerda   que  el  artículo  29  de  la  Constitución  Política  considera nula de pleno derecho la prueba obtenida con  violación  al  debido proceso, lo que significa que toda providencia debe estar  fundada  en  pruebas legales, regular y oportunamente allegadas a la actuación,  aspecto  que  a  su  vez  impone  concluir  que  la  legalidad de la prueba debe  respetar  su  forma  intrínseca  y  extrínseca  de acuerdo a la Constitución,  luego  si  la prueba viola el principio de legalidad en su producción, ésta no  podrá ser tenida en cuenta por parte del funcionario.   

Dice  que en este caso qué se puede pensar  cuando  el  también  procesado  “sobrepuso el papel  sin  membrete dado por mi cliente sobre el papel membreteado del Hospital María  Inmaculada  y creó ante la inminencia del informe por parte del interventor del  asunto  del no cambio de las tarjetas de los electrocardiógrafos una prueba con  una  consignación,  así  esta prueba como en efecto se dio estuviera en contra  de  sí  mismo,  lo  que  sucedió  fue  que  llevó  al  error  al  funcionario  judicial.” Añade que dicha prueba así considerada  jamás podrá tenerse como una regularmente aportada.   

Luego de afirmar que el proceso penal es un  conjunto   de   actos   concatenados   entre   sí,   desarrollados  ordenada  y  progresivamente  por  las  partes y el órgano jurisdiccional dirigido a obtener  una  decisión  en  el  que  actúe  el  derecho positivo en un caso concreto, y  después  de  reiterar unas conceptualizaciones sobre la incidencia de la prueba  ilegal   en   el   proceso,  reitera  que  en  este  asunto  se  “introdujo  una  prueba  ilegal  y  se fabricó otra para tratar por  todos  los  medios  de  inculpar  a  mi  patrocinado,  quien lo dijo sin ninguna  pretensión  más  allá de la que es, fue asaltado en su buena fe y por eso hoy  está condenado”.   

Afirma  que  la  prueba es el medio idóneo  para  llevar  al  juez  a  la certeza sobre los hechos, es el medio idóneo para  llegar  a la verdad. Si ésta es ilícita, mal podría servir de fundamento a la  verdad,  Por  ello,  agrega  que  en  este  caso el funcionario se sirvió de la  citada prueba ilegal, surgiendo el yerro denunciado.   

Considera que el funcionario ha debido mirar  con  sentido  crítico  esos  medios  probatorios  y  deducir de ellos lo que se  evidencia   en   el   mismo,   es   decir,   actos  ponderados  dirigidos  a  la  prefabricación  y sustentación de hechos ilegales inducidos por quien presenta  la prueba para tratar de buscar frente a él la impunidad.   

Luego  de  transcribir  un  aparte  de  la  sentencia  del  Tribunal,  sostiene  que “si bien es  cierto  que  lo  que está demostrado es que a la cuenta del señor LUIS GONZAGA  VANEGAS  LOZADA entraron dineros provenientes del señor EVER ADAMES RAMÓN como  lo  indiqué  en  mi  alegación  en  la vista pública no tuvieron relación de  ninguna  especie  con  la  ejecución, suscripción o adjudicación del contrato  N°  0040/99,  máxime  cuando  el  señor EVER ADAMES RAMÓN estaba tratando de  comprometer  a  mi  procurado para de esta manera manipular la intervención del  contrato,  sin  que  en  esa  primera  consignación mediara acuerdo alguno, con  relación  al  contrato,  es decir, que hay ruptura del nexo de causalidad entre  lo  consignado  y  lo  querido  por el interventor, nótese cómo mi patrocinado  llevó  al  señor  EVER  ADAMES RAMÓN a la Clínica Santa Isabel de esa ciudad  para   que   hiciera   propuesta   de  mantenimiento  de  los  equipos  de  esta  institución;  la  segunda  consignación en la circunstancia como se hace es un  acto  inequívocamente dirigido a callar  al interventor sobre el asunto de  las  tarjetas  no  pudiendo  controlar su actuar  finalístico de lograr el  silencio  del  mismo,  por el contrario, la sola proposición del dinero acelera  el  informe  presentado  por  mi patrocinado”.    

Respecto de otro párrafo de la sentencia de  segundo   grado   que   transcribió,   sostiene   que   se   observa    con    claridad    la   postura   dubitativa  del      ad      quem     para     efectos     de   establecer         de        dónde        provino        la  insinuación.   

Dice  que indiscutiblemente “la  solicitud  del  número de cuenta y después de haber estado en  la  Clínica  Santa  Isabel,  lo  más  probable y cierto es que la insinuación  provino  del contratista al pedir el número de cuenta de mi patrocinado, ya que  éste  tenía  necesidad  de  que  alguien  le  informara  lo acontecido con los  equipos,  pues  no  residía  allí  y disfrazó lo anterior con el argumento de  estar  colaborando  a  unos gastos mínimos que tenía que hacer el interventor,  situación  que  aprovecha  para  montar  la  prueba  que venimos atacando, a mi  manera  de  ver y con el respeto debido, el Tribunal se equivoca cuando habla de  la  consignación  de  los cuatrocientos cincuenta mil pesos ($450.000,oo), esta  tuvo  su  origen  cuando  el  contratista  quiso callar o impedir el informe del  interventor”.   

Estima  que el contratista, aprovechándose  de  las  funciones  que  tiene  el  interventor, esto es, estar pendiente de los  equipos  e  informar  las  novedades al contratista para que éste le realice el  mantenimiento  preventivo o la reparación a las máquinas, sin hacer referencia  a  contrato  alguno  pidió  el  número  de cuenta e hizo una consignación por  ciento  cincuenta  mil  pesos,  amarrando  desde  el  inicio  la  actividad  del  interventor.   

Por último, acepta que la ilegalidad de la  prueba  se  ataca  por vía del falso juicio de legalidad. Sin embargo, dice que  en  este  caso  la prueba ilegal trasciende a la actuación, lo que no basta con  su  no  apreciación,  “sino  que tiene que ir más  allá   en   cuanto   a   la  actitud  malintencionada  del  cosindicado  en  su  elaboración,  la  cual  fue  elemento indispensable para la construcción de la  resolución   de  acusación  y  demás  providencias  subsiguientes”.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado  y, en su lugar, decretar la nulidad de lo actuado hasta la  resolución de acusación inclusive.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Como lo ha sostenido la Corte, la demanda de  casación  debe  ser  un  escrito  sistemático y lógico, por medio del cual se  denuncien  errores  de  derecho  o de actividad cometidos en la sentencia o a lo  largo  del  proceso,  en  cuanto  a  estos últimos. Por ello, dado el carácter  rogado  de  la  impugnación,  constituye una carga para el censor evidenciar el  yerro  y  demostrar  la  transcendencia  del  mismo  dentro  de  los parámetros  estatuidos para cada causal de casación.   

También   es   importante   destacar   que   los   fallos  llegan  a  la   Corte  precedidos  de  la  doble  presunción  de acierto y legalidad, según la  cual,  los  hechos  y  las  pruebas fueron correctamente apreciadas y el derecho  estrictamente  aplicado,  siendo  por  tanto  labor  del demandante desvirtuarla  conforme   a   lo   lineamientos   propios  que  la  ley  establece  al  recurso  extraordinario.   

Hechas   las   anteriores   precisiones,   se   advierte  que  la  demanda  de  casación   presentada   a   nombre   de   Luis   Gonzaga   Vanegas   Lozada  no    cumple    los    presupuestos    de   claridad    y    precisión    para    ser    admitida.   

En efecto, con el único cargo presentado a  través  de la causal tercera de casación, pretende el actor que se invalide lo  actuado  a  partir  de  la  resolución  de acusación, inclusive, por cuanto el  juzgador,  en  el  proceso valorativo de las pruebas, tuvo en cuenta una que, en  su  criterio,  es  ilegal, esto es, “la fotocopia de  un  recibo  superpuesto  en  la cual en una hoja membreteada del Hospital María  Inmaculada,  el  señor  Luis Gómez Gonzaga Vanegas da el número de cuenta del  Banco  Caja  Social  de Ahorros”, documento allegado  por  Ever  Adames Ramón y sin que mediada una providencia judicial que ordenara  su aducción.   

Desde el inicio de la formulación jurídica  del  cargo,  se  advierte  que  el  censor  equivocó  la  vía para demandar la  ilegalidad  de  la citada prueba documental, puesto que de acuerdo con la debida  técnica  casacional,  dicha  censura  se debió postular a través de la causal  primera  de  casación  bajo  los  lineamientos  del  error de derecho por falso  juicio  de  legalidad,  pues  dicho yerro constituye un error in iudicando en lo  atinente al proceso de producción de los medios de convicción.   

Ha  sido  reiterada la jurisprudencia de la  Sala  en indicar que para demostrar la estructuración de vicios en la aducción  de  los  medios  de prueba, debe acudirse al cuerpo segundo de la causal primera  de  casación,  toda  vez  que  la  supuesta irregularidad se identifica como un  error  de  derecho por falso juicio de legalidad y no, como aquí lo planteó el  censor, como un vicio in procedendo.   

Lo anterior por cuanto que “el  juicio de legalidad se relaciona con el proceso de formación de  la  prueba,  con  las  normas  que  regulan  la  manera  legítima de producir e  incorporar  la  prueba  al  proceso,  con  el  principio de legalidad en materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades exigidas  para cada medio.   

“El  error por  falso    juicio    de    legalidad   ‘gira  alrededor  de  la validez jurídica de la prueba, o lo que es  igual,  de  su  existencia jurídica (concepto que no debe ser equiparado con el  de  existencia  material),  y  suele  manifestarse  de dos maneras: a) cuando el  juzgador,  al  apreciar una determina prueba, le otorga validez jurídica porque  considera  que  cumple  las  exigencias  formales  de producción, sin llenarlas  (aspecto  positivo);  y,  b)  cuando  se  la  niega, porque considera que no las  reúne,         cumpliéndolas         (aspecto         negativo)…’”.   

“Para   la  postulación  de  este  tipo  de  error  no  es  suficiente  indicar el precepto  procesal  que  establece la ritualidad indispensable para el decreto, práctica,  aducción  o  formación de la prueba, sino que de ahí se debe trascender hasta  conectar  aquella  falencia,  de  causa  a  efecto,  o  de  medio  a fin, con la  vulneración  de  una  norma  de  contenido sustancial, en atención a que   el     debido    proceso    que    estatuye    el   artículo    29    de    la   Constitución  Política   no   es  un  fin  en  sí  mismo,  sino   que   tiene   como   finalidad garantizar los derechos materiales  de  las  personas,  de  suerte  que es la violación de la ley sustancial la que  eventualmente    podría    erigirse    en   causal   de   casación”.1   

Así mismo, “la  impugnación  no  queda  satisfecha  con  la  mera  enunciación  del cargo y el  señalamiento  del  medio  de  prueba censurado, sino que le es indispensable al  censor  acreditar  que  el juzgador en el examen probatorio le dio validez a los  elementos  de  convicción  allegados  al  proceso  sin  el  cumplimiento de las  formalidades   legales,   y  que  los  mismos  fueron  determinantes  del  fallo  censurado,  de  modo  que,  mentalmente  suprimidas las pruebas que se tachan de  ilegales,  si  no  queda  fundamento  probatorio  loable  para sostener el fallo  condenatorio,  sin  duda  debe  cambiarse  su  sentido,  pero  no  decretarse su  nulidad”.2   

En  consecuencia  no  es la nulidad la vía  para  atacar la prueba que el actor señala como ilegal, sino el falso juicio de  legalidad propio del error de derecho.   

Ahora  bien,  si en gracia de discusión se  aceptara  la  tesis  del  libelista,  de  todos  modos  la  censura  quedó  sin  demostración,  toda vez que limitándose a afirmar la ilegalidad del mencionado  documento  allegado  por  el  coprocesado  Ever  Adames Ramón, no ilustró a la  Corte  como  la  apreciación  de esta prueba supuestamente ilegal desquició la  estructura  del  proceso  y,  de  esa  manera,  afectó  las  garantías  de  su  procurado,  además  de que en manera alguno se detuvo a correlacionarla con los  restantes  medios  de convicción aducidos al proceso, respecto de los cuales ni  siquiera  mencionó  y,  menos, puso en tela de juicio su legalidad, y sobre los  cuales  el  sentenciador  obtuvo  las  deducciones  que  en  grado de certeza lo  llevaron  a declarar la responsabilidad penal de   Luis  Gonzaga  Vanegas  Lozada  frente  al  delito de  cohecho     impropio.   

En    otras    palabras,   el   censor   no   acreditó   la   trascendencia   del   yerro  en las conclusiones del fallo, es decir, no demostró que  con  la  marginación de la citada prueba los restantes elementos de convicción  hubiesen  conducido  a una providencia sustancialmente diversa de la censurada o  que,  por  lo menos, la estructura del proceso se habría visto tan afectada que  la  nulidad  de  la  actuación  hubiese sido la única e ineludible decisión a  adoptar.   

En  fin,  con apego en un supuesto error in  procedendo  y  argumentando  que  su  procurado fue objeto de un “engaño”  o que la prueba aportada por  el  otro coprocesado “llevó al error al funcionario  judicial”,  o  que  su  defendido  “fue  asaltado en su buena fe”, pretende  el  casacionista  cuestionar la responsabilidad del procesado, lo que constituye  un  desvío  hacia  los  senderos  del  cuerpo  segundo  de  la  causal primera,  desconociendo  el  principio  de  autonomía,  según el cual, al interior de un  mismo   cargo no se pueden entremezclar ataques correspondientes a causales  distintas.   

Además, como también lo ha dicho la Corte,  la  simple  discrepancia  de  criterios  en  torno  a la credibilidad positiva o  negativa  que  ha  debido dársele a las pruebas, no constituye yerro demandable  en  casación,  salvo  que  en  la  actividad  probatoria se hayan vulnerado los  postulados  en  que  se  sustenta  la  sana  crítica,  tarea  que  el  actor no  emprendió en su demostración   

Por  consiguiente,  al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  LUIS  GONZAGA  VANEGAS  LOZADA.  En  consecuencia, se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MAURO SOLARTE PORTILLA  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                             ALFREDO  GÓMEZ  QUINTERO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                            ÁLVARO   ORLANDO   PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANÉS           

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                JAVIER    ZAPATA  ORTÍZ   

                                                   En cita medica   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación 178103 del 2 de marzo de 2005.   

2 Ver,  entre  otras,  casaciones  24058  del  15  de septiembre de 2005, 23653 del 6 de  julio de 2005 y 16899 del 8 de junio de 2005.     

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