21492(12-05-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21492   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta. No. 40  

          Bogotá D.C., mayo doce (12) de dos mil cuatro (2004).   

VISTOS  

Decide la Sala sobre la admisibilidad formal  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  HELIBERTO   GÓMEZ  VALERO,  contra  la  sentencia  proferida  por  el Tribunal Superior Militar, mediante la  cual  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado  de Primera Instancia adscrito al  Departamento  de  Policía de Bogotá, que lo condenó a la pena principal de un  (1)  año  de  prisión  y  multa  por  valor  de  mil pesos ($ 1.000,oo), a las  accesorias  de  separación  absoluta de la Policía Nacional e interdicción de  derechos  y funciones públicas por un período igual al de la pena principal, y  le   concedió  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional,  al  encontrarlo   penalmente  responsable  del  delito  de  lesiones  personales  en  Jesús  Oswaldo  Campo Rojas.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia  las  9 y 30 de la noche del día 9 de  febrero    de    1997,    Jesús    Oswaldo    Campo  Rojas,    en      compañía      de      Modesto  Sánchez,  se  desplazaba en un vehículo de propiedad  del  segundo.   Cuando  pasaban  frente  a  la  estación  de  policía del  municipio  del  Rosal  (Cundinamarca),  presenciaron  la  agresión  física que  propinaba  un  uniformado  a  una  persona,  ante  lo  cual el primero protestó  airadamente.   En  ese  momento,  el  policial,  que  responde al nombre de  HELIBERTO  GÓMEZ  VALERO, se  acercó  al  vehículo  y,  tras  un  corto cruce de palabras, arremetió contra  Campo  Rojas, ocasionándole  lesiones  que, según el Instituto de Medicina Legal, le dejaron una incapacidad  definitiva  de 25 días y secuelas de deformidad física que afectaron el rostro  de              carácter             transitorio.        

El  Juzgado 65 de Instrucción Penal Militar  dictó  auto  cabeza  de  proceso  y  escuchó  en  indagatoria  a  los  agentes  Javier Orlando Cañar Velasco  y  HELIBERTO GÓMEZ VALERO, a  quienes  resolvió  situación jurídica el 22 de febrero de 1999, con medida de  aseguramiento de caución prendaria.   

Posteriormente, el proceso fue enviado por el  instructor  al   Juzgado  de  Primera Instancia adscrito al Departamento de  Policía  de  Cundinamarca;   despacho que cerró la investigación el 8 de  septiembre   y  convocó  a  HELIBERTO  GÓMEZ  VALERO  a  Consejo  de Guerra, mediante Resolución 007 del 30  del  mismo  mes,  para  que  respondiera  por  el  delito de lesiones personales  previsto  en  el  artículo  268  del  Código  Penal  Militar  vigente  en  ese  momento.             

El 26 de junio de 2002, tuvo lugar el Consejo  de  Guerra,  al  cabo  del cual se profirió sentencia de primera instancia, por  cuyo  medio  se  condenó  a  HELIBERTO  GÓMEZ VALERO  en la forma señalada en el exordio de esta decisión;  fallo  impugnado  por  el  defensor  del  procesado  y  que el Tribunal Superior  Militar  confirmó  en  lo  esencial, mediante sentencia del 9 de junio de 2003,  con  la única modificación al numeral sexto de la parte resolutiva, respecto a  la     expresión     “haciendo    imposible    su  liquidación”    para   adicionarle   “por  carecer  la  Jurisdicción  Penal  Militar  de facultad para  tasar     los    perjuicios    ocasionados    por    el    delito”.    

Contra   la  anterior  determinación,  se  interpuso recurso extraordinario de casación.   

LA DEMANDA  

El  defensor  formula un único cargo contra  dicho  fallo,  y  lo  hace con fundamento en la causal tercera de casación, que  postula y desarrolla de la siguiente manera:   

Único   cargo:   Nulidad   por  falta  de  competencia.   

El censor plantea este reproche al amparo de  la    causal    tercera    de    casación,    por    cuanto   es   “violatoria    de    la    ley   procedimental   por   infracción  indirecta”  pues,  en  su  sentir,  su defendido fue  juzgado por un juez que no tenía competencia legal para hacerlo.   

Según el casacionista, como lo esboza en su  fundamentos,  el  Tribunal  se  equivocó  al considerar que en el presente caso  hubo  prórroga de competencia para el juez de conocimiento más allá del 12 de  agosto   de   2000,  fecha  en  la  cual  entró  en  vigencia  la  Ley  522  de  1999.   

A ese respecto precisa que la calidad de juez  de  instancia  de  los  Comandantes  de  Unidad  sólo se mantuvo hasta la fecha  indicada  toda vez que, de ahí en adelante, sólo podían conservar esa calidad  los  nuevos  funcionarios  señalados por la referida Ley 522 quienes, según el  artículo  214, a efectos de preservar su independencia y autonomía, en ningún  caso pueden ser miembros de la fuerza pública.   

Adicionalmente,  agrega  el  demandante, los  Comandantes  de  Unidad  no reúnen los requisitos que para desempeñar el cargo  de  juez  de  instancia exige el artículo 35, numeral 3 del Decreto Ley 1791 de  2000  y  por  ello  fue  que  el Ministerio de Defensa Nacional, a través de la  Resolución  No.  1463 del 2 de octubre de 2000, en acato a la previsión legal,  nombró  a  los  diferentes jueces de instancia en los departamentos de policía  del país.    

Lo  anterior, para el libelista, dio lugar a  que    se    presentara   la   situación   que   concreta   en   el   siguiente  aparte:   

“Si  se  aceptara  que  el Comandante del  departamento  de  Policía Cundinamarca sigue ejerciendo como Juez de Instancia,  a  partir  del  2  de  octubre  de  2000,  habría dualidad de jueces de primera  instancia,  a  lo  cual  debería entonces existir reparto de los procesos entre  ellos,  precisamente  porque  los  dos  tendrían la misma categoría y es más,  quien  tiene  el  poder  de distribuir y nombrar los funcionarios de la justicia  penal  militar  es el Ministro de la Defensa Nacional a través de la Dirección  Ejecutiva  de  la  Justicia Penal Militar de conformidad al Decreto Ley 1512 del  2000  y  no  existe disposición que así lo determine y es que no puede existir  por  cuanto  la  ley  prohibe en forma tajante que quien ejerce las funciones de  Comando      pueda      ser      juez     al     mismo     tiempo”.   

Finalmente,  estima  que  los  fundamentos  expuestos  son  suficientes  para  que  se  case  la  sentencia y en su lugar se  decrete  nulidad  por  falta de competencia.  Anota, también, que pretende  la  invalidez  de  la  sentencia  impugnada, pues se transgredieron, por haberse  dejado  de  aplicar, los artículos 214, 218 y 607 del Código Penal Militar, el  35  del Decreto 1791 de 2000 y el artículo 29 de la Carta Política, precisando  que  se  abstiene  de cuestionar los hechos y las pruebas porque el motivo de su  controversia gira en torno de la competencia funcional.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          El  inciso  primero del artículo 205 señala los requisitos para la  procedencia   del   recurso   extraordinario  de  casación  en  los  siguientes  términos:   

“Artículo  205.   Procedencia  de la casación. La casación  procede   contra   las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal Penal Militar, en los  procesos  que  se  hubieran adelantado por los delitos que tengan señalada pena  privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda de ocho años, aún cuando la  sanción dispuesta haya sido una medida de seguridad”.   

          En  el  presente  asunto,  si  bien  el  actor intenta el recurso de  casación  contra  una sentencia proferida por el Tribunal Superior Militar, con  lo  cual  se  satisface  el requisito referente a la autoridad judicial de donde  emana  la  decisión  impugnada, fácil se advierte que el delito por el cual su  defendido  fue  condenado  no  cumple el requisito punitivo establecido, pues se  trata  del  punible  de  lesiones  personales sancionado en el artículo 268 del  Decreto   2550   de   1988,  con  una  pena  de  un  (1)  año  a  seis  (6)  de  prisión.   

         

          En  ese  orden  de  ideas,  se  debe colegir, que el actor no estaba  facultado   para   enderezar  la  impugnación  por  la  vía  de  la  casación  tradicional,  sino  que  debió acudir a la casación discrecional que de manera  excepcional  posibilita  acceder  al  recurso  frente  a  sentencias  de segunda  instancia  distintas  a  las mencionadas, como lo indica el inciso tercero de la  mencionada  disposición:         

“De  manera excepcional, la Sala Penal de  la  Corte  Suprema  de  Justicia, discrecionalmente, puede admitir la demanda de  casación  contra  sentencias  de  segunda  instancia  distintas  a  las  arriba  mencionadas,  a  la solicitud de cualquiera de los sujetos procesales, cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por la ley”.   

          Sin  embargo, el censor en ningún momento hizo manifestación en el  sentido  de  acudir  al  medio discrecional de impugnación, presupuesto que, de  acuerdo  con  la  norma  en  cita,  resulta  imprescindible para que se abra esa  vía.   

          Adicionalmente,  tampoco se considera necesario emprender el estudio  de  la  situación  planteada  frente a los fines que estipula la norma, pues no  obstante  que  el  actor  formula  la  causal  tercera  de  casación,  en  cuya  demostración  señala  que  se  violó  la  garantía  constitucional  del juez  natural,  no  se avizora su eventual quebranto, porque es evidente que el asunto  sobre  el  cual  basa  su  prédica  obedece  a un problema de competencia legal  claramente  definido por el artículo 607 de la Ley 522, tal como lo señaló el  Tribunal     en     el     fallo     impugnado.      Dicha     disposición  prevé:             

                     

“Art.  607.   Procesos en curso. Los  procesos  en  los  que  se  hubiese  iniciado el juicio se continuarán rituando  hasta     su     culminación     por     las     normas     de     competencia y procedimiento establecidas  para  ello  en  el  Decreto  2550  de  1988 y las normas que lo complementan”.  (negrillas fuera de texto).   

          En  efecto,  se  puede  establecer  que como en el caso que ocupa la  atención  ya se había iniciado el juicio en tanto la convocatoria a Consejo de  Guerra  cobró  ejecutoria, según constancia secretarial, el 8 de mayo de 2000,  esto  es,  antes del advenimiento de la Ley 522, el trámite y la competencia se  ceñían,  al tenor de la norma indicada, a los lineamientos del Decreto 2550 de  1988.       

          Lo  anterior constituye razón suficiente para inadmitir la demanda,  de   acuerdo   con   lo  dispuesto  en  el  artículo  213  de  la  Ley  600  de  2000.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   HELIBERTO  GÓMEZ  VALERO, por las razones  expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

Comisión de servicio  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                            

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                             JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS       

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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