21333(29-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21333  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N° 052  

Bogotá  D.  C., veintinueve (29) de junio de  dos mil cinco (2005).   

V    I    S   T   O  S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  CARLOS          ALBERTO         BROCHADO         CHARRIS.   

A  N  T  E  C E D E N T E  S   

1.  Los hechos fueron sintetizados por el  juzgador de segunda instancia de la siguiente manera:   

“El 24 de junio de  1994,  mediante el cheque N° 4911403 del Banco Popular, el Concejo Municipal de  Palmar  de  Varela (Atlántico), por disposición de su Presidente, Carlos   Alberto  Brochado  Charris,  le  pagó  a Oscar Alejandro Sierra  Mandón  la  suma  de   76.800,oo   pesos  correspondientes  a  un supuesto contrato  verbal  por  80.000  pesos  suscrito  para transportar a los concejales Diomedes  Bocanegra  Ramírez  y  Luis  Charris Truyol  durante el mes de mayo de ese  mismo  año.  El  valor  neto  pagado corresponde a la diferencia entre el valor  nominal  y  el  descuento de 3.200 pesos por concepto de estampillas.   

“En  la   investigación      penal     que     se     adelantó   contra     la     Mesa     Directiva     de    la   Corporación      por      la      violación      del   artículo   67   de   la  Ley  136  de  1994,  se   estableció  que  el  servicio  por  el   cual    se    hizo    el    pago    no    se   prestó”.   

2.  El Juzgado Promiscuo del Circuito de  Soledad  (Atlántico),  mediante  sentencia  fechada  el  27 de agosto de 2002 y  concluyendo  que la conducta realizada por el procesado no constituía ilícito,  absolvió     a     Carlos     Alberto     Brochado  Charris  del  delito  de  peculado  por  apropiación  imputado  en  la resolución de acusación, la cual quedó ejecutoriada el 28 de  febrero de 2002.   

3.  Apelado  el  fallo  por  la  Fiscalía 31  Seccional  de  Barranquilla,  el  Tribunal  Superior de la misma ciudad, el 3 de  abril  de  2003,  lo  revocó  y,  en su lugar, condenó al acusado Brochado  Charris  a las penas principales  de  22  meses  y  15  días  de  prisión,  multa  por  valor  de $76.800 y a la  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  privativa  de  la  libertad,  como autor del delito de peculado por apropiación  que  preveía  el  artículo  133  del  Decreto  100  de 1980. Así mismo, se le  concedió  el  subrogado  penal  de la condena de ejecución condicional. Contra  esta   determinación,   el   defensor   del   procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario de casación.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El   defensor   del   procesado   Brochado  Charris,  al  amparo  de  las  causales  primera  y  tercera  de  casación,  presenta  dos  cargos  contra  la  sentencia  de  segunda instancia, cuyos argumentos se sintetizan de la siguiente  manera:   

En   el   primer  reproche,  sostiene  el libelista que la sentencia del  Tribunal   es   violatoria   de   una   norma   sustancial  por  “error  de hecho o de derecho”, fallo que  contiene  una  “gama de violaciones a las normas de  derecho   sustanciales   probatorio,   por  la  errada  interpretación  de  las  pruebas”.   

Luego  de  afirmar  que  se  “trata  de hacer un análisis profundo sobre la percepción y lo que  arrojan  las pruebas”, asevera que los testimonios de  Sidaldo  Fontalvo  y  Edaín  Escorcia  dan  fe de la realización de los viajes  realizados  por  Oscar  Alejandro  Sierra  Mandón,  transporte que obedeció al  contrato  verbal  celebrado  entre  éste  y el procesado, quien se desempañaba  como  Presidente  del Concejo Municipal. Así mismo, dice que Diomedes Bocanegra  Ramírez  y  Jairo  Charris  Rua  sabían  que  ellos  recibían  el servicio de  transporte  aun  cuando  desconocían los términos del pago, declaraciones que,  en su opinión, no fueron tenidas en cuenta.   

Refiere  que  el  instructor  y  el  Tribunal  también  desconocieron  el  testimonio de Oscar Alejandro Sierra Mandón, quien  de   manera   clara   afirmó   que   él  había  contratado  con  Carlos     Brochado     “por  la  suma de $80.000 y le salió con $76.800, después de tanta  demora  para  pagarle,  pero al observar la cuenta reprochada llegó a aclararse  que  ocurrió por los descuentos de estampillas y retefuente que se efectuaba al  momento de pagar”.   

Le  parece  inconcebible  que  el  ad  quem  “interprete”  la prueba  desconociendo  lo  dicho  por el conductor, cuando es claro en el proceso que la  celebración  y ejecución del contrato se llevó a cabo en Mayo de 1994, época  en  que  no  había entrado a regir la Ley 136 del 2 de junio de 1994, según la  cual  prohibió la cancelación del transporte a los concejales que residían en  zonas  urbanas.  Agrega  que  el  Decreto  2626  de  1994 (Estatuto del Régimen  Político  y  Municipal)  no  prohibía  el  pago de transporte a los concejales  “sin diferenciar la zona donde residían, es decir,  que  en  virtud  a la labor que prestó el conductor, tuvo que cancelar el valor  por los servicios prestados”.   

Considera que en el proceso no aparece probado  que  su defendido se haya apropiado, en provecho suyo o de un tercero, de bienes  del  Estado,  pues, dice, “en qué parte del proceso  se  encuentra  acreditado  que Brochado Charris se haya apropiado de los dineros  del   Estado,   por   ello   existe   una   enorme   violación  de  esta  norma  procedimental”.   

Así  mismo,  estima  que  se transgredió el  artículo  232  del  Código de Procedimiento Penal, el que transcribe, toda vez  que   se   observa   que  “existe  ausencia  de  la  apropiación  de  los dineros y, por otro lado, la aplicación de la Ley 136 del  2  de  junio de 1994, es posterior a la celebración y ejecución de la orden de  prestación  de servicios, ya que ésta se suscribió y se ejecutó en el mes de  mayo de 1994”.   

“Por  otro lado  sorprende  que  el  Concejo  Municipal  de  Palmar  de  Varela,  a través de su  Presidente,  otorgó  poder especial amplio y suficiente al doctor MARIO ODILÓN  OROZCO  FONTALVO,  para  que  se  constituyera  en  parte  civil  en  contra del  sindicado  BROCHADO CHARRIS,  este  profesional  del  derecho  le  correspondió  hacer  lectura  del presente  expediente  observando,  dentro  del  plenario  que  no le cabia responsabilidad  penal  al  sentenciado y de acuerdo a lo sustanciado por él, tomó la decisión  de  sustentar la constitución de parte civil, arguyendo que la Corporación que  representaba  no  había  resultado  perjudicada  y anexó a la misma demanda de  Parte  Civil,  copia  auténtica del acta de elección y posesión, que acredita  al  señor  ARIEL  MANUEL  ARTETA  RUA, como su representante Legal ”.   

Sostiene  que  el Tribunal no debió negar la  constitución  de  la parte civil argumentando que, conforme a la estructura del  Concejo  Municipal,  no  poseía  la condición de persona jurídica y, además,  que   el   abogado   Orozco  Fontalvo  debió  solicitar  la  indemnización  de  perjuicios,   consideraciones   estas   que,  en  su  criterio,  “violaron   el   debido   proceso   del   su   procurado”,  ya  que  el  Concejo  Municipal de Palmar de Varela no solo no  resultó  perjudicada  por  la  conducta  investigada,  sino  que  cuenta con la  “autonomía  presupuestal  y  administrativa  y por  consiguiente  la  potestad de constituirse en Parte Civil dentro de los procesos  penales y no la Contraloría…”.   

Añade  que la pretensión de constituirse en  parte  civil  tenía  como  fin establecer la verdad de lo acontecido así no se  hubiese  originado  ningún  perjuicio  con  la  conducta objeto de juzgamiento,  aspecto  que está suficientemente clarificado por la jurisprudencia de la Corte  Constitucional.   

En   el   segundo  cargo  sostiene que el fallo impugnado se dictó en un  proceso  viciado de nulidad, pues al negarse por el Tribunal la constitución de  parte  civil  se  “violó  el  debido proceso y las  garantías  procesales de Brochado Charris,  por  cuanto ésta se elaboró después de un juicioso estudio de  parte  del  abogado  Orozco Fontalvo y llegó a la conclusión de que la entidad  que   representaba   no   se   encontraba   perjudicada   con  la  conducta  del  sentenciado”.   

Sostiene  que dicha irregularidad conllevó a  la  violación  de los artículos 137 del Código de Procedimiento Penal y 46 de  la  Ley  136  de  1994,  toda  vez que la parte civil se promovió por parte del  citado  Concejo,  corporación que tiene autonomía administrativa y financiera,  y  por  cuanto  que los concejales tienen el derecho de ser representados por un  abogado.   

Por lo tanto, como el proceso está viciado de  nulidad  por  negarse  la  constitución  de  parte  civil,  solicita a la Corte  adoptar la decisión que corresponda.   

Finalmente,  con  base  en  “el   análisis   de  las  pruebas”  que  realizó  en el primer cargo, solicita a la Sala casar la sentencia recurrida y,  en su lugar, absolver a su defendido.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

Del contexto de la demanda se advierte que la  misma  carece  de  la  claridad  y  precisión  requerida, motivo por el cual se  inadmitirá.   

En  efecto,  el  artículo 212 del Código de  Procedimiento  Penal contempla que el libelo deberá contener, de manera clara y  precisa,  entre  otras  cosas,  el señalamiento de la causal que se invoca para  soportar  el  yerro y los fundamentos de la misma, así como también las normas  que estime quebrantadas.   

Así,    en    cuanto   al   primer  cargo,  si  bien  es cierto que el  actor  fundó  el ataque a la sentencia por los senderos de la causal primera de  casación,  también lo es que no señaló la vía de la transgresión de la ley  sustancial, es decir, si fue de manera directa o indirecta.   

Igualmente,  respecto la Ley 136 y el Decreto  2626  de  1994  que  cita,  no  dio  las  razones  jurídicas por las cuales los  considera  transgredidos,  además  que  no  precisó  cuál  fue el sentido del  quebrantamiento,  esto  es,  si fueron vulnerados por falta de aplicación o por  aplicación indebida.   

Ahora bien, en el entendido que la censura la  postuló  bajo los lineamientos de la violación indirecta de la ley sustancial,  por   cuanto   manifestó   que   el   Tribunal   incurrió  en  “error  de  hecho o de derecho”, de todos  modos  observa  la  Sala  que  no  distingue  entre  uno  y  otro yerro, pues el  desarrollo  demostrativo  de la censura no es consecuente, en manera alguna, con  dichas hipótesis.   

Y   si   se   aceptara   que    se    trata    de    un    error   de   hecho   por   falso   juicio  de  existencia  por omisión de las  declaraciones  rendidas por Sidaldo Fontalvo,  Edaín  Escorcia,   Diomedes   Bocanegra   Ramírez,   Jairo   Charris Rua   y   Oscar   Alejandro   Sierra  Mandón,  tampoco   lo   desarrolla,   toda  vez   que  no  demuestra   a    la    Sala    que    efectivamente    fueron   ignoradas  por   el  Tribunal  ni  evidenció  su   trascendencia,   en   la   que   debió  tener en   cuenta    los    demás    medios    de    prueba   que     sustentaron     el     juicio    de   reproche   realizado     a     su     defendido     y    que   condujo    a   la   declaración   de  la   autoría  y  responsabilidad penal por el delito de peculado por apropiación.   

Por  el  contrario,  toda  la disertación la  reduce  a  oponerse, al estilo de un alegato de instancia, al mérito otorgado a  los  medios  de  convicción allegados al proceso que sustentaron la condena del  procesado  Carlos Alberto Brochado Charris,   olvidando   que  esa  simple  discrepancia  no  configura  yerro  demandable   en   casación,  puesto  que  teniendo  en  cuenta  el  sistema  de  apreciación  probatoria  que  nos  rige,  el  juzgador  goza  de  libertad para  justipreciar  los  elementos  de juicio, sólo limitado por los postulados de la  sana  crítica,  cuya  vulneración se debe dirigir a través del error de hecho  por falso raciocinio.   

De  otra  parte,  se  observa que, en abierta  discrepancia  con  el principio de autonomía, según el cual, al interior de un  mismo  cargo  no  se  pueden   mezclar  ataques correspondientes a causales  distintas,   pues   cada  una  tiene  características  y  reglas  técnicas  de  demostración   diferentes   y   producen   diversas  consecuencias  jurídicas,  transita,  de  manera  simultánea,  por  las  causales  primera  y  tercera, al  plantear  errores  en la apreciación de la prueba y la transgresión del debido  proceso  por  no  haberse admitido al Concejo Municipal de Palmar de Varela como  parte  civil,  reparos  que ha debido formular, como al final lo hizo, de manera  separada y respetando el principio de prioridad.   

La    anterior   acotación   tiene    su    razón   de   ser,   ya   que   si   bien  es  cierto  el  libelista  inicia   el     primer    cargo    fundándolo    en    la   causal    primera   de  casación  prevista  en  el  numeral  1°  del  artículo   207   del   Código  de  Procedimiento   Penal,   lo   que    conlleva    a    significar    que   acusa   la   violación  de  la ley sustancial (error in iudicando), también lo es  que  parte de su desarrollo resulta inconsecuente con dicha hipótesis, toda vez  que  lo  sustenta  a  través de argumentaciones propias de la causal de nulidad  (error  in  procedendo), situación que no sólo desorienta el reproche sino que  también  termina  vulnerando  el  citado  principio  de  autonomía,  desatinos  técnicos  que,  dado  el  postulado  de limitación, la Corte no puede entrar a  enmendar.   

En cuanto al segundo  cargo,  sustentado  en la causal tercera de casación,  según  el  cual,  el  sentenciador de segunda instancia incurrió en violación  del  debido  proceso por no haber aceptado como parte civil al Concejo Municipal  de  Palmar de Varela (Atlántico), olvidó el actor que la coherencia conceptual  y  el  rigor  metodológico  de la casación imponen que dentro de la demanda se  debe  dar  aplicación  al  principio  de  prioridad  en  la  invocación de las  causales  y  la  proposición  de los cargos, toda vez que es necesario tener en  cuenta  la  incidencia  procesal  que  genere  la prosperidad de alguno de ellos  respecto del efecto corrector del recurso extraordinario.   

En    otros    términos,   como    lo    tiene   dicho   la   jurisprudencia   de    la   Corte,  el   orden   de   postulación   de    los    cargos   en   la   demanda   de   casación   se  rige  por  el  principio  de  prioridad,  según el cual es  necesario  tener  en  cuenta la incidencia procesal que la prosperidad de alguno  de  ellos  pueda  conllevar,  en atención al efecto corrector o invalidante del  recurso extraordinario.   

De  ahí  que,  en  rigor  lógico,  se  debe  proponer  inicialmente  el  cargo  por nulidad, y si fueren plurales también se  presentarán  empezando  por  el  que  eventualmente  mayor  efecto  invalidante  produzca,  pues si alguno llegare a demostrarse, se retrotrae la actuación para  rehacer  todo el trámite alcanzado por el vicio, lo cual impone identificar los  límites  de  afectación  de  cada motivo de anulación propuesto, presupuestos  que       el       actor      no      cumplió.1   

De  otro lado, se hace necesario recordar que  la  nulidad  como motivo para atacar, por vía de casación, el fallo de segunda  instancia,  en  “orden a la técnica propia de este  medio  extraordinario  de  confrontación  de  la  legalidad  de las sentencias,  comporta  los  mismos  niveles  de  exigencia  que  son  inherentes a las demás  causales   dada   su   especial  naturaleza,  lo  cual  significa  que  de  modo  insoslayable  debe  especificarse  la  causal  o  motivo de nulidad concurrente,  demostrando  el  carácter  sustancial  del  vicio o la irregularidad acusados y  particularmente  la  etapa  o  el  momento  procesal a partir de la cual se hace  imperativa  la  anulación,  explicando  justificativamente  las razones por las  cuales  no  media alternativa diversa que la de invalidar lo actuado”.2   

Por  consiguiente,  tratándose  del cargo de  nulidad  la demanda no es un escrito de libre confección, toda vez que también  debe ajustarse a los presupuestos formales para su admisibilidad.   

De  igual  manera, en virtud del principio de  trascendencia  que gobierna la declaratoria de nulidad, según el cual, no basta  con  denunciar  irregularidades  o  que  éstas efectivamente se presenten en el  proceso,  sino  que  se  hace  indispensable  demostrar  que aquellas inciden de  manera  concreta  en  el quebranto de los derechos de los sujetos procesales, se  hace  necesario  que  el  actor  evidencie  un perjuicio causado con el yerro in  procedendo  denunciado, pues, caso contrario, la Corte, por razón del principio  de limitación, no puede entrar a complementar al censor.   

En  esas  condiciones, observa la Sala que el  actor  sólo se limitó a quejarse de la providencia, por medio de la cual no se  admitió  la  demanda  de  constitución  de  parte  civil  que el apoderado del  Concejo  Municipal  de Palmar de Varela presentó, para seguidamente afirmar que  dicha  decisión  “violó  del debido proceso de su  defendido”,  sin  adentrarse  a  demostrar cómo ese  pronunciamiento  desconoció  la  estructura  del  proceso  y,  al mismo tiempo,  afectó   seriamente  las  garantías  fundamentales  del  acusado  Carlos  Alberto  Brochado Charris, quedando  el cargo en el simple enunciado.   

En  esas condiciones, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que  el  estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE   SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S   U  E  L  V  E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de CARLOS  ALBERTO  BROCHADO  CHARRIS. En consecuencia, se declara  desierto el recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA   PÉREZ                                    HERMAN GALÁN CASTELLANOS   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                                             EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO                       

Permiso  

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                    JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                             MAURO   SOLARTE  PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Ver,  entre  otras,  casación  15670  del 28 de julio de 2004, M.P. Dr. Edgar Lombana  Trujillo;  casación 21044 del 19 de enero de 2005, M.P. Dr. Jorge Luis Quintero  Milanés;  casación  23281  del 30 de marzo de 2005, M.P. Dra. Marina Pulido de  Barón.   

2 Rad.  20046,   auto   del   11  de  febrero  de  2004,  M.P.  Dra.  Marina  Pulido  de  Barón.     

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