21307(21-01-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21307  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 02  

Bogotá,  D. C., veintiuno (21) de enero del  dos mil cuatro (2004).   

                                     ASUNTO   

El  Juzgado Treinta y Uno Penal del Circuito  de   Bogotá,   el   21   de   febrero   del   2001,  absolvió  a  Óscar  Armando  Serrato  Vargas,  quien  había  sido  acusado por la Fiscalía 126 Seccional de incurrir en el delito de  hurto     calificado    y    agravado.   

La sentencia fue impugnada por la fiscalía  y  el  representante  de  la  parte  civil.  El  Tribunal  Superior del Distrito  Judicial  de  Bogotá,  el 27 de noviembre del 2002, decidió revocarla y, en su  lugar,        emitió        juicio       de       condena       contra       el  procesado.        

Inconforme  con  el  sentido  del fallo, el  defensor  del  procesado  interpuso  el  recurso  extraordinario  de  casación.  Corresponde  ahora  a  la  Corte,  conocido  el  concepto  del Procurador Cuarto  Delegado  para  la  Casación  Penal,  pronunciarse sobre la viabilidad del  contenido de la demanda.   

                              HECHOS   

          1.  Rayford  William  Barbosa  Berján,  el 15 de marzo del 2000, iba al mando, con destino a  la  Terminal  de Transportes de esta ciudad, de un bus marca Chevrolet de placas  VOF-760.   

2. A la altura de  la  calle 13 con Avenida Boyacá, dos hombres, uno de los cuales portaba arma de  fuego, lo despojaron del control del automotor.   

3. Luego, dentro  del  mismo  vehículo,  lo  obligaron  a  que  los  acompañara.  Más tarde, lo  trasladaron  a  otro  carro  de  las  mismas  características y tomaron rumbo a  Fusagasugá.   

4. En el peaje de  Chuzacá,  fueron  interceptados  por  la  policía. Dentro del bus, los agentes  hallaron   piezas del vehículo que le habían arrebatado a Rayford William  Barbosa.   

5.  Uno  de  los  asaltantes,   logró   emprender   la   huida.   Pero   el   otro,  Oscar   Armando   Serrato   Vargas,  fue  aprehendido en el acto.   

      

ANTECEDENTES PROCESALES  

   El  siguiente fue el desarrollo del  proceso:   

1. La Fiscalía 38  Seccional,  el  16  de  marzo  del  2000,  declaró  abierta la investigación y  vinculó  mediante indagatoria a Oscar Armando Serrato  Vargas.   

  2. El 24 de  marzo  del  2000,  el  mismo despacho, al resolverle la situación jurídica, le  dictó  medida  de  aseguramiento,  en su modalidad de detención preventiva sin  derecho  a  excarcelación,  por  los delitos de hurto  calificado   y   agravado   y   porte   ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal.   

3.   La  investigación fue cerrada el 6 de junio del 2000.   

4. El 10  de  julio   del   2000,   se   calificó   el   mérito  del  sumario.  Armando  Serrato  Vargas  fue acusado de  incurrir   en  los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado.      Respecto      del     porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de defensa personal,  se  declaró  precluída  la  investigación.  De otra parte, el  calificador  explicó  por qué se trataba solamente de los delitos mencionados,  así  como  la  razón  por la cual excluía la comisión de secuestro; también  compulsó  copias  para  que  por  separado,  y a título de “averiguación de  responsables”  fuera  investigada la participación de otras personas que para  ese   momento   no   habían   sido   identificadas  ni  individualizadas.    

5.  El  21  de  febrero  del  2001,  el  Juzgado  Treinta  y  Uno  Penal del Circuito de Bogotá  profirió  fallo  absolutorio a favor de Oscar Armando  Serrato Vargas.   

6. La decisión  fue  impugnada  por  el  representante  de  la  parte  civil  y la Fiscalía 126  Seccional.  El  Tribunal  Superior  de  Bogotá, el 27 de noviembre del 2002, la  revocó.   En   su   lugar,   condenó   a   Serrato  Vargas  a  la  pena  principal  de setenta y dos (72)  meses  de  prisión  e interdicción de derechos y funciones públicas por igual  lapso.  Además, le impuso la obligación de cancelar a favor de Expreso Palmira  S.A.,  por  concepto  de  perjuicios materiales, el equivalente a 613,8 salarios  mínimos  mensuales  legales.  De igual modo, a manera de indemnización por los  daños  morales causados a Rayford William Barbosa, lo condenó a pagarle veinte  (20)  salarios  mínimos  mensuales  legales.  Además,  le  revocó la libertad  provisional,  dispuso  su captura, emitió los requerimientos correspondientes y  posteriormente formalizó su aprehensión.   

    

LA DEMANDA  

Cargo único. Violación  indirecta.   

Lo formula de acuerdo con  la  causal  primera  de  casación  (artículo  207, numeral 1°, del Código de  Procedimiento  Penal).  El  Tribunal,  dice,  al efectuar la inferencia       lógica  a partir de los hechos probados en el proceso,  incurrió  en  un  error de  hecho      por     falso     raciocinio.   

Así     lo  sustenta:   

1.  Los  elementos de convicción en este proceso,  surgen  de  la  denuncia  presentada  por Rayford William Barbosa, el informe de  captura    y    la    versión    de    Oscar    Armando    Serrato                Vargas.   La  conclusión  del  Tribunal  está  basada,  por lo siguiente, en un razonamiento  ajeno  a  los  postulados  de  la  lógica o a las máximas de la experiencia El  contenido de estas pruebas, es el siguiente:   

a.  De  las  manchas de  grasa  halladas en la ropa del sentenciado.    El    hecho   de   que   las   ropas   de   Serrato         Vargas,  según  se observa en las fotografías que le  tomaron  la  noche de su captura, aparezcan impregnadas de lubricante, no indica  necesariamente   que  haya  participado  en  el  desguazamiento  del  automotor.   

Estas   son   las  razones.   

a.1.  Porque  ello pudo deberse, según lo dedujo la  magistrada  disidente,   a  que como el carro se varó unas tres veces a lo  largo       del       recorrido       –así   lo  refirió      el     denunciante-,     Serrato  Vargas  bien pudo untarse de aceite al tratar de repararlo.   

a.2. Porque  el  Tribunal,  a  falta  de  una  prueba  técnica  que  así  lo  demostrara,  supuso  que  esas  manchas  en  la ropa de  Serrato eran de grasa.   

a.3.  Porque,  así  se  hubiera demostrado que esas  suciedades  eran  de grasa, ese sólo hecho no lo liga al delito, dado que en su  oficio,  que es el de conductor de vehículos de servicio público, lo normal es  que su vestimenta no luzca impecable.   

b. De las contradicciones  en   que   incurrió   Serrato   Vargas   en  su  indagatoria.  El  Tribunal halló varias contradicciones en  las   palabras   del   sentenciado   y   las   elevó   a   la   categoría   de  indicio  grave.   

En  su  raciocinio,  el  fallador,  por  lo  siguiente,  incurrió  en  el sofisma de petición    de   principio:   

b.1.     Serrato            explicó  que su bus, el día de los hechos, estaba programado para  salir  rumbo a Neiva a las 4:30 de la tarde. Pero su afirmación no coincide con  lo  certificado  por  la  transportadora  “Coomotor”.  De  sus  oficinas,  se le  informó al instructor que lo haría a las 5:30.   

El  Tribunal  no  tuvo  en   cuenta  que  Oscar  Armando  Serrato explicó, en  el  debate  publico,  que  esos  turnos,  como  en  su  caso,  estaban sujetos a  variación.   

b.2.     En     principio,    Serrato   contó   que   fue  obligado  a  tomarse  una  cerveza  con  sus  victimarios.  Pero  luego,  en  la  audiencia  pública,  expresó que no había  aceptado el ofrecimiento.   

El Tribunal no tuvo en la  cuenta,  como  sí  lo  hizo  la magistrada disidente, que esa inconsistencia es  fruto  del  efecto  que  sobre  la memoria produce normalmente el transcurso del  tiempo.   

b.3.  Consta  en  la  sentencia  que los autores del  delito  esperaron  dentro  del  parqueadero  cerca  de  dos horas. Sólo un poco  después  de haber llegado el bus hurtado a Barbosa, salieron hacia Fusagasugá.   

Al  Tribunal se le hace  poco  creíble  esta  circunstancia.  De  esa espera, no hay prueba cierta en el  proceso.  Únicamente  da  cuenta  de  ella  el  propio  Serrato Vargas. Pero al  Tribunal  se  le  hace poco creíble que hayan esperado tanto tiempo después de  haberle  arrebatado  el  carro  al  sentenciado. Por eso supone que él, en este  aspecto, no dice la verdad.   

b.4.  El  Tribunal  afirma  que  los  atracadores no  necesitaban    la   colaboración   de   Serrato  para  trasladar  el  vehículo  a  un  lugar fuera de Bogotá. Bien pudieron servirse,  para  esos  efectos,  del  chofer  de la camioneta que utilizaron en el asalto a  Barbosa Berján.   

Esta  deducción  del  fallador,   por   su   carácter   de   conjetural,   constituye  una  verdadera  petición      de  principio.  Entre  conducir  una  camioneta  y  un  bus,  hay diferencias. Por eso requerían de la ayuda del  dueño,  quien  con mayor propiedad, por conocerlo, podía ponerse al frente del  automotor hurtado.    

b.5.   Si   Serrato  fue  atado  y  ubicado en la parte medianera del bus, tuvo que haberse enterado de la  presencia   allí,   en   las   mismas   circunstancias,   de  Barbosa  Berján.   

Desacertada   esta  conclusión  del  Tribunal.  No  advirtió,  como  sí  lo  hizo  la  magistrada  disidente,        que       si       Serrato  iba  vendado  y  se  acercaba  la  noche,  era  apenas  explicable, en un bus de gran  capacidad,  dotado  de  vidrios  polarizados, que no se percatara de que Barbosa  yacía, imposibilitado, en el mismo lugar.   

b.6.  El  Tribunal  asevera  que Oscar    Armando    Serrato,  cuando llegó al retén de Chuzacá, les dijo  a   los   agentes   que   “venía  varado.”  Esto  no  lo  dice  el  informe  policivo.  Lo supone el fallador.   

b.7.     Oscar  Armando  Serrato Vargas   relató  cómo  uno  de  sus  atracadores,  concretamente  “El  Gordo”,  portaba  un  maletín  negro  y  vestía  una  camiseta en cuya parte  delantera   tenía   estampado  el  logotipo  de  la  flota  “La  Macarena.”   

Si el gerente de Expreso  Palmira,  el  11  de  julio  del  2000,  puso a disposición del instructor esos  elementos,  a  partir  de  este  hecho bien pudo el Tribunal considerar veraz la  versión            de           Serrato.   

3.   En   este   modo   de   razonar  del  Tribunal,  se  observa  lo  siguiente:   

a. Que su certeza en torno a la responsabilidad de  Serrato  Vargas,  no  surgió  de un  proceso       de  racionalización  de  los  hechos contenidos en las pruebas.   

b.  Al  convencimiento  de  que  el sentenciado había participado en  estos   hechos,   el   fallador   llegó  por  la  vía  de la conjetura.      Entre      los     hechos  probados  y     la     inferencia  lógica, el Tribunal eludió  introducir  la  exigencia  legal  de  la  logicidad.   

c.  Por  eso  el soporte de la inferencia  quedó  convertido  en  una  simple  sospecha.  De  la  sospecha,  infirió   el   juzgador   que,   con   toda   certidumbre,  Oscar  Armando Serrato Vargas  había  sido  una  de las personas autoras del  despojo violento de que fue víctima Barbosa Berján.   

d.  El  mérito  persuasivo  que  les  otorgó  el  Tribunal     a     los     llamados     hechos       indicadores,  por  no  estar  apoyado  en  una  deducción lógica, quebró la  estructura  del  indicio.  En lugar de probar lo que tenía que probar por medio  del  raciocinio, lo dio por demostrado. Por eso cayó en lo que  en lógica  se  conoce  como petición de  principio.   

4. Este erróneo razonamiento del Tribunal, por lo  siguiente,    produjo    efectos   trascendentales   en   el   sentido   de   la  sentencia:   

a.   Por   no   haber   aplicado  los  principios  integradores   del   método   de   la   sana  crítica,  el  fallador  incurrió  en  el sofisma de petición    de    principio:    dio    por    probado    lo    que   tenía   que   demostrar.   

b.   De  los  hechos  indicadores,  sólo  podía  concluirse,  a  modo  de  sospecha,  mas  no de certeza, que Oscar  Armando Serrato Vargas   había   participado   en   estos   hechos.   

c.  Si  el  Tribunal  hubiera  establecido  la  existencia  del  acuerdo de voluntades entre el fugitivo y el  sentenciado  para  cometer  el ilícito, no habría razón alguna para negar que  sobre       Serrato  Vargas  gravitaba  prueba  suficiente  de  su  responsabilidad penal. Pero no ocurrió así. Del testimonio  del  ofendido,  la  indagatoria  del  sindicado  y  el  informe policivo, no era  posible,   por   medio   del   raciocinio,   deducir   un   indicio       grave      en contra del sentenciado.   

d. Por no proceder de acuerdo con las reglas de la  sana  crítica,   el   Tribunal  descartó   la   existencia   de   una   duda       infranqueable  sobre la participación del sentenciado en estos sucesos. Por eso  se negó a absolverlo.   

Solicita  a  la Corte,  entonces,  con base en esos argumentos, reconocer que  el sentenciador, por  haber  incurrido  en error de  hecho  por  falso raciocinio,  violó  de  manera  indirecta la ley sustancial, por razón de que la existencia  de  este  error  se  interpuso  en  la  mente del fallador para no concederle el  in     dubio     pro  reo     al     señor  Serrato  Vargas.   

Una  vez  hecho este  reconocimiento,   pide  a  la  Corte  casar   la  sentencia     impugnada     y     sustituirla     por     una    de    carácter  absolutorio.               

              

                      El      MINISTERIO  PÚBLICO   

A  juicio  del  Procurador Cuarto Delegado  para  la  Casación  Penal,  el  cargo formulado en la demanda no debe encontrar  receptividad en la Sala. Estas son las razones:   

1. El actor, es  cierto,   al  cuestionar  la  valoración  de  la  prueba  indiciaria,  escogió  correctamente  la  vía de ataque: la violación de la  ley sustancial por la vía indirecta.   

Pero  la fundamentación del reproche, por  lo siguiente, no se ajusta a las reglas de la casación:   

2. Si el reproche  gravitaba   sobre  la  inferencia  lógica,  le  correspondía  establecer,  con  claridad  y  precisión,  cuáles  eran los errores de  hecho  (identidad,  existencia  o falso raciocinio) o  los   errores  de  derecho  (falso  juicio  de  legalidad  o  falso  juicio  de  convicción)  en que había  incurrido el fallador.   

3.  El  censor,  expresamente,  sostiene  que  el  yerro  cometido  por el fallador consistió en  haber   efectuado   un  falso  raciocinio  sobre la inferencia lógica  realizada  a  partir  de  los  hechos  tenidos  en  cuenta por el  fallador.   

Si ese era su objetivo, para demostrar el  dislate  era  su  deber  probar que el fallador no había actuado de conformidad  con   el  método  de  la  sana  crítica,  esto  es, de acuerdo con las reglas de  la  lógica, las máximas de  la      experiencia     o     los     principios de la ciencia.   

Precisado  lo  anterior,  su  escrutinio  dialéctico   tenía   que   haberse   orientado   a  hacer  evidente  cómo  el  sentenciador,  por  no  atenerse  a  esas  directrices  en la valoración de las  pruebas,  había  llegado  a un resultado contrario al que el empleo del método  de  la  sana  crítica  le  habría proporcionado.   

4. Ese ejercicio  argumentativo,  se  halla  ausente  en  el  desarrollo  del  cargo formulado. El  recurrente  se  limita  a  sostener  que  el  fallador,  al  llevar  a  cabo  la  inferencia    lógica,  incurrió    en   un   sofisma   de   petición   de  principio,  en  razón  de que dio por probado lo que  tenía  que demostrar, esto es, la participación del acusado en la conducta que  se le atribuye.   

Su   censura   no   fue   técnicamente  fundamentada.  Su  modo  de  raciocinar  frente  a  las pruebas existentes en el  proceso,  lo  opone  al  empleado por los sentenciadores. Como no concuerdan con  sus  inferencias,  y  menos  aún  con  las  de la magistrada que se apartó del  criterio   mayoritario,   las   rotula   como   falso  raciocinio.   

El impugnante olvida que un reproche de la  naturaleza  del  que  ha  propuesto,  en  sede  de  casación exige un análisis  puramente  objetivo  y  serio  de  las  deducciones probatorias que sirvieron de  sustento  a  la  decisión  de  condena. La simple discrepancia de criterios, la  oposición  de  pareceres  frente al sentido que debía dárseles a determinados  hechos, no es un discurso de recibo en esta sede extraordinaria.   

5.    Si  –como se tiene aceptado-  las  sentencias  judiciales  se  presumen acertadas y  legales,  le  corresponde  al demandante, sin olvidar  que  en  el  sistema  penal  rige  el  modelo  de valoración de la sana  crítica  y  que las sentencias se  erigen    sobre    la   persuasión   racional   del  juez,  desvirtuar  esa  presunción  y esa legalidad,  pero   no   mediante  una  argumentación  libre  y  propia  de  las  instancias  ordinarias, sino mediante la técnica propia de la casación.   

Precisamente,  el  modo  de  discurrir  el  censor  se  identifica con esa forma libre, ajena a una técnica preestablecida,  que  es  de  usanza y de recibo en las instancias ordinarias. Por eso, y pese al  esfuerzo  intelectual  que  revela  su  escrito,  no  se ajusta a los derroteros  técnicos de la casación.    

El  estudio del demandante, por su forma y  por  su  fondo,  se  orienta a oponer su criterio al de los falladores. Donde el  sentenciador  encuentra  certeza,  el  impugnante,  con  sus propios valimientos  lógicos, halla duda.   

El  método casacional, como bien se sabe,  no  admite  esta  clase de discusiones desligadas de la técnica. Quien hace uso  de  este recurso, debe partir de la aceptación de unas reglas del juego fijadas  de  antemano.  A  ellas  debe  ceñirse  para  estructurar su argumentación. El  censor  ha desconocido esta metodología. Ello impide, por tanto, que la Sala le  conceda receptividad a su cuestionamiento.   

En  este  sentido,  orienta la Delegada su  sugerencia  de  no casar la  sentencia.   

                         CONSIDERACIONES   

         1. El censor señala que el  yerro  del  Tribunal se presenta en el proceso de producción de la inferencia  lógica. Por eso, para probar  que  en esta operación se dio por demostrado el hecho  indicado,   acusa  la  sentencia  por  la  vía  del  falso   raciocinio.    

En varias ocasiones, la Corte ha explicado  de  qué  modo  debe  procederse  cuando se demanda una sentencia por violación  indirecta  de la ley sustancial producida por error de  hecho  derivado  de  un falso raciocinio. En casación  del    26    de   junio   del   2002,   por   ejemplo,   hizo   las   siguientes  precisiones:   

“Si  se  denuncia  falso  raciocinio por  desconocimiento  de  los  postulados  de  la sana crítica, se debe indicar qué  dice  de  manera  objetiva  el  medio,  qué  infirió de él el juzgador, cuál  mérito  persuasivo le fue otorgado, señalar cuál postulado de la lógica, ley  de  la  ciencia o máxima de la experiencia fue desconocida, debiéndose indicar  cuál  es  el  aporte científico correcto, la regla de la lógica apropiada, la  máxima  de  la  experiencia  que  debió  tomarse  en consideración y cómo, y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error, indicando cuál debe ser la  apreciación  correcta  de la prueba o pruebas que cuestiona, y que habría dado  lugar   a   proferir   un   fallo   sustancialmente   distinto   y   opuesto  al  ameritado.”   (M.  P.  Fernando  Arboleda  Ripoll,  radicación número 11.451).   

Resulta   claro,   entonces,   que   la  inobservancia   de   los   componentes   de  la  sana  crítica  al  momento  de  realizar  la  inferencia   lógica  de  los  indicios,  puede generar infracción mediata a la ley sustantiva.   

2.  El defensor  del  procesado,  dentro  del  marco  de  la  causal primera de casación, cuerpo  segundo, ha elevado, en ese sentido, un cargo contra el fallo.   

La   síntesis  de  su  censura,  es  la  siguiente:   

La   sentencia,  dice,  vulnera  la  ley  sustancial  de  modo  indirecto.  Esa  violación  surge  de  haber incurrido el  fallador,  cuando  se dispuso a efectuar la inferencia  lógica  a  partir de los hechos que le ofrecían las  pruebas   –el  informe  policivo,  la  denuncia  y  la  indagatoria  de  Oscar  Armando    Serrato    Vargas-,    en   error  de  hecho  por  falso  raciocinio.   

A  continuación,  se  explicará  de qué  modo, según el recurrente, se produjo la equivocación.   

3.  Un  esquema  fiel de los hechos probados, es el siguiente:   

a.  El  señor Barbosa Berján relata cómo a él,  el  15  de  marzo  del  2000, a eso de las 3:45 de la tarde, cuando conducía su  vehículo  por  inmediaciones de la calle 13 con la Avenida Boyacá, dos hombres  lo  interceptaron y se lo llevaron con ellos, luego de despojarlo del control de  su automotor y amarrarlo de pies y manos.   

Más   tarde,   lo  trasladaron  a  otro  carro  de similares características y tomaron rumbo hacia  Fusagasugá.  Pero en el peaje Chuzacá, el bus fue interceptado por la policía  y  capturado  Oscar Armando  Serrato  Vargas,  quien  lo  conducía.   

b.   En   su   indagatoria,   Serrato      Vargas      manifestó  que  el  15 de marzo del 2000, a eso  del  mediodía,  salió  de  su  casa  y se dirigió hacia el barrio Boitía. Su  propósito  era  retirar  del parqueadero su bus de placas SUC-017 para llevarlo  al taller de Javier N.   

A las 3:10 de la tarde  de  ese  día, en su vehículo, tomó rumbo hacia la Terminal de Transportes con  el  fin  de  emprender  la  ruta  Bogotá-Neiva.  Pero a la altura de la Avenida  Boyacá  con calle 6°, un individuo, quien vestía una camiseta con la insignia  Flota  “La Macarena”, y a quien identifica como “El Gordo”, le salió al  paso  y  le  pidió,  con  lo  que  estuvo  de  acuerdo,  que  lo  transportara.   

Más   adelante,  recogieron  a  “El  Negro”,  presunto  ayudante  del  primer  ocupante. Este  hombre,  una  vez  abordó  el  vehículo,  esgrimió un revólver, lo obligó a  retirarse  del  volante,  lo  llevó hacia la parte de atrás, lo ató con cinta  pegante,  le  cubrió  la  cabeza con una chaqueta y juntos empezaron a recorrer  por la ciudad.   

Luego  entraron  a  un  parqueadero  y  allí  escuchó, entre ruidos propios de la actividad mecánica,  que  al  sitio  hacía  su  arribo otro vehículo y que alguien, por celular, le  decía  a  otra  persona  lo siguiente: “Pinza, pincita, ya le tengo un animal  bien  macanudo,  éste sí tiene de todo lo único que le voy es a cambiar   las llantas para mandárselo con llantas nuevas”.   

Su odisea, sin embargo,  no  terminó  allí.  Después, sus victimarios, arguyendo que “El Negro” no  sabía  manejarlo,  le exigieron conducir el vehículo por la vía que conduce a  Chuzacá,  escoltado por una camioneta al mando de “El Gordo”. Al arribar al  retén,  los  agentes  los  detuvieron y encontraron dentro, amarrado, a Barbosa  Berján.  Como “El Negro” logró huir, Serrato  quiso  explicar  que  él  también había sido víctima de los atracadores, pero no se  lo permitieron.   

c.  El  informe  de  policía  refiere  que  en el  operativo,  aunque  el  ayudante  del  bus  se  dio  a  la  fuga,  fue  apresado  Serrato  Vargas, quien lo conducía.  Y   agrega   que  dentro,  imposibilitado  para  moverse,  fue  hallado  Barbosa  Berján.   

4.  De  estos  hechos,  el  fallador  infirió  lo  siguiente:   

a.   Que   Serrato,  por  cuanto  en  unas  fotografías que le tomaron la noche de su captura, en las que  sus  ropas  aparecen  impregnadas  de  grasa,  tuvo  que haber participado en el  desguazamiento del bus de Barbosa Berján.   

b.  Que  no  pudo  ser cierto que esa tarde, a las  4:30,  fuera  a tomar la ruta Bogotá-Neiva, dado que la empresa “Coomotor”,  firma  a  la  que está afiliada el bus de Serrato,  informó  que  la  salida  la  tenía  programada  para  ese  día  a  las 5:40.   

c.  Que  en  la  indagatoria,  Serrato  dijo  haber  sido  obligado por los atracadores  a tomarse una  cerveza.   Pero   que   en   el   debate   oral   expresó   haberse  opuesto  a  ello.   

d.    Que    si   el   hurto   cometido   contra  Serrato  ocurrió a las 3:30, no era creíble la espera  de  los  autores  del  hecho  hasta  las  5:30,  hora  en  que   llegó  al  parqueadero el bus de Barbosa Berján.   

e.  Que  no  era cierta la exigencia hecha por los  asaltantes           a           Serrato  para  ponerse  al mando del bus, por cuanto “El Gordo”, conductor de la camioneta,  lo podía sustituir.   

f.    Que    inicialmente    Serrato  dijo  haber  sido atado de pies y manos y trasladado al fondo del  automotor.  Pero  después, sin guardar consonancia con lo primero, expresó que  lo habían dejado en la parte central de la carrocería.   

g. Que  no  era creíble, si Barbosa iba amordazado  en   la   parte   trasera   del   bus  y  Serrato   lo  conducía,     el     hecho     de     que     no     hubiera    detectado    su  presencia.   

h.  Que  si  la  finalidad del hurto era vender el  vehículo,     no     había     razón     alguna     para     cambiarle    las  llantas.   

i.    Que    el   bus   de   Serrato         Vargas  no  era  utilizado  por la empresa “Coomotor”,  como  documentalmente  se  demostró,  desde el 20 de febrero del 2000, en vista  del mal estado en que se hallaban sus llantas.   

j.  Que no pudo ser cierto que Serrato,  cuando  llegó al retén policial, hubiese hecho señales de luz  a  los  agentes  para que advirtieran la condición de víctima de un delito. Lo  que  dijo,  según  el  informe  de  captura, fue que “venía varado”.    

5. Y luego determinó:   

“Lo expuesto lleva a  la  conclusión  de que Oscar  Armando   Serrato   Vargas  incurrió  en  dicho  hurto,  donde  hubo coautoría impropia y le correspondió  intervenir  en  quitarle  al  vehículo la mayoría de sus componentes, asegurar  parte     del    botín    y    trasladar    a    su    conductor    fuera    de  Bogotá.”   

6. En la forma de  valorar  estas  pruebas,  puntualiza  el demandante, el Tribunal incurrió en un  falso  raciocinio.  En  su  operación   intelectiva,   quebrantó   los   postulados   de  la  sana  crítica  y, específicamente, una  regla  de  la lógica, dado  que  su conclusión, por estar fundada en el simple convencimiento subjetivo del  fallador  –petición  de  principio-,    no   surgió   de   un   proceso   de  racionalización  de  los  datos  que  le servían de  objeto de conocimiento.   

El  Tribunal,  en  su  sentencia, reconoce  que   

“se  presentan  criterios  opuestos  con  relación   a   la  autoría  en  cabeza  de  SERRATO  VARGAS,   pues   el   a  quo lo absolvió y el representante de la parte civil  y la Fiscalía apelaron con la pretensión de que sea condenado.”   

Si  así lo aceptó, debió fundarse en un  adecuado  raciocinio,  y  no  en  simples  conjeturas,  para despejar la “duda  infranqueable”  que  existía  en  torno  a  la participación de Serrato      Vargas     en     estos  hechos.   

Al pálpito, arbitraria y caprichosamente,  el   fallador  no  podía,  como  lo  hizo,  extraer,  inferir  de  los  hechos  probados,  la certeza de su  autoría y su culpabilidad.   

Su deber, para no incurrir -como sucedió-  en   el   sofisma   conocido   como   petición   de  principio,  era  probar  lo  que tuvo por demostrado.  Dado   que   su   conclusión   no   estuvo   precedida   de   un   ejercicio   racional  sobre  los  hechos  probados,  su obligación era absolver a Oscar Armando  Serrato  de  todo  cargo,  por  cuanto  la duda sólo  podía  ser  despejada  por  efecto  del  uso de la razón. Por eso aplicó   indebidamente  los  artículos  349,  350,  numerales  1° y 2°; 351, numerales 6° y 10°; 372, numeral 1°, y  la Ley 100 de 1980 (Código Penal).   

7. De lo anotado  hasta aquí, se llega a la siguiente conclusión parcial:   

A  partir  de cada uno de los hechos  probados, el Tribunal realiza una  inferencia.  Luego,  de la  evaluación de esos hechos en conjunto, extrae una conclusión.   

Así ha procedido el juzgador:  

En   las   siguientes   expresiones  del  sentenciado,    halla    contradicción:   

a.  El hecho de  que  Serrato  Vargas  haya  dicho  que  tenía  proyectado  viajar  a  las  4:30  de  la tarde a Neiva en su  vehículo.  Dos  circunstancias le sirven de base para rotularlo de esta manera:  que  el  bus,  según prueba documental que obra en el proceso, hacía tiempo no  era  utilizado  por  la  empresa  “Coomotor” para cubrir sus rutas, y que la  salida era a las 5:30.   

b. Inicialmente,  dijo  que los asaltantes lo amenazaron de que si no colaboraba, podían proceder  contra  su  hijo.  Pero después, en la audiencia, expresó que su contribución  no  fue  causada  por la amenaza sino porque él mismo les reveló que tenía un  hijo y una mujer por quienes debía velar.   

c.   En   su  indagatoria,  indicó  que  uno  de  los  atracadores  lo  obligó a tomarse una  cerveza. Pero, posteriormente, relató que se había negado a ello.   

Las siguientes circunstancias, se le hacen  inverosímiles    al  Tribunal:   

a.  El hecho de  que  haya  prestado ayuda a los autores del ilícito mediante la conducción del  automotor.  Usualmente,  no ocurre que unos ladrones hurten un segundo vehículo  para  pedirle  al  segundo ofendido que les ayude a trasladar de un lugar a otro  el botín de su primer asalto.   

b. Si el señor  Serrato  colaboró  en  la  conducción  del  carro  porque los otros no eran expertos en estas lides, se le  hace  extraño  al Tribunal que no hubieran acudido, para esos efectos, a uno de  los  intervinientes,  precisamente  al que conducía una  camioneta que les  sirvió para perpetrar el delito.   

c. Si el señor  Serrato fue atado de pies y  manos  dentro  del  bus,  y además situado en la parte trasera o en la mitad de  él,  al  Tribunal se le hace inconcebible que no se haya dado cuenta que allí,  en idénticas condiciones, se hallaba Barbosa Berján.   

d.   Si   el  propósito  de  los  autores  del  delito  era  vender  el  bus  de Serrato,   no   encuentra   razón   el  Tribunal,  porque esas partes poco incrementarían su valor en el mercado negro,  para  que  hayan decidido cambiarle las llantas por las del automotor de William  Barbosa.   

e.  El  bus  de  Serrato   Vargas  no  era  utilizado   por   “Coomotor”  desde  el  20  de  febrero  del  2000,  según  comunicación  de  la  transportadora  al instructor. El procesado justificó el  hecho  bajo  el  argumento  de  que lo tenía inmovilizado porque estuvo enfermo  durante  ocho  días.  Al  Tribunal  se  le  hace  “poco satisfactoria” esta  explicación  porque la empresa informó que su no utilización desde esa fecha,  se debía al mal estado de las ruedas de la máquina.   

f. El sentenciado  relató  que  el  día  de los hechos se dirigía a cumplir un compromiso, el de  prestar  el  servicio  de  pasajeros, a la empresa “Coomotor”. Pero como sus  ropas  iban  manchadas  de  grasa,  según  lo  revelan tres fotografías que le  tomaron  la  noche de su captura, el Tribunal no encontró de recibo que fuera a  presentarse   en   esas   condiciones  a  la  Terminal  para  efectuar  la  ruta  Bogotá-Neiva.   

8.   De   la  confrontación   entre   las  inferencias  realizadas  por  el  Tribunal  y el contenido del cargo que se le  hace a su sentencia, surge lo siguiente conclusión final:   

a. No es cierto,  como     lo     sostiene     el     actor,    que    en    estas    inferencias,  en  lugar  de  un criterio  lógico,        subyace         una       serie       de       conjeturas,     puro     subjetivismo.   En   este   punto,   el  desacierto del casacionista es evidente.   

b. En la fase del  juzgamiento,  el  Tribunal, sujeto al sistema de libre  valoración  de  la  prueba, ha desempeñado, como le  corresponde,       una       actividad       fundamentalmente       valorativa.  En  su desarrollo, no se ha  limitado  a  decir  que  estima  convincente la prueba practicada. Ha expresado,  además, el por qué de esta consideración.   

c.   Para  explicarlo,  en  su  motivación  ha  plasmado los criterios que le inspiran esa  convicción.  Pero  esos  criterios,  no  los  ha  seleccionado  a su antojo. Ha  utilizado  los  que  conforman  las  reglas de la sana  crítica.  Mediante  ese  método,  ha  realizado  su  análisis   de   la   prueba   de   acuerdo  con  la  lógica.   

d. Por la vía de  ese  examen,  ha  llegado a la conclusión   de   que   el   procesado   es   responsable   de   los   hechos  investigados.    

9. La afirmación  de  que  el  análisis probatorio del Tribunal no se corresponde con la lógica,  es  infundada.  El  censor  ha  acusado  su  razonamiento  de carecer, por estar  apoyado    en    el    sofisma   de   petición   de  principio, de un proceso de  racionalización.  Pero  esta  refutación,  como  se  verá, no encuentra soporte en la providencia impugnada.   

10.    La  petición  de  principio,  sofisma    violatorio    de   las   reglas   de   la  lógica   sobre   las   que   según  el  censor  se  efectuaron    las  inferencias   en la sentencia recurrida, es una forma  de  argumentación  en la que los hechos probados, al  hacerlos  pasar  por  algunas  transformaciones que no  modifican  su  sentido,  se vuelven a presentar, a la  manera    de    un    círculo   vicioso, como conclusión.   

11. El Tribunal  no  ha  realizado,  como  salta  de  bulto de las inferencias relacionadas, esta  clase   de  reformulación  argumentativa.        Los        argumentos       de       su       conclusión  no  están constituidos por  una   exégesis  de  esa  conclusión.  No  ha  dicho,  de  modo  tautológico,  que  los hechos probados,  por sí mismos, constituyen  la base de su juicio de condena.    

De  modo distinto, para hacer avanzar   el   conocimiento   de   esa  facticidad   hacia   su  conclusión,   les   ha  otorgado  un  sentido a esos  hechos   probados.   Ha  estimado   algunos  como  contradictorios  y otros como inverosímiles.  De  modo que los ha valorado. Los ha apreciado críticamente, no  para  presentarlos  de manera escueta como conclusión, sino para enriquecerlos,  para modificarles su sentido.   

Sobre   la   base   del   sentido    de   que   ha   dotado    estos   hechos   –es   decir,   por   virtud   de  las  inferencias   a   las   que   ha   arribado-,   se   ha   formado   libremente,    por   su   propia  persuasión racional, su criterio  en  torno  a la responsabilidad penal de Oscar Serrato  Vargas.   

Esta forma de proceder, en el sistema penal  vigente,  es  lícita  y  no  atenta,  porque  se ajusta a las directrices de la  sana  crítica –las  que  le  ofrecen las leyes de la  ciencia,  las  reglas de la lógica y las máximas de la experiencia-, contra la  legalidad   de  la  sentencia  objeto  de  impugnación.       

El cargo, por tanto, carece de fundamento.  Las  inferencias realizadas  por  el  Tribunal,  como se ha explicado, no están sustentadas en el sofisma de  petición  de  principio.  Ellas    han    sido    efecto    del   proceso   de  racionalización  a  que  el  juzgador, en un sistema  donde   por   virtud   de   la   vigencia   del   método   de  la  sana  crítica puede el juez formarse su  criterio  a  partir  de  su  propia persuasión racional, ha sometido los hechos  probados a lo largo del proceso.   

Así,  la doble presunción de acierto y  legalidad  de  que  está investida la sentencia, queda incólume. De  ahí  que  no  pueda  ser  acogida  la  censura  que al amparo de la causal primera de  casación ha formulado el actor.     

   En mérito de lo expuesto, la  Sala  de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

                                 RESUELVE   

No casar la sentencia.  

No procede ningún recurso.  

         NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE   

   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                                   JORGE A. GÓMEZ GALLEGO                        

ALFREDO         GÓMEZ   QUINTERO                              ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                         MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                         MAURO  SOLARTE  PORTILLA   

            

         

                                                          TERESA RUIZ NÚÑEZ   

Secretaria  

    

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