21206(29-06-05)

2005

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21206  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS  

Aprobado acta N°  052  

Bogotá D. C., veintinueve (29) de junio de  dos mil cinco (2005).   

V   I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  RIONSON ANTOLINEZ GÓMEZ.   

A  N  T E C E D E N T E  S   

1.      Los   hechos   fueron  sintetizados   por   el   juzgador   de   segunda   instancia  de  la  siguiente  manera:   

“El 15 de marzo  de  2002,  siendo  las  14:30  horas,  el señor José Italo Ruíz Mora, jefe de  seguridad       de       la       empresa       Transportadora      ‘El    Proveedor    &   Sercarga  S.A.’  se dirigía hacia  la  ciudad  de Bogotá y observó que el vehículo de placas SNJ-605, en el cual  se  deberían  transportar  unas  llantas  de  propiedad  de  dicha  empresa, se  dirigía   a   esta   localidad   (Bucaramanga)  a  gran  velocidad  y  que  las  características  dadas  vía  telefónica  por parte de la compañía señalada  acerca  del conductor no correspondían con las mismas que él observó, procede  a  hacerle  un seguimiento y a la altura del municipio de Girón verifica que el  conductor  se  baja  del  camión  y  toma un taxi, por tal motivo intercepta el  rodante  y aprehende a quien a la postre sería identificado como Orlando Cadena  Osorio  mientras  hacía  presencia  la  policía,  el  cual  manifestó  a  los  uniformados  que  el  conductor  del  vehículo  le  había dado el camión y la  mercancía  con  el fin de que mencionara que había sido hurtada. Acto seguido,  proceden  a  trasladarse hasta el sitio en donde fue desembarcada la mercancía,  siendo  encontrada en el sitio conocido como Finca la Teja, vereda Los Colorados  del  municipio  de  Piedecuesta, estableciéndose que el conductor del vehículo  era     RIONSON    ANTOLINEZ    GÓMEZ”.   

2.   Con  base en la solicitud elevada  por  el  procesado,  el  27 de septiembre de 2002 se llevó a cabo diligencia de  formulación  de  cargos,  dentro  de  la cual Rionson  Antolinez   Gómez   aceptó,   de  manera  libre  y  voluntaria,  los cargos que por el delito de hurto agravado (arts. 239 y 241 del  Código Penal) le imputó la fiscalía.   

3. El Juzgado Primero Penal del Circuito de  Bucaramanga,  mediante  sentencia  anticipada fechada el 8 de noviembre de 2002,  condenó   a   Rionson  Antolinez  Gómez   a   la   pena   principal  de  32  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria      de      inhabilitación     para     el   ejercicio   de   derechos   y   funciones  públicas  por un  lapso  igual  al  de  la pena privativa de la libertad, como autor del delito de  hurto   agravado.  Así  mismo  le  negó  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria.   

3.   Apelado  el fallo por el defensor  del  procesado,  el Tribunal Superior de Bucaramanga, el 13 de marzo de 2003, lo  confirmó  integralmente.  Contra esta determinación, el citado profesional del  derecho interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA     DEMANDA     DE   CASACIÓN   

El   defensor  del  procesado  Rionson Antolinez Gómez, al amparo del  cuerpo  primero  de  la  causal  primera  de casación, acusa al sentenciador de  haber  incurrido  en  violación directa de la ley, por interpretación errónea  del   artículo  63  del  Código  Penal,  norma  que  consagra  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución de la pena, a la cual, en su criterio, se le dio  una   interpretación  “que  rebasa  su  sentido  y  alcance”.   

Afirma  que  teniendo  en  cuenta  que  su  defendido,   tal  como  está  demostrado,  carece  de  antecedentes  penales  y  contravencionales,  que  la modalidad del hecho cometido no reviste peligrosidad  alguna  y  que  la pena impuesta no rebasa los límites establecidos en la norma  invocada, debió concedérsele dicho sustituto.   

Considera que al negarse el citado beneficio  se  desconoció  no  solo  el  artículo  4°  del  Código  Penal sino también  “la  filosofía  que  inspira  el  subrogado  de la  condena   de   ejecución  condicional   y  se  acepta  exclusivamente  una  concepción  retributiva  de  la  pena, prescindiendo de la prevención especial  consagrada    en    la    parte    general    del   estatuto   penal”.   

Asevera  que si bien es cierto la norma fue  aplicada  correctamente,  a  esta  se le dio una interpretación errónea que no  corresponde  a  la  filosofía  que  la inspiró, rebasándose así su sentido y  alcance,  yerro  que  conllevó  a  que  a  su  procurado  no se le otorgara ese  derecho.   

Por  lo  tanto,   solicita  a la Corte  casar  el  fallo  impugnado  y,  en consecuencia, se declare que su defendido se  hace merecedor del citado sustituto.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE   

La  demanda  de casación presentada por el  defensor    del    sentenciado   Rionson   Antolinez  Gómez   no   reúne  los  requisitos  de  claridad,  precisión  y coherencia que para ser admitida establecen las normas que regulan  la casación.   

En  efecto, ha señalado insistentemente la  jurisprudencia  de  la Corte que cuando se invoca el cuerpo primero de la causal  primera  de  casación,  esto  es,  violación  directa de la ley sustancial, el  libelista  no  puede  discutir  la  valoración  de  la  prueba realizada por el  sentenciador  ni  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos consignada en el  fallo,  pues toda su actividad debe estar dirigida exclusivamente a demostrar la  equivocación  en  que  incurrió  el  Tribunal  al  aplicar  o  al inaplicar la  normatividad al caso concreto.   

Se   trata,   entonces,   de  un  estudio  estrictamente      jurídico,     toda     vez     que      “cualquiera  que  sea  la modalidad de violación directa de la ley,  el  yerro  de los juzgadores recae indefectiblemente en forma inmediata sobre la  normatividad,  todo  lo  cual implica un cuestionamiento en un punto de derecho,  sea  porque  se  deja  de  lado  el precepto regulador de la situación concreta  demostrada,  porque  el hecho se adecua a un precepto estructurado con supuestos  distintos  a los establecidos, o porque se desborda la intelección propia de la  disposición         aplicable        al        caso        concreto…”.1   

Y  cuando  se  trata  de  la última de las  citadas   modalidades   de   la  violación  de  la  ley  sustancial,  esto  es,  interpretación  errónea,  significa que el proceso de selección y adecuación  al  caso  en  cuestión  es  correcto pero al interpretar el precepto el juez le  atribuye  un  sentido  que no tiene o le asigna efectos distintos o contrarios a  su  contenido,  lo  que  implica  que  el yerro recae indefectiblemente en forma  inmediata  sobre  la  normatividad,  todo  lo  cual impone un cuestionamiento en  derecho  y,  al  mismo  tiempo, como se indicó, la aceptación incondicional de  una   realidad   fáctica  ya  definida  e  inmodificable  dentro  del  proceso,  imponiéndose  la sujeción del demandante a la realidad probatoria declarada en  las instancias.   

Tales  delineamientos  técnicos  no fueron  observados  por el actor, pues si bien funda el reproche bajo la modalidad de la  interpretación  errónea  del  artículo  63  del Código Penal, de todos modos  desvió  la  censura  hacia  los  linderos  de la violación indirecta de la ley  sustancial,  pues en espera de que centrara su argumentación a demostrar, en el  ámbito   estrictamente   jurídico,  cómo  el  juzgador  le  otorgó  a  dicha  preceptiva  un  alcance que no contempla, se dedicó a afirmar que en el proceso  “está  demostrado” que  su  procurado  “carece  de  antecedentes  penales y  contravencionales”,    o    que   “la      modalidad     del     hecho     cometido     no     reviste  peligrosidad”.   

Si  el  actor  no  compartía  el resultado  fáctico  logrado  por  los  jueces,  por  cuanto  que  el  proceso arrojaba los  suficientes  elementos  de  juicio que, bajo su correcta valoración, conducían  al  reconocimiento  del  mecanismos sustitutivo de la suspensión condicional de  la  ejecución  de  la  pena, es claro, entonces, que tales desavenencias recaen  sobre  las  pruebas,  motivo  por  el  cual  el  ataque deja de ser directo para  convertirse  en  indirecto y, por lo mismo, debió centrar el reproche a través  de  la  apreciación  probatoria,  según  la  índole de los errores que en esa  materia hubiesen podido incurrir los sentenciadores.   

Ahora  bien,  si en gracia de discusión se  aceptara  que  la argumentación del demandante se delineó exclusivamente en el  ámbito  de  la mencionada interpretación errónea del artículo 63 del Código  Penal,  de  todos  modos  el  cargo  lo  dejó  en  el simple enunciado, pues no  ilustró  a  la  Corte  en  qué  consistió  la  errada  hermenéutica  que  el  sentenciador  le otorgó a dicha preceptiva, cuál era su correcto entendimiento  y  cómo  de  haberse  interpretado  de  manera  acertada  el fallo habría sido  favorable a los intereses jurídicos de su defendido.   

Por  último, no está de más recordar que  la         interpretación         errónea,2   vía   escogida   por   el  demandante,  en  cuanto  concepto  o  sentido de la violación directa de la ley  sustancial,  se  presenta  cuando el sentenciador selecciona correctamente   la   norma  que   debe   regir   el  caso  y   la    aplica,   pero    le   otorga    unos   alcances   que   no   tiene,   o   unos   efectos   jurídicos   que  no  causa,   hipótesis   que  no  se  ajusta  a   este   caso,  toda  vez  que  el juzgador no aplicó el  citado  artículo  63  de  la  Ley  599  de 2000, razón por la cual el reproche  debió  fundarse en la falta de aplicación y no en la interpretación errónea,  para   luego   desarrollar   el   cargo  con  argumentos  en  estricto  derecho.   

En esas condiciones, al no reunir la demanda  los presupuestos de claridad y precisión, la Corte la inadmitirá.   

Finalmente,  cabe  señalar  que el estudio  detenido  del  expediente permite a la Sala concluir que no procede la casación  oficiosa  por  cuanto no se percibe ninguna causal de nulidad ni vulneración de  derechos fundamentales.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada por el defensor de  RIONSON   ANTOLINEZ   GÓMEZ.  En  consecuencia,  se  declara   desierto   el   recurso   extraordinario   de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso.   

Comuníquese y cúmplase.  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                              HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

Permiso  

ALFREDO   GÓMEZ  QUINTERO                                                 EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

Impedido                                                                                 Permiso   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                 JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS   

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                                 MAURO  SOLARTE PORTILLA   

                                TERESA      RUÍZ  NÚÑEZ   

                             Secretaria   

    

1 Rad.  14899,  sentencia del 6 de mayo de 2003, M.P. Dra. Marina Pulido de Barón; Rad.  18580,  auto  del  12  de mayo de 2004, M.P. Dr. Álvaro Orlando Pérez Pinzón;  Rad.  21821, sentencia del 2 de marzo de 2005, M.P. DR. Alfredo Gómez Quintero,  entre otros.   

2 Rad.  17722,  sentencia  del  23 de febrero de 2005, M.P. Dr. Yesid Ramírez Bastidas,  entre otros.     

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