21092(30-06-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  21092   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 58.  

          Bogotá   D.C.,  junio  treinta  (30)  de  dos  mil  cuatro  (2004).   

VISTOS  

Decide  la Sala sobre la admisión formal de  la  demanda  de  casación discrecional presentada por el defensor del procesado  FERNANDO    MANUEL    GÁLVIS    BARBERO,  contra  la  sentencia proferida por el Juzgado Penal del Circuito  de  Funza,  mediante la cual confirmó la dictada por el Juzgado Penal Municipal  del  mismo  municipio,  por  cuyo  medio, lo condenó a las penas principales de  seis  (6)  años  de  prisión y multa por valor de 25 salarios mínimos legales  legales  mensuales,  en su condición de autor penalmente responsable del delito  de   lesiones   personales  dolosas  en  Carlos  Julio  Rodríguez Tibaquicha.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Hacia las dos treinta de la mañana del día  6  de  octubre  de  2001,  en  la  carrera 5 con calle 14 del municipio de Cota,  departían   los   señores  Carlos  Julio  Rodríguez  Tibaquicha,   Miguel   Díaz   Escobar,   Nelson   Melo  Rueda      y    Giovanny    Romero.    En  cercanías  a  este  lugar  residían  los  padres  de  Nelson,  en  cuya  vivienda  funcionaba    una    licorera    a    la    cual   se   acercaron   FERNANDO   GÁLVIS,  William  Carrasquilla  y  Rafael  N,  con el propósito de adquirir bebidas embriagantes, quienes al no  ser    atendidos    optaron    por    emprender    violentamente    contra    el  expendio.   

Nelson  Melo  les  informó  que  el  establecimiento  se  encontraba cerrado y que por lo tanto no  continuaran    con    su    comportamiento.     Entretanto,    Carlos  Julio  Rodríguez  se  aproximó a  FERNANDO  GÁLVIS,  William  y  Rafael,  suscitándose   un  cruce  de  palabras.   Cuando  Carlos  Julio  regresó  al lugar en donde  departía   con   sus   acompañantes,   fue   objeto   de  agresión  con  arma  cortopunzante,     al     parecer    por    FERNANDO  GÁLVIS.   La  agresión ocasionó a Carlos  Julio  incapacidad  médico  legal  definitiva  de 50 días y secuelas de deformidad física que afectaron su cuerpo  de  carácter permanente;  además, le produjeron pérdida funcional de los  miembros  inferiores,  del  órgano de la locomoción y del miembro viril, todas  de  carácter  permanente        

La  Fiscalía  Delegada  ante  los  Juzgados  Penales  Municipales  de Chía inició la investigación, en cuyo marco vinculó  a  GÁLVIS  BARBERO  mediante  indagatoria  y  le resolvió su situación jurídica con medida de aseguramiento  de  detención  preventiva  como  autor  del  delito  de lesiones personales con  pérdida  funcional  de  órgano  y  miembro,  previsto  en el artículo 116 del  Código Penal.   

Clausurada   la   instrucción,  profirió  resolución  de  acusación,  el 26 de marzo de 2002, por el delito objeto de la  medida de aseguramiento.   

El Juzgado Penal Municipal de Funza adelantó  el  juicio  y  profirió  sentencia  por  cuyo medio condenó al procesado a las  penas  principales  de  seis  (6)  años  de  prisión  y  multa por valor de 25  salarios  mínimos  legales mensuales, así como a la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el mismo lapso de la principal, como  autor  penalmente  responsable  del  delito  comprendido  en  la  resolución de  acusación.   

Contra  esta  decisión,  el  defensor  del  procesado  interpuso  recurso  de  apelación,  la  cual  fue  confirmada por el  Juzgado Penal del Circuito de la misma localidad.   

Inconforme con la anterior determinación, el  defensor      interpuso     recurso     extraordinario     de     casación  discrecional.   Sobre  la  admisión  formal  de  la  demanda presentada en  sustento    de    la    impugnación,   se   ocupa   la   Sala   mediante   este  proveído.        

LA DEMANDA  

El  defensor  invoca  la  causal  primera de  casación,  por violación indirecta de la ley sustancial, con fundamento en los  siguientes errores:   

En primer lugar, sostiene que se incurrió en  falso  juicio  de  identidad  porque  no  es aceptable sostener que “los   allegados   del   acusado,  quieren  deponder  (sic)  en favor de sus intereses… cuando  solamente  en  el  curso  del  proceso  declaró como allegado del acusado, para  tomar  sus mismas palabras, la compañera de éste y si por el contrario a favor  del  lesionado  están  su  padre  y  su  hermano,  y por supuesto sus amigos de  farra”.   

Indica,   igualmente,  que  los  supuestos  testigos    presenciales    “no    coinciden    en  nada”,  lo  cual  pone  de  manifiesto  “la   falta   de   identidad”  en  sus  declaraciones,    debido   al   “sin   número   de  contradicciones,   de   una   parte   y   de   otra   con  la  realidad  de  los  hechos”.    

En segundo lugar, señala que se incurrió en  falso  juicio de convicción porque “ese falso juicio  de   identidad   entre  lo  realmente  sucedió  (sic)  y  las  versiones  de  los  testigos  y  aún  las del  lesionado   presentaron  en  la  valoración  del  juzgador  además  una  falsa  convicción    porque    solo    se    atiene    a   lo   manifestado   por   el  lesionado”.   

Sobre  el  mismo  aspecto,  advierte  que se  configura  “inexistencia  absoluta de la prueba para  condenar”,  dado que “los  testimonios  recibidos,  además  de  ser  contradictorios entre si (sic)  en  muchos  aspectos…  tan  solo  apuntan   a   decir  que  NINGUNO  OBSERVO  quién  había  lesionado  a  CARLOS  JULIO”,  situación que también se verificó con la  versión  de  la  víctima.   La  única persona que presenció al agresor,  continua,   fue  el  hermano  del  lesionado,  William  Rodríguez,   al   sostener   que   el   agresor  fue  William  Carrasquilla  pero,  agrega, esta declaración no fue apreciada por el juzgador.   

Como     no     obra     “plena  prueba” que permita establecer  la    persona    que    lesionó   a   Carlos   Julio  Rodríguez  y su versión tampoco ofrece credibilidad,  se  configura  la  violación  que  pregona  y  que transgrede los principios de  dignidad, libertad y honra de su defendido.   

Por  último,  indica  que  se  incurrió en  “violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  existencia  de  duda  en  favor  del  condenado”, con  fundamento  en la “inexistencia de móvil, el indicio  de  presencia  y  la  identificación plena del condenado como autor material de  los hechos”.   

Además  del  quebranto  de  los  principios  fundamentales  enunciados,  señala  en  este aparte que también se vulneró el  beneficio  de la duda previsto en el artículo 7°, inciso segundo, del estatuto  procesal penal.   

En  razón  a  lo expuesto, considera que se  vulneraron  los  artículos  29,  35,  43,  52,  60 y 116 del Código Penal, por  aplicación  indebida y, por falta de aplicación, los artículos 21 y 53 inciso  final  de la Constitución Política, así como los artículos 5, 7 inciso 2° y  234 del estatuto procesal.     

Corolario  de  lo  anterior,  solicita de la  Corte  se case el fallo para que profiera en su lugar sentencia absolutoria y se  ordene  la   libertad  inmediata  e  incondicional  de  su defendido.    

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Desde  antes  de  la  reforma a la casación  adoptada   mediante   la   Ley   553  de  2000,  la  posterior  declaratoria  de  inexequibilidad  de  algunas de sus disposiciones y la entrada en vigencia de la  Ley  600 de 2000, la Sala ha venido sosteniendo que el recurso extraordinario se  debe  regir  por  la  ley  vigente  al momento de proferirse el fallo de segundo  grado,  pues  es  esa decisión, la que es objeto de esta clase de impugnación,  bien por la vía ordinaria ora por la excepcional.   

En  el  caso  que concita la atención de la  Sala,  la  sentencia  del Juzgado Penal del Circuito de Funza se profirió el 16  de  diciembre  de  2002,  fecha  que delimita la norma aplicable tratándose del  recurso  extraordinario  de casación, momento para el cual regía la Ley 600 de  2000,    cuyo    artículo    205,   excepto   la   expresión   “ejecutoriadas”1,  lo  autoriza “contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia  por los  Tribunales  Superiores  de Distrito y el Tribunal Penal Militar, en los procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada pena privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  exceda  de  ocho años, aún cuando la sanción  impuesta haya sido una medida de seguridad.”   

El  inciso  3° del precepto que se acaba de  evocar,  de  manera excepcional, autoriza a la Sala Penal de la Corte Suprema de  Justicia,  discrecionalmente,  para  admitir  la  demanda  de  casación  contra  sentencias  de segunda instancia distintas a las arriba mencionadas, a solicitud  de  cualquiera  de los sujetos procesales, cuando lo considere necesario para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos por la ley.   

Resulta claro, entonces, que en este caso, no  procede  la  casación  común, en consideración a que si bien la pena prevista  para  el  delito  por  el  cual  fue condenado el procesado, lesiones personales  dolosas  (art.  116  del  C.P.),  tiene  fijada pena de prisión que excede de 8  años,  no  fue proferida por alguna de las autoridades judiciales señaladas en  el  artículo  205, inciso primero del estatuto procesal penal, pues se trata de  un fallo dictado por un Juzgado Penal del Circuito.   

En  consecuencia, para impugnar la sentencia  de  segunda  instancia  era  necesario  acudir  a  la  casación excepcional que  consagra  el  inciso  tercero  del  citado  artículo  205 del estatuto procesal  penal,   vigente   para  el  momento  en  que  se  dictó  el  fallo  impugnado.   

En  tal evento, la jurisprudencia de la Sala  ha  venido sosteniendo que se hace necesario que el demandante exponga, así sea  de  manera  sucinta  pero  clara,  qué  es  lo que pretende con la impugnación  excepcional,  debiendo señalar el derecho fundamental cuya garantía persigue o  el   tema   jurídico   sobre   el  cual  considera  se  hace  indispensable  un  pronunciamiento de autoridad por parte de esta corporación.   

En el asunto tratado, se interpuso el recurso  extraordinario  de  casación  contra una sentencia de segunda instancia por una  autoridad  distinta  a  las  señaladas  en  la  norma  que  refiere  a la   procedencia  del  recurso,  razón  por  la  cual,  la impugnación sólo podía  proceder  por  la  vía  excepcional,  de  manera que era imprescindible para el  demandante  convencer  a  la Sala de que existía uno, o los dos motivos, que la  hacen procedente.   

A pesar de lo anterior, el demandante entró  a  plantear  un  cargo  único de acuerdo con la causal primera, cuerpo segundo,  sin  asumir  previamente  la demostración de aquel requisito fundamental.   Lo  anterior deviene insuficiente a los propósitos de la casación excepcional,  pues  uno  es el cargo que se formula dentro del marco de una determinada causal  y  otro  es  el  motivo  que  justifica  la  necesidad  de  ejercer  la facultad  discrecional  de  abrir  la puerta de la impugnación extraordinaria a un asunto  que ordinariamente no tiene acceso a ella.   

Es  así  como  los  argumentos  que  deben  sustentar  la  justificación  han de estar dirigidos a orientar a la Sala en el  sentido  de  hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si  se  trata de reclamar la garantía de un derecho fundamental, al casacionista le  corresponde  precisar  los  derechos que fueron desconocidos, indicar las normas  constitucionales  y  legales  que  los  protegen  y  la  determinación que debe  adoptarse  para  su  salvaguarda. Y si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia   tendrá   que   puntualizar  el  tema  jurídico  que  requiere  definición  o  precisión,  sea  porque  es  nuevo  o porque existen posiciones  opuestas que deben ser unificadas.   

Como  quiera  que  tales presupuestos fueron  omitidos  por  el  censor,  de  acuerdo  con  lo previsto por la ley en la forma  indicada,  ello impide a la Corte ocuparse de su libelo, que en esas condiciones  no   será   admitido,   tal   como   lo   tiene  definido  la  Sala2.   

Lo   anterior  significa  que  la  demanda  presentada  por  el  impugnante  se  ofrece  inepta  y  hace inviable el recurso  extraordinario;  circunstancia  que  impide que la Sala entre siquiera a revisar  si  el cargo único formulado contra el fallo de segundo grado atacado se ajusta  a los presupuestos técnicos propios de esta sede.   

Por  otro  lado,  la escueta invocación del  censor  a  la  transgresión de los principios de libertad, dignidad y la honra,  en   virtud   de  lo  cual  se  habría  transgredido  el  artículo  21  de  la  Constitución  Política,  además  de que no encuentra ningún desarrollo en la  censura  y  no  tiene  relación  con  la  propuesta  que plantea, tampoco tiene  repercusión  frente  a  la  actuación  procesal  y  a  lo sumo podría generar  responsabilidades  de  tipo  penal  y  disciplinario  para quienes eventualmente  patrocinaron  esas  conductas que, por cierto, en el asunto objeto de estudio no  se evidencian en ningún momento.        

En  consecuencia,  el  líbelo no reúne los  requisitos  de  forma,  lo  cual  lleva  a  la  inadmisión  de  la  demanda, de  conformidad  con lo establecido en el artículo 213 del estatuto procesal penal,  norma  que  dice  que  si  “la demanda no reúne  los  requisitos,  se  inadmitirá  y  se devolverá el expediente al despacho de  origen.”   

En  mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   FERNANDO  MANUEL  GÁLVIS  BARBERO, por las  razones expuestas en la anterior motivación.   

         

Contra  este  proveído  no  procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                       ALFREDO GÓMEZ  QUINTERO                            

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO                              ORLANDO                              PÉREZ  PINZÓN                                                   

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN                             JORGE LUIS QUINTERO MILANÉS       

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS                                            MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUÍZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Tal   expresión  fue  declarada  inexequible  Corte  Constitucional sentencia C-252 del 28 de febrero de 2001.   

2  Radicado   19448,   auto   de   marzo   11/03,   M.   P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.     

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