21066(06-07-06)-1

2006

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 21066  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado   Acta   N°  063   

Bogotá, D. C., seis (6)  de julio de dos mil seis (2006).   

V   I   S   T   O   S  :   

Resuelve  la  Sala  el recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  de LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN y ALFREDO MORENO  MAFLA  contra  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Buga,  a  través  de  la cual confirmó la condena impuesta a los  antes  nombrados  por  el  Juzgado  Cuarto Penal del Circuito de Cartago, Valle,  consistente  en  treinta  y  ocho  (38)  años  de  prisión  y  la accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas durante  veinte  (20)  años, como coautores penalmente responsables de un concurso doble  de  homicidio  agravado;  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o  municiones;  y  tentativa de hurto calificado, sanciones cuya ejecución ordenó  simultáneamente.  No  se  impuso condena por los perjuicios derivados de dichas  conductas punibles.   

HECHOS   Y   ACTUACIÓN  PROCESAL  :   

1.          Los  primeros  fueron  resumidos por el  Procurador Tercero Delegado para la Casación Penal, así:   

“Ocurridos  en horas de la noche del tres  de  febrero  de  dos  mil uno, en el barrio El Ciprés del municipio de Cartago,  por  donde  transitaban  los  señores  Julio  César  Murillo Murillo y Ceneida  Román   Zapata   en  una  motocicleta.  En  una  calle  de  ese  barrio  fueron  interceptados  por  cuatro  sujetos  que  intentaron  hurtar  el  vehículo.  El  conductor,  al  percibir  el  hecho,  arrancó la moto e intentó huir, pero los  sujetos   dispararon   en   contra   de   sus   ocupantes   y  les  causaron  la  muerte.”   

2.          Abierta  la investigación y vinculados  LUIS  FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  y  ALFREDO  MORENO  MAFLA  al  proceso mediante  indagatoria1,  la  Fiscalía  Dieciocho  Delegada ante los Juzgados Penales del  Circuito  de  Cartago al resolverles la situación jurídica en decisión del 20  de          abril          de          20012,   les   impuso   medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  por  un  concurso doble de homicidios  agravados,  hurto  calificado  y  agravado  tentado,  y fabricación, tráfico y  porte de armas de fuego o municiones.   

3.          Cerrada la instrucción, la misma Unidad  de    Fiscalías   el   9   de   julio   de   20013,  al  calificar  el  mérito  sumarial  acusó  a  LUIS  FERNANDO VALLEJO MARÍN y a ALFREDO MORENO MAFLA como  probables  coautores  responsables  del  concurso  múltiple  antes  mencionado,  descrito  en  los  artículos  323 y 324, numeral 2° del Código Penal de 1980;  350, numeral 1°, y 22 ibídem; y, 201 ejusdem.   

4.          Correspondió  al  Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Cartago adelantar el juicio y celebrada la audiencia pública  resolvió  en  sentencia del 6 de junio de 2002, condenar a los acusados por los  cargos   penales   imputados   en   la   resolución   calificatoria4.   

5.          La  providencia  anterior fue objeto de  apelación  debidamente  sustentada por LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN, alzada que  el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Buga desató mediante la suya del  19    de    diciembre    de    2002,    impartiéndole   confirmación   en   su  integridad.   

6.            La   sentencia   del   Ad   quem  fue  objeto  del  recurso  de  casación  que  ahora  se  decide, interpuesto por el mandatario judicial de los  condenados.   

LAS  DEMANDAS :  

1.             En  representación  de  LUIS  FERNANDO  VALLEJO MARÍN.   

Primer cargo:  

Al amparo de la causal primera de casación  consagrada  en el artículo 207 del Código de Procedimiento Penal el demandante  acusa  la  sentencia  emitida  por  el  Tribunal de violar indirectamente la ley  sustancial “…por falso juicio de existencia…”   

Sostiene  que  se  equivocó el juzgador al  suponer  la  existencia  de  prueba  documental  sobre  la  ausencia de registro  oficial  de  LUIS  FERNANDO  VALLEJO MARÍN como poseedor de armas de fuego, por  tanto,  carece  de  fundamento  probatorio  la condena que le impuso por el tipo  penal  descrito  en el artículo 201 del Código Penal de 1980, infringido junto  a  los artículos 29 de la Constitución Política, y 232, 233 y 234 del Código  de Procedimiento Penal de 2000.   

Cargo subsidiario:  

Predica del juez plural violación indirecta  de  la  ley  sustancial  por  error  de  derecho  derivado  de  falso  juicio de  legalidad,  consistente  en  que  no  obstante  existir  en  el  folio  106  del  expediente  prueba  legal,  regular  y  oportunamente allegada que demuestra que  LUIS  FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  no  figura  como poseedor legítimo de armas de  fuego,  le  dedujo  responsabilidad penal por el delito descrito en el artículo  201  del  Estatuto  Punitivo  de  1980,  desatino generador de infracción de la  norma  últimamente invocada y de las mencionadas como transgredidas en el cargo  inmediatamente anterior.   

Pide  casar  la sentencia impugnada y en su  defecto,  declarar  que  el  citado  acusado no debe ser condenado por el delito  contra la seguridad pública imputado.   

Segunda tacha:  

Con apoyo en la causal de casación prevista  en  el  numeral  3°  del  artículo  207  del  Código de Procedimiento Penal e  invocando  los  artículos  29  de  la Constitución Política y 306-3°, 2, 3, 5, 9, 10, 13, 127, 136 y 141  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  solicita  la  nulidad  de  la  presente  actuación  a  partir de la audiencia preparatoria inclusive, por violación del  derecho  de  defensa técnica de LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN (artículo 127 del  Código    de    Procedimiento    Penal)    que    funda   en   las   siguientes  razones:   

El representante judicial de dicho procesado  se  limitó  a  suscribir  las  diligencias  en  que  intervino  y se abstuvo de  presentar  alegatos  del  conclusión  al  cierre  del  ciclo  instructivo  y de  interponer  recursos  en  contra  de  decisiones  como la negación de la prueba  documental  pedida  por  el  agente  del Ministerio Público en desarrollo de la  audiencia  preparatoria  y  dirigida a establecer “…quién de los implicados  tenía  en  debida  forma  artefacto  bélico  alguno…”, silencio al cual le  niega  el  alcance  de  estrategia  defensiva, pues de haber sido superado no se  hubiera     producido     la    condena    múltiple    que    aqueja    a    su  representado.   

2.              A    nombre    de   ALFREDO   MORENO  MAFLA:   

Primer reparo:  

Invoca la causal de casación prevista en el  numeral  3°  del  artículo  207 del Código de Procedimiento Penal por estimar  que  dentro  de  este  asunto  se vulneró el debido proceso lo cual aconseja la  anulación de la actuación.   

La conculcación la ubica en la providencia  del  9  de  mayo de 2002 mediante la cual el Tribunal sancionó procesalmente el  fallo  condenatorio  emitido  en  primera  instancia  el 3 de octubre de 2001 en  razón  de  la  incongruencia observada entre éste y la acusación, con lo cual  se  desconoció  la  garantía  de  rango  constitucional (artículos 29 y 31) y  legal  (artículo  204  del  Código  de  Procedimiento  Penal  de  2000)  de la  prohibición  de la reforma en peor en contra del apelante único ALFREDO MORENO  MAFLA,  por  cuanto  el  pronunciamiento  anulatorio dio lugar a que tanto dicho  acusado   como  LUIS  FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  fueran  sancionados  con  mayor  drasticidad  a  como lo habían sido en el fallo invalidado, en contravía de la  pretensión   del   impugnante   de   la   remoción  de  los  aspectos  que  le  desfavorecían.   

Bajo  estos  presupuestos solicita casar la  sentencia  impugnada y, en su lugar, declarar la nulidad del auto proferido el 9  de mayo de 2002.   

Segundo cargo:  

Recurriendo  nuevamente a la causal tercera  de  casación  del  artículo 207 del Código de Procedimiento Penal, insiste en  la  nulidad  del  proceso  a  partir  de  la  audiencia  preparatoria por cuanto  considera  que  su  representado  careció  de  defensa  técnica  debido  a  la  inactividad  del  defensor que lo asistió, traducida en la ausencia de alegatos  concluyentes,  en  la  omisión  de interposición de recursos y de solicitud de  pruebas,   lo   cual  conllevó  la  imposibilidad  de  controvertir  las  nunca  allegadas.   

CONCEPTO   DEL   MINISTERIO   PÚBLICO:   

El  Procurador  Tercero  Delegado  para  la  Casación     Penal    solicita    la    desestimación    de    las    demandas  presentadas.   

En relación con la demanda presentada por el  defensor  de  LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN esgrime los  siguientes argumentos:   

1.           Considera  infundado  el  primer  cargo  por cuanto el libelista se  limita  a  enunciarlo  pues  sostiene  que  sin  obrar  en  el expediente prueba  demostrativa  de  la  realización del delito de porte ilegal de armas de fuego,  el  juzgador construye el juicio de responsabilidad sobre la coautoría impropia  predicada  de  LUIS  FERNANDO VALLEJO MARÍN con las personas que utilizaron las  armas de fuego poseídas ilícitamente.   

En tal caso, considera que el demandante ha  debido  cuestionar  la  validez de la mencionada forma de concurrencia delictual  como  criterio  de  imputación de los delitos de propia mano y enrutar el cargo  por  la  causal  de  violación  directa  de  la norma sustancial que condujo al  Tribunal a la conclusión de responsabilidad penal.   

A  pesar  de  dicha  falencia,  considera  acertado  el  planteamiento  del  censor  en  cuanto  destaca la inexistencia de  prueba  dentro  del  proceso  que  indique  que  LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN no  contaba  con  permiso  para  portar  armas de fuego, lo cual en principio impide  atribuirle  el  porte  ilegal de ellas, pero le resta acierto por desconocer que  el  juicio  de  responsabilidad  fue construido a partir de las características  concretas   en   que   se   desarrolló  el  episodio  delictual,  a  saber,  la  constatación   de   que   los   demás  copartícipes  no  estaban  registrados  oficialmente  como  poseedores  legales  de  dicho tipo de artefactos y que hubo  repartición  de tareas entre todos ellos lo cual implica que deben responder de  igual  forma  por  las  conductas  punibles  cometidas  pues  se  evidenció  la  existencia  de  acuerdo  previo  para  la obtención directa o eventual de fines  ilícitos específicos.   

Adicionalmente crítica al demandante por no  haberse   ocupado   de   demostrar   el   desatino   de   los   argumentos   del  sentenciador.   

2.          El error de derecho por falso juicio de  legalidad  sobre  el documento alusivo a la ausencia de salvoconducto legal para  el  porte  de  armas  de fuego por parte de algunos de los procesados, atribuido  por  el  libelista  al juez plural al formular el cargo  subsidiario,  tampoco  tiene vocación de éxito dada  la  contrariedad  en  que  incurre  al  aceptar  la existencia en el proceso del  comunicado  del  Ministerio  de  Defensa  sobre  el mismo punto, y, a la vez, su  legalidad y la forma regular y oportuna como arribó al expediente.   

Opina que en realidad el reproche se reduce  al  desacuerdo  con  el  crédito  otorgado  a  dicho  documento  por  el  juez,  desconociendo  el  análisis  que  realizó  de  todo el conjunto probatorio que  demuestra  la  coautoría de LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN en la comisión de los  hechos  y la consiguiente asignación de responsabilidades conjuntas a todos los  implicados,  con  base  en el cual le fue discernido el compromiso penal a pesar  de no ser mencionado su nombre en el citado documento.   

3.          Refuta  la  violación  del  derecho de  defensa   técnica   enunciada   por   el   casacionista   en   el  segundo  cargo con la constatación sobre  el  expediente  de  la  permanente  provisión  de  asistencia  judicial  a LUIS  FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  por  parte  de  la  Fiscalía, durante las diferentes  ocasiones  en  que  se  produjo solución de continuidad debido a la renuncia de  dos de los abogados a quienes les fue encomendada.   

Se  abstiene de descalificar la ausencia de  interposición  de  recursos  y  de  solicitud de pruebas por parte del defensor  pues  considera  que  antes  que  configurar desamparo corresponde a una actitud  procesal de la cual discrepa el casacionista.   

Le niega capacidad para vulnerar el derecho  de  defensa  a la omisión de apelación de la negativa del juez a ordenar en la  audiencia  preparatoria  la  prueba  solicitada  por el Ministerio Público y le  resta  contundencia al ataque en cuanto dejó el casacionista de demostrar cómo  habría  variado  la  situación de LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN en el evento de  haber sido allegado el elemento de convicción solicitado.   

Respecto  del libelo presentado a nombre de  ALFREDO     MORENO     MAFLA     aduce:   

1.          Sin  negarle  carácter  sugestivo a la  propuesta   orientada   a   que   se  reconozca  la  infracción  del  principio  constitucional  de  interdicción  de la reforma peyorativa a partir de la falta  de  competencia  del  Tribunal para decretar la nulidad en auto del 9 de mayo de  2002  en  razón  de  las  limitaciones  que  le  imponían las pretensiones del  apelante  único,  se  opone  al  alcance anulatorio buscado por el casacionista  porque  implicaría  la  renuncia  al control constitucional que debe preceder a  las decisiones judiciales.   

Más aún en este caso en que se evidencia  la  trascendencia  del  vicio procesal declarado por el Tribunal al detectar que  el    A-quo    omitió  pronunciarse  sobre  el  delito  de  hurto  calificado y agravado incluido en el  pliego  de  cargos  con lo cual se conculcó el debido proceso pues se dejó sin  definir  la  situación  jurídica  de  los  acusados respecto de dicha conducta  punible,  luego  era necesario declarar la incongruencia de la acusación con la  sentencia  en  busca  de  un pronunciamiento definitivo al respecto, que si bien  comportó  la  imposición  de una pena superior a la inicialmente irrogada, por  aquel entonces ésta era inexistente jurídicamente.   

En  estas  condiciones  la  tacha  resulta  infundada.   

2.           Retoma  los  argumentos  expuestos  al  oponerse  a  la  nulidad  por  violación  del  derecho  a  la  defensa técnica  formulada  por  el  mismo casacionista en la demanda presentada a nombre de LUIS  FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  como  quiera  que los motivos de inactividad procesal  predicados   del   defensor   en   relación   con   ALFREDO  MORENO  MAFLA  son  análogos.   

Encuentra en la sustentación los defectos  adicionales  de  no  determinar  el  libelista la prueba favorable a su mandante  judicial  dejada  de  practicar,  ni  indicar la forma en que hubiera variado la  situación   de  haber  sido  recaudada,  todo  lo  cual,  a  su  juicio,  torna  inaceptable el cargo.   

Culmina  el concepto solicitando a la Sala  no casar la sentencia impugnada.   

CONSIDERACIONES   DE   LA   CORTE :   

Los cargos formulados al fallo condenatorio  de  segunda instancia en cada una de las demandas presentadas por el defensor de  los  acusados  LUIS  FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  y ALFREDO MORENO MAFLA, han sido  planteados  en  algunos  casos  de manera coincidente, razón por la cual serán  sintetizados  a continuación empezando por aquellos que conllevan nulidad de la  actuación,  cuya  presentación  en  número  plural  exige, en aplicación del  principio  de  prioridad,  iniciar  el  análisis  por  los  que entrañan mayor  cobertura   de   afectación   para   la   actuación   en  caso  de  prosperar,  así:   

1.                 CAUSAL TERCERA DE CASACIÓN   

1.1.          Nulidad  por vulneración del derecho de  defensa  técnica  por  la  inactividad  de  los abogados intervinientes en este  proceso.   

Este reparo lo presenta el casacionista en  el  segundo  cargo  de  las  sendas  demandas  presentadas a nombre de LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN y ALFREDO  MORENO MAFLA.   

Considera violatoria del mencionado derecho  fundamental  consagrado  en  el  artículo 29 de la Constitución Política y de  las  normas  rectoras  contenidas  en  los artículos 2 a 10 y 13 del Código de  Procedimiento  Penal,  la  actitud  pasiva  asumida  por  los dos defensores que  intervinieron  en  el  curso  del  proceso dado que no ejercieron a favor de sus  respectivos   asistidos   los   derechos   de   postulación  de  pruebas  y  de  contradicción  a través de la interposición de recursos y de la presentación  de escritos como preludio a la calificación del mérito sumarial.   

La  Sala  observa  que  a  partir  de  la  indagatoria  LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN nombró defensor de confianza para que  lo  asistiera  en  este  proceso,  profesional  a  quien  ALFREDO  MORENO MAFLA,  inquirido  con  defensor  oficioso, posteriormente le extendió mandato similar.  Dicho  profesional  renunció al poder en el curso de la instrucción razón por  la  cual  la Fiscalía inmediatamente lo reemplazó oficiosamente, abogado que a  partir  de ese momento intervino en la recepción del testimonio de Fabio Nelson  González                   Vallejo5  y  fue notificado por estado  de  la  providencia  que  cerró  el ciclo instructivo, pero antes de iniciar la  contabilización  del  término  para  alegar de conclusión, como quiera que se  configuró  motivo legal para removerlo, fue sustituido por un nuevo defensor de  oficio,  quien  fue  enterado  personalmente  de  la  mencionada  resolución de  sustanciación6  -aunque  se  abstuvo        de        presentar       alegatos       concluyentes-  y  del  pliego  de cargos7,  además,  concurrió  a  la  audiencia  preparatoria e intervino oralmente en la pública,  según  grabación  magnetofónica  de  dicha  actuación  que  forma  parte del  expediente.   Enterado   del  fallo  condenatorio  recaído  en  contra  de  sus  representados,  este  defensor  interpuso  recurso  de  apelación  junto  a sus  asistidos  pero  solamente LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN lo sustentó, aunque sus  pretensiones   no   fueron   atendidas   por   el   Tribunal   al   desatar   la  alzada.   

Luego si no hubo actividad judicial durante  los  diferentes  cambios  de  defensor  pues  una  vez  producidos  se suplieron  enseguida  las  ausencias,  de ahí que los representantes judiciales designados  siempre  fueron  enterados  en  debida  forma  de  las  decisiones  adoptadas  y  oportunamente  concurrieron  y  participaron en las diferentes diligencias a las  cuales  los convocaron, -tal  y    como    conceptúa   el   Delegado-,  no  se  ha conculcado el derecho de defensa técnica por haberse  abstenido  dichos  sujetos  de  solicitar  pruebas  y  de  presentar alegatos al  concluir  la  instrucción,  ni  por  la omisión de sustentación de la última  apelación  intentada  por  el  defensor,  pues  sabido  es que no son éstas la  únicas  formas  de  ejercer  los  derechos de contradicción y de postulación,  sobre  todo  si  se  tiene en cuenta que importa fundamentalmente que las partes  hayan   contado   con   la  posibilidad  jurídica  de  contradicción,  que  se  materiliza,   como  ocurrió  en  este  caso  durante  el  debate  público,  al  controvertir  los planteamientos del ente acusador, al evaluar la legalidad y el  mérito  de  las  pruebas  obrantes  en la actuación y al formular peticiones a  favor de la persona a quien se representa.   

Específicamente  y  en  relación  con el  silencio  guardado  por  el  defensor  durante la audiencia preparatoria ante el  rechazo  del  juez a la solicitud del representante de la sociedad de oficiar al  Ministerio  de  Defensa  en busca de información acerca de si a los acriminados  se  les  había  otorgado  autorización  para portar armas de fuego8, -decisión  que  fundó el A-quo  en  la existencia en el proceso de  prueba     documental     sobre     tal     hecho9-,  no  es  posible  descalificar  tal  actitud y darle el alcance de violación del  mencionado  derecho  fundamental,  en  atención  a  que  el  interés jurídico  afectado  con  tal respuesta no fue el de la defensa sino el del sujeto procesal  que la promovió.   

Por  tanto,  la Sala desestima el reproche  que  al amparo de la mencionada causal de nulidad eleva el libelista y, además,  considera oportuno evocar el siguiente aparte jurisprudencial.   

“…tratándose  de la causal de nulidad  por  violación  al  derecho  de  defensa  técnica  no  resulta  suficiente  en  casación  descalificar la tarea cumplida por otros defensores, pues corresponde  demostrar  cómo  omisiones inexcusables comprometieron la garantía fundamental  de             la             defensa.”10   

     

1. Nulidad  por  conculcación del derecho al debido  proceso  por  desconocimiento de la prohibición de la reforma en peor en contra  del apelante único.     

En  el  primer  ataque  a  la  sentencia  impugnada   formulado   por   el   casacionista   en  la  demanda  elaborada  en  representación   de  ALFREDO  MORENO  MAFLA,  plantea  la  vulneración  de  la  mencionada  garantía  procesal  contenida  en  los  artículos  29  y  31 de la  Constitución  Política  y  204 del Código de Procedimiento Penal de 2000, que  hace  consistir  en  la  declaratoria  de nulidad mediante auto proferido por el  Tribunal     el     9    de    mayo    de    200111,   del  fallo  dictado  en  primera   instancia   el   3  de  octubre  de  200112,    al    detectar    la  discordancia  existente  entre  éste  y la acusación, sanción procesal con la  cual   asegura   se  desmejoró  la  situación  jurídica  de  dicho  implicado  -único  apelante  de  la  sentencia  invalidada-, por  cuanto  en  el  fallo  dictado  el 6 de junio de 2002 se le impusieron treinta y  ocho  (38) años de prisión al encontrarlo responsable del concurso por delitos  contra  la  vida,  el  patrimonio  privado  económico  y la seguridad pública,  mientras  que en el anulado se le habían irrogado treinta y cuatro (34) años y  seis  (6)  meses  de prisión, excluida la conducta punible atentatoria del bien  jurídico mencionado en segundo lugar.   

1.2.1.             Es de advertir que si bien  esta  Sala había venido sosteniendo que cuando el ataque en casación tiene que  ver  con  la  vulneración del principio de la no reforma en perjuicio cuando se  trate  de  apelante  único,  se  imponía  acudir a la causal primera y no a la  tercera,  pues  se  trata de un error in iudicando que nada tiene que ver con el  procedimiento,  ni  con la valoración de los hechos o de las pruebas, y además  es  de  contenido  sustancial  que  afectaría  únicamente  la  legalidad de la  sentencia  en  lo  que  tiene  que  ver con todos aquellos aspectos que implican  pena13,   en   reciente   jurisprudencia   fue   modulado  este  criterio  así:   

“En  esencia,  cuando  se  denuncia  la  vulneración    del    principio    de    prohibición    de   la   reformatio  in  peius, se debe hacer bajo  el  amparo  de  la  primera  parte de la causal primera de casación, violación  directa  de  la ley sustancial, como reiteradamente lo ha expresado la Sala, por  ejemplo,  en  la sentencia del 21 de enero del 2004, dentro del radicado número  19652.   

No  obstante, si se atiende a la finalidad  buscada,  no es enteramente reprochable la formulación con base en la causal de  nulidad  pues, de una parte,  se  estaría  ante  la  vulneración  de  un derecho fundamental y, de  otra, en estricto sentido, en caso de  que  prosperara  la  censura,  resultaría  afectada la sentencia pues bastaría  hacer   la   reducción   correspondiente   a   la   imputación.”14   

        Luego  establecido el adecuado enmarcamiento del citado reproche se  pasará al análisis de la sustentación.   

1.2.2.   La institución jurídica de  la  reforma  peyorativa  ha sido ampliamente alinderada por la jurisprudencia de  la  Sala  de Casación Penal, especialmente en cuanto a explicar que, a pesar de  su  constitucionalización,  el  artículo  31  de  la Carta no ha consagrado un  derecho  absoluto  y sin excepción alguna para quienes apelan como parte única  la sentencia.   

De  admitirse  tal  carácter  el superior  funcional  estaría compelido a confirmar una decisión al margen de normas como  el  artículo  207,  numeral 2° del Código de Procedimiento Penal de 2000, que  imponen  la  consonancia  entre  la  acusación  y  la  sentencia,  en  evidente  desconocimiento  del apotegma del debido proceso, previsto en el artículo 29 de  la  Carta,  según  el  cual,  entre  otras  cosas, nadie podrá ser juzgado sin  observancia de la plenitud de las formas propias de cada juicio.   

1.2.3.               Sin  desconocer  que el  objeto   de   la  segunda  instancia  es  delineado  por  el  impugnante  según  corresponde  al  principio  lógico de la razón vinculante, inspirador a su vez  del  reconocimiento  constitucional  (artículo  31) y legal (artículo 18 y 204  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 2000) del derecho a la no reformatio   in   pejus,   no   resulta  legítimo    pretender    que   el   Ad-quem  al  momento  de  conocer  de un recurso de apelación soslaye  irregularidades  que  afecten la estructura básica del proceso y se abstenga de  aplicar  el  remedio  previsto  en  la ley, es decir, la nulidad (artículo 306,  numeral  2°  del Código de Procedimiento Penal de 2000), orientada además por  el  principio de residualidad según el cual su declaración se torna inexorable  cuando  no haya manera distinta de corregir el yerro (artículo 310, numeral 5°  del Estatuto Procesal Penal de 2000).   

1.2.4.                Descendiendo  al  caso  concreto,  se  tiene que la anulación impuesta en segunda instancia en auto del  9  de  mayo  de 2002, en realidad no implicó que el Tribunal se apartara de los  criterios  del  juzgador  de primera instancia, en cuanto a la pena, luego no le  hizo  más  gravosa  la  situación  desde esta perspectiva, así el retorno del  proceso  a  la  legalidad haya conllevado a una sanción mayor, como ocurrió en  el  fallo  acusado,  pues aquella determinación obedeció a la restauración de  la  relación jurídica procesal quebrantada por la omisión del juez de primera  instancia  de  sancionar  el  delito  patrimonial  imputado  en  la  acusación.   

1.2.5.   En  consecuencia,  no  puede  pretender  el  casacionista  que  se  ampare  en  casación  una expectativa del  desmejoramiento   de   la  situación  de  su  representado  porque  sería  una  eventualidad  sin  fundamento  legal, que el derecho no puede tolerar, ni evitar  el  ejercicio  de  las  facultades oficiosas de anulación otorgadas al Tribunal  por  el  artículo  307  del  Código  de Procedimiento Penal, ante la comentada  flagrante violación del debido proceso.   

Por tanto: el cargo no prospera tal y como  lo recomienda el Delegado.   

    

1. CAUSAL PRIMERA DE CASACIÓN     

2.1.         La violación indirecta de la ley sustancial que  atribuye  el  censor  al Tribunal “…por falso juicio de existencia…”, en  el  cargo  principal de la demanda formulada en representación de LUIS FERNANDO  VALLEJO  MARÍN  lo  deriva  del  yerro  de  imponerle  condena por el delito de  fabricación,  tráfico  y  porte  de armas de fuego o municiones, suponiendo la  existencia  de  prueba  documental sobre la exclusión de dicho procesado de los  registros   oficiales   que   autorizan   la   tenencia   de   los   mencionados  artefactos.   

        Estima  la  Sala  que si bien es cierto el Ministerio de Defensa en  oficio   N°   074240   del  15  de  mayo  de  200115,  limita  la  información  sobre  la inexistencia en los registros de las personas poseedoras legalmente de  armas  de fuego a los nombres de ALFREDO MORENO MAFLA y de José Ancisar Vallejo  Marín,  resulta  especialmente importante tener en cuenta que los juzgadores en  sus   respectivas   decisiones   integradoras  de  una  misma  unidad  jurídica  inescindible,  no  fundaron  el juicio de responsabilidad penal que emitieron en  contra  de  LUIS  FERNANDO  VALLEJO MARÍN en el citado elemento de convicción,  sino  especialmente en el testimonio de GUILLERMO ANTONIO AGUDELO VÉLEZ, prueba  a  la  cual  atribuyeron gran valor incriminatorio, al establecer la ausencia de  interés  en  mentir o tergiversar los hechos de los cuales sindica directamente  a los procesados, y, porque como aduce el Tribunal:   

“Además, la veracidad de ese testimonio  encuentra  asidero  legal  que  conlleva  a  ser  aceptada  por  esta  instancia  colegiada  al  establecerse  pericialmente que los proyectiles encontrados en el  cadáver  de  JULIO  CÉSAR  MURILLO  MURILLO  corresponden  a  calibres  “.38  especial  (…)  producidos por arma de fuego estriada” y, al referido “7,65  (…)”.  Ello  implica  que  en  el  atentado necesariamente se utilizaron dos  armas  de  fuego  de calibres diferentes. Estas, precisamente, corresponden a la  descripción  que  de  ellas hizo el aludido deponente al individualizarlas como  un  revólver  y  una pistola que fueron disparadas al unísono por los hermanos  VALLEJO MARÍN.   

Obsérvese que la existencia de esas armas  no  son  desconocidas (sic) por el procesado LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN, quien  en  su  diligencia  de  indagatoria  se refiere a ellas cuando dice que indagaba  sobre   el   destino   de   la   suya   -el  revólver-y  una  persona  que  identifica  como  QUIQUILEO  le  dijo  que había observado a  PISBURG   -remoquete  del  declarante  AGUDELO  VÉLEZ-  que  estaba  “vendiendo  una pistola y un revólver blanco con cachas de   negras (sic) …”   

Luego  establecido  que  el Ad-quem  no  supuso  el  medio  probatorio  señalado  por el libelista y que el juicio de responsabilidad penal que emitió  en  contra de LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN lo derivó de múltiples elementos de  convicción,  el  cargo  analizado  no conduce al quiebre del fallo impugnado en  razón  de su inadecuada fundamentación, según atinadamente también opinó el  Delegado  al  destacar que fue construido sobre la coautoría impropia predicada  de  todas  las  personas  que  concurrieron  a  la  ejecución de las diferentes  conductas punibles con división de tareas.   

En  consecuencia  esta  tacha tampoco sale  avante.   

2.2.   El  restante cargo formulado a  nivel  subsidiario por el casacionista circunscrito a la violación indirecta de  la  ley  sustancial  por  error de derecho derivado de falso juicio de legalidad  recaído  sobre la misma prueba documental de origen militar antes reseñada, no  resiste  mayor  análisis dada la contradicción en que incurrió al afirmar que  fue   “..legal,   regular  y  oportunamente  allegada…”,  pues  olvida  el  casacionista  que  este  quebranto  implica el desconocimiento de las normas que  rigen la ritualidad de la prueba.   

Sobre  el  tema  la  Sala  ha  fijado  las  siguientes pautas:   

“Recuérdese   que   en  la  actividad  probatoria  el  juzgador  puede  cometer  yerros  en  el proceso de producción,  aducción  y  valoración  de  los  elementos  de  juicio.  Por  ello, cuando se  desconocen  las normas que condicionan la validez de la prueba, se estaría ante  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad, correspondiéndole al  casacionista,  en  este  evento,  indicar en qué consistió el vicio, es decir,  que  no  se  cumplieron  todos los ritos establecidos en la ley para la practica  del    medio    de   convicción,   omisión   que   pone   en   entredicho   su  validez.   

Cumplido  lo anterior, también constituye  una  carga  para el casacionista evidenciar la trascendencia del yerro. En otras  palabras,  se debe enseñar a la Corte cómo de no haber sido apreciado el medio  de   prueba  catalogado  como  ilegal,  necesariamente  el  fallo  habría  sido  favorable   a   los  intereses  que  representa.”16   

En  resumen:  se  desestimará  la  demanda  presentada,  decisión  que  se  adopta en atención,  además,   al   concepto  proveniente  del  Delegado  del  Ministerio  Público.   

3.         CASACIÓN OFICIOSA:   

         

3.1.            En  virtud  del principio de la  legalidad  de  la  pena cuya naturaleza comporta una verdadera garantía para el  procesado  y  para  la  sociedad,  no  se  le podrán imponer al acusado penas o  restricciones  que  no  hayan sido establecidas previamente a la realización de  la  conducta  punible,  ni se podrán  superar los límites cuantitativos y  cualitativos  consagrados  en  el  ordenamiento  jurídico.  Adicionalmente,  su  observancia  por  parte  de la jurisdicción genera seguridad jurídica para los  asociados,  indispensable  para  el logro de la convivencia pacífica que es uno  de  los  fines  pretendidos  por el Estado Social de Derecho según declaración  contenida en el artículo 1° de la Carta Política de 1991.   

3.2.            En relación con la normatividad  que  en  materia  de  la  pena  accesoria  de  interdección  en el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  que  por favorabilidad se imponía aplicar en  este   caso,   esto   es,    la    contenida   en   el   artículo   44   del  Decreto-Ley  100  de  1980, la Sala ha tenido la  oportunidad  de  pronunciarse  en  casos  que  guardan  identidad  con  el aquí  tratado, según se pasa a rememorar:   

“…cuando  la  pena de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  se impone como accesoria a la de prisión, su  tiempo  de  duración  será  igual  a ésta, sin que pueda exceder de 10 años,  según  lo  establecen  los  artículos 44 (modificado por el 28 de la ley 40 de  1993  y  luego  por el 3° de la ley 365 de 1997) y 52 del Código Penal de 1980  aplicable al caso.   

“En   relación   con   este  tópico,  recientemente  la  Corte  precisó  que  cuando la pena privativa de la libertad  excede  los  diez  años  de  prisión, no resulta aplicable el artículo 52 del  Decreto  100  de  1980. Indicó, además, que, en dicha hipótesis, el artículo  44  ejusdem  (modificado por el 28 de la ley 40 de 1993 y luego por el 3° de la  ley  365  de  1997),  no  faculta  al  juzgador para imponer la interdicción de  derechos  y  funciones públicas por tiempo menor de diez años, prevalido de la  expresión               ‘hasta’ allí  utilizada.   

“La  genuina  interpretación  judicial,  dijo  la  Sala, ‘conduce a  entender  que  si  la  pena  principal  es  menor de diez años, la accesoria en  cuestión  será también menor, pero que si la pena principal es de diez años,  por  ejemplo,  también en ese rango será la accesoria, por contera, si la pena  principal  supera  los  diez  años,  por mandato del artículo 44 precitado, la  interdicción  será de 10 años, límite máximo, porque, la aplicación de las  normas  (52  y  44  del  Código  anterior)  en  cuestión obedece a un criterio  sistemático,  en virtud del cual, las normas no pueden obrar aisladamente, sino  de  manera  complementaria,  en  función  de un todo, que, por lo mismo, impide  aislarlas  para  su  cabal  aplicación’  (Cfr.  sent. cas. julio 31/03, M. P. Dr. Galán Castellanos. Rad.  15063)”17.   

3.3.            Se  consignó  al  iniciar esta  providencia  que  el  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Cartago,  en la  sentencia  del 6 de junio de 2002, le impuso a LUIS FERNANDO VALLEJO MARÍN como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos   integrado  por  homicidio   doble   agravado,  tentativa  de  hurto  calificado  y  agravado,  y  fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de  fuego  o  municiones,  la pena  principal  de  treinta  y  ocho  (38)  años  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por el  término  de  veinte  (20)  años, decisiones que avaló el Tribunal Superior de  Buga al desatar la alzada interpuesta contra dicho fallo.   

3.4.            Los  artículos  44  y  52  del  Código  Penal  de 1980, vigentes el 3 de febrero de 2001, fecha en que tuvieron  ocurrencia  los  episodios  sancionados  en  este proceso, contienen previsiones  más  favorables  al  procesado que las estipuladas en los artículos 51 y 52 de  la  Ley   599  de  2000,  en  cuanto  la  pena  de  prisión  conllevaba la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por un lapso igual a la pena  principal,  sin  que  en ningún caso pudiera superar el límite máximo de diez  (10) años.   

Luego  si  a la pena accesoria impuesta al  LUIS  FERNANDO  VALLEJO MARÍN los jueces de instancia le fijaron un término de  duración  de  veinte  (20)  años,  es  evidente  que rebasaron el tope máximo  señalado  por  la  ley, y consecuentemente vulneraron el principio de legalidad  de  la pena, que la Constitución Política consagra y garantiza en su artículo  29.  En  tales  condiciones,  la Sala debe corregir tal yerro casando oficiosa y  parcialmente  la  sentencia,  con  fundamento  en  la  facultad que le otorga el  artículo  216  de la ley 600 de 2000, y, en consecuencia, fijar su duración en  un lapso de diez (10) años.   

A mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

R E S U E L V E :  

1.           DESESTIMAR la  demanda de casación presentada por el accionante.   

2.           CASAR oficiosa  y parcialmente la sentencia impugnada.   

3.           FIJAR en diez  (10)  años  el tiempo de duración de la pena accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  impuesta al procesado LUIS  FERNANDO VALLEJO MARÍN.   

4.           PRECISAR  que  las restantes determinaciones del fallo se mantienen incólumes.   

5.           ADVERTIR  que  contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

  MAURO    SOLARTE  PORTILLA   

SIGIFREDO   ESPINOSA  PÉREZ                                                                                   ALFREDO      GÓMEZ  QUINTERO   

Permiso                                                                                      Permiso   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                                            MARINA PULIDO DE BARÓN   

  JORGE  L.  QUINTERO  MILANÉS                          YESID RAMÍREZ  BASTIDAS   

  JAVIER    ZAPATA  ORTIZ   

  TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria.  

    

1  C.  orig. N° 1, fols. 76-79 y 72-73.   

2  C.  orig. N° 1, fols. 80-89.   

3  C.  orig. N° 1, fols. 119-128.   

4  C.  orig. N° 1, fols. 210-222.   

5  C.  orig. N° 1, fol. 102.   

6  C.  orig. N° 1, fol. 112.   

7  C.  orig. N° 1, fol. 129.   

8  C.  orig. N° 1, fol. 137.   

9  C.  orig. N° 1, fols. 147-148   

10  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 10 de agosto de 2005, rad. N° 23.503.   

11 C.  orig. N° 1, fols. 199-206.   

12 C.  orig. N° 1, fols. 169-182.   

13  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sent.   del   25   de   mayo   de  2000,  rad.  N°  12.797.   

14  CORTE    SUPREMA    DE    JUSTICIA,    Auto del 23 de febrero de 2006, rad. N°  24.333.   

15 C.  orig. N° 1, fol. 106.   

16  CORTE    SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Auto del 26 de enero de 2006, rad. N° 23.706.   

17  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sents.  de  Casación del 6 de agosto de 2003, rad. N° 16.680; y del 26  de abril de 2006, rad. N° 19.561.     

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