20501(27-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20501  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado Acta No. 058   

                            Magistrados Ponentes:   

                                Dr.     FERNANDO    E.    ARBOLEDA  RIPOLL   

                            Dr. HERMAN GALAN CASTELLANOS   

Bogotá, D. C.,  veintisiete de mayo del  dos mil tres.   

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  BORIS    OSVATH    VIDAL    ó    WILLIAM    MÉNDEZ  MONTILLA.   

Hechos  y  actuación  procesal.   

El  18  de  abril  de  1987,  al promediar la  mañana,   varios   sujetos  provistos  de  armas  de  fuego  ingresaron  a  las  instalaciones  de la agencia del Banco Coopdesarrollo ubicada en la calle 13 con  carrera  44  A  de  la ciudad de Cali, siendo repelidos por el vigilante Rodrigo  Rendón  Ortiz,  quien  logró  herir  a  uno  de  los  asaltantes, haciendo que  desistieran  de su propósito y emprendieran la huida. Las autoridades iniciaron  de   inmediato   su  persecución,  logrando  minutos  después  la  captura  de  Boris   Osvath  Vidal  ó  William  Méndez  Montilla  en  una  casa cercana al lugar de los hechos, en donde  fueron  hallados  abandonados  un  revólver calibre 32 marca Llama y una camisa  verde  (la  misma que vestía durante la incursión), y en las horas de la tarde  la  de  Javier  Humberto  Toro González, cuando   solicitaba   atención   médica.  En  el  enfrentamiento  con  los  asaltantes  resultó  gravemente  herido  el  vigilante  Rodrigo  Rendón  Ortiz,  y  la  menor María  Alejandra Pérez Piedrahita, quien falleció días después.   

Por estos hechos la fiscalía profirió el 14  de    agosto   de   1997   resolución   de   acusación   contra   Boris   Osvath   Vidal  ó  William  Méndez  Montilla  y   Javier   Humberto   Toro   González,  por los delitos de homicidio, homicidio tentado, hurto  calificado  agravado  en  la  modalidad de tentativa, y porte ilegal de armas de  fuego   de  defensa  personal   (fls.395-416/2),  pronunciamiento  que  fue  revisado  por  la  Fiscalía  Delegada ante el Tribunal en virtud del recurso de  apelación  interpuesto  por  los  defensores  de  los  procesados, y confirmado  mediante decisión de 15 de octubre siguiente (fls.451-469/2).   

Rituado el Juicio, el juzgado de conocimiento,  mediante  sentencia  de 9 de julio del 2002, condenó a los procesados a la pena  principal  de  167 meses de prisión, y la interdicción de derechos y funciones  públicas  por  diez  años,  como  coautores  responsables  de  los  delitos de  homicidio  agravado  en  la  modalidad  de tentativa respecto de Rodrigo Rendón  Ortiz,  hurto calificado agravado en grado de tentativa, y porte ilegal de armas  de  fuego  de  defensa  personal,  y  los  absolvió  de los cargos por el   homicidio  de  la  menor  María Alejandra Pérez Piedrahita (fls.1206-1278/ del  cuaderno No.5).   

Apelado  este  fallo  por  el  defensor  de  Boris   Osvath   Vidal,  el  Tribunal  Superior,  mediante  el  suyo  de 16 de septiembre del mismo año, que  ahora  el  mismo  sujeto  procesal  recurre  en  casación,  lo confirmó en los  aspectos objeto de la impugnación (fls.1308-1340/5).   

La         demanda.   

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, el demandante plantea violación indirecta de la ley  sustancial  por falta de aplicación del artículo 7º del Código Penal de 1980  (presunción  de  inocencia),  e  indebida  aplicación  del  artículo  232 del  Código  de  Procedimiento (necesidad de prueba), debido a errores de existencia  e  identidad  en  la  apreciación  de  los  elementos  probatorios aportados al  proceso.   

Asegura que el Tribunal incurrió en el primer  error  (de  existencia)  al  dar  por  cierto que Boris  Osvath  Vidal  abandonó la entidad bancaria llevando a  cuestas  a  su compinche Javier Humberto Toro González  gravemente herido, y que ambos fueron seguidos por las  autoridades,  “en  tanto  para  la  imputación  del  delito  de fabricación,  tráfico  y  porte  de  armas  de fuego o municiones el fallador, conforme lo ha  precisado  la  Corte  Suprema  de Justicia, supuso o imaginó tal comportamiento  -hecho-,  es  decir reconoció un hecho carente de demostración al creer que la  prueba    que    permite    arribar   a   dicha   conclusión   obraba   en   el  proceso”.   

Del  informe de policía y la ampliación que  del  mismo  hizo  el agente Laureano Hernando Mesías Escobar, surge que el arma  hallada  en  la casa de habitación donde fue capturado el procesado corresponde  a  un  revólver  calibre 32, marca Llama. Sin embargo, el vigilante involucrado  en  los hechos afirma que los asaltantes portaban un revólver 38 y una pistola.  Luego  es  evidente  que  el sentenciador “supone con certeza que BORIS OSVATH  VIDAL  había  incurrido en el punible que contrae el artículo 201 del estatuto  punitivo”,  y  que comete “un falso juicio de existencia por suposición”,  además  de  que  invierte  la  carga  de  la  prueba,  pues asegura que como el  procesado  no  exhibió  salvoconducto, “ipso ipso (sic) quedaba inmerso en el  mentado tipo penal” (fls.1371/5).   

Aparte de imaginar el hecho de porte de armas  en  cabeza de Osvath Vidal, el  Tribunal  se  abstuvo  de  cumplir  el  principio de investigación integral, al  pretermitir  allegar  al  infolio  elementos  de  juicio que en grado de certeza  avalaran  la  decisión  de  condena respecto del referido hecho punible, lo que  llevó  al  procesado  “a ser sujeto pasivo por suposición de la prueba de la  sentencia  que  hoy  de  manera respetuosa censuro, habida consideración que el  yerro  en que incurrió el fallador consiste en falsear el contenido material de  la  prueba,  en  forma  tal que no hay identidad entre lo que ella materialmente  dice y lo que el sentenciador manifiesta que su texto contiene”.   

En síntesis, el Tribunal da como probado que  Boris Osvath Vidal portaba el  arma  con  el  cual  fue lesionado el vigilante, sin que en el expediente exista  prueba  indicativa  de que el revólver incautado por las autoridades (32 largo)  hubiese  sido  utilizado  en  el  hecho,  dado que es el propio vigilante el que  asegura  haber  visto  un  revólver  38 largo. Tampoco se estableció que el de  calibre  32 hubiese sido disparado dentro de la entidad bancaria, y en el cuerpo  de   la  víctima  no  fueron  hallados  vestigios  del  mismo.  Estos  errores,  incidieron    en    la    condena   por   el   delito   de   porte   ilegal   de  armas.           

En  relación  con  el  delito de hurto en la  modalidad  de  tentativa, se advierte, por su parte, un error de hecho por falso  juicio  de  identidad,  en  cuanto  el  juez plural distorsionó las pruebas, al  darles  un  alcance  objetivo que no tenían, pues parte del supuesto de que los  procesados  ingresaron  a  la  entidad  bancaria con la intención de hurtar, no  obstante  que  en  ningún  momento  expresaron  de  viva  voz  su intención de  hacerlo,  y  que  no  alcanzaron a intimidar a ninguno de los cajeros, según se  establece  del  contenido de varios testimonios, suponiendo, de esta manera, que  el    propósito    era    consumar    un    delito    contra    el   patrimonio  económico.   

Finalmente,  el  Tribunal  acoge  como única  verdad  el  dicho  del  vigilante  lesionado  para  enrostrarle  a  Boris  Osvath Vidal el punible de tentativa  de  homicidio,  incurriendo  de  igual modo en un falso juicio de identidad, por  tergiversación   del   contenido   de   dicha  prueba.  Rodrigo  Rendón  Ortiz  (vigilante),  en ninguna parte de su declaración reconoce al procesado como uno  de  los  asaltantes. Simplemente “se limita a decir que observó a los sujetos  que  ingresaron  y  que  cuando  éstos,  después  de llegar hasta la mitad del  recinto,  deciden  devolverse, se dan cuenta de su presencia y le disparan”. Y  aunque  hipotéticamente se aceptara que el procesado participó en el hecho, no  sería  lógico  ni jurídico imputarle el referido delito, por cuanto no existe  certeza  de  ello,  ni  que  hubiese  portado  o accionado el revólver 32 largo  incautado por las autoridades minutos después.   

Otro  desatino  mayúsculo  resulta  de  la  afirmación   que   el   Tribunal   hace  en  el  sentido  de  que  Boris   Osvath   Vidal  fue  capturado  en  flagrancia,  conclusión  a  la que llega por mutación y adición del contenido  de   las  probanzas  que  estudió,  toda  vez  que  ninguno  de  los  elementos  encontrados  después  indican claramente su participación en los hechos. De un  lado,  no  se  probó  que  el  arma  hallada corresponda a la esgrimida por los  asaltantes  en el banco, y de otro, la camisa verde hallada en la casa donde fue  capturado  el  procesado  no  fue  reconocida  por  los  testigos  presenciales.  Además,  uno  de  los  policiales que intervino en el operativo afirma no haber  visto   en  el  lugar  de  la  captura  la  camisa  verde,  sino  solo  el  arma  decomisada.   

La  inferencia  que  el  Tribunal  realiza,  consistente  en  que  el  cambio  de  nombre  del procesado lo compromete en los  hechos,  se  estructura  sobre un falso juicio de identidad, como quiera que, en  el  propósito de desestimar la duda que cabalga a lo largo del infolio en favor  de     Boris     Osvath     Vidal,     enfiló   sus   argumentos  desfigurando  el  real  sentido  de  sus  explicaciones,  al  afirmar que los coprocesados eran íntimos amigos, cuando el  expediente,   en   parte  alguna,  informa  de  la  relación  íntima  que  les  enrostra.   

Con  fundamento  en  estas  consideraciones  demanda  de  la  Corte  el  reconocimiento  del principio in dubio pro reo, y la  absolución del procesado.   

SE        CONSIDERA:   

Cuestión  previa:  Prescripción  de  la acción penal por los delitos de  hurto  calificado agravado en la modalidad de tentativa, y porte ilegal de armas  de fuego de defensa personal.   

La  prescripción  de  la  acción penal para  delitos  sancionados  con pena  privativa de la libertad opera en un tiempo  igual  al  máximo  de  la  pena  imponible,  salvo las excepciones expresamente  previstas  en  la  ley; y en la mitad de dicho término cuando ha sido proferida  resolución  de  acusación,  contados  a  partir  de  su ejecutoria, sin que en  ningún  caso  pueda ser inferior de cinco años, ni superior a diez (artículos  80   y   84   del   Código   de   1980,   y   83   y   86  del  nuevo  estatuto  procesal).   

El  término prescriptivo para los delitos de  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal y hurto calificado agravado  en  la modalidad de tentativa, en la fase del juicio, es en ambos casos de cinco  (5)  años,  pues el máximo de pena imponible para el primer delito (porte  de  armas)  frente a las normas aplicadas en la sentencia sería de cuatro años  (artículo  1º  del  Decreto  3664  de  1986,  incorporado  a  la  legislación  permanente  por el artículo 1º del Decreto 2266 de 1991), y para el segundo de  nueve  (9)  años  (artículos  350,  351  y  22  del  Código  Penal  de 1980).   

La  resolución  de acusación en el caso sub  judice  causó  ejecutoria  el  15  de  octubre  de  1997,  fecha en la cual fue  confirmada  sin  modificaciones  por  la  Fiscalía  Delegada  ante  el Tribunal  (fls.395-416/2  y  451-469/2).  Contados  desde entonces los cinco (5) años, se  constata  que  se  cumplieron  el 15 de octubre del 2002, después de haber sido  proferida  la sentencia de segunda instancia, cuando el proceso se hallaba en el  Tribunal  a  disposición  de  las  partes para la interposición del recurso de  casación.  Por  tanto,  se  dispondrá  la  cesación  de procedimiento por los  referidos  delitos,  y  se  ordenará  que el juez de primera instancia, o el de  Ejecución   de   Penas,   según   el   caso,   realice  los  ajustes  de  pena  correspondientes.    

Análisis  formal  de  la demanda.   

En  los primeros segmentos de su escrito el  casacionista  denuncia  errores  de existencia e identidad en la apreciación de  las  pruebas  que  condujeron a la declaración de responsabilidad del procesado  Boris  Osvath  Vidal  por los  delitos  de  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal  y hurto  calificado  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa.  Mas  como quiera que la  acción  penal por estos ilícitos se encuentra prescrita, los cargos orientados  a  desquiciar  los argumentos fácticos y jurídicos de la condena por razón de  ellos  pierden  toda  razón  de  ser,  haciendo  que  la  impugnación  devenga  inexaminable por carencia de objeto.    

En  cuanto  al  delito  de  homicidio  en  la  modalidad  de  tentativa,  el casacionista afirma que los juzgadores incurrieron  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad en la apreciación del  testimonio   del   celador   Rodrigo  Rendón  Ortiz,  pero  al  sustentar  el cargo lo que realmente hace es  dirigir  una  crítica  a  la  valoración  que  los  juzgadores  hicieron de su  mérito,  y  cuestionar la declaración de certeza que los fallos contienen, por  considerar  que  no  existen elementos de juicio suficientes para llegar a ella,  aspectos  que  nada  tienen  que  ver con el error denunciado.      

Reiteradamente  la  Corte ha sostenido que el  error  de hecho por falso juicio de identidad se presenta cuando el juzgador, al  apreciar  una  determinada  prueba,  hace  afirmaciones que no corresponden a su  contenido,  tergiversando,  de  este  modo,  su  expresión  fáctica,  y que su  demostración  en  casación  impone confrontar el contenido de la prueba con lo  que  el  juzgador  asegura que en ella se afirma, para mostrar la distorsión de  su  contenido,  y que adicionalmente debe acreditar su trascendencia, nada de lo  cual  lleva  a  cabo  el  actor,  pues  aunque  pareciera  dar a entender que el  Tribunal  puso  en boca del testigo afirmaciones que no hizo, no explica en qué  consistió  en  concreto  el  error,  ni  acredita su incidencia en la decisión  impugnada frente al conjunto probatorio.   

   

Igual acontece cuando sostiene que el Tribunal  incurrió  en  el  mismo   desacierto  al  afirmar  que  el  procesado  fue  capturado  en flagrancia, y que el cambio de nombre lo compromete en los hechos,  pues  aparte  de  que no se esfuerza en demostrar el error, ni su trascendencia,  como   correspondía  hacerlo,  omite  relacionar  las  pruebas  distorsionadas,  dejando  el  cargo  totalmente  huérfano  de  sustentación.  Toda  el discurso  argumentativo,  como  ya  se dejó dicho, se orienta a cuestionar la valoración  que  los  juzgadores  hicieron  del  mérito de las pruebas, aspecto atacable en  casación  solo  cuando  son  desconocidas de manera manifiesta las reglas de la  sana  crítica,  cuestión  que el casacionista tampoco acredita, y que imponía  encauzar   la   censura   por   la   vía   del   error   de   hecho  por  falso  raciocinio.     

Visto, entonces, que la censura no cumple los  presupuestos  mínimos  de  carácter  técnico  y de fundamentación requeridos  para  su  admisibilidad,  y que la Corte, en virtud del principio de limitación  que  rige el recurso no puede suplir sus vacíos ni enmendar sus defectos, se la  inadmitirá,  y  se declarará desierto el recurso, acorde con lo establecido en  los  artículos  197 del Decreto 2700 de 1991 y 213 de la ley 600 del 2000. Esta  decisión  surte  efectos  a partir de su notificación y contra ella no procede  recurso alguno.         

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

1.    DECLARAR   PRESCRITA   la  acción penal por los delitos de hurto calificado agravado en la  modalidad  de tentativa, y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, y  ordenar    la    cesación    de    todo   procedimiento   contra   Boris   Osvath   Vidal   ó  Wiliam  Méndez  Montilla  y    Javier   Humberto   Toro   González  por los referidos delitos.   

2.  INADMITIR  la  demanda    de    casación    presentada    a   nombre   de    Boris   Osvath   Vidal   ó   William  Méndez  Montilla.  Consecuencialmente,  se declara desierto  el     recurso.              

3.  Disponer que el  Juez  de  Ejecución  de Penas y Medidas de Seguridad realice la redosificación  punitiva  correspondiente,  con exclusión de los delitos declarados prescritos.   

Contra  la  decisión contenida en el numeral  primero procede el recurso de reposición.   

Notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen. CUMPLASE.   

  YESID RAMIREZ BASTIDAS  

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN GALAN  CASTELLANOS   

Salvamento parcial de voto  

CARLOS       A.       GALVEZ   ARGOTE                     JORGE                                  A.                                  GOMEZ  GALLEGO                         

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                      ALVARO O. PEREZ PINZON   

Comisión de servicio  

MARINA         PULIDO        DE  BARON                       JORGE L. QUINTERO MILANES   

                                     Teresa Ruiz  Núñez   

                                         SECRETARIA   

   

SALVAMENTO PARCIAL DE VOTO :  

En  razón  a  la  identidad de motivo que la  situación  aquí  presenta con la del salvamento parcial de voto en el radicado  20.033 me permito reiterar lo antes dicho:   

“La  inconformidad que expreso en este voto  particular,   se  contrae  a  la  prescripción  que  por  uno  de  los  delitos  comprendidos  en  la  sentencia ha sido declarada en la resolución que inadmite  la demanda de casación.   

Establecidos los motivos de inadmisión de la  demanda,  la  decisión  de  la  Corte  debe  circunscribirse  a  ella. No haber  procedido  así, y anteponer al pronunciamiento la declaratoria de prescripción  de  la  acción  respecto  de  uno  de  los delitos materia del fallo censurado,  desconoce  en mi opinión la razón de ser de la casación, la competencia de la  Corte   en   esta   sede   extraordinaria,  y  conlleva  la  aplicación  de  un  procedimiento  típico  de  instancia por completo extraño a sus atribuciones y  al trámite propio de la casación.   

No  es la casación ninguna prolongación del  juicio  ante  las  instancias,  de  manera  que  el  debido  proceso  que a ella  corresponde    posibilite,    en   situaciones   como   las   aquí   expuestas,  pronunciamientos  de  la  índole del que motiva esta discrepancia. Su carácter  de  enjuiciamiento  a  la  sentencia del tribunal impide la adopción de medidas  interlocutorias,  y  menos  si a través de ellas se pretende disponer del fallo  acusado.  Así lo tiene establecido la jurisprudencia, cuando ha hecho ver cómo  la  competencia  de la Corte está circunscrita a la emisión del fallo donde se  resuelve  la demanda, siendo en consecuencia ajena a su función la decisión de  cualquier otro tema.   

La  no observancia de este criterio, derivado  directo  de  la naturaleza del juicio en casación, la oportunidad en que él es  ejercido  y  la  configuración  sistemática  del  proceso  en  dos instancias,  conduce,  como  en  este  caso,  a  que no obstante se hubiera inadmitido por la  Corte  la  demanda, termine modificándose la sentencia que puso fin al proceso,  en decisión, por demás, interlocutoria.   

Cierto  que la Corte con no escasa frecuencia  declara  la  prescripción  de  la acción penal estando en curso el trámite de  casación.  Pero a ello acude sobre supuestos sistemáticos distintos de los que  se  pretenden insinuar en la decisión de que discrepo. Bien porque deba hacerlo  para  fijar  el  ámbito  de  su propio fallo en casación, en eventos en que la  sentencia  acusada  se  ocupa  de  varios  delitos  y  uno  o  algunos  de ellos  prescriben  quedando  vigente  la  acción  respecto  de  otro u otros, o porque  debiendo  dictar  la  sentencia que corresponde no haya lugar a ello por haberse  producido  la  extinción de la acción penal. Hipótesis, todas  ellas, en  las  que  la  demanda previamente ha sido admitida y se ha abierto a trámite el  procedimiento    casacional;    es    decir,    la    Corte   ha   definido   su  competencia.   

Lo  expuesto  no  conlleva  el sin sentido de  afirmar  que  la  prescripción carezca de efecto a favor del sentenciado, o que  para  hacerlo  tangible  deba  acudir  a  otro  tipo  de  acción,  verbi  gratia  la de revisión. Es el juez  de  ejecución  de  penas el llamado a derivar las consecuencias de un suceso de  estas  características,  a  la  hora de fijar las condiciones de ejecución del  fallo,  en  tanto éste será ineficaz a tales efectos respecto del delito o los  delitos   prescritos,   para   lo   cual   es  el  competente  por  disposición  legal.   

De cualquier manera, considero como no posible  acudir  al  proferimiento  de  decisiones  sin  una  cabal  comprensión  de los  contornos  que  definen  el  sistema  jurídico y los niveles de éste a los que  ellas corresponden”.   

fernando e. arboleda ripoll  

           magistrado   

fecha ut supra.  

    

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