20153(29-09-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20153  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 107  

Bogotá, D. C., veintinueve (29) de septiembre  de dos mil tres (2003)   

VISTOS  

          Resuelve  la  Sala  el  recurso  de  reposición  interpuesto por el  Procurador  Tercero  Delegado en lo Penal contra el auto del pasado 11 de marzo,  mediante  el  cual  se inadmitió la demanda de casación excepcional presentada  por  la  Procuradora 91 Judicial Penal II de Cúcuta contra la sentencia dictada  por el Tribunal Superior de esa ciudad el 16 de julio del 2002.   

RAZONES    DE    LA  IMPUGNACIÓN   

          Sostiene  el  recurrente  que  la Corte no podía aplicar las normas  relacionadas  con  la casación establecidas en el Decreto 2.700 de 1991, porque  ellas  fueron  derogadas  expresamente  por  el  artículo 535 de la Ley 600 del  2000.   

Esta  situación  es  diferente de la que se  produjo   con   ocasión  de  la  declaratoria  de  inexequibilidad  de  algunos  artículos  de  la  Ley  553  del 2000, porque en este caso “según las reglas  generales  de  derecho  y las normas relativas a los efectos de una declaración  de  inexequibilidad,  al  ser declarada una norma contraria a los mandatos de la  Carta     Fundamental,    la    ley    derogada    por    ella    recupera    su  vigencia”.   

En  cambio,  el  efecto de la derogatoria es  distinto  porque,  de  acuerdo  con lo preceptuado por el artículo 14 de la Ley  153  de  1887,  “Una ley derogada no revivirá por las solas referencias que a  ella  se  hagan,  ni  por haber sido abolida la ley que la derogó. Una  disposición derogada solo recobrará su fuerza en la forma en  que  aparezca  reproducida en una ley nueva”, subraya  el Delegado.   

          Concluye  que  como  en  el actual Código de Procedimiento Penal no  existen  normas  que  regulen la materia, el vacío se debe llenar, gracias a la  autorización  del  artículo  23 de ese estatuto, acudiendo a las disposiciones  contenidas en el Código Penal Militar.   

Agrega   que   la   casación  excepcional  –de que trata este asunto-  está  prevista  en  el  inciso 3º. del artículo 205 de la Ley 600, que no fue  declarado  inconstitucional,  lo  que  obliga a establecer el significado, en el  contexto normativo, de la frase “admitir la demanda”.   

          Si  la  Sala se hubiera ocupado del punto, hubiese advertido que ese  inciso  3º.  no  puede entenderse literalmente, porque para la presentación de  la  demanda  es  indispensable  que el recurso se haya concedido lo que, como no  existe  disposición  en  contrario,  debe  hacerlo el tribunal superior ante el  cual se formuló.   

          Concluye   que  “en  los  casos  de  casación  excepcional,  debe  interponerse  el  recurso  inicialmente  ante  la  Sala de Casación Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia  y,  luego de que se haya concedido, se debe correr  traslado  al  impugnante  por  el término de treinta días para que presente la  demanda  de  casación,  la  que  debe  ser  calificada  por la Corte como si se  tratara de un trámite de casación ordinario”.   

          Solicita  en  consecuencia  la  revocatoria del auto impugnado, para  que  se  decida “lo atinente al recurso extraordinario de casación conforme a  lo  establecido  en  los  artículos  370,  371  y  concordantes  del Código de  Justicia Penal Militar contenido en la Ley 522 de 1999”.   

CONSIDERACIONES   

          Es  verdad,  como  lo  destaca el impugnante, que la declaratoria de  inexequibilidad  de una norma produce efectos diferentes a los que se derivan de  su derogatoria.   

Específicamente en punto a la subsistencia o  no  de  las  disposiciones involucradas directa o indirectamente en la decisión  judicial  o  en  la  legislativa,  la  acción  de  retirar  del ordenamiento un  precepto  i)  por  contrariar  la  Constitución,  implica que la norma derogada  recobre  vigencia,  dado  el  vicio que afecta la ley sustitutiva o derogatoria;  ii)  por  voluntad legislativa, impide que la norma derogada recobre su fuerza a  menos que la reproduzca una ley nueva.   

En  la segunda hipótesis, debe considerarse  además  que  la  ley derogatoria se ajusta a la Carta, bien porque así lo haya  declarado  expresamente  el  órgano  judicial  encargado  de su control, ora en  virtud  de  la  presunción  de  validez  que la ampara mientras no se le juzgue  inexequible.   

Aquí radica, precisamente, la confusión que  evidencia  el  Delegado,  quien  pretende  distinguir  dos  situaciones  que  en  realidad son idénticas.   

Si  mediante la misma sentencia C-252 del 28  de  febrero  del  2001  la  Corte  Constitucional  declaró inexequibles algunas  normas  de  las  Leyes  553  y  600 del 2000, cuando aún esta última no había  entrado  a  regir  y,  por  lo tanto, nada había derogado, no se entiende cómo  pueda  admitir,  con  relación  a la primera, que “al ser declarada una norma  contraria  a  los  mandatos  de  la  Carta Fundamental, la ley derogada por ella  recupera  su  vigencia”,  pero  reproche  que  a  igual  conclusión se arribe  respecto de la segunda.   

          La  diferencia no podría radicar en el tipo de derogatoria que cada  una  de  las  leyes  hubiese  adoptado,  pues  no  hay  duda  que  ambas,  en el  específico  tema  de  la  casación, pretendían dejar sin efecto todas las que  les   fueren   contrarias;   tampoco  en  la  referencia  que  la  sentencia  de  inexequibilidad  hubiera  hecho  a  los  artículos  que contenían los mandatos  derogatorios,  porque  el  fallo nada dijo sobre el 20 de la Ley 553 ni respecto  del  535  de  la  Ley  600;  menos  en el aspecto temporal de vigencia de dichas  leyes,  porque  cuando  cada  una  de  ellas  entró  a regir, el trámite de la  casación  estaba  precedentemente  regulado  por  el  Decreto  2.700  de  1991.   

          La  reciente historia normativa del trámite de la casación enseña  que  la  inicial  regulación, contenida en el Código de Procedimiento Penal de  1991,  fue  subrogada  por  la  Ley  553  del 13 de enero del 2000, que rigió a  partir  del  16  siguiente  y hasta el 16 de marzo del 2001, fecha en que cobró  ejecutoria  la  sentencia  C-252  del  28 de febrero del mismo año que, como se  dijo  antes,  declaró inexequible la mayoría de sus artículos. Por tal razón  el  17  de  marzo,  retirada  del  ordenamiento  por inconstitucional la ley que  había  subrogado  las  señaladas  normas procesales del Decreto 2.700 de 1991,  éstas recuperaron la vigencia.   

          Y  como  la  misma  sentencia  declaró  igualmente inexequibles las  disposiciones  del  Código de Procedimiento Penal que habría de regir a partir  del  25  de julio del 2001, la derogatoria general contenida en su artículo 535  no  podría  operar  respecto del trámite de la casación, pues no hay duda que  la   ratio   legis  de  su  establecimiento  obedecía  a  la  adopción  del procedimiento que señalaba el  artículo  210,  retirado del ordenamiento por la mencionada sentencia C-252 del  2001.   

Dicho  en  otros  términos,  la  voluntad  legislativa  de  derogar  el  trámite  previsto en los artículos 223 y 224 del  anterior  estatuto  partía de la indiscutible premisa de su contrariedad con el  régimen  que  se  adoptaba,  de  manera  que  si éste no pudo surgir a la vida  jurídica  también  perdió  sentido  la  razón  de la derogatoria1.   

Por  estos  motivos,  la  Sala  reitera  su  criterio  sobre  la  subsistencia  de algunas disposiciones del Decreto 2.700 de  1991, relacionadas con el trámite de la casación.   

El  otro  aspecto  que el Delegado cuestiona  hace  referencia al sentido de la expresión “admitir la demanda”, contenida  en  el  inciso 3º. del artículo 205 de la Ley 600 del 2000 que, según afirma,  tendría  que  entenderse precedido ese acto de la concesión del recurso, luego  de  lo  cual “se debe correr traslado al impugnante por el término de treinta  días  para que presente la demanda de casación, la que debe ser calificada por  la    Corte    como    si    se    tratara   de   un   trámite   de   casación  ordinario”.   

Esto,  dicho para oponerse a lo expuesto por  la  Sala  en  el  auto  recurrido,  en  cuanto sostuvo que “ahora, en el mismo  escrito,  el  libelista debe i) exponer las razones por las cuales la Corte debe  examinar  la  demanda  y  ii)  sustentar  el  recurso  ceñido  a los requisitos  formales  previstos  en  el  artículo 212 de la Ley 600 de 2000”, implicaría  retornar  al  anterior  sistema,  sin  tener  en  cuenta  la  modificación  que  introdujo   aquella   frase,   como  se  indicó  en  la  referida  providencia.   

No  se trata, pues, de falta de análisis de  la  Corporación, como lamenta el impugnante, sino de una comprensión del texto  que  le  da  significado  y  aplicación,  en  un sentido que, por lo demás, no  vulnera  derecho  alguno  del  casacionista  y,  por  el  contrario,  agiliza el  trámite del recurso.   

          Consecuente  con  lo  examinado,  se  mantendrá  el  auto objeto de  reposición.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia   

RESUELVE  

          No  reponer  el  auto  del  11  de marzo del 2003, que inadmitió la  demanda  de  casación  presentada  por  la  Procuradora 91 Judicial Penal II de  Cúcuta.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

Notifíquese y cúmplase.  

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS                       CARLOS  A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria  

    

1  Un  razonamiento  similar,  pero  referido al recurso de queja, fue planteado por la  Sala en el auto del 5 de diciembre del 2002, radicado 18.884.     

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