20034(24-10-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 20034  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                    Dr.  YESID  RAMÍREZ  BASTIDAS   

                                     Aprobado Acta #  114   

Bogotá  D.C.,  octubre veinticuatro (24) de  dos mil tres (2003).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada  por  el  defensor  del  procesado  JORGE  NELSON  CETINA  RODRÍGUEZ.   

ANTECEDENTES:  

1.   Hacia la  1:15  a.m.  del  13  de  julio  de  1995  el  mencionado  conducía el vehículo  Chevrolet  Monza  de placas BAR 314 a una significativa velocidad y en estado de  embriaguez.  A  la  altura  de  la  Avenida Caracas con la calle 9ª de Bogotá,  atropelló  a  Abelardo  Cárdenas  Vargas,  le  causó la muerte y se fugó del  lugar.   

2. Fue vinculado al  proceso  a  través de indagatoria, se le resolvió situación jurídica y el 14  de  septiembre  de 1999 la Fiscalía lo acusó por el cargo de homicidio culposo  agravado.  Su  primo JULIO ALBERTO CETINA RODRÍGUEZ, propietario del automotor,  fue  igualmente  vinculado  a  la  investigación y se le acusó por el cargo de  favorecimiento.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el Juzgado 36 Penal del Circuito los condenó el 13 de junio de 2001. A  JORGE  NELSON  CETINA a 36 meses de prisión, $5.000.oo de multa, suspensión de  la  licencia  de  conducción  de  vehículos  automotores  e  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso y al pago de 1.800 gramos oro  por  razón  de  los  perjuicios  causados con la infracción. Y a JULIO ALBERTO  CETINA  a  18 meses de arresto e interdicción de derechos y funciones públicas  por igual término. Y,   

4. El defensor del  primero  apeló  esa  decisión y el Tribunal Superior de Bogotá, a través del  fallo  impugnado en casación, expedido el 30 de noviembre de 2001, le impartió  confirmación.   

LA DEMANDA:  

1. Dice el defensor  en   el   único   cargo   planteado   que   el   Tribunal  violó  directamente  la  ley,   al  ignorar  deliberadamente  los  artículos  29  de  la Constitución Política y 2º, 5º,  6º,  7º,  8º,  9º, 15, 16, 20, 24, 39, 45, 56, 232, 234, 237, 238, 249, 251,  257, 284, 285, 286 y 287 del Código de Procedimiento Penal.   

2.   Luego   de  referirse  a  los  medios  de  prueba  de  los cuales se ocupó la sentencia, de  señalar  los  alcances  que  a  su  juicio  debió dárseles, de afirmar que se  transgredieron  los  principios  de investigación integral, de contradicción y  publicidad  de  la  prueba,  de  expresar  que  los  medios de convicción no se  examinaron  de  conjunto sino en forma fraccionada y, en general, de oponer a la  apreciación  probatoria  de  la  sentencia  la  propia,   precisa  que los  juzgadores  de  primera  y  segunda  instancia  incurrieron  en  los  siguientes  errores de hecho:   

2.1.   Dar  por  demostrado,  sin  estarlo,  que  el  vehículo  implicado  en  el  accidente  de  tránsito   fue  el  Chevrolet  Monza  de  placas  BAR  314.  Ésta  conclusión  equivocada  se  obtuvo  por  la  “indebida  apreciación”  de las siguientes  pruebas:   

    

* El  testimonio  de  Mario  Antonio Rodríguez Baquero, quien presenció los hechos y  describió  el  carro  con  el cual se causó la tragedia como camioneta Renault  azul  cielo, siendo el comprometido automóvil, de otra marca y de color “azul  atlántico”.     

    

* El  único  daño en el vehículo que observaron “muchos testigos” que lo vieron  después  de  los  hechos  fue  la ruptura del vidrio parabrisas y el declarante  citado describe muchos otros.     

    

* RODRÍGUEZ  BAQUERO  dijo  que no observó las placas del automotor,  aunque  otra persona –que no  se    sabe    quién    es    y    no   declaró   en   el   proceso—se   las   dijo.  En  el  acta  de  su  declaración   “dicho  número  se  nota  evidentemente  adulterado  en  forma  manuscrita  queriendo significar la placa asignada al Chevrolet Monza (BAR 314),  cuando en la forma mecanográfica dice otras letras”.     

    

* En  el  acta  correspondiente  a  la  inspección judicial al lugar de los hechos se  dejó  constancia  del  hallazgo  de un trozo de vidrio, al cual estaba adherida  una  calcomanía  de  revisado  en  la que se leía BAR 314. Para el demandante,  como  no  se anexó al proceso la huella física, no podía tenerse ese elemento  como  prueba.  Además,  no  se  obtuvo  la  certificación  respectiva sobre la  autenticidad del documento.     

2.2.   Dar  por  demostrado,  sin  estarlo,  que el conductor del Cehvrolet Monza para el día de  los  hechos  era  JORGE NELSON CETINA RODRÍGUEZ.  La indebida apreciación  probatoria   que   condujo   al  error,  “a  todas  luces  ilegal”,  fue  la  siguiente:   

    

* Otorgarle  plena  credibilidad al dicho del también condenado JULIO  ALBERTO   CETINA   RODRÍGUEZ,   quien   en   la   ampliación  de  indagatoria,  encontrándose  detenido  preventivamente  por  el  homicidio,  es  decir  “en  circunstancias  particularmente  sospechosas”,  decidió modificar la versión  que  había  suministrado en su primera intervención procesal, afirmando que la  noche  de  los hechos el vehículo lo tenía su primo JORGE NELSON CETINA, quien  se  lo  devolvió en el Barrio Jazmín, con el vidrio panorámico roto y rastros  de sangre.     

Para  la  defensa  el  nuevo relato de JULIO  ALBERTO  CETINA  no  merecía  credibilidad y al respecto suministra las razones  que  lo  conducen  a esa conclusión, tales como haber sostenido que su primo le  devolvió  el  carro  un  sábado,  luego de haberlo tenido abusivamente 4 días  desde  el  10  de  julio  de  1995, que era lunes y entonces 4 días después no  podía  ser  sábado;   que  se  cuenta  en  el proceso con testigos que lo  ubican  la  noche  de  los  hechos,  con  el  carro, en un establecimiento de la  carrera  13 con la calle 14 y entregándole las llaves del mismo, de acuerdo con  lo  declarado  por  Héctor  Fabio  Gutiérrez, “a su socio y cuñado” JORGE  ALEXÁNDER CASTRO (quien al parecer falleció a fines de 1995).   

2.3. Para el censor,  en  suma,  encontrándose  demostrado  que  es  falso lo dicho por JULIO ALBERTO  CETINA,  carece  también  de  piso  su  afirmación relativa a que JORGE NELSON  CETINA  le  confesó ser el autor del homicidio, que no podía cometer porque no  tenía el vehículo.   

De haber el Tribunal examinado de conjunto y  con  objetividad  y  justicia  las  pruebas, entonces, la sentencia habría sido  absolutoria,   que   es  la  que  el  demandante  le  solicita  a  la  Sala  que  dicte.   

   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. Cuando se plantea  en  casación violación directa de la ley sustancial, como se sabe, no le está  permitido  al  recurrente  discutir  la apreciación probatoria realizada por el  juzgador,  porque  la  transgresión  de  la  ley  en ese evento no se produce a  través  de  la  prueba,  sino  que  es  la  consecuencia  de un error de juicio  jurídico,  originado  en  la aplicación indebida de la norma sustancial, en su  falta de aplicación o en su interpretación errónea.   

Aunque  el  libelista  hizo  alusión  en el  enunciado  del reproche a ese clase de error, es evidente que en ningún momento  su  fundamentación  corresponde  a  la  de  una  hipótesis  de  ese  tipo. Los  cuestionamientos  que presenta en contra del fallo son eminentemente probatorios  y  no  cabe duda, en especial si se tienen en cuenta los varios errores de hecho  relacionados,  que  la  propuesta está apoyada en la segunda parte de la causal  primera de casación.   

2.  Ahora bien, es  sabido  que   la  violación  indirecta de la ley sustancial se produce por  errores de hecho o de derecho en la apreciación probatoria.   

Los primeros tienen lugar cuando el juzgador  supone  u  omite  pruebas  (falso  juicio  de  existencia), cuando distorsiona o  altera  su  contenido  material (falso juicio de identidad), o cuando realiza la  apreciación  probatoria  con  desbordamiento  de  la  sana  crítica  (error de  raciocinio).    

Los errores de derecho, por su parte, tienen  lugar  cuando  el  Juez  aprecia  pruebas  inválidas  o cuando tiene como tales  pruebas  válidas  (falso  juicio  de  legalidad) o cuando le asigna al medio de  convicción  un  valor  distinto  al  que  le  fija  la  ley  (falso  juicio  de  convicción).   

El  planteamiento  de  cualquiera  de  esas  equivocaciones  en casación le impone al recurrente la carga de precisarla y la  de  demostrarle a la Corte su trascendencia, es decir que si el yerro no hubiera  tenido  lugar  otra  habría sido la orientación de la sentencia, exigencia que  obviamente    le   implica   la   confrontación   y   desvirtuación   de   sus  términos.   Son éstos los requisitos formales de claridad y precisión en  la  presentación  de  la  censura previstos en el numeral 3º del artículo 212  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  indiscutiblemente  incumplidos  por  el  defensor en el presente caso, como brevemente se explica enseguida.   

3.    El  recurrente  no  identificó ningún error en el que haya incurrido el juzgador y  mucho  menos  demostró  su trascendencia. Ocupó todo su esfuerzo en refutar el  mérito  otorgado  a  cada  medio  de  prueba  y  los que relacionó como yerros  fácticos  del  Tribunal,  son  simplemente  conclusiones  que no comparte y que  califica  como  equivocaciones  por el solo hecho de no coincidir con las suyas.  Se  trata,  entonces, del intento impropio de proseguir el debate probatorio que  culminó  con  la  expedición  de  la  sentencia  de  segundo grado y para cuya  prolongación  no esta previsto el recurso de casación, que como se tiene dicho  no es una tercera fase del proceso penal.   

4.  Una  falencia  adicional  de  la  censura, violatoria del principio de no contradicción, es el  planteamiento  atinente a la supuesta violación del principio de investigación  integral,  que  debía formularse en cargo separado y con apoyo en la causal 3ª  de  casación.   El  punto,  de  todas  formas, se quedó simplemente en la  relación  de  unas pruebas que no se practicaron a pesar de haberlas solicitado  en  el  trámite  procesal, tales como oficiar a Colmotores para que certificara  si  en  1990  se  produjeron  camionetas  Chevrolet  Monza  e  igualmente  “la  tonalidad   cromática  del  color  azul  atlántico”,  sin  aportar  un  solo  argumento  que  acreditara  que  de  haberse  obtenido  esas evidencias el fallo  habría sido distinto y favorable al procesado.   

Así   las   cosas,   ante  la  manifiesta  incorrección    en    la   presentación   del   cargo,   se   inadmitirá   la  demanda.   

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada a nombre del procesado JORGE NELSON CETINA RODRÍGUEZ.   

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                 JORGE                               ANÍBAL                               GÓMEZ  GALLEGO                      

         

ALFREDO           GÓMEZ  QUINTERO                              ÉDGAR LOMBANA  TRUJILLO                       

ÁLVARO      ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                    MARINA      PULIDO      DE     BARÓN                         

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS                       MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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