19736(21-04-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  19736   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 034.  

          Bogotá   D.C.,   abril   veintiuno   (21)   de   dos   mil   cuatro  (2004).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia  de  fondo  sobre la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado FABIO  MAZO  CAÑAS, contra la sentencia de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá el 13 de  septiembre  de  2001, mediante la cual confirmó el fallo dictado por el Juzgado  Cuarenta  y  Ocho  Penal  del  Circuito  de la misma ciudad el 24 de abril de la  referida   anualidad,   por   cuyo  medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado en Nelson  Mazo  Cañas y porte ilegal de arma  de fuego de defensa personal.   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal  solicita  en  su  concepto no casar la sentencia impugnada por  considerar  que,  además  de las falencias técnicas del libelo, los argumentos  planteados por el demandante carecen de razón.   

HECHOS  

Fueron  adecuadamente  sintetizados  por  el  ad  quem  en  el  fallo  de  segundo grado, así:   

“Los  hermanos  Nelson  y  Fabio Mazo Cañas, el 15 de noviembre de 1999, en horas de la tarde y  en  compañía  de otros sujetos, consumieron bebidas alcohólicas en una tienda  ubicada  en  el barrio Nueva Zelandia de ésta ciudad. Pasada la media noche, es  decir,  en  las  primeras  horas  del día 16, los hermanos resolvieron dejar el  lugar  y  se  marcharon  a  pie  rumbo  a  su residencia localizada en el barrio  Santandercito.  Cuando se encontraban a la altura de la calle 183 con carrera 41  Nelson  Mazo  Cañas,  recibió  varios  impactos  de bala a consecuencia de los  cuales falleció poco tiempo después”.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

El  mismo  día  de  los hechos la Fiscalía  dispuso  la  correspondiente  investigación  previa, y posteriormente, el 22 de  febrero  de  2000  profirió resolución de apertura de la instrucción, en cuyo  marco  vinculó  mediante  indagatoria  a  FABIO  MAZO  CAÑAS, definiéndole su situación jurídica el 29 de  los  mismos  mes  y  año  con medida de aseguramiento de detención preventiva,  como  presunto  autor  material  del concurso de delitos de homicidio agravado y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa personal, sin derecho a libertad  provisional.   

          Posteriormente  fue  denegada  la  solicitud  de  revocatoria  de la  medida  de  aseguramiento  presentada por el defensor del sindicado MAZO  CAÑAS. Cerrada la investigación, el  22  de  junio  de  2000  la  Fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario con  resolución   de   acusación   contra   FABIO   MAZO  CAÑAS,  como  presunto  autor del concurso de delitos  que motivó la imposición de la medida asegurativa.   

La fase del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Cuarenta y Ocho Penal del Circuito de Bogotá, despacho que una vez  surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo el 24 de abril de 2001, por cuyo  medio  condenó  al  procesado  MAZO CAÑAS  a  la  pena  principal  de  cuarenta  (40) años de prisión, a la  accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por diez (10)  años,   y  al  pago  de  los  perjuicios  ocasionados,  como  autor  penalmente  responsable del concurso de delitos por el cual fue acusado.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior  de  Bogotá la confirmó mediante fallo del 13 de septiembre  de  2001,  pero  rebajó  la  pena principal a veinticinco (25) años y seis (6)  meses  de  prisión  en  aplicación  de  la Ley 599 de 2000 a la que acudió en  desarrollo del principio de favorabilidad.   

Contra el fallo de segundo grado el procesado  interpuso  recurso  extraordinario  de  casación,  el  cual  fue  sustentado en  oportunidad  por  su  defensor. La demanda respectiva se declaró ajustada a las  exigencias  formales establecidas en el artículo 212 de la Ley 600 de 2000 y en  el   curso  del  trámite  casacional  se  obtuvo  el  respectivo  concepto  del  Ministerio Público.   

LA DEMANDA  

El impugnante plantea un solo cargo y lo hace  al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, por violación  indirecta  de  la ley sustancial derivada de errores de hecho en la apreciación  de los hechos indicadores, que fundamenta y desarrolla así:   

Comienza el casacionista por señalar que el  Tribunal   incurrió   en   un   falso   juicio   de  identidad  “respecto    de    los    medios    demostrativos   de   los   hechos  indicadores” dado que “se  apoya  en los testimonios de JUAN CARLOS LUNA, NELSON DIAZ ARIAS, ALVARO GUEVARA  RODRIGUEZ,  ROBERTO  LUIS  SUAREZ GUTIERREZ y FERNANDO ANTONIO PRADA GALVEZ para  hacerles  producir  efectos  probatorios  que  objetivamente no se establecen de  ellos;   y   en   cambio,  deja  de  lado,  por  considerarlas  mentirosas,  las  afirmaciones  que,  bajo  la  gravedad  del  juramento  y  sin él suministra el  procesado FABIO MAZO CAÑAS”.   

          Y  por resaltar que fue distorsionado “el  valor  que  la doctrina forense le asigna a la intoxicación aguda producida por  el  consumo  del  alcohol”,  situación en la que se  encontraba  su  defendido,  y por la cual le fue imposible mental y físicamente  ver   a   quien   causó   la   muerte   a   su   hermano,  por  las  siguientes  razones:   

          1)        En  cuanto  a  lo  expuesto  en  el  fallo  acerca  de  los testigos  Juan    Carlos   Luna   y  Nelson   Díaz,  el  actor  señala  que  coinciden  con  lo relatado sobre los hechos por su asistido, esto  es,   que   en   la   madrugada  del  16  de  noviembre  de  1999  salieron  del  establecimiento  del  primero, donde ingirieron licor y que cada uno llevaba una  bicicleta,  como en efecto fueron vistos por el segundo, celador de Laboratorios  Proviol.   

          Indica  el casacionista que no ocurre lo mismo con el testimonio del  vigilante   Alvaro   Guevara   Rodríguez,  quien  dijo  haber  escuchado  aproximadamente  a  la  1:05 de la  mañana  del  16 de noviembre de 1999, una discusión entre dos hombres momentos  antes de oír los disparos.   

Destaca que “no se  entiende  cómo  de  dos  celadores que trabajan en el mismo sector, uno escucha  voces  de  fuerte  altercado  y  el  otro  no  diga nada al respecto”  y  que  además,  el  procesado  no  refirió en ninguna de sus  intervenciones que hubiera tenido discusión alguna con el occiso.   

También  cuestiona que no se estableció si  las      personas      que      escuchó      el      vigilante     Guevara fueron las mismas que vio pasar el  celador  Díaz, y que si aquel  no    suministró    detalles   fue   porque   la   discusión   “(a)  No era tal, como se ha dicho, sino un simple tono subido de voz  de  unos  borrachos.  (b)  No  existió la misma; y (c) Pudo existir en la forma  dicha  por  DIAZ,  pero  no  se  refería  a los hermanos MAZO CAÑAS, ya que ni  siquiera los observó pasar”.   

          Igualmente  el defensor indica que en punto del aspecto temporal, el  testigo  Guevara  Rodríguez  dijo  que  escuchó  la  discusión  a la 1:05 de la mañana y que pasados cinco  minutos  oyó  cuatro  disparos,  luego  concluye  que  entre  la  primera y los  segundos  no  transcurrieron  unos  instantes,  como  lo  dijo el Tribunal en el  fallo,  circunstancia  que  resta  credibilidad  a  lo  expuesto por el referido  declarante,  quien  tampoco expuso “las razones de su  dicho”  pese  a  que  el ad  quem expresara que sí las suministró.   

          2)        Respecto  de  las escoriaciones que presentó el cadáver, así como  de  la  prueba  de  absorción  atómica  que  se  le  practicó  con resultados  positivos,  elementos con base en los cuales el fallador de segundo grado dedujo  que   entre   los   hermanos  Mazo  Cañas  se  produjo  una  discusión  y  que  hubo  lucha  entre ambos, el  impugnante  asevera  que las escoriaciones en codo, rodilla, dorso y dedos de la  víctima   se   explican  con  las  varias  caídas  que  tuvo  por  encontrarse  embriagado,  como  en  efecto lo relató el dueño del establecimiento donde los  hermanos   Mazo  ingirieron  licor,  sin  que  entonces  pueda  deducirse  que  hubo  un enfrentamiento entre  estos.   

Sobre  la  prueba de absorción atómica que  arrojó  un  resultado  positivo para la víctima, el casacionista relata que no  fue   adecuadamente   interpretado   tal  medio  probatorio,  pues  si  bien  se  encontraron   restos   de   plomo,  bario,  cobre  y  antimonio  “no  se debió menospreciar que NELSON MAZO estuvo jugando rana en la  tarde  del  15 de noviembre de 1999, y por tanto, (sic)  en   contacto  con  objetos  metálicos  que  podían  impregnar  sus  manos  de  elementos  químicos  que  podían  ofrecer  un falso  positivo”.   

          De   lo   anotado   concluye   que  “las  inferencias  deducidas de la prueba científica no son lógicas, son enteramente  subjetivas”,   pues   permiten   arribar   a  otras  conclusiones como las planteadas.   

          3)        El  defensor manifiesta que el Tribunal afirmó que era posible para  el  procesado FABIO MAZO haber  observado    al    presunto    agresor    de   Nelson  Mazo,  pues  en  el  lugar  y  a una distancia de 17.5  metros  el  testigo José Nelson Diaz Arias  estuvo  en  perfectas  condiciones de observar a los hermanos  Mazo,  al punto que observó  que  cada uno llevaba consigo una bicicleta. Señala entonces que esto no fue lo  expresado  por  el  referido declarante, quien sólo dijo que en la noche de los  hechos,  al  escuchar  ladrar a los perros, miró a la distancia y vio pasar dos  sombrar, sin precisar si iban caminando o en bicicleta.   

También   puntualiza   que  los  testigos  Suárez    Gutiérrez   y  Prada  Gálvez han reconocido  la  escasez  de  luz  en el sector para cuando acaeció el delito investigado, y  que  por  tanto, si a la oscuridad del lugar se agrega la ingestión etílica de  su  procurado,  la  noche  de  los hechos no estaba en condiciones de observar a  quien  le  disparó  a  su  hermano  Nelson,  pues  presentaba un cuadro grave de intoxicación entre 300 y 400  mg %, según fue detectado al occiso.   

          De    lo   anterior   concluye   el   censor   que   “la  Colegiatura  pretende  desconocer,  contra  toda  evidencia,  la  prueba  testimonial  y la prueba científica, y encima, encuentra una inferencia  lógica,  necesaria  (…) derivada del hecho de que MAZO CAÑAS afirmó, siendo  ello  completa  y  absolutamente  cierto,  que  al  momento de los hechos no vio  quién  disparó  a  su  hermano  por  dos  potísimas razones: estaba ebrio por  completo  y  el  sitio  del  ataque  era  oscuro  como  el  que más”.   

          Igualmente  el  defensor indica que el Tribunal dijo en el fallo que  en  el  curso  del  proceso  no se llegó ni por un momento a sospechar que otro  fuera  el  autor  del  delito  investigado,  sin  tener en cuenta que cuando los  policías  arribaron  a  la  escena  del  crimen  dos  o  tres  minutos luego de  efectuados  los  disparos,  allí se encontraba el sindicado estupefacto y no le  encontraron  arma  alguna en su poder, y que fue tiempo después cuando a manera  de  hipótesis  de trabajo que un funcionario de policía Judicial sugirió a la  Fiscalía  vincular  a  FABIO  MAZO CAÑAS,  sin  que  de  ello pueda concluirse que fue el responsable de los  delitos por los que se le acusó.   

          Afirma   el   impugnante   que   su   asistido  fue  “culpable  de  no  ver quién mató a su hermano. Culpable de haberse  embriagado  tanto  que  su temporal vida vegetativa le impidió ver. Culpable de  la  oscuridad  del  sector,  que  agigantaba su oscuridad mental. Culpable de no  verter    explicación    ninguna   sobre   lo   acontecido   aquella   trágica  noche”.   

          Y  que  “si  inductivamente  los  hechos  indicadores  de  que  se vale la Sala Penal de Decisión no son tales, ya porque  se   tergiversa  ora  porque  se  cercena  el  medio  material  de  prueba,  las  consiguientes  deducciones  que obtiene no pueden ser categóricas y definitivas  en  orden a sostener la responsabilidad penal del ciudadano procesado FABIO MAZO  CAÑAS”.   

          Para   concluir   que  “el  fallador  al  analizar  la  prueba  testimonial extrajo de ella unos hechos indicadores que no  se  corresponden  con  todo  el  plexo  probatorio; y al hacer lo propio con las  pruebas  periciales  (necropsia  y  absorción atómica), les brindó un alcance  que  no  corresponde,  a  la  luz  de  la  medicina  forense  y de las reglas de  interpretación  explícitamente  señaladas  por  el  laboratorista”.   

          4)        También  dice  que  el  procesado no tenía móviles para delinquir  pues  mantenía  las mejores relaciones filiales con la víctima, y que además,  al  valorar  los  indicios  obrantes  en  la  actuación  debía  reconocerse la  presencia   de  duda  insalvable  que  conducía  a  absolver  al  procesado  en  aplicación  del principio in dubio pro reo.   

          Como  normas  procesales violadas directamente el demandante señala  los  artículos 7º y 232 del anterior estatuto procesal penal (artículos 247 y  445  de  la  legislación  vigente),  y  como  preceptos  sustanciales  violados  indirectamente  indica  los artículos 2º, 323 y 324 del derogado Código Penal  (artículos 9º, 103 y 104 del ordenamiento sustantivo vigente).   

Con  base  en  lo  anotado,  el  impugnante  solicita  a  la  Corte  casar  el  fallo  atacado  y  en  su  lugar  disponer la  absolución     del     procesado     FABIO    MAZO  CAÑAS.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

La  Procuradora  Primera  Delegada  para  la  Casación  Penal solicita en su concepto no casar la sentencia impugnada por las  fallas   técnicas  del  libelo  y  por  considerar  que  no  asiste  razón  al  impugnante, con base en las siguientes consideraciones:   

          Comienza  por  indicar  que  el  demandante  incurre  en desaciertos  técnicos  en  el  libelo,  pues  si  bien  dirige  su reproche contra la prueba  indiciaria,  no  procede  a  identificar  si  la  censura  ataca “los  elementos  de convicción que soportan el hecho indicador, a la  operación  mental de inferencia del dato indicado o a la estimación individual  o conjunta de su poder persuasivo”.   

          Puntualiza  que  si  lo  pretendido  por  el  censor  era  atacar la  inferencia  lógica,  le correspondía plantear un cargo separado y subsidiario,  diverso  de  aquel  que  dirigió  contra el hecho indicante a fin de guardar el  principio  de  autonomía  de los cargos; caso en el cual debía acudir al error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  demostrando  que los falladores violaron las  reglas   de   la  ciencia,  la  lógica  o  la  experiencia,  actividad  que  no  adelantó.   

          También  expone  que  al  postular  errores  por  falso  juicio  de  identidad,  debía  el  censor  asumir los deberes propios de tal censura, en el  sentido  de  señalar los apartes probatorios que fueron cercenados, adicionados  o  tergiversados,  así  como  su  incidencia  en  el  fallo  al  ser  valorados  correctamente en conjunto con las demás pruebas.   

          Aduce  la Delegada que el defensor se dedica a cuestionar el mérito  persuasivo  otorgado  a  algunas pruebas por los falladores, pero no acredita en  manera alguna que estos hayan incurrido en yerro alguno.   

          Acto   seguido  enfatiza  que  del  contexto  de  la  demanda  puede  concluirse  “que el casacionista pretende denotar, de  una  parte,  que  los  juzgadores  encontraron acreditado en grado de certeza la  materialidad  del  hecho  punible,  no  así  la  responsabilidad del procesado,  fundados  en  unos  medios  de convicción cuya apreciación no comparte, lo que  indica  que el error denunciado es de mérito y se habría producido en la labor  de  establecer  la  relevancia jurídica del comportamiento llevado a cabo, pues  en  últimas  el  actor  no  discute  la  expresión fáctica de la prueba a que  alude,      sino     su     ponderación     por     el     juzgador”.   

          También  indica  que  aún  si  no se tratara de un falso juicio de  identidad  sino  de  un  falso  raciocinio, el desarrollo y la demostración del  cargo  no  solamente  es antitécnica sino incompleta, pues dirige su esfuerzo a  anteponer su particular valoración sobre la de los falladores.   

Así, pues, destaca que el impugnante afirma  que  el Tribunal dio por probado que previamente a los disparos medió entre los  hermanos   Mazo  Cañas  una  discusión,   la   cual   no  se  acreditó,  pues  el  testimonio  del  celador  Alvaro  Guevara Rodríguez no  es  del  todo  creíble  dada  su  ubicación  al  interior de un parqueadero de  vehículos,   y  porque  otro  celador,  Nelson  Díaz  Arias,  nada  dijo  sobre el particular, argumento que  corresponde  a la crítica de la apreciación probatoria al estilo de un alegato  de  instancia  contrario  a la técnica de este recurso y con desconocimiento de  la doble presunción de acierto y legalidad del fallo.   

          Para  demostrar  la  ausencia  de  razón  del  cargo la Procuradora  Delega  transcribe  apartes de los fallos de primera y segunda instancia, en los  cuales  se  plantean las razones por las cuales se estimó probada la discusión  entre    los    hermanos    Mazo   Cañas  previamente  a  ser  escuchados  los  disparos  que ocasionaron la  muerte       a       Nelson      Mazo.   

          Ahora,  en  cuanto  se  refiere  a  la  prueba  de la confrontación  física    entre    los   hermanos   Mazo,  derivada  de  los  resultados  de la necropsia y de la absorción  atómica,  a  cuyas  conclusiones  se opone el actor, la Delegada expresa que en  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancia  se  tuvieron  en cuenta las  observaciones  que  ahora  formula  el  demandante,  para lo cual transcribe los  apartes  pertinentes  de las referidas providencias, y por ello considera que no  hubo   error   por  falso  raciocinio  en  la  valoración  de  aquellos  medios  probatorios,  en  especial  si  se  tiene  en  cuenta que la condena también se  soportó  en  la  restante  prueba  testimonial  e  indiciaria que compromete la  responsabilidad    del    procesado    FABIO    MAZO  CAÑAS.   

Acerca  de  la  oscuridad en el lugar de los  hechos,  la  Delegada destaca que el Tribunal, con base en la prueba testimonial  y  la  inspección  judicial  practicada  al  lugar,  concluyó  que  el testigo  Díaz  Arias pudo visualizar  perfectamente  a  los  hermanos Mazo Cañas,  al  punto  que  observó  que  estos  llevaban sendas bicicletas,  circunstancia  que  confirma  que  no  había  obstáculo  alguno  para  que  el  procesado    FABIO   MAZO  percibiera  a  la persona que según dice, disparó contra su hermano a menos de  un metro de distancia.   

Con relación a la intoxicación alcohólica  que  alega  el  defensor,  la Delegada indica que tal circunstancia fue evaluada  por  el  fallador  de  primer grado, quien estimó con base en el comportamiento  adoptado  por  el  procesado  en  momentos  posteriores  al  suceso,  que tenía  conciencia  del  acontecimiento y no revelaba un estado mental anormal, al punto  que  tres horas más tarde rindió declaración ante la Fiscalía, circunstancia  de  la cual concluyó que el supuesto agresor de Nelson  Mazo  no  existió,  y  que  sólo  se  trataba de una  mentira  en sus varias intervenciones para conseguir la impunidad del delito que  cometió.   

Por  lo  expuesto,  la  Procuradora Delegada  considera    que    los    reproches   resultan   inadmisibles   y   deben   ser  desestimados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Impera  precisar ab  initio   que,   como   acertadamente  lo  señala  la  Representante   del   Ministerio   Público,  el  libelo  adolece  de  falencias  técnicas,  pues  en  el  desarrollo  del  cargo  presentado el actor postula la  violación  indirecta de la ley sustancial por falsos juicios de identidad, pero  no  procede  a  señalar  los apartes de los medios de prueba que los falladores  cercenaron,  adicionaron  o  tergiversaron,  circunstancia  que  a  la postre le  impide  acreditar  la  trascendencia  del  yerro  en  la  sentencia. Además, no  expresa  las  razones  por  las  cuales  las  otras  pruebas  que  sirvieron  de  fundamento al fallo, también debían ser desechadas.   

Adicional a lo expuesto se tiene que en punto  de  la  crítica  a  la  valoración  del  testimonio  del  celador Alvaro  Guevara Rodríguez, así como de la  necropsia  y  la  prueba  de  absorción  atómica  practicada a la víctima, el  censor  ingresa  en  el discurrir inherente al falso raciocinio, caso en el cual  le  competía  establecer  qué dicen concretamente los medios probatorios, qué  se  infirió  de  ellos en la sentencia atacada, cuál fue el mérito persuasivo  otorgado,  determinar  el  postulado lógico, la ley científica o la máxima de  experiencia  cuyo  contenido  fue  desconocido  en  el  fallo, debiendo a la par  indicar  la  proposición  lógica,  la  regla  científica,  o  el  supuesto de  experiencia  que debió considerarse, identificar la norma de derecho sustancial  que  indirectamente  resultó  excluida  o indebidamente aplicada, y finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  correcta  apreciación  de  aquellas pruebas, con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso y opuesto al censurado, deberes que no acometió.   

Por  el contrario, como si se tratara de una  alegato  de  instancia,  el  demandante  dirigió  su  actividad  a  cotejar  su  particular   valoración  de  dichos  medios  probatorios  con  la  apreciación  otorgada  por los falladores, desconociendo la dual  presunción de acierto  y legalidad de la sentencia impugnada.   

Igualmente  se  evidencia  que,  tal como lo  resalta  la  Delegada,  en  la  crítica  que  el casacionista dirige contra los  indicios  no  distingue  si  el  reproche se orienta a deplorar la prueba de los  hechos  indicadores, el proceso de inferencia que a partir de estos se efectúa,  su  convergencia  o  su  utilidad  al  ser  valorados en conjunto con las demás  pruebas obrantes en la actuación.   

Además, en relación con las mismas pruebas,  esto  es,  el  testimonio  del  celador  Alvaro Guevara  Rodríguez,  así  como  la  necropsia  y la prueba de  absorción  atómica  practicada al occiso, en el mismo reproche el casacionista  confunde  la  argumentación  y  acreditación  propias  de  errores de distinta  especie   (falso   juicio   de   identidad   y   falso  raciocinio),  pues  como  reiteradamente   lo   ha   puntualizado   la  Sala,  resulta  imprescindible  de  conformidad  con el principio de claridad y precisión que rige la presentación  y  fundamentación de las censuras en este trámite, que dentro de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial por errores de hecho, el actor identifique la  especie   de   yerro   que   reprocha   y   conforme   a   ello   desarrolle  el  cargo.   

          Pero  además  de  lo  anterior,  también  encuentra la Sala que la  censura  que  a  la  valoración  probatoria formula el casacionista, carece por  completo      de     razón.     Lo     anterior,     por     las     siguientes  consideraciones:   

         1)  En  cuanto  se  refiere  a  la  crítica  que presenta contra la  apreciación   judicial   del  testimonio  de  Álvaro  Guevara  Gutiérrez,  celador  que expuso que momentos  antes  de  los  disparos escuchó una discusión entre dos hombres, es lo cierto  que  el censor no señala de manera alguna que la prueba hubiera sido cercenada,  adicionada  o  tergiversada,  que  fuera  omitida  o  que  en  su valoración se  hubieran   quebrantado   las   reglas   de   la   ciencia,   la   lógica  o  la  experiencia.   

          Y   tampoco   la  Sala  encuentra  que  en  irregularidades  de  esa  naturaleza  hubieran  podido incurrir los falladores de instancia, porque lo que  sin  dificultad  se  tiene  es  que  dicho  testimonio  fue  objeto  de adecuado  análisis  y  valoración,  como puede verificarse en el siguiente aparte de los  fallos    de    primero    y    segundo   grado   que   conforman   una   unidad  inescindible.   

          En  efecto,  en  la  sentencia  de  primera  instancia  se expresó:  “cinco  minutos  después  de  la  una de la mañana  escuchó  claramente  que  dos  personas  de sexo masculino discutían y pasados  cinco  minutos  se  escucharon  cuatro  detonaciones de arma de fuego, ya que se  encontraba  al interior de una bodega, y aunque la distancia de la entrada es de  aproximadamente  30  metros,  tuvo oportunidad de oír la discusión porque todo  estaba     tranquilo,     agrega    ‘la  pelea  era  escandalosa  cuando  sonaron  los tiros’.  Por  consiguiente,  no era, como lo  anotó   el   defensor   en   audiencia   pública,  una  conversación  de  los  protagonistas  en  voz  alta,  sino  de  acuerdo  a  la  percepción del testigo  una  discusión  acalorada,  que  antecedió  a  los  disparos,  discusión  que no mencionó tampoco el procesado, y que sí existió  y    fue    el    factor    desencadenante    del   luctuoso   hecho”1 (subrayas fuera de texto).   

          Y   más  adelante  en  la  misma  providencia  el a    quo   consideró:   “las  lesiones recibidas eran no solo mortales sino imposibilitantes,  es  decir, que inmediatamente penetraron los proyectiles en su cuerpo, no podía  realizar  ninguna  (sic), esto  es  que  ante la pérdida de conciencia, el cuerpo cayó sobre el mismo sitio en  que  se  encontraba  de  pie,  resultando  imposible  que  alcanzara  a botar la  bicicleta  en  un  lugar  diferente,  por  lo  que  se concluye que la   ubicación  de  la  bicicleta  obedeció  a  un  acto  previo,  preparatorio  de  la  discusión en que se trabaron los dos hermanos”2 (subrayas fuera de texto).   

A  su  turno,  en  la  sentencia  de segunda  instancia  se  dijo  que “es un hecho probado que esa  noche  e  instantes  antes  de  que  se accionara el arma de fuego, dos    sujetos    de    sexo    masculino   mantuvieron    un                fuerte               altercado:   Así lo relata Alvaro Guevara   

Rodríguez:        ‘escuche   una   discusión   de  unas  personas,   se   escuchaban  claramente  dos  personas  de  sexo  masculino  que  discutían…”3    (subrayas    fuera    de  texto).   

          Como   viene   de  verse,  ningún  reparo  puede  efectuarse  a  la  valoración  del  citado  testimonio,  como  que  acertaron  los  falladores  al  establecer  a  partir  de  su contenido la existencia de un enfrentamiento entre  los  hermanos  Mazo  Cañas,  antes  de  que  se  produjeran  los disparos. Además, ninguna cabida tienen los  argumentos    del    defensor    orientados   a   convertir   una   pelea  escandalosa  en  un “simple   tono   subido   de   voz   de   unos  borrachos”.   

En  cuanto  se  refiere a lo expuesto por el  defensor,  en  el  sentido de que no se estableció si las personas que escuchó  el  vigilante  Guevara fueron  las  mismas  que vio pasar el celador Díaz,  es  suficiente  señalar  que  en  el  fallo  se segundo grado se  precisó:   “Así   mismo,  es  un  hecho  indicial  demostrado  que  las dos únicas personas que transitaban por el sector eran los  hermanos  Mazo   Cañas,   así   lo   refiere  el procesado  Fabio  Mazo  Cañas:  ‘no   

nos    encontramos    con    nadie   por  ahí’.  Aspecto  que  es  confirmado  por  Juan  Carlos  Luna:  ‘Ahí  siempre hay poca visibilidad, pero los alcanzaba a ver, porque  eran  los  dos  únicos que iban por esa cuadra a esa  hora,     hasta     cuando    voltearon” (subrayas fuera de texto).   

          Así  las  cosas,  la  ausencia  de  razón  en el planteamiento del  casacionista,  quien  intenta  introducir una duda inexistente al sugerir que en  el  lugar  de  los  hechos  podrían  encontrarse  otras personas diversas a los  hermanos  Mazo Cañas, cuando  el  recaudo  probatorio  descarta tal posibilidad de manera contundente, irrumpe  sin  dificultad tornándola, por tanto, inane a efectos de una posible casación  del fallo con base en este aspecto.   

2)             Como  el  impugnante  señala  que  las  escoriaciones  en  codo,  rodilla, dorso y dedos de la víctima, relacionadas en  la  necropsia,  se  explican  con  las  varias  caídas  que  tuvo  Nelson  Mazo  Cañas,  y  que a su vez, la  prueba  de  absorción atómica que arrojó un resultado positivo para el occiso  no  fue  adecuadamente interpretada pues este  jugó  rana  en la  tarde  del  15  de  noviembre de 1999, y por ello estuvo en contacto con objetos  metálicos  que  podían dar lugar a un falso positivo, circunstancias que en su  criterio  no  permiten  deducir  que  hubo  un enfrentamiento entre los hermanos  Mazo  Cañas,  oportuno  se  ofrece  señalar  que  sobre  el  punto  expresó el ad  quem  que  el  protocolo  de necropsia “da  cuenta  de  equimosis  y  excoriaciones  pequeñas en el dorso y  dedos  de  la mano izquierda, sugestivas de lucha o intento de defensa por parte  de    la    víctima”,    y   el   “resultado  de la prueba de absorción atómica que dio positivo para  las  dos manos del occiso, lo que pone de presente que éste sostuvo un forcejeo  por    la    posesión    del    arma”4.   

          También  el a quo  puntualizó  que  “en  todo  caso,  de acuerdo a las  demás  circunstancias  referidas  en el proceso, resulta más indicativo de que  hubiera  forcejeado,  ya  que  previamente  al  accionar  del  arma, se oyó una  discusión  fuerte,  y  se  ha  concluido  que  los disparos fueron hechos a una  distancia  corta,  situación  que  refuerza  la  imputación  que se la hace al  sindicado”5.   

          Por  tanto, para la Sala resulta evidente que la crítica del censor  carece  de  fundamento,  pues además de no demostrar errores en los falladores,  no  hay  duda  que  la  apreciación  de las pruebas fue correcta, así como las  deducciones  que  de  ellas  extrajeron los funcionarios judiciales, dado que el  cuadro  probatorio  en  conjunto permite establecer no sólo la discusión entre  víctima  y  victimario,  sino el forcejeo en torno de la posesión del arma que  culminó   con   los   disparos   que   produjeron   la  muerte  a  Nelson  Mazo  y que explican el motivo por  el  cual  la prueba de absorción atómica practicada sobre sus manos arrojó un  resultado positivo.   

Considera  la  Sala que el defensor trata de  desvirtuar  sin  éxito  la valoración de las pruebas, pretendiendo crear dudas  con  base en simples especulaciones que no encuentran respaldo en la    actuación,     tales     como     las    caídas       de        Nelson   Mazo  o  la   

manipulación de objetos metálicos por parte  del  mismo,  que  no  consiguen  de  manera  alguna  desvirtuar  la apreciación  judicial que dio pie al fallo impugnado.   

Como   tantas  veces  se  ha  dicho,  esta  impugnación  extraordinaria no se encuentra instituida para debatir a manera de  una  tercera  instancia los elementos de prueba, dado que el simple cotejo de la  apreciación  probatoria  del  actor con la de los falladores no tiene cabida en  este   recurso   para   irrumpir  como  causal  de  casación  de  la  sentencia  atacada.   

3)            Dado  que  el defensor manifiesta que el  Tribunal  no  tuvo  en  cuenta que los testigos Suárez  Gutiérrez    y    Prada  Gelvez  han  reconocido la escasez de luz en el sector  para  cuando  acaeció el delito investigado, y que por tanto, si a la oscuridad  del  lugar  se  agrega  la  ingestión etílica de su procurado, la noche de los  hechos  no  estaba  en  condiciones de observar a quien le disparó a su hermano  Nelson,  pues  presentaba un  cuadro   grave   de   intoxicación,   se  impone  precisar  que  el  declarante  Roberto    Luis    Suárez    Gutiérrez  expuso  que  “estaba  entre  oscuro  y  claro,  no estaba tan oscuro, se podía observar personas y cosas, tanto es así  que  vimos las botellas rotas en el piso”6.   

Y por su parte, el otro testigo citado por el  censor,  Fernando  Antonio  Prada  Gelvez dijo  “la  verdad no se si sería por el  alumbrado  del  conjunto  o  por  la luz de las motos pero sí se observaba ahí  aunque  no  muy  bien”. Además, al preguntársele si  resultaba  posible  ver  siquiera  la  sombra  del  victimario  quien  según se  estableció  disparó  a  ochenta  centímetros  de  la  víctima,  contesto que  “a  esa  distancia  se  alcanzaba a ver,   porque  la  oscuridad  no  era  más  o  menos  pero  no  total,  eso es ilógico, si se dice que no vieron ni siquiera  una      sombra”7    (subrayas    fuera    de  texto).   

Adicional  a lo anotado el Tribunal señaló  sobre  el  particular:  “Se ha venido sosteniendo, no  solamente  por  el  procesado sino también por la defensa que dada la oscuridad  reinante  en  el  sector,  era prácticamente imposible detectar la presencia de  una  persona.  Si  esta  tesis  es  cierta,  ¿entonces  cómo se explica que el  celador  del  laboratorio  Proviol  José  Nelson  Díaz Arias, quien a pesar de  estar  al  interior  del  mismo,  cumpliendo  con  su  labor  y  a una distancia  aproximada  de  17.5 metros tal como quedó consignado en el plano que levantara  la  Sección  de  Criminalística  del  CTI  en  desarrollo  de la diligencia de  inspección  judicial,  perfectamente  pudo  visualizar, no solamente el paso de  los  dos  hermanos,  sino  también  detectar las bicicletas que estos llevaban?  Sólo  una  respuesta  existen esa exculpación no es sincera, simplemente es el  producto  apenas  explicable  por  mostrarse  ajenos  a  los  hechos”8.   

          En  consecuencia, sin dificultad se advierte que la queja del censor  es  infundada,  porque  si  bien  en  el  sitio en que ocurrieron los sucesos no  había  plena luz, tampoco se presentaba una oscuridad tal que imposibilitara al  procesado  FABIO  MAZO  para  observar    al    supuesto   agresor   de   su   hermano  Nelson, en especial   

si  se  tiene en cuenta que técnicamente se  estableció  que  los  disparos  de  produjeron  a  una  distancia aproximada de  ochenta   (80)   centímetros   de  la  víctima,  circunstancia  que  permitía  lógicamente  al  incriminado  FABIO  MAZO  establecer  algunas  características  o  siquiera  la silueta del  homicida,  así  como  se percató de que su hermano movía los ojos después de  ser  herido,  y  que por tanto, permite concluir, como con acierto lo efectuaron  los  falladores,  que  su exposición únicamente estaba dirigida a conseguir la  impunidad de su comportamiento.   

          Acerca  de  la supuesta intoxicación etílica del procesado, estima  la  Sala  que también tal tópico fue correctamente dilucidado en los fallos de  primera  y  segunda  instancia,  para  llegar  a concluir que si bien el acusado  FABIO   MAZO   CAÑAS   se  encontraba  bajo  el  influjo  de  bebidas embriagantes, no presentaba un cuadro  capaz  de imposibilitarle percatarse de su contorno, al punto que los agentes de  la  policía  que  acudieron  al sitio refieren que este les ayudó a subir a la  víctima  a un taxi para que le fuera prestada asistencia médica en el hospital  y  tres  horas  más  tarde  declaró  ante  la  Fiscalía que dio comienzo a la  indagación preliminar por el delito de homicidio.   

          Palmario  resulta  que  el  procesado  no fue condenado por no ver a  quien  mató  a  su  hermano,  por  la  oscuridad  del  sector,  por encontrarse  embriagado  o  por  no explicar detalladamente lo acontecido, como lo señala el  casacionista,  sino  porque  al  evaluar  la  prueba  en  conjunto  se  consigue  establecer  sin  duda  alguna  que  la  noche  de  los  sucesos se presentó una  discusión  entre  los hermanos Mazo Cañas,  que  como  consecuencia  de  ello  forcejearon y que FABIO    disparó   sobre   Nelson  causándole  la muerte, sin que su  pretendida   ajenidad  a  los  hechos  haya  encontrado  asidero  alguno  en  la  actuación.   

          4)        Con  relación  a lo expuesto por el demandante en el sentido de que  el  procesado  FABIO  MAZO no  tenía  móviles  para  causar  la  muerte  de  su hermano, en cuanto mantenían  buenas  relaciones familiares, baste indicar, de una parte, que la demostración  del  móvil  no  constituye  elemento  necesario  para acreditar la autoría del  delito,  y  de  otra,  que  la  declarante  Olga Marina  Torres   Villamil   señaló  que  entre  el  acusado  FABIO  MAZO  y  la esposa de  Nelson existía una relación  sentimental9,  circunstancia  que  deja  sin  piso  alguno  la total ausencia de  móvil que postula el defensor.   

Con  base en lo anterior, es evidente que el  defensor  del  procesado  FABIO MAZO CAÑAS  no  consiguió demostrar que efectivamente los falladores violaron  de  manera indirecta la ley sustancial, y por tanto, la consecuencia que de ello  se deriva es que no se casará el fallo atacado como lo solicita.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,   cúmplase   y  devuélvase al Tribunal de origen.   

HERMAN GALÁN CASTELLANOS  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO             ALFREDO  GÓMEZ QUINTERO   

ÉDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                         ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                            JORGE    LUIS    QUINTERO  MILANES   

YESID   RAMÍREZ   BASTIDAS                                 MAURO      SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Folio  178. C. original 1.   

2 Folio  182. C. original 1.   

3 Folio  13. C. segunda instancia.   

4 Folio  13. C. segunda instancia.   

5 Folio  183. C. original 1.   

6 Folio  96. C. original.   

7 Folio  188. C. original 1.   

8 Folio  14. C. Segunda instancia.   

9  Folios 58 y 61 C. original 1.     

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