19232(19-03-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 19232  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

        Magistrado  Ponente   

     Dr.  JORGE ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

                                         Aprobado Acta No.  35   

          Bogotá D. C., diecinueve de marzo de dos mil dos.   

V I S T O S  

Resuelve  la  Corte  la colisión negativa de  competencias  surgida entre los Juzgados 48  Penal del Circuito y 7º Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bogotá,  para  el  conocimiento  de  la causa  adelantada   contra   JHON  ALEXANDER  ORTEGA,  LUIS  HERNANDO  DAZA  QUIROGA,  MARLYN  DUARTE  TORRES  y  LUIS  CARLOS  RIOS  BERNAL,  por  los  delitos  de  concierto para delinquir, hurto  calificado   y   agravado   y   porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal.   

ANTECEDENTES  

          1.  El  presente  proceso  se inició con base en informes policivos  que  dieron  razón  de  la  ocurrencia  de  múltiples  asaltos en la ciudad de  Bogotá  a  vehículos  transportadores  de productos de la empresa “British  American Tobacco”, estableciéndose que el modus   operandi   de  la  organización  criminal  consistía  en  efectuar  seguimiento  al  vehículo  que  pretendían  asaltar  y  aprovechando  el  momento  en  que el conductor se detuviera a dejar  algún  pedido,  abordarlo  y  mediante la fuerza trasladarlo a otro lugar en el  mismo  automotor,  donde  eran  descargados  los productos objeto del hurto, tal  como  ocurrió  en  el  caso  de  los conductores Juan  Pablo  Angarita  Almeida,  José Reynaldo Viatela Duarte, Hector Hernan Candamil  Díaz y German Ricardo García Lara.   

          Las  labores  de  inteligencia llevaron a coordinar un operativo que  concluyó  el  4  de enero de 2001 con la captura de MARLYN DUARTE TORRES y LUIS  CARLOS  RIOS  BERNAL,  en  la calle 12 No. 17B-58, cuando descargaban lo hurtado  del   vehículo   de  placas  SYM  400,  conducido  por  José  Edilberto  Ramos  Castiblanco, a quien se le intimidó con arma de fuego.   

          Posteriormente  se  hicieron  otras  diligencias  de allanamiento en  distintas  residencias  de  esta  ciudad  que  concluyeron con la captura de los  otros  procesados  y  el  decomiso de varios elementos comercializados  por  la     “British  American             Tobacco”.   

          2.  Mediante  resolución  del  3 de julio de 2001, la Fiscalía 246  Delegada,  Unidad  Antisecuestro  Simple  de  esta ciudad, profirió resolución  acusatoria  contra  MARLYN DUARTE TORRES, LUIS CARLOS RIOS BERNAL, LUIS HERNANDO  DAZA  QUIROGA  y  JHON  ALEXANDER  ORTEGA  FORERO  como presuntos autores de los  delitos  de  secuestro  simple,  hurto  calificado  y  agravado,  concierto para  delinquir  y  porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal, decisión que  al  ser  impugnada,  mediante resolución del 21 de septiembre de 2001 proferida  por  la  Unidad Delegada de Fiscalías ante el Tribunal Superior de Bogotá, fue  objeto  de  modificación  en el sentido de exceptuar de la acusación el delito  de   secuestro   simple,   quedando   vigentes   los   cargos   por  las  demás  conductas.   

          3.  Ejecutoriada  la acusación, el proceso correspondió al Juzgado  48  Penal del Circuito de Bogotá, despacho que en providencia de febrero 22 del  año  en curso se abstiene de conocer del proceso, argumentando que el artículo  14  de  la  ley  733  de  29 de enero de 2002 dispuso que el conocimiento de los  delitos  señalados  en  la  misma  ley  son  de  conocimiento de los jueces del  circuito  especializados,  entre  los  cuales  se  encuentra  el  concierto para  delinquir,  razón por la cual dispuso la remisión del expediente al reparto de  los     citados     despachos,     proponiendo     colisión     negativa     de  competencias.   

          4.  El  Juzgado  7º  Penal  del Circuito Especializado de Bogotá a  quien  correspondiera  el conocimiento del caso, mediante providencia de marzo 6  del  año en curso se abstiene de avocar el conocimiento del mismo, argumentando  en esencia lo siguiente:   

          La  ley 733 de 2002 fue dictada con el propósito de adoptar algunas  “medidas  tendientes  a  erradicar   los   delitos  de  secuestro,  terrorismo  y  extorsión”.   

          Al  consultar  su  texto  se  aprecia  que el legislador no sólo se  ocupó  de  modificar  disposiciones del Código Penal, sino que tangencialmente  hizo  referencia  a aspectos procesales, como el relacionado con la competencia.   

Si  bien  es cierto que el artículo 14 de la  referida    ley    733    de   2002   textualmente   prevé   que   “el   conocimiento   de   los  delitos  señalados  en  esta  ley  le  corresponde  a  los  Jueces  Penales del Circuito  Especializados”,  indudablemente  la  intención  del legislador no fue modificar las competencias  establecidas  en  el actual Código de Procedimiento Penal, sino incrementar las  penas  de  los  delitos  de competencia de estos despachos judiciales y de otros  punibles  “que últimamente  vienen    afectando    gravemente    a    la   sociedad   colombiana”,  pues  de lo contrario hubiera hecho  referencia  expresa  a  los  artículos  1º  y  5º transitorios del Código de  Procedimiento Penal, que se ocupa de las competencias.   

Al  interpretar  la  ley  en  cuestión debe  consultarse  la  filosofía  con  que  fueron  creados  los juzgados penales del  circuito  especializados,  que  como  es  sabido  estuvo encaminada a encarar la  delincuencia  organizada  y aquellas ilicitudes que por su gravedad y resonancia  social requerían de jueces y normas especiales.   

Resulta  entonces absurdo suponer que con la  expedición  de  la  ley  733  de 2002 el legislador pretendió congestionar los  juzgados  especializados  asignándole el conocimiento de asuntos que se apartan  de  la  filosofía  con  que  fueron  creados, y les encargue el conocimiento de  ilicitudes comunes.   

Pero   aún   aceptándose  en  gracia  de  discusión  que  la  referida  ley  sí modificó las reglas de competencia, tal  variación  no  tiene  efectos  sustanciales,  como  quiera que el procedimiento  establecido  para los delitos del conocimiento de los especializados es distinto  al    ordinario,    “e  indiscutiblemente    resulta    más    gravoso    para   los   fines   de   los  acusados”,   pues   los  términos  se  prolongan,  en  todos los casos procede la detención preventiva,  los  servidores  públicos  involucrados  no  pueden  ser libertados después de  indagados, entre otras.   

Concluye entonces que la competencia para el  conocimiento  del  asunto  le  corresponde  a  los  jueces penales del circuito,  razón  por  la  cual  acepta  la  colisión propuesta y ordena la remisión del  proceso a esta Corporación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Aunque  la  colisión  negativa de competencias se suscitó entre el  Juzgado  48  Penal  del  Circuito  de  Bogotá  y  el  7º  Penal  del  Circuito  Especializado  de  la  misma  ciudad,  resulta  claro  que  corresponde  a  esta  colegiatura  resolverlo,  teniendo  en  cuenta  lo  dispuesto  en inciso 2° del  artículo  18  transitorio  del  Código  de  Procedimiento  Penal  (Ley  600 de  2000).   

         

En virtud de la expedición de la Ley 733 de  enero  29  de  2002, que al tenor de su artículo 15 empezó a regir luego de su  publicación  efectuada en el Diario Oficial No. 44693 del día 31 de los mismos  mes  y  año,  se produjo una sustancial variación del ámbito funcional de los  jueces  penales  del  circuito  especializados,  al prever en el artículo 14 lo  siguiente:   

“Competencia.  El conocimiento de los delitos señalados en esta ley  le  corresponde  a  los  Jueces  Penales del Circuito Especializados”   

         

          La   competencia   es   un   factor   integrante   del  “debido       proceso”,  pues  apunta al derecho fundamental  del       “juez  natural”  encargado  de  aplicar  el  procedimiento  legalmente establecido, por consiguiente no es dable  asumirla   ni   atribuirla  por  vía  interpretativa  o  analógica.  Sólo  el  legislador puede y debe señalarla en forma expresa.   

          Como  puede  observarse,  el precepto transcrito no hizo distinción  alguna  respecto  a  la  competencia  que  asigna a los jueces especializados de  todos       los      delitos      “señalados  en  esta  ley”,    al   tiempo   que   “deroga  todas  las disposiciones que le sean contrarias”    (artículo    15    idem).   

A  su  vez, el artículo 8º de la precitada  Ley señala que:   

          “El  artículo  340  de  la Ley 599 de  2000, quedará así:   

         “Concierto     para     delinquir.  Cuando  varias  personas  se concierten con el fin de  cometer  delitos,  cada  una  de  ellas será penada, por esa sola conducta, con  prisión de tres (3) a seis (6) años.   

         “Cuando  el concierto sea para cometer  delitos    de   genocidio,   desaparición   forzada   de   personas,   tortura,  desplazamiento  forzado,  homicidio,  terrorismo,  tráfico  de drogas tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  sicotrópicas,  secuestro extorsivo, extorsión,  enriquecimiento  ilícito,  lavado  de  activos o testaferrato y conexos, o para  organizar,  promover  armar  o  financiar grupos armados al margen de la ley, la  pena  será de prisión de seis (6) a doce (12) años y multa de dos mil (2.000)  hasta    veinte    mil    (20.000)    salarios    mínimos   legales   mensuales  vigentes.   

           “La  pena  privativa  de  la  libertad  se  aumentará  en la mitad para quienes organicen,  fomenten,  promuevan,  dirijan,  encabecen, constituyan o financien el concierto  para delinquir”   

                   Como  podrá advertirse,  la  nueva  ley  reprodujo  la  descripción típica del delito de concierto para  delinquir,  tanto  en  su modalidad básica como la especial que fue modificada,  de  donde  resulta  claro  que  el ilícito en sus distintas manifestaciones fue  objeto   de   claro   e  indubitable  “señalamiento”  en  ella y, en consecuencia, la competencia para conocer del mismo  incumbe  a  los  jueces penales del circuito especializados por voluntad expresa  del legislador.   

                   Frente a la disposición  comentada  y  al  hecho  de que la ley no hizo excepción alguna relacionada con  las  actuaciones  procesales suscitadas por hechos cometidos antes o después de  entrar  en  vigencia,  es  evidente  que  su  aplicación  sigue  los principios  generales  de  la  aplicación  de  la  ley  penal  en  el tiempo, esto es, rige  inmediatamente  hacia  el  futuro para todos los asuntos, por tratarse de normas  que señalan competencia.   

           Contrario   a  lo  afirmado  por  el  juez  especializado  trabado  en la colisión, nada impide la  aplicación  general  inmediata  de  las  normas sobre competencia y ritualidad,  conforme  con  los artículos 40 y 43 de la ley 153 de 1887, sin perjuicio de la  favorabilidad  que  incumbe  al juez o funcionario judicial que tenga a su cargo  el proceso en la oportunidad que deba aplicarla.   

El  tema  fue  elucidado  en decisión de un  conflicto  de competencias correspondiente a la Sala Plena de esta Corporación,  en los siguientes términos:   

“La competencia  y  los  procedimientos,  en  principio, obedecen a reglas legales preexistentes,  pero  ello no obsta la aplicación general inmediata de los cambios legislativos  en  dicha  materia,  pues se trata de un asunto con marcado interés público en  el   cual   el   Estado   no  puede  quedar  maniatado  ineluctablemente  a  una  predeterminación,  mas  en  cada  caso, como suele ocurrir en todo tránsito de  legislación  estimulado  bien por la derogación ora por la inexequibilidad, el  funcionario  judicial que en últimas ostente la competencia deberá examinar la  procedencia  o  improcedencia  de  un eventual juicio de favorabilidad de la ley  anterior  o  de  la  posterior, de acuerdo con inciso 3° del artículo 29 de la  Constitución.   En  suma, el examen de la garantía de la favorabilidad en  un  evento  concreto,  bien  en  materia  penal  ora  procesal  penal de efectos  sustanciales,  supone que se ha definido previamente el funcionario competente y  el   procedimiento,  elementos  cuya  determinación,  conforme  con  lo  visto,  corresponde  siempre  a  la  última ley adoptada (art. 10 C. P. P.)” (auto de 7 de mayo de 1998.  M.  P. Jorge Aníbal Gómez Gallego).   

          En  este  orden  de  ideas, a partir de la vigencia de la Ley 733 de  2002,  el  conocimiento  del delito de concierto para delinquir en cualquiera de  sus   modalidades,  es  de  competencia  de  los  jueces  penales  del  circuito  especializados,  razón  por  la  cual  el conflicto negativo de competencias se  definirá  asignando  el  conocimiento  de  este  asunto al Séptimo radicado en  Bogotá,  al  que se remitirá el expediente en forma directa por la Secretaría  de la Sala.   

                                       

En mérito de lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

RESUELVE  

          DIRIMIR  la  presente  colisión negativa de competencia atribuyendo  el  conocimiento  del  presente  asunto  al  Juzgado Séptimo Penal del Circuito  Especializado de Bogotá.   

          DISPONER  la  inmediata  remisión  de las diligencias al Juzgado en  quien  se  radica  la  competencia,  dando aviso de lo aquí decidido al Juzgado  Cuarenta y Ocho Penal del Circuito de Bogotá.   

         

          Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS      A.      GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

No hay firma  

CARLOS           E.MEJÍA  ESCOBAR                NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

                               

              

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *