19218(23-01-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 19218  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                                                Magistrado Ponente:   

                                                                Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

                                                                Aprobado Acta # 10   

Bogotá  D.C., enero veintitrés (23) de dos  mil tres (2003).   

VISTOS:  

Resuelve  la  Sala  el  recurso de casación  interpuesto  por  el  defensor  del  procesado ÓSCAR CÓRDOBA MIELES, contra la  sentencia  de septiembre 14  de 2001, mediante la cual el Tribunal Superior  de  Valledupar  lo  condenó  a 53 meses de prisión, por los cargos de peculado  por apropiación y peculado por aplicación oficial diferente.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.    Una  comisión  de  la Contraloría Departamental del Cesar, designada a solicitud de  varios  concejales  del  municipio  de El Paso, le realizaron una investigación  Fiscal  a  la  Tesorería  y  a  la  Alcaldía  de  ese  lugar  y rindieron como  conclusión  el  informe  del  4  de  mayo  de 1993, en el cual dieron cuenta de  algunas  irregularidades  y  adelantado el proceso se declararon comprobadas las  siguientes:   

a)  Faltante en la  tesorería  de  $864.755.oo, correspondiente a un préstamo de $807.458.oo hecho  al  Alcalde  y $57.297.oo dejados de consignar, según arqueo del 20 de marzo de  1993.   

b) Se giró en enero  de  1993 a favor de Iván Darío Benítez Guerra el cheque del Banco de Colombia  #5129805  por  $17.000.000.oo, supuestamente para adquirir una camioneta para la  Alcaldía,  sin  que  existiera  soporte  alguno  ni  rubro presupuestal al cual  imputarle ese gasto.   

c)  Giro  de  los  cheques  números  5094339  y  5124208  por  $250.000.oo y $1.265.276 a favor de  WILSON  CASTRILLO,  dueño  de  un  taller  de mecánica, por supuestos arreglos  realizados  a uno de los vehículos de la Alcaldía.  Para la obtención de  estos  pagos  se  elaboraron  cuentas,  el  Alcalde MARTÍNEZ SUÁREZ dictó las  resoluciones  830  y  1395  de julio 3 y diciembre 4 de 1992, y se endosaron los  títulos  con  firmas  y  cédulas  que  no  corresponden al beneficiario.   CASTRILLO  admitió que realizó esos trabajos pero que sólo recibió como pago  $300.000.oo.   

2.  Al proceso  fueron  vinculados  LUIS  MIGUEL  MARTÍNEZ  SUÁREZ,  ÓSCAR  CÓRDOBA MIELES y  VÍCTOR   MANUEL   SILVA   RESTREPO,  a  quienes  se  les  profirió  detención  preventiva1  y  posteriormente,  mediante  providencia  del  24 de diciembre de  19972, resultaron acusados así:   

    

* MARTÍNEZ  SUÁREZ  por  los  cargos  de  peculado por apropiación,  falsedad   ideológica   en   documento   público   y   falsedad  en  documento  privado.     

    

* CÓRDOBA  MIELES  por  los  cargos  de  peculado  por apropiación y  peculado por aplicación oficial diferente. Y,     

    

* SILVA  RESTREPO  como cómplice de peculado por apropiación y autor  de falsedad en documento privado.     

El  25  de  febrero  de  1998  el instructor  declaró  desierto  el  recurso  de reposición que contra el auto calificatorio  interpuso   el   defensor   de   LUIS   MIGUEL   MARTÍNEZ   al  momento  de  la  notificación.   Esta  determinación  quedó  ejecutoriada  el  9 de marzo  siguiente3.   

3.  Tramitado  el  juicio,  el  15  de  junio  de 2000 el Juzgado Penal del Circuito de Chiriguaná  (Cesar)            los            condenó4   

, así:  

    

* MARTÍNEZ   SUÁREZ   a   8   años   de   prisión   y   multa   de  $1.126.783.06.     

    

* CÓRDOBA  MIELES  a  5  años de prisión, multa de $1.126.783.06 y,  solidariamente  con  el procesado anterior, a pagar esta misma suma por concepto  de daños y perjuicios. Y,     

    

* SILVA    RESTREPO    a    4   años   de   prisión   y   multa   de  $40.000.oo.     

4.  Esta decisión  fue  apelada  por los defensores y el Tribunal Superior de Valledupar, a través  del   fallo   recurrido   en   casación,   la   confirmó  con  las  siguientes  modificaciones:   

     

a. A  MARTÍNEZ  SUÁREZ  y a CÓRDOBA MIELES, por iguales cargos a los  de  la  acusación, les impuso 86 y 53 meses de prisión, respectivamente.      

     

a. Y  a  SILVA le impuso 45 meses de prisión por el delito de peculado  por  apropiación,  debido  a  que la Corporación estimó que no cometió el de  falsedad en documento privado.     

LA DEMANDA:  

          1. Denuncia  el  casacionista,  con  sustento  en la  primera  parte  de  la  causal primera de casación, que el Tribunal aplicó por  favorabilidad   la   ley   599   de   2000   y   sancionó   a  su  representado  –quien  restituyó  el  valor  del  peculado en la  instrucción— con 53 meses  de  prisión,  cuando  con sustento en el inciso 2º del artículo 133 de la ley  43 de 1982 le habría impuesto 30 meses.   

Señala que por la razón  anterior  el  fallo  presenta  “un  falso  juicio  de  legalidad  por indebida  aplicación  de  la ley”, o “falsa motivación”, e invoca el artículo 4º  de  la  ley  153 de 1887, según el cual “los casos dudosos se resolverán por  interpretación benigna”.   

2.  Bajo  el  título  “ubicación  del  error”,  transcribe  los  apartes  de la sentencia correspondientes a la dosificación de  la  pena  de  prisión  impuesta a su representado y, acto seguido, en capítulo  aparte  y luego de titular “cargo por la causal invocada”, dice que “se da  la   violación   directa   por   evidente  error  de  la  ley  sustancial”  y  aduce:   

“Se   ha   venido  sosteniendo  que  se  violó  el  principio de legalidad al dosificarse la pena,  pues  en  lugar  de  proferirse  con los criterios establecidos en la ley 100 de  1980,  artículo  133,  inciso  2º,  modificados  por  la  ley  43 de 1982, que  establece  una  pena  de  4 a 15 años de prisión por el delito de peculado por  apropiación,  6  meses  a  3  años  de  prisión por el delito de peculado por  aplicación   oficial  diferente,  artículo  136,  consagrando  además  en  su  artículo  139, como circunstancia de atenuación punitiva en su inciso 2º, una  reducción       de       pena,       ‘hasta  en la  mitad’  si  el  reintegro  se realiza antes de dictarse  sentencia de segunda instancia.   

“El  falso  juicio  de  legalidad  o  falsa  motivación de la sentencia y que motiva la puntualización  del  cargo  por la causal invocada, está precisamente en el hecho de aplicar la  ley  nueva,  cuando  ésta precisamente no favorece en nada al procesado. Ya que  con  la  aplicación  de  la  ley  vigente,  100  de 1980, 43 de 1982, la pena a  imponer,  por  el delito más grave, por concurrir circunstancias de atenuación  punitiva,  teniendo  en  cuenta  el reintegro de la suma apropiada, sería de 24  meses  de prisión, más otro tanto por el concurso, que aún siendo de 6 meses,  mínimo  establecido  en  el  artículo 136 de la ley 100 de 1980, nos daría un  total  de  30 meses de prisión.  Lo que no hizo el Tribunal incurriendo en  error  evidente  en  la  aplicación  de  una  norma  sustancial  por  error  de  derecho”.   

“Al aplicarse la ley 599  del  2000, nueva, erróneamente aplicada con un falso raciocinio , por parte del  Tribunal  Superior  de  Valledupar,  Sala  Penal de Decisión, si bien es cierto  trae  en  el  peculado  por  apropiación  (artículo  397 Código Penal), en su  inciso  3º una pena de prisión de 4 a 10 años , cuando lo apropiado no supera  los  50  salarios  mínimos  mensuales,  el  peculado  por  aplicación  oficial  diferente  tiene  una  pena  de  uno a 3 años de prisión (art. 399) y conlleva  como  circunstancia  de  atenuación  punitiva  una  disminución de pena de una  tercera parte (art. 401 Código Penal)”.   

Para  el  censor,  en  conclusión,  “el  Tribunal  Superior  de  Valledupar violó los principios de  legalidad  consagrados  en  los  artículos  6º  del  Código  Penal,  29 de la  Constitución  Nacional,  2º  de  la ley 43 de 1982, 136 y 139 de la ley 100 de  1980”.   Su  solicitud  es, entonces, que se case el fallo impugnado y se  dicte el que legalmente corresponda.   

CONCEPTO  DEL  PROCURADOR 3º DELEGADO EN LO  PENAL:   

         

          Para el Delegado la demanda consta de dos cargos.   

1. Del primero, que  corresponde  al  capítulo  inicial  del  libelo,  resalta  el deficiente manejo  técnico  en su presentación.  Le resta claridad a la proposición, porque  eso  alude  a  otros  fenómenos,  afirmar que “el Tribunal incurrió en falsa  motivación  de  la  sentencia”  o  que  de acuerdo con la ley 153 de 1887 los  casos   dudosos   deben  resolverse  con  la  interpretación  de  la  ley  más  benigna.   Igualmente  invocar  la violación del artículo 207 del Código  Penal,  que  en  el  de 1980 era un delito contra la fe pública y en el vigente  uno contra la libertad sexual.   

La  parte  crítica  de  la  censura es, sin  embargo,  la  total  falta  de  demostración  del  error  que  el demandante le  atribuye  al  Tribunal.   Sólo afirma que de haberse aplicado la ley 43 de  1982  la  pena  de  prisión  habría  ascendido  a  30  meses, pero no hizo los  cómputos  necesarios  para  arribar  a  esa conclusión y la Corte no puede, en  virtud del principio de limitación, suplir esa deficiencia.   

2. El segundo cargo  o  segundo  capítulo  de  la  demanda   es,  a  juicio del Procurador, una  prolongación  del  anterior  y aunque ostenta la misma falta de argumentación,  en  este  el  libelista  al  menos  se  aventura a proponer la forma como debió  dosificarse la sanción con sustento en el decreto 100 de 1980.   

También   en   este  evento  –concluye   el   Delegado—“el  censor  pierde  de vista que se  encuentra  dentro  del  trámite  de  un recurso extraordinario que no solamente  exige,  para  casos  como el que es objeto de la demanda, el cálculo de la pena  que  de  acuerdo  con  el  juicio  del recurrente corresponda al procesado, sino  –lo   que   es   más  importante—la  forma como  se  llegó  al  desconocimiento  del  principio  de  favorabilidad invocado como  fundamento  de  la  censura,  esto  es, demostrar que existían cuando menos dos  leyes  sucesivas  con  penas distintas, la forma como esta sucesión temporal de  las  disposiciones  podría  afectar  la situación jurídica del sentenciado, y  las  razones  por  las cuales, de la comparación de las consecuencias punibles,  ha  debido  preferirse  la  aplicación  de  la  que estima llamada a regular el  caso”.   

La    demanda,    entonces,   debe   ser  desestimada.   

3. El Procurador, no  obstante,  considera  que  la  sentencia  debe  casarse de oficio, en cuanto fue  dictada   con   un   vicio   que   impone   su  anulación,  consistente  en  el  desconocimiento del principio de favorabilidad.   

Precisa  que la Sala ha sostenido que cuando  se  produzca un quebranto de esa naturaleza el sujeto procesal lo debe denunciar  en  casación al amparo de la causal 1ª “pues en el fondo se trata de un caso  de  exclusión  de  una norma de derecho sustancial que, como referente típico,  recoge  el  numeral  1º  de las causales de casación, destinada a plantear los  vicios in iudicando”.    

La  postura, empero, omite considerar que el  principio  de favorabilidad es ante todo una garantía procesal constitucional y  que  su  violación  implica  el  desconocimiento de las bases fundamentales del  proceso  penal  y,  por lo tanto, el quebranto del debido proceso “con lo cual  se  genera  un  vicio  con  capacidad  suficiente para anular la actuación o la  parte  afectada  de  ella, por encima de consideraciones de otra índole pues la  ‘aplicación  indebida de  la  norma’ desfavorable es  consecuencia       directa       de       esa      inconstitucionalidad      del  procedimiento”.   

Para  el  Delegado,  entonces, la situación  tiene  que plantearse y resolverse con apoyo en la causal 3ª de casación y, en  consecuencia,  es viable que la  proponga de oficio sin que ello constituya  una  intromisión  arbitraria del Ministerio Público, ni de la Corte si declara  la  irregularidad  en  desarrollo  de  la  facultad  legal de oficiosidad que le  otorga la ley.   

3.1.  Hecha  la  aclaración  precedente  el procurador señala, frente a los delitos de peculado  por  apropiación  y  por  aplicación  oficial  diferente  por  los  cuales fue  condenado  CÓRDOBA  MIELES,  ocurridos  en  1993,   que en cuanto podrían  aplicarse  al  caso diferentes leyes que han estado vigentes desde el momento de  los  hechos  (decreto  100 de 1980, ley 43 de 1982, ley 190 de 1995 y ley 599 de  2000),  es  necesario  definir  cuál  de ellas es más favorable punitivamente.  Para  el efecto, hace referencia al contenido de las normas pertinentes y arriba  a las siguientes conclusiones, que sintetiza así:   

PECULADO    POR  APROPIACIÓN   

Norma jurídica             

Pena     –  Prisión             

Pena     –  Multa             

Pena  –  Interdicción  de  derechos  y  F.  públicas  

D.  100/80  y  Ley  43/82             

24    a    120  meses             

$1.000    a  $1.000.000.             

   

12 a 60 meses  

Ley   190   de  1995             

   

18 a 90 meses            

$216.179.25   a  $432.358.50             

   

18 a 90 meses  

Ley   599   de  2000             

48    a    120  meses             

   

$864.717.oo            

48    a    120  meses  

PECULADO POR APLICACIÓN  OFICIAL DIFERENTE   

Norma jurídica             

Pena  – Prisión             

Pena  – Multa             

Pena  –  Interdicción  de  derechos  y  F.  públicas  

D.  100/80  y  Ley  43/82             

   

6 a 36 meses            

$1.000    a  $50.000.             

   

12 a 36 meses  

Ley   190   de  1995             

   

6 a 36 meses            

10  a  50  salarios  MLM             

   

12 a 36 meses  

Ley   599   de  2000             

   

12 a 36 meses            

10  a  50  Salarios  MLM             

   

12 a 36 meses  

         3.2.   En   el   caso  del  peculado  por  aplicación  oficial  diferente, dice el Delegado, es fácil concluir que la ley  más  favorable es el Código penal de 1980 en relación con todas las sanciones  previstas.   Pero  no  es  lo que pasa frente al peculado por apropiación,  respecto  del  cual  “las  penas  más  favorables  se  encuentran en diversas  leyes”,  circunstancia  ésta  que  lleva  al  representante  de la sociedad a  referirse  a  la  posición  asumida  por  la  Corte  en  la  sentencia del 3 de  septiembre             de             20015,  de la que disiente pues a su  parecer  socava el principio de legalidad y pone en peligro el estado de derecho  “en  tanto  que  la  ley  pierde  su  carácter  de instrumento de regulación  integral  de  una  situación  concreta,  para  convertirse  en  un  instrumento  maleable  en  manos  del  sentenciador,  so  pretexto  de la defensa de derechos  fundamentales  del acusado”.  Su pensamiento es, en suma, que la ley más  favorable  al  procesado  “debe tomarse en su integridad, esto es, tanto en la  descripción   de   la   conducta   punible   como   en   la   sanción  a  ella  asignada”.   Y  que  la  resolución  de  los denominados por la doctrina  “casos  difíciles”  puede  hacerse  a  través  de  criterios  generales de  acuerdo  con los cuales la ley más favorable para el acusado es la que comporte  la  menor  pena  de  prisión,  si  tienen  la  misma será entonces la de menor  cantidad  de  multa  y  si  persiste la igualdad, aquélla que imponga una menor  afectación de los derechos políticos.   

         

         3.3.  En  el caso concreto, de acuerdo con  ese  discernimiento,  el  Procurador  Delegado  “no  considera  posible que al  acusado  se  le  fije  la  pena  para el delito de peculado por apropiación con  fundamento  en  la  ley  190 de 1995 en materia de prisión y, simultáneamente,  con  el  decreto  100  de  1980 en tratándose de la multa y la interdicción de  derechos  y  funciones públicas.  La ley más favorable para esta conducta  punible  es,  en  su  integridad, la ley 190 de 1995, tal como se advierte de la  comparación hecha y de los criterios expuestos”.   

         De   haberla  seleccionado  adecuadamente  el  Tribunal  le  habría  impuesto  33  meses  de  prisión  al procesado y entonces es evidente que se le  afectó  a este una garantía constitucional, “razón por la cual se impone la  casación  de  la  sentencia  y  la declaración de su nulidad, de manera que la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia pueda dictar el fallo  de reemplazo en el que se fije adecuadamente la pena”.   

         4.  La  misma  violación del principio de  favorabilidad  es  predicable  en  relación  con  los  procesados  LUIS  MIGUEL  MARTÍNEZ  SUÁREZ  y  VÍCTOR MANUEL SILVA, debiéndose extenderles los efectos  del recurso en concordancia con las previsiones legales vigentes.   

“En   el   caso  de  MARTÍNEZ  SUÁREZ  –precisa      el  Delegado—el   Tribunal  partió,  para  la  determinación de la pena, de la establecida en el artículo  286  de  la  ley  599  de  2000  que es de 4 a 8 años e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas de 5 a 10 años, ignorando que la  conducta  cometida  en  el  año  de  1993  estaba cobijada por el contenido del  artículo  219  del  decreto  100  de  1980,  que establecía para esta conducta  punible  una  sanción  de prisión de 2 a 8 años, evidentemente más favorable  que la anterior.   

“Además, para efectos del cómputo de la  pena  por  el delito de peculado por apropiación, el Tribunal determinó que la  ley  aplicable  era  también  la ley 599 de 2000, incrementando injustamente la  pena  al desconocer que resultaba más benéfico al procesado que su conducta se  hubiera juzgado con sustento en la ley 190 de 1995.   

“VÍCTOR   MANUEL   SILVA  –finalmente—también fue sancionado con fundamento  en  el  artículo 397 de la ley 599 de 2000, cuando ha debido serlo con apoyo en  la ley 190 de 1995, según se analizó anteriormente”.   

La  solicitud  del Delegado es, en resumen,  que  se  desestimen  los cargos formulados en la demanda y que se case de oficio  el  fallo  para  que  la  pena  sea  establecida para todos los sentenciados con  fundamento  en  la  ley  más  favorable.            

LA CORTE CONSIDERA:  

1.   La Sala  tiene  que  advertir,  en  primer lugar, que la demanda no consta de dos cargos,  como  lo  concluyó  el  Procurador,  sino de uno.  Aunque es verdad que el  censor  incluyó  en  la proposición dos capítulos, es claro que el segundo no  es  un  reproche  distinto sino la continuación del primero, como lo revela sin  dificultad  la  síntesis  que  se  hizo  de  la  censura  en  esta providencia.   

2. Aunque la Corte  admite,  de  otra parte, que el censor no tiene claridad sobre ciertas nociones,  como  las  de  falso  juicio de legalidad, falsa motivación y falso raciocinio,  que  incorpora  en  el  contenido  del  cargo  de  manera indebida, el ataque se  entiende y no merece ser desestimado como lo propone el Delegado.   

Lo sostenido por  el actor es que a su  defendido  se le tasó la pena con sustento en las sanciones previstas en la ley  599  de  2000, cuando le resultaba más favorable el decreto 100 de 1980, con la  modificación  introducida  por  la  ley  43  de  1982,  de  acuerdo con el cual  –según      sus  cálculos—la    pena  privativa  de  la libertad habría sido de 30 meses de prisión, en lugar de los  53 que se le impusieron.   

El   planteamiento,  referido   al   principio  de  legalidad  –del cual hace  parte    el   de   favorabilidad   según   el   artículo   6º   del   Código  Penal—,  es  un  reproche  claro  a  la  dosificación  punitiva,  desde  la  perspectiva  de  un conflicto de leyes en el tiempo que el  Tribunal   enfrentó   y   resolvió   con   desconocimiento   de  la  garantía  constitucional  señalada,  resultando en tales circunstancias viable proceder a  su examen.   

3.   Antes  de entrar en materia, sin embargo,  debe  anotarse  que  el  recurrente  acertó  en  la  escogencia de la causal de  casación,  pues  es  claro  que  el principio de favorabilidad es una garantía  fundamental  de naturaleza sustancial, cuya transgresión, como de antiguo lo ha  venido  sosteniendo la Sala, debe alegarse con fundamento en el primer motivo de  casación  y  no en el tercero, en consideración a que los errores que respecto  del  mismo  puede  cometer  el  juzgador  son  in  iudicando o de juicio y no de  actividad o in procedendo.   

Así las cosas, no tiene  razón  el  Procurador  al  señalar  que  la vía por la cual debe proponerse y  resolverse  en  casación una posible violación de la favorabilidad es la de la  nulidad  procesal.   Y  si  la  idea que subyace a esa conclusión es la de  pensar  que  sólo  así no incurre como Ministerio Público en una intromisión  arbitraria  en  el  ámbito  del sujeto procesal demandante, al solicitarle a la  Sala  que  case  oficiosamente  la  sentencia,  olvida  que el artículo 216 del  Código    de    Procedimiento   Penal   –al igual que  lo    hacía    el   228   del   anterior— le impone a  la  Corte,  sin  sujeción  al  principio  de limitación, declarar de oficio no  solamente  la  procedencia  de  la  causal  3ª  de  casación,  sino igualmente  “casar  la  sentencia  cuando  sea  ostensible  que la misma atenta contra las  garantías  fundamentales”,  lo  cual  sucede,  como  quedó  visto, cuando se  lesiona  un  derecho  fundamental  sustancial,  sin  importar  que  el motivo de  casación   para   discutir   el   punto   sea  el  primero  del  artículo  207  ibídem.   

4.  Pues bien, de acuerdo con la sentencia recurrida,  ÓSCAR   CÓRDOBA   MIELES   fue  condenado  por  los  cargos  de  peculado  por  apropiación  en  concurso con peculado por aplicación oficial diferente.   El  Tribunal  estimó,  al realizar la dosificación punitiva, que la ley 599 de  2000  estableció  unas  penas  para  el  peculado por apropiación, atendida la  cuantía  inferior  a  50 salarios mínimos del que fue objeto del proceso, más  favorables  que las previstas en el Código Penal de 1980.  Así las cosas,  con  sustento  en  tal  ley  cuantificó  la  pena de prisión en los siguientes  términos:   

“En el caso de ÓSCAR  CÓRDOBA   MIELES,   quien  fue  condenado  por  los  delitos  de  peculado  por  apropiación  y  peculado por aplicación oficial diferente, penado  el primero con prisión de 4 a 10 años,  por   cuanto   el   valor   de   lo  apropiado  no  sobrepasa  los  50  salarios  mínimos  y el segundo (…)  sancionado  con  prisión de uno a 3 años, la dosificación de la pena entonces  debe  arrancar  del  hecho punible más grave por cuanto se trata de un concurso  de delitos.   

“Dicho esto, siendo el  hecho  más grave el peculado por apropiación … , habría que averiguar cuál  es  el  ámbito de movilidad punitiva que tiene el juez para sancionar, hecha la  operación  respectiva  este  es  igual a 72 meses, el cual dividido en cuartos,  resultan  estos  ser  de  18 meses cada uno; como se trata de unos hechos en los  cuales  concurren circunstancias de menor y mayor punibilidad, hemos de movernos  dentro  de  los  dos cuartos medios para determinar la pena a imponer, la que no  podrá ser menor de 66 meses ni mayor de 102 meses.   

“Ahora, atendiendo los  criterios  de  ponderación  de  que  trata  el  artículo 61, inciso 3 del C.P.  –finaliza      la      cita—la  pena a imponer será la de 70 meses, pero como el procesado hizo  devolución  de lo apropiado ya iniciada la investigación, pero antes de que se  produjera  la  sentencia  de segunda instancia, en atención a lo establecido en  el  artículo  401  del  nuevo  C.P., le rebajaremos la tercera parte de la pena  impuesta  por  el  delito  de  peculado  por  apropiación, lo que equivale a 23  meses,  10 días, lo que nos arroja un total de 46 meses, 20 días, pero como se  trata  de  un concurso de delitos, porque además cometió el delito de peculado  por  aplicación oficial diferente, le agregaremos otro tanto por este concepto,  lo  que  entendemos  satisfecho con una adición de 6 meses y 10 días, para que  quede   como   pena  a  descontar  por  CÓRDOBA  MIELES,  la  de  53  meses  de  prisión”.   

Sobre las demás penas no  hizo  ningún  pronunciamiento  el  Tribunal,  siendo  claro  por  lo  tanto que  quedaron  confirmadas las de multa de $1.126.786.03 (el valor de lo apropiado) y  la  de  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 6  años,  impuestas  por  la  primera  instancia  con  apoyo  en  la  ley  190  de  1995.   

5.   El  reclamo  del censor es que el decreto  100  de  1980,  con  la modificación introducida por la ley 43 de 1982, es más  favorable  al procesado que la ley 599 de 2000 y le asiste la razón.  Para  cuando  sucedieron  los hechos en 1993 la cuantía del peculado por apropiación  que  se  le  imputó  a CÓRDOBA MIELES estaba muy lejos de alcanzar el valor de  87,71  salarios  mínimos  legales  mensuales, que representaban en 1981, cuando  empezó  a  regir  el  Código  Penal  de  1980,  la  suma de $500.000.oo que se  estableció  como  cuantía  a  partir  de  la cual el peculado por apropiación  descrito  en  el  artículo  133 se consideraba agravado, en concordancia con la  interpretación   que  hizo  la  Sala  en  la  sentencia  del  12  de  junio  de  20006,  coincidente  con  la doctrina expuesta por la Corte Constitucional en los fallos  C-070    y    C-118   de   1996.    La  pena  de  prisión  prevista  para  esa  conducta punible en la  legislación   de   1980,   entonces,   estaba   establecida   entre   2   y  10  años.   

Sin   embargo,  como  acertadamente  lo concluyó el Agente del Ministerio Público, la pena privativa  de  la  libertad es aún más benigna en la ley 190 de 1995.  En efecto, si  lo  apropiado no superó el equivalente a 50 salarios mínimos la pena de 6 a 15  años  de prisión prevista en el artículo 19 de ese Estatuto “se disminuirá  de  la  mitad  (½)  a  las tres cuartas (¾) partes”, lo cual traduce que los  nuevos  extremos punitivos son 18 meses y 7½  años, si se tiene en cuenta  que  la  porción máxima se aplica al mínimo y la mínima al máximo, tal como  lo determina el artículo 60-5 del Código Penal.   

Significa lo precedente,  en  todo  caso, que el conflicto de leyes en el tiempo que enfrentó el Tribunal  al  dosificarle  la  pena  al  procesado  CÓRDOBA por el delito de peculado por  apropiación  (el más grave del concurso delictivo por el cual se le condenó),  lo   resolvió   con   prescindencia   del   principio  de  favorabilidad.   Simplemente  porque  de  las  leyes  posibles  a  aplicar  seleccionó la que le  resultaba  menos  benéfica,  es  decir, el último inciso del artículo 377 del  Código  Penal  de 2000 (4 a 10 años de prisión), por encima del artículo 133  del  decreto 100 de 1980 (2 a 10 años) y del artículo 19 de la ley 190 de 1995  (1½  a 7½  años).   

6.  Para   remediar   la   violación   del  derecho  fundamental  sustancial  de  favorabilidad, en consecuencia, la Corte tasará la  pena  de  prisión  a  imponerle  a  ÓSCAR CÓRDOBA MIELES, con sustento en los  criterios   establecidos   en  el  Código  Penal  de  1980  –que      lo      benefician—y atendiendo  las  razones  expresadas  en la sentencia recurrida en el proceso de imposición  de las penas.   

Los  extremos punitivos  del  peculado  por  apropiación que cometió CÓRDOBA MIELES son, como se dijo,  18  y  90  meses, según el artículo 19 de la ley 190 de 1995.   Y el  punto  de  partida es el extremo mínimo previsto, que cabe aumentarlo en un mes  y  10  días, cifra ésta que proporcionalmente corresponde de manera aproximada  al  incremento de 4 meses hecho por el juzgador de 2º grado en concordancia con  los  criterios  de  ponderación previstos en el inciso 3º del artículo 61 del  Código  Penal  de  2000,  que  en lo esencial se identifican con los del 61 del  Código Penal de 1980.   

En  virtud  de  las dos  circunstancias   genéricas   de   agravación   punitiva   que   se  declararon  concurrentes  (art.  66-9/11  cp de 1980), procede un aumento de 6 meses más, 3  por  cada  una,  para  un  resultado  de  25 meses y 10 días, a los cuales debe  restarse  la  mitad,  de  conformidad  con  el  inciso 2º del artículo 139 del  Código  Penal  de 1980, en consideración al reintegro de lo apropiado antes de  dictarse  sentencia  de  segunda  instancia.   Esta  consecuencia  tiene su  regulación  más  favorable  en  ese  estatuto, que es la ley preexistente a la  conducta,  en  comparación  con  el  Código  Penal de 2000 que fue el aplicado  erróneamente  por el juzgador de 2ª instancia, siendo del caso señalar que el  punto no fue tratado por la ley 190 de 1995.   

Resultan  imponibles,  entonces,  12 meses y 20 días de prisión por el delito más grave y por razón  del  concurso  con  la conducta de peculado por aplicación oficial diferente se  incrementa  esa  cifra  en  2  meses  más, que corresponde proporcionalmente al  incremento  de  6  meses y 10 días deducidos en la providencia impugnada por el  mismo  concepto,  para  un total de 14 meses y 20 días, que  es la pena de  prisión que se le impondrá a ÓSCAR CÓRDOBA MIELES.   

6.1.   En  cuanto  a las demás penas, para cuya  deducción  aplicará  la Sala el principio de favorabilidad en la forma como lo  definió   en   la   sentencia   de   septiembre  3  de  20017,   cuyos   términos   se   ratifican  en  esta  oportunidad,  se  tiene  que le resulta más benigno al procesado la aplicación  del  Código  Penal  de  1980,  el  cual  las  establece  para  el  peculado por  apropiación  multa  de 1.000 a 1.000.000 de pesos e interdicción de derechos y  funciones  públicas  de 1 a 5 años; y para el peculado por aplicación oficial  diferente  multa  de  1.000  a  50.000  e  interdicción de derechos y funciones  públicas de 1 a 3 años.   

         La  Sala considera del  caso  imponerle a CÓRDOBA MIELES, siguiendo los criterios que para el efecto se  utilizaban   en  vigencia  del  Código  de  1980,  es  decir  estableciendo  la  proporción  respectiva  en relación con la pena de prisión impuesta, multa de  $800.oo  e interdicción de derechos y funciones públicas por el término de 10  meses.   

7.   En desarrollo de la función  de  garante  de  los  derechos fundamentales que cumple la Corte y atendiendo el  planteamiento  que  en ese sentido realizó el Procurador Delegado, la casación  del  fallo  impugnado  se  hará  extensiva  a  los procesados no recurrentes, a  quienes  oficiosamente  se  les restablecerá el principio de favorabilidad, que  también  resultó  transgredido  por  las  instancias  en la imposición de las  penas.   

7.1.  Procesado LUIS  MIGUEL MARTÍNEZ SUÁREZ.   

Resultó  condenado por  los  delitos  de  falsedad  ideológica  en  documento  público,  peculado  por  apropiación  y  falsedad  en documento privado a prisión de 86 meses, multa de  $1.126.783.06  e interdicción de derechos y funciones públicas por el término  de 6 años   

El   Tribunal,   con  desconocimiento  del  principio  de  favorabilidad, seleccionó como delito más  grave  el de falsedad ideológica en documento público previsto en el artículo  286  de  la  ley  599  de  2000, cuando es evidente que la ley preexistente a la  conducta  punible (art. 219 cp de 1980) le resultaba más benéfica al procesado  por  ser  su  parámetro de pena mínimo (3 años), inferior al consagrado en la  ley  aplicada  (4 años), no resultando trascendental que el parámetro punitivo  máximo  sea  inferior  en ésta (8 años) que en aquél (10 años), dado que la  dosificación  no  alcanza  ese  límite  superior  en  el  caso concreto.   Adicionalmente  la  norma  del  Código  de  1980  es  más  favorable porque no  consagra  como sanción la  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas,  como  sí  lo  hace el Código Penal vigente, que la fija  entre 5 y 10 años.   

A  este procesado no le  resulta  benéfica  la  tasación  punitiva  con  fundamento  en  el sistema del  Código  Penal  vigente, dado el notable incremento que le significa cada cuarto  de  movilidad  en  el  ámbito  punitivo, que corresponde a 21 meses y conduce a  establecer  como  cuartos  medios  57  y  99 meses de prisión, entre los cuales  tendría  que  dosificarse  la  sanción.   Siguiendo  el procedimiento del  Tribunal  la  pena  resultante, con las reglas vigentes de dosificación, sería  de 83 meses de prisión.   

De  conformidad con los  criterios  para  fijar  la  pena del decreto 100 de 1980, estima la Corte que al  mínimo  de 3 años es dable incrementarlo en 7 meses más por la gravedad de la  conducta  y el grado de culpabilidad, cifra que es proporcional a la de 12 meses  que  aumentó  el  Tribunal  con  sustento en el inciso 3º del artículo 61 del  Código  Penal  de  2000.   Y  procede  sumarle igualmente 6 meses más, en  virtud  de  las  dos causales de agravación punitiva concurrentes (art. 66-9/11  cp  1980),  a  razón  de 3 meses por cada una.  A los 49 meses resultantes  cabe  adicionarles  9  meses  y  15  días  por efecto del concurso de conductas  punibles,  que  es  proporcional  a  los  14  meses  en  que aumentó la pena el  Tribunal  por  el  mismo concepto, para un total de pena a imponer de 58 meses y  15 días de prisión.   

Adicionalmente,  con  sustento  en  el  artículo 133 del Código Penal de 1980, se le impondrá multa  de  $3.000.oo en relación con el peculado por apropiación que se le atribuyó,  e  interdicción  de derecho y funciones públicas por el mismo lapso de la pena  principal, en concordancia con el artículo 52 ibídem.   

     

1. Procesado      VÍCTOR      MANUEL      SILVA  RESTREPO.     

Fue condenado como cómplice de peculado por  apropiación  a  45  meses  de prisión y para ello, como sucedió en los demás  casos,    se   tomó   en   cuenta   –equivocadamente—la  pena prevista en la ley 599 de 2000, cuando la más favorable es  la  190  de  1995  que  consagra  prisión entre 18 y 90 meses para esa conducta  punible.    

La  primera  instancia,  aunque  aplicando  también una norma que no era la más benéfica al procesado,  le  había  impuesto  la mínima prevista, disminuida en la mitad con fundamento  en   el  artículo  24  del  Código  Penal  de  1980,  debido  a  la  forma  de  participación,  sin  deducirle  ninguna  circunstancia genérica de agravación  punitiva.    El   Tribunal,   entonces,   transgredió   en  este  caso  la  prohibición  constitucional  de  reforma  en  peor  de la sanción pues resulta  claro  que  dedujo  como  agravante  la  coparticipación criminal. Al hacerlo y  dosificar  la  pena  apoyado en el sistema de la ley 599 de 2000 se movió a los  cuartos  medios  y  no redujo en la mitad la cantidad de la pena en virtud de la  complicidad.   

La   Corte,  por  lo  tanto,  simplemente  reparará  el  quebranto  imponiéndole  a  SILVA  RESTREPO 9 meses de prisión,  interdicción   de   derechos  y  funciones  públicas  por  el  término  de  6  meses   y multa de $500.oo.  Estas últimas penas son las previstas en  el  artículo  133  del decreto 100 de 1980, que es la ley más favorable en ese  aspecto,  aunque  reducidas  a  la  mitad por efecto del mencionado artículo 24  ibídem  y  fijadas  en  proporción  a  la  sanción  privativa de la libertad.   

         

A  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

1.   CASAR   PARCIALMENTE   la  sentencia  recurrida,  expedida  por  el  Tribunal  Superior  de  Valledupar  el  14 de septiembre de  2001, para fijar las penas de 14 meses  y  10  días  de  prisión,  multa  de  $800.oo  e inhabilitación de derechos y  funciones públicas al procesado ÓSCAR CÓRDOBA MIELES.   

         2.   Hacer extensivos los efectos del  presente  fallo  a  los  procesados no recurrentes, para fijarles las siguientes  penas:   

A LUIS MIGUEL MARTÍNEZ  SUÁREZ  58  meses de prisión, multa de $3.000.oo e inhabilitación de derechos  y   funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  pena  privativa  de  la  libertad.   

Y a VÍCTOR MANUEL SILVA RESTREPO 9 meses de  prisión,  inhabilitación  de derechos y funciones públicas por el término de  6 meses  y multa de $500.oo.   

3. En lo demás la  decisión recurrida se mantiene incólume.   

4.  Contra  la  presente decisión no procede ningún recurso.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Salvamento  parcial de  voto   

FERNANDO     E.      ARBOLEDA  RIPOLL            HERMAN  GALÁN CASTELLANOS            

CARLOS      AUGUSTO      GÁLVEZ  ARGOTE             JORGE       ANÍBAL      GÓMEZ  GALLEGO                      

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                         MARINA      PULIDO      DE     BARÓN                                    

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

1  .  Folios 353,365, 374/1 y 572, 582/2.   

2  .  Folio 1.408/5.   

3  .  Folio 1.428/5.   

4  .  Folio 1.736/5.   

5  .  M.P., Dr. JORGE ANIBAL GÓMEZ GALLEGO.   

6  .  M.P.,  Dr.            FERNANDO ARBOLEDA RIPOLL. Única instancia 9.976.   

7  .    M.P.,   Dr.   JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO.   Única   instancia  16.837.     

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