18864(17-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18864  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado ponente:  

Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N° 109  

Bogotá, D. C., septiembre diecisiete (17) de  dos mil dos (2002).   

ASUNTO  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  interpuesta  en defensa de JAIME RAMÍREZ PIÑA,  contra  el  fallo  del Tribunal Superior de Florencia que confirmó la sentencia  condenatoria  proferida  por  el  Juzgado  2°  Promiscuo del Circuito de Puerto  Rico, Caquetá, por acceso carnal violento.   

HECHOS  

Hacia el mediodía del 15 de enero de 2000, el  niño  José  Rodríguez,  entonces  de  9  años  de  edad,  quien sufre mudez,  desapareció   transitoriamente   en   San   Vicente   del   Caguán,  Caquetá,  reapareciendo  luego con lesiones en el ano. Dándose a entender con sus signos,  indicó  que  un individuo, quien señalado por el menor y aprehendido ese mismo  día  por la “policía cívica” resultó ser JAIME RAMÍREZ PIÑA, lo había  conducido  hacia un sitio apartado y lo violó, después de amarrarle del cuello  con un lazo.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Inició   investigación  la  Fiscalía  17  Seccional  de  Puerto  Rico, Caquetá, que vinculó mediante indagatoria a JAIME  RAMÍREZ  PIÑA y el 21 de enero de 2000 le impuso detención preventiva (fs. 48  y  Ss.  cd.  1).  Cerrada la instrucción, después de una primera calificación  que  fue anulada, el 20 de junio de 2000 lo acusó del delito contra la libertad  sexual  y  la  dignidad humana, por la violación del menor (fs. 118 y Ss. ib.),  enjuiciamiento no recurrido.   

Asumido el juicio por el Juzgado 1° Promiscuo  del  Circuito  de  Puerto  Rico,  se  celebró  la  audiencia  pública  y,  por  conversión  de  aquél,  pasó  al  2° ibídem, que el 17 de noviembre de 2000  condenó  al  acusado  por  el  acceso carnal violento contra menor de 12 años,  imponiéndole  20  años  de  prisión,  10 años de interdicción de derechos y  funciones  públicas  y  la obligación de indemnizar los perjuicios respectivos  (fs.  183  y  Ss. ib.), fallo apelado por el defensor y confirmado el 6 de abril  de  2001 por el Tribunal Superior de Florencia (fs. 2 y Ss. cd. Trib.), mediante  sentencia   que   es   objeto   de   casación   también   interpuesta  por  el  defensor.   

LA DEMANDA  

Acudiendo a la causal primera, cuerpo segundo,  en  el único cargo reprocha el casacionista que de manera indirecta fue violada  la  ley  sustancial,  por inaplicación de los artículos 7° (inciso 2°) y 232  de  la  ley  600  de  2000,  originada  en  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,   en   la   apreciación  del  contenido  material  de  las  pruebas,  concretamente  “el  señalamiento  que el menor hiciera de RAMÍREZ PIÑA a su  padrastro”.   

Confronta  lo  que  llama  “señalamiento  privado”,  con  la  diligencia  de  reconocimiento en fila de personas, que el  Tribunal  consideró “que no debe ser valorado como tal”, cuando el niño no  reconoció  a JAIME RAMÍREZ PIÑA como quien lo sometió al execrable atropello  sexual,  teniéndose  que  “admitir el surgimiento de la duda en relación con  el  posible  autor del delito investigado”, pues el menor “no sabe a ciencia  cierta quién fue su ofensor”.   

El  error  de apreciación condujo a proferir  sentencia  condenatoria,  pero  en una confrontación correcta de las pruebas se  habría  absuelto,  “pues  es  evidente  que  en  cuanto al responsable no hay  certeza”,  presentándose  “duda  insalvable,  que la Constitución y la ley  obligan reconocer a favor del procesado”.   

Culmina manifestando que la equivocación del  Tribunal  “al  apreciar  incorrectamente las pruebas lo condujeron a inaplicar  el  artículo  445  del C. de P. Penal anterior, 7 del actual catálogo procesal  penal,   inaplicación  que  conlleva  por  supuesto  aplicación  indebida  del  artículo  232  de  la  ley  600 de 2000”, por lo cual pide casar la sentencia  acusada y, en su lugar, absolver al acusado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Una  vez más, se recuerda que cualquiera sea  la  causal  invocada,  la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de libre  elaboración,  pues  debe  cumplir  las  exigencias  previstas  en el Código de  Procedimiento  Penal  (artículo 212 L. 600 de 2000), dentro de las cuales está  la  enunciación  completa  de  las normas sustanciales que el demandante estime  infringidas  (v.  gr.,  no  incluye  el  artículo  2°  de  la ley 360 de 1997,  previsión  del delito de acceso carnal violento vigente al tiempo de los hechos  y  al  ser  proferidos los fallos de primera y segunda instancias), al igual que  la   exposición   clara  y  precisa  de  los  fundamentos  del  cargo,  tampoco  lograda.   

Valga   acotar  que  no  es  afortunado  el  impugnante  cuando  empezando  lo  que  titula “mención de la causal”, hace  referencia  a  la  inaplicación  “del  artículo  232 del C. de P. Penal” e  inmediatamente  antes  de  la  petición final arguye “aplicación indebida”  del  mismo  precepto,  denotando flagrante contradicción, pues no puede haberse  aplicado indebidamente lo que ya se ha dicho que fue inaplicado.   

Radicada  la  censura como error de hecho por  falso  juicio de identidad, el defensor menciona que el Tribunal se equivocó al  demeritar  la  diligencia  en  la  cual,  en fila de personas, el menor agredido  sexualmente  no  reconoció  al sindicado, mientras sí le dio valor suasorio al  señalamiento  “privado” que de él hizo, pero no refiere cuáles fueron las  razones  expuestas por el Tribunal para sustentar esa posición, mucho menos las  analiza  con  el  indispensable  objetivo  de  demostrar  en  que  consistió el  pretendido error de juicio.   

Lo  único  que contrapone el impugnante a la  apreciación  del  sentenciador, que arriba precedida de la doble presunción de  acierto  y  legalidad,  es  la  mención  del  fallido reconocimiento en fila de  personas,   pero   de  nada  de  lo  que  refiere  se  desprende,  ni  lograría  demostrarse,  que  en  realidad la judicatura asumió de manera distorsionada el  contenido  objetivo  de  los  medios de convicción, particularmente lo aportado  por  el  propio  menor  ofendido,  que  ha  debido  el  defensor  valorar  en su  integridad  y  no olvidando que la jurisprudencia tiene establecido, entre otras  determinaciones  en  el  fallo  de  casación  de fecha mayo 15 de 1996, proceso  radicado  bajo  el  número  9.605,  con  ponencia  de  quien aquí cumple igual  cometido, obviamente citando la preceptiva que entonces regía:   

“El reconocimiento en fila de personas no es  prueba   autónoma   sino   complemento   o   parte  integrante  del  testimonio  incriminatorio.  Tanto  es  así, que la propia ley manda que en lo posible haga  parte  de  éste  (art.  368  C.  de P. P.), de modo que su valoración no puede  desligarse de la inicial declaración del testigo que incrimina.”   

La  demanda está circunscrita a presentar la  discrepancia  del  censor,  quien  trata de hacer valer su personal criterio por  encima  del  asumido  por la administración de justicia, lo cual no implica que  el   fallador   sea   el  equivocado  en  el  análisis  probatorio,  menos  con  trascendencia  como  para  hacer cambiar el sentido de la sentencia. La lógica,  la   claridad   y  la  precisión  que  la  ley  exige  en  el  planteamiento  y  demostración  de  un  cargo  en casación, no se puede reemplazar con las meras  aseveraciones   de   lo  que  conviene  a  la  causa  por  la  que  propende  el  demandante.   

Sólo mediante su afirmación, el casacionista  propone  “una duda insalvable, que la Constitución y la ley obligan reconocer  a  favor  del  procesado”,  pero  no  sigue  el  cauce definido para tratar de  evidenciar  la incertidumbre que permitiese arribar a la absolución que demanda  (cfr.  auto  de  19  de  diciembre  de  2001, rad. 16.772, M. P. Álvaro Orlando  Pérez Pinzón):   

“Si  el  demandante tenía interés en que  fuera  aplicado  el  principio  in  dubio  pro reo, debía orientar la censura a  comprobar  que  en el proceso existía duda probatoria sobre la materialidad del  hecho  o  la  responsabilidad  del  procesado, y que los juzgadores de instancia  omitieron  su  reconocimiento así como las consecuencias jurídicas pertinentes  por  haber  incurrido  en errores de hecho o de derecho al apreciar las pruebas;  establecido  el  error  y  demostrada su existencia, le correspondía mostrar su  incidencia  en  la  parte  dispositiva  del  fallo,  labor  que supone una nueva  valoración  de  la  prueba,  con  aplicación de los correctivos, con el fin de  enseñar  que  de  ella  no surgía la certeza de la materialidad del hecho o la  responsabilidad   del   procesado,   como   equivocadamente  lo  declararon  los  juzgadores   de   instancia   en   los   fallos,   sino   un   estado   de  duda  razonable.”   

Como  se concluyó en la citada providencia y  aquí   resulta   ostensible,  lamentablemente  nada  de  lo  anterior  hizo  el  libelista.   

Todo  lo expuesto conduce a la inadmisión de  la  demanda,  de  conformidad con lo estatuido en los artículos 212 y 213 de la  ley  600  de  2000,  con  la  consecuencia  procesal  de  declarar  desierta  la  impugnación,  mediante esta providencia, que adquiere ejecutoria en la fecha en  que es suscrita y no admite recurso alguno.   

Por  ende, la Corte Suprema de Justicia, Sala  de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO  ADMITIR  la demanda presentada en defensa  del  procesado  JAIME  RAMÍREZ  PIÑA  y, en consecuencia, declarar desierta la  casación interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE  E. CÓRDOBA  POVEDA                    

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS                              AUGUSTO                              GÁLVEZ  ARGOTE             

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO             ÉDGAR                     LOMBANA  TRUJILLO                            

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR        NILSON   PINILLA   PINILLA                                       

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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