18814(03-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18814  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

                                          Magistrado ponente:   

                                          Nilson Pinilla Pinilla   

                                          Aprobado Acta N° 101   

Bogotá, D. C., septiembre tres (3) de dos mil  dos (2002).   

ASUNTO  

Se  pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de  la demanda de casación interpuesta en defensa de OSSIER ALEXÁNDER ÁLVAREZ  MARÍN,  contra la sentencia del Tribunal Superior de Medellín que confirmó el  fallo  del  Juzgado  24  Penal  del Circuito de esa ciudad, condenándole por un  concurso  de  delitos  de  homicidio,  tentativa  de homicidio y porte ilegal de  armas de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

El 5 de diciembre de 1998 se celebraba en casa  de  Rodrigo  Padierna,  ubicada en la carrera 87 No. 82-04 del barrio Robledo El  Diamante  de  Medellín, la fiesta de primera comunión de su hijo, cuando hacia  las   9:30   de  la  noche  irrumpieron  varios  hombres  armados,  entre  ellos  “Álex”,  quien  poco antes había transportado a Wladimir Palacio Idárraga  hasta  ese  lugar  y,  tras  señalar a éste, empezó a disparar causándole la  muerte,  lo  mismo  que a Wilson Arley Padierna Vásquez, Daniel Arturo Padierna  Gómez  y  Carlos  Arturo  Padierna  Padierna  y  heridas a Marlen Arlés López  López y Angely Padierna Rodríguez.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

Abierta  la  investigación, la Fiscalía 188  Seccional   de  Medellín  escuchó  en  indagatoria  a  OSSIER  ALEXÁNDER  ÁLVAREZ  MARÍN  y  el 26 de julio de 2000 le impuso detención preventiva (fs.  191  y Ss.). El 6 de febrero de 2001, previa solicitud en tal sentido, se llevó  a  cabo  una diligencia en procura de sentencia anticipada, dentro de la cual el  sindicado  aceptó  los cargos formulados en su contra, por el concurso material  de  cuatro  homicidios  y  dos  tentativas  de homicidio, todos agravados por la  indefensión  de  las  víctimas, al igual que porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal (fs. 233 y Ss.).   

Conservando  el  cuaderno  de  copias  para  continuar  la  investigación,  en orden a “identificar e individualizar a los  coautores  del  hecho” (f. 238), la Fiscalía envió los originales al reparto  de  los  Juzgados  Penales  del Circuito de Medellín, correspondiéndole al 24,  que  dictó  sentencia  anticipada  el  12  de  marzo  de  2001 (fs. 243 y Ss.),  mediante  la  cual  condenó  a  ÁLVAREZ MARÍN como autor de todos los delitos  aceptados,  imponiéndole  40  años  de  prisión, 10 años de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas y la obligación de indemnizar los respectivos  perjuicios,  fallo  apelado por la defensa y confirmado por el Tribunal Superior  de  Medellín  en sentencia del 4 de mayo de 2001 (fs. 272 y Ss.), impugnada por  el acusado y sustentada por su nuevo defensor.   

LA DEMANDA  

Formula el censor un solo cargo, al amparo de  la  causal  primera  de  casación,  por  presunta  violación directa de la ley  sustancial,  por  falta  de  aplicación del artículo 299 del estatuto procesal  anterior, modificado por el artículo 38 de la ley 81 de 1993.   

Inicia la sustentación del reproche anotando  que,  a  pesar  de ser una sentencia anticipada, le asiste interés al procesado  para  impugnar  en  casación,  puesto  que  la  incidencia directa que tiene el  desconocimiento  de  la  ley sustancial en la tasación de la pena, hace posible  “no  solo  apelar  el fallo de primera instancia, sino también acudir en sede  de    casación   con   el   fin   de   controvertir   el   fallo   de   segunda  instancia”.   

Cita que el Tribunal confirmó la decisión de  primera  instancia,  en la cual el juez negó el reconocimiento de la rebaja por  confesión,  argumentando  que  “aunque  no fue capturado en flagrancia, está  claro  que  ella  no  constituye  la base de la condena, pues la prueba de cargo  deriva  además de otros elementos de juicio de incontrastable valor”, pero el  artículo  299  del  entonces  Código  de  Procedimiento  Penal no menciona ese  requisito,  que  ha  señalado  la  jurisprudencia  sin  tener  en cuenta que el  decreto  2700 de 1991 prescindió de la previsión que en ese sentido consagraba  el artículo 301 del decreto 50 de 1997.   

Si  el  sindicado  no  fue  aprehendido  en  flagrancia  y en la primera oportunidad que compareció ante la justicia aceptó  el  hecho,  no hay razón para desconocer la disminución legalmente autorizada,  con  la  excusa  de  que existen otros medios probatorios, “pues difícilmente  podría  concebirse  un  proceso   en  donde  solamente  un medio de prueba  –la confesión— pudiera servir de base para la toma de  una  decisión de condenar a una persona”, siendo deber del instructor allegar  otros  elementos  de  convicción,  con  el  fin de verificar la veracidad de la  confesión.   

Transcribe  apartes  de  la  “sentencia del  10-02-98,  M.  P.  Dr.  Juan  Manuel  Torres  Fresneda,  Rad.  12.358” y de un  salvamento  de  voto, alusivos al tema, para concluir que así el Tribunal no se  haya  referido  a  la  rebaja  por  confesión,  las  dos sentencias constituyen  unidad,  lo cual indica que el ad quem estuvo de acuerdo con la exclusión de la  disminución  punitiva  por el a quo y, de tal manera, procede la casación para  volver a dosificar la pena.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Constituye  presupuesto  esencial  de  toda  impugnación,  el  interés  jurídico  del  sujeto procesal que busca remover o  atemperar  la decisión presumiblemente irregular o errada, en cuanto constituya  un agravio a la causa que representa.   

Es claro que el entonces defensor y el acusado  apelaron  contra  la  sentencia  de  primera instancia, pero su inconformidad la  circunscribieron  a  no  haberse  concedido la atenuación por el estado de ira,  sin  que  en los memoriales de sustentación del recurso (fs. 254A y Ss. y 261 y  Ss.)  hayan  expuesto  discrepancia  alguna frente a la decisión del Juzgado de  abstenerse  de  reconocerle  a  la  confesión efectos para reducir la pena, por  haber tenido la condena sustento en otras pruebas.   

Así se observe que las sentencias de primera  y   segunda   instancia   constituyen  unidad,  en  cuanto  ésta  confirme  aquélla,   no   es  posible  plantear  en  casación  aspectos  que  no  fueron  controvertidos  en  la  apelación,  para  soslayar  eventuales  discrepancias y  después  exponerlas  en  la  demanda  como  yerros  del a quo, habiendo mediado  tácita  conformidad  con  lo  resuelto que no fue objeto de apelación, la cual  sólo  permite  revisar  los  aspectos impugnados e inescindiblemente vinculados  (art.  204  L.  600  de  2000),  conllevando  falta  de  interés  para  debatir  posteriormente  lo  que  no  pudo  ser  objeto  de  pronunciamiento  por  el  ad  quem.   

Siendo  la casación un juicio a la sentencia  de  segunda  instancia,  no es viable trasformarla en mecanismo supletorio de la  apelación,  como  pretende el libelista al proponer un debate que oportunamente  no  planteó  la  defensa en la instancia respectiva, quitándole al Tribunal la  oportunidad  de  referirse  a  esos  aspectos  no  impugnados.  Al  respecto  ha  reiterado la Sala:   

“…para que haya interés en el recurrente  en  casación  es  necesario,  además  de  que  haya  sufrido  agravio  con  la  decisión,  que  haya  apelado  el  punto  concreto  de  la sentencia de primera  instancia,  pues  una  actitud pasiva reflejaría conformidad con la misma, esto  es,  que  se está de acuerdo con lo resuelto; o, en su defecto, que el fallo de  segunda  instancia  haya  desmejorado la situación del impugnante, en virtud de  la  apelación  interpuesta  por  otro  sujeto  procesal; o que el superior haya  examinado  la  providencia  en  razón  del grado de competencia funcional de la  consulta,  pues  mientras no se produzca la determinación de segunda instancia,  no  puede  saberse  el  sentido  definitivo  del fallo, ya que el superior puede  decidir  sin  limitación  alguna sobre la providencia o parte de ella; o que la  casación  verse  sobre nulidades.” (Cfr. sentencia sept. 6/2001, rad. 15.649;  auto feb. 26/2002, rad. 17.254, M. P. Jorge E. Córdoba Poveda).   

Así,  no  habiendo modificado el Tribunal la  sentencia  apelada,  ni  sometido  a  su  estudio lo relacionado con la supuesta  confesión,  la  posibilidad de demandar en casación quedó restringida al tema  de  la  ira,  del cual no se ocupa la demanda que, por tanto, se debe inadmitir,  mediante pronunciamiento que no es susceptible de recursos.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

NO  ADMITIR  la demanda presentada en defensa  del  procesado  OSSIER  ALEXANDER  ÁLVAREZ  MARÍN y, en consecuencia, declarar  desierta la casación interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA                    

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS                              AUGUSTO                              GÁLVEZ  ARGOTE             

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO             ÉDGAR                     LOMBANA  TRUJILLO                            

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR       NILSON PINILLA PINILLA                                       

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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