18733(27-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso     No  18733   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 116  

Bogotá,   D.  C.,  veintisiete  (27)  de  septiembre de dos mil dos (2002).   

VISTOS  

         Decide  la  Sala  si  es procedente admitir la demanda de casación  que  presentó  el  defensor  de  CARLOS  ABEL ARANGO  GARCÉS.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

         En  el  proceso  ejecutivo  que  tramitaba el Juzgado Segundo Civil  Municipal  de  Pereira  en virtud de demanda que contra GLORIA DORLANY HERRERA y  GLADYS  HILARIA  FÉLIX  formuló LUZ MARINA ZULUGA Y CÍA. LTDA., se ordenó el  embargo  y  secuestro  de  un  local  comercial  y se designó como secuestre al  señor   CARLOS   ABEL   ARANGO  GARCÉS,   quien   debía   recaudar   los  cánones  de  arrendamiento  y  consignarlos  a  órdenes  del  despacho  judicial.  En lugar de hacerlo, por lo  menos  en  su  totalidad, el secuestre se apropió de una suma cercana a los dos  millones de pesos.   

         Iniciada  la  investigación, la fiscalía 14 seccional de Pereira,  después  de  escuchar en indagatoria al señor ARANGO  GARCÉS,  lo  aseguró  con caución prendaria por el  delito  de  peculado  por  apropiación,  ilicitud por la que lo acusó mediante  resolución  del  1º.  de  septiembre  de  2000.  El  19 de febrero de 2001, el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de la misma ciudad lo condenó a 13 meses y  15    días    de    prisión,    multa    por    valor   de   $   1’860.000 e interdicción de derechos y  funciones  públicas por el mismo término de la pena privativa de libertad, por  tal  delito.  La  sentencia,  apelada  por  el  procesado,  fue confirmada en su  integridad   por   el   Tribunal   Superior   de   Pereira   el  7  de  mayo  de  2001.   

LA DEMANDA  

         El  defensor  formuló  dos  cargos  contra la sentencia de segunda  instancia:   

         1º.  Que  se  dictó  en  un  juicio viciado de nulidad, porque se  violó  el  derecho  de defensa a partir del desplazamiento del abogado inicial,  que  venía  representando  al  sindicado  desde su indagatoria, por otro que no  solicitó  pruebas en la instrucción, no presentó estudio precalificatorio, no  impugnó  la  resolución  acusatoria  y  su  única  actuación en el juicio se  redujo  a  la  intervención  en  audiencia pública. En este debate, los pobres  argumentos  que expuso fueron los mismos que el defensor anterior sostuvo cuando  apenas  se iniciaba la investigación. Desaprovechó el juicio para interrogar a  los  testigos  de  cargo, a pesar de que la formulación de un buen cuestionario  era  indispensable.  No  impugnó  la  sentencia, de manera que de no ser por la  iniciativa  del  procesado,  no  se  hubiera  surtido  la  segunda instancia. Su  inactividad  no  refleja una estrategia defensiva sino falta de diligencia pues,  de  lo  contrario,  hubiera  apelado  el  fallo  y  expuesto  una argumentación  convincente.  Este  comportamiento le generó graves consecuencias al procesado,  ya  que  la  sentencia  se  derivó  de  una  actuación marcada por las pruebas  presentadas  por  la fiscalía. En consecuencia, se debe decretar la nulidad del  proceso  a  partir  de la presentación del poder por parte del segundo defensor  del  señor  ARANGO GARCÉS.   

         2º.  Que  violó  indirectamente  la  ley sustantiva, por error de  hecho  debido  a  falso  juicio  subjetivo  de  sana crítica, pues le dio plena  credibilidad  a  la  declaración de PEDRO NEL GIL en cuanto al cumplido pago de  los  cánones  de  arrendamiento  al secuestre, mérito que le atribuyó no como  resultado  de  su  valoración  a  la  luz  de  la  crítica  testimonial,  como  correspondía,  sino  porque el acusado es mentiroso. Así, dejó de observar el  fallador  importantes singularidades como que el testigo afirme que ARANGO  GARCÉS  le extendía recibos de  pago,  pero  que  no  los  ha  podido hallar, de manera que sólo probó haberle  entregado  al  secuestre  la  suma  de  $ 560.000. Y como la verdad surge de las  pruebas,  los  recibos no se le perdieron sino que los únicos que obtuvo fueron  los  que aportó. El error de sana crítica radica, entonces, en creerle a quien  miente y no valorar su dicho en sí mismo considerado.   

         También  violó  el  Ad quem  los  preceptos  de  la sana crítica porque no tuvo en cuenta que  las  afirmaciones de la denunciante corresponden a lo que le dijo PEDRO NEL GIL,  lo  que hace del suyo un testimonio de oídas. Además, fijó arbitrariamente la  cuantía  de  la ilicitud, al hacerlo sin ningún soporte legal. Solicita que se  case    el   fallo   y   en   su   lugar   se   profiera   otro   de   carácter  absolutorio.   

  CONSIDERACIONES   

La Sala inadmitirá la demanda y declarará  desierto el recurso, por las siguientes razones:   

         1.    Con    relación    al    primer  cargo,  olvidó  el  demandante que de acuerdo con el  principio  de trascendencia    que    orienta    la  declaratoria  de  las  nulidades,  es preciso que quien las alegue demuestre que  “la  irregularidad  sustancial  afecta garantías de los sujetos procesales, o  desconoce  las  bases  fundamentales  de  la  instrucción  y el juzgamiento”,  según  la  exigencia contenida en el numeral 2º. del artículo 310 del Código  de  Procedimiento  Penal, que reprodujo idéntica previsión que hacía el mismo  apartado del artículo 308 del anterior estatuto.   

         Este  requisito  no  se  cumple con las genéricas afirmaciones que  hace  el libelista en cuanto a las “consecuencias graves para mi defendido”,  que  obviamente  se  derivan  de  una sentencia condenatoria; o a la ausencia de  “actividad  probatoria  desplegada  para  defender los intereses de don Carlos  Abel”;  o  a  su  incidencia  en el fallo adverso porque se profirió sobre la  base  de  tal  omisión,  predominando  en esa providencia “lo allegado por la  Fiscalía  y lo supuesto por ella como fundamento para el juicio de reproche”;  o  que era indispensable “un buen interrogatorio por parte de la defensa”; o  que  de  haber  seguido actuando el inicial apoderado se hubiese ejercido “una  verdadera   defensa   técnica”  porque  “se  hubieran  presentado  alegatos  precalificatorios,  impugnado  la  resolución de acusación, solicitado pruebas  en el juicio, hubiera existido un verdadero debate procesal”.   

         Es  que,  como  lo  ha dicho la Sala, “el quebrantamiento de esta  garantía   no   puede   alegarse   en  abstracto,  sino  frente  a  las  reales  posibilidades  que  ofrecía  la  actuación,  en  forma  que  aparezca  que  la  pretendida  pasividad  no  corresponde  a  una  estrategia  defensiva, sino a un  completo  abandono  de  la  gestión  encomendada,  no  bastando aseverar que el  abogado  dejó  de cumplir determinadas actividades, sino que es preciso mostrar  que  con  esa  actitud  se  dejaron de allegar elementos de juicio fundamentales  para  la defensa, o que no obstante ser evidente que los intereses del procesado  se  lesionaron  no hubo una oportuna impugnación” (Auto del 6 de diciembre de  2001, radicado 16.926, M.P. Jorge Enrique Córdoba Poveda).    

         No  basta,  pues,  para  reclamar  la  violación  del  derecho  de  defensa,  que  se reproche simplemente la inactividad probatoria del abogado que  representaba  los  intereses del procesado, pero no se indique cuáles medios de  convicción,   por   no  ser  incorporados,  impidieron  mejorar  su  situación  jurídica;  o  se  afirme  la  importancia  de “un buen interrogatorio”, sin  precisar  su  sentido y alcances frente al que ya se le había hecho al testigo;  o  se critique sin ningún sustento que no se interpusieron recursos, como si en  todo caso el hacerlo le reportara beneficios al implicado.   

         Por  esta  razón,  y  porque  tampoco  se  indicó qué beneficios  obtendría  el  procesado  con  la anulación, ni cuál sería la estrategia que  mejoraría  su  status,  el  cargo  formulado  deviene incompleto por no haberse  fundamentado  debidamente,  de  acuerdo con lo dispuesto por el numeral 3º. del  artículo  212  del  Código  de  Procedimiento  Penal, que corresponde al mismo  numeral del artículo 225 del Código de 1991.   

         2.   La   segunda   censura,  que  denominó “error de hecho debido a falso juicio subjetivo  de  sana  crítica”,  corresponde al que la jurisprudencia de la Corte ha dado  en  llamar falso raciocinio.  En  éste,  como  en  todos los reproches que se formulan con apoyo en el cuerpo  segundo  de  la  causal  primera  de  casación,  el actor, además de probar la  existencia  del  vicio,  debe  acreditar  su  trascendencia  en el sentido de la  decisión;  lo cual supone, como repetidamente lo ha dicho la Sala, “atacar en  forma  íntegra el sustento probatorio de la sentencia, porque nada lograría si  consigue  demostrar  reales  errores de hecho o de derecho en la apreciación de  alguna  o  algunas  pruebas,  si  la  sentencia se mantiene incólume, afianzada  sobre  otros  medios  de  convicción  no  cuestionados”  (Sentencia del 22 de  octubre    de    2001,    radicado    10.081,   M.P.   Nilson   Elías   Pinilla  Pinilla).   

         En  este  caso, aunque el demandante desaprobó la credibilidad que  le   dio   el   Tribunal   al   testimonio   de   PEDRO   NEL  GIL  –tema  que  en cuanto represente sólo  discrepancia  de  criterios  entre  impugnante  y  fallador  no  es admisible en  casación,  como  lo ha dicho reiteradamente la Sala1   

–  acertó  al  ubicar el yerro en el falso  raciocinio   porque   en   la   valoración   de   la   prueba  el  Ad  quem  habría desconocido las normas  de  la  sana  crítica.  Sin  embargo,  en  lugar  de  señalar las reglas de la  experiencia,  los  principios  de  la lógica o los postulados de la ciencia que  transgredió  el  juzgador,  así  como  las reglas, principios y postulados que  correctamente  ha  debido  aplicar,  se  limitó  a  insinuar  cómo,  desde  su  perspectiva,  se  debió  examinar  el  testimonio, para concluir que el testigo  mintió  porque  dijo  que no pudo hallar los recibos de pago, pues si encontró  algunos  es  porque  los demás no existen. Y como el Tribunal no tuvo en cuenta  esa  hipótesis,  contrarió  la sana crítica “por creerle a quien miente”,  reduciendo  el  ataque,  entonces,  a  la  inaceptable discusión sobre el valor  persuasivo de un determinado elemento de convicción.   

         Tampoco  intentó  siquiera  demostrar  cómo incidió en su juicio  que  el  Ad  quem  hubiese  omitido  valorar el testimonio según los criterios que establecía el artículo  294  del anterior estatuto procesal, reproducido en el 277 del actual, o, lo que  es  lo  mismo,  de  qué  manera  la  aplicación  de  los principios de la sana  crítica  que  detalla el precepto habría determinado una conclusión diferente  a la que arribó el Tribunal.   

         Finalmente,  como  no  se  ocupó  de  enseñarle  a  la  Corte  la  estructura  probatoria  del  fallo,  no  permitió  saber  si  éste  se apoyaba  exclusivamente  en  el  testimonio  del  señor  GIL, de suerte que corregido el  supuesto  error de apreciación denunciado, la única decisión admisible sería  de  carácter  absolutorio. Con todo, no parece que así fuera, porque de manera  tangencial  se refirió a la declaración de la denunciante, respecto de la cual  también  acusó  al  Tribunal  porque  no  tuvo  en cuenta, según dice, que se  trataba  de una testigo de oídas. Y, repítese: enjuiciar un fallo porque se ha  apartado  de  la  “sana  crítica”, no comporta simplemente oponerle “otra  sana  crítica”, es decir, la del actor. Significa que el juez se alejó de la  ciencia,   la   lógica   y   el   diario  discurrir.  Y  esto  no  lo  hizo  el  censor.   

                

         En  consecuencia,  como tampoco respecto del segundo cargo cumplió  el  casacionista  con  el  presupuesto  de  la  demanda  en  forma que supone la  observancia  de  lo  previsto  en el numeral 3º. del anterior artículo 225 del  estatuto  procesal,  ésta  se  inadmitirá y el recurso se declarará desierto.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de CARLOS ABEL  ARANGO  GARCÉS. En consecuencia, se declara desierto  el   recurso   y   se   ordena   devolver   el   expediente   al   Tribunal   de  origen.   

         Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cúmplase   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS        A.        GÁL­VEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  1 Cfr., por ejemplo, autos  del  13  y  14 de marzo y 16 de mayo de 2000, radicados 15.878, 15.753 y 16.397,  M.P.  Édgar  Lombana Trujillo, y del 11 de septiembre de 2000, radicado 15.400,  M.P.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego,  así  como las sentencias del 16 y 29 de  marzo  de 2000, radicados 10.963 y 10.858, MM.PP. Jorge Aníbal Gómez Gallego y  Carlos  Eduardo  Mejía Escobar, en su orden, y del 3 y 19 de diciembre de 2001,  radicados 10.041 y 14.837.     

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