18446(11-03-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18446  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nº: 32   

          Bogotá D.C., once de marzo de dos mil tres.   

VISTOS  

            Conforme  con lo reglado en el artículo 223 de la Ley 600 de 2000  -235  del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991-, examina la Sala de manera  preliminar  el  aspecto  formal  de  la  demanda  de revisión instaurada por el  apoderado   especial   de  FRANCISCO  JAVIER  ARBOLEDA  CARDONA,    contra  la sentencia proferida por el Tribunal Superior Antioquia el  3  de  abril de 1998, por cuyo medio confirmó la condena de 47 años, 7 meses y  6  días de prisión que el Juzgado 2º Penal del Circuito de Rionegro le impuso  al  procesado  al  hallarlo  responsable  de  los delitos de homicidio agravado,  lesiones   personales   y   porte   ilegal   de   arma   de   fuego  de  defensa  personal.     

ANTECEDENTES   

          Previas  vejaciones  a  las  que  fue  sometido  por sus captores, a  consecuencia  de  lesionamientos  producidos  con  proyectiles  de arma de fuego  perdió  la vida poco después de las 9:00 de la noche del 5 de abril de 1993 en  el  municipio  de  Rionegro,  Antioquia,   el menor Sergio Iván Gómez. La  historia  procesal  indica  que  el desenlace fatal tuvo como origen el supuesto  apoderamiento  de  una botella de vino cuya venta solicitó el antes nombrado en  asocio  de  otros compañeros en una tienda ubicada en el barrio Santa Ana de la  citada localidad, llevándosela consigo sin cancelarla.   

Desde  los  albores  de la investigación se  señaló  como autor del referido atentado y de las lesiones personales causadas  en  Óscar Darío Cardona Blandón, Humberto de Jesús Rendón Agudelo y Efraín  Bernal   Grajales,   calificadas   como  dolosas  las  perpetradas  en  los  dos  primeramente   mencionados   y   culposas   las   del  tercero,  a  FRANCISCO   JAVIER  ARBOLEDA  CARDONA  (a.  Pacho  Piyama).   Procesado  y  juzgado  en  contumacia  en razón de tales  hechos,  ARBOLEDA CARDONA fue  condenado  como autor responsable de las delincuencias reseñadas por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de la municipalidad antes dicha mediante fallo del  24  de  septiembre  de  1996,  a  la  sanción  corporal a la que en el acápite  inicial  se  hizo  alusión, la cual confirmó el Tribunal Superior de Antioquia  al  revisar  por  apelación  la determinación de primer grado, como igualmente  allí se anotó.    

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  lo  normado  en  el  artículo  232-3 del Código de  Procedimiento  Penal anterior -220 del actual- sostiene el libelista que como su  asistido  fue  juzgado  en ausencia, pretende se analice la forma en que actuó,  su  personalidad,  “las pruebas de conducta, pruebas  médico-legales  y otros factores que en conjunto, valoran al ser humano como un  ser   pensante   y   actuante   y   no   como   un  producto  social”,  razón  por la cual aspira se escuche su versión acerca de lo  acontecido  como  quiera  que su condición de procesado contumaz le impidió al  funcionario  instructor  y  al  juez del conocimiento conocer quien es él y dar  respuesta   a   la   forma   y   motivos  que  tuvo  para  actuar  tal  como  lo  hizo.   

          Como    “prueba   sumarial”  dice  el actor anexar una declaración extraproceso rendida por  su  defendido,  versión  en  la cual denota que no tuvo capacidad de comprender  los  hechos  en  el instante en que éstos ocurrieron, y otras de conducta, así  como  el  concepto  médico-sicológico  rendido  por una profesional del área,  elementos  indicantes  por  ahora  de  un  estado  de  inimputabilidad, pero que  ordenada    su    práctica   en   el   desarrollo   de   esta   “instancia”  permitirán  establecer  una  ausencia  de  intencionalidad  criminal  y  desdibujar  el dolo, “presumiendo,   entonces,   la  existencia  de  un  trastorno  mental  transitorio.”   

         

          No   pretende   plantear  errores  de  hecho  o  de  derecho  en  la  apreciación  e  interpretación  de  las  pruebas -prosigue el libelista-, cuyo  mecanismo  de  discusión  entiende  es  la casación; su planteamiento apunta a  destacar     un     “error     humano”  por la falta de fuentes de conocimiento en los funcionarios que  a  su  cargo  tuvieron  el  asunto,  al carecer de la oportunidad de estudiar el  estado  mental y sicológico del reo, pruebas que una vez aportadas acreditarán  la    calidad    de    inimputable    de    ARBOLEDA  CARDONA   al   momento  de  cometer  el  hecho.    

          En  aras  de demostrar su aserto, a partir de una óptica particular  de   los   hechos   seguidamente   el   demandante   procede  a  confrontar  los  “puntos   nuevos”  que  afirma  contienen  las  pruebas  que pretende hacer valer, y las tenidas por los  juzgadores  de  instancia  como  fundamento  de  la  condena, pues se precisa de  aquéllas   para   aclarar   lo  del  motivo  abyecto  y  fútil  deducido  como  circunstancia  de  agravación  punitiva.  No  puede  realizarse  un  examen  de  irresponsabilidad,  de  inimputabilidad,  al  margen  del  sindicado, agrega, es  necesaria  su  presencia  para  conocer  su  personalidad  y  para ello se torna  indispensable  que  se le brinde la oportunidad de ser escuchado, máxime cuando  la   labor   defensiva   sólo   tuvo   como  mira  controvertir  la  prueba  de  autoría.    

          En  cuanto al estudio de la conducta humana, en este asunto se echan  de  menos  todas  las  pruebas  dirigidas  a  dar cumplimiento a las previsiones  contenidas  en  el  Art.  334-5  del  C.  de P. Penal anterior -331 del actual-,  precepto  que  obliga  al funcionario judicial procurar el total esclarecimiento  de los hechos.   

          Como colofón de su pretensión, aduce el demandante:   

“(…)  El  día  en  el cual se presentaron los hechos, hubo,  existió  una  agresión  física  contra el condenado y en esos momentos él no  llevaba  consigo  un  arma  sino  que  la  misma le fue entregada en ese preciso  instante.  Las  pruebas obrantes dejan notar que HUMBERTO RENDÓN le propinó un  golpe  en  la  cara  a  FRANCISCO  ARBOLEDA  y  éste  reaccionó inmediatamente  después,  actuó sin medir sus actos, obró en un estado de ira e intenso dolor  causado   por   esas  provocaciones  de  hecho:  recibió  un  puñetazo  en  la  cara.   

“Del  material  probatorio  se  infiere,  un  indicante  sino indicio, de una actuación bajo un  estado  de  emoción  violenta,  por  eso  es  importante revisar la sentencia y  permitir la práctica de pruebas nuevas sobre estos hechos.   

“Es  importante  saber  si  el  estado  de  ira  alcanzó  a  perturbas  o  reprimió  de  manera  transitoria,  la capacidad de comprensión del acto y de determinarse de acuerdo  con  esa  comprensión.  Se  trata  de conocer, si el hoy condenado, obró en un  estado    mental    transitorio    -sic-.  Esto aún permanece oculto, desconocido hasta tanto se decrete la  revisión (…)”   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.  La  acción  de  revisión  procede  contra sentencias que hayan  hecho  tránsito a cosa juzgada, disponía perentoriamente el Art. 232 del C. de  P.  Penal de 1991, como hoy igualmente lo prevé el 220 de la Ley 600 de 2000, y  el  escrito por cuyo medio se pretende su remoción no es de libre formulación,  por   cuanto   el   Art.   234   ibidem  -222  de  la nueva ley procesal penal- impone el cumplimiento de los  presupuestos  de  forma  y contenido allí relacionados, cuya inobservancia hace  que  la  respectiva  demanda resulte inidónea y por consiguiente su inadmisión  es la consecuente declaración que ha menester hacer.   

          Entre  las  exigencias  señaladas  en el precepto citado en último  lugar,  su  inciso  final  establece  que  con  el  escrito correspondiente debe  acompañarse  copia  de  los fallos de primero y segundo grados, “y  constancia  de  su ejecutoria”, según  el  caso,  cuya  omisión,  dado  el  carácter  rogado  de la acción, no le es  posible enmendar de oficio a la Corte.   

          De  una  tal  falencia,  adolece  la  demanda  de  cuyo examen en su  aspecto  formal  se  ocupa la Sala, puesto que si bien el libelista arrimó como  anexo  de  su  escrito  copias  de  los  fallos  producidos  en  las  instancias  ordinarias,  olvidó  aportar  las  constancias acerca de su ejecutoria, defecto  este  que  impone  su  inadmisión a voces del Art. 235  del  C.  de  P.  Penal  de  1991  -223  del  actual-.   

         

2.  Ahora,  al  margen  de  lo anterior y en  tratándose  de  la  causal  3ª  esgrimida  por  el  demandante  como motivo de  revisión,  tiene  dicho la Corte que esta acción no es una instancia más a la  cual  acudir  en  demanda  de  un  reexamen  probatorio, como aquí se pretende,  puesto  que si el objetivo fundamental de la revisión es enmendar la injusticia  material    de   un   fallo   -en   el   evento   sub  lite   permitir  la  demostración  de  que  ha  sido  condenado  como  responsable de un delito un  inimputable-, debates como el  que  aquí  se  plantea atinente al pretextado “error  humano”  del  juzgador  por  carecer  de  fuentes de  conocimiento  que  habrían  posibilitado  establecer la condición de enajenado  mental  transitorio  del  hoy  condenado, y la manera como aspira a arribar a la  demostración  de  un  estado  de  emoción  violenta como la ira presente en el  comportamiento   del  agente,  son  por  completo  extraños  a  la  acción  de  revisión.   

         

         En  efecto,  de  los  términos  de  la  demanda  sin  dificultad  se  concluye que el demandante  pretende  acreditar  la  inimputabilidad  de  su  patrocinado,  a  partir  de un  “hecho  nuevo” -presencia  del  estado  de  ira  en  el  reo  al desplegar su conducta-, cuya demostración  impone  la  recepción  de algunos testimonios, incluyendo la versión  del  condenado  acerca  de lo acaecido, quien por su condición de procesado contumaz  no  fue  posible  escuchar  en  descargos,  y  la  práctica  de  una experticia  siquiátrica     -“pruebas     nuevas”-,  estado aquel que sólo pudo entreverse con posterioridad a la  ejecutoria material de la censurada decisión de condena.   

          Pues  bien,  la  Sala  viene  sosteniendo  que  cuando,  como  en el  presente  caso,  el  soporte  de  la  pretensión  es la tercera de las causales  previstas  en  el  artículo 232 del estatuto procesal penal -hoy corresponde al  220-,  ya  por  la  aparición  de  hechos  nuevos,  ora  por pruebas de similar  naturaleza   que   apuntan   a  acreditar  la  inocencia  del  condenado,  o  su  inimputabilidad,  corresponde  al  actor  probar  no  sólo  el  surgimiento  de  aquéllos  o  de  éstas,  sino,  lo  más  importante,  que el fallador no tuvo  oportunidad  de  pronunciarse  sobre  tales  elementos  de convicción, y que de  haber  sido  conocidos  u oportunamente incorporados al expediente, la solución  del   asunto   hubiera   sido   sustancialmente   distinta   y   opuesta   a  la  adoptada.   

          En  cuanto  a  los supuestos de hecho de la referida causal, una vez  más  reitera  la  Sala lo que de antaño ha venido repitiendo: Por hecho   nuevo   debe   entenderse   todo  acaecimiento   o   suceso   fáctico  vinculado  al  hecho  punible  materia  de  investigación,  del cual no se tuvo conocimiento en ninguna de las etapas de la  actuación  judicial,  de  manera  que  no  pudo  ser controvertido.  Y  por  prueba  nueva,  todo medio probatorio  -documental,  pericial  o  testimonial- no incorporado al proceso, que da cuenta  de  un  hecho  desconocido, o de una variante sustancial de un hecho conocido en  las  instancias,  cuyo  aporte ex novo tiene la virtualidad de derruir el juicio  positivo  que  se  concretó  en la decisión de condena. -Cfr. autos del 1º de  diciembre  de  1983, M. P. Alfonso Reyes Echandía, y 18 de marzo de 1997, M. P.  Fernando Arboleda Ripoll, entre otros-.   

          En  el  asunto  que  ahora ocupa la atención de la Sala, si bien en  principio  es  dable aceptar que el hecho que presenta el demandante como motivo  para  la  rescisión  parcial del fallo de condena podría tildarse de nuevo, es  lo  cierto  que  la  demanda  no  puede  tener  vocación de prosperidad, porque  tratándose  de un hecho nuevo y consecuentemente de una prueba nueva por virtud  de  la  cual  se  lo pretende acreditar, era de elemental rigor jurídico que se  indicara  de  manera  clara y precisa la forma como de aquél se tuvo noticia; y  en  cuanto  a los declarantes de cuya versión pudiera inferirse el mismo, todos  los  datos necesarios para que la Corte pueda formarse una idea inicial respecto  de  la  trascendencia,  seriedad  y  procedencia  de  la  acción impetrada, que  depende,  como  lo  establece  la  ley,  de  la naturaleza novedosa del medio de  prueba respectivo.   

          Sobre  estos  puntuales  aspectos  el  demandante apenas sí atina a  indicar  el  carácter  de  contumaz  del  sentenciado,  olvidando que no fue la  judicatura  la  que le impidió dar cuenta oportuna de sus actos, cuya huida del  teatro  de  los  acontecimientos y de su resistencia a comparecer al proceso, la  verdad    sea   dicha,   desvirtúan   esa   incapacidad   de   comprensión   y  autodeterminación  que hoy se alega, reparada la secuencia comportamental de su  evasión  prolíficamente  descrita  en los fallos de instancia, al punto de que  para  procurarse  refugio  hubo  de  ingresar  a  la residencia del amigo que le  hacía  compañía  para  el  momento  de  los  hechos,  por  el  entejado de la  vivienda,  para  posteriormente  escabullirse  en un taxi con rumbo desconocido.   

Sobre lo sucedido, es rica la prueba que obra  en  autos, según se desprende de los pronunciamientos del Juez de la causa y el  Tribunal  al  examinar  la  abundante  prueba  testimonial  que  da cuenta de lo  acaecido;  y  el  estado de ira del cual se pretende hacer derivar la pretextada  enajenación  mental  transitoria en sede de revisión, no sugerido siquiera por  el  defensor  de  entonces  quizás  porque  entendió  que no había lugar a su  reconocimiento,   mal   puede   alegarse   frente   a   quien   no  provocó  su  desencadenamiento  -el  interfecto-,  como  quiera  que  la  supuesta ofensa -la  cachetada-  se la propinó al condenado un tercero al reaccionar  por haber  sido  derribado de su motocicleta por aquél, cuando se disponía a abandonar el  lugar  de  los  hechos  llevando  consigo  al  menor  que  a la postre devino en  víctima  del  homicidio,  en  vano  intento  por  proteger su vida.     

En  suma,  falta de claridad y precisión en  relación  con  lo  que  se  quiere  probar -ira, inimputabilidad, o ausencia de  circunstancias  de  agravación  punitivas  en el actuar del agente, estados con  connotaciones  y  consecuencias  jurídicas  diversas  que  ameritan tratamiento  diferente-,  son  los  defectos  de  los  que  se resiente la argumentación del  libelista, razón suficiente para que la demanda sea rechazada.   

Finalmente dígase que categóricas resultan  ser    las    deducciones   del   Ad-Quem  al  discurrir  sobre  el  móvil  o motivo de la acción homicida,  razonamientos   que   de  tajo  descartan  cualquier  asomo  de  incapacidad  de  comprensión  y  autodeterminación  en  el agente; lo anterior significa que de  alguna  manera la materia cuyo debate aquí se pretende ya fue objeto de examen,  situación  que  le  resta eficacia a la prueba ex novo  para   desquiciar  los  fundamentos  del  fallo  cuya  revisión se pretende.  Expuso el Tribunal:   

“Repárese en que  el  hoy  acusado  fue  la  persona  que dispuso la aprehensión del menor Sergio  Iván,  so  pretexto de que había hurtado una botella de vino en una tienda del  sector.  Y  no  contento  con  el  arresto  del  jovencito, bajo su dirección e  intervención  directa  lo sometió a una salvaje golpiza que indujo a varios de  los  presentes  a  intervenir  en  favor  de  Sergio  Iván,  a fin de evitar la  prosecución  del castigo. Los intervinientes aconsejaron a ARBOLEDA que pusiera  en  libertad  al  ladronzuelo  o que lo dejara a disposición de la autoridad de  policía  correspondiente,  pero  que  en  todo  caso cesara de aplicarle golpes  inmisericordes.  Pero  si bien es cierto que FRANCISCO interrumpió la golpiza y  temporalmente  dejó  en  libertad al menor, no lo es menos que persistió en su  ánimo  el  acoso contra él, como lo revela la circunstancia de que después de  dejarlo  libre  lo derribó de las motocicleta al piso, hecho de tan provocadora  entidad  que  indujo  a Humberto Rendón a incorporarse del suelo y aplicarle un  golpe  en  el  rostro,  para  continuar en cadena los eventos dañosos de que da  cuenta  el proceso. Las actitudes de FRANCISCO JAVIER sobre la persona del menor  Sergio  Iván  revelan  a  las claras su hostilidad y animadversión; la golpiza  inhumana  aplicada  en  asocio de sus acompañantes, muestra que ningún respeto  tenía  por  su integridad corporal, lo cual se refrenda con el hecho de haberlo  derribado  al  piso  de  la  motocicleta  en el preciso momento de arrancada del  vehículo.  Y  por  último,  la persecución que desató contra Sergio Iván al  percatarse  que  el  menor  había  tomado  las  de  villadiego  aprovechando la  coyuntura  del  tiroteo,  el  lesionamiento  de  varias personas y la confusión  creada,  indica la persistencia de los sentimientos agresivos de ARBOLEDA contra  dicho         menor         (…)”                      

          Así  las cosas, como el escrito de demanda incumple básicamente la  exigencia  formal  prevista  en  el  artículo  234-3  del  C. de P. P. -220 del  actual-,  se  impone  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo  indicado  en el  artículo  235 ejusdem -223 de  la  Ley  600  de  2000-.  A ello se procederá una vez reconocido el apoderado a  cuyo cargo estuvo la elaboración de la demanda.   

En  mérito  a  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

1.  Reconocer  al  doctor  Efraín  Burbano  Castillo  como  defensor del condenado FRANCISCO JAVIER  ARBOLEDA  CARDONA, en los términos y para los efectos  precisados en el poder conferido.   

2.           INADMITIR  la  demanda de revisión que en  representación  del  antes  mencionado  instauró  su  defensor, conforme a las  motivaciones plasmadas en el cuerpo de este proveído.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

            

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                 HERMAN          GALÁN  CASTELLANOS        

CARLOS        A.        GÁLVEZ  ARGOTE            JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO      

EDGAR           LOMBANA  TRUJILLO              ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

             

MARINA PULIDO DE BARÓN  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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