18228(13-08-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 18228  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 93  

          Bogotá,  D.  C.,   trece  (13)  de  agosto  del  dos  mil tres  (2003).   

VISTOS  

          La   Corte   resuelve   la   acción  de  revisión    solicitada    en   pro   de  Gabriel  Efraín Narváez Aguancha, quien  fuera condenado por el delito de prevaricato por acción.   

ANTECEDENTES  

          Mediante  sentencia  del  16 de julio de  1999,  el  Juzgado  Quinto  Penal  del  Circuito de Cartagena declaró al señor  Gabriel    Efraín   Narváez   Aguancha  penalmente  responsable,  como  autor,  del  delito mencionado. Le  impuso  las  penas  principales  de  18  meses  de  prisión  e interdicción de  derechos  y funciones públicas por el mismo lapso, y le reconoció el derecho a  la condena de ejecución condicional.   

          El  fallo fue recurrido por el defensor y confirmado por el Tribunal  Superior de esa ciudad, el 26 de octubre del 2000.   

    Interpuesto el recurso de  casación, la demanda fue inadmitida el 5 de diciembre del 2002.   

          El    apoderado   del   señor   Narváez  Aguancha solicitó la revisión.   

HECHOS  

El  14  de  julio  de  1992,  Gabriel  Efraín Narváez Aguancha, Alcalde  municipal  de  Soplaviento  (Bolívar),  expidió  el Decreto 034, por medio del  cual  declaró insubsistente a la profesora Rosa Elena Escobar Vergara, quien se  encontraba  vinculada al jardín infantil “Mis primeros sueños”, entidad de  carácter  privado, ubicada  en  el  corregimiento  de  San Cristóbal. En su reemplazo, nombró a la señora  Aura Guerrero Orozco.   

Adelantada  la investigación, el 4 de enero  de  1996  el  sindicado  fue  acusado  como  autor del delito de prevaricato por  acción y luego condenado en la forma ya expresada.   

LA DEMANDA  

          El  apoderado  del  doctor  Gabriel Efraín  Narváez    Aguancha    invocó    la   causal tercera de revisión.   

          Fundamentalmente, expresó:   

          1.  Después  de las sentencias producidas  por   las   instancias,  surgieron  hechos  y  pruebas  que  demuestran  que  la  institución  para  la  cual  el ex Alcalde nombró a la jardinera Aura Guerrero  Orozco,   no  era  de  carácter  privado  –base  para  deducir  su responsabilidad- sino público.   

          2.  Si  bien  en  un  comienzo se creó un  centro  privado, en 1991 se  solicitó       al      burgomaestre      Narváez  Aguancha   lo   convirtiera   en   ente  oficial.  Esto  se  hizo  por  medio  del  Acuerdo  del Concejo Municipal 014 de ese año, “el cual, por ese desorden que  caracteriza  a  la  Administración  Pública de los municipios pequeños, no se  encuentra”.  Pero  los  ediles  de esa época pueden corroborar la situación,  con  lo  cual  se  desvirtúa  el testimonio del señor Néstor Consuegra Ariza,  quien      en      forma     irresponsable     calificó     de     privado el hogar infantil.   

          3.  Mal  asesorado  por  su  defensor,  el  procesado  mintió  en  su  indagatoria,  pues  aceptó  que  el  instituto  era  privado  y  no público.   

          En  consecuencia,  la  Corte debe revisar la actuación y remitir el  asunto  a  fase anterior, para que se reinicie a partir del traslado previsto en  el artículo 446 del Código de Procedimiento Penal de 1991.   

TRÁMITE DE LA ACCIÓN  

          Se  obtuvo  el  proceso  que  se  pide revisar. El demandante anexó  diversos  documentos.  La Corte dispuso la práctica de inspecciones judiciales,  para  aportar  otros,  y  fueron recibidos varios testimonios. A tales piezas se  irá haciendo referencia en desarrollo de esta sentencia.   

ESTUDIOS DE LAS PARTES  

Del demandante  

          El  apoderado  del  señor  Gabriel Efraín  Narváez Aguancha dijo:   

          1.  En  los  procesos  de  participación  comunitaria  tendientes  a  encontrar soluciones a las necesidades de los grupos  vulnerables,  el  Estado  aporta  parte de los recursos. Por ello puede celebrar  convenios con entidades privadas sin ánimo de lucro.   

          Por  tanto,  para  deducir  el  delito de prevaricato investigado no  bastaba     conocer     si     el     hogar     infantil     era    privado. Si el nombramiento del jardinero  apuntaba   a   aquella  finalidad,  no  importaba  que  el  instituto  no  fuera  público. De tal manera que  con    su    actuación   el   Alcalde   no   contrarió   la   ley   en   forma  “manifiesta”.   

          2.  La  sentencia  de  primera  instancia  “equivoca la valoración de la prueba en forma abismal”.   

          3.  La  fiscalía  de  aquel  entonces  no  investigó  la  verdad  real.  Si  lo hubiera hecho, habría concluido que no se  trataba   de   un   “establecimiento   educativo   privado”,   sino  de  una  “asociación,  agrupación o hermandad de madres comunitarias” sin ánimo de  lucro,  circunstancia  que  permitía  fuera  apoyada  por  el Municipio dada su  misión  de  proteger  la  niñez  desamparada,  alejada de cualquier propósito  egoísta.   Sin   embargo,   sin   pruebas,   el   A  quo supuso otra cosa.   

          4.  El juez de primera instancia no podía  censurar  –y sin embargo lo  hizo-  al  Alcalde  por haber acatado un Acuerdo Municipal que le ordenaba pagar  el   salario   a   los  “jardineros”.  Ese  Acuerdo  equivalía  a  una  ley  material.   

          5.  El  proceso  se  inició,  adelantó y  culminó  con  la  única idea de “despojar al Alcalde Popular de su cargo”.   

          6.  El trabajo investigativo de fiscales y  jueces se quedó en la mitad.   

          7.  Las  pruebas que se tuvieron en cuenta  para  fundamentar  la condena no son idóneas. “En nuestro sentir, se cometió  una  ‘Vía  de hecho por  omisión ’”.   

          8.  Si en gracia de discusión se aceptara  que    el    jardín    fuera    privado,  la  tipicidad  resultaría degradada porque el Acuerdo 14, del 29  de  noviembre  de  1992,  que  entró  en  vigencia  el  13  de  febrero de 1993  –“prueba   nueva   y  reina”-,  lo convirtió en ente público.  Y  esto  sucedió antes de que fuera proferido el fallo de primer  grado.   

          9. Las “pruebas nuevas” demuestran los  dos  aspectos  objeto de debate: a), la naturaleza asociativa y comunitaria, con  fines  altruistas, del jardín infantil; y, b), la transición que hizo el ente,  de     simple     grupo     de     madres     comunitarias,    a    público,  producto del Acuerdo 14 del 29  de  noviembre  de  1992,  vigente  desde  el  13  de  febrero de 1993. Con esto,  insiste,  la  conducta  se  tornó en “atípica”. O, si la Sala no lo estima  así,  el  comportamiento  carecería de “antijuridicidad material”. En todo  caso,  se  ha  probado  la  inocencia del procesado, pues actuó al amparo de la  Constitución de 1991.   

          Termina  solicitando  declarar  fundada la causal invocada y revisar  las sentencias censuradas, en los términos de la demanda.   

         

Del Ministerio Público  

         

          El   Procurador   Primero  Delegado  para  la  Investigación  y  el  Juzgamiento  Penal recomienda a la Sala rechazar las pretensiones del actor. Sus  razones son:   

          1.  De los medios de convicción aportados  en  el  trámite  no resulta que las sentencias emitidas hubieran sido injustas.   

          La  demanda  origen  de la acción parte de que en su indagatoria el  señor   Narváez  Aguancha  mintió  a  la  justicia  al  afirmar  que  el jardín infantil era de carácter  privado.  De aquí surge la  inquietud,  muy  probable,  de  que   pudo  faltar  a  la  verdad  en otros  aspectos,  en  especial respecto de la existencia del Acuerdo que declaraba como  entidad  de  derecho público  al  centro educativo, elemento de juicio que pudo anexar en las instancias, pues  no se trataba de prueba que no pudiera ser aportada oportunamente.   

          2. Aún aceptando que el Alcalde Municipal  desconociera  la  naturaleza  real  de  esa  institución,  las  nuevas pruebas,  parangonadas  con  las valoradas por los jueces, no acreditan que estos hubieran  incurrido  en  una  equivocación  grave al concluir sobre el origen del jardín  infantil  y sobre la responsabilidad por prevaricato del Alcalde con base en que  declaró  insubsistente  a  Rosa  Elena  Escobar  Vergara  para  nombrar  en  su  reemplazo a Aura Guerrero Orozco.   

          3. Pese a que en la demanda se dijo que el  Acuerdo  14  del  29 de noviembre de 1991 creó el centro de atención infantil,  tal  disposición  no  fue  encontrada. Sólo fue hallado un Acuerdo de 1992. De  aquí  se  desprende  que  lo proyectado en 1991 se concretó el año siguiente,  pues  sería  ilógico  pensar en la emisión de dos normas en igual sentido. De  otra  parte,  las  madres  de  la  comunidad  no  fundaron  ninguna institución  educativa,  que  fue  lo  hecho  por  el  Acuerdo 14, materializado en 1993. Por  tanto,  mal  se  puede  pensar  que  en  1992  funcionara el jardín infantil de  carácter             público.   

          Se  reafirma,  entonces,  que  para  el año 1992, en Soplaviento no  existía   una  institución  educativa  dependiente  del  Municipio,  sino  una  asociación  absolutamente informal. Y “que, por lo mismo, no estaba facultada  su  suprema  autoridad  administrativa  para  decidir  quiénes podían impartir  educación a los infantes que allí se encontraran”.   

CONSIDERACIONES  

          Con  el  fin  de  determinar  si se demostraron los requisitos de la  causal  de  revisión  invocada, se debe partir de lo presupuestos probatorios y  jurídicos  que  –con base  en  los  cargos  formulados por la fiscalía- llevaron a los jueces de primera y  segunda  instancias  a  concluir  que  existía  certeza  sobre la comisión del  delito  de  prevaricato  por  parte del Alcalde Gabriel  Efraín Narváez Aguancha.   

         1.  Los  fundamentos  de  la  decisión de  primera  instancia, dictada  el 16 de julio de 1999, fueron los siguientes:   

         1.1.  El  sindicado  expidió  el  Decreto  034  del  14 de junio de  1992.   

         1.2.      El      doctor      Narváez  Aguancha  admitió  que  la  denunciante se encontraba  vinculada     a     un    jardín    infantil    de    carácter    privado.   

         1.3.   Es  inconcebible  que  en  ese  decreto  se  ofrecieran  unas  motivaciones y se llegara a una decisión radicalmente opuesta.   

         1.4.  En la indagatoria, el acusado explicó que por estar vinculada  a   un   instituto  privado  -no  oficial- era jurídico  declarar  insubsistente  a  Rosa  Elena Escobar y designar un reemplazo. Pero en  ampliación  de la diligencia afirmó que una comisión de la junta de padres de  familia  le  había  solicitado  nombrara  docentes  para  el  jardín infantil,  inquietud  que  presentada  al  Concejo condujo a este organismo a que incluyera  una  partida  en  el  presupuesto por ese concepto. Eso le permitió realizar el  nuevo nombramiento, porque la comunidad exigía el cambio.   

         1.5.   El   Alcalde  no  podía  nombrar  profesores  para  un  ente  privado  y  pagarles sueldo  con  dineros  públicos. Al  hacerlo, violó el artículo 355 de la Constitución.   

         1.6.         Las        pruebas        aportadas        –testimonios,  documentos,  inspección  judicial- ofrecían certeza sobre el delito.   

         1.7.   La   declaración   de   Néstor   Consuegra   ratificó  los  hechos.   

         1.8.  Si  el  Concejo  asignó una partida para pagar docentes a una  institución   privada,  el  burgomaestre debió inaplicar la orden por inconstitucional.   

         1.9.  El funcionario fue temerario en su actuar, pues con las mismas  razones declaró una insubsistencia y realizó un nombramiento.   

         1.10.  No  existió  el  error  como  causal  de  inculpabilidad. Un  Alcalde  –máxime  si era  profesional-  no  podía  desconocer  sus funciones. Supo que la designación de  Escobar   Vergara   fue   anómala   –por  eso la declaró insubsistente- pero, en el mismo acto, designó  a Guerrero Orozco, repitiendo, “a sabiendas”, la irregularidad.   

         1.11.  El  señor  Consuegra  Ariza  afirmó que, en su opinión, el  jardín fue utilizado para favorecer asuntos politiqueros.   

         1.12.  El  procesado indemnizó los perjuicios, “lo que de por sí  es  un indicio grave de responsabilidad… (porque) nadie paga unos daños si en  el fondo está convencido de que no violó ningún precepto”.   

         2.   El   Ad  quem,  en  sentencia  del  26  de  octubre  del  2000,  partiendo  de  la  premisa según la cual el apelante sólo se había referido a  la  ausencia  de  dolo,  debido al error invencible con que actuó el sindicado,  expuso estos motivos:   

         2.1.  El  dolo  se  podía  vislumbrar  a  partir  del  contenido y,  especialmente,  de  la magnitud del yerro mismo en que incurrió el agente de la  infracción. Esto descartaba la ignorancia o buena fe.   

         2.2.   El   procesado,  en  su  condición  de  Alcalde,  no  podía  desconocer  algo  tan  elemental como la imposibilidad de nombrar docentes de un  “plantel          educativo”         del         sector         privado.   No  podía,  entonces,  estar  convencido  de  la  legalidad  al disponer libremente sobre la suerte laboral de  dos   personas   que   no   formaban   parte   de   la   nómina  de  servidores  públicos.   

         2.3.  Aceptar  que lo hizo, dada “la continuidad de esa situación  administrativa”,   implicaría   aceptar  que  una  costumbre  malsana  podía  convertir  en lícito lo expresamente prohibido por la ley. Al respecto, Néstor  Consuegra    explicó    que    ese   jardín   era   utilizado   para   manejos  políticos.   

         2.4.   El   sindicado   sabía   de   la   naturaleza   privada  de la institución. No obstante,  produjo  el  decreto,  cuyas  motivaciones  exigían  una  decisión  opuesta al  nombramiento  que  realizó.  Esto  demuestra  su  conciencia  de  que  el  acto  contrariaba la ley.   

         3. En la demanda  de   revisión  se  afirma  que  el  soporte  de  las  sentencias  estaba centrado en que  considerado el jardín infantil como un  ente  de  índole privada, el  doctor  Gabriel  Efraín Narváez Aguancha,  en  su  condición  de Alcalde, no podía designar profesores con  cargo al erario.   

         Dice    el    censor    que   el   hecho  nuevo que demuestra la injusticia de las decisiones de  instancia,   es  este:  “el  Hogar  Infantil  o  Jardín  de  San  Cristóbal,  Bolívar…  NUNCA  FUE  PRIVADO,  SINO QUE FUE PÚBLICO DESDE 1991, año en que  fue  creado  como establecimiento público de protección a la niñez, a través  de  un  Acuerdo  Municipal,  el  cual,  por  ese  desorden  que caracteriza a la  Administración Pública… no se encuentra”.   

         4.  Para  solicitar  la  revisión  de los  fallos,   invoca   la   causal   tercera  del  artículo 232 del Código de Procedimiento Penal de 1991 (220  de  la  Ley  600  del  2000).  De  acuerdo  con esta norma, procede la revisión   

         “Cuando  después  de  la sentencia condenatoria aparezcan hechos  nuevos  o surjan pruebas, no conocidas al tiempo de los debates, que establezcan  la inocencia del condenado”.   

         Tal  motivo,  en  casos como el actualmente estudiado, nace si en el  trámite  de  la  acción  se  obtiene  un  medio  de  prueba que no fue posible aportar en el decurso normal  del  proceso.  Esta  evidencia se debe caracterizar por su fortaleza valorativa,  tanta  que  tiene  que  incidir  en las fundamentaciones expresadas por las  instancias,  al  punto  que,  si  hubiera  sido  conocida oportunamente, habría  conducido  a una decisión totalmente diferente, por ejemplo, absolutoria en vez  de condenatoria.   

         No    es    prueba    nueva,   entonces,  la  formulación  de  otro  análisis  de  los elementos probatorios ya examinados  por  los  jueces  de  primera  y  segunda  instancias,  así  sea  muy original.   

         La      novedad      se      predica      de     la     prueba   y   no   de   los  nuevos  argumentos  valorativos  críticos  que    presenta    un    letrado.    En    este    supuesto,   lo   novedoso  es  el criterio del accionante;  no la prueba.   

         A  esto  último  se  dedicó  el  apoderado del doctor Narváez  Aguancha  en  buena  parte de su  estudio  previo  a  la  emisión de esta sentencia: transcribió cada una de las  pruebas  y  las  razones de los funcionarios judiciales, a todo lo cual opuso su  propia  visión de las cosas para, por supuesto, concluir que los jueces habían  actuado desacertadamente.   

         Como  la  revisión  no es una tercera instancia, ni es un escenario  para  volver  a  disputar  sobre los medios probatorios ya estudiados dentro del  trámite    ordinario    del    proceso,   la   acción   intentada   no   puede  fructificar.   

         5.   La   solicitud   partió   de   algo  inocultable:  que las decisiones condenatorias se basaron en la demostración de  que  con  el  Decreto  034  del  14  de  julio  de 1992, el Alcalde Narváez  Aguancha realizó el nombramiento  de   una   profesora   para   una   institución   de   carácter   privado,  comportamiento  que  le  estaba  vedado.  Si  se  recuerda  la  reseña  hecha  por  la Corte a propósito de los  motivos  aducidos por los funcionarios de 1ª. y 2ª. instancias, en esto asiste  razón al demandante.   

         Según  las  frases  de  la  petición  incorporada en la demanda de  revisión,  las  pruebas  nuevas  apuntarían  a  demostrar lo contrario: que el  jardín  infantil  “era  PÚBLICO  para la fecha de los hechos (14 de julio de  1992)  y  no  privado”;  que “NUNCA FUE PRIVADO, SINO QUE FUE PÚBLICO DESDE  1991,  año en que fue creado como establecimiento público de protección de la  niñez,  a  través  de  un  Acuerdo  Municipal”; y “que ese ente jamás fue  PRIVADO…    sino    que   era   un   ESTABLECIMIENTO   PÚBLICO,   DEL   ORDEN  MUNICIPAL”.   

         En   último   momento   –en  el  trabajo  previo  a  la  sentencia  de  revisión- cambió el  planteamiento  defensivo,  si  se  compara  con  las pretensiones de la demanda.  Ahora,   la  defensa  acepta  que  la  creación  del  ente,  como  público,  fue posterior a los hechos, o,  lo  que  es  lo mismo, que para cuando se expidió el Decreto 034, aquél no era  oficial.  Y varió entonces  su  tesis:  a  partir  de  sus  propias  reflexiones,  concluyó  que el jardín  infantil   era   una   obra  altruista,  establecida  por  madres  comunitarias,  circunstancia   que   lleva   a   la   atipicidad   del   comportamiento,  a  su  antijuridicidad o hasta a la inculpabilidad.   

         Esa  oscilación  del actor desde luego que hace fenecer la acción.  Como  los  elementos  de  juicio  que  invocó para fundamentar la demanda no le  dieron  la  razón,  sin ningún inconveniente y sin ningún empacho, tomó otro  rumbo, se alejó del núcleo de la demanda.   

         El  debate,  según  la  causal,  los  hechos  y  las pruebas nuevas  invocadas,  se debía circunscribir, única y exclusivamente, a demostrar que el  instituto  para  el  cual  se  nombró  a la profesora Aura Guerrero Orozco, era  público,   oficial,  y  no  privado.   

         El  togado no lo hizo así. Sustituyó su propuesta. Y tras hacerlo,  ahora  quiere  que  se  reabra   la  discusión,  que  ya fue agotada en la  fiscalía,  el juzgado y en el Tribunal. Es inadmisible que ya hoy, aceptando el  carácter   privado   del  instituto,  persiga un reexamen orientado hacia la tipicidad, la antijuridicidad  y  la  culpabilidad.  Esto  escapa rápidamente a la naturaleza y a la razón de  ser de la revisión.   

         6.  Resáltese  lo  siguiente,  como  con  acierto  señala  la  Procuraduría Delegada: los juzgadores, para arribar a sus  conclusiones,  se  cimentaron,  entre otros elementos de juicio, en las palabras  del  indagado,  quien  aceptó que el centro para el cual designó una persona a  cargo  del erario era privado  y que incluso no tenía licencia de funcionamiento.   

         A  tan  irrefutable  manifestación, el demandante buscó bajarle la  intensidad    probatoria.   Dijo,   entonces,   que   el   doctor   Narváez  Aguancha  había  faltado  a  la  verdad  por  indebida  asesoría. De aquí se puede inferir, con probabilidad de  acierto,  que  lo  propio pudo hacer el Alcalde con lo referente a la existencia  del  Acuerdo  que dio vida al jardín infantil como entidad de servicio público  u  oficial.  Esto es, que para el momento de los debates sabía de su existencia  y  sin  embargo  ocultó el hecho para no contrariar sus descargos. Lo propuesto  por   la   defensa,   así,   no  sería  un  elemento  de  juicio  nuevo apto para ser oponible al contenido  de las decisiones judiciales.   

         7.  Las  pruebas  nuevas  no  lastiman  la  esencia de los fallos de los  jueces:  el carácter privado  del   establecimiento   para  el  cual  el  procesado  designó  una  profesora.   

         7.1.  La  denominada por el apoderado “prueba nueva y reina”, el  Acuerdo  Municipal  número  14,  es  del  29  de  noviembre de 1992 y entró en  vigencia   en  febrero  de  1993.  Este  dato  objetivo  descarta  el  argumento  sustancial  de  la  petición,  consistente  en que para el 14 de julio de 1992,  cuando   se  profirió  el  decreto  tachado  de  ilegal,  la  institución  era  oficial. Como es nítido, el  Concejo Municipal la creó cuatro meses más tarde.   

         Los  estudios  de  la defensa encaminados a demostrar que el Acuerdo  no    había    hecho    algo    más    que    “transformar”   –no  “crear”-  la  institución  no  pueden  ser admitidos pues en la demanda de revisión se hacía hincapié en que  ese       ente       jamás,      nunca,      había      sido      privado  porque,  desde  un  comienzo  y  siempre,        fue        público.   

         Por  lo  demás, el análisis así propuesto va en contravía de las  consideraciones  y  decisiones  del  Acuerdo. Una lectura desprevenida del mismo  despeja cualquier incertidumbre:   

         Uno.  La determinación fue: “Creace el  CENTRO  DE ATENCION INFANTIL DEL CORREGIMIENTO DE SAN CRISTOBAL JURISDICCION DEL  MUNICIPIO DE SOPLAVIENTO”.   

         Dos.  Las  consideraciones  aluden  a  la  inexistencia   de  esa  clase  de  entidades,  como  que  “hace  falta…  una  institución  infantil  que  albergue  a aquellos niños… con la creación del  centro  se  dará  una  mejor  formación…  Es  de  vital  importancia para la  comunidad  de éste corregimiento la construcción de la sede y la creación del  Centro…  Este  proyecto  se  presenta  después de haber realizado encuestas a  nivel  de  todo  el  corregimiento…  y  además  se  pudo concluir que todo se  solucionaría con la creación de un ente…”.   

         Si  “hacía  falta  una institución infantil”; si las encuestas  realizadas  permitían  establecer como solución “la construcción de la sede  y  la  creación  del  centro”,  y esto fue lo acordado, no hay duda en cuanto  antes  de  ese  Acto  no  existía  el  organismo.  Luego  mal se podía cambiar  (“transformar”) lo inexistente.   

         7.2.  Los  restantes  elementos  de  juicio  no  demuestran  que con  anterioridad  al  Acuerdo  el  centro  de  atención infantil fuera de carácter  oficial.   

         Actas  de  nombramiento  y  posesión de “jardineros”, así como  comprobantes   de  cheques  con  los  que  presuntamente  fueron cancelados  salarios   en   épocas   pretéritas,  no  desvirtúan  los  hechos  objeto  de  investigación  y  sanción  y  sí,  más  bien, avalan las conclusiones de las  sentencias:  la  designación  de  profesores  para  instituciones  privadas   con   cargo  al  presupuesto  del Municipio. Y que esto fue  lo  que  quiso  corregir  el  doctor  Gabriel  Efraín  Narváez  Aguancha,  mediante  el  decreto 034, para a  renglón   seguido   nombrar   a   la  profesora  Aura  Guerrero  en  idénticas  condiciones.   

         7.3.  Las declaraciones recibidas tampoco verifican el objeto que se  buscaba  probar, pues mientras las señoras  Fidia Isabel Ortiz de Torres y  Mary  Luz  San  Martín  de  Puello  afirman  que  nada saben sobre el tema, don  Espíritu  Sarmiento  Bahórquez  dice  que  en 1991 se presentó el proyecto de  Acuerdo  (no el acuerdo mismo), que posteriormente fuera aprobado por el Concejo  y  sancionado  por el Alcalde, narración que coincide perfectamente con aquello  que se lee en el documento oficial.   

         La  misma  conclusión  emana  de  los  testimonios de José Damián  Torres  Utria,  Ana  Cristina  Zapata  Zapata  y  Mélida  María Zapata Zapata,  quienes  no  precisan  fechas  y  cuando  cuentan  que desde 1991 los sueldos de  “jardinero”  los  asumió  el Municipio, sólo roboran un hecho asumido como  ilegal  por  los  juzgadores:  el  pago  de  salarios a un empleado de un centro  privado.   

         La    última,    además,    menciona   al   Alcalde   Gabriel  Narváez  como  quien ayudó a un  grupo    de   señoras   que   velaban   por   los   niños,   suministrándoles  “bienestarina”,  de  donde surge que para este momento, esto es, para cuando  el  procesado  fungió  como  burgomaestre, no existía el instituto infantil de  carácter     público.   

         Carlos  Alberto  Ballestas  Almario  explica  la presentación de un  proyecto  para  crear  el jardín público,  lo  que  se  hizo mediante el Acuerdo que se le puso de presente,  esto  es,  el  del 29 de noviembre de 1992. Y con este testimonio se reafirma la  fundación del mismo con posterioridad al Acto del Alcalde.   

         Luis  Enrique  Oyola  Quintero nada aporta en pro de los propósitos  de  la  demanda. Cuenta cómo con posterioridad a los hechos, desde 1993, estuvo  vinculado  a  la  construcción de la sede oficial del jardín infantil oficial,  aseveración  que  no  comprende  nada  relacionado  con  la  existencia  de  la  institución  pública para  el  14  de  julio de 1992. De sus palabras se infiere, sí, lo contrario: cuando  comenzó a trabajar para levantar la sede, esta no existía.   

         El   mismo   alcance  tienen  los  documentos  relacionados  con  la  licitación y contratación para la edificación aludida.   

         7.4.  El  señor Néstor Carlos Consuegra Ariza entregó al defensor  un  escrito,  a  modo  de  “respuesta a su petición verbal”. Esta misiva no  constituye  prueba  judicial  y,  en  todo  caso,  no  tiene  el  alcance  de la  prueba nueva a la que apunta  la  causal  de  revisión,  porque  su  versión sobre los hechos fue recibida y  valorada en los fallos censurados.   

         Desde  donde  se mire el asunto, el motivo aducido ha sido infirmado  pues  que  las pruebas nuevas  no demuestran la inocencia del condenado.   

         Consecuente  con lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

         Negar  la  revisión del proceso seguido y  culminado   en   contra  del  doctor  Gabriel  Efraín  Narváez Aguancha.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

        Comisión de servicio   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN         MARINA   PULIDO  DE  BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS             MAURO SOLARTE  PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria    

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