18200(02-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  18200   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 049.  

          Bogotá D.C., dos de mayo de dos mil tres.   

VISTOS  

La  Sala  decide  el  recurso  de apelación  interpuesto  por  la  defensa  contra  la sentencia del 26 de enero de 2001, por  cuyo  medio  el  Tribunal  Superior de Medellín condenó al doctor RAÚL   ALDEMAR  MUÑÓZ  GALINDO,  en  su  condición  de  Fiscal 54 Local de esa ciudad, a la pena principal de 6 meses de  arresto  y pérdida de su empleo, y al pago de los perjuicios morales causados a  Vladimir    Armando    Valero   Sánchez,  al  ser  hallado  penalmente  responsable en calidad de autor del  delito  de  prolongación  ilícita  de  privación  de la libertad; en la misma  oportunidad   le  fue  concedió  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional.   

HECHOS  

          Aparecen  adecuadamente  sintetizados  en el fallo adverso objeto de  impugnación, de la siguiente manera:   

“El   29  de  septiembre  de  1998  fue  capturado  por  la policía el señor Vladimir Valero  Sánchez  por  la presunta comisión de un delito de hurto y, en tal condición,  fue  colocado  el  3  de  octubre siguiente a disposición de la Fiscalía local  delegada    ante    la    SIJIN    MEVAL    de    esta    ciudad    (Medellín,   se   aclara).  Allí  fue  recibido  el expediente por el Fiscal 203 Local, el cual decretó en igual fecha  la   apertura  de  la  investigación,  legalizó  la  retención  del  presunto  infractor  y  ordenó  la  vinculación  del mismo mediante indagatoria, la cual  llevó  a  efecto  ese  mismo  día. Cumplidos esos pasos previos, propios de la  reacción  inmediata  a  la  cual  estaba  adscrito  el Fiscal, dispuso éste la  remisión  de  lo actuado a la oficina de asignaciones el mismo 3 de octubre. En  el  día  hábil siguiente, esto es, el cinco a las 11 y 50 A.M., se recibió en  dicha  dependencia  el  cuaderno contentivo de la actuación, el cual a las 3:25  de   igual  fecha,  fue  asignado  para  su  conocimiento  al  Fiscal  nro.  54,  funcionario  que, en esa misma fecha, ordenó seguir adelante con la actuación,  dentro  de  la  cual  comunicó  a  la  Cárcel local, al día siguiente, que la  retención   del   señor   Valero   continuaba   corriendo   por  parte  de  su  despacho.   

Fueron pasando sin embargo los días y como  para  el  día  16 de octubre aún no se había resuelto la situación jurídica  del  capturado,  se  interpuso  en  su  favor  una acción de hábeas corpus que  prosperó  el  día  19  siguiente  y  en  cuya  resolución se ordenó, como lo  prescribe  la  ley,  la  investigación  penal  de quien prolongó así en forma  indebida  la  privación  de  la  libertad  de  una  persona,  precedente que se  constituyó  en  la  noticia  criminis  para  el  adelantamiento  de la presente  investigación,  que  tiene  como destinatario al ya citado Fiscal 54 Local, Dr.  Raúl  Aldemar  Muñoz  Galindo,  el  cual,  luego  de su formal vinculación al  proceso  con los requisitos de ley, aparece formalmente acusado por la entidad a  la  cual pertenece  como autor de una transgresión al artículo 273 del C.  Penal”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con base en el informe de la Fiscalía acerca  de   la   prosperidad   de   la   acción  de  hábeas  corpus   instaurada   a   través  de  apoderado  por  Vladimir    Armando    Valero   Sánchez,   la  Fiscalía  Sexta  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Medellín  dispuso el inicio de la investigación previa el 28 de abril de 1999,  para  luego,  el  7  de  mayo  siguiente, proferir resolución de apertura de la  instrucción,  en cuyo marco vinculó mediante indagatoria al doctor    RAÚL    ALDEMAR   MUÑÓZ   GALINDO,  definiéndole  su  situación  jurídica  el  8 de septiembre del mismo año con  medida  de  aseguramiento  de  conminación  como  presunto  autor del delito de  prolongación   ilícita  de  privación  de  la  libertad;  decisión  que  fue  impugnada   sin   éxito   por   la   defensa   a   través   del   recurso   de  apelación.   

Cerrada  la  investigación,  el sumario fue  calificado  el  21  de marzo de 2000 con resolución de acusación en contra del  procesado  como  presunto autor del comportamiento que motivó la imposición de  medida de aseguramiento.   

La  etapa  del  juicio fue adelantada por el  Tribunal  Superior de Medellín, donde realizada la audiencia pública profirió  sentencia   el  26  de  enero  de  2001,  por  cuyo  medio  condenó  al  doctor  RAÚL ALDEMAR MUÑÓZ GALINDO  en la forma señalada al comienzo de esta providencia.   

El  defensor  interpuso  recurso  de  alzada  contra la sentencia, que se desata en esta providencia.   

SENTENCIA IMPUGNADA  

          Para proferir el fallo  condenatorio,  el Tribunal comienza por hacer referencia a los hechos que dentro  de  la  investigación  no  han  sido  objeto  de  controversia, para poder así  “centrar  la  atención en  forma  preferente  sobre  lo  que  sí  ha  despertado disímiles valoraciones y  conclusiones”.   

          Los  hechos  incontrovertidos  que  se declaran plenamente probados,  son los siguientes:   

          1.        El   procesado   para   la  época  de  los  hechos  “se  desempeñaba  legal  y  reglamentariamente  como Fiscal Local 54  adscrito  a  la  Unidad  de  Delitos contra el Patrimonio Económico con sede en  Medellín”, esto es, reunía la condición de sujeto  activo  cualificado  que  se  exige  para  ser  autor  de la conducta punible de  “Prolongación   ilícita   de   privación  de  la  libertad”.   

          2.        En  tal condición, el 5 de octubre de 1998 (hora 3:25 p.m.), le fue  asignado  un proceso adelantado contra Vladimir Armando  Valero  Sánchez,  quien  había sido indagado el 3 de  los  mismos mes y año como presunto autor del delito de extorsión, proceso que  asumió    con    “plena    conciencia”,  pues  ese mismo día dictó resolución ordenando continuar la  investigación   y,  al  siguiente,  libró  comunicación  a  la  cárcel  para  legalizar  la  retención  del presunto infractor, como así lo reconoció en el  interrogatorio de la audiencia pública.   

          3.        Desde  la fecha de la indagatoria de Valero  Sánchez  transcurrieron  veintisiete  (27) días, sin  que  se hubiese resuelto su situación jurídica, a lo cual ha debido procederse  el   8   de  octubre  de  1998.   Por  ello,  la  acción  de  habeas  corpus  interpuesta  el  16 de los  mismos  mes  y año, se resolvió favorablemente, ante la evidente prolongación  de  la  retención  del mencionado ciudadano, existiendo constancia de que en su  contra  se  profirió  medida de aseguramiento con fecha 30 de octubre, esto es,  cuando ya se encontraba en libertad por la razón indicada.   

          4.        Durante  el  lapso antes aludido, esto es, entre los días 8 y 27 de  octubre  del  citado  año,  se  llevó  a cabo un paro judicial “al    que    se    plegó”   como   activista  sindical  el  Fiscal  MUÑÓZ  GALINDO, durante el  cual  se  impidió  la  entrada  al  público  y  a los funcionarios judiciales,  excepción  hecha  de  los  Fiscales Delegados ante los Tribunales y el personal  administrativo,  a “la sede ordinaria de funciones de  la fiscalía”.   

5.            Para  la  época  de  ocurrencia  de los  anteriores  hechos,  el  único  proceso  con persona privada de la libertad que  estaba   a   cargo   del   Fiscal   acusado,  era  el  del  señor  Valero Sánchez.   

A partir de las anteriores circunstancias, el  Tribunal  de  instancia  encuentra  íntegramente  acreditado  el presupuesto de  tipicidad,  en  tanto  que plena y legalmente se acredita la prolongación de la  privación   de   libertad   del   mencionado   ciudadano,   habida  cuenta  que  “se  prolongó  por  27  días  el término de sólo  cinco   que  la  Fiscalía  tenía  por  virtud  del  art.  387  del  C.  de  P.  Penal” para resolver su situación jurídica, lo que  dio  lugar  a  que  durante  dieciséis (16) días, el mismo hubiera permanecido  físicamente  detenido  en  situación irregular que cesó cuando en su favor se  resolvió  una  acción  de  hábeas corpus.   

E  igualmente  la  atribuibilidad  de  tal  comportamiento  al Fiscal RAUL ALDEMAR MUÑÓZ GALINDO,  en  razón  a  que  “él y  sólo   él  era  el  llamado  por  asignación  administrativa  y  legal  a  la  definición         de        esa        situación        jurídica”.   

La   controversia  por  tanto,  agrega  el  Tribunal,  queda  exclusivamente  planteada  en el campo de la culpabilidad, que  para  el presente asunto no puede ser otra que la dolosa, dado que el tipo penal  investigado  no  tiene  prevista  una diversa. Además, como también la defensa  introdujo,  así  hubiera  sido  de manera tangencial, planteamiento orientado a  discutir  la  antijuridicidad,  el  a quo anuncia  que  a  dicho  aspecto  también  se hará referencia en el  fallo de instancia.   

Por  razones  de  método  comienza  con  el  análisis  de  las  explicaciones ofrecidas por el procesado en relación con el  cargo  que soporta, en las cuales no advierte consistencia, al menos en cuanto a  su postura en indagatoria y lo expresado en la audiencia pública.   

Así encuentra el a  quo  que  en  la  injurada lo que se advierte no es un  marginamiento          “de         cualquier  intencionalidad”  frente a la prolongación de la libertad del procesado  de  marras,  “sino más la oposición de su actividad  sindical  frente  a  la necesidad de actuar como Fiscal en ejercicio”,  conclusión  que  refuerza  incorporando  a  su  fallo apartes  pertinentes de aquélla diligencia.   

          Postura         que        “varió  sustancialmente”  en  la  vista pública, oportunidad durante la cual no  obstante   mencionar   “la  presunta  fuerza  mayor  derivada  del  paro”,  orientó  su excusa hacia una  “falta absoluta de dolo”,  en    tanto    que    por    su    “condición   de  activista”  y  al tener conciencia de que el proceso  con   preso   se  encontraba  en  su  despacho,  “se  entusiasmó  de  tal  manera  con el movimiento”, que  perdió  contacto  con  el despacho y lo que respecto de él le concernía, para  dedicarse  de lleno a “la programación y defensa del  movimiento”.  Y  si  bien durante la fase inicial de  paro  consideró  que  contaba con tiempo suficiente para resolver la situación  jurídica   del  detenido,  “su  compromiso  con  la  agremiación  y  la  duración final del movimiento”,  le impidieron proceder a ello en la debida oportunidad.   

          Para  el  Tribunal  de  instancia,  las  anteriores  posturas que el  procesado  explica  por  el  “nerviosismo”    y   la  “inexperiencia     al     momento    de    rendir  descargos”,  imponen  la  obligación  de  encausar  el análisis desde una doble  perspectiva,   en   tanto  que  la  primera  se  orienta  al  reconocimiento  de  “una      fuerza     mayor     con     capacidad  exculpante”,  mientras  por  virtud de la segunda se  pretende   acreditar   “una   simple   culpabilidad  culposa”,   incompatible   con  reproche  penal  en  tratándose del delito objeto de acusación.   

Estima   el   a  quo  que  la  defensa  ensayó  básicamente dos tesis  sustanciales,    porque    una    tercera,    alusiva   a   la   “colisión  de deberes”, se enmarca dentro  de  la  segunda, esto, en el desarrollo del error de prohibición; por tanto, el  análisis  del  asunto  lo  circunscribe a establecer si el procesado obró o no  bajo  una  fuerza  mayor  (tesis  principal) o bajo el error de creer que estaba  amparado por una causal de justificación (tesis subsidiaria).   

Previo  a  abordar  el  análisis  de  las  referidas  explicaciones,  el  Tribunal  precisa  que la especie del nerviosismo  como    generador    de    confusión    en    el   procesado,   “despunta  francamente inatendible”, si se  recuerda  que  si bien la indagatoria se inició el 24 de mayo de 1999, la misma  fue  suspendida  a  petición  de la defensa material y técnica “con  el  objeto  de  brindar  una  mayor  garantía en el derecho de  defensa  material  mediante  la posibilidad de documentarse detalladamente sobre  el  hecho  investigado”, suspensión que fue hasta el  31 de los mismos mes y año.   

Por  ello,  se  considera  que la actitud de  garantía  asumida por la fiscal instructora al ordenar la referida suspensión,  deja    superada    la    tesis    del    “posible  sorprendimiento”, dado que fue justamente durante la  continuación  de  la  diligencia, “luego de ponderar  hechos,  situaciones  y  respuestas”, donde se dejó  sentado    que    la    conducta    que    se    le   reprocha   “constituyó  un  acto  consciente  y  no  un mero olvido como el que  sacó      a      relucir      en     la     última     oportunidad”.   

A continuación señala que la conciencia de  la   existencia   del  referido  proceso  con  detenido  en  su  despacho  nunca  desapareció,  porque  desde  el  día  cinco  entró  en contacto con el mismo,  librando   al  día  siguiente  la  orden  de  encarcelamiento,  que  dadas  las  circunstancias  no  es  un  acto  rutinario  ni pasa desapercibida para quien la  suscribe,  en  especial  porque en tal momento no había otra persona privada de  la  libertad  por  su  cuenta,  y  además  porque   precisamente  ese día  escuchó  un testimonio dentro de la actuación mencionada (3:50 P.M.), a la vez  que  dejó  una  constancia  sobre  la decisión de la organización sindical de  cesar actividades, cuando el paro aún no había comenzado.   

          La  citada  constancia revela, según lo expone el Tribunal, que una  vez  votada  la  decisión  de cese de actividades el día siete, el funcionario  fue  directamente  a  su  despacho  para  plasmarla  en la única actuación que  tenía  sindicado  detenido, por lo que “a más de la  inverosimilitud  intrínseca de la referida excusa, lo que la judicatura tiene a  mano  para  desestimarla  es  la  prueba  clara  e  inequívoca de su deliberada  falsedad”.   

En punto de establecer si el paro constituyó  una  fuerza mayor capaz de tornar inculpable la omisión del doctor MUÑÓZ  GALINDO, considera que no, habida  cuenta  que  “sólo un día, el 8 de octubre, tienen  en  común  el paro y el término para resolver situación jurídica”,  de  donde  la legalidad o ilegalidad del cese de actividades o  su  legitimidad  carecen  de  incidencia en la conducta del procesado, ya que lo  cierto  es  que  no  fue  el  paro lo que impidió la oportuna resolución de la  situación   jurídica   del   privado   de   libertad,   sino   “una  irresponsable  y  deliberada  posición  del  funcionario de no  hacerlo  excusándose,  de  antemano,  en  la  operancia  de  un movimiento cuyo  carácter  presuntamente inhibidor del cumplimiento de unos deberes ya se estaba  invocando  desde antes de su vigencia, pues si se respeta la verdad, todavía el  día  7, así estuviera votado el paro, no había cese de actividades y, en vez,  o  por  lo  menos a la par de esa ya aludida constancia, era obvio que tenía el  funcionario  la  ocasión  propicia  para  actuar  como se lo imponía su deber,  sobre  todo  frente  a  un  derecho tan importante como el de obtener una pronta  resolución    sobre    el    preciado   derecho   a   la   libertad”.   

Dice   el   a  quo  que resulta irrelevante si el doctor MUÑÓZ tuvo dos, tres o cuatro días para  resolver  la situación jurídica de Valero,  pues  descontando  el  día  8  del  cese  de  actividades,  tuvo  “dos  días  y  algunas  horas  hábiles para actuar  conforme  al  mandato  legal”, plazo suficiente para  proceder  como debía, pero en lugar de ello optó por sacrificar ese deber para  dedicarse   a   otras  actividades,  que  por  más  legítimas  “carecen   sí  de  capacidad  para  suplantar  el  cumplimiento  del  deber”.   

          Quien    funge    como   fiscal,   como   el   doctor   MUÑÓZ,  sabe  que  la  jornada  laboral  dispuesta  para  desarrollar  los  deberes  que  juró  cumplir  no  puede verse  entorpecida  por la militancia en un movimiento gremial, en el cual, ni siquiera  tenía  un cargo directivo, y por tanto, la preparación de la asamblea del día  siete   no  le  correspondía  a  él  en  estricto  sentido  y  “forzosamente  tenía que conjugarla con el respeto por el desempeño  de  sus  labores”, pues extrañamente sí suspendió  su  actividad  gremial  para  dejar  la  constancia  que  aparece a folio 21 del  expediente,  y  no,  para  ocuparse de procesos de mayor importancia, como aquel  donde  se encontraba vinculada una persona privada de su libertad, especialmente  en   atención   a   que  el  cese  de  actividades  ya  había  sido  votado  y  “lo  elemental  era  entonces definir esa situación  (la    del   detenido,   se   aclara)   antes     de     que     el     paro     se     iniciara”.   

          Carece  de  importancia  que  se  discuta  si el doctor MUÑÓZ  podía  o no entrar a su oficina,  pues  en  su  condición  de  activista  y  teniendo  relación  directa con los  organizadores  del paro, tenía que saber que el ingreso a las instalaciones iba  a  ser  vedado,  y en consecuencia, le correspondía actuar con diligencia en el  cumplimiento  de  su  deber frente a un término próximo a vencerse, motivo por  el  cual la alegada inculpabilidad no prospera, pues él podía anticipar que el  paro   constituía   “un   evento  muy  probable  y  previsible”,  lo que le otorgaba una mayor capacidad  de acción frente a los asuntos de su despacho.   

          Concluye  entonces el Tribunal que la primera tesis de la defensa no  prospera  por  las  razones  expuestas,  amén de “la  falta  de  incidencia  real  del  mismo  (del paro, se  aclara)     en     el    proceder    omisivo    del  implicado”.   

          Acerca  de  la  tensión  de  derechos  (derecho  a  la  huelga  del  funcionario  judicial  y  derecho  al debido proceso del privado de su libertad)  que  invoca  el  defensor,  el  fallador  de  primer  grado  considera  que  tal  circunstancia  no  se  presenta  en  este asunto, habida cuenta que el procesado  pudo  prever  que  el  paro  sería  votado  afirmativamente, y además, una vez  ocurrió  tal  votación,  estuvo  en  posibilidad  de  cumplir  con sus deberes  funcionales  sin  necesidad  de  quebrantar  su  lealtad  política  para con el  movimiento,  lo  que  excluye el error de prohibición alegado o la presencia de  una  causal  extrajurídica de inculpabilidad, y por el contrario, nos remite al  dolo  eventual  que  la Fiscalía de Segunda Instancia argumentó en su momento,  “pues  con  tal nivel de previsibilidad y conciencia  es  de  forzosa  conclusión  entender  que,  así  no  hubiese querido en forma  específica  prolongar en forma ilícita la privación de la libertad del señor  Valero,   sí   la   aceptó   a   pesar   de   la   gran   inminencia   de   su  posibilidad”;  más  aún, si el doctor MUÑÓZ  fue  coincidente  en exponer para  él    tenía    prelación    la    definición   de   la   libertad   de   las  personas.   

          El  mencionado dolo eventual, dice el Tribunal, no se desvirtúa con  lo   afirmado   por   el   doctor  MUÑÓZ  en  la  ampliación  de  indagatoria,  en el sentido de que por el  vencimiento  de  los  términos  con ocasión del cese de actividades podría el  detenido  acudir  a  los mecanismos constitucionales para conseguir su libertad,  como  en  efecto  sucedió,  por  tratarse  de  un  problema del Estado y no del  funcionario  de  turno;  tal  planteamiento  lo  que  permite concluir es que el  procesado  previó  en  forma clara el resultado lesivo de su omisión, al punto  que  pensó  en los posibles remedios alternos, a la vez que soslaya el hecho de  que   las   acciones   de   hábeas  copus  y  de  tutela  no  operan  en  forma  automática como para que el  privado  de  la  libertad  se pudiera tener a cubierto de la vulneración de sus  derechos,  al  punto  que su liberación no se produjo al vencerse los términos  legales  para  resolver  su  situación  jurídica,  esto es, el 9 de octubre de  1998,  sino  diez  días  después  cuando  operó  el  mecanismo excepcional de  protección de la libertad personal.   

          Por  tanto,  considera el a quo  que  si no fue la situación de paro la que determinó el proceder  del  implicado,  “es obvio que su eventual carácter  vinculante,   asimilado  como  una  orden  legítima  de  autoridad  competente,  desaparece,  al  igual  que  la  colisión  de deberes, como fundamento capaz de  explicar  una  omisión  tan  deliberada  como  la que se ofrece a estudio de la  judicatura”.   

En  punto  de  la ausencia de daño material  efectivo  con  la  omisión del procesado que invoca el defensor, por considerar  que    Valero   resultó  beneficiado  con  ella  al obtener una libertad que no le habría sido concedida  si  se  hubiera  resuelto  oportunamente  su  situación  jurídica,  expresa el  fallador  de  primera  instancia, que tal planteamiento desconoce dos hechos: El  primero,  que  lo  que  estaba  en juego no era solamente la libertad del señor  Valero sino el derecho a una  pronta   resolución,   y   segundo,   que   si   bien  el  doctor  MUÑÓZ  le  definió  el 31 de octubre de  1998   su  situación  jurídica  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva  sin  derecho  a  libertad  provisional,  tal  decisión  careció de  eficacia,  pues  bastó  un recurso de reposición interpuesto por el Ministerio  Público,  para  que  el  mismo funcionario la dejara sin efecto y precluyera la  investigación.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el  Tribunal  consideró demostrada la  materialidad  del delito imputado, así como la conciencia y voluntariedad de su  ejecución  por parte del procesado a título de dolo eventual, como en la vista  pública   lo   plantearon   la   Fiscalía  y  el  Ministerio  Público,  y  en  consecuencia,  condenó al doctor RAÚL ALDEMAR MUÑÓZ  GALINDO  en  su  condición  de  Fiscal  54  Local  de  Medellín,  a la pena principal de 6 meses de arresto y pérdida de su empleo, y  al  pago  de los perjuicios morales causados a Vladimir  Armando  Valero  Sánchez,  al  encontrarlo penalmente  responsable  en  calidad  de  autor  del  delito  de  prolongación  ilícita de  privación de la libertad.   

LA IMPUGNACIÓN  

Luego  de  destacar los hechos y fundamentos  del  fallo  atacado,  para  sustentar  la pretensión de que la Corte revoque la  sentencia  del Tribunal Superior de Medellín que condenó al procesado, y en su  lugar    lo    absuelva,   el   defensor   plantea   básicamente   dos   tesis,  así:   

Tesis   principal:   Ausencia   total  de  dolo   

La  conducta omisiva del doctor RAÚL  ALDEMAR  MUÑÓZ no constituye dolo  eventual,  sino  a lo sumo culpa con representación, en cuanto actuó de manera  negligente  al no resolver oportunamente la situación jurídica de Valero Sánchez.   

Tesis     subsidiaria:    Error    de  prohibición   

          La  modalidad  de yerro de prohibición cuyo reconocimiento solicita  es  aquel  que  recae sobre la existencia de una justificante, habida cuenta que  el  doctor  MUÑÓZ actuó con  la  convicción  errada,  aunque  vencible, de que al cesar sus actividades como  funcionario  judicial  acataba  una  orden  legítima  de  autoridad  competente  expedida  por  la  organización gremial, o bien, que ejercía legítimamente un  derecho.   

Con  el  propósito  de  evitar repeticiones  innecesarias,  los  argumentos  del  recurrente  serán  expuestos y contestados  puntualmente en la parte motiva de la presente decisión.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

La  Sala  es  competente  para  resolver  el  recurso  de apelación interpuesto por la defensa contra la sentencia dictada en  este  proceso,  de  conformidad con lo dispuesto en el numeral 3º del artículo  75  del Código de Procedimiento Penal, pues la acción penal es ejercida contra  un  Fiscal  Local  de  Medellín  que  fue  juzgado  en primera instancia por el  Tribunal Superior del Distrito Judicial de esa ciudad.   

Conforme  se  había anunciado, los aspectos  postulados  por  el  impugnante  respecto de los cuales la Sala se pronunciará,  son los siguientes:   

1.             Tesis  principal:  Ausencia  total  de  dolo   

Habida cuenta que el apelante presenta varios  motivos  para  dar  sustento a su tesis, se abordará cada uno de los temas como  sigue:   

1.1.          Dice el defensor que la conducta omisiva  del    doctor   RAÚL   ALDEMAR   MUÑÓZ   estuvo   muy   lejos  de  constituir  dolo  eventual,  pues  debe  reconocerse  que  fue  negligente  al  no  resolver  en  el  término  legal  la  situación  jurídica  de  Valero Sánchez,  “lo que le implicaría a lo máximo un  reproche   por   la   vía   de   la  ‘Culpa  con  representación’   y   por  consiguiente  una  sentencia  absolutoria  al  no  estar  contemplada  la  modalidad  culposa para el delito de Prolongación ilegal de la  privación de la libertad”.   

Sobre   ello,  la  Sala  estima  necesario  precisar,  que  si  el comportamiento negligente es aquel que se caracteriza por  ser  descuidado,  despreocupado,  distraído, desatento, imprevisor, abandonado,  flojo,  abúlico,  indiferente,  perezoso,  desganado,  apático,  desaplicado o  desidioso,  no  incurre  en  él  quien  voluntaria  y conscientemente decide no  actuar teniendo el deber constitucional y legal de hacerlo.   

En   efecto,   la  omisión  deliberada  y  consciente  de sustraerse a los cánones legales que reglan el debido proceso de  las  actuaciones  judiciales  no  corresponde  a  un comportamiento descuidado o  negligente  como  lo  sugiere la defensa, sino por el contrario, denota cuidado,  atención,  previsión,  y  conciencia,  constitutivo  de  un  desprecio  por el  imperio  de  la  ley  que  somete  a los funcionarios judiciales, y que, en este  asunto,  determinaba la oportunidad señalada por el legislador para resolver la  situación  jurídica  de  una  persona  vinculada  a  un  proceso  penal que se  encontraba privada de su libertad.   

Como puede observarse, el lunes 5 de octubre  de   1998   el   Fiscal   MUÑÓZ  GALINDO  recibió de la Coordinación de la Unidad Tercera de Fiscalías de  Patrimonio  Económico de Medellín la actuación adelantada contra Vladimir  Armando  Valero  Sánchez, quien  fue  indagado  el  sábado  3  de  los  mismos  mes  y  año, y dispuso mediante  resolución   del   mismo  día  “CONTINUAR  con  la  INSTRUCCIÓN,   para   los   fines   propuestos   en  la  Legislación  Procesal  Vigente”; al día siguiente, el martes 6 de octubre,  a  las  3:50  de  la  tarde,  recepcionó en el mismo proceso la declaración de  Alexander Palacios Vega, a la  vez  que  comunicó  al  Director de la Cárcel de Bellavista (Antioquia) que el  procesado  “queda  por  cuenta  de este Despacho por  Asignación”  y libró citaciones a varios testigos,  entre ellos, a algunos agentes de la Policía.   

          El   miércoles  7  de  octubre  de  1998,  el  doctor  MUÑÓZ   GALINDO   dejó   la  siguiente  anotación   en   el  proceso  seguido  contra  Valero  Sánchez:   

“Se   deja  constancia  que  en la fecha por decisión de la asamblea general de empleados y  funcionarios  que  agrupa  ASONAL  JUDICIAL  se  decidió un cese de actividades  indefinido  o  PARO ESTATAL a nivel nacional y por consiguiente se interrumpe la  actuación   judicial   y   no   se   permite  el  ingreso  de  público  a  las  instalaciones”.   

          Contrario  a lo pretendido por el defensor, la actuación informa en  el  caso  que  concita  la  atención  de  la  Sala,  que el doctor MUÑÓZ  GALINDO  atendió con presteza el  proceso   que  le  fue  entregado  para  su  conocimiento,  hasta  que  decidió  voluntaria  y  conscientemente  abandonar  el  trámite  así  como a la persona  vinculada  a  él  que  se encontraba privada de su libertad, de manera previa a  que   comenzara   el   cese   de   actividades   dispuesto  por  la  asociación  sindical.   

          En  efecto, la constancia destacada en precedencia permite concluir,  como   con   acierto   lo  destaca  el  Tribunal,  que  el  doctor  MUÑÓZ  no  olvidó  el  proceso  seguido  contra  Vladimir  Valero, ni  actuó  con  desidia  o  desgano  respecto  de su trámite, por el contrario, se  tomó  el trabajo de anotar las razones por las cuales se sustrajo a cumplir son  su  delicada  labor,  más  aún,  cuando  se ha acreditado que por cuenta de su  despacho sólo había una persona privada de la libertad.   

          Ahora  bien, es necesario destacar, que el proceso en ciernes al que  se   hallaba   vinculado  Vladimir  Valero  y  donde  estaba  pendiente  resolver  su situación jurídica, no  revela  complejidad  o  volumen  especial  que  impidiera  al  Fiscal abordar su  estudio  y  decidir  en oportunidad anterior a cuando comenzó la protesta, pues  para  el  momento en que a folio 21 dejó la constancia atrás referida, contaba  con  una  breve  denuncia  y  su  ampliación, el informe de captura, la sucinta  indagatoria     de    Valero    Sánchez y un testimonio igualmente corto.    

          Además,  si  se  ha  establecido  que la parálisis en la actividad  judicial  fue  dispuesta  a  partir  del  jueves  8 de octubre de 1998, y que el  procesado  en  su  especial  condición  de activista gremial se contactó días  antes  con  los  líderes  del  movimiento,  quienes  lo informaron acerca de la  inminencia  de  votar  afirmativamente el cese de labores, es palmario que tales  circunstancias  le  permitieron  ponderar  de manera previa al paro la manera de  afrontar  el  cumplimiento  de  sus obligaciones constitucionales y legales para  con un ciudadano privado de la libertad por cuenta de su despacho.   

Por   tanto,  si  el  doctor  MUÑÓZ  no tomó la decisión de proceder  a   resolver   la  situación  jurídica  de  Vladimir  Valero  antes de ser sometida a votación la propuesta  de  cesar  las  actividades  judiciales,  o  con antelación a que efectivamente  comenzara  la  inactividad acordada, sino que por el contrario, un día antes de  comenzar  efectivamente  el  paro  dejó  constancia  de  la  situación  que se  avecinaba,  no  hay  duda  que  con  su  decisión  dejó  en absoluto estado de  indefensión     a    Valero    Sánchez  al  negarle  el  derecho  a  obtener un pronunciamiento dentro del  término  legal  sobre su situación jurídica, a la vez que forzarlo a acudir a  mecanismos  residuales  y  excepcionales  al  trámite  judicial  ordinario para  conseguir  su  libertad,  cuya privación se prolongó más allá del perentorio  término dispuesto en la ley para el efecto.   

La  Sala  no  advierte  la  negligencia  que  plantea  la  defensa,  sino  por el contrario, la presencia de un comportamiento  intencional,  que  no  corresponde  a  la  estructura  del dolo eventual como lo  asumió  el  a  quo, sino que  configura  un  dolo directo, habida cuenta que si la actuación demuestra que el  doctor   MUÑÓZ  estuvo  en  posibilidad  suficiente  de  resolver  la  situación  jurídica de Vladimir  Valero,  y  pese a ello decidió  conscientemente  sustraerse   a   asumir   su   cometido,  a  partir   de    aquel  momento  el  dolo   fue   actualizado   de   manera   permanente   y  sucesiva,  esto es,   desde   que   comenzó   la   ilícita  prolongación  de la  privación   de   la  libertad  de  Valero  hasta cuando consiguió su libertad, habida cuenta que se trata de  un  delito de carácter permanente, circunstancia que impide en este tópico dar  la razón al defensor.   

          1.2.                      El  impugnante transcribe jurisprudencia de esta  Sala  sobre  la  distinción  entre dolo eventual y culpa con representación, y  acto  seguido señala que el doctor MUÑÓZ  creyó  que  la  prolongación ilegal de privación de libertad no  llegaría  a  producirse  porque  fue  negligente,  en  cuanto  estimó  que  la  situación   se   solucionaba  prontamente  por  la  vía  de  las  acciones  de  hábeas  corpus o de tutela,  sin  que  para  el  caso  tenga  relevancia  lo destacado por el Tribunal, en el  sentido  que  tales acciones no operan automáticamente, pues aunque el defensor  de  Valero inició el trámite  de   la   solicitud   de   habeas  corpus  hasta  el  16  de octubre de 1998, bien pudo hacerlo desde el día  siguiente  a cuando se venció el término para resolver la situación jurídica  de  su representado, habida cuenta que como litigante debía conocer del cese de  actividades de la rama judicial en Medellín.   

          Estima  la  Sala  que  nuevamente  la  defensa  plantea una supuesta  negligencia  del procesado, cuando la actuación informa todo lo contrario, esto  es,  que  tuvo  tiempo  suficiente  para  resolver  oportunamente  la situación  jurídica  de Vladimir Valero,  y  que,  dada  su  militancia  activa  en  la  organización  sindical estuvo en  condición  cierta y efectiva de prever la imposibilidad futura de ingresar a su  despacho  para  adoptar  la  decisión correspondiente con relación a la única  persona que por cuenta suya se encontraba privada de la libertad.   

          Tal  circunstancia,  valorada  en  conjunto con la diligencia que el  doctor  MUÑÓZ  guardó  al  impulsar  la  actuación,  librar  comunicaciones  y  escuchar un testimonio, de  manera  previa  a  cuando  el  7 de octubre de 1998 dejó la constancia sobre el  cese  de  actividades  que  comenzó  al  día  siguiente,  permite descartar un  descuido  o  desatención  en  punto  de  definir  la  situación  jurídica  de  Valero,  y  conduce  sí  a  establecer,  que  el  Fiscal decidió voluntariamente sustraerse al cumplimiento  de  sus  obligaciones a sabiendas de las implicaciones que ello acarrearía para  él,   habida   cuenta   del   daño   que   se   causaba   al   privado  de  la  libertad.       

          Ahora  bien,  contrario a lo expuesto por la defensa, estima la Sala  que  sí  es  determinante  destacar  el carácter no automático que tienen las  acciones      constitucionales      de      hábeas  corpus y de tutela, como que allí radica precisamente  el dolo directo que se imputa al procesado.   

En efecto, en esta clase de dolo, y tal como  lo  señalaba  el  Código  Penal  derogado, el sujeto conoce el hecho punible y  quiere  su  realización,  situación  sustancialmente  diversa  de la culpa con  representación,   en  la  cual  el  agente  realiza  la  conducta  punible  con  previsión del resultado, pero confiando en poder evitarlo.   

          Por   tanto,  resulta  evidente  que  como  el  doctor  MUÑÓZ estaba en capacidad de advertir la  prolongación  ilícita  de  la  privación  de  la  libertad a la que se vería  avocado  Vladimir  Valero con  ocasión  de  no  resolverle  su  situación  jurídica  antes  de ser votada la  propuesta   de   cese   de   actividades,   o  inclusive  después  de  adoptada  mayoritariamente  tal  decisión pero antes de comenzar efectivamente el paro, y  pese  a  ello  sólo se preocupó por dejar una constancia anterior al inicio de  la  protesta y no por cumplir con su deber, no hay duda que tuvo conocimiento de  la   conducta   punible,   quiso   su  realización  y  adelantó  consciente  e  intencionalmente   el   comportamiento   definido   por   el   legislador   como  prolongación ilícita de privación de libertad.   

Adicional  a  lo anterior, si ahora se alega  como   disculpa   que  el  doctor  MUÑÓZ  confió  en  que  las acciones de hábeas  corpus   o   de   tutela  servirían  a  Vladimir  Valero para obtener su libertad,  baste  exponer que tal situación no es tan simple y elemental como la considera  la  defensa,  por las siguientes razones: Primera, porque las referidas acciones  carecen  de  aptitud  para  reemplazar la resolución echada de menos, es decir,  más  que  de  asegurar  el  derecho  a  la  libertad  personal  de Valero se trataba de garantizar su derecho  fundamental  al  debido proceso en el sentido de definir su situación jurídica  en el término estipulado por el legislador.   

Segunda, porque a partir del vencimiento del  término   legal   para   definir   la   situación   jurídica  a  Valero,  esto es, desde el 9 de octubre de  1998,  su  privación  de  libertad  se  tornaba ilícita, siendo necesario para  conjurar  tal  ilicitud  que  su apoderado acudiera a la acción de habeas  corpus,  que no opera per sé.   

Tercera, porque a pesar de haberse puesto en  marcha  la mencionada acción, sólo hasta el 19 de octubre de 1998 Vladimir  Valero  recobró su libertad, es  decir,  luego de permanecer por espacio de diez (10) días privado ilícitamente  de ella.   

Cuarta,  porque  resulta  inconsistente como  medio  defensivo  o de exculpación censurar que sólo hasta el 16 de octubre de  1998  el  defensor  de  Valero  instaurara  la  solicitud  de habeas corpus,  circunstancia  que  por  el contrario demuestra la importancia en  este  caso  del carácter no automático de tal mecanismo, a la vez que acredita  que  con  dolo  directo  el  doctor MUÑÓZ  incurrió  en el delito de prolongación ilícita de la privación  de  la  libertad  de  aquel,  en  cuanto  tuvo  oportunidad  para obviarla, pero  decidió  sustraerse  a  su  cometido funcional, en especial si se verifican las  obligaciones  que  tenía  derivadas  de  la Constitución (artículos 2º y 230  entre otros) y de la ley.   

Quinta, porque aún en el caso reclamado por  el     impugnante,    esto    es,    que    el    defensor    de    Valero  ha debido interponer la acción de  hábeas   corpus  al  día  siguiente  al  vencimiento del término para resolver la situación jurídica de  su  representado,  la  prolongación ilícita de la privación de la libertad de  todas  manera  habría  ocurrido  durante  el  lapso en que feneció el término  legal  para  resolver y aquel en que se decidiera de fondo la acción propuesta,  circunstancia    que    pone    de    presente    la    inconsistencia   de   la  alegación.   

          Lo  dicho  en  precedencia,  por tanto, constituye razón suficiente  para concluir que este motivo de inconformidad no prospera.   

          1.3.                      Considera  el  letrado que el Tribunal le restó  importancia  al  hecho de que sólo un día, el 8 de octubre de 1998, fue común  al   término   para   resolver   la   situación   jurídica   de  Valero   y   el   comienzo  del  cese  de  actividades  judiciales,  en  cuanto “es una realidad  casi  indiscutible  en  nuestro  medio judicial el que se acostumbre resolver la  suerte  jurídica precisamente ese último día, dejándose los anteriores, como  norma  general,  para  práctica de pruebas y estudio del expediente”.   

Estima la Sala que con prescindencia de si la  afirmación  del impugnante sobre la praxis  judicial que destaca es verdadera o no, lo cierto es que, como con  acierto  lo  expuso  el Tribunal, dadas las vicisitudes de este asunto, esto es,  las  especiales  condiciones  precedentes a la protesta en las que se encontraba  el  doctor  MUÑÓZ  por ser  activista  de la organización gremial, estaba en posibilidad y le era imperioso  decidir   la   situación   jurídica   de   Vladimir  Valero  antes  de  ser  votada la propuesta de cese de  actividades,  o  aún antes de comenzar efectivamente la parálisis laboral el 8  de  octubre.  Si  no  procedió  de  conformidad,  es  evidente  que asumió las  consecuencias  que de ello se derivaran, más aún cuando él mismo reconoce que  la  resolución  de  la  situación  jurídica tiene prevalencia sobre su activa  participación en el movimiento sindical.   

          No   es   de  recibo  entonces  que  se  alegue  en  las  especiales  circunstancias   que   rodearon   este   asunto,   que  el  doctor  MUÑÓZ  esperaba  definir  la  situación  jurídica  de  Valero  en la  última  hora  del  último día del término establecido por el legislador para  ello,  cuando  salta  de  bulto  el conocimiento que de días atrás le asistía  sobre  el  inminente  cese  de  actividades,  el  que  a la postre le impediría  cumplir  con  su  deber,  pese  a  lo  cual,  no  se ocupó de adelantarse a tal  situación  excepcional,  y  sí,  por  el  contrario,  dejó  constancia  sobre  ello.   

          1.4.                      No   se  trata,  dice  el  impugnante,  de  una  “irresponsable    y   deliberada   posición   del  funcionario  de  no  hacerlo”  como  lo  señaló el  Tribunal,  pues  precisamente  la  constancia  que  dejó el doctor MUÑÓZ  una  vez se votó el paro el 7 de  octubre  de  1998,  demuestra  buena  fe  en  su  proceder,  lo cual, unido a lo  expuesto   en   precedencia   revela   “un   actuar  irreflexivo,  una ‘falta de  diligencia    y    cuidado    debidos’  estructurante precisamente de lo que es la esencia por definición  de            la            ‘Negligencia’;  tan  lejos  está el comportamiento asumido por el Dr. Raúl Aldemar de incurrir  en  la  comisión  por omisión de un delito como el que acá se le endilga, que  consciente    fue    a    su    Despacho    para    anotar    que   ‘se    interrumpe    la    actuación  judicial’ en la actuación  contra  Valero  Sánchez, conducta que denota es negligencia y quizás hasta una  impericia      en      el      manejo      del     proceso     penal”.   

Encuentra la Sala que una vez más la defensa  pretende  sin  éxito  y  de  espaldas  a  la  actuación, postular una supuesta  negligencia     en     el     actuar    omisivo    del    doctor    MUÑÓZ; encaminada en esta oportunidad su  alegación  a  demostrar  un comportamiento irreflexivo y carente de diligencia,  sin  percatarse  que,  como ya se advirtió, el proceso informa que el Fiscal se  enteró  previamente  a  ser  votada la propuesta de cese de actividades que muy  probablemente  esta  sería aceptada, además, posteriormente se limitó a dejar  constancia   de   ello   en   el   trámite   adelantado   contra   Valero,  circunstancia  que  descarta  un  comportamiento  irreflexivo  o  carente  de  diligencia;  por  el  contrario, la  actividad  desplegada por el doctor MUÑÓZ   demuestra   reflexión,   previsión,   decisión,   voluntad   y  conciencia.   

          Ahora  bien, si la defensa estima que la posición asumida por aquel  fue  errada,  es  precisamente  ello  lo  que  permite  formular el reproche que  condujo  a  su  condena,  pues  resulta  evidente que teniendo las posibilidades  ciertas  de actuar conforme a derecho decidió sustraerse a ello y exponer a una  persona  de  privada  de  su  libertad  a  una  situación  de  indefensión que  efectivamente se concretó.   

          En  punto de la impericia de su representado que el defensor pregona  como  causal  de  exculpación,  baste  señalar  que la experiencia laboral del  doctor  ALDEMAR MUÑÓZ y sus  estudios  dejan  sin piso el vago y genérico señalamiento de su inexperiencia;  en  efecto,  nótese  que  se posesionó como Fiscal Local el 5 de septiembre de  1994,  esto  es,  4 años antes de los hechos investigados, y ya desde el 1º de  julio  de  1993  había  ingresado  a  laborar  como  Técnico  Judicial  en una  Fiscalía Seccional de Medellín.   

          1.5.                      Con  base en lo expuesto, la defensa solicita la  revocatoria  de la providencia impugnada, y añade como razones adicionales para  proceder  a  ello  la  “Falta  de móvil’  que pudiera inspirar alguna conducta  de  éste  (del  procesado,  se  aclara)  en  contra  del  sindicado  para ese entonces retenido y el cual era  desconocido  para  mi  patrocinado  totalmente”, así  como      “su      falta     de     ‘Idoneidad       Moral       para  delinquir’  basada  en su  personalidad;   estudios   académicos   y   falta  de  antecedentes  penales  y  disciplinarios”,  sin  que  ello signifique, dice el  defensor,  que  no  insista  en  el  error de prohibición planteado en la vista  pública.   

          Considera  la  Sala que el defensor ensaya demostrar sin acierto que  no  asistía  a  su  procurado  interés  directo  en quebrantar el derecho a la  libertad  de Valero, olvidando  que  el  móvil o motivación, la amistad, animadversión o interés específico  del  autor  del  comportamiento  no constituye elemento o presupuesto del delito  por  el  que  se condenó al doctor MUÑÓZ1.   

Lo  cierto  es  que  el  doctor MUÑÓZ  en  su  condición  de  activista  sindical  previó las consecuencias derivadas de su omisión, al punto que dejó  la  constancia  tantas  veces referida, y acto seguido decidió voluntariamente,  no  por  negligencia, descuido, ignorancia o torpeza, sustraerse al cumplimiento  de  los  deberes  que  su  cargo le imponían en punto de resolver la situación  jurídica  oportunamente  a Vladimir Valero.   

En  cuanto  se  refiere  a  los  estudios  y  ausencia  de  antecedentes penales que el defensor resalta, no encuentra la Sala  qué  relación  directa  tiene  ello  en punto de la discusión provocada en la  impugnación,  es  decir,  respecto  de  la  tesis  planteada y qué se pretende  demostrar,  pues  resulta  evidente  que tales condiciones del Fiscal conducen a  reforzar  la existencia del dolo directo en el delito por el que se le condenó,  habida  cuenta  que  el  tiempo  durante el cual se desempeñó como funcionario  judicial,  amén  de  sus  conocimientos académicos y del cuidado que hasta ese  momento   había   tenido  para  no  resultar  procesado  y  condenado  penal  o  disciplinariamente,  permiten  concluir fundadamente que era amplio conocedor de  los  alcances  de  la decisión de omitir el cumplimiento de los mandatos que la  ley  le  imponía  dentro de unos preclusivos términos, pese a lo cual decidió  voluntariamente,  no  por  un  descuido,  pereza  o  desidia,  sustraerse  a sus  obligaciones   y   deberes   e   incurrir   en  el  delito  por  el  que  se  le  condenó.   

          De  conformidad  con lo expuesto, la tesis principal planteada en la  impugnación no está llamada a prosperar.   

   

2.              Tesis    subsidiaria:    Error   de  prohibición   

          En  atención  a que el defensor propone varios tópicos en punto de  la  tesis  que somete a consideración de la Sala, se tratará cada uno de ellos  de manera separa, así:   

          2.1.                      Luego  de  ubicar  normativamente el instituto y  traer  a  colación doctrina nacional, el impugnante señala que la modalidad de  yerro  de  prohibición cuyo reconocimiento solicita es aquel que recae sobre la  existencia  de  una  justificante,  habida  cuenta  que  el  doctor MUÑÓZ  actuó con la convicción errada,  aunque  vencible,  de  que  al  cesar  sus actividades como funcionario judicial  acatando   la   voluntad   gremial,  “cumplía  así  ‘Orden   legítima   de  autoridad   competente   emitida   con   las   formalidades  legales’              o               ‘Ejercía     legítimamente     un  Derecho’  de  conformidad  con el artículo 29 sustantivo penal”.   

Argumenta que el yerro entonces se refiere a  que  el  procesado no tuvo en cuenta que la justificante mencionada apunta a una  relación  de  derecho  público  (obediencia  política),  sin que comprenda la  simple  vinculación  o  subordinación  proveniente  del  derecho  privado; tal  error,  de  carácter  vencible  en  cuanto  podía  superarlo,  “atendidas      las     circunstancias     concretar     (sic)   en   que   actuó,   su   propia  personalidad  y  el  contexto  social  en que el hecho se produjo, permiten a la  defensa  concluir  en  la  inexistencia  de  la potencial comprensión cabal del  conocimiento  del  injusto, de la antijuridicidad de su conducta o, dentro de un  esquema    clásico    del    delito,    de   la   falta   de   dolo”.   

Encuentra la Sala, que el apelante olvida en  su   planteamiento   que   Vladimir   Armando  Valero  Sánchez fue indagado el sábado 3 de octubre de 1998,  que   el   lunes   5   siguiente   el  Fiscal  MUÑÓZ  GALINDO  recibió  de la Coordinación de la Unidad la  actuación,  que  el  movimiento  sindical  votó  afirmativamente  el  cese  de  actividades  el  7  de  los mismos mes y año, y que la parálisis laboral sólo  comenzó al día siguiente, esto es, el 8 de octubre de 1998.   

De  lo anterior se desprende, como en efecto  lo      señaló     el     Tribunal,     que     el     doctor     MUÑÓZ tuvo los días 5, 6 y 7 de octubre  de    1998    para    definir    la   situación   jurídica   de   Vladimir  Valero, circunstancia que ninguna  relación  guarda  con  lo  argumentado,  esto  es,  con  que  creyó que estaba  amparado  por  una  causal  de  justificación  de  su  conducta, como que obvio  resulta  exponerlo,  antes  de  comenzar el cese de actividades no había razón  alguna  para  que  el  funcionario  judicial incumpliera con el mandato legal de  resolver  oportunamente  el  asunto  al cual se encontraba vinculada una persona  privada  de  la  libertad;  más  aún  si  a  órdenes de su despacho no había  ningún  otro  detenido  y avizoraba la inminente suspensión de actividades, de  cuyo movimiento formaba parte.   

Por  tanto,  si  con  posterioridad  a  la  situación  indicada  se  invoca  el  error  de prohibición, es evidente que lo  pretendido  sin  acierto,  es dar visos de legalidad a un comportamiento carente  de  justificación  real  o putativa, sobre el cual no basta señalar, sin más,  que  el  doctor MUÑÓZ creyó  erradamente  que  cumplía  orden  legítima de autoridad competente emitida con  las  formalidades  legales,  pues  aquí  cobra especial importancia evaluar sus  estudios,  tiempo  de  servicio, formación jurídica y su vinculación de vieja  data  con  la  actividad gremial, todo lo cual conduce a concluir razonablemente  que   en   sus   especiales   condiciones   no   podía  incurrir  voluntaria  o  imprudentemente en el error que se invoca.   

          Destáquese  que  la  orden  de  la organización sindical fue la de  suspender  las actividades judiciales, no así, la de quebrantar los derechos al  debido    proceso    y    a    la    libertad   personal   de   los   procesados  detenidos.   

Por  similares  razones,  tampoco  la  Sala  encuentra  asidero  en  la  actuación para concluir que el Fiscal actuó con la  convicción  errada  y  vencible  de  ejercer  un  derecho, pues tal como ya fue  señalado,  de una parte tuvo tiempo de sobra para resolver el asunto que tenía  a  su  cargo  con persona privada de la libertad, el cual, según lo reconoció,  prevalecía   sobre   su   actividad   sindical,  sin  que  hubiera  actuado  en  consonancia;  y  de  otra,  no  existe  ejercicio  de derecho alguno que permita  desconocer  el  derecho  al  debido  proceso y a la libertad de las personas, en  especial,  cuando  se  tiene  el  imperativo  deber  constitucional  y  legal de  respetarlos  en  desarrollo  del  principio  de  sujeción  de  los funcionarios  judiciales   a   la   ley,   pues   si  la  actividad  del  doctor  MUÑÓZ  como  Fiscal  Local estaba regida  por  la  ley  y  la  Carta  Política, resulta inconsistente que se argumente el  ejercicio  de  un  derecho  en  contra  de  los  principios  y  postulados de su  importante función.   

          En  cuanto  se  refiere a la falta de dolo que nuevamente plantea el  defensor  en  este  acápite, suficientes resultan las consideraciones expuestas  al abordar la tesis principal del apelante.   

          2.2.                      Dice   el  defensor  que  si  la  cesación  de  actividades  laborales  está  permitida por los Convenios Internacionales, y la  Convención  de  Viena  dispone que ningún Estado puede alegar disposiciones de  su  derecho  interno  para  incumplir un tratado o los Convenios de la OIT sobre  libertad  sindical,  derecho  de  asociación  y  de huelga, es elemental que el  doctor  MUÑÓZ como miembro  del  sindicato  se acogiera a lo dispuesto por la Regional de Antioquia de forma  mayoritaria,  asumiendo una actitud ética como activista sindical como han sido  sus convicciones de tiempo atrás.   

La  Sala  estima pertinente señalar, que el  planteamiento  formulado  encontraría  algún  soporte  si  la interrupción de  actividades  hubiera  comenzado  intempestivamente y sin que de manera previa el  doctor  MUÑÓZ hubiera estado  en  posibilidad  de  considerarla  como  posible,  justo  en  el  momento en que  recibiera   el   proceso   seguido   contra   Vladimir  Valero  y  tal  situación  se hubiera prolongado más  allá  del  término legal para resolver su situación jurídica, pero como ello  no  ocurrió  de tal manera, sino que el Fiscal tuvo oportunidad suficiente para  resolverla  y  pese  a ello decidió voluntariamente no hacerlo, no se evidencia  de  qué  manera pueda haber lugar a una pretendida colisión entre el ejercicio  de  los  derechos  de asociación y el imperativo legal de resolver en tiempo la  situación  jurídica  de  una  persona,  la  única, privada de su libertad por  cuenta  del  despacho,  que  de todas manera debía definirse por la prevalencia  del     derecho     fundamental    al    debido    proceso    de    Valero.   

Resta considerar, que el doctor MUÑÓZ  previamente  a  comenzar  el paro  estuvo  en  capacidad  y  oportunidad de resolver, previendo lo previsible, esto  es,   que   si   no   procedía  antes  de  comenzar  el  cese  de  actividades,  posteriormente  no  podría definir la situación jurídica del indagado pues le  sería  impedido  el acceso a su oficina, en especial, porque él era una de las  personas  encargadas  en  el  movimiento  de  protesta  de  impedir el acceso de  funcionarios,  empleados  y usuarios a las instalaciones judiciales. En suma, el  Fiscal  previendo  lo  previsible no sólo no procedió de conformidad, sino que  decidió  voluntaria  y  conscientemente  marginarse  del  cumplimiento  de  los  deberes legales y constitucionales propios de su delicada labor.   

          2.3.                      Plantea   el   apelante  que  el  procesado  se  encontraba  “en  una  Imposibilidad  Etica y Moral o  frente  a una ‘objeción de  consciencia’ frente a las  labores  que  para  ese momento reclamaba por virtud que consideraba LEGITIMA su  posición  Política  no  solo  porque era de las personas encargadas de impedir  cualquier  labor  al interior del edificio sino por considerar que se encontraba  en  ejercicio de un Derecho que fue refrendado o legitimado por el desarrollo de  la  misma  actividad  política” habida cuenta que se  consiguió  negociar  con  el  Gobierno  Nacional,  se  acordó  el  pago de los  salarios  durante  el lapso de cese de actividades, sin represalias ni sanciones  disciplinarias,  se compensaron en otros horarios los días que duro el paro, lo  que  “en suma, le otorga la legitimidad suficiente a  este tipo de protestas”.   

Nuevamente el defensor intenta argumentar una  aparente  colisión  de  derechos o de valores, cuando bien está precisar que a  la  Sala  no  corresponde  ocuparse  de  la  legitimidad o la ilegitimidad de la  protesta  de  los  funcionarios judiciales a la que en esta actuación se alude,  pues  lo  que está suficientemente claro, es que no fue ella la determinante de  la  omisión  voluntaria del doctor MUÑÓZ  respecto de sus obligaciones legales y constitucionales, como bien  lo  señaló  el  a  quo. Por  tanto,  si  la  protesta  fue  legal  o  ilegal,  ello  en nada desnaturaliza la  comisión  del delito de prolongación ilícita de la libertad por el cual se le  acusó y condenó.   

Es  pertinente  precisar,  que  inclusive de  haberse  presentado la alegada colisión entre el derecho a la huelga del Fiscal  y  los  derechos  al  debido  proceso y a la libertad personal del procesado, en  modo  alguno  podía  haber prevalecido el primero sobre los restantes, en tanto  que  estos  son  derechos reconocidos en la Carta Política como fundamentales y  de  aplicación inmediata (artículo 28, 29 y 85 Constitución), mientras que el  derecho  a  la  huelga  es  tenido  como  derecho  social y carece de esa pronta  aplicación  (artículo  56  Constitución),  y además, porque el ejercicio del  derecho  a  la  huelga  del  doctor MUÑÓZ   como  expresión  de  sus  creencias  ideológicas  y  del  libre  desarrollo   de  su  personalidad  se  encuentra  limitado  por  “los   derechos  de  los  demás  y  el  orden  jurídico”  (artículo  16  Constitución), en este caso, por los referidos  derechos  de Vladimir Valero y  por   las  normas  legales  que  disponían  la  oportunidad  para  resolver  su  situación jurídica, respectivamente.   

          2.4.                      Adicional  a  lo anterior expone la defensa que,  gracias  a  los  acuerdos  logrados se revocó la declaratoria de ilegalidad del  paro,  a  la  vez  que  el  Consejo  Superior de la Judicatura dejó sentado que  cuando   se   presenta   concertación   entre   el   Gobierno   y  ASONAL  no  puede  hablarse  de  paro o de  huelga,  sino  de  jornada  de protesta, que no puede ser objeto de represión y  que  con  base  en  ello  fueron  archivados  los procesos disciplinarios que se  adelantaban   en   los   Consejos   Seccionales   de   la   Judicatura  de  cada  región.   

La Sala considera suficiente señalar que si  la  naturaleza  jurídica  de  la acción penal es diversa e independiente de la  acción  disciplinaria,  como  reiteradamente lo estableció la jurisprudencia y  así  fue  consagrado  en el artículo 2º del Código Único Disciplinario (Ley  734   de   2002)   al   señalar   que  “La  acción  disciplinaria  es  independiente  de  cualquiera  otra  que  pueda  surgir de la  comisión   de   la   falta”,  el  archivo  de  las  investigaciones  disciplinarias  no condiciona en manera alguna el trámite o lo  resuelto   en   los   procesos   penales,   como   erradamente  lo  pretende  el  impugnante.   

          2.5.                      Plantea  el  defensor que a pesar de tratarse de  un  servicio  público  esencial,  el  cese de actividades de los funcionarios y  empleados  judiciales  no  podía  ser  considerado  ilegal habida cuenta que la  Corte  Constitucional  tenía para la época de los hechos tesis contradictorias  que  finalmente  fueron  armonizadas mediante la sentencia de unificación SU-36  del  29  de  enero  de  1999,  es decir, con posterioridad al comportamiento que  aquí se investiga.   

En punto del referido argumento defensivo es  pertinente  resaltar  una  vez  más,  que  no  se  discute aquí la legalidad o  ilegalidad  de  la  protesta,  sino la posibilidad cierta y efectiva que tuvo el  procesado  de actuar conforme a derecho, y que pese a ello decidió voluntaria e  intencionalmente  sustraerse  a su obligación y dejar en estado de indefensión  a un ciudadano privado de su libertad.   

2.6.          Insiste  la  defensa en que si el primer  día  de  cese  de labores y último del término legal para resolver situación  jurídica  al  privado  de  libertad  fue el 8 de octubre de 1998, no acierta el  Tribunal   al  señalar  que  el  procesado  “había  contado  con  dos  días y algunas horas con antelación para proceder a definir  la  suerte  del  acriminado como si el funcionario estuviere obligado a resolver  inmediatamente     le     llegue     el     proceso    a    Despacho”.   

Sobre el particular encuentra la Sala que si  bien  es  cierto que el funcionario judicial no tiene la obligación de resolver  los  asuntos  inmediatamente  arriban  a  su despacho, no lo es menos, que si en  especiales  circunstancias como las que aquí se exponen de un inminente cese de  actividades,  avizora  segura  y  certeramente  que  de no proceder de inmediato  incumplirá  sus  deberes  legales  y  constitucionales  y  resultarán dañados  bienes  jurídicos  que  le  compete  proteger,  no  hay  asomo de duda que debe  proceder  a  resolver  tiempo  antes  del  vencimiento  del término, pues de lo  contrario  se  verá  avocado a investigaciones y posibles sanciones como la que  ahora  nos  ocupa,  circunstancia  peculiar  que  obliga  a  dar  contexto a las  exigencias  legales  en  punto del cumplimiento de los términos que integran la  más  amplia noción del derecho fundamental al debido proceso, y que en asuntos  como  este,  conlleva  la  protección  del  derecho  fundamental  a la libertad  personal  de  los  individuos que se vio lesionado con la prolongación ilícita  de   la  privación  de  la  libertad  de  la  cual  fue  víctima  Vladimir         Armando         Valero         Sánchez.   

De conformidad con las razones expuestas, no  se  accederá  a  la pretensión de la defensa orientada a conseguir que la Sala  revoque   el   fallo   condenatorio  proferido  contra  el  doctor  RAÚL  ALDEMAR  MUÑÓZ  GALINDO,  al  ser  hallado  penalmente  responsable en calidad de autor del delito de prolongación  ilícita  de  privación  de  la  libertad;  por  el contrario, se dispondrá su  confirmación,  precisando  que el comportamiento fue cometido a título de dolo  directo,  y  no  eventual,  como  se  anotó  en el fallo impugnado, sin que tal  precisión  tenga consecuencias de conformidad con el ámbito de protección del  artículo    31    de   la   Carta   Política,   por   tratarse   de   apelante  único.   

          Es  oportuno  expresar, que no hay lugar a pronunciamiento alguno en  punto   del   principio   de   favorabilidad   con  ocasión  del  tránsito  de  legislación,  habida  cuenta  que la Ley 599 de 2000 señala para el delito por  el  que  aquí  se procede una pena privativa de la libertad más gravosa que la  establecida  en el estatuto derogado, junto con la pérdida del empleo dispuesta  en ambos ordenamientos.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE  

CONFIRMAR el fallo  de  primera instancia en cuanto fue objeto de impugnación, con las aclaraciones  plasmadas,   de   acuerdo   con   las   razones   consignadas   en  la  anterior  motivación.   

Contra  esta  sentencia  no  procede recurso  alguno.   

Cópiese,  notifíquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL         HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ  ARGOTE         JORGE  ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA    TRUJILLO                  ÁLVARO          ORLANDO          PÉREZ  PINZÓN   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                  JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1 Cfr.  Providencia  del  25  de junio de 2002. M.P. Dr. Carlos A. Gálvez Argote, entre  otras.     

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