17896(19-06-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17896  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Aprobado acta No.70   

                            Magistrado Ponente:   

                            Dr. MAURO SOLARTE PORTILLA   

Bogotá,  D.  C., diecinueve de junio del dos  mil tres.   

Resuelve  la  Corte  la  acción de revisión  promovida  por  el  Procurador  269  Judicial  I Penal del Municipio de La Plata  (Huila),  contra  la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Neiva  el  30  de  enero  de  1992, mediante la cual confirmó sin  modificaciones  la  dictada  por  el  Juzgado Unico Superior de La Plata el 8 de  noviembre  de  1991,  que  condenó  a  JOSUE RICAURTE  CHAMBUETA  a la pena principal privativa de la libertad  de  19  años  de  prisión,  como autor responsable de los delitos de homicidio  agravado  y  porte  ilegal  de armas de fuego de defensa personal, y absolvió a  los   hermanos  FELICIANO  LIPONS  LIZ  (a.  Julio)  y  BENJAMIN  LIPONS LIZ (a. Manuel), de los cargos que les  fueron   imputados  en  la  resolución de acusación por el primero de los  referidos delitos.   

Antecedentes.   

El  miércoles  10  de octubre de 1990, en la  Vereda  Las Mercedes del Municipio de Paicol (Huila), siendo aproximadamente las  siete  de  la  mañana, cuatro sujetos (tres hombres y una mujer), interceptaron  el  bus  mixto  de  placa VX-1278, que cubría la ruta Itaibe (Cauca) – La Plata  (Huila),  dando  muerte  a  su  propietario Vicente Valencia Lemus, contra quien  dispararon  repetidamente con armas de fuego, en presencia de los pasajeros. Uno  de  los  sujetos  utilizaba prendas de las fuerzas militares (camuflado), y otro  llevaba  la  cara  tiznada.  Cometido el crimen, emprendieron la huida, llevando  consigo  el  bolso de la víctima, donde cargaba documentos, medicinas y dinero.  En  el  lugar  de  los  hechos  las  autoridades hallaron tres proyectiles, y un  recipiente  plástico  color  amarillo  con  residuos  de  guarapo de caña. Dos  proyectiles  más  fueron  recuperados en el cuerpo de la víctima (fls.2-5, 88,  108, 129-134/1).     

El   viernes   19   de   octubre,   siendo  aproximadamente  las  0:50  horas,  José  David  Cuadros  Flórez alertó a los  agentes  de  policía  Javier  Caballero Garzón y Juan de Dios Rivera Restrepo,  pertenecientes  a  la  Estación de La Plata, de la presencia de un individuo en  la  esquina  de la carrera 6ª con calle 10, en actitud sospechosa. Al acercarse  al  lugar  indicado,  el  sujeto  intentó  huir,  pero fue capturado una cuadra  adelante,  hallándose  en su poder un revólver marca Colt calibre 38 largo con  seis  cartuchos,  una  linterna  en  buen  estado,  y  una toalla con la cual se  cubría   el   rostro.   El   aprehendido  fue  identificado  como  Josué  Ricaurte  Chambueta, con cédula de  ciudadanía  No.12’275.445  de  La  Plata,  de 22 años de edad, natural de Melgar, Departamento del Tolima.  Horas  más  tarde, en el lugar de su residencia, la policía halló una chapuza  para   arma   de   fuego   tipo   revólver   (fls.39,   57,   58   vuelto,  71,  103/1).     

En  versión libre rendida el mismo día ante  el    Comando   de   Policía,   Ricaurte   Chambueta  explicó  que  cuando  los  agentes  le dieron captura  se   dirigía  a  la  casa  del  señor  Jairo  Leguízamo, residente en la  carrera  6ª  No.10  A-  44, a reunirse con la señora Merecedes Leguízamo, con  quien  había  acordado  viajar a la ciudad de Neiva a las cuatro de la mañana.  Aseguró  que  el  revólver  lo compró a un señor cuyo nombre no recordaba, y  que  en  el  momento  de  su  captura  salió  corriendo  porque le dio susto al  advertir que se trataba de la policía (fls.41/1).   

El mismo viernes (19 de octubre), en las horas  de  la  mañana,  fue  provisionalmente  retenido  por  la policía Eladio  Rojas  Oino  (ayudante del bus  mixto  de placa VX-1278), con el fin de dejarlo a disposición del  Juzgado  que  investigaba  la  muerte  de  Vicente  Valencia  Lemus, pues se rumoraba que  podía  tener  información  sobre los hechos. En las instalaciones del cuartel,  el  agente  Jesús  Alberto  Trujillo,  comandante de guardia, pudo observar que  Rojas  Oino  saludó  en los  calabozos   a  Josué  Ricaurte  Chambueta,  y  que  este último “se llevó la mano a la boca y con el dedo  le  hizo  señas  que  se  callara”.  Llevado por la curiosidad le preguntó a  Rojas  Oino  si lo conocía,  habiéndole  manifestado que sí, que lo había visto en la escena del crimen, y  se  trataba del sujeto que “estaba uniformado con la cara tiznada”. En vista  de  ello  lo  trasladó  de  nuevo  a  la  guardia, e informó de lo sucedido al  Dragoneante   Amadeo   Plazas  Roa,  ante  quien  el  detenido  hizo  idénticas  afirmaciones (fls.71, 73 vuelto/1).   

En     la    Fiscalía,    Eladio  Rojas  Oino  reiteró lo dicho, con  precisiones  adicionales.  Manifestó  que  el  día anterior a la muerte de don  Vicente  (martes),  encontrándose  en  el Municipio de La Plata, en el interior  del  bus  de propiedad de la víctima, se acercaron tres muchachos (uno blanco y  dos  “negritos”  de  baja  estatura),  que  dijeron llamarse JAIME, JAVIER Y  JAVER,   y  le preguntaron varias cosas, entre ellas, si la gente de Itaibe  era  rica,  de  dónde era oriundo, dónde vivía, qué hacía, de quién era el  carro,  y  si el dueño era adinerado, y luego se despidieron advirtiéndole que  se  quedara  callado. Asegura que estas personas fueron las mismas que abordaron  el  bus  el  miércoles  y  mataron a Vicente Valencia Lemus, solo que el hombre  blanco  (a  quien  identifica  como  JAIME), vestía de soldado, y los otros dos  (los  negros)  tenían  la  cara  tiznada.  JAIME  disparó dos veces contra don  Vicente  cuando  bajaba  del  carro, luego lo hizo la muchacha, mientras JAVER Y  JAVIER   miraban.  Preguntado  si  había  vuelto  a  ver a dichos sujetos,  manifestó:  “Pues en la policía hoy a las ocho más o menos de la mañana vi  a  JAIME  que lo tenían en el calabozo, yo lo reconocí, a los otros dos no los  he  vuelto  a  ver…me  llevaron a un investigo (sic), la policía me preguntó  que  si no había vuelto a ver a los negros bajitos esos y entonces desde afuera  miré  a  uno  que  estaba  en  el  calabozo  y se me hacía parecido a JAIME, y  entonces  yo le dije a la policía que ese era uno” (fls.35-37/1). Cinco días  después  (24  de  octubre), en diligencia de reconocimiento en fila de personas  con   la   presencia   del  detenido  Josué  Ricaurte  Chambueta,  el  testigo  dijo no conocerlo (fls.68, 68  vuelto,  69 y 69 vuelto ibídem).       

Con  fundamento  en  estas  pruebas,  y  los  testimonios  de  los  ocupantes  del  bus  José  Luis  Landázuri    Quiñones   (conductor),   Luz  Deicy  Valencia  Páez  (hija  de  la  víctima),     Eduardo    Lemus    Serna,  Olga Lucía Valencia Gualy, Campo Elías  Valencia,  Flor Andrade, Gerardo Valencia Díaz, Anderson Alberto Lemos Medina y  Hernando  Lavao (fls.15, 18, 23 vuelto, 24 vuelto, 26,  27  vuelto,  29,  30  vuelto  y  32  vuelto/1), la Fiscalía dispuso vincular al  proceso   a   Josué  Ricaurte  Chambueta,  y  ordenó  el  envío,  al  Instituto  de  Medicina  Legal,  del  revólver  hallado  en  su  poder,  junto  con los proyectiles recuperados en el  lugar  de  los  hechos  y en el cuerpo de la víctima (5 en total), para estudio  comparativo,  prueba  a  través  de la cual logró establecerse que todos ellos  fueron  disparados  por  el  arma  sometida  a  análisis  (fls.44,  183-185/1).   

En      indagatoria,     Ricaurte     Chambueta    relató    las  circunstancias  en  las  cuales  fue capturado, coincidiendo con lo afirmado por  los  policiales,  pero  precisó que en su poder no tenía armas de fuego, y que  la  versión  que  rindió  en  el  Comando  la firmó sin leerla. La chapuza la  encontró  en  el  campo, y la tenía guardada en la pieza. Tildó de falsas las  afirmaciones   de   Eladio  Rojas  Oino,  y  aseguró  que la semana del 10 de octubre estuvo trabajando donde  Abelardo   Rojas  Castillo,  en  la  finca  La  Esmeralda.  Preguntado  por  sus  antecedentes  judiciales,  manifestó que estuvo detenido 16 meses por el delito  de  extorsión,  y  que  obtuvo  la  libertad en el mes de abril de ese año. En  cuanto  a sus características morfológicas, se dejó constancia que se trataba  de  una  persona  de 1.67 de estatura, contextura normal, piel trigueña clara y  cabello ondulado (fls.45-49vuelto/1).   

Al  proceso  fueron  también  vinculados los  hermanos  Feliciano  Lipons Liz (a. Julio) y Benjamín  Lipons  Liz  (a.  Manuel),  el  primero  a  través de  indagatoria  (fls.140  vuelto/1), y el segundo mediante declaración en ausencia  (fls.180,  188  y  205/1).  Esta  decisión  se  sustentó  en informaciones que  indicaban  que  los  hermanos  Lipons Liz habían  develado  públicamente  la  intención  de matar a Vicente  Valencia  Lemus,  a  quien  culpaban  de  la muerte de su padre, ocurrida varios  años  atrás;  y  en  el  reconocimiento  en  fila de personas realizado por la  testigo   Luz   Deicy  Valencia  Páez,  quien  señaló  al primero de los nombrados como uno de los autores  del   ilícito,  concretamente  como  el  sujeto  que  tenía  la  cara  tiznada  (fls.137vuelto/1).   

En      indagatoria,     Feliciano  Lipons Liz afirmó que la semana  del  10  de  octubre  se  encontraba  trabajando  en  la  finca  de Jaime  Enrique  Vargas  Muñoz,  y  que no  tenía  trabajadores  a  su  cargo.  Se  declaró inocente, y dijo no conocer al  coprocesado  Josué  Ricaurte  Chambueta. En  relación  con sus características físicas se dejó constancia  que  se  trataba  de  una  persona  de  27  años de edad, raza mestiza, 1.55 de  estatura  aproximadamente, color moreno claro, de contextura mediana, pelo negro  lacio      (fls.140  vuelto-144/1).    

En desarrollo de la investigación se sometió  a    reconocimiento    en   fila   de   personas   al   procesado   Josué  Ricaurte Chambueta por parte de los  testigos  de  los hechos Luz Deicy Valencia Páez,  José  Luis  Landázuri  Quiñones,  Eduardo Lemus Serna, Anderson Alberto Lemos  Medina,  José  Mario Embus Cruz, Campo Elías Valencia y Gerardo Valencia Díaz  (fls.54,  68,  215 y 331/1), con resultados negativos.  La  misma  diligencia  se  realizó  con la presencia del procesado Feliciano  Lipons  Liz,  por  parte de los  testigos  José  Luis  Landázuri  Quiñones,  Eduardo  Lemus  Serna,  Anderson  Alberto  Lemus,  José  Mario  Embus Cruz, Campo Elías  Valencia,   Gerardo   Valencia   Díaz   y   Eladio   Rojas  Oino,  con     resultados     igualmente    adversos    (fls.137    vuelto,  215/1).   

Para  los  fines  de  la acción de revisión  resulta  importante  destacar  el  testimonio  de Jaime  Enrique  Vargas  Muñoz.  Dicho  testigo  expresó que  Feliciano Lipons Liz (a quien  conoce  como  Julio), trabajó con su esposa Cristina en la finca que administra  (ubicada  en  la  Vereda  Segovianas)  por  espacio de 15 meses aproximadamente,  hasta  el  20  de  octubre  de  1990, cuando decidió marcharse argumentando que  “les  había  salido  una  coloca  para  los lados de Garzón”. Informó que  Julio tenía dos trabajadores  que  normalmente  lo acompañaban, RODOLFO y  MARIN0,  y que  la  semana  del  10  de  octubre  se encontraban en la finca trabajando con él.  Describe  a  RODOLFO como una  persona  de 25 o 27 años, de rasgos indígenas, de la misma estatura y el mismo  cuerpo  que  Julio, pero más gordo, como “caucano” y moreno. A MARINO,  como  de   22  años,  de la  misma  estatura de los anteriores,  blanco, como “zarco, oji rayoso”, y  de  pelo  castaño.  Explica  que  en  la  finca  permanecían  únicamente  los  trabajadores,  y  que  la semana del 10 de octubre recuerda haberlos visitado el  lunes,  y  el  viernes  o  sábado  siguiente  (fls.114  vuelto y 202 vuelto/1).   

También deben ser destacados los testimonios  de     Abelardo    Rojas    Castillo    y José Albán Rojas Castillo (hermano  del  anterior),  personas  con  las  cuales  el  procesado  Josué     Ricaurte     Chambueta     dijo   haber   estado  trabajando  la  semana  del  10  de  octubre.  Inicialmente      manifestó      que      lo      hizo     con     Abelardo,   pero   como   éste,   en  su  testimonio,  aseguró que los dos trabajaron juntos pero en el mes de agosto, el  procesado   amplió  indagatoria  para  manifestar  que  había  confundido  los  nombres,  y  que  fue  con  su  hermano  José  Albán  con quien laboró esa semana.  (fls.45,177,   316/1).  Dicho  testigo  reiteró  en  lo  esencial  lo  expresado   por el  procesado.  Dijo  haber trabajado para él los días martes, miércoles y jueves  de  la  semana  del  10  de  octubre de 1990, y que suspendió las labores, pues  manifestó   que  debía  irse  porque  tenía  un  paseo  (el  testigo  rindió  declaración  el  26  de  junio  de 1991). Añade que le pagó por su trabajo la  suma de $3.700.oo (fls.326/1).   

El 30 de abril de 1991, la Fiscalía calificó  el   mérito  probatorio  del  sumario  con  resolución  de  acusación  contra  Josué  Ricaurte  Chambueta,  Feliciano Lipons Liz (a.  Julio)  y Benjamín Lipons Liz (a. Manuel). El primero,  por  los  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte ilegal de armas de fuego de  defensa   personal,  y  los  otros,  como  coautores  del  delito  de  homicidio  (fls.279-294/1).  Rituado  el  Juicio,  el  Juzgado  Unico Superior de La Plata,  mediante   sentencia  de  8  de  noviembre  de  1991,  condenó  a  Josué   Ricaurte   Chambueta  a  la  pena  principal  de  19  años  de  prisión,  como  autor  responsable de los delitos  imputados  en la resolución acusatoria, y absolvió a los hermanos Lipons   Liz   de   los  cargos  a  ellos  formulados.  Adicionalmente,  dispuso  expedir  copias  de  la  actuación  para  investigar  los otros autores del delito (fls.414-451/1).   

Apelado este fallo por el defensor (fls.465 y  467  vuelto/1),  el  Tribunal Superior de Neiva, mediante el suyo de 30 de enero  de  1992,  lo  confirmó  integralmente, adicionándolo en el sentido de ordenar  expedir   copias   para   investigar  penalmente  a  los  hermanos  Abelardo  y  Albán  Rojas Castillo, por el  posible  delito  de  falso testimonio (fls.32-40 del cuaderno No.3). Contra esta  decisión  recurrió  en  casación la defensa, pero la Corte, mediante fallo de  1ºde  abril  de 1993, desestimó los cargos presentados en su contra (fls.89-96  del cuaderno de la Corte).   

Demanda     de    revisión.   

Al  amparo de la causal tercera de revisión,  prevista  en  el  artículo  222  del  estatuto  procesal penal de 1991 (220 del  actual),  que  consagra  la  procedencia  de  la  acción  cuando después de la  sentencia  condenatoria aparezcan hechos o pruebas nuevas no conocidas al tiempo  de  los  debates  que  establezcan la inocencia del condenado, el Procurador 269  Judicial  I  Penal  del Municipio de La Plata (Huila) solicita la rescisión del  juicio,   pues   asegura  que  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  y  su esposo Marino  Santiago   confesaron  el  hecho  y  se  acogieron  a  sentencia  anticipada  en  el  nuevo  proceso  iniciado  por  la  Fiscalía para  investigar  los  otros  autores  del  ilícito,  y  que  estas  personas  en sus  exposiciones    excluyen    de    cualquier   responsabilidad   a   Josué  Ricaurte Chambueta, a quien dijeron  no conocer.   

         

Hace un recuento de la actuación cumplida en  dicho   proceso,  y  adjunta,   para  apoyar  los  hechos  básicos  de  su  petición,   copias  de  las  piezas  principales  del  proceso  seguido  contra  Josué     Ricaurte     Chambueta,     incluidas  las  sentencias  de primera y segunda instancia, y copias  del  adelantado  después  contra  Marino  Santiago  y  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo,  que  terminó  con  condena  para el primero, como autor del homicidio, y declaración de nulidad de  la     actuación    cumplida    en    relación    con    la    segunda,    por  incompetencia             (fls.11-155 del cuaderno de revisión No.1).   

    

Pruebas      practicadas.   

Dentro  del período probatorio de la acción  se  allegó  copia  del  proceso  seguido contra Marino  Santiago  y  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  en  el  juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  La  Plata,  por la muerte de Vicente  Valencia  Lemus,  y  del que posteriormente se adelantó contra la  última  en  el  Juzgado Unico Promiscuo de Familia de dicha ciudad, por el mismo motivo.  Se  practicaron  también  pruebas  de  reconocimiento  en  fila de personas del  procesado   Josué  Ricaurte  Chambueta,  por     parte    de    los    implicados    confesos    Marino   Santiago   y  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo,  con resultados negativos (fls.253 y 254 del cuaderno de revisión  No.1).    

1.  Actuación  cumplida  en el proceso seguido contra Marino Santiago y  Blanca    Lucía   Pinzón   Pachongo:   Esta   investigación  se  inició  con  fundamento  en  las  copias  ordenadas   en   la   sentencia   dictada  dentro  del  proceso  seguido  contra  Josué  Ricaurte Chambueta, y  en  el  informe de 19 de diciembre del mismo año (1991), suscrito por un agente  investigador  del  Cuerpo  Técnico  de Investigación de la Fiscalía, del cual  hace  parte  la  copia  de una carta enviada por Blanca  Lucía  Pinzón  Pachonco a la Estación de Policía de  La  Plata, de fecha 20 de febrero de 1991, donde se declara responsable de haber  participado  en el asesinato cometido en el puente de Ataibe, y pide que dejen a  “DON  JULIO” libre porque  él  no  cometió  el  delito.  Del  informe  hacen también parte dos registros  fotográficos,  uno donde aparece Blanca Lucía Pinzón  Pachongo  en  compañía  de  su  esposo  Marino  Santiago,   y  otra  donde se  encuentra   Rodolfo  N.,  a  quienes  se  señala  como posibles autores del delito. El investigador advierte  que  estos  datos y documentos los obtuvo de un informante que pidió no revelar  su nombre (fls.6-9, 25-26 del anexo No.1).   

El   27   de  octubre  de  1993  fue capturada y dejada a disposición de  la   Fiscalía   Blanca   Lucía   Pinzón   Pachongo  (fls.69  ibídem),  quien en indagatoria aceptó haber  participado    en    el    crimen,    en    compañía   de    Marino  Santiago  (para entonces compañero  marital),       Rodolfo      N.      y   Feliciano  Lipons Liz (a. Julio).  Preguntada  sobre  la forma como ocurrieron los hechos  precisó   que   la  tarde  del  martes  9  de  octubre  de  1990,  Feliciano  Lipons  Liz,  Marino  Santiago y  ella,   salieron   a   pie  de  la   finca  de  propiedad  de  Jaime  Enrique Vargas Muñoz, ubicada en la  Vereda  Segovianas,  donde  trabajaban, hacia la carretera que conduce a Itaibe,  con    el    propósito    de   cazar   un   venado,   según   lo   manifestado  por          

Feliciano  “pero  resultó  que era ese señor que iba a matar”. Esa noche durmieron en una casa  “que  hay  bajando  hacia  el puente a mano izquierda”, donde una pareja (un  señor  de  edad  y  una  señora), a quienes Feliciano  les pidió posada. El día siguiente los hizo parar, y  los  condujo al puente diciéndoles que ya venía el venado. Cuando apareció el  carro,  lo  detuvo,  y  disparó  con un revólver que llevaba en la pretina del  pantalón  al  señor  que  ocupaba  el  puesto del ayudante (lado izquierdo del  conductor).  Después  disparó  Rodolfo, un    muchacho    amigo   de   Feliciano,  que  vivía también en la finca, y llegó al lugar de  los  hechos.  Luego disparó ella, y finalmente su esposo. Todos lo hicieron con  la  misma  arma,  pues solo llevaban un revólver y una escopeta, y esta última  no    fue    percutida.    Feliciano    se  presentó  vestido  de camuflado, y Rodolfo con la cara tiznada.  De  allí  regresaron  directamente  a  Segovianas, ella por la carretera, y los  demás  por  el monte. Reconoce como suya la carta adjunta al informe, y asegura  que  la  envió  por correo al Comando porque Feliciano  le  pidió  en  una  carta que lo sacara de la cárcel  (fls.73-75 anexo 1).   

Con  el  fin  de  establecer  si Josué  Ricaurte  Chambueta  era  o  no la  misma   persona   a   la   cual   la  indagada  identificaba  como  Rodolfo,   se   practicó  reconocimiento  fotográfico,  con  resultados  negativos (fls. 103 ibídem). Posteriormente, en  ampliación  de  indagatoria,  reiteró  no  conocerlo,  y  no  haber  escuchado  mencionar  su  nombre  a ninguna de las personas que tomaron parte en el crimen.  En  cambio,  reconoció  las  fotografías de Feliciano  Lipons  Liz,  Marino  Santiago,  y  Rodolfo,   que  obran  en  el  proceso.  En  lo  sustancial, mantuvo su versión inicial, aunque  precisó  que Rodolfo se unió  a  ellos  el  mismo  día que salieron de Segovianas, y que los cuatro durmieron  esa  noche  cerca  del  puente,  en  la  casa de los dos ancianos. Preguntada si  sabía  quien consiguió el  arma utilizada en los hechos, en dónde, y por  intermedio  de  quién,  respondió:  “Creo  que  era  propio  de Feliciano  y  la escopeta también, porque  él    siempre    se   mantenía   ahí   con   el   revólver”   (fls.177-182  ibídem).   

A  este  proceso  fueron  también vinculados  Rodolfo   N.   y   Marino   Santiago.   El  primero,  mediante  declaratoria  de  persona  ausente  (fls.110  vuelto,  111  y  112  del  anexo  No.1), y el segundo, a través de indagatoria,  diligencia  en la cual aseguró no haber participado en los hechos investigados,  no  haber  trabajado  en  la  Vereda  Segovianas,  y  no  conocer a Feliciano  Lipons  Liz,  ni a Jaime  Enrique  Vargas Muñoz (fls.78 y 109  vuelto   ibídem).  Sometidos  los  procesados  Marino  Santiago   y   Blanca   Lucía   Pinzón   Pachongo  a  reconocimiento   en   fila  de  personas  por  parte  del  testigo  Vargas   Muñoz,  se  estableció  que  se  trataba  de  las  mismas que se encontraban trabajando en su finca la semana del  10  de  octubre,  en compañía de Feliciano Lipons Liz  (a.     Julio),     y     Rodolfo     N.    (fls.187  ibídem).   

El 20 de abril de 1994, la Fiscalía calificó  el  mérito  probatorio  del  sumario  con resolución de acusación respecto de  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  y  Marino Santiago,  por    homicidio    agravado,   y   preclusión   de  investigación  en  favor  de  Rodolfo N., “por  considerarse  que  no aparece la prueba que indique que este  individuo  participó  en  la  comisión del homicidio” (fls.130-136 anexo 1).  Apelada  la  acusación   por  el procesado Marino  Santiago,  la  Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Neiva  le  impartió  confirmación  (fls.4-10  cuaderno anexo 2).   

En  la  fase  del  juicio,  los  procesados  solicitaron  sentencia  anticipada.  En  la diligencia de aceptación de cargos,  Marino Santiago justificó su  silencio  inicial  argumentando  que Julio lo  amenazó  de muerte “si llegaba a aventarlo”. Al relatar los  hechos,  coincidió  con  las  afirmaciones  hechas  por su esposa en cuanto que  Julio   los   llevó   con  engaños,  y que solo después se enteraron que su propósito era darle muerte a  quien  había  asesinado  a  su  papá.  Aseguró  que en el crimen participaron  únicamente  cuatro  personas:  Julio,  Blanca Lucía,  Rodolfo  y  él.  Preguntado si conocía a Josué  Ricaurte  Chambueta, o había oído  hablar  de  él,  y  si participó en los hechos investigados, o prestó el arma  para  cometer el crimen, respondió: “No señor, yo a él no lo conozco, yo no  he  oído  nombrar  a  él”. Y al serle puesta de presente su fotografía para  reconocimiento,    dijo    no    distinguirlo.    En   cuanto   a   Rodolfo,  manifestó que era trabajador de  Julio,  y que es el mismo que  aparece  en  la  fotografía  adjunta  al  informe  de  19  de diciembre de 1991  (fls.197-199 del anexo No.1).      

Mediante  sentencia  de  30  de septiembre de  1994,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de La Plata condenó al procesado  Marino  Santiago  a  la pena  principal  privativa  de  la  libertad  de  13 años y 4 meses de prisión, como  coautor  responsable  del delito de homicidio agravado, y decretó la nulidad de  lo  actuado en relación con la implicada Blanca Lucía  Pinzón  Pachongo  a  partir  de  su  vinculación  al  proceso   mediante   indagatoria,  por  incompetencia,  en razón a ser menor de edad para la fecha en la cual  sucedieron  los hechos. Consecuencialmente, dispuso expedir copias de lo actuado  con   destino   al  Juzgado  Unico  Promiscuo  de  Familia  de  lugar,  para  la  investigación  pertinente (fls.202-212 del anexo No.1).        

2.   Actuación  cumplida  en  el  proceso  seguido  contra  Blanca Lucía Pinzón Pachongo en el  Juzgado  de  Familia: Mediante  auto  de  3  de  noviembre  de  1994 el Juzgado dictó auto cabeza de proceso, y  ordenó  escuchar en diligencia de información a la implicada (fls.35 del anexo  No.3).  En  este  diligencia,  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  reiteró  lo  ya  afirmado en sus anteriores  intervenciones  judiciales en relación con su participación en el crimen, y la  participación     que     tuvieron     en     el    mismo     Feliciano   Lipons   Liz   (a.   Julio),   Rodolfo   N.   y   Marino  Santiago   Insistió  en que nadie más intervino  en   los   hechos,  y  que  no  conoce,  ni  ha  oído  nombrar  a  Josué   Ricaurte   Chambueta  (fls.78-80  ibídem).  Este  proceso  concluyó  el  4 de julio de 1996, con declaración de  responsabilidad  penal,  a título de infractora de los artículos 323 y 324 del  Código Penal (fls.115-119 ibídem).   

Alegatos    de    conclusión.   

    

1. Del accionante:     

Sostiene  que  en  los   reconocimientos  fotográficos  y  en  fila  de  personas realizados por los esposos Marino  Santiago  y  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  dentro    del    proceso   adelantado   en   su   contra,  y ahora en la acción de revisión, y en  los  reconocimientos  efectuados por varios testigos de los hechos en la primera  de   dichas   actuaciones,  el  hoy  condenado  Josué  Ricaurte  Chambueta  no  fue identificado como autor o  partícipe  del crimen, y que este resultado deja sin piso cualquier indicio que  pudiera existir en su contra.   

Cuestiona  que  el  documento  signado  por  Blanca Lucía no hubiera sido  aportado     oportunamente    al    proceso    seguido    contra    Josué  Ricaurte  Chambueta, como también,  que  le  haya  sido imputado a éste la posesión del arma homicida, no obstante  haberse  establecido que el acusado pretendía viajar esa mañana a la ciudad de  Neiva  en compañía de una amiga, con el fin de que cumpliera una cita médica,  y  que  debían  utilizar  un medio de transporte público, y movilizarse por un  carreteable  en  ese tiempo destapado, donde existía alta posibilidad de hallar  retenes militares o policiales en el camino.   

Sustentado en estas consideraciones, pide a la  Corte ordenar la revisión del fallo atacado.   

    

1. Del defensor:     

Asegura que en el presente caso no existe duda  sobre  la  presencia  de la causal tercera de revisión. La sentencia de primera  instancia  fue dictada el 8 de noviembre de 1991, y el 19 de diciembre siguiente  el  Cuerpo Técnico de Investigaciones envió un oficio al Juzgado informando de  la  existencia  de  la  carta  que reposaba en la Estación de Policía, la cual  dijo  origen  al  nuevo  proceso,  donde se esclarecerían totalmente lo hechos.  Dicha  actuación,  se  erigió  en  “el  hecho  nuevo”  que dio lugar a que  surgieran  “pruebas  nuevas”,  las  cuales, no obstante haber sido conocidas  por  algunas  autoridades  cuando  se  debatía  todavía  la responsabilidad de  Josué Ricaurte Chambueta, se  mantuvieron  intencionalmente  ocultas  para  su  desgracia, en actitud más que  sospechosa, criminosa.    

Gracias al testimonio de la joven Blanca   Lucía   Pinzón   Pachongo,  que  califica  de  intrínsecamente coherente, se pudo esclarecer el crimen. Su carta  a  la  policía  confesando  su  participación  en el mismo, y pidiéndoles que  “fueran  por  ella”,  permitió finalmente conocer la verdad de lo sucedido.  Quiso  colaborar  con  la  justicia,  tan convencida de su responsabilidad, como  Josué  Ricaurte Chambueta lo  estuvo  siempre  de  su  inocencia.  Pide  a  la Corte, por tanto, “revocar la  sentencia  dictada el 8 de noviembre de 1991 por el Juzgado Unico Superior de la  Plata”,   y   en   su  lugar  absolver  al  procesado,  por  no  haber  tenido  participación                               en                              los  hechos.            

    

1. De la Delegada:     

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Investigación  y  el  Juzgamiento  Penal  considera que la acción promovida no  debe  prosperar.  Asegura, después de transcribir doctrina de la Corte sobre el  sentido  y  alcance  la  causal  tercera  de revisión, que del análisis de las  sentencia  de  primera  y  segunda  instancia,  donde  se  condenó al procesado  Josué Ricaurte Chambueta por  los  delitos  de homicidio agravado y porte ilegal de armas de defensa personal,  se  advierte  que  los  juzgadores  valoraron  en  forma  juiciosa  el contenido  probatorio,  y  que  existían  elementos  de convicción que permitían generar  certeza de su responsabilidad en los hechos.   

Altamente  comprometedora  resultaba  para el  acusado  la  circunstancia de haber sido aprehendido apenas nueve días después  de  los  hechos  en  posesión del arma homicida. Con mayor razón si se toma en  cuenta  que   aceptó ser también tenedor de una chapuza, que como bien lo  indicaron  bajo  la  gravedad  del  juramento  algunos  de  los  policiales  que  intervinieron  en  la captura,  “se advertía era aquella que se empleaba  para  guardar  el  revólver”.  Así las cosas, resultaba pertinente concluir,  como  lo hicieron los juzgadores, que el aprehendido poseía el arma sin permiso  para   hacerlo,   y   no  que  los  policiales  hubiesen  querido,  por  razones  desconocidas, incriminarlo injustamente en una acción delictiva.   

Devenía  igualmente  comprometedor  que  el  acusado  buscara  hacer  creer por todos los medios que el 10 de octubre de 1991  se  encontraba  en  un  lugar  distinto  de  los  hechos, realizando actividades  propias  de labranza, y que las personas que citó para respaldar su coartada no  lo  avalaran.   Fuera de esto, existían otras circunstancias que no fueron  analizadas  por  los  juzgadores de instancia, que permitían reforzar aún más  la decisión de condena.   

De  una  parte, se tiene que en el proceso se  hizo  expresa  referencia  a  la  presencia  de cuatro personas como autoras del  homicidio   (tres   hombre  y  una  mujer),  advirtiéndose  que  frente  a  las  características  físicas  del  procesado,  era  factible identificarlo como el  más  blanco,  teniendo  en  cuenta  que  los otros dos varones fueron descritos  inequívocamente  como  de  rasgos  netamente  indígenas.  De  otra,  llama  la  atención  las  circunstancias  que rodearon la aprehensión del procesado, pues  no  se  advierte justificado que se dirigiera a cumplir una cita fijada para las  3  o  4  de  la mañana, con tanta anticipación. Finalmente debe destacarse que  para  el  año  de  1990  el procesado no era una persona ajena a los conflictos  judiciales.  Por  el  contrario,  admitió  haber  sido  condenado a 16 meses de  prisión  por  el  delito de extorsión, circunstancia que permitía predicar de  él una personalidad proclive al delito.     

A  estos  elementos de prueba se oponen ahora  otros,  que  en  sentir  del  accionante,  prueban  la inocencia de Ricaurte  Chambueta. En esencia se plantea  que     la     joven     Blanca    Lucía    Pinzón  Pachongo  admitió  haber  participado  en  los hechos  junto  con  su esposo Marino Santiago, Feliciano Lipons  Liz   y   Rodolfo   N.,   y  que  encontrándose   identificados  los cuatro sujetos que intervinieron en la ejecución del crimen,  habría   de   concluirse   que   la   condena   que   afectó   a  Ricaurte   Chambueta   es   materialmente  injusta.       

   

Para   la   Delegada,   sin   embargo,  las  motivaciones  que sirvieron de soporte a la sentencia atacada no aparecen “del  todo”  desvirtuadas por las nuevas pruebas. En primer lugar, no puede perderse  de  vista  que   la  menor  implicada  envió la carta a las autoridades de  policía  de  La  Plata  obligada  por  las  amenazas  recibidas de Feliciano  Lipons Liz, quien a la sazón se  encontraba  privado  de  la  libertad, y que siendo ello así, no puede dejar de  considerarse  que  igualmente  “pudo  encontrarse  amenazada  por Josué  Ricaurte  Chambueta”, igualmente  privado  de la libertad. “En tal virtud, nada obsta para considerar que aquél  a    quien    ella   señala   como   ‘RODOLFO’ no sea  el precitado JOSE RICAURTE CHAMBUETA”.   

En  segundo  lugar,  del  relato de la menor,  donde  hace  cargos  contra  Feliciano  Lipons  Liz  y  Rodolfo  N.  (que no pudieron ser tomados en cuenta en  virtud  del  principio  non  bis  in  ídem),  queda la impresión de que no fue  absolutamente  libre,  ni  estuvo  determinada  por  el  ánimo  de confiar a la  justicia   lo   realmente   ocurrido.   No   aparece  lógico  que  Lipons  Liz, en lugar de buscar un grupo de  personas  que  fueran  de su confianza, y de quienes tuviera alguna seguridad de  su  capacidad para actuar por fuera de los marcos legales, acudiera a reclutar a  Blanca     Lucía     y     Marino,    llevándolos   prácticamente   engañados  hasta  el  sitio  de  la  emboscada.   

Si  son tomadas en consideración, por tanto,  las  motivaciones  del  fallo  atacado, y las argumentaciones adicionales atrás  consignadas,  se  concluye  que no ha sido acreditado, con el rigor que exige la  acción  de  revisión, la inocencia de Josué Ricaurte  Chambueta.   Por  el  contrario,  en  criterio  de  la  Delegada,  el  condenado  corresponde a quien la testigo LUZ DEICY VALENCIA PAEZ  (hija   de   la  víctima)  describe  como  “un hombre delgado”, “caridelgatito”, “trigueñito”,  que  usaba  prendas  militares,  el  mismo  que  el  testigo  ELADIO  ROJAS OINO  referencia  como  “altico”,  de  cabello negro, joven, y de quien igualmente  indicó  usaba camuflado estilo soldado. “Esto es, aquella persona respecto de  la     cual    se    ha    pretendido    aducir    se    llamaba    ‘RODOLFO’,  y  que  sería,  por  ende,  alguien  completamente diferente a JOSE RICAURTE CHAMBUETA”.   

Consecuente   con   estas  argumentaciones,  solicita a la Corte no revisar la sentencia cuestionada.   

SE        CONSIDERA:   

    

1. Competencia.     

La Corte es competente para decidir sobre las  acciones  de  revisión  promovidas  contra  las  sentencia de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales Superiores de Distrito Judicial, como la que es  objeto  de  estudio, acorde con lo dispuesto en el artículo 68.2 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991  (Decreto  2700),  hoy  75.2  del  nuevo estatuto  procesal (ley 600 del 2000).   

2.  Causal alegada.  Presupuestos sustanciales.   

Dos  son los presupuestos básicos requeridos  para  la  configuración  de  la  causal  tercera de revisión, en la hipótesis  invocada  por  el  accionante:  (1)  Que  sobrevenga  una  situación fáctica o  probatoria  ex  novo,  no  conocida  en el curso del proceso; y (2) que la nueva  evidencia  fáctico  probatoria  tenga  la virtualidad de establecer en grado de  certeza  la  inocencia  del  condenado,  o  de tornar cuando menos discutible la  verdad   declarada   en   el   fallo,  haciendo  que  no  pueda  probatoriamente  mantenerse.   

3.   Evidencia  probatoria  aducida  como  fundamento  de la acción. Carácter ex novo. Entidad  demostrativa. Discutibilidad  de la verdad declarada en los fallos.   

Las  pruebas  que se allegaron para demostrar  los  fundamentos básicos de la causal invocada son, en esencia, las siguientes:  (1)    confesión    de    Blanca   Lucía   Pinzón  Pachongo;    (2)    confesión    de    Marino  Santiago;  (3) los reconocimientos  fotográficos  y  en fila de personas realizados por los procesados Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  y  Marino  Santiago  respecto  de  Josué  Ricaurte  Chambueta;  y (4) la carta de fecha 20 de febrero de 1991, signada  por  la  primera,  donde  pide  que se deje en libertad al detenido Feliciano  Lipons  Liz  (a. Julio), y donde  reconoce su participación en el crimen.   

El   carácter  ex  novo  de  estos  medios  probatorios  no  admite discusiones. Por prueba nueva en materia de revisión ha  sido  entendido,  según  reiterada jurisprudencia de la Corte, todo mecanismo o  instrumento  probatorio  no  incorporado  al proceso, que da cuenta de un evento  desconocido  en  las  instancias, o de una variante sustancial de un hecho   ya  conocido.  Estas  condiciones  se cumplen a cabalidad en el caso en estudio,  pues  ninguna  de  las  pruebas  que  vienen  de ser relacionadas hizo parte del  proceso  cuya  revisión  se  solicita,  y  si  es  consultado  su contenido, se  establece  que  en  su conjunto informan de un hecho indiscutiblemente novedoso:  la  identidad  de  quienes  fueron  o  habrían  sido los verdaderos autores del  delito.   

En   efecto.  Los  procesados  Blanca    Lucía   Pinzón   Pachongo   y  Marino  Santiago  (prueba ex  novo),  hacen  en concreto dos afirmaciones: (1) que el sentenciado Josué  Ricaurte Chambueta no participó en  el   crimen,   y   (2)   que   los   verdaderos   autores   fueron  Feliciano   Lipons   Liz   (a.   Julio),   Rodolfo  N.  (amigo  del  anterior), y ellos dos (Blanca  Lucía  y  Marino).  Los cuatro salieron la tarde del 9  de  octubre  de  1990 de la finca de propiedad de Jaime  Enrique   Vargas   Muñoz,   ubicada   en  la  Vereda  Segovianas,  en  dirección  al  puente de Itaibe, a donde llegaron alrededor de  las  8  de  la  noche.  Cerca de allí, en una casa habitada por dos personas de  edad,  pernoctaron, y el día siguiente, en las primeras horas de la mañana, se  dirigieron   al   puente,   donde  esperaron  el  bus  y  ejecutaron  el  hecho.   

Con  fundamento en estos elementos de juicio,  accionante  y  defensor    afirmar que Josué  Ricaurte  Chambueta  es inocente, y que se cumplen, por  tanto,  los  presupuestos  requeridos para ordenar la revisión del juicio. Esta  apreciación,  aunque en apariencia válida, parte de un supuesto inexacto, como  es  dar  por sentado que el relato efectuado por Marino  Santiago  y  Blanca Lucía Pinzón Pachongo corresponde  integralmente  a  la  verdad  histórica, y que lo dicho por ellos desvirtúa la  prueba  que  sirvió  de fundamento para proferir decisión de condena en contra  de    Josué    Ricaurte   Chambueta,   como coautor del crimen.       

La Corte no pone en duda la participación de  los    esposos    Santiago    Pinzón   en   los   hechos.   Esta   verdad   resulta   intangible,   de  una  parte    porque  así  fue  declarado  en  los fallos dictados por los  Juzgados  Segundo  Penal  del  Circuito  y  Unico  de  Familia de La Plata, cuyo  contenido  se torna indiscutible en virtud de los efectos de cosa juzgada de que  están  revestidos,  y  de  otra  porque así lo revela la evidencia probatoria.  Pero  es  evidente  que no todas sus afirmaciones resultan dignas de crédito, y  que  no  todo  lo dicho por ellos es cierto. Existen fundadas razones para creer  que  no  han  sido  totalmente  sinceros  con  la justicia, y que algunas de sus  afirmaciones  pudieron haber estado determinadas por el interés de Ricaurte Chambueta. Veamos:   

En la carta enviada al Comando de Policía de  La  Plata,  Blanca Lucía Pinzón Pachongo precisó   que   Feliciano   Lipons   Liz  (a   quien  identifica  como  julio),  era  inocente.  Después,  en  el  curso  del proceso iniciado en su contra, aseguró que había  participado  en  el crimen, y que meses antes de su captura, concretamente en el  mes  de  mayo  de 1993 (su aprehensión se llevo a cabo en octubre de ese año),  la  amenazó  si  no decía la verdad (fls.179 vuelto del anexo No.1). Si dichas  amenazas  se  presentaron,  como  al parecer lo fueron, la pregunta obligada que  surge  es  ¿qué  interés  podría  tener  Feliciano  Lipons   Liz   en  “la  verdad”,  si  había  sido  absuelto,  y  se encontraba en libertad desde 1991? ¿Qué sentido podría tener  que  los  esposos  Santiago  Pinzón se  presentaran  a  la  justicia  a  decir  “la  verdad”,  y  lo  señalaran  como  coautor  del  hecho, si durante el proceso siempre negó haber  participado  en  el  mismo?  En  principio ninguno, a menos, claro está, que se  acepte   que   abogaba   por   los   intereses   del   sentenciado  Ricaurte   Chambueta,   ex  compañero  de  reclusión, quien continuaba detenido.    

Un  elemento  de juicio adicional que permite  concluir  que  detrás  de la investigación que se adelantó contra los esposos  Santiago   Pinzón  siempre  estuvo    Feliciano    Lipons    Liz,   lo  constituye  el  hecho  que  las  fotografías  aportadas  por el  presunto  informante, se hallaban en su poder. Es lo que surge de la versión de  la  procesada, quien al ser preguntada si conocía a las personas que aparecían  en  los registros fotográficos, respondió: “Esas fotografías me imagino que  fueron  traídas por Feliciano o Cristina (su  esposa,  aclara  la  Sala),  nosotros  nos  hicimos  tomar  esas  fotografías  en  Segovianas y ellos nos dijeron que las dejáramos. En cuanto a  la  foto  que  aparece  a  folios  2 corresponde a mi persona y mi esposo Marino  Santiago,  eso  es  una parte que le llaman Las Brisas tomadas cuando estábamos  en  Segovianas.  Y  la  del  folio  3 corresponde a Rodolfo de quien (sic) vengo  refiriéndome,  no  sé dónde fue tomada ni cómo, ni cuándo” (fls.181 anexo  No.1).   

Complementariamente  a lo dicho, se tiene que  los     relatos     suministrados     por    los    esposos    Santiago  Pinzón presentan contradicciones  intrínsecas  y  extrínsecas, claramente indicativas de que en algunos aspectos  no  se  ajustan  a  la  verdad.  Blanca Lucía Pinzón  Pachongo   aseguró,  por  ejemplo,  que  Feliciano  la llevó con engaños hasta el  lugar  de  los  hechos,  y la indujo, prácticamente contra su voluntad, a tomar  parte  en  el mismo. Pero si son analizados los testimonios de los ocupantes del  bus,   principalmente  de  José  Luis Landázuri  Quiñones  (conductor)  y Luz  Deicy  Valncia  Páez (hija de la víctima),  se establece que nada de ello es cierto,  y  que  su participación no solo se caracterizó por haber sido particularmente  activa,  sino  despiadada,  actitud  que  contrasta con la condición de persona  asaltada en su buena fe, que ahora alega.   

Dicientes   resultan   así   mismo   las  inconsistencias  que  se  advierten  en  su  testimonio,  en  relación  con  la  participación  en  los  hechos  de  la persona que identifica como Rodolfo,  y sobre la forma como llegaron a  poder   de  Feliciano  Lipons  Liz   las  armas  con las cuales se ejecutó el delito. En la primer parte  de  su  indagatoria  da  a  entender  que  en  el  hecho solo intervinieron tres  personas:   Feliciano,  Marino  y  ella.  Después,  en  el curso del interrogatorio, aseguró que también lo  hizo  Rodolfo, pero que éste  no  viajó  con  ellos, sino que llegó al lugar de los hechos, en el momento de  su  ejecución  (fls.74  y  74  vuelto).  Luego,  en ampliación de indagatoria,  precisó  que Rodolfo se unió  al  grupo  el  mismo día que salieron de Segovianas, y que los cuatro durmieron  en la casa donde habitaban los “dos viejitos”.   

En  relación  con  las  armas  utilizadas,  inicialmente  dijo  que  la  tarde  que  salieron  de  Segovianas,  Feliciano  llevaba  solamente una escopeta  de  tiro  americano,  pero que en la ejecución del crimen utilizó un revólver  que  ellos  no habían visto (fls.74 anexo 1). Posteriormente, en ampliación de  indagatoria,  manifestó  que  esa  tarde  llevaban dos armas, una escopeta y un  revólver.  Y  al  ser  preguntada a quién pertenecía el revólver, contestó:  “Creo  que  era propio de Feliciano y la escopeta también, porque él siempre  se   mantenía   ahí   con   el  revólver”  (fls.179  vuelto  y  181  vuelto  ibídem).   

Como  puede  verse,  en  muchos  aspectos  la  testigo  no  es  coherente, y esto impide acoger incondicionalmente su dicho. La  impresión  que en principio queda, como lo destaca el Procurador Delegado en su  concepto,  es  que  no  es  totalmente  veraz, que oculta información, y que lo  afirmado   por   ella  en  relación  con  la  identidad  de  las  personas  que  intervinieron  en  los  hechos,  y  el  origen de las armas utilizadas, puede no  corresponder  completamente  a la verdad histórica. Similares críticas amerita  el   testimonio   del   coprocesado  Marino  Santiago,  quien  se contradice con su esposa en varios aspectos.  Mientras   el   primero   asegura,  por  ejemplo,  que  intervino  obligado  por  Feliciano  Lipons  Liz, y que  en  el  crimen  se  utilizaron  dos revólveres, Blanca  Lucía  afirma  que  su esposo sabía de la ejecución  del  delito,  que  actuó  bajo  promesa remuneratoria, y que en el lugar de los  hechos solo fue utilizado un revólver.      

En  las  referidas  condiciones  no  deja  de  resultar  incierto  asumir, como equivocadamente lo hacen accionante y defensor,  que    las    personas    señaladas    por    los   coprocesados   Marino   Santiago   y  Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo  como coautores de los hechos, sean realmente las que intervinieron  en  ellos,  o  las únicas que lo hicieron, situación de la que se sigue que el  supuesto  de  hecho  sobre  el cual se sustenta la acción (que en la ejecución  del  crimen  participaron  solamente  cuatro personas, y que todas se encuentran  debidamente  identificadas),  no  está  acreditado,  y por tanto, que carece de  aptitud  para  socavar  los  fundamentos  probatorios del fallo de condena, cuya  rescisión se demanda.   

La   declaración   de  responsabilidad  de  Josué  Ricaurte Chambueta se  sustentó,  básicamente, en las siguientes evidencias: (1) la tenencia del arma  utilizada  en  el  crimen; (2) el testimonio de Heladio  Rojas    Oino   (ayudante   del   vehículo),   quien  inicialmente  dijo haberlo visto en el lugar de los hechos, al igual que el día  anterior  en compañía de las personas que lo abordaron para hacerle preguntas;  y  (3)  los  indicios  de  mentira  y  mala  justificación,  derivados  de  las  explicaciones  que  dio  para  justificar  su  presencia  en  el lugar donde fue  capturado,  y las que suministró para demostrar que el 10 de octubre de 1990 se  encontraba  laborando  en  un  lugar  distinto  de  aquel  donde  ocurrieron los  hechos                   (fls.414-452/1).   

Esta  prueba,  se  mantiene  incólume.  Las  afirmaciones   de   los   esposos   Santiago  Pinzón,  y  los  reconocimientos en fila de personas realizados  por   ellos,  no  logran  desvirtuar  los  testimonios  de  los  policiales  que  efectuaron   la   captura   de   Ricaurte  Chambueta,  ni  los estudios de balística que determinaron que el  arma  hallada  en  su  poder  fue  utilizada  en el crimen, pruebas que, como lo  destaca   el   Procurador   Delegado   en   su   concepto,   resultan  altamente  comprometedoras,  no solo por la circunstancia misma de la detentación, de suyo  vinculante,  sino  por  el  corto  tiempo  transcurrido  entre  la  fecha de los  acontecimientos  y  el decomiso del arma (10 días), y la actitud asumida por el  imputado  de aceptar inicialmente la tenencia en la declaración rendida ante el  Comando de Policía, y después negarla.    

Tampoco desvirtúan las pruebas que sirvieron  de  fundamento  para deducir en contra del sentenciado los indicios de mentira y  mala   justificación,   ni  logran  desmentir  las  aseveraciones  del  testigo  Heladio  Rojas Oino, quien lo  señaló  inicialmente como integrante del grupo de personas que lo abordaron el  día  anterior  para  indagarlo  sobre  varios  aspectos,  y como uno de los que  había  participado  en  el  crimen.  Consciente  de  ello, y de la contundencia  incriminatoria  de  estos elementos de juicio, el accionante opta por cuestionar  la  veracidad  de  los testimonios de los policías que realizaron la captura, y  del  testigo Rojas Oino, en el  propósito  de restarles crédito, alegación que resulta inadmisible en sede de  revisión,  por  tratarse  de  una  propuesta  orientada  a  reabrir  un  debate  probatorio  sobre  un aspecto ya definido en las instancias (credibilidad de los  testigos).    

En  síntesis,  las  pruebas en las cuales se  sustenta  la  acción  de  revisión  no menoscaban el sustrato probatorio de la  decisión   de   condena,   ni   descartan  la  participación  de  Josué  Ricaurte Chambueta en el crimen. En  su  contra  se  mantienen  vigentes  los indicios de tenencia del arma homicida,  mentira  y  mala  justificación, y las afirmaciones incriminatorias del testigo  Heladio  Rojas  Oino, pruebas  sobre  las cuales ninguna incidencia logran tener las confesiones de los esposos  Santiago  Pinzón,  pues como  ya  se  dejó  visto,  su  contenido carece de la solvencia persuasiva necesaria  para      concluir      que     Josué     Ricaurte  Chambueta sea ajeno a los hechos.   

Se declarará infundada, por tanto, la causal  de  revisión  planteada por el Procurador 269 Judicial I Penal del Municipio de  La Plata.   

4.    Otras  decisiones:      

En  su  alegato  de  conclusión, el defensor  denuncia  implícitamente  la  comisión  de  un posible delito de falsedad, por  ocultamiento  de  documentos,  por parte de los miembros de la policía nacional  que  tuvieron  conocimiento  de  la carta suscrita por la implicada Blanca  Lucía  Pinzón  Pachongo, antes de  que   concluyera  el  proceso  seguido  contra  Josué  Ricaurte    Chambueta,   donde   manifestaba   haber  participado   en   la   comisión  del  delito,  y  ofrecía  entregarse  a  las  autoridades.   Aunque  la  conducta  de  los  funcionarios  resulta  ciertamente  censurable,  y  podría  llegar a constituir falta disciplinaria o infracción a  la  ley  penal, la Corte se abstendrá de ordenar copias para su investigación,  por        prescripción,        en        ambos        casos,       de       la  acción.          

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACION  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre de la  república y por autoridad de la ley,   

R   E   S   U   E   L   V   E:   

DECLARAR INFUNDADA la  causal  de  revisión  que  se  aduce por el Procurador 269 Judicial I Penal del  Municipio  de  La Plata (Huila) contra los fallos de 8 de noviembre de 1991 y 30  de  enero  de 1992, proferidos, en su orden, por el Juzgado Unico Superior de La  Plata  y  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Neiva, mediante los  cuales   se  condenó  al  procesado  Josué  Ricaurte  Chambueta  como  coautor responsable de los delitos de  homicidio y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

NOTIFIQUESE Y CUMPLASE.  

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                 JORGE  A. GOMEZ GALLEGO   

Comisión de servicio  

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                       ALVARO                                  O.                                 PEREZ  PINZON                         

MARINA        PULIDO        DE  BARON                        JORGE L. QUINTERO MILANES   

                                   MAURO SOLARTE PORTILLA   

                                                    Teresa Ruiz  Núñez   

                                                        SECRETARIA   

    

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