17381(26-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17381  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 25  

Bogotá, D. C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil dos (2002).   

V I S T O S  

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ORLANDO RODRÍGUEZ VARGAS.   

ANTECEDENTES  

1.-   Los   hechos  se  sintetizan  en  los  siguientes:   

El  7 de agosto de 1997, en la tienda ubicada  en  la  carrera  112  N°  28-60  de  la  ciudad  de  Bogotá,  se presentó una  discusión  entre  el  propietario,  Maximiliano  Quintero, y Orlando Rodríguez  Vargas  y  sus  amigos,  al  parecer  por una cuenta de consumo de licor, la que  degeneró  en  una  riña  que  se  terminó  cuando llegaron unos agentes de la  Policía.  Una  vez se retiraron se reinició la discusión que concluyó cuando  Rodríguez  y  sus  amigos se alejaron en un vehículo Toyota que allí tenían,  pero  luego  de  dar  vuelta  a  la  manzana,  volvieron  a  pasar por frente al  establecimiento,  habiendo  salido  Maximiliano  Quintero detrás del vehículo,  siendo  ultimado  metros  adelante  por los disparos que le hicieron con arma de  fuego.    

2.-   El Juzgado 3° Penal del Circuito  de   Bogotá,   mediante  sentencia  del  27  de  agosto  de  1999,  condenó  a  ORLANDO  RODRÍGUEZ  VARGAS a  la  pena  principal de 25 años y 6 meses de prisión y a la accesoria de rigor,  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio y porte ilegal de armas de fuego de  defensa personal.   

3.-    Inconforme   con   la  anterior  decisión,  el  defensor  interpuso  el  recurso  de  apelación, el cual al ser  desatado  por  el  Tribunal  Superior de Bogotá, el 10 de diciembre de 2000, la  confirmó en su integridad.   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

El defensor del procesado, luego de referirse  a  los  hechos  y comentar la decisión del sentenciador de segundo grado, en el  capítulo      que      llamó      “CAUSAL        ALEGADA”,   asevera   que   en   aquélla   se   incurrió  en  “una  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  en  virtud a error de derecho en cuanto se le dio un valor diverso a  una  prueba  que  la  ley  le  confiere”.   

Fundamenta  el  reproche en que se les dio el  valor  de  plena  prueba  a  indicios  obrantes en el expediente, resultantes de  diferentes  testimonios recibidos y que “apuntan  a  manifestar que efectivamente entre el señor Maximiliano  Quintero  y  Orlando Rodríguez Vargas se presentó una riña antes de la muerte  del    primero”.   Pero,  advierte  el recurrente, “el  motivo  fundamental” de la  casación     se    encuentra    en    haberle    otorgado    un    “total   valor   probatorio”  a  la  declaración  rendida  por  la  señora   Liliana   Rocío   Yanini   Rodríguez,   de  la  cual  se  dedujo  la  responsabilidad  del  procesado,  cuando,  sostiene,  con esa declaración no se  logra   establecer  quién  fue  la  persona  que  disparó  contra  Maximiliano  Quintero,  pues  aquélla  asevera  que  vio  pasar  el  Toyota  blanco  con dos  personas,  el  cual dio la vuelta, regresando después, momento en el cual vio a  Maximiliano  que venía armado y que el carro retrocedía hasta cuando lo logró  tapar, instante en que el sindicado le disparó.   

Advierte  que  si  el  vehículo tapó al hoy  occiso,   la   deponente  no  podía  ver  quién  disparó,  pues  no  existía  visibilidad  siquiera  parcial.  Además,  en el automotor iban dos personas, el  procesado  y  Eudoro  Cruz Rodríguez y a ninguno se le practicó prueba de tipo  técnico  (guantelete de parafina o prueba de absorción atómica) que despejara  la duda respecto del real autor de los disparos.   

Esta incertidumbre, estima el libelista, no se  pudo   resolver  ni  siquiera  con  el  reconocimiento  que  a  través  de  una  fotografía  realizó  la  testigo  Yanini  Rodríguez,  pues  tal diligencia no  reúne  los  requisitos  señalados en la ley para que sea tenida en cuenta como  prueba.   

Lo  único  que  se  logró, anota el censor,  “fue inclinar la veracidad  del  testimonio  en  contra de ORLANDO RODRÍGUEZ VARGAS por predisposición que  facilitara    la    misma    Fiscalía”.   

En conclusión, el demandante acepta que bien  pudo  existir una riña, que el occiso persiguió armado al vehículo, que en el  mismo  se  transportaban el procesado y Eudoro Cruz Rodríguez y que Maximiliano  Quintero  falleció a consecuencia de un disparo que provino del automotor, pero  que  existe duda en cuanto a cuál de los ocupantes fue el autor del disparo, la  que,  al  tenor  del artículo 445 del Decreto 2700 de 1991(a la sazón vigente)  debe ser absuelta a favor del acusado.   

Consecuencia de lo anterior, solicita se case  la sentencia y se ordene la libertad del procesado.   

En  última titulación, y advirtiendo que es  subsidiario,   el   demandante   formula   un  segundo  cargo,  en el que solicita que en caso de no aceptarse  el  primero  se  reconozca  la  legítima defensa como causal de justificación,  pues  la  testigo  Yanini  Rodríguez manifestó que el occiso portaba un arma y  perseguía   el   vehículo   en  que  se  transportaba  el  procesado,  lo  que  “pudo  haber  producido el  desenlace              fatal”.   

Situación  que se confirma, anota, con otros  testimonios   que   sostuvieron  que  el  propio  occiso  puso  en  “entredicho”  su  derecho a la vida, pues fue quien  inició  la  riña agrediendo a Rodríguez Vargas y a Eudoro Cruz Rodríguez por  el no pago de una cuenta.   

Con  base  en ello, solicita se absuelva a su  defendido, por haber actuado en legítima defensa.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación  presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  estatuía  el  numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991, subrogado  por el 8° de la Ley 553 de 2000, vigente para la época.   

En  efecto,  en  ninguno  de  los  cargos que  postula  dice  cuál  fue  la  norma sustancial indirectamente infringida, ni su  sentido,  esto  es,  si  fue  quebrantada por falta de aplicación o aplicación  indebida.   

En la primera censura denuncia que el fallador  incurrió  en  error  de  derecho  por  falso  juicio de convicción, en cuanto,  advierte,  le  dio  al  testimonio  de  Rocio  Yanini  Rodríguez un total valor  probatorio,  diverso  al  que  la ley señala, sin percatarse que no hay ninguna  norma  que  prefije  el  valor  de  la  prueba  testimonial, pues se trata de un  elemento  de  convicción no sometido, en cuanto a su valoración, al método de  la  tarifa  legal sino de la persuasión racional, en el que el juzgador goza de  libertad  para  apreciar  su  mérito,  sólo  limitada por los principios de la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  y  las  reglas  de  la  experiencia, cuyo  quebrantamiento  debe denunciarse y desarrollarse por la vía del error de hecho  por falso raciocinio, camino que no emprendió el casacionista.   

Además,  en  el  mismo  cargo  el demandante  también  plantea  que en el reconocimiento fotográfico se cometió un error de  derecho  por  falso juicio de legalidad, ya que sostiene que éste no reúne los  requisitos  legales de aducción, pero deja el reproche en el enunciado, pues no  le  da  al  mismo  ningún desarrollo argumentativo, ni mucho menos evidencia su  incidencia en la parte dispositiva del fallo.   

Finalmente,   violando   el   principio  de  autonomía,  reclama por la no práctica de una prueba técnica, reproche que ha  debido  postular de manera separada y por la causal tercera, por desconocimiento  del principio de investigación integral.   

En  cuanto  al segundo cargo que formula como  subsidiario,  no  dice  cuál fue la clase de desatino cometido por el Tribunal,  si  de  hecho  o  de  derecho,  ni  el  falso  juicio  que  lo determinó, si de  existencia,  identidad,  legalidad  o  convicción,  o  si  se debió a un falso  raciocinio  al  haberse infringido los postulados de la sana crítica, limitando  el  discurso  a  afirmar, al estilo de un alegato de instancia, y en contra  de  lo  concluido  por  el Tribunal, que se ha debido reconocer que el procesado  actuó   en   legítima   defensa   y   que,   por   lo   tanto,   se   le  debe  absolver.   

Frente a los anotados yerros de la demanda, se  impone  su  inadmisión,  de  acuerdo  con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700  de  1991, aplicable a este caso, pues la Corte, en acatamiento al  principio de limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito  de  lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación presentada a nombre del procesado ORLANDO  RODRÍGUEZ   VARGAS.   En  consecuencia,  se  declara  desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la  Ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P., (Decreto 2700 de 1991, aplicable  a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                    

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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