17063(22-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17063  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                DR.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 73   

Bogotá  D.C.,  veintidos de mayo de dos mil  uno   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca  del aspecto formal de la demanda de  revisión  incoada  por el apoderado especial de RAFAEL  ARMANDO  HUERTAS SANABRIA, contra la sentencia expedida  el  14 de diciembre de 1999 por el Tribunal Superior de Tunja que confirmó, con  modificaciones,  la  condena  que  el  Juzgado Penal del Circuito de Ramiriquí,  Boyacá,  le  dedujo  al  procesado  al  hallarlo  responsable  de las conductas  punibles  de  acceso  carnal  violento  y  actos  sexuales abusivos con menor de  catorce   años,   en  concurso,  imponiéndosele  en  definitiva  68  meses  de  prisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Anselmo  Mesa Arias y su cónyuge, María Eudora Parra, tuvieron que  ausentarse  de su lugar habitual de residencia donde poseían una finca, ubicada  en  la  vereda  “Fernández”, comprensión municipal de Ramiriquí, Boyacá,  para  comerciar  en  Bogotá  los productos agrícolas que cultivaban en aquella  heredad,  razón  por  la cual hubieron de dejar solas por algún período a sus  menores  hijas,  Lucero,  Judy  Mayerlin  y  Jolly Yaneth, de 17, 12 y 10 años,  respectivamente, para la época de los hechos.   

Aprovechando  tal contingencia, RAFAEL  ARMANDO  HUERTAS  SANABRIA, vecino  del  lugar,  entabló  estrecha relación con las mentadas menores, logrando con  sus  requiebros  amorosos  obtener  los  favores  sexuales  de  Lucero,  acceder  carnalmente  y  por la fuerza a Judy Mayerlin, y realizar actos eróticos con la  primera  en  presencia de Jolly Yaneth, todo lo cual ocurrió entre los meses de  septiembre y noviembre de 1998.   

Vinculado al sumario y resuelta la situación  jurídica  del  indagado,  éste,  en  desarrollo  de la instrucción, pidió la  terminación  anticipada  del proceso conforme con lo establecido para el efecto  en  el  Art.  37  del C. de P. Penal; celebrada la correspondiente diligencia de  audiencia  de formulación de cargos, el Juez del conocimiento de acuerdo con la  manifestación  de  voluntad del reo en aceptar aquéllos, fulminó la instancia  con  el  fallo de condena al que se hizo alusión en el acápite inicial de este  proveído,  cuya confirmación impartió el Tribunal de Tunja en la forma atrás  dicha.     

LA  DEMANDA   

          Con  fundamento  en  la  causal  tercera de revisión prevista en el  artículo  232  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  libelista arguye la  existencia  de  pruebas  sobrevinientes  “que se han  presentado  después  de  la sentencia, relacionadas con el cambio de actitud de  las   menores   Mayerlin  y  Janeth, quienes acosadas por  un  remordimiento  de  conciencia  al  ver los efectos del proceso y los enormes  perjuicios  ocasionados  a  RAFAEL  ARMANDO,  han  develado  la  realidad  de lo  ocurrido,  pues  no  estiman  justo que un joven resulte postrado en una cárcel  por  el  capricho  y ensañamiento de su madre quien ha pretendido desconocer su  propia  responsabilidad  en  el  abandono de sus hijas, descargando sus pasiones  contra  RAFAEL  ARMANDO para lo cual ha recurrido a la coacción sobre sus hijas  (…)”   

          Esa  supuesta  retractación  que  en  relación  con  la acusación  endilgada  inicialmente  al procesado hace una de las víctimas, se consignó en  el   escrito   que   el   accionante  anexó  con  su  solicitud  de  revisión,  coligiéndose  de  su  contenido  -asegura  el  demandante- que el procedimiento  estuvo  viciado,  en  cuanto  fue objeto de estimación judicial “unas  pruebas  recaudadas  bajo presión, que fueron determinantes a  la  hora  de  evaluar la conducta del sujeto pasivo de la acción penal, y cuyas  intrínsecas  características  sólo ahora han salido a flote como consecuencia  del  ánimo expiatorio de personas que inculparon bajo coacción a un hombre que  en  realidad  no  había  cometido  los  hechos delictivos cuyo cargo se le hace  (…)”   

          Esos  hechos recientes respaldados con prueba documental permiten la  revisión  de  la  sentencia  en cuestión, a fin de que al contrastar la prueba  existente  en  el  proceso  con  la  que  a  posteriori  se  conoció,  se  proceda  a absolver al sentenciado,  concluye  el actor.           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En  tratándose  de  un proceso que culminó de manera prematura por  el  anticipado  juzgamiento  al que por voluntad propia se sometió el procesado  mediante  el  mecanismo  instituido  en  el  Art.  37  del  C.  de  P. Penal, la  aceptación  de  su  responsabilidad  penal frente a los cargos a él imputados,  implica  la  imposibilidad  de  cuestionar  con  posterioridad  los aspectos que  sirvieron de sustento al fallo.   

          Sin  embargo, en estos eventos ha venido sosteniendo la Sala que una  tal  limitante  no se extiende a la acción de revisión, en el entendido de que  si  a  lo  que con ella se aspira es a la remoción del carácter intangible que  ostenta  una  decisión  en firme considerada injusta, mal pueden descartarse la  concurrencia  de  circunstancias taxativamente descritas en la ley -Art. 232 del  C.  de P. Penal- por el simple hecho de que el fallo cuya revisión se pretende,  haya    sido    el    producto    del    acuerdo    o   del   allanamiento   del  procesado.      

Ahora,   el  carácter  inmutable  de  una  sentencia  en  firme  sólo  es  posible  removerlo  mediante el mecanismo de la  acción  de  revisión, en aquellos eventos en que es ostensible la injusticia  de  la  respectiva  decisión,  viene  sosteniendo  con reiterativa insistencia la Sala, pues, el extraordinario  instrumento  no  fue  concebido a manera de una instancia adicional donde puedan  tener  cabida  debates  ya  finiquitados  en las instancias, como la valoración  probatoria  decantada  por  el  sentenciador, o el examen que de los hechos tuvo  lugar en el juicio.   

          La  remoción  de  la  cosa  juzgada  requiere  de  la demostración  fehaciente  de  la  manifiesta  injusticia  en  que  se incurrió al emitirse el  correspondiente  pronunciamiento,  conforme  con  los  lineamientos  que para su  invocación   demanda   la  Ley  de  Procedimiento  Penal.   Por  ello,  es  imprescindible  que  quien  impetra  la  revisión de una sentencia ejecutoriada  seleccione  en  debida  forma  la  causal  con  la  cual  aspira  a acreditar la  discrepancia  entre  la verdad procesal declarada en la sentencia cuestionada, y  la  realidad  histórica  de  los  acontecimientos,  pues  de  lo  contrario sus  argumentos    resultarían    ser    una    más    de    las   alegaciones   de  instancia.   

Prueba  nueva  es  aquella  que  surge  con  posterioridad  a  los debates en las instancias y a la  culminación  del proceso con una sentencia en firme y por cuyo desconocimiento,  el  fallador  no  tuvo  la  oportunidad  de  pronunciarse  acerca de su grado de  validez  y  de  eficacia  en  relación  con  los  acontecimientos  puestos a su  conocimiento,  bien  porque realmente se trate de la aparición de hechos nuevos  que  contraríen  la  evidencia  de  lo  ya  decidido, ora porque no empece a su  existencia  previa  a  la definición del asunto, por cualquier causa se omitió  allegarla  al  averiguatorio,  viene  enseñando  la Corte, situación que de no  haberse  operado  otro  muy distinto hubiera sido el sentido de la decisión que  afecta los intereses del procesado.   

          Para  lo  que es el objeto del presente pronunciamiento, ha menester  destacar  que  ninguna  novedad  a  lo ya examinado en las instancias, aporta el  documento  cuyo  respaldo  dizque lo constituye la versión testimonial de quien  lo  elaboró, y la de una de sus hermanas, precisamente la que negó al interior  del  respectivo  proceso  cualquier  responsabilidad  que pudiera caberle al hoy  condenado  en  relación con los hechos investigados, cuya prueba sumaria -la de  los   referidos  testimonios-  ni  siquiera  se  allegó  con  la  solicitud  de  revisión.   

          En  efecto, con ponderada sindéresis el fallador realizó el examen  probatorio  de  rigor,  al  punto que es el propio demandante quien admite en su  escrito  que  el  proceso  tuvo  su  curso  normal  y conforme con lo actuado se  decidió,  restándole  mérito  el juzgador a las exculpaciones del acusado, en  tanto  le  otorgó  credibilidad “a la denuncia y los  testimonios  que  la  ratificaban  en especial por parte de las niñas afectadas  con    los   hechos,   hijas   a   su   vez   de   la   denunciante.”   

          No  es  pues a expensas de cuestionar el soporte probatorio sobre el  cual  se  afianza  la  sentencia  atacada,  insiste en reiterar la Sala, como se  puede  lograr  quebrar  su  intangibilidad,  cuando de lo pretextado como prueba  nueva  o  hecho  nuevo,  realmente  no se evidencia el más mínimo elemento que  permita vislumbrar la inocencia argüida.   

Eso  es lo que aquí ocurre, como quiera que  lo  que  el  libelista  pretende  es  que  se  vuelva  a debatir acerca de lo ya  decidido  definitivamente  en las instancias, vana aspiración porque como ya se  expuso,  aquellos elementos de juicio no fueron ajenos al proceso.  Y al no  tener  los  razonamientos  expuestos por el demandante el poder de desvirtuar el  juicio   de   reproche  recaído   sobre  la  conducta  del  condenado,  la  condición     de    res    iudicata    que  ampara  la  decisión  atacada  de  injusta  e  ilegal, se alza  incólume frente a sus alegatos.   

          A  fuerza  de  no  cumplir  el  libelo  en su aspecto formal con las  exigencias  que  conforme  a la causal de revisión invocada regula el artículo  232-3  del  C.  de P. Penal, la demanda cuyo estudio previo ha acometido la Sala  debe              ser              rechazada              (Art.              235  ídem).               

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

RESUELVE   

          PRIMERO.-  Reconocer  al  Dr. Luis Horacio  Muñoz  Criollo  como  defensor  del  condenado  RAFAEL  ARMANDO  HUERTAS  SANABRIA, en los términos y para los  efectos del poder conferido por su asistido.   

          SEGUNDO.-           Rechazar   in   límine   la  demanda  de  revisión  que  en  representación  del  mentado  reo  instauró  su  defensor,  conforme  con  las  motivaciones  plasmadas  en  el  cuerpo  de  este proveído.   

CÓPIESE, NOTIFÍQUESE Y  CÚMPLASE   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                             

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                EDGAR   LOMBANA   TRUJILLO                         

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN                NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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