16975(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16975   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 201  

Bogotá, D.C., diecinueve (19) de diciembre de  dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          Examina  la  Sala  la demanda de casación que presentó el defensor  de   FRANCISCO   EMILIO  MANYOMA  TORRES, para resolver si es procedente su admisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          Hacia  las  6  de  la  tarde  del  18  de diciembre de 1996, FABIÁN  ANDRÉS  ZULUAGA MARÍN conducía el vehículo de la familia en compañía de su  hermana  MARÍA  DEL  PILAR, cuando a la altura de la carrera 23 con la calle 15  de  la  ciudad  de  Santiago  de  Cali  fue  abordado  por  dos  individuos  que  pretendían  apoderarse  de  su  automotor  quienes,  al  oponerles resistencia,  dispararon  contra  él  ocasionándole la muerte. Pocos metros después, cuando  huían  en la camioneta en la que aun se hallaba MARÍA DEL PILAR dando voces de  auxilio,   fueron  interceptados  y  capturados  por  agentes  de  policía  que  patrullaban  el sector. Teniendo en cuenta la edad de uno de los asaltantes, fue  dejado   a  disposición  de  un  juzgado  de  menores.  El  otro,  FRANCISCO   EMILIO  MANYOMA  TORRES,  fue  puesto  a  órdenes  de  la  unidad de permanencia de la Fiscalía General de la  Nación,  que  de  inmediato  decretó  la  apertura  de  instrucción y al día  siguiente remitió lo actuado a la Unidad de Vida.   

          El  Fiscal  38  Seccional  escuchó  en  indagatoria  a MANYOMA  TORRES  el  20 de diciembre y le  dictó  medida  de  aseguramiento  de detención preventiva el siguiente día 23  por  los  delitos  de  homicidio  agravado,  porte  ilegal  de  armas y hurto en  modalidad de tentativa.   

          Reasignado  el proceso a la Fiscal 48 Seccional, se declaró cerrada  la  investigación  el 3 de abril de 1997 y se calificó su mérito el 6 de mayo  con  resolución de acusación por los mismos ilícitos, precisando respecto del  hurto  su  carácter  de calificado y agravado. Previamente, el sindicado había  recuperado  su  libertad  provisional  de acuerdo con lo previsto por el numeral  4º  del  artículo  415 del C. de P. P., decisión que por estimarla equivocada  la  misma  funcionaria  revocó aunque ya se había hecho efectiva. Ejecutoriada  la  providencia  enjuiciatoria  el día 26, el proceso se remitió al reparto de  los Juzgados Penales del Circuito de Santiago de Cali.   

          La  audiencia  pública se celebró el 15 de mayo de 1998  y el  11  de  junio  del  mismo  año  el  Juzgado  Once Penal del Circuito condenó a  MANYOMA  TORRES  a  la pena  principal  de  41  años y 2 meses de prisión y a la accesoria de interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de 10 años, así como al  pago de los perjuicios ocasionados.   

          Apelada  la  sentencia  por  el  defensor del procesado, el Tribunal  Superior  de Santiago de Cali la confirmó en su integridad mediante providencia  del 29 de septiembre de 1999.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo  en  el  numeral  1º  del  artículo  220 del Código de  Procedimiento  Penal,  vigente  para  la  época  de los hechos, el defensor del  procesado  acusa  la  sentencia de ser violatoria de la ley sustancial por error  de hecho.   

          Considera      que      si     MANYOMA  TORRES  no  portaba  armas  no  se  le  puede  deducir  coautoría  impropia  por  este  delito,  según  criterio que en ese sentido se  expone  en el salvamento parcial de voto suscrito por uno de los magistrados que  integraron  la  Sala de Decisión. Lo mismo cabe predicar, afirma, del delito de  homicidio,  porque  el  procesado no tuvo intención de matar ni pensó siquiera  que  su  compañero  pudiera disparar el arma como lo hizo, amén de que en vano  intentó persuadirlo.   

          Concluye   que   ha   habido   una   aplicación   indebida   o  una  interpretación  errónea  de  la  ley  sustancial  y  solicita  que  se case la  sentencia “dictando el fallo que en derecho corresponda”.   

  CONSIDERACIONES   

          La  demanda  de  casación,  como se sabe, no es un escrito de libre  formulación  en  el  que  el  demandante simplemente consigna sus apreciaciones  sobre  cómo  debió  culminar el proceso en las instancias, cuál debió ser el  sentido  de  la providencia, de qué manera el fallador debió abordar el examen  de  la  prueba  u  observaciones  análogas  que  se  pretenden  enfrentar a las  conclusiones  expuestas  en  la  sentencia,  pues  lo que se intenta mediante la  interposición  del  excepcional recurso es desvirtuar una doble presunción que  de  aquella  se  predica,  en  cuanto  se considera, mientras no se demuestre lo  contrario,  que  contiene  una  decisión  acertada  y  que ésta fue tomada con  estricto apego a la legalidad.   

          No  se  trata,  entonces,  de  elaborar  un  discurso  más  o menos  convincente,  como  se  suele hacer para sustentar un recurso ordinario, sino de  formular  un  verdadero  juicio a la sentencia de segunda instancia en el que la  acusación  se  presenta  a  través  de una demanda que indique quienes son los  sujetos  procesales  que  han  intervenido  en  la actuación, se identifique la  providencia  que  se  ataca,  se  resuman  los  hechos  que  dieron  lugar  a la  investigación,  se  relacionen  sucintamente  los  aspectos  sobresalientes del  desarrollo  del  proceso, se enuncie de manera específica cual es la causal que  permite  enjuiciar  la  sentencia,  se  formule el cargo y se expongan de manera  clara  y  precisa  sus  fundamentos y se señalen las normas sustanciales que el  demandante  estima  infringidas. Así lo dispone el artículo 225 del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991,  vigente  para  la  época  de la emisión de la  sentencia  recurrida,  con  la clara advertencia, contenida en el artículo 226,  de  que  si  se  desatienden  esas  exigencias  la demanda será inadmitida y el  expediente se devolverá al despacho de origen.   

          Sin  necesidad  de  examinar  otros  aspectos  relacionados  con  la  técnica  que  se  debe observar en toda demanda de casación, para concluir que  no  es procedente admitir ésta basta con realizar una simple comparación entre  el  escrito  presentado  por  el libelista y el precepto que fija los requisitos  formales,  elemental  ejercicio  que  demuestra  la  falta  de cuidado que en su  confección  tuvo  el  demandante,  quien  desatiende  casi todas las exigencias  mencionadas.  Véase,  a este propósito, que en el libelo no se expresa quienes  son  los  sujetos  procesales,  no  se  identifica  con  precisión la sentencia  demandada,  no  se  relacionan los hechos que dieron lugar al proceso ni se cita  como  violada  norma  alguna,  a  pesar  de que el quebranto indirecto de la ley  sustancial fue la causal que seleccionó para acusar el fallo.   

          Y  tampoco  en  este  punto  cumple  el  censor  con la carga que le  corresponde  en  cuanto  a “la enunciación de la causal y la formulación del  cargo  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos”, pues se limita a  invocar  la  violación de la ley sustancial por error de hecho, sin precisar si  a  éste  se  llegó  por  un  falso  juicio  de  existencia, un falso juicio de  identidad  o un error de raciocinio, ni suministra elementos que permitan ubicar  el  reproche  dentro  de  una  de  estas  categorías,  sencillamente  porque no  desarrolla la acusación.   

Adviértase  que  el  libelista  reduce  la  censura  a reprochar la ilegalidad que se cometió con su defendido “al querer  hacerle  extensivo  y comunicarle las circunstancias de llamarlo a responder por  el  punible  de  Homicidio  Agravado  cuando nunca ni siquiera imaginó ni mucho  menos  pensó el causar la muerte de alguien bien fuera por su propia mano o por  otra  persona”,  sin hacer ninguna referencia a la sentencia que así proveyó  para  ubicar  el  error  que  no  intentó  demostrar  y mucho menos señalar su  carácter  ostensible  o  manifiesto  y  su  incidencia  en  el  sentido  de  la  decisión, como era su deber.   

          En  consecuencia,  como la demanda no reúne los requisitos formales  previstos  en  el  artículo 225 del anterior Código de Procedimiento Penal, la  Sala  la  inadmitirá  y ordenará devolver el expediente al despacho de origen.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de FRANCISCO  EMILIO  MANYOMA  TORRES y, por tanto, declarar desierto  el recurso interpuesto.   

          En  consecuencia,  se  ordena  DEVOLVER EL  EXPEDIENTE al despacho de origen.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA    POVEDA                         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS         CARLOS AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE                   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO         EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO            

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                                

TERESA     RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria  

    

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