16853(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16853   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 201  

Bogotá, D.C., diecinueve (19) de diciembre de  dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          Examina  la  Sala  la demanda de casación que presentó el defensor  de    NERIC    MILTON    HENAO   IBARRA, para resolver si es procedente su admisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          A  las  7 de la noche del 27 de marzo de 1998, cuando se dirigía al  centro  educativo donde cursaba sus estudios en la ciudad de Pereira, JAVIER ZEA  ESTRADA  fue  interceptado  por  dos individuos quienes, ante la resistencia que  ofreció  para  no  dejarse despojar del revólver que portaba, le dispararon en  dos  ocasiones  causándole  la  muerte. A los pocos metros los agresores fueron  capturados  por  agentes  de  policía que casualmente transitaban por el sitio,  después   de  producirse  un  enfrentamiento  en  el  que  aquellos  resultaron  lesionados.   

          El  30  de  marzo  de 1998 la Fiscal Quinta de la Unidad Especial de  Vida  de  Pereira ordenó la apertura de instrucción y de inmediato escuchó en  indagatoria  a  NERIC MILTON HENAO IBARRA  y  al  día siguiente a NELSON ZAPATA GARCÍA, contra quienes el 3  de  abril  dictó  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por los  delitos  de  homicidio  agravado,  porte  ilegal  de  armas y tentativa de hurto  calificado  y  agravado. Después de clausurar la investigación el 18 de junio,  el  23  de  julio de 1998 calificó su mérito con resolución de acusación por  los mismos ilícitos.   

          El  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito  de  Pereira,  al  que le  correspondió  adelantar la etapa del juicio, dictó sentencia el 19 de marzo de  1999;  en  ella  condenó  a  los procesados a la pena principal de 26 años y 6  meses  de  prisión  como  coautores  de los delitos de homicidio simple y porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal,  a  las accesorias de interdicción de  derechos  y  funciones públicas por el término de 10 años y suspensión de la  patria potestad por 15, y al pago de los perjuicios ocasionados.   

          El  Tribunal  Superior de Pereira, al examinar el fallo en virtud de  los  recursos  de  apelación  que  contra  ella interpusieron la Fiscalía y el  Ministerio  Público,  advirtió  que  el  juzgado  no  consignó  en  la  parte  resolutiva  ninguna  decisión relacionada con el delito de hurto, razón por la  cual  ordenó  devolverle  la  actuación para que enmendara la omisión, lo que  hizo  mediante  sentencia complementaria del 16 de junio de 1999 en cuyo ordinal  2º  dispuso  la  absolución  de  los  procesados  respecto  de  esa  ilicitud,  providencia que también la Fiscalía impugnó.   

          Por  sentencia  del  18  de  agosto  de 1999, el Tribunal revocó el  fallo   inicial   en   cuanto  al  homicidio,  que  consideró  agravado,  y  el  complementario  en  lo  atinente  a  la  absolución  por  el hurto calificado y  agravado  en  la  modalidad  de  tentativa,  por  el que condenó; fijó la pena  principal   en   41   años   de   prisión  y  confirmó  lo  referente  a  las  accesorias.   

         

LA DEMANDA  

          El  defensor  del  procesado  acusa la sentencia de violar de manera  indirecta  la  ley  sustancial  porque  el  fallador  apreció erróneamente las  pruebas  para  deducir  la  existencia  del  hurto  calificado y agravado, en la  modalidad  de  tentativa,  y  por  lo  tanto,  también  de  la circunstancia de  agravación   prevista   en  el  numeral  2º  del  artículo  324  del  Código  Penal.   

          El  reproche  lo  edifica  sobre  el  examen  de  cuatro  cuestiones  probatorias específicas:   

          1.   Que  el  testimonio  de  JOSÉ  GUBERNEY  BEJARANO  PULIDO  fue  tergiversado  por el Tribunal al hacerle decir que vio a un individuo que tenía  asido  a  JAVIER  por  la  cintura  y le esculcaba por todos lados como buscando  algo,  cuando  en  realidad  lo  que  el  testigo  manifestó  fue que lo tenía  “cogido  por  la  cintura  como  buscándole  algo”,  lo  cual denota que le  parece,  pero  no  está  seguro,  expresión  dubitativa  de la que no se puede  extraer    certeza    de    la    mencionada    causal    de   agravación   del  homicidio.   

          2.  Que  si  bien es cierto que la víctima alardeaba de la tenencia  del  arma según los testimonios de BEJARANO y CAROLINA RÍOS, concluir que esta  circunstancia  motivó  su  hurto  es  una  conjetura inaceptable, es darle a la  prueba  un alcance que no tiene. Además, si de acuerdo con lo demostrado JAVIER  intentó  sacar  el  arma,  es lógico que ese hubiera sido el momento apropiado  para apoderarse de ella, lo que no ocurrió.   

          3.  Que  del  hecho  de  que  los  agresores portaran armas de largo  alcance  y  sin  embargo  ZAPATA  GARCÍA          se  pegara  al  cuerpo  de  la  víctima  buscando  entre  sus  vestimentas,  no  puede deducirse que el objetivo fuera el  hurto  porque  la realidad es siempre impredecible. Así, se le da a esta prueba  un alcance que no tiene.   

          4.  Que  el  Tribunal  le  concede  veracidad al dicho del agente de  policía     CASTAÑEDA    DOMÍNGUEZ    cuando    afirma    que    HENAO  IBARRA le confesó que la finalidad  era  el  hurto  del  revólver y la motocicleta, dándole a la prueba un alcance  que  no  tiene  pues  se desvirtúa no sólo al confrontarla con la injurada del  procesado,  sino  que  se  acreditó  que  los agresores tuvieron oportunidad de  apropiarse de esos bienes y no lo hicieron.   

          Acepta  que la autoría del homicidio está demostrada, pero expresa  que  con  relación a la agravante existe duda, de manera que no hay alternativa  distinta  que  darle  aplicación  al artículo 445 del Código de Procedimiento  Penal,  que  cita  como  violado además de los artículos 324-2, 349, 350, 351,  22, 26, 27 y 61 del Código Penal y 254, 247 y 294 del C. de P. P.   

          Solicita  se case parcialmente la sentencia y en su lugar se condene  al  procesado  a  la  pena  de 26 años y 6 meses de prisión por los delitos de  homicidio  simple  y  porte  de  armas  de defensa personal y se absuelva por lo  demás.   

  CONSIDERACIONES   

          De  acuerdo  con  lo  dispuesto por el numeral 3º del artículo 225  del  Código  de  Procedimiento Penal, vigente para la época de los hechos y de  la  sentencia,  la  demanda  de casación debe contener “la enunciación de la  causal  y  la  formulación  del  cargo  indicando  en forma clara y precisa sus  fundamentos y las normas que el demandante estime infringidas”.   

          El   cabal  cumplimiento  de  esta  exigencia  supone,  entre  otros  aspectos,  identificar  de  manera  concreta  el  motivo  que  se aduce, lo cual  implica  además  que  cuando  se invoque la causal primera en su segundo cuerpo  deba  precisarse  si se trata de un error de derecho o de hecho y, en este caso,  si  el  yerro  lo  origina  un  falso  juicio  de existencia, un falso juicio de  identidad  o  un  error de raciocinio o, por lo menos, suministrar los elementos  necesarios  para  entender inequívocamente ubicado el reproche dentro de alguna  de  estas categorías, a la que debe ceñirse en el desarrollo del cargo sin que  sea  admisible  tomar  elementos  de  unas  y otras, que resultan incompatibles.  Así,  no  se  le  podría  censurar  al fallador haber ignorado una prueba y al  mismo  tiempo  haberla tergiversado, o haber distorsionado su contenido material  y  seguidamente reprochar su equivocada valoración, pues tal mixtura contraría  palmariamente  los  principios  de  la  lógica  que  gobiernan  el  recurso  de  casación.  El diferente sustento que cada una de las diversas especies de error  de  hecho  requiere,  aconseja  igualmente  que  ellas  se  formulen  de  manera  separada.   

          En  todo caso, no basta una acertada selección de la causal con las  precisiones  hechas,  sino  que también es menester demostrar la existencia del  error,  su carácter ostensible o manifiesto y su incidencia en el sentido de la  decisión.   

          En   el  asunto  que  se  examina,  el  demandante  le  reprocha  al  sentenciador  haber  tergiversado  el  testimonio  de BEJARANO PULIDO al hacerle  decir  que  a  su  compañero “un individuo lo tenía asido por la cintura, el  que  a  la vez le esculcaba por todos lados, como buscándole algo”, cuando en  realidad  el  testigo  sólo  manifestó  que lo tenía “cogido por la cintura  como  buscándole  algo”. Y aun cuando la censura fuera cierta, el demandante,  en  lugar  de demostrar la trascendencia del error y su incidencia en el sentido  de  la  decisión,  se  desvió  a  desentrañar el significado de la expresión  “como”,  sin  comprobar  si efectivamente BEJARANO la utilizó o el Tribunal  la supuso.   

          No  menor es la confusión en que incurre el actor cuando expone los  otros  tres  motivos de desacuerdo, pues ataca la sentencia de segunda instancia  porque  el  juzgador  tergiversó  la prueba y le dio un alcance objetivo que no  tiene,  lo  que  constituiría un falso juicio de identidad, pero en realidad su  inconformidad  se  dirige  hacia  la  valoración  de  los  hechos objetivamente  considerados,  lo  que  sitúa  la  censura en el campo del error de raciocinio.  Así  entendido  el  cargo,  tampoco  acertó  el  libelista en su planteamiento  porque      la      conjetura     que     juzga     inaceptable     –que  la constante exhibición del arma  motivó    su   hurto-   la   contrapone   a   la   suya   propia   –que  si  la víctima intentó sacar el  arma,  ese  era el momento propicio para arrebatársela-; al indicio derivado de  la  aproximación  de las personas que delinquieron a la víctima, que permitía  colegir  el  intento  del atentado patrimonial porque si hubiese sido sólo para  darle  muerte  a  ESTRADA  ZEA hubieran empleado las armas a prudente distancia,  enfrenta  su  criterio de que “la realidad es algo siempre impredecible”; y a la  veracidad  del  testimonio  del  agente  CASTAÑEDA  DOMÍNGUEZ  sobre lo que el  procesado  le  expresara en la clínica respecto del hurto del revólver y de la  motocicleta,  pretende  oponerle  la  afirmación  en  contrario  de éste en su  indagatoria,  sin  desvirtuar  el análisis que al efecto realiza el Tribunal en  su  providencia. Tal manera de razonar, que difícilmente tendría éxito en las  instancias,  no  puede  ser  de  recibo  en  esta sede de casación en la que le  corresponde   al  recurrente  desvirtuar  la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  se  predica  de  las sentencias que a ella arriban, cometido que  ciertamente  no  intentó  desarrollar  el  demandante.  Por  lo demás, dígase  finalmente  que  cuando  se aduce el error de raciocinio es indispensable que se  indiquen  con  claridad  las  reglas  de  la  experiencia, de la lógica o de la  ciencia  que  el fallador desconoció en el proceso de valoración de la prueba,  elemental exigencia que tampoco cumplió el casacionista.   

          Conclúyese  de  lo  dicho  que  la demanda no reúne los requisitos  formales  previstos  en el numeral 3º del artículo 225 del anterior Código de  Procedimiento  Penal,  razón  suficiente  para  que  sea inadmitida y se ordene  devolver  el  expediente  al despacho de origen, como lo prevé el artículo 226  del mismo estatuto.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de NERIC MILTON  HENAO  IBARRA  y,  por  ende,  desierto  el recurso de  casación interpuesto.   

          En  consecuencia,  se  ordena  DEVOLVER EL  EXPEDIENTE al despacho de origen.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL          JORGE ENRIQUE  CÓRDOBA    POVEDA                         

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS         CARLOS AUGUSTO  GÁLVEZ  ARGOTE                   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO         EDGAR    LOMBANA    TRUJILLO           

ÁLVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON   E.  PINILLA  PINILLA                                

TERESA     RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria  

    

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