16764(21-03-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 16764  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No.36  

Bogotá, D.C., veintiuno (21) de marzo de dos  mil dos (2002).   

VISTOS  

          Se  pronuncia la Sala sobre la admisión de la demanda de casación  presentada   por   el  defensor  de  LEONARDO  ZAPATA  ÚSUGA  contra  la  sentencia dictada por el Tribunal  Superior  de  Medellín  el 13 de agosto de 1999, que confirmó en su integridad  la  expedida por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la misma ciudad el 25  de  junio  del  mismo  año, mediante la cual lo condenó a la pena principal de  306  meses de prisión y a la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el  término  de  10 años, por los delitos de homicidio y porte  ilegal de arma de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  la  primera  hora de la madrugada del 5 de octubre de 1998, dos  individuos  que  portaban  armas  de  fuego  se  aproximaron al celador NICOLÁS  ARTURO  ECHAVARRÍA,  quien  se  encontraba  tomando  tinto  con  su  compañero  GUILLERMO  LÓPEZ  VALENCIA,  y  sin  mediar  palabra  le dispararon a la cabeza  ocasionándole  de inmediato la muerte. Una patrulla de la Policía Nacional que  ocasionalmente   pasaba   por  el  sector  emprendió  la  persecución  de  los  homicidas,  a  quienes capturaron a pocas cuadras del sitio hallando en su poder  las  armas  que  se  acababan  de utilizar. Llevados al lugar de los hechos, los  retenidos,   identificados   como   LEONARDO  ZAPATA  ÚSUGA   y  JOSÉ  REINALDO  GARCÍA  DÍAZ,  fueron  reconocidos por LÓPEZ VALENCIA.   

          En  desarrollo  de  la  instrucción,  el  12  de  enero de 1999 se  calificó  su mérito con resolución de acusación por los delitos de homicidio  y  porte  ilegal  de  arma  de  fuego  de  defensa  personal contra LEONARDO  ZAPATA  ÚSUGA.  La decisión,  apelada  por  el defensor del procesado, fue confirmada en providencia del 26 de  febrero de 1999.   

          El  25  de junio de 1999, el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de  Medellín  dictó sentencia condenatoria, confirmada por el Tribunal Superior de  la misma ciudad mediante sentencia del 13 de agosto del mismo año.   

LA DEMANDA  

          El  defensor  del procesado invoca la causal prevista en el numeral  1º.  del  artículo  220  del Código de Procedimiento Penal de 1991 -aplicable  ahora  pues  era  el  que  regía  cuando fue proferida la sentencia impugnada-,  sin expresar si la sentencia violó de manera directa  o  indirecta  la  ley sustancial ni precisar las normas quebrantadas.  Sin  embargo,  ya  al final, afirma a título de conclusión que  los  cuatro  cargos que formula tienen como sustento la violación directa de la  ley.   

          El  primer  reproche  lo hace consistir en la discordancia entre la  sentencia  de  segunda instancia y el artículo 247 del Código de Procedimiento  Penal,  porque la certeza del hecho se funda en un testimonio contradictorio, el  de  GUILLERMO  LÓPEZ VALENCIA, quien varió su versión de los hechos en cuatro  oportunidades,  en  la  última  de  las  cuales  excluye  al  procesado  de  la  participación  en el homicidio. Si, como lo ha dicho la Corte, la retractación  del  testigo  impone  la  realización  de un trabajo analítico de comparación  para  establecer  en cuál de las distintas y opuestas versiones el testigo dijo  la  verdad,  en  este  proceso  los  jueces  de  instancia  no fallaron en forma  racional  y  razonable porque omitieron hacer ese estudio y se limitaron a darle  validez a la primera versión.   

          El  segundo  cargo, que denomina apreciación errónea de la prueba  y  aclara  que  puede  invocarse  en  la  causal primera aunque el código no lo  consagre,  se  refiere al valor que se le dio a la prueba de absorción atómica  que,  por resultar negativa, se debe interpretar a favor del procesado y no como  lo  hicieron  los jueces, para quienes “las    muestras    no    dieron   positivas   porque   fueron   mal  embaladas”.   

          Un   tercer   motivo   de   reproche  lo  constituye  la  falta  de  credibilidad  que  para el Tribunal tuvieron los testigos que declararon a favor  del  procesado,  entre  los  que  se  encuentra el propio LÓPEZ VALENCIA, quien  públicamente  dijo  en  la audiencia que ZAPATA ÚSUGA no había participado en  el  hecho  punible.  Se  desconoció el debido proceso, porque todas las pruebas  que   presentó  el  procesado  fueron  interpretadas  en  su  contra  y  a  las  expresamente  favorables se les buscó el esguince para que produjeran un efecto  contrario,  como  ocurrió  con  el  testimonio del señor LÓPEZ y la prueba de  absorción atómica.   

          Finalmente,  el  demandante le censura al Tribunal haber violado la  ley  porque  no le creyó al procesado REINALDO GARCÍA su confesión, en la que  reconocía  ser  el  único  autor  de la muerte de NICOLÁS ARTURO ECHAVARRÍA,  aunque   sí   fue   acogida   por   el   a   quo   como   plena   prueba   para  condenarlo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          El  artículo  225  del  Código  de  Procedimiento Penal anterior,  vigente  para  la  época  de  los  hechos  y  de  la  emisión  de la sentencia  impugnada,  al  señalar  los  requisitos  formales  de la demanda de casación,  exige     en    su    numeral    3º.    que    ella    contenga    “la  enunciación  de  la  causal y la  formulación  del cargo indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las  normas      que      el      demandante      estime      infringidas”.   

          Para  cumplir  con  este  mandato,  el  casacionista  debe entonces  seleccionar  una  o  varias  de  las  causales previstas en el artículo 220 del  mismo  estatuto,  teniendo  en  cuenta  en  este  último  caso que “si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán  en  capítulos separados. Es permitido formular cargos excluyentes  de  manera  subsidiaria”  (artículo 225-4 ib.).   

          También  debe  tener presente que en el numeral 1º. del artículo  220  del anterior Código de Procedimiento Penal se consagraban dos modalidades,  una  directa  y  otra  indirecta,  de  violación  del derecho sustancial. En la  primera,  el  error  del  fallador  se  deriva  de  la  falta de aplicación, la  aplicación  indebida  o  la  interpretación  errónea de la ley sustancial, en  tanto  que  en  la  segunda  la  existencia  del  yerro está determinada por la  inadecuada  valoración  de  la prueba que conduce a la falta de aplicación o a  la  aplicación  indebida de una norma de derecho sustancial. Es decir, mientras  que  en aquella el censor debe abstenerse de reprochar la prueba, debe aceptarla  tal   como  fue  apreciada  por  el  fallador  como  que  su  ataque  se  centra  exclusivamente   en   la  consecuencia  jurídica  que  de  esa  valoración  se  desprende,  en  ésta -a la que se refiere el segundo inciso o cuerpo del citado  numeral  1º del artículo 220- la discusión se centra en el aspecto probatorio  pero  no  para  cuestionar  un  cierto modo de interpretación asumido por el Ad  quem  o  para plantear con absoluta libertad los reparos que el demandante tenga  respecto  del  análisis  de  la prueba consignado en la sentencia, es decir, no  para  oponer  al  razonamiento  probatorio  contenido  en el fallo el particular  examen  que desde su perspectiva realice el casacionista, sino para señalar con  absoluta  precisión  y  claridad  los  errores  en  que incurrió el juez en la  crítica de los medios de convicción incorporados al proceso.   

          De  aquí  que se reitere, siempre que la Sala tiene la oportunidad  de  hacerlo,  que la demanda de casación no es un escrito de libre formulación  en  el  que  el  impugnante,  como  si  se  tratara de un memorial de instancia,  presente  su  enfoque  de  la  prueba  y las consecuencias que en su criterio de  allí  se derivan con la pretensión de que la Corte escoja entre su análisis y  el  consignado  en  la  sentencia  el  que  considere  más  acertado, lógico o  coherente.  Se  trata  en  realidad de un verdadero juicio a una providencia que  arriba  a  esta  sede  precedida de la doble presunción de acierto y legalidad,  presunción  que  el demandante debe desvirtuar haciendo uso de las herramientas  que  la  lógica,  de  un  lado,  y  la  técnica  de  casación,  de  otro,  le  suministran.   

          A   la   depuración   de   estas   últimas   ha   contribuido  la  jurisprudencia  de  la  Sala  para  que, dentro del respeto por los instrumentos  necesarios  para  cuestionar  con  seriedad un fallo por fuera de las instancias  pero  sin  incurrir  en  el  formalismo  que  asfixie al derecho material, pueda  estructurarse  un  juicio  severo  a  partir  de las exigencias contenidas en la  ley.   

          En  este  sentido,  para seguir haciendo referencia a la violación  indirecta,  en  desarrollo  de  la  exigencia  prevista en el segundo cuerpo del  citado   numeral   1º   del   artículo   220,   según  el  cual  “si   la   violación   de  la  norma  sustancial  proviene  de  error  de  hecho  o  de  derecho en la apreciación de  determinada  prueba,  es  necesario que así lo alegue el demandante”,  la  Sala ha precisado que el error  de   hecho   puede   darse   por   falso  juicio  de  existencia  cuando  el  fallador desconoce una prueba  que  obra  en  el proceso -falta de apreciación de la prueba- o admite un hecho  cuya   prueba  no  existe;  o  por  falso  juicio  de  identidad  cuando  el medio de convicción que existe  tanto  para  el  juez  como  en  el  proceso  es  tergiversado,  distorsionado o  desfigurado  por  el fallador; o, en tercer lugar, por  error   de   raciocinio  derivado  de  una  inexacta  observación  de  los elementos de la sana crítica. Y ha advertido, así mismo,  que  el  error de derecho se puede derivar de un falso  juicio  de  legalidad  cuando se acepta la prueba con  violación  de sus requisitos de validez o se le otorga mérito si no reúne las  exigencias  normativas;  o  de  un  falso  juicio  de  convicción  porque  el  juez le niega a la prueba el  valor que la ley le asigna.   

          Entonces,  cuando  el  artículo  225  del  estatuto procesal penal  anterior  exige en su numeral 3º. que el demandante enuncie la causal y formule  el  cargo  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que  estime   infringidas,   está   estableciendo  un  requisito  formal  para  cuyo  cumplimiento  es  apenas  obvio que el impugnante deba seleccionar inicialmente,  con  el  cuidado  que ello impone conforme se ha dejado expuesto en precedencia,  la  causal  o  causales en las que basará exclusivamente el juicio que pretende  hacerle a la sentencia.   

          En  el  caso  concreto,  es  evidente  que la demanda no admite, ni  frente  a  la  lógica  ni  frente  a la técnica casacional, cuyas líneas más  gruesas  apenas  se  han enunciado en los párrafos precedentes, la más mínima  confrontación:   la  causal  seleccionada  -violación  directa  de la ley  sustancial  como expresamente lo afirma el actor en la síntesis de la página 8  de  la  demanda, como para despejar la penumbra que se percibiría en la página  5  de  la  misma-  no corresponde al deficiente desarrollo de los cargos, en los  que  se  discute el valor que el Tribunal dio a un testimonio contradictorio o a  unos  testigos  de  defensa cuyos nombres ni siquiera se mencionan o a la prueba  de  absorción  atómica  o  a  la  confesión  del coautor GARCÍA DÍAZ; no se  señala,  ni  mucho  menos  se  explica  ni  demuestra, la clase de error en que  incurrió  el  fallador en cada uno de los eventos que le mereció al demandante  formular  una  censura;  no  se  indica  cuáles  fueron  las  normas de derecho  sustancial  quebrantadas en la sentencia y no se expone en forma clara y precisa  cuáles son los fundamentos de cada cargo.   

Ciertamente  se  desconocieron  las  más  elementales  reglas  de  la casación porque, bajo la aparente estructura de una  demanda   que  se  divide  en  acápites  titulado  cada  uno  como  formalmente  correspondería  (causal invocada, primer cargo, demostración del cargo, etc.),  lo  que  en realidad expuso el demandante fue su particular punto de vista sobre  el  mérito  que  a  su  juicio  le  debió  dar el Tribunal a algunos medios de  convicción,  discurso  que por lo incompleto y fraccionado apenas sí lograría  considerarse como alegato de instancia.   

          En  estas  condiciones,  resulta  forzoso  inadmitir  la  demanda y  declarar desierto el recurso propuesto.   

          En  mérito  de  lo expuesto la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

                              Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el defensor de  LEONARDO  ZAPATA ÚSUGA. En  consecuencia, se declara desierto el recurso interpuesto.   

              Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE  ENRIQUE CÓRDOBA  POVEDA                         No hay firma   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS              CARLOS  AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE   

                                                   No hay firma   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

                                                                 No hay firma   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                                      

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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