16096(17-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  16096   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 082.  

         

Bogotá D.C., diecisiete de julio de dos mil  tres.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  de  fondo sobre la  demanda  de  casación presentada contra el fallo de segunda instancia proferido  por  el  Tribunal  Superior  Militar  el 5 de marzo de 1999, confirmatorio de la  sentencia  dictada  el  6  de  noviembre  de  1998 por el Comandante del Comando  Aéreo  de  Combate No. 1 (Juez de primera instancia) por cuyo medio condenó al  Capitán  de  la Fuerza Aérea JORGE ENRIQUE GUTIÉRREZ  ÁLVAREZ  a la pena principal de 18 meses de prisión,  como    autor    penalmente    responsable    del   delito   de   peculado   por  apropiación.   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere  a la Corte no casar el fallo impugnado por las fallas  técnicas    del    libelo    y   por   carecer   de   razón   los   argumentos  planteados.   

HECHOS  

Aproximadamente a las seis de la tarde del 24  de  febrero  de  1998,  el  procesado, quien se desempeñaba como Comandante del  Escuadrón  de  Sanidad  del  Comando  Aéreo  de Combate No. 1 de Puerto Salgar  (Cundinamarca),  ordenó  al  conductor  Carlos Alberto  Aros  Ramos  que  llevara a su residencia una lavadora  marca  Whirpool  de  18 libras perteneciente a la referida dependencia; a su vez  dispuso  que  una  máquina  de  la  misma  marca de su propiedad, pero de menor  capacidad,  fuera llevada hasta el Escuadrón de Sanidad, donde las empleadas de  la   lavandería   se   percataron  del  cambio  y  lo  comunicaron  al  Comando  Superior.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

El  5  de  marzo  de  1998 el Comandante del  Comando  Aéreo  de  Combate  No.  1  de  Puerto Salgar comisionó al Juez 46 de  Instrucción   Penal  Militar  para  adelantar  la  correspondiente  indagación  preliminar.  Luego  de practicadas algunas diligencias, el 28 de abril del mismo  año  se  declaró abierta la instrucción, en cuyo marco fue vinculado mediante  indagatoria   el  Capitán  JORGE  ENRIQUE  GUTIÉRREZ  ÁLVAREZ  a  quien  le  fue  definida  su  situación  jurídica  el  21  de  mayo  siguiente  con medida de aseguramiento de carácter  detentivo  sin derecho a libertad provisional, como presunto autor del delito de  peculado  por  apropiación.  Contra  esta providencia el defensor del procesado  interpuso sin éxito recurso de apelación.   

Cerrada   la   investigación,  el  28  de  septiembre   de   1998  se  convocó  al  procesado  a  Consejo  de  Guerra  sin  intervención  de  vocales  por  el  delito  de  peculado por apropiación, cuya  audiencia se llevó a cabo el 27 de octubre siguiente.   

El  6  de  noviembre  del  mismo  año  fue  proferida   sentencia   de   primera  instancia,  que  condenó  a  JORGE  ENRIQUE GUTIERREZ ÁLVAREZ a la pena  principal  de 18 meses de prisión y a las accesorias de separación absoluta de  las  Fuerzas  Militares,  suspensión  de  la  patria potestad y suspensión del  ejercicio  de  funciones,  e interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  lapso  de  la  pena  principal, como autor penalmente responsable del  delito  de  peculado  por apropiación. En la misma oportunidad le fue concedido  el subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

El  defensor del procesado interpuso recurso  de  apelación  contra el fallo, el cual fue confirmado por el Tribunal Superior  Militar  mediante sentencia del 5 de marzo de 1999, que, sin embargo, revocó la  pena  accesoria  de  suspensión de la patria potestad, providencia que ahora es  objeto de impugnación extraordinaria.   

LA DEMANDA  

El defensor plantea dos cargos por violación  indirecta de la ley sustancial que fundamenta y desarrolla así:   

Primer cargo: Falso juicio de legalidad sobre  el allanamiento practicado a la residencia del incriminado   

El actor señala que el 3 de marzo de 1998 el  Juzgado  de  Primera  Instancia  ordenó  el  allanamiento  a  la  residencia de  JORGE    ENRIQUE   GUTIÉRREZ   ÁLVAREZ  con  el propósito de recuperar la lavadora sustraída solicitando  el   concurso  de  personal  de  Inteligencia  de  la  Base,  pero  en  el  acta  correspondiente  a  tal  diligencia  se  observa  que  fue dirigida por el Mayor  Julian  Zuluaga  Giraldo, en  asocio  de  dos  suboficiales,  de  una  persona  designada como perito y de una  secretaria, sin estar presente el juez que la ordenó.   

          Considera  el  censor que la inasistencia del juez o del funcionario  judicial  en  la  práctica del allanamiento quebrantó los artículos 587 y 186  del  Código  Penal  Militar  (Decreto 2550 de 1988), en concordancia con el 344  del   estatuto   procesal  penal  (Decreto  2700  de  1991),  dado  que  quienes  participaron  en  la  mencionada  diligencia carecían de funciones judiciales y  que  como  la perito fue la misma persona que denunció el hecho investigado por  ello tenía interés en el resultado del proceso.   

Agrega  que  en  atención a que el Tribunal  tuvo  en  cuenta  el  acta  de  la  diligencia de allanamiento para acreditar el  elemento  psíquico  de la conducta del procesado al encontrarse instalada en su  residencia  la lavadora del Comando, incurrió en “un  falso   juicio  de  legalidad  al  conceder  valor  probatorio  a  un  medio  de  convicción  irregularmente aportado al proceso, violando una norma de carácter  sustancial  contenida  en  el  Art.  487  del  Código Penal Militar”.   

Finalmente  señala  que  al  desechar  el  referido  medio  de  prueba  por  irregular “no puede  servir   como  elemento  de  certeza  para  un  juicio  de  reproche   (sic)   inferir  dolosidad     (sic)    en    el    actuar    del  acusado”.   

Segundo cargo: Falso juicio de existencia al  ser ignoradas algunas pruebas   

          Luego  de  transcribir  apartes de las declaraciones de María     Encarnación     Basante     de    Argüelles,   Eva   Vera   de   Medina   y   Ana  Isabel  Rodríguez  acerca  de la persona que elaboró los informes sobre el cambio de  la  lavadora, la operación de la máquina por parte de algunas odontólogas, la  manera  en  que  se  detectó el cambio, la forma en que el procesado trataba al  personal  de  lavandería,  el  daño del comando de velocidades del aparato, la  enemistad   entre   María   Encarnación  y  Eva, el actor  considera  que  existen  múltiples  contradicciones  y  que el Tribunal omitió  valorar tales medios de prueba.   

Destaca  que  no  se  tuvo  en  cuenta  la  animadversión   de   María  Encarnación  hacia  su  defendido,  determinada porque este le reclamaba que no  debía  lavar  prendas  militares  en  la  lavadora  oficial,  circunstancia que  determinó  que  el Tribunal dispusiera la correspondiente investigación contra  ella.   

Aduce que tampoco se valoró lo expuesto por  Eva  Vera  sobre  problemas  sicológicos   de   María   Encarnación,  a  quien  le  agradaba  que  los  comandantes  regañaran  a  los  subalternos, como ocurría con su representado.   

         

Concluye que la incidencia de los errores de  evaluación  en  las  pruebas “es de tal magnitud que  hacen  desnaturalizar  el  sentido  y  alcance de la decisión y, sobre un falso  juicio   de   apreciación   probatoria   no   se  puede  indilgar  (sic)  o  establecer  la  materialidad del  hecho  ni  mucho  menos  deducir  factor  de  culpabilidad en cabeza” del procesado.   

          También  el  casacionista considera que el Tribunal omitió valorar  los  documentos  obrantes en la actuación sobre procedimientos para disponer la  reparación  de un equipo del Escuadrón de Sanidad, las funciones del procesado  como  Comandante  del  mencionado  Escuadrón,  la  cotización  remitida  a  la  Dirección  del  Hospital acerca del mantenimiento y revisión de la lavadora, y  otros  documentos  de carácter administrativo y de control interno que señalan  que  el  Teniente  Alvaro  Alvarez  Marín    y    el    Coronel    Jorge   Enrique  Parga     estaban     involucrados     en     otras  irregularidades.   

          Aduce  el  demandante que también fueron omitidas las declaraciones  del  Mayor  Luis  Guillermo Cancino Cadena,    de    Marcela    Margarita   Alvear  García,  del técnico Pérez  Pérez,     de     la    secretaria    Yormary   Rincón   Hernández,   de   la  comunicadora    social    Nileth    Odalis    Moreno  Ochoa   y   la   de   la   comerciante   Bibian  Ovalles Pérez quienes refieren que  JORGE    ENRIQUE   GUTIÉRREZ   ÁLVAREZ  dio  aviso  acerca  del  mantenimiento  de las lavadoras, y que al  observar  la  máquina  en su residencia les señaló que era del hospital y que  la había trasladado para arreglarla y hacerle mantenimiento.   

          Expresa  entonces  el censor que si se hubieran tenido en cuenta los  anteriores  medios  de prueba, en el fallo se habría concluido que el actuar de  su     representado     era     una     “conducta  inusual”  pero  no  un comportamiento doloso pues no  tenía  conocimiento  del  hecho  punible  ni  quiso  su realización, ya que si  hubiera  querido apropiarse del bien público no habría pregonado su intención  ni  se  hubiera  valido del vehículo militar para transportar hacia su hogar el  electrodoméstico.   

          Adicionalmente  manifiesta  que  el  bien jurídico no se vulneró y  tampoco  se  puso  en  peligro “de tal suerte que, al  casar  la  sentencia  la H. Corte Suprema de Justicia, por ausencia del elemento  subjetivo  del  delito,  también  es  entendible invocar reconocer (sic)  la inexistencia de la comisión del  punible  de Peculado por Apropiación en cabeza del imputado, amén de que éste  no   a  (sic)  realizó  la  conducta  típica  que hubiera lesionado o puesto en peligro, son justa causa el  interés  jurídicamente  tutelado.  Este  error  de  hecho,  sin  lugar a dudas  también  lleva  como los cargos precedentes a la aplicación indebida de la ley  sustancial      (Art.      488      Código      Penal      Militar)”.   

          Y  agrega  el  censor  que  fueron  ignoradas  las declaraciones del  Capital     Fredy    Gaitán    Cancino,    del    Dragoniante    Jairo   Islen  Casallas,    y    de   los   soldados   Richard    Alfonso    Orozco   Prieto   y  Alejandro  Duque  Santofimio,  quienes  informan  la  manera  y  lugar  en  que  se  utilizaban  los equipos de  lavandería   por   parte   de   María  Encarnación  Basantes     y     Eva  Vera, y de los ingresos que estas percibían por ello,  lo    cual    motivó   la   recriminación   que   les   hiciera   JORGE ENRIQUE GUTIÉRREZ ÁLVAREZ.   

          Con  base  en  lo  expuesto,  el  actor solicita a la Corte casar el  fallo  atacado  “y  en  su  lugar dictar el que deba  reemplarlo (sic)”.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Primero  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere  a la Corte no casar el fallo impugnado por las fallas  técnicas  que  ostenta  el  libelo  y  por  carecer  de  razón  los argumentos  planteados, con base en las siguientes razones:   

          Comienza  por señalar que el actor confunde los conceptos de causal  y  cargo,  pues  aunque  anuncia  la  presentación  de  varias  “causales  de  casación”  en  verdad  se  refiere  a  dos cargos postulados bajo la égida de la causal primera, por falso  juicio  de  legalidad por haber tenido en cuenta pruebas indebidamente allegadas  y  por  falso juicio de existencia por omisión de otras de las que forman parte  del acervo probatorio.   

          Advertido  lo  anterior,  procede  a pronunciarse sobre las censuras  presentadas así:   

Primer cargo: Falso juicio de legalidad sobre  el allanamiento practicado a la residencia del incriminado   

El  Delegado  expresa  que  en  virtud de la  reserva  judicial  consgrada en el artículo 28 de la Carta Política, sólo las  autoridades  judiciales  son  competentes  para  privar  de  la  libertad  a las  personas  o para registrar su domicilio, salvo las excepciones legales, y en tal  sentido  el  artículo  587  del Código Penal Militar vigente para la época de  los  sucesos  establecía  que  el  Juez o el funcionario de instrucción debía  intervenir  en  el  allanamiento,  lo  cual  exigía  que  a  su cargo estaba la  dirección de la diligencia.   

Y  que  si  bien  en el citado Código Penal  Militar  no  se  indicaba  quienes ejercían funciones de policía judicial, tal  omisión  debía  ser  suplida con el artículo 310 del Decreto 2700 de 1991 que  sí lo señalaba.   

          Por  ello,  considera el Delegado que en este asunto el allanamiento  practicado        al       domicilio       del       Capitán       GUTIERREZ  fue  ilegal en la medida que lo  adelantó  un  miembro de la Fuerza Aérea que carecía de funciones de Policía  Judicial,  y  sin  contar  con  la presencia del juez competente, con lo cual se  vulneró  el artículo 587 del Decreto 2550 de 1988 que exigía la intervención  del  funcionario  judicial  en  la  realización del allanamiento como requisito  sustancial de validez.   

          Pero   advierte   el   Ministerio   Público   que   la   mencionada  irregularidad  no  conduce  a  la  prosperidad  del cargo, dado que el censor no  logró  demostrar  la trascendencia de la ilegalidad pues omitió considerar las  restantes  pruebas  que  sirvieron de fundamento al fallo atacado y que resultan  suficientes para mantener la decisión de condena.   

          En concepto del Delegado, el cargo no puede prosperar.   

Segundo cargo: Falso juicio de existencia al  ser ignoradas algunas pruebas   

Luego de destacar las falencias técnicas de  la  demanda  en  punto  de  la  necesidad  de  acreditar  que las pruebas fueron  omitidas  por los falladores y de la necesidad de demostrar la trascendencia del  yerro,  el  Delegado  manifiesta  que  contrario a lo expuesto por el censor, el  Tribunal  Militar  y  el a quo  otorgaron  credibilidad  a  unos testimonios y descartaron otros en ejercicio de  sus  facultades,  lo  cual  excluye  la  configuración  de  yerro  endilgado al  fallo.   

Así  pues,  destaca  que el Juez de primera  instancia  se refirió a los testimonios cuya omisión denuncia el casacionista,  pero  concluyó  que  de  ellos lo único que se evidenciaba era la personalidad  conflictiva     de     María    Basante, sin que ello aportara algo a la investigación.   

Pone  de  presente  que  en  la  inspección  judicial  efectuada  el 19 de mayo de 1998 se pudo establecer que la lavadora de  la  Base  Aérea tenía averiado “el botoncito de las  velocidades”,  pero  que  a pesar de ello funcionaba  correctamente,  situación  que  comprometía  la responsabilidad del procesado,  pues  si,  según  su dicho, ordenó llevar la lavadora para su arreglo, este no  se cumplió.   

          En  suma,  el  Delegado  señala que los falladores sí valoraron en  conjunto  la  prueba  recaudada,  pero  arribaron  a  la  conclusión  de que el  procesado  no  tenía  por  qué llevarse la lavadora para su residencia y menos  traer  la suya al Escuadrón tratando de convencer a las empleadas de que era la  misma, pero que se le habían hecho algunos cambios.   

          En  punto  de  la  animadversión de María  Encarnación  Basante  y  Eva  Vera  hacia  el  procesado,  el  Delegado  destaca que  existen   otros  medios  de  prueba  que  acreditan  que  los  hechos  realmente  ocurrieron  como  fueron  relatados  por  ellas, tales como las declaraciones de  Alvaro  Javier  Alvarez  Marín,  Carlos  Alberto Aros  Ramos,  Edgar  Orlando  Martínez  Forero,  Sergio Gómez, Pedro Antonio Dubeybe  Hernández,  Elías Ocampo Tobón, Alberto Infente Acevedo, Julian Jaime cuesta,  Jesús  Antonio  Delgado  Ortiz,  Walter  Cortés Medina. Juan Carlos Uribe, Ana  Isabel  Rodríguez  y  Mario  Ospina   Penal,  así  como  la  inspección  judicial  efectuada el 19 de mayo de 1998.   

          Entonces conceptúa que el cargo no puede prosperar.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Primer cargo: Falso juicio de legalidad sobre  el allanamiento practicado a la residencia del incriminado   

Pertinente resulta señalar que se incurre en  error  de  derecho  por falso juicio de legalidad cuando el fallador aprecia una  prueba  irregularmente  aducida  a  la  actuación  o cuando la misma adolece de  irregularidades   que  afectan  su  validez;  también  se  presenta  cuando  el  funcionario  desecha  por ilegal una prueba que no ostenta tal irregularidad. En  el  primer  caso, corresponde al actor identificar el medio probatorio que tacha  de  ilegal,  indicar  las  disposiciones  legales  o constitucionales que al ser  quebrantadas  determinan  su  ilegalidad,  y  demostrar  que  ello efectivamente  ocurrió;  en  el  segundo  es deber del demandante comprobar la legalidad de la  prueba  desechada  por  el  juzgador.  Además,  en los dos eventos, también le  compete  acreditar  la  trascendencia  del  yerro en las conclusiones del fallo,  esto  es, demostrar que con la marginación de la prueba que se dice ilegal, las  restantes  pruebas  conducen  a  un fallo sustancialmente diverso del atacado, o  bien,  que  con la incorporación del medio de prueba que el actor estima legal,  las   conclusiones   son   distintas   de   las   contenidas   en  la  decisión  atacada.   

Precisado  lo anterior encuentra la Sala que  razón  le  asiste  al  censor  en  punto  de  la ilegalidad de la diligencia de  allanamiento  practicado  al domicilio de JORGE ENRIQUE  GUTIÉRREZ  ÁLVAREZ, dado que si bien fue ordenado por  el   Juez   de  primera  instancia,  terminó  siendo  realizado  por  el  Mayor  Julian  Zuluaga  Giraldo  en  asocio  de  dos  suboficiales,  de  una  persona  designada como perito y de una  secretaria,  sin  estar  presente  el  juez que lo decretó ni el funcionario de  instrucción  criminal,  en  quienes radicaba la competencia para ello, proceder  que  como lo señala con acierto el Ministerio Público, viola el precepto legal  que  desarrolla el principio constitucional de la reserva judicial consagrada en  el  artículo  28  de  la  Carta  Política,  que faculta con exclusividad a los  funcionarios  judiciales  para  efectuar tal clase de diligencias; en efecto, el  artículo  587  del  Decreto  2550 de 1988, vigente para la fecha de los hechos,  que  en desarrollo de aquel exigía la intervención del funcionario judicial en  la    realización    del    allanamiento    como    requisito   sustancial   de  validez.   

Sin  embargo,  el censor no dice, ni la Sala  advierte,  de  qué  manera  con  la referida irregularidad las conclusiones del  fallo   atacado   serían   diversas,  pues  la  situación  fáctica  advertida  fácilmente  puede establecerse con otros medios de prueba no cuestionados en su  validez,   tales  como  las  declaraciones  de  María  Encarnación  Basantes,  Eva  Vera,  Julian Jaime cuesta, Jesús Antonio Delgado  Ortiz,  Walter  Cortés  Medina, Juan Carlos Uribe, Ana Isabel Rodríguez Alvaro  Javier  Alvarez  Marín,  Carlos  Alberto  Aros  Ramos,  Edgar Orlando Martínez  Forero,  Sergio  Gómez, Pedro Antonio Dubeybe Hernández, Elías Ocampo Tobón,  Alberto  Infante  Acevedo,  y  Mario  Ospina  Penal,  así  como  con  la inspección  judicial  efectuada  el  19  de  mayo  de  1998, de los que razonablemente puede  concluirse  que  el  propósito  del  procesado no era otro que el de simular el  arreglo  de  la  lavadora de carácter oficial para proceder a cambiarla por una  de  su  propiedad  de menor capacidad, pues de lo contrario no habría insistido  inicialmente  ante  las  empleadas  de la lavandería que se trataba de la misma  máquina   a   la   que   se   habían  efectuado  algunas  reformas,  posición  inconsistente  con  un verdadero interés en procurar simplemente el arreglo del  electrodoméstico  del  Comando,  más  aún  si  se  estableció que funcionaba  perfectamente   y   que   sólo  tenía  averiado  el  control  de  velocidades.   

          Vale  decir,  la ilegalidad denunciada carece de trascendencia en el  fallo  atacado  como  para derruir la dual presunción de acierto y legalidad de  la  que  está  revestido, dado que los errores que ameritan la casación de las  sentencias  no  pueden  consistir  en  meras irregularidades, inconsistencias, o  inclusive   ilegalidades,  pues  el  carácter  reparador  del  instituto  torna  imprescindible  que  se evidencie la concreción material y efectiva de aquellas  en  lo  decidido  en  la  determinación  reprochada, pues de lo contrario, como  sucede   en  este  asunto,  la  corrección  deviene  en  intrascendente,  y  no  desvirtúa   la   atribución   de   responsabilidad   como   lo   pretende   el  actor.   

El cargo no prospera.  

Segundo cargo: Falso juicio de existencia al  ser ignoradas algunas pruebas   

El  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  de  las  pruebas supone que el medio probatorio no ha  sido  apreciado  de ninguna manera, pese a figurar en la actuación, esto es, se  trata  de construir la providencia judicial con total marginación de una prueba  válidamente  practicada  o  aducida  al proceso, que resulta trascendente en el  sentido  de  la  decisión; por tanto, cuando se invoca esta clase de censura al  demandante   le   corresponde   indicar  el  medio  no  valorado,  cuál  es  la  información  que  objetivamente  brinda,  qué  mérito demostrativo debe serle  asignado,  y  cómo  su  estimación  conjunta  con  el  resto  de elementos que  integran  el  acervo  probatorio conduce a trastrocar las conclusiones del fallo  censurado.   

El censor incurre en protuberantes falencias  técnicas  al  reprochar  falsos  juicio  de existencia por omisión de pruebas,  para  acto  seguido  en  su  demostración  señalar  que  no  se detectaron las  contradicciones   que   en  su  criterio  emergen  entre  las  declaraciones  de  María  Encarnación Basante de Argüelles,   Eva   Vera   de   Medina   y   Ana  Isabel  Rodríguez;  en  efecto, si las pruebas fueron valoradas no hay lugar al falso  juicio  de  existencia  postulado,  pues  este  no  consiste  en pretermitir las  contradicciones  o apartes de las pruebas, sino en omitir íntegramente el medio  probatorio.   

          Además,   es  necesario  precisar  que  en  punto  de  la  técnica  casacional  no  hay  lugar  a  falsos  juicio  de existencia sobre fragmentos de  pruebas,  como  al  parecer  erradamente  lo asume el impugnante, pues cuando se  suprime  o  cercena  un aparte del medio probatorio, se da lugar al falso juicio  de    identidad,    cuya    naturaleza,   postulación   y   acreditación   son  diversas.   

          Ahora  bien,  si  lo  que  se  reprocha  es  la  valoración  de las  referidas  pruebas  por  parte  de los falladores, correspondía al casacionista  plantear  y  desarrollar  el  cargo  por  error  de  hecho por falso raciocinio,  asumiendo naturalmente las obligaciones derivadas de tal censura.   

Adicional  a  lo  expuesto sin dificultad se  observa  que  no  es  cierto  que  los medios de prueba señalados por el censor  hayan  sido omitidos en su contenido material, pues en el fallo de segundo grado  se anotó:   

“A  la anterior  prueba  se  le  abona las afirmaciones de CT ALVAREZ MARIN y TE MARTINEZ FORERO,  quienes  se  enteraron  del  cambio  de  la  lavadora  por  lo informado por las  empleadas  que la manejaban, señora MARIA BASANTES y EVA VERA, a quienes según  éstas  el  acusado  quería hacerles creer que trataba de la misma lavadora del  Escuadrón   pero   que   ésta   no   correspondía   a   la  misma”.   

En cuanto al reproche del casacionista de que  en   el   fallo   no  se  tuvo  en  cuenta  la  animadversión  de  María  Encarnación por su defendido, una  vez  más  el actor falta a la técnica, pues ello no constituye falso juicio de  existencia  por  omisión  como  ya  se  explicó,  pero además no es cierto lo  afirmado por él, pues en la sentencia atacada se anotó:   

“No  acepta  la  Sala  las  razones del señor Defensor al impugnar el fallo en el sentido de que  no  existen dudas ni contradicciones de los testigos que hacer ver la condición  conflictiva  de MARIA ENCARNACIÓN y la actitud irregular de la señora EVA VERA  en  el  manejo  de  la  lavadora,  porque  éstas  conductas  no son del caso de  analizar aquí…”.   

          En  punto  del  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  que el  defensor  predica  respecto de los documentos sobre procedimientos para disponer  la  reparación  de  un  equipo  del  Escuadrón  de Sanidad y las funciones del  procesado  como Comandante del mencionado Escuadrón se tiene, que en efecto, no  se  hace  mención de ellos en el fallo atacado, pero es importante resaltar que  el  casacionista  no  señaló,  ni  la  Sala consigue establecer de qué manera  tales  medios  de  prueba  tendrían  injerencia  alguna  en el fallo de condena  proferido  en  contra del procesado, circunstancia que denota la intrascendencia  de la censura e impide su prosperidad.   

Similares  consideraciones pueden efectuarse  respecto  del  falso  juicio  de  existencia  respecto  de  otros  documentos de  carácter  administrativo  y  de  control  interno  que señalan que el Teniente  Alvaro  Alvarez  Marín y el  Coronel  Jorge  Enrique Parga  estaban  involucrados  en  otras irregularidades, pues su consideración en nada  afecta la situación de responsabilidad del procesado en el fallo.   

Ahora  bien,  respecto  del  falso juicio de  existencia  sobre  la  cotización  remitida a la Dirección del Hospital acerca  del  mantenimiento  y revisión de la lavadora, el impugnante falta a la verdad,  pues  en  el fallo de primer grado que integra una sola unidad con el de segunda  se afirmó que:   

El      Capitán      GUTIERREZ          “materializó  su  idea  criminal,  al  llevar  a  su casa la lavadora y ordenar que la suya fuera puesta a disposición  del  Hospital,  a sabiendas que la famosa cotización de $60.000,00, dada por el  señor  HERNAN  PEREZ,  no  era  lo  adecuado, por cuanto telefónicamente no se  podían    hacer    cotizaciones,    sin    saber    los   daños…”.   

En suma, lo que sin esfuerzo asume la Sala es  que,  contrario  a  lo  expuesto  por  el censor, el ad  quem  valoró  las  pruebas  en conjunto pero desechó  razonadamente  aquellas que no le ofrecían credibilidad y edificó el fallo con  las  demás, sin que se establezca omisión alguna de carácter trascendente que  pudiera  trastocar  lo  decidido, circunstancia que denota la ausencia del yerro  postulado,  y  sin  ello  carece  de sentido alegar la inexistencia de dolo o la  confusa   ausencia   de   antijuridicidad  material  que  vagamente  sugiere  el  defensor.   

Menester  resulta  reiterar  que el fallo de  condena   se   construyó,  entre  otras,  con  base  en  las  declaraciones  de  María  Encarnación Basantes, Eva Vera, Edgar Orlando  Martínez  Forero,  Sergio  Gómez,  Pedro  Antonio  Dubeybe  Hernández, Elías  Ocampo  Tobón,  Alberto  Infante  Acevedo,  Julian Jaime cuesta, Jesús Antonio  Delgado  Ortiz,  Walter Cortés Medina, Juan Carlos Uribe, Ana Isabel Rodríguez  Alvaro   Javier   Alvarez   Marín,  Carlos  Alberto  Aros  Ramos,  y    Mario    Ospina   Penal,  así  como con la inspección judicial efectuada el 19 de mayo de  1998,  circunstancia adicional para denotar la improsperidad por intrascendencia  del reproche.   

          Finalmente  debe  señalarse  que  el defensor, en manifiesto olvido  del  carácter  rogado  de  este  procedimiento  extraordinario  no  se detuvo a  señalar  a  la  Corte  el  sentido  del  fallo de reemplazo  que solicita,  motivo de más para que fracasen sus pretensiones.   

El cargo no prospera.  

         

Por las razones anotadas, como con acierto lo  señala  el Delegado, adicional a la falta de técnica casacional de la demanda,  se  advierte  que carecen de razón y de sustento los argumentos del censor como  para  desvirtuar  la  presunción  de  acierto  y  de  legalidad de la que está  revestido    el    fallo,   motivo   por   el   cual   no   es   procedente   su  casación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,   notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

Permiso  

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

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