16002(31-10-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 16002  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

         

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro.  133  

         Bogotá,  D.C.,  treinta  y uno (31) de  octubre de dos mil dos (2002).   

          Decide  la  Corte  sobre  la  demanda  de  casación  presentada en  defensa  de  CARLOS  JULIO  RÍOS  RÍOS contra  la  sentencia  de  fecha  noviembre 23 de 1998, mediante la  cual  el entonces Tribunal Nacional confirmó la dictada por un Juzgado Regional  de  Bogotá  con  la  modificación  en  el  sentido  de  condenarlo a las penas  principales  de  ocho  (8)  años de prisión y el decomiso del material bélico  incautado,  como  autor  de  los  delitos  de hurto calificado y porte ilegal de  armas de uso privativo de la fuerza pública.   

HECHOS  

         En  horas  del  medio  día  del  20 de  febrero  de  1997, dos individuos se presentaron en la sucursal de Construyecoop  ubicada  en  la  calle  8ª  sur  No.  41 – 05 de esta ciudad con el pretexto de  realizar  una  consignación;  sin embargo, luego que el vigilante les permitió  el  ingreso  al  local, uno de ellos arma en mano intentó sujetarlo gestándose  entonces  el  forcejeo  en  curso  del  cual  cayeron  al suelo, entre tanto, su  compinche   esgrimió   la   ametralladora   con   la   que   intimidó   a  los  presentes.   Reducidos  el  celador  y  los  empleados  de  la entidad, los  delincuentes  se  apoderaron de ochocientos mil pesos que estaban depositados en  las  cajas,  despojaron  al  primero  de un anillo de oro avaluado en un millón  quinientos  mil  pesos  y de un radio de comunicaciones, para emprender después  la huida en una motocicleta.   

          Enteradas  las  autoridades  de policía en forma casi inmediata de  lo  sucedido, finalmente ubicaron a los asaltantes en la avenida 1º de mayo con  carrera  48,  donde  fueron  recibidos  por  éstos  con  disparos  de  armas de  fuego.   En  el  enfrentamiento  abandonaron  el  vehículo  y  uno  de los  antisociales  logró  fugarse,  pero el otro fue capturado en un establecimiento  comercial  cercano  con un bolso de cuero que contenía una subametralladora sin  marca   calibre   45,   un   proveedor   con   23  cartuchos,  dos  granadas  de  fragmentación,   un   radio   de   comunicaciones   y  el  anillo  de  oro  con  incrustaciones    de    piedras   preciosas   hurtado   al   vigilante   de   la  Coopertativa.   

          El   aprehendido  se  identificó  inicialmente  como  ALEXANDER  CHACÓN  VERGEL, pero después  reconoció  que  su  verdadero nombre era CARLOS JULIO  RÍOS RÍOS.   ACTUACIÓN  PROCESAL   

          La   Fiscalía   Regional  de  Bogotá  abrió  la  investigación,  vinculó  en  indagatoria  al  capturado  CARLOS JULIO  RÍOS  RÍOS  y resolvió su situación jurídica  en  providencia  de  marzo 3 de 1997, afectándolo con detención preventiva sin  beneficio  de  excarcelación como autor de los delitos de porte ilegal de armas  de    uso    privativo    de    la   fuerza   pública   agravado   (artículo  2º del Decreto 3664 de 1986 y 1º ibídem literales a,  b,   y   c.),   y   hurto   calificado  (artículos  349,  350  numerales  1º  y  2º del anterior Código  Penal).   

          Cerrada  la investigación y agotado el traslado para presentar las  alegaciones  correspondientes,  la  Fiscalía calificó su mérito probatorio en  providencia  de fecha octubre 15 de 1997, por medio de la cual elevó acusación  en  contra  del  sindicado  RÍOS  RÍOS como  autor  del  concurso  de  conductas  punibles  imputado en la  medida  de  aseguramiento.   Respecto  del  porte  ilegal  de armas derivó  exclusivamente  las  circunstancias  de  agravación  de  los  literales b, y c,  artículo 1º del Decreto 3664 de 1986.   

          La  etapa  del  juicio  estuvo  a  cargo  de un Juzgado Regional de  Bogotá,  que  en fallo de junio 17 de 1998 condenó al procesado en consonancia  con  el  pliego  de cargos a las penas principales de ciento ocho (108) meses de  prisión  y  al decomiso del material bélico incautado. Inconforme el sindicado  con  el pronunciamiento conclusivo de la primera instancia, interpuso el recurso  de  apelación que el Tribunal Nacional desató en sentencia de noviembre 23 del  mismo   año,   en  la  que  confirmó  la  proferida  por  el  a  quo  con  las  modificaciones  atrás  precisadas  en  la  sanción restrictiva de la libertad,  fijada definitivamente en ocho (8) años de prisión.   

  LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de la causal tercera de casación del artículo 220 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal, la demandante acusa la sentencia de  segundo  grado  de  haber  sido  dictada  en  un  juicio  viciado de nulidad por  violación del derecho de defensa.    

         En la sustentación del reparo argumenta  que  la  profesional  designada para la indagatoria, con posterioridad a la  firmeza  de  la  resolución  definitoria  de  la  situación  jurídica allegó  memorial  en  el  cual indicó que su actuación quedó limitada a la asistencia  durante  la  injurada.   Así las cosas, aunque de tal restricción no obra  constancia  en  el  acta  de  la  diligencia,  del referido escrito se deduce, a  juicio  de la censora, que el sindicado careció de defensa técnica después de  la injurada.     

         Estima  que  la  manifestación  de  la  abogada  debió  entenderse como la renuncia al poder conferido; sin embargo, el  instructor   no   le   concedió   ninguna   trascendencia   pues  continuó  la  investigación  sin  “alusión  a la defensa técnica  del  sindicado”  hasta  pasados  nueve  meses, cuando  ofició  a  la  Defensoría  Pública  en  solicitud  de un profesional para que  asumiera la representación judicial del acriminado.     

         Destaca con idéntica orientación, que  en  el  período  durante  el  cual  el sindicado no tuvo asistencia técnica se  surtió   el  traslado  del  informe  técnico  rendido  sobre  el  “material     explosivo    incautado”,  dispuesto  mediante  providencia  de omitida notificación personal al sindicado  privado  de  la libertad y al Ministerio Público; más aún, que únicamente se  fijó  en lista por el término de cinco días “porque  sabía  la  Fiscalía  que  no  había  defensor  a quien notificar”,  pero  sin que en últimas pudiera conocerse o controvertirse por  los sujetos procesales.   

             Esta flagrante violación del derecho de defensa  se  afianza  cuando  el instructor señala “que  no  se encuentra acta alguna sobre la posesión de la defensa  técnica  del  procesado  y  ordena  que  por  la  secretaría,  se  aclare esta  situación,   advirtiendo  además  que  el  tiempo  apremia”;  como  también,  cuando  en la resolución de  clausura  del sumario resaltó que el sindicado adolecía de “defensa     formal”     y ordenó designarle un represente oficioso, sin  percatarse  que  para  tal  estadio  el  incriminado  había otorgado poder a un  defensor público.      

             Añade  que  en  la  fase  del  juicio  ninguna  actividad  probatoria  fue desplegada; pero también, que la Fiscalía adelantó  la  actuación  con menoscabo del principio de investigación integral, esto es,  dirigida  única  y  exclusivamente a la incriminación.   Asegura por  otra  parte,  no se puso en conocimiento el estudio técnico del vehículo ni el  dictamen  de medicina legal que determinó una incapacidad de ocho días para el  acusado,  prueba de la cual no se desprendieron además consecuencias jurídicas  para    los    uniformados    que    intervinieron   en   la   aprehensión   de  RÍOS  RÍOS;  de  igual  modo  y  afianzando  la  irregularidad denunciada, que el traslado de la pericia recaída  sobre  las  granadas  se  surtió  de  manera  irregular,  como  se  indicó  en  precedencia,  mientras  que  el examen al cual fue sometido  el armamento y  la  munición  se sustituyó por una inspección judicial en curso de la cual se  rindió    un    concepto   de   balística   del   que   tampoco   se   corrió  traslado.   

         

         Al  margen  del  reparo que la censora  hace   consistir  en  la  ausencia  de  defensa  técnica,  acusa  también  que  “más   grave  resulta”  el   hecho  de  haberse  omitido  la  notificación  personal  de  la  medida de aseguramiento al Agente del Ministerio Público y en  forma  supletoria,  por  anotación  en  cuadro  de estado, a los demás sujetos  procesales,  de  manera  que  la  actuación  prosiguió  su  curso  sin que tal  decisión alcanzara firmeza.   

            Con  los  anteriores  fundamentos, la libelista  solicita  a la Corte que case el fallo impugnado y declare la nulidad de todo lo  actuado  a partir de la indagatoria, desde luego, con la consecuente liberación  provisional del sindicado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

         El  Procurador  Tercero Delegado encuentra que la censora concreta  la  vulneración del derecho de defensa a los siguientes tres aspectos:  La  ausencia  de  defensor  durante  la  instrucción  derivada de la renuncia de la  abogada  designada  en la indagatoria; la falta de notificación al procesado de  la  providencia  que resolvió su situación jurídica; y el indebido traslado a  los    sujetos    procesales    de   los   dictámenes   rendidos   durante   la  investigación.   

         En  el  concepto  rendido  sobre  tales  reparos,  el  Agente  del  Ministerio  Público  discurre  sobre la consagración del derecho de defensa en  el  artículo  29  de  la  Carta  Política,  que  con  los  ajustes  jurídicos  correspondientes  reprodujo  en  el ordenamiento interno los artículos 11 de la  Declaración  Universal de los Derechos Humanos, y 14 del Pacto Internacional de  Derechos Civiles y Políticos.     

         Precisa  también  que durante todo el  proceso   resulta  necesario  garantizar  el  derecho  de  defensa  en  sus  dos  manifestaciones,   material   y   técnica;   alude   a   las   características  fundamentales  de  la garantía  comentada y a los deberes correlativos que  se  derivan  de ella para los funcionarios judiciales, para plantear en últimas  que le asiste razón a la demandante en la pretensión anulatoria.   

         

         En  este  sentido  señala que en la injurada el sindicado confió  su  representación  a una profesional del derecho, quien tuvo el convencimiento  de  estar  restringida  su  actuación  a  esa  única  diligencia,  como  puede  colegirse  de  la  falta de actividad posterior y del memorial que presentó con  una  manifestación  en  ese  específico sentido.  Pero además, ante esta  específica  circunstancia,  la  Fiscalía  tenía la obligación de designar un  defensor  de  oficio  o público y sin embargo, tal deber fue incumplido durante  casi toda la etapa de instrucción.     

          Ahora  bien,  como  la  abogada  que  asistió  a  la  injurada  fue designada por el sindicado y de la limitación de  sus  deberes  no  obra  constancia alguna en el acta de la diligencia, resultaba  procedente  entender que asumía la defensa para todo el proceso, de conformidad  con  el inciso 1º, artículo 139 del anterior estatuto procesal penal.  No  obstante,  una  vez  notificada  de la medida de aseguramiento y ante su expresa  manifestación   de   haber   brindado   asesoría   al  procesado  RÍOS   RIÓS   únicamente   en   la  diligencia  de  indagatoria,  cuando  menos  a  partir  de  este  momento quedó  clarificado que el incriminado carecía de defensor.    

         Adicionalmente,  la  Procuraduría  resalta  que  la  Fiscalía al  desatender    la    obligación    de    proveer   al   sindicado   RÍOS      RÍOS     de  la  asistencia  técnica, acopió la  mayoría  de  las  pruebas  restándole  oportunidades de defensa, sin que tenga  trascendencia  frente  al  anterior  reparo  que  las  mismas  en  apariencia no  comprometan  la  responsabilidad  de  aquél o surjan incluso favorables para su  situación  jurídica,  porque la garantía constitucional desde ninguna óptica  está supeditada a los resultados probatorios.     

         Encuentra  que  en  la  resolución de  apertura  de  la  investigación se ordenó la práctica de algunas pruebas pero  omitiéndose  toda  mención  a  la  comisión  librada  con  el  propósito  de  evacuarlas;  y  adicionalmente,  que  en  la  misma fecha los elementos bélicos  incautados  fueron  enviados  para  su  estudio  técnico  sin  especificarse la  finalidad   pretendida  con  esa  prueba,  ni  el  cuestionario  sometido  a  la  consideración del perito.    

          La  Fiscalía  también  remitió  el  cuaderno  de  copias  al  Jefe  de  la Unidad Investigativa de la SIJIN mediante  comunicación  de  febrero  17 de 1997, en la que aludió a una providencia aún  no  proferida; más aún, signado cuando el procesado no había sido retenido ni  puesto  a  disposición  de  la autoridad judicial, y si bien puede colegirse la  existencia  de  un error en la fecha de tal oficio, en todo caso surge claro que  la  actuación  se  remitió  sin  decisión  previa y omitiéndose precisar las  pruebas   que  debían  realizarse,  tampoco  se  consignaron  las  prevenciones  relativas  a  la  defensa  o  en relación con el tiempo durante el cual debían  llevarse  a  cabo,  ni  se informó al comisionado acerca de las manifestaciones  que  había  efectuado  la  defensora  respecto  a  las limitaciones del mandato  conferido.   

         Así  las cosas, concluye el Delegado,  las  autoridades de policía judicial practicaron pruebas entre el 28 de febrero  de  1997 y el 25 de abril del mismo año, cuando el procesado no estuvo asistido  de  defensor, pues éste sólo tuvo presencia real en el proceso luego del poder  otorgado   con  posterioridad  a  la  clausura  del  ciclo  instructivo,  cuando  solicitó   copias  del  expediente  y  presentó  los  alegatos  previos  a  la  calificación  del  mérito  del  sumario, circunstancia que unida a la falta de  diligencia  en el manejo del expediente determinó el menoscabo del derecho a la  defensa.   

         Tratándose  del  segundo  reparo  que  encuentra  contenido  en  la  demanda, la Procuraduría  afirma que no tuvo  realidad,   pues  la  providencia  que  definió  la  situación  jurídica  fue  notificada  personalmente  al  Ministerio  Público, al procesado y a la abogada  que  había  actuado  como  su  apoderada  en  la  indagatoria,  cuyo  silencio,  entendido  como  la  falta  de  interposición  de  los recursos posibles, surge  indicativo  de  la  ausencia de defensa técnica, pues tal profesional no había  adquirido   el   compromiso   de   representar  al  sindicado  durante  todo  el  proceso.    

En   cuanto   a  los  traslados  de  los  dictámenes,  el  Delegado  destaca  que  la censora no concretó de qué manera  resultó  afectado  el derecho a la defensa.   Además, en cuanto a la  experticia  rendida  sobre  el  armamento  y el material explosivo incautado, la  Fiscalía  fue  más  garantista  que  la  regulación  legal, pues sin tener la  obligación  de  notificar  personalmente al sindicado, envió una comunicación  al  sitio  donde  se  encontraba  recluido  informándole  de la iniciación del  término  para  dicho  efecto.   En  síntesis,  respecto  de  tales medios  demostrativos   no  advierte  irregularidad  alguna  que  pueda  constituir  violación   del   debido  proceso  o  del  derecho  a  la  defensa.     

Más  adelante  indica  que de las otras  peritaciones  en  realidad  no  se  surtió  el traslado, por lo tanto, cómo el  procesado  no  tuvo  acceso  real expediente ni disponía de otro mecanismo para  conocerlas  ante  la  ausencia  de defensor técnico, tal omisión constituye un  elemento  de  juicio  adicional para determinar que la carencia del mismo privó  al  inculpado  de  oportunidades  y  medios  adecuados  de contradicción.    

Por  todo  lo  anterior, conceptúa que el  cargo  debe  prosperar.   En  consecuencia, solicita a la Corte que case la  sentencia  impugnada  y  declare  la  nulidad  de  la  actuación a partir de la  indagatoria.   

  CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         1.   Reiteradamente  ha sostenido esta Sala que la demanda de  casación   debe  satisfacer  un  mínimo  de  requisitos  que  no  traducen  un  formalismo  carente  de  sentido,  pues  corresponden  simplemente  a la lógica  propia  de  la  impugnación extraordinaria, donde el quebrantamiento del fallo,  precedido  de  la  doble  presunción  de  acierto y legalidad, sólo es posible  mediante  la  demostración  de  errores  de  juicio  o de actividad en realidad  trascendentes.                       

         Por otra parte, en cuanto interesa para  los  actuales  fines,  a estas exigencias no es ajena la causal de nulidad, toda  vez  que también en dichos eventos es innegable su carácter de recurso rogado,  regido  por el principio de limitación, en virtud del cual la competencia de la  Corte  está determinada por lo alegado y razonado en el libelo, al punto que de  reclamarse  sin  rigor  ni  precisión  técnicas,  queda reducido entonces a un  simple    alegato    de    instancia    carente    de    toda    vocación    de  prosperidad.   

         En este orden de ideas, del impugnante  se  exige  una  impetración  en la cual concrete la clase de nulidad reclamada,  esto  es,  si  se  trata  de  un menoscabo del debido proceso o del derecho a la  defensa,  o  de la falta de competencia. También le corresponde identificar las  irregularidades  que  apoyan la petición, consignar sus fundamentos y citar las  disposiciones  que  resultaron  infringidas;  pero  además  y  primordialmente,  establecer   la  trascendencia  del  vicio  denunciado  o  en  otros  términos,  demostrar  en  qué  medida socavó las bases fundamentales de la instrucción o  el  juzgamiento,  o repercutió en las garantías de los sujetos procesales, con  señalamiento   además  del  estadio  a  partir  del  cual  debe  decretarse  y  disponerse la reposición del trámite conforme a derecho.   

         Tampoco  puede pasar por alto el recurrente, conforme ha precisado  la  Sala  con  ponencia  de  quien  cumple  aquí idéntico cometido1,  que  en  manera  alguna  resulta  viable postular bajo una misma censura la existencia de  varias  anomalías  cuando  se  les  atribuye  a  cada una de ellas explícita o  tácita  entidad  para  desquiciar  la  validez  del  trámite  desde  diferente  estadio,  como  se  constata  ocurrido  en  la demanda aquí examinada, donde la  defensora  con  apoyo  en  la  causal  tercera de casación eleva varios reparos  vinculados  a  nulidades  de  distinta  naturaleza, en una propuesta carente por  completo  de  precisión,  apartada  del  principio  de  autonomía  y en la que  perdió  de  vista  la disímil demostración que comportan las afectaciones del  debido proceso y del derecho a la defensa.   

         En  efecto,  en  contra vía de los derroteros comentados, bajo el  único  cargo  erigido, la demandante acusa la sentencia impugnada de haber sido  proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  básicamente,  por la falta de  asistencia  técnica desde la indagatoria y durante toda la fase instructiva, de  ahí  el  expreso  reclamo  de  invalidación  a partir de dicha diligencia; sin  embargo,  en  el desarrollo argumentativo de la censura eleva otros reparos a la  legalidad  del  trámite,  que  deja  sumidos  en  el  mero  enunciado,  como se  precisará  más adelante, pues ningún esfuerzo intelectivo despliega con miras  a  demostrar  su  realidad  y  trascendencia, a través de los cuales plantea en  todo  caso el menoscabo de esa misma o de otras garantías, para sugerir además  e  indistintamente,  que la actuación debe ser anulada desde etapas diferentes.   

         En  este  último  sentido la casacionista acusa la violación del  principio  de  investigación  integral,  concretamente, que la actividad de los  funcionarios  judiciales  se  orientó  al acopio de la prueba de incriminación  exclusivamente,  tanto  así  que  en  la  fase  del  juicio  no  se  recaudaron  pruebas.   Censura  de  igual  modo,  el prescindido traslado a los sujetos  procesales  de  los  dictámenes  periciales  llevados  a  cabo  en el curso del  proceso,  como  también,  que  se  surtió de manera irregular el de la pericia  recaída   sobre   las   granadas   de  fragmentación  decomisadas;  y  plantea  finalmente,  la  “grave”  transgresión  del  derecho  de defensa porque se omitió la notificación de la  medida   de   aseguramiento  al  Agente  del  Ministerio  Público  y  en  forma  supletoria,  por  estado,  a  los  demás  sujetos  procesales, de manera que la  actuación prosiguió sin que tal proveído alcanzara firmeza.   

         En síntesis, si la impugnante estimaba  que  la  validez del proceso estaba afectada por estas irregularidades a las que  les  asignó  entidad por sí solas para propiciar la invalidación del proceso,  debió  postularlas en forma separada con un orden obviamente determinado por su  mayor  cobertura  o consecuencia, no refundirlas en la única censura erigida al  amparo  de  la  causal tercera, pasando por alto el principio de prioridad, pero  primordialmente,  que  ni  remotamente  constituían todas un desarrollo lógico  del  reparo  de  nulidad  que  por  ausencia  de  defensa  técnica  anunció al  presentar la censura.   

         2.  En  todo caso, abundando en consideraciones, la Sala encuentra  que  la recurrente se limitó a invocar de manera indiscriminada estas supuestas  irregularidades  y  a  atribuirles  entidad  para  generar  la invalidación del  proceso,  perdiendo  de  vista que le correspondía demostrar la realidad de los  vicios  acusados,  pero  primordialmente,  su  específica  incidencia frente al  fallo  impugnado,  pues  uno  de los postulados orientadores del régimen de las  nulidades  es  el  de  trascendencia (artículos 308,  numeral  2º  del  anterior  Código  Penal, y 310, ordinal 2º de la Ley 600 de  2000),  de  conformidad  con el cual sólo propician  este  grave  efecto  aquellos errores de actividad o in procedendo que conculcan  las  garantías  de  los sujetos procesales o socavan las bases fundamentales de  la  investigación  o  el  juzgamiento, exigencias que también resultaron aquí  insatisfechas.   

         2.1   Ciertamente,  en el primer reparo la casacionista acusa  la  violación  del  derecho  de defensa y hace consistir la irregularidad en la  falta  de  asistencia  técnica  del  sindicado RÍOS  RÍOS  durante  toda  la  fase  instructiva, pues la  profesional  designada  de manera convencional en la indagatoria exteriorizó el  abandono  de  la gestión confiada, a juicio de la censora, cuando además de su  inactividad  con  posterioridad  a la medida de aseguramiento allegó escrito en  el  que  adujo  que  la representación asumida había quedado restringida a esa  única  diligencia  y sin que el director del sumario en forma oportuna adoptara  las  medidas  orientadas  a proveer la defensa luego de tal manifestación de la  togada.   

          Las   circunstancias  sobre  las  cuales  se  cimienta  el  motivo  de invalidación alegado en tales términos en  manera  alguna  se discuten, como quiera que reflejan en parte la realidad de lo  acontecido  en autos, no así las conclusiones que la impugnante extrae de ellas  en  punto  a la garantía en comento, a través de una postulación que no sobra  añadir,  encuentra  apoyo  en  el  concepto  de  la  Delegada  rendido  en esta  sede.   

         En  efecto,  el  capturado  RÍOS RÍOS  en  la  diligencia  de  descargos efectuada el 21 de  febrero  de  1997  confió  su  representación  a la doctora Luz Marina Polanco  Villareal,  nombramiento  que  al  tenor del artículo 139 del derogado estatuto  procesal,   bajo   el   cual   se  adelantaron  las  diligencias,  se  entendía  “hasta  la  finalización  del  proceso”,  máxime  que  en  el  presente asunto ninguna manifestación en  sentido  contrario  expresaron  en  ese  momento  el  poderdante o su mandataria  (f.          29,          cd.1).   

         Después,  el  instructor  recibió  la declaración del vigilante  Héctor  Fabio  Villa  Herrera  y  efectuó la inspección judicial al armamento  incautado  en  concurrencia  con  la  pericia  en  la  que  se  dictaminaron las  características  de  los  elementos hallados en poder del procesado,  a la  vez  que  quedó  determinada  la cuantía del hurto mediante el correspondiente  arqueo  de caja.  Con fundamento en  tales medios demostrativos, en el  informe  de  la aprehensión ratificado por los uniformados Julio Alberto Bayona  Rodríguez  y  Ángelo  Cruz  Morales,  así  como  en la denuncia, la Fiscalía  Regional  de  Bogotá  resolvió  la situación jurídica el 3 de marzo de 1997,  afectando  al  indagado  con  detención  preventiva  por  los  delitos de hurto  calificado  y  porte  ilegal  de  armas  de uso privativo de las fuerzas armadas  igualmente agravado.   

         Posteriormente,  la  apoderada atendió con prontitud la citación  telegráfica   que   le   fue   efectuada  para  notificarla  de  la  medida  de  aseguramiento  y  el  7  de  marzo  siguiente se impuso en forma personal de tal  decisión;  sin embargo, días después, esto es, el 14 de los mismos mes y año  allegó  memorial donde informó no ser “la defensora  del  sindicado  de  la  referencia” toda vez que su  actuación,  según  adujo,  había quedado circunscrita a la asistencia durante  la  diligencia  de indagatoria (fs. 58 vto., 59, 64 y  65, cd. 1).   

         Así  las  cosas,  tiene que admitirse que se configuró en verdad  el  reprochado  abandono  de  la defensa, pues la reseñada manifestación de la  togada  no  sólo  comportó  la  admisión  de  dicha  circunstancia,  sino que  implicó  también  el anuncio de la completa dejación de la misma, máxime que  desde  entonces  ninguna  actividad  de control o gestión desplegó a favor del  sindicado.  No obstante, la recurrente y el Procurador Delegado pierden de vista  que  la  falencia  detectada  devino  final  y  oportunamente subsanada, pues el  procesado      RÍOS      RÍOS     encontrándose  aún  las  diligencias  en  la fase instructiva, a  través  de memorial aportado a la expediente el 29 de julio de 1997, confió su  representación  a  un  defensor  público, quien al tenor del artículo 142 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal, adquirió legitimidad para actuar a  partir  de  la presentación del respectivo poder (f.  155, cd.1).   

         La   actuación  continuó  su  curso  superado  el  vicio  en  la  asistencia  técnica,  tanto  así  que la Fiscalía instructora en proveído de  agosto   15  de  1997,  abundando  en  dicha  garantía  y  respecto  del  nuevo  representante   convencional   del   acriminado,  ordenó  ponerle  “las  diligencias  a  su  alcance,  para  lo  de  su resorte”,  y sólo hasta el 4 de septiembre dispuso la clausura  del sumario.   

         De cara a esta realidad, fuerza colegir  que  a  pesar  de  haber  carecido  el  sindicado transitoriamente de asistencia  técnica  durante  la  fase  de  investigación,  de  acuerdo  con  el reiterado  criterio         de         la         Sala2   

, la garantía quedó restablecida con este  nuevo  mandato, pues su titular quedó habilitado a partir de dicho momento para  realizar  la  gestión  que  pudo  haber  sido  desplegada  durante  el lapso de  ausencia  defensiva;  y  así  las  cosas,  desde  la  óptica  del principio de  trascendencia   ningún   sentido   tendría   la   invalidación  del  trámite  simplemente  para revivir una oportunidad de la que ya se dispuso en su momento,  como  se  aprecia  sucedido  en  las  presentes  diligencias,  donde  el aludido  defensor   público   mientras   mantuvo   la   representación   del  sindicado  exteriorizó  un  continuo seguimiento del proceso y un desempeño que riñe con  la alegada vulneración del derecho de defensa.   

         En  efecto,  este  apoderado  designado  en la etapa instructiva y  quien  actuó  hasta  su  relevo  en  los albores del juicio cuando el procesado  otorgó  nuevo  poder,  se notificó personalmente de la resolución de clausura  de   la   investigación,  solicitó  copias  del  expediente  y  compareció  a  retirarlas,  pero  además,  presentó  los  alegatos  donde con valoración del  acervo   probatorio   reclamó  la  credibilidad  para  las  manifestaciones  de  inocencia  de  su  asistido y, por lo tanto, la preclusión de la instrucción a  su  favor   (fs.  164,  167, 169, 176 a 181, c.  1).   

         Resta  indicar, afianzando la falta de prosperidad del reproche en  punto  a  la  defensa  técnica,  que  ante  la  clara  previsión  legal atrás  referida,  ninguna  trascendencia  tiene  que el instructor al echar de menos la  posesión  del  apoderado ordenara a la Secretaría la realización de la misma,  pues  insiste  la  Corporación,  tal  formalidad  de ninguna manera constituía  requisito  para  ejercer de manera efectiva las facultades derivadas del mandato  conferido.   Idéntica  inanidad  se predica por último, de la advertencia  contenida  en  la  resolución  de  cierre  del  sumario a través de la cual el  Fiscal  del  proceso  en  aras  de  la  garantía  cuya  vulneración se afirma,  simplemente   solicitó   constatar   la  realidad  de  la  asistencia  técnica  (f.        161,        c.       1).   

         2.2    La  demandante  plantea  también  la  violación  del  principio  de investigación integral dentro de este único cargo erigido contra  el  fallo de segunda instancia, y en la sustentación del reparo aduce de manera  abstracta,  de  una  parte,  que  la  Fiscalía  orientó su actividad al acopio  exclusivo  de  los  medios demostrativos que soportaran la incriminación,   de la otra, que en la etapa del juicio no se recaudaron pruebas.   

         Nada  concretó  entonces en relación  con   los   elementos  de  juicio  dejados  de  practicar,  ni  respecto  de  su  conducencia,  pertinencia  y  utilidad; menos aún, abordó la trascendencia que  habrían  tenido  mediante  una  confrontación  lógica  con  las  pruebas  que  soportan  la  condena  para  verificar  por  esta vía que otras y favorables al  procesado  habrían sido las conclusiones de los juzgadores.   En fin,  perdió  de  vista  que  cuando  se  acusa la violación del referido postulado,  conforme   al   pacífico   y   reiterado   criterio   de   la  Sala3,   deben  relacionarse  las  pruebas omitidas o dejadas de practicar, pero además, lo que  se  habría  demostrado  a  través  de  ellas,  pues es necesario que de manera  fundada  y  razonable se establezca que su aporte al proceso habría beneficiado  la  situación  jurídica  del  sindicado,  al  punto de mostrarse ineludible la  anulación   de  lo  actuado  para  permitir  la  práctica  de  los  medios  de  persuasión echados de menos.   

         En  todo  caso,  el ataque tampoco aparece ajustado a la realidad,  pues  en  la  providencia  que impuso la detención preventiva del sindicado, la  Fiscalía   “Para   los   efectos   de   un   mejor  perfeccionamiento  de estas sumarias y en aras a una investigación integral, en  armonía  con  las  previsiones  contenidas  en  el  artículo  333  del  C.  de  P.P….”,  por  medio  de comisionado dispuso, entre  otras   diligencias,  las  “declaraciones,  bajo  la  gravedad  del  juramento,  a  las  personas  que  haya citado Ríos Ríos, en su  injurada,  con  el  fin  de  que depongan sobre si lo conocen, circunstancias de  tiempo,  modo y lugar de sus relaciones con éste…”  (fs.   56  y  57,  c.  1),    cometido  en  cumplimiento  del  cual  se recibieron precisamente los testimonios de Alexander  Chacón    Vergel    y     Martha   Ledis   Llanos   Aguirre   (fs. 79, 83, c. ib.).   

         2.3   Atribuyéndole la entidad para generar la nulidad de lo  actuado  por  el  menoscabo  del  derecho  de  defensa,  la  demandante acusa el  irregular  traslado  a los sujetos procesales del informe técnico rendido sobre  el      “material     explosivo”  incautado,  pues  fue efectuado, según indica, mediante auto de  sustanciación que no fue notificado.    

          Plantea  con  idéntica  orientación  argumentativa,  que  se omitió el traslado de la pericia rendida en el curso de  la  inspección  judicial  realizada  a  esos  mismos  elementos  y a los demás  decomisados    en   poder   del   sindicado   RÍOS  RÍOS;  como  también,  que  se  prescindió de tal  formalidad  respecto  del  dictamen  de  medicina legal alusivo a la incapacidad  padecida  por  el  acusado  durante  el  operativo policial que finalizó con la  captura;  y  finalmente,  en relación con la pericia realizada a la motocicleta  en la que este último se movilizaba para la fecha de los sucesos.   

            

         En  réplica  a  tal  reparo,  sea  lo  primero  indicar  de  acuerdo  con el reiterado entendimiento de la Sala, que no  “toda  informalidad  procesal genera nulidad de la  actuación,  y  que  su  declaración  en  materia  penal  se  rige, entre otros  principios,  por  el  de  trascendencia,  de acuerdo con el cual no basta que el  vicio  se  presente,  sino  que  es necesario acreditar que es sustancial, y que  afectó  las  garantías  de  los  sujetos  procesales,  o desconoció las bases  fundamentales    de    la    instrucción    o   el   juzgamiento”4,  efectos  que  la  censora  en  manera  alguna   intenta   siquiera   plantear   y   acreditar   frente   a  las  irregularidades  denunciadas,  pero  que  además, primordialmente, tampoco surgen de ellas.   

         Así,  en  lo  atinente  a la experticia sobre el material bélico  decomisado,  rendida  durante  la  inspección  judicial  llevada  a cabo en los  albores  del  instructivo  (f. 42, c. 1),  aparece  irrebatible  que  no  se  surtió  el  traslado otrora  previsto  en el artículo 270 del anterior Código de Procedimiento Penal.   Tampoco  puede  discutirse  que el del informe técnico recaído en las granadas  de  fragmentación se decretó en auto sustraído de notificación a las partes,  que  contrario  a  lo  argumentado  por la Procuraduría Delegada en el concepto  allegado  en  esta  sede,  se reivindicaba de manera expresa en el artículo 186  ibídem  (fs. 140 a 143, 147 a 150, c. 1);  sin  embargo,  no  es  menos  cierto,  de otra parte, que tales  omisiones  en  nada  repercutieron frente a la posibilidad real que tuvieron los  sujetos  procesales  de conocer y refutar tales pruebas periciales, de solicitar  su  adición  o aclaración, máxime cuando se aludió expresamente a la primera  de  ellas  desde  la  providencia  que  resolvió  la  situación  jurídica del  sindicado,  de  la  cual  fueron notificados en forma personal este último y su  defensora  de  entonces;  y  después,  a  ambas  experticias, en la resolución  acusatoria   (fs.   55,   185,   c.  1).    Así las cosas, excluido se encuentra con evidencia  el alegado menoscabo del derecho de defensa.   

         Adicionalmente,  las  características  de  las  armas  y  de  los  elementos  bélicos  incautados, a las que se contrajeron los estudios técnicos  aludidos,   en  manera  alguna  fueron  ajenas  al  conocimiento  del  procesado  RÍOS  RIÓS, quien en la  indagatoria  relacionó  esos objetos que se hallaban depositados en el interior  del  bolso  en  cuya  detentación se le sorprendió al momento de la captura, y  que  además le fueron impuestos con sus especificaciones técnicas generales en  el  curso  de  dicha  diligencia  (fs.  30  a 35, c.  1).   De  ahí  incluso,  que  este  aspecto se  sustrajera por completo a los debates de las instancias.   

         Idéntica  consecuencia  se  predica de las restantes peritaciones  pero  con  sustento en un motivo diferente.  En efecto, el informe técnico  del  cual  fue  objeto  la  motocicleta,  al igual que el reconocimiento médico  legal  del  sindicado (fs. 22 y 126, c.1),  ninguna  relación tenían con la materialidad de las conductas  punibles  imputadas  al sindicado o frente a la responsabilidad penal que le fue  deducida  en su comisión,  pues con la primera se pretendió esclarecer la  autenticidad  de  los sistemas de identificación del vehículo como presupuesto  para  su  devolución a quien tuviese un legítimo derecho a obtenerla, mientras  que  la  valoración  del  acusado  se  dispuso  para corroborar el maltrato que  afirmó  haber  recibido  de  los  uniformados.  En este orden de ideas, la  formalidad  echada  de  menos  se  muestra  carente  de  incidencia  frente a la  garantía  de la defensa, al punto que la misma censora se duele de su ausencia,  no  porque la irregularidad que acusa hubiese derivado efectos en dicho ámbito,  sino  porque no se produjeron las consecuencias jurídicas correspondientes para  los   agentes   de   la  Policía  que  intervinieron  en  la  aprehensión  del  procesado.   

         2.4   La  censora aduce por último, un grave  quebranto  del  derecho de defensa porque se omitió la notificación personal de la medida  de  aseguramiento  al  Ministerio  Público  y  por  estado a los demás sujetos  procesales,  de  manera  que  la  actuación  prosiguió  sin  que tal decisión  alcanzara  firmeza;  sin  embargo,  este  reparo  carece  de  realidad,  como se  verifica a través de la simple revisión del expediente.   

         En  efecto, consta en autos que la providencia mediante la cual se  impuso  al sindicado la detención preventiva fue notificada en forma personal a  todos   los   intervinientes   en  el  respectivo  trámite,  concretamente,  al  acriminado  el  4  de  marzo  de  1997,  al  Agente del Ministerio Público el 6  siguiente  y  a  la  entonces  defensora  el  día  7  de  los mismos mes y año  (fs.    63    y   58   vto.,   c.   1).    Así  las  cosas, el enteramiento por estado que la  casacionista  echa  de  menos  resultaba innecesario dado el carácter puramente  supletorio  de  dicho  medio  de  comunicación  procesal,  al  que  se  acudía  tratándose  de  los  autos  de  sustanciación  e interlocutorios cuando no era  posible  la  notificación  personal,  como  disponía  el  artículo  190 de la  normatividad  procesal  penal  vigente  para la época en que se adelantaron las  diligencias,  modificado  por  la  Ley 81 de 1993, en consecuencia, la decisión  fue   legalmente   notificada,   por   lo   tanto,   alcanzó  formal  y  debida  ejecutoria.   

         Con  sustento en las razones esbozadas fuerza colegir que el cargo  de nulidad no prospera.   

         Consideraciones finales.   

          Resta  agregar  que  desaparecido  el  Tribunal  Nacional  por  el  vencimiento  del  término  establecido  en  la Ley  Estatutaria  de  Administración  de  Justicia  para  la vigencia de la justicia  regional,  así  como  declarada  la  inexequibilidad  de  la Ley 504 de 1999 en  cuanto  creaba  una  Corporación  que  asumía  la  competencia  de  aquél, el  expediente  deberá  remitirse  al funcionario de primera instancia a través de  la  Corporación que por el factor territorial relevó en su ámbito funcional a  la  que  profirió el fallo de segundo grado, para el presente caso, el Tribunal  Superior de Bogotá.   

         Contra  esta  providencia  no  procede  ningún recurso y adquiere  ejecutoria  en  el  momento  de  ser  suscrita,  al  tenor del artículo 187 del  Código de Procedimiento Penal.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la Ley,   

RESUELVE   

         NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal  Superior de  Bogotá.  Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

MARINA   PULIDO   DE   BARÓN                                        YESID     RAMÍREZ     BASTIDAS                                                                                                                      No hay  firma   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia  de  noviembre 21 de 2001,  radicado 14.062.   

2 En  este  sentido, entre otras, la sentencia de 16 de enero de 2001, M.P. Dr. Nilson  Pinilla  Pinilla, radicado 14.062; diciembre 19 de 2001, M.P. Dr. Jorge Córdoba  Poveda, radicado 12.520.   

3 Providencias  de  octubre  25 de 2001, M.P. Dr. Álvaro O. Pérez Pinzón, radicado 13.915; 19  de  diciembre  de  2001, M.P. Dr. Nilson Pinilla Pinilla, radicado 13.114; abril  11 de 2002, M.P. Dr.    

Jorge  A.  Gómez  Gallego, radicado   16.857;  y abril 30 de 2002, M.P. Dr. Carlos E. Mejía Escobar, radicado 17.473,  entre  otras.   

4  Sentencia  de  mayo  9  de  2002,  M.P.  Dr.  Fernando Arboleda Ripoll, radicado  15.653.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *