15862abr

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 15862  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA    DE   CASACION   PENAL   

Magistrado Ponente  

Carlos E. Mejía Escobar  

Aprobado        Acta        No.  58                                                                                                        

Santa   Fe   de  Bogotá  D.C.,  once   (11)      de      abril      de      dos      mil   (2000).   

V   I   S   T   O   S   

Vencido  el  traslado para solicitar pruebas,  decide  la  Sala lo que en derecho corresponda respecto de la solicitud que hace  el   defensor   del   requerido   en   extradición   JORGE   ELIECER   ASPRILLA  PEREA.   

L  A      P  E  T I C I O  N   

1.-            De pruebas referidas a la validez formal  de la documentación:   

1.1.-           Oficiar  al  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores para que acredite la siguiente documentación:   

1.1.1.-          Certificación de reciprocidad en materia  de  extradición  de  nacionales,  de  acuerdo  con los artículos 9 y 226 de la  Constitución  Política  y  el  artículo  22,  inciso  2,  apartado  B  de  la  Convención  sobre  Sustancias  Sicotrópicas  firmada  en  Viena  (Austria)  en  febrero de 1971.   

1.1.2.-              Copia   autenticada  y  debidamente  traducida  de  la Ley de Extradición de 1982 (1982, Extradition Act); de la Ley  de  interpretación de los tratados de extradición de 1998 (Extradition Treties  Interpretation  Act  of  1998)  y  del  capítulo 209, secciones 3181 a 3196 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  todos  documentos  de  los Estados Unidos de  Norteamérica.   

1.2.-            Tener   como   prueba   de   la   ley  estadounidense  no  escrita  en  materia de extradición, los testimonios de los  abogados   de   esa   nacionalidad  Irvin  Licter  y  Joel  Caplam,  debidamente  diligenciados ante el Consulado de Colombia en Miami (EE.UU.A).   

1.3.-           Oficiar   a   la  Oficina  de  Asuntos  Internacionales  de  la Fiscalía General de la Nación para que remita copia de  la   eventual   solicitud   de   asistencia  judicial   formulada  por  las  autoridades   estadounidenses,  así   como  de  la  eventual  información  remitida  en  el  caso de JORGE ELIECER ASPRILLA PEREA de acuerdo con el Decreto  2699  de 1991 o en el marco de la Declaración de Intención de la República de  Colombia  y de los Estados Unidos de América firmada en la ciudad de Washington  D.C. el 25 de febrero de 1991.   

1.4.-           Oficiar  a  la  Oficina  Jurídica  del  Ministerio  de Relaciones Exteriores, con el fin de que se expida certificación  sobre  la vigencia de la Declaración de Intención de la República de Colombia  y  de  los  Estados  Unidos  de  América,  firmada  en Washington D.C. el 25 de  febrero de 1991, con constancia de los siguientes datos:   

a.-             Ley aprobatoria expedida por el Congreso  de   la   República,   según  lo  dispuesto  en  las  normas  constitucionales  vigentes;   

b.-             Instrumento   mediante   el   cual  la  República   de   Colombia  manifestó  su  consentimiento  para  obligarse,  de  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo 11 de la Convención de Viena  sobre el derecho de los Tratados de 1969;   

c.-           Fecha de entrada en vigor, y,   

d.-             Decreto  de  promulgación,  según  lo  dispuesto en el artículo 2 de la Ley 7 de 1944.   

Señala  que  las  pruebas  relacionadas  son  necesarias  para  demostrar  que  los  Estados  Unidos  de  América  no  pueden  comprometerse  –  y  no  se  comprometerán  -, en ausencia de tratado bilateral  aplicable,  a  conceder  en el futuro reciprocidad en materia de extradición de  sus propios nacionales a Colombia.   

Igualmente,  pretende  demostrar  que  en  la  práctica  de las pruebas en las que se funda la solicitud de extradición   hubo  embozado  o tácito ofrecimiento de la misma e infracción al artículo 17  numeral 3 del Código Penal.   

2.-            Pruebas referentes al cumplimiento de lo  previsto en los tratados internacionales:   

2.1.-           Que   se   tengan   como   prueba  las  certificaciones   que  adjunta  el  apoderado  del  requerido  en  extradición,  emitidas  por la Oficina Jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores el 18  de  junio  de  1999  sobre  la  vigencia  de  la Convención Unica de 1961 sobre  Estupefacientes,  de  la  Convención  sobre  Sustancias  Sicotrópicas de 1971,  Protocolo   de   Modificación   de   la   Convención   Unica   de  1961  sobre  Estupefacientes  y  la  Convención  de  las  Naciones  Unidas sobre el Tráfico  Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988.   

2.2.-          Obtener  por  la vía diplomática   una  certificación  de la Secretaría General de la O.E.A. sobre la vigencia de  la  Convención  de  Extradición  firmada  en  Montevideo el 26 de diciembre de  1933, en la que se haga constar lo siguiente:   

a.-            Fecha  del  depósito del instrumento de  ratificación  por parte de la República de Colombia y de los Estados Unidos de  Norteamérica.   

b.-             Fecha  de  entrada  en  vigor,  general  y     para    la    República   de   Colombia   de   la   Convención   de  Extradición.   

c.-            Texto de las reservas presentadas por los  Estados Unidos de América y actualmente vigentes.   

2.3.-          Obtener  por la vía diplomática que la  Secretaría  General  de  la ONU expida una lista actualizada (por cuanto la que  reposa  en  la  Cancillería  es de diciembre 31 de 1997) de los Estados Partes,  con   las   respectivas  fechas  de  ratificación  o  adhesión  y  reservas  o  declaraciones  presentadas  respecto  de  la  Convención  Unica  de  1961 sobre  Estupefacientes,  de  la  Convención sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971, el  Protocolo   de   Modificación   de   la   Convención   Unica   de  1961  sobre  Estupefacientes  y  la  Convención  de  las  Naciones  Unidas sobre el Tráfico  Ilícito de Estupefacientes y Sustancias Sicotrópicas de 1988.   

2.4.-          Oficiar  al Ministerio de Justicia y del  Derecho   para   que   informe  sobre  los  resultados  de  las  solicitudes  de  extradición  presentadas por el Gobierno colombiano ante las autoridades de los  Estados  Unidos  de  América en el periodo del 4 de marzo de 1982 al 1 de julio  de  1999,  señalando  los  motivos  por  los  cuales,  eventualmente  no fueron  concedidas.   

Señala  que  el propósito de las pruebas es  demostrar  que el Ministerio de Relaciones Exteriores se equivocó al afirmar en  el  concepto  O.J.E. 8368 de abril 4 de 1999 que no existe Convenio aplicable al  caso,  pues  desconoce  Tratados  Multilaterales  “entre  Colombia  y  el Estado  requirente   que   rigen   en   materia   específica   de  extradición”.    

3.-             Pruebas   referidas  a  la  situación  jurídica  en  Colombia  del  requerido  en  extradición JORGE ELIECER ASPRILLA  PEREA:   

Oficiar  a la Fiscalía General de la Nación  para que remita:   

3.1.-          Copia  íntegra  de  la  actuación  con  radicado  33.390  que se adelantó en la anterior Fiscalía Regional de Santa Fe  de Bogotá D.C. por infracción a la Ley 30 de 1986.   

3.2.-          Copias íntegras de las actuaciones de la  otrora  Fiscalía  Regional de Cali (Valle), radicado 13.723 por enriquecimiento  ilícito,  en  la  que cuenta con medida de aseguramiento, y de la iniciada el 4  de  julio  de  1997  (no indica número de radicación) por delitos relacionados  con la Ley 30 de 1986.   

3.3.-          Oficiar  al Director de  la Cárcel  de  Villahermosa  en  Cali,  para  que  certifique  la  fecha  desde  la cual se  encuentra   detenido   y  por  cuenta  de  qué  autoridad  el  señor  ASPRILLA  PEREA.   

3.4.-          Oficiar a la Registraduría Nacional del  Estado  Civil  para que remita copia auténtica de la cédula de ciudadanía del  requerido  en  extradición,  así  como  del Registro Civil de Nacimiento usado  para la preparación de la misma.   

El  apoderado  sostiene  que  las pruebas son  necesarias  para  demostrar  que  por  los mismos hechos a los que se refiere la  solicitud  de  extradición  se  adelanta un proceso penal en Colombia (radicado  33.390),  que  los hechos fueron realizados íntegramente en territorio nacional  y  que las pruebas utilizadas en la petición fueron practicadas por autoridades  colombianas  y  luego  entregadas  al  país requirente, lo que califica como un  fraude  a  la  ley  nacional  que  prohibe el ofrecimiento de la extradición de  nacionales.   

Solicita,  además, que la Corte modifique la  jurisprudencia  respecto del tema al que se refiere el artículo 565 del Código  de  Procedimiento  Penal,  pues  tradicionalmente  se  ha  negado como objeto de  prueba  el supuesto de hecho de tal norma, bajo el entendido de que su contenido  no   es   aplicable   por   la   Corte   sino  exclusivamente  por  el  Gobierno  Nacional.   

Afirma  que  tal  doctrina debe ser revisada,  habida  cuenta que las leyes son de contenido general y que su obligatoriedad no  puede  predicarse  solo de un sector del poder público, aunque reconoce que hay  normas  que  sí  se  dirigen  a  una  de  las  dos  Ramas  intervinientes en el  procedimiento  de  extradición  nacional, pero considera que la interpretación  aislada  del  artículo  565, conduce a un resultado incongruente, pues la Corte  termina rindiendo concepto favorable a una extradición ilegal.   

Advierte que la única manera de resolver tal  incongruencia  es  a  través de la integración de los artículos 558 y 565 del  Código  de  Procedimiento  Penal, pues solo de tal manera la Corte garantiza la  seguridad  jurídica  de  que  el  orden  jurídico  será  preservado  y  evita  convertir  el  trámite  de  extradición  en una simple revisión formal de los  documentos  presentados,  en desmedro de un estudio de la legalidad integral del  asunto.   

Finaliza  insistiendo en que se devuelvan las  diligencias  al  Ministerio  de Justicia y del Derecho para su perfeccionamiento  probatorio,  pero que si ello no se resuelve así, entonces deben decretarse las  pruebas  solicitadas,  pues  no  existe para la defensa ninguna otra etapa en la  que  pueda  pedirlas  y  evacuarlas, lo que generaría violaciones al derecho de  defensa  y  al  debido  proceso  consignado  en  la  Constitución  y  en Pactos  Internacionales de los que Colombia es signataria.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

1.-            La  Sala  de Casación Penal de la Corte  Suprema   de   Justicia   debe   fundamentar   el   concepto   de   extradición  en:   

A.-  Validez  formal  de  la  documentación  presentada.   

B.-  Demostración  Plena de la identidad del  solicitado.   

C.-     Principio     de    la    doble  incriminación.   

D.-  Equivalencia de la providencia proferida  en el extranjero, y   

E.-  El  cumplimiento  de  lo previsto en los  tratados   públicos,  cuando  ellos  rijan  la  relación  entre  los  Estados.  (artículo 558 del Código de Procedimiento Penal)   

Adicionalmente a lo anterior, la extradición  no  podrá  concederse cuando el fundamento de ella sea un delito político o de  opinión  (artículo  546), o cuando en el caso de colombianos por nacimiento se  trate  de  hechos  cometidos  con  anterioridad  a  la  promulgación  del  acto  legislativo    No.    1   de   1997.   (artículo   35   de   la   Constitución  Política)   

2.-            El  juicio  de  conducencia que sobre la  prueba   hace   esta   Sala   de   Casación   Penal,  está  entonces  referido  exclusivamente  a  la  aptitud  que tengan las pruebas para infirmar o demostrar  cualquiera  de  los  hechos  en los que la Corporación debe fundar su concepto,  por lo que a ello se procede en el análisis siguiente.   

3.-            Las pruebas relacionadas en el numeral 1,  supuestamente  referidas, a cuestionar la validez formal de la documentación se  rechazarán.   El  propósito  demostrativo  de las mismas no tiene que ver  con  ello  y  consecuencialmente  son irrelevantes para los efectos del concepto  que  habrá  de rendir la Corte, que como se anota al inicio de este acápite se  funda en esos precisos aspectos.   

Como ya tuvo oportunidad de definirlo la Sala  “(…)  dentro  del  trámite  que  finaliza  con la emisión del concepto por  parte  de  la  Corte,  lo  que  se  analiza de la documentación remitida por el  Gobierno  requirente,  es  su  validez  formal,  es  decir  que  conforme  a las  cláusulas  de los Convenios bilaterales o multilaterales sobre la materia, o en  su  defecto  a  las  del artículo 551 del Código de Procedimiento Penal, hayan  sido  agregados  por la vía diplomática y contengan el mínimo de información  necesaria  –  conforme  al  Tratado  o  a  la Ley – para el estudio del asunto y  decisión del concepto respectivo.   

“Deviene de lo anterior la inhibición de la  Corte  para  adentrarse  en  el  contenido material de la documentación o, peor  aun,  para  discutir  el  contenido  de  justicia material de las decisiones del  Estado     extranjero,    pues    la    conceptualización    de    ‘validez       formal’  hace referencia precisamente a ello,  a  la  ‘forma’,  es  decir  a  lo  contrapuesto a lo  esencial.   

“Y  es  que  no podría ser de otra manera,  pues   si  se  tiene  en  cuenta  que  la  extradición  es  un  instrumento  de  cooperación  internacional  mediante  el  que los Estados combaten la impunidad  derivada  de  la mera fuga de su territorio de los infractores de sus leyes, tal  dispositivo  de  asistencia y solidaridad internacional parte del supuesto de la  soberanía  tanto  del  Estado  requirente  como  del  requerido,  una  de cuyas  manifestaciones  más  clásicas es la administración de justicia, a través de  la  cual los Estados a través de sus Jueces y Magistrados ejercen la soberanía  al  interior  de  su  territorio imponiendo las sanciones a que haya lugar o, en  todo caso, resolviendo los conflictos conforme a su juridicidad.   

“Es en ese orden de ideas que las decisiones  jurídicas  de  un  Estado  que  sean necesarias para demandar de otro Estado la  extradición  de  una  persona,  son  materialmente intocables y solo pueden ser  objeto  de  revisión formal, es decir con prescindencia de su esencialidad, que  conforme  al  principio  de  la  buena  fe,  que  es principio de las relaciones  internacionales,  se  presume  legal  y  acertada”1.   

3.1.-          Frente al requisito de la validez formal  de  la  documentación como fundamento del concepto que debe rendir la Corte, no  aparece  demostrada  por el defensor del requerido en extradición la razón por  la  que “persigue con dichas constancias probatorias  la demostración de  que  los  Estados  Unidos  de  América  no  pueden  comprometerse  –  y  no  se  comprometerán  -,  en ausencia de tratado bilateral aplicable, a conceder en el  futuro  reciprocidad  en  materia  de  extradición  de sus propios nacionales a  Colombia”   (folio   18   del   cuaderno  de  la  Corte,  6  del  memorial  de  pruebas”)   

Probar que el país requirente, en ausencia de  tratado  bilateral  aplicable,  no  puede  ofrecer en el futuro reciprocidad, no  guarda   ninguna   relación   con   el   tema   de  la  validez  formal  de  la  documentación.   Ello pone de presente la inconducencia de la petición de  pruebas  relacionada  con  ese  propósito  y  genera el rechazó de las pruebas  solicitadas con tal motivación.    

Dentro de esta actuación, en auto del pasado  19  de  noviembre,  reiterado  el  16  de  diciembre  siguiente al resolverse el  recurso  de  reposición,  se  demostró  que la reciprocidad como principio del  derecho  internacional  no  está  contemplado  en la ley que como fuente formal  rige  este  especifico  asunto  en  la  que  la  Corte  debe  emitir concepto de  extradición.    

Es    claro,    conforme    a    la   ley  colombiana2,  que  cuando  el Legislador ha querido que el tema sea incluido en  los  mecanismos de cooperación judicial internacional lo ha hecho expresamente,  de   donde  surge  que  cualquier  integración  mediante  referencias  a  otros  ordenamientos   no   le  corresponde  hacerla  a  la  autoridad  judicial.    

Mientras  la reciprocidad no sea un principio  expreso  dentro  del Tratado o la Ley que rija el trámite de extradición sobre  el  que  conceptúa  la  Corte,  su  análisis  le  corresponde  en  Colombia al  Presidente  de  la  República  como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema  Autoridad  Administrativa  en  cuanto  se  inscribe  dentro  de  sus  facultades  constitucionales  de  dirección  de  las  relaciones internacionales (artículo  189-2).   En desarrollo de tal función responde administrativa, judicial y  políticamente  por infracción a la ley o a la Constitución, que en materia de  extradición  le  impone  la  obligación  de no extraditar si el concepto de la  Corte  es  negativo  o  de  obrar  según  las conveniencias nacionales si fuere  favorable.   Esa  es  una  razón adicional para rechazar todas las pruebas  solicitadas  por  el  defensor  en  lo  atinente  a  la  validez  formal  de  la  documentación.   

3.2.-           Tampoco  el  señalado  propósito  de  demostrar  un  embozado o tácito ofrecimiento de la extradición de un nacional  con  infracción  del  numeral  3  del  artículo  17  del Código Penal, por la  práctica  de  pruebas  en  que  se  funda  el pedido de extradición es un tema  atinente  a  los  fundamentos  del  concepto  que debe rendir la Corte.  La  Corporación  no  puede  adentrarse  en  el estudio material de los instrumentos  internacionales  de Cooperación Judicial para determinar si ellos contienen, en  sí  mismos considerados, cláusulas de las que pueda derivarse infracción a la  norma  que  cita  el  defensor.  O si de su aplicación por las autoridades  respectivas  se  incurrió  en  tal  conducta.   Una y otra, son cuestiones  irrelevantes   para   la   fundamentación  del  concepto  que  debe  rendir  la  Corte.   

También  por  esas  razones  se rechazan las  pruebas  solicitadas  por  el  defensor  en  el  punto que él mismo titula como  “pruebas referidas a la validez formal de la documentación”.   

4.-            Pruebas referentes al cumplimiento de lo  previsto en los Tratados Internacionales.   

Si bien es  cierto el cumplimiento de lo  previsto  en  los  Tratados Públicos hace parte de los fundamentos del concepto  de  extradición,  tal situación es eventual, tal como lo señala el Código de  Procedimiento   Penal   al   disponer   que   ello  ocurre  “cuando  fuere  el  caso”.   Dicha  eventualidad  depende  de  la existencia y vigencia de un  Tratado   internacional   sobre   la   materia.   Sobre  esa  circunstancia  específica  del  trámite  de  extradición,  es  al  Ministerio  de Relaciones  Exteriores  al  que le corresponde conceptuar en los términos del artículo 522  del  Código  de  Procedimiento Penal “si es del caso proceder con sujeción a  convenciones  o  usos  internacionales  o  si  se  debe obrar de acuerdo con las  normas de este Código”.   

Tal  redacción,   a  partir  del  Acto  Legislativo  No.  01  de 1997, debe adecuarse a la nueva norma constitucional en  cuanto  señala  que  la extradición se podrá solicitar, conceder u ofrecer de  acuerdo  con  los  Tratados  Públicos  y  en  su  defecto,  con  la  Ley.    

En  dicha  consideración,  el concepto de la  Cancillería  lleva  implícito  el  análisis  que  esa  dependencia de la Rama  Ejecutiva  debió  hacer  de la vigencia y aplicabilidad interna de los Tratados  Públicos  que eventualmente rijan la materia, para concluir cuál es el Tratado  aplicable  al  trámite  de  extradición, si fuere el caso, o en su defecto que  éste se rige por la ley.    

Los Tratados internacionales están definidos  en  el  artículo  2°,  literal  “a”  de  la  Convención de Viena sobre el  Derecho  de  los  Tratados del 23 de mayo de 1969, aprobado en Colombia mediante  la  Ley 32 de 1985, como “un acuerdo internacional celebrado por escrito entre  Estados  y  regido  por  el  derecho  internacional, ya conste en un instrumento  único  o  en  dos o más instrumentos conexos y cualquiera sea su denominación  particular”.   

Tales  tratados  se  rigen  por  el principio  fundamental  del  derecho  internacional  Pacta  Sunt  Servanda,  que  esa misma  Convención  define como que “todo tratado en vigor obliga a las partes y debe  ser cumplido por ellas de buena fe” (artículo 26).    

Como dentro de las funciones del Ministerio de  Relaciones  Exteriores  está  la  de  “negociar, con la cooperación de otros  organismos  nacionales,  si  es  del  caso,  Tratados,  Acuerdos  y demás Actos  Internacionales,  así como hacer su seguimiento, evaluar sus resultados y velar  por  su  cumplimiento”  (numeral  8, artículo 1, Decreto 2126 de 1992), es en  ellas  donde  se  explica  la  obligatoriedad de conceptuar sobre la existencia,  vigencia  y  aplicablidad  interna  de  cada  Tratado  en  particular.   La  definición  del  acto  jurídico  internacional  que  la  Corte deba tener como  fuente  formal del trámite judicial que culmina con la emisión de su concepto,  es  una  responsabilidad que se adscribe a la Cancillería como parte de la Rama  Ejecutiva  en  cuanto  es en cabeza del Jefe de ella que la Constitución radica  la  responsabilidad  de dirigir las relaciones internacionales y la extradición  es  un  instrumento  de  cooperación  internacional3.   

En  ese orden de ideas, el concepto que rinde  la  Cancillería  en  desarrollo  del artículo 522 del Código de Procedimiento  Penal  debe,  en  principio,   ser respetado por la Corte y aunque sobre el  tema,   en  términos  de  la  constatación  de  su  vigencia  interna,  pueden  plantearse  debates,  ello  no  significa, como lo entiende el abogado defensor,  que  sea  objeto  de  prueba;  al tratarse de una situación de puro derecho, su  debate  es  de  similar  estirpe.   Incluso aún sin plantearse el tema, la  Corte  como  autoridad judicial que tienen entre otras funciones la de garantía  de  los derechos fundamentales, se reserva el derecho de analizarlo y estudiarlo  si ello fuere considerado necesario.   

En  consecuencia  se  rechazan  las  pruebas  solicitadas.   

8.-             Pruebas   referidas  a  la  situación  jurídica en Colombia del requerido en extradición.   

Al  respecto,  la  Corte señaló en reciente  pronunciamiento:   

“En  efecto,  las  argumentaciones  que  preceden  a  la referida petición de pruebas, ninguna injerencia tiene frente a  los  presupuestos de procedencia que le compete examinar a la Corte a efectos de  conceptuar  favorable  o  desfavorablemente  sobre  la solicitud de extradición  elevada  por  el  Gobierno  de  Italia, pues el hecho de que (…) tenga cuentas  pendientes  con  la  justicia  colombiana  no  afecta  el trámite y mucho menos  determina  la  procedencia  de dicho mecanismo internacional de persecución del  delito,  ya  que  solo  en  el evento en que el concepto sea positivo y en tales  términos  sea acogido por el Gobierno Nacional por intermedio del Ministerio de  Justicia  y  del Derecho profiriendo la resolución que concede la extradición,  le  corresponde  al  Ejecutivo  en  ejercicio  de la potestad que le confiere el  artículo  560 del Código de Procedimiento Penal, determinar si difiere o no la  entrega  de  la  persona  al  país requirente, en los términos en que la Corte  Constitucional  determinó  el  alcance  interpretativo  a  dicha  disposición,  declarándola  exequible  mediante  sentencia C-662 del 25 de agosto del año en  curso,  al  precisar  que,  “…  Mediante  la  norma  atacada se confiere una  facultad  al  Ministerio  de  Justicia,  ya  no  en punto de conceder o negar la  extradición  solicitada  –  lo que regula, a falta de tratados internacionales,  por  otras  disposiciones  de  la ley – sino en lo concerniente al momento de la  entrega  del  extraditado,  y  sobre  la  base  de  que  el mecanismo de Derecho  Internacional  ya  se ha puesto en operación, siempre que, en su criterio, deba  dilatarse  dicho  procedimiento  a la espera de actuaciones judiciales que deban  tener  lugar  en  Colombia…”, ya que, – se afirma en el mismo fallo: “..El  Gobierno,  al  hacer  uso  de  la  potestad  contemplada en el artículo 560 del  Código  de  Procedimiento  Penal, puede diferir la entrega del extraditado o no  hacerlo,  y en este último evento – cuando nada falte por tramitar o cumplir en  Colombia,  según  su análisis – no tiene lugar que se siga adelantando proceso  o  actuación  alguna en el territorio, sino que se perfecciona la extradición,  entregando  a  la  persona  solicitada al Estado requirente…Con ello, o con la  decisión   contraria   el   ejecutivo   no   interfiere   indebidamente  en  la  administración  de  justicia,  sino  que,  con  base  en  el  principio  de  la  colaboración  armónica entre las ramas del Poder Público (art. 113C.P.) y por  autorización  legal  no  riñe  con  la  Carta,  simplemente  se limita a hacer  efectiva  la figura de la extradición, armonizando su aplicación con la de las  disposiciones  penales colombianas cuando juzgue fundadamente que deben agotarse  aquí,  previamente  a  la  entrega,  los  procedimientos  aplicables a quienes,  siendo  solicitados por otros Estados, tengan cuentas pendientes con la justicia  colombiana”.4   

Se rechazan las pruebas:  

En  mérito  de lo anteriormente expuesto, La  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

R   E   S   U   E   L  V  E   

Negar   la  práctica  de  las  pruebas  solicitadas por el apoderado del requerido   

en extradición JORGE ELIECER ASPRILLA PEREA.   

NOTIFIQUESE    Y    CUMPLASE           

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL                         JORGE                                 E.                                 CORDOBA  POVEDA                      

CARLOS         A.        GALVEZ  ARGOTE                             JORGE                                  A.                                  GOMEZ  GALLEGO                         

MARIO            MANTILLA  NOUGUES             CARLOS  E.  MEJIA  ESCOBAR                             

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                                 NILSON PINILLA  PINILLA   

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TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1.-                      Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación  Penal,  Concepto  de  extradición  del 10 de marzo de 1999, Radicación 14.324.  Requerido Richard Franz Jeschek.   

2.-                      Verbigracia  el numeral 5 del artículo 534 del  Código de Procedimiento Penal (exequatur)    

3.-                      Lo  que no quiere decir que en el orden interno  las  definiciones  del  Ejecutivo sobre tales materias sean inopugnables.-   El  sistema  jurídico colombiano prevé los mecanismos y controles a los cuales  el  Ejecutivo  está atado e incluso presupone que la vigencia del Tratado en el  orden  interno se produce previo control de constitucionalidad con lo cual se le  purga  de  cualquier clase de vicio que en este ámbito pudiere afectar el Pacto  o Tratado.   

4.-                      Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación  Penal,  auto  que niega pruebas, 5 de octubre de 1999. Extradición, Radicación  No. 15.727. Magistrado Ponente: Carlos Augusto Galvez Argote.     

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