15815(14-11-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

Proceso No 15815  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta Nro. 143  

          Bogotá,   D.C.,   catorce   (14)  de  noviembre  de  dos  mil  dos  (2002).   

          Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  en  defensa  de  LEOBAR  JUSTINO QUIÑONES BETANCOURT  contra  la  sentencia  de fecha diciembre 10 de 1998,  por  medio de la cual el Tribunal Superior de Medellín confirmó la dictada por  el  Juzgado  3º  Penal  del  Circuito  de  esa  misma  ciudad,  que condenó al  mencionado  procesado  a  las  penas principales de cuarenta y dos (42) años de  prisión,  multa  de  siete  mil  pesos  y  el  decomiso  del  material  bélico  incautado,  como  autor  de  los  delitos  de  homicidio en concurso homogéneo,  lesiones  personales y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.    

HECHOS  

          Del  fallo  impugnado  se  sabe que en la tarde del 16 de agosto de  1997,  en  el  interior  del restaurante “Costa Azul”, situado en la carrera  56C  No.  55  – 44 de la  ciudad  de  Medellín,  los propietarios del establecimiento José Mario Herrera  Osorio  y  Jhon  Emilio  Herrera  Rúa fueron agredidos por un sujeto, quien sin  mediar  discusión alguna, les disparó con un arma de fuego ocasionándoles las  heridas  que  determinaron  su  deceso  no  obstante  el inmediato traslado a la  Policlínica Municipal.   

          En  la  huída  el  atacante fue señalado por la ciudadanía y los  vigilantes  del  sector  emprendieron entonces su persecución hasta un edificio  localizado  en  la  carrera  54 con calle 54, donde intercambió disparos con el  celador   Shankin   Rivera   Álvarez,  enfrentamiento  en  el  cual  resultaron  recíprocamente  lesionados.   Pasados treinta minutos y por los rastros de  sangre  que  el fugitivo dejó en el recorrido, fue finalmente localizado debajo  de  una  cama  en  el  último piso del inmueble.  En su poder se halló un  revólver  Llama  sin  salvoconducto,  cuatro  vainillas  y  un cartucho para el  mismo.   

          El  retenido  se  identificó como LEOBAR  JUSTINO  QUIÑONES BETANCOURT, quien para la época de  los  sucesos  estaba  vinculado  al Ejército Nacional como soldado profesional.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          1.   Con  fundamento  en  las  diligencias  previas llevadas a  cabo,  la  Fiscalía  171 adscrita a la Unidad Primera de Reacción Inmediata de  Medellín  abrió  la  investigación,  recibió  la  indagatoria  del  retenido  LEOBAR  JUSTINO  QUIÑONES  BETANCOURT  y  después  remitió   lo  actuado a la Unidad 3ª de delitos  contra  la vida e integridad personal, donde la Fiscalía 128 Seccional definió  la  situación  jurídica  en  proveído  de  agosto  22  de  1997, afectando al  prenombrado  con  detención  preventiva  por los delitos de homicidio simple en  concurso  homogéneo,  lesiones  personales  y porte ilegal de armas de fuego de  defensa  personal (artículos 323 del anterior Código  Penal,  modificado  por el artículo 29 de la Ley 40 de 1993; 331 y 332 ibídem,  y  1º  del  Decreto  3664 de 1986, convertido en legislación permanente por el  Decreto 2266 de 1991).   

          Ampliada   la  indagatoria  y  practicadas  otras  diligencias,  el  instructor  clausuró el sumario en resolución de octubre 30 de 1997, de manera  que  agotado  el  traslado de rigor calificó su mérito probatorio en decisión  de  diciembre  12  de  1997, en la que atribuyó  al sindicado QUIÑONES  BETANCOURT  la autoría de los  ilícitos imputados en la medida de aseguramiento.   

          2.   La  etapa  del juicio se adelantó bajo la dirección del  Juzgado  3º  Penal  del  Circuito  de  Bogotá y una vez concluida la audiencia  pública,  en  fallo  de  septiembre  4º  de 1998, condenó al acriminado a las  penas atrás precisadas.   

         El  10  de diciembre del mismo año, el  Tribunal  Superior  de  Medellín confirmó la sentencia de primera instancia al  pronunciarse  sobre  las apelaciones interpuestas oportunamente por el sindicado  y  su  defensor,  mediante proveído contra el cual el apoderado  presentó  el recurso extraordinario de casación  que ahora se decide.   LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de la causal primera de casación del artículo 220 del  anterior  Código  de  Procedimiento  Penal,  por  violación  directa de la ley  sustancial,  el  impugnante  formula  un  único  cargo  contra  la sentencia de  segundo grado.    

En el enunciado del reparo el libelista acusa  la     “aplicación     errónea”  de  los artículos 26, 28, 61 y 67 del derogado estatuto punitivo  y,  a  continuación,  en  la pretendida sustentación del ataque, transcribe la  réplica  que  el  Tribunal  le  brindó  a  las  objeciones  que el defensor de  entonces  elevó  a  la  dosificación de la pena efectuada por el Juzgado, así  como  la  motivación  del  fallo de primer grado en dicho ámbito y que asegura  convalidó   el   ad  quem  afectando  el  “derecho  sustancial,        por        las        siguientes       razones”.   

Con  la  orientación  anunciada plantea en  primer  término,  que  el  sentenciador  a  quo partió de 25 años de prisión  “por    el    doble   homicidio   como   conducta  homogénea”,  monto  acertado porque ninguna causal  específica  de agravación se derivó respecto de tales conductas punibles; sin  embargo,  a renglón seguido aplicó en forma errada el artículo 61 del Código  Penal,  pues  con  sustento  en  este  precepto  aumentó  la pena en 12 meses y  totalizó  26  años  de prisión, cuando en opinión del libelista “debió  hacer  invocación  de  esta norma, no para ‘incrementar’, sino para definir a partir de cuál  cuantum  empezar  la dosificación de la pena, previa motivación contentiva del  análisis    de    cada    uno    de   aquellos   presupuestos…”.    Agrega finalmente en este tópico, que el mencionado  artículo  consagra los criterios para individualizar la sanción sin asignarles  la   posibilidad   de  derivar  incremento  alguno,  porque  simplemente  sirven  “de pilar o faro para determinar la pena a imponer,  más     concretamente,     de     qué     pena     se    inicia”.   

Destaca  después  que  se  incurrió  en  interpretación  errónea  del  artículo  67  del  anterior  Código Penal, que  delimitaba  “los mínimos y los máximos de la pena  a  imponer  previa  satisfacción de los requisitos que allí se consagran, esto  es,     existencia     exclusiva     de     causales     de     atenuación    o  agravación”.   En  este orden de ideas, si en  el  caso  de  autos  se estaba en presencia de un doble homicidio simple, cuando  los  falladores prescindieron del mínimo de la pena previsto en la ley para tal  delito,  en  forma  tácita dedujeron entonces circunstancias de agravación sin  que  indicaran  tampoco  su carácter genérico o específico, aunque ponderadas  las  motivaciones de los fallos, todo apunta a entender que fueron deducidas las  primeras.   

Advierte     también    “una   aplicación   indebida   del  artículo  26”  ibídem,  “al hacer uso injustificado  y  errado  por dos veces del mismo artículo”.   Lo  anterior,  porque el juzgador a quo al fijar la pena por razón del concurso  de  conductas  punibles  partió  de 25 años de prisión para ambos homicidios,  monto  que  incrementó en 12 meses con fundamento en el artículo 61 ejusdem y,  por   último,   “en  16  años  más  de  prisión  al     tenor    del    artículo    26”,  cuando  este  último aumento en  manera   alguna  resultaba  procedente,  pues  “ya  había  cumplido  con  este  mandato  cuando incrementó aquél mínimo con doce  meses de prisión”.   

En  gracia  de discusión, el casacionista  denuncia  el  quebranto  del  artículo  28  del Código Penal preexistente a la  comisión  de  los  hechos,  pues el aumento en virtud del concurso de conductas  punibles  no  podía  exceder  de la suma aritmética de las sanciones previstas  para  los  restantes delitos, esto es, las lesiones personales y el porte ilegal  de  armas  de  fuego  de defensa personal, que determinaban una sanción de tres  años   de   prisión.    No   obstante,   los   falladores  efectuaron  un  incrementaron de 16 años.     

En  el  apartado  final  del escrito, el  demandante  alega  que los reparos elevados por la defensa a la dosificación de  la  pena  a  través  de  la  apelación  encontraron  una escueta respuesta del  Tribunal,  que  se  limitó  a  afirmar su realización conforme a derecho y sin  otra  motivación  que  permitiera  la controversia.   En fin, plantea  una  ausencia  de motivación que obliga a centrar el argumento sustentatorio de  la demanda en el pronunciamiento de primer grado.   

Con apoyo en las apreciaciones reseñadas,  el  recurrente  solicita  a  la  Sala casar la sentencia acusada y, en su lugar,  dictar  el  fallo  de  sustitución  ajustando  a  derecho la sanción impuesta.   

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURIA   

         El  Procurador  Segundo  Delegado  advierte  que  cuando el censor  acusa    la    “aplicación   errónea”  de  los  artículos  26, 28, 61 y 67 del anterior Código Penal,  sugiere  que  tales  normas  fueron  seleccionadas  de  manera  equivocada;  sin  embargo,  los  fundamentos  de  la  censura se acomodan a los lineamientos de la  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea, en  consecuencia,   en   este  sentido  debe  comprenderse  la  demanda.           

         Posteriormente,  con  miras  a  brindar  una adecuada respuesta al  ataque,  deslinda las sanciones previstas por el legislador para cada uno de los  delitos  materia  de  la  acusación  y  la  sentencia, a la vez que reseña las  motivaciones  de  los  fallos  en  punto a la individualización de la pena para  colegir  que  se muestra “absolutamente respetuosa de  la  realidad  procesal”,  pero  además,  que  no es  cierta  la  alegada interpretación errónea del artículo 26 citado ni su doble  aplicación.   

         En  efecto,  resulta  evidente  que  el libelista entiende que por  tratarse  de  dos  homicidios simples debió fijarse el mínimo de 25 años para  ambos  delitos,  pasando por alto que el juzgador partió de ese quantum mínimo  previsto  para  tal  ilícito  en  el  artículo 323 del anterior Código Penal,  incrementado  en 16 años dado el concurso de delitos y en un año adicional con  apoyo  en  los  parámetros  fijados  en  el  artículo 61 ibídem, “que  son  parámetros  generales  que le permiten al sentenciador  acentuar  la  reprochabilidad  de las conductas”, por  razón  de  los  cuales  ontológicamente  se fundamentaba la imposición de una  pena mayor a la mínima señalada de manera abstracta en el tipo.   

         Por lo anterior, el Ministerio Público  sugiere a la Corte no casar el fallo acusado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

         1.   La  causal primera de casación, en su apartado primero,  que  fue  la  invocada  en  el presente asunto por el recurrente, contempla tres  variantes  de  la  violación directa de la ley sustancial, esto es, la falta de  aplicación  o  exclusión  evidente,  la aplicación indebida y, finalmente, la  interpretación errónea.   

         Por  otra parte, como también ha precisado de antaño la Sala, en  su  alegación  el  demandante  debe  evitar incompatibilidades incongruencias o  contradicciones,  por  lo  tanto,  de  manera  alguna resulta apropiado desde la  técnica  que  rige  la  impugnación extraordinaria, aducir o combinar en forma  indistinta  estos  diversos conceptos.  Más aún, la exigencia de claridad  y  precisión  que es propia del recurso de casación, reivindica del censor una  determinación   exacta   del  sentido  de  la  transgresión  denunciada,  pero  primordialmente,  que  al  desarrollar  el  reproche  no  acuda  a razonamientos  propios de otras modalidades.   

         La  consideración  precedente  se trae al caso de autos porque el  libelista   mezcla  con  indebida  evidencia  los  mencionados  sentidos  de  la  violación  de la ley sustancial, específicamente, la aplicación indebida y la  interpretación  errónea, pues como lo advierte la Procuraduría Delegada en su  concepto,       acusa       la      “aplicación  errónea”  de  los  artículos  26,  28, 61 y 67 del  anterior  estatuto  punitivo,  sugiriendo con este enunciado que respecto de las  disposiciones   relacionadas  se  estructuró  un  yerro  de escogencia por  razón  del cual se aplicaron indebidamente en el caso concreto; sin embargo, en  la  pretendida  sustentación  del  reparo,  apartándose de dicha propuesta, el  demandante  en manera alguna discute la selección de tales normas sustanciales,  que  implícitamente  estima  correcta, para afirmar entonces que el desatino de  los juzgadores se dio al precisar su entendimiento.   

         Así   las   cosas,  el  casacionista  perdió  de  vista  que  la  aplicación  indebida  implica  un  error  de  selección  de la norma aplicada,  que   no  es  la  llamada  a  regular la cuestión debatida, por lo tanto y  cuando  resulta  viable  atendida la naturaleza de la decisión, implica además  la   exclusión  del  precepto  que  correctamente  la  subsumía.   En  la  interpretación  errónea,  en  cambio,  se  acepta que el juzgador atinó en la  escogencia  del precepto, toda vez que es el llamado a regular el caso concreto,  sólo  que  a  través  de  un  yerro  de  hermenéutica se le asigna un alcance  jurídico en modo alguno compadecido con su contenido.    

         2.   Pero  aún  aceptando  que  el defensor quiso dirigir el  ataque  al  amparo  de  la  vía  directa,  por  interpretación errónea de las  disposiciones  sustanciales  atrás citadas, fuerza colegir de todas maneras que  la  censura  se  desenvolvió a través de un  cuestionamiento del concreto  ejercicio  de  la  discrecionalidad judicial para entonces atribuida al fallador  en  la  dosificación  de  la  pena.    De  ahí  que sin demostrar la  existencia  de  dislates  en dicho ámbito, el casacionista simplemente propugna  por  una  desviada comprensión  no sólo de las motivaciones contenidas en  los  fallos  de instancia, sino también de las disposiciones con soporte en las  cuales  fue individualizada, reclamando entonces de la Corte la prevalencia para  su  criterio  personal  e  interesado  y  pasando por alto además, que el fallo  impugnado   viene   precedido   de   la   doble   presunción   de   acierto   y  legalidad.   

         En  efecto,  el  casacionista  afirma  en  primer  término que se  interpretó  de  manera  equivocada  el artículo 61 del anterior Código Penal,  porque  el  juzgador a quo en consideración avalada por el Tribunal en el fallo  de  segunda instancia impugnado, aumentó en un año el mínimo de la pena de 25  años   de   prisión   previsto   en  la  ley  para  el  delito  de  homicidio,  cuando  “debió  hacer  invocación  de  esta  norma, no para ‘incrementar’,  sino  para  definir  a  partir  de  cuál  cuantum  empezar  la  dosificación de la pena…”.   

         Con   tal   apreciación,  el  impugnante  exterioriza  la  simple  discrepancia  con  la  sanción  tasada  y pierde de vista, de una parte, que al  tenor  de la disposición en cita, dentro de los límites señalados por la ley,  el  juzgador  estaba facultado para determinarla con sujeción a los parámetros  allí    expresamente    señalados,    esto    es,    atendiendo   “la  gravedad  y  modalidades  del  hecho  punible,  el grado de  culpabilidad,  las circunstancias de atenuación o agravación y la personalidad  del  agente”, de manera  que  contrario  a  lo  que afirma, incluso, sin fundamento argumentativo alguno,  bien  podía  concedérsele  entonces a dichos aspectos un concreto influjo para  prescindir  del  mínimo  de  pena  previamente  establecido  en la disposición  infringida.    

         En  esta misma temática el demandante  tampoco  tiene en cuenta, de otro extremo, que con asidero en las circunstancias  comisivas  del  homicidio,  delito  que  se tomó como base en la represión del  concurso   de   conductas   punibles,   al   igual   que   en   la  “mayor  culpabilidad  del acusado”,  de  quien  se  destacó  su  calidad  de miembro del  Ejército  Nacional,  institución  encargada  de  la  protección  de la vida y  bienes  de  los  ciudadanos,  es  decir,  en  los  factores  establecidos  en el  precitado  artículo  61  del derogado Código Penal, los falladores concluyeron  en  forma coincidente que debía fijarse por razón del aludido ilícito la pena  de 26 años de prisión.   

          3.   También   a   través   de  un  entendimiento  recortado  del respectivo precepto, el censor acusa la equivocada  interpretación   del   artículo   67   del    anterior   estatuto  penal,  persistiendo  aquí en la inconformidad que le asiste con la sanción discernida  para  el  delito  de  homicidio  a  través  de  una  alegación  propia  de las  instancias,  pues  sin  plantear algún yerro de los sentenciadores, simplemente  aduce  en  esencia  y  a  su juicio, que debió señalarse el mínimo de la pena  determinado  en la ley, por cuanto ninguna causal de agravación específica fue  imputada respecto de este ilícito.   

         Plantea  con  idéntica  orientación argumentativa, sin consultar  la  realidad  de las motivaciones que le brindan soporte al proceso dosimétrico  de  la  pena,  donde  la remoción del linde mínimo se soportó en los factores  contemplados  en  el  artículo  61 del derogado Código Penal, insiste la Sala,  que  implícitamente  resultaron deducidas circunstancias de agravación sin que  tampoco se precisara su carácter genérico o específico.   

         De  todas maneras, no sobra indicar en  réplica  a  esta  desatinada  apreciación  del recurrente, la norma en comento  durante  su  período  de vigencia, permitía imponer el máximo de la pena ante  la  presencia exclusiva de circunstancias de agravación punitiva y, el mínimo,  si  convergían  únicamente  las  de  atenuación  sin  perjuicio  desde  luego  “de   lo   dispuesto   en   el  artículo  61”,  de  manera  que la última situación aquí indicada  surgía  procedente  cuando  concurrían tan sólo circunstancias de atenuación  punitiva    (artículo   64   ibídem),  siempre  que no se presentaran otros factores de los enunciados  en  el  “artículo  61  como   determinantes   de  incremento  punitivo”1.   

         Por  otra  parte,  la  acusada  interpretación  errónea  de  los  artículos  26  y  28  del  anterior  Código  Penal  responde  llanamente  a la  distorsión  que  el  libelista verifica de los fallos de instancia, así como a  un  personal  e  interesado  criterio  sobre  la forma como debió ser fijada la  sanción tratándose del concurso de conductas punibles.   

         Efectivamente,  contrario a lo atestado por el censor al sustentar  el  reparo,  ni  el  juzgador  a  quo  ni  el  Tribunal al pronunciarse sobre la  apelación  incoada  por  la  defensa  determinaron que el mínimo de pena de 25  años  de prisión entonces previsto para el homicidio, aumentado en un año con  soporte  en los factores contemplados en el artículo 61 ibídem, correspondiera  a  la  pena  única  o unificada por los dos homicidios objeto de juzgamiento en  las   presentes   diligencias,  como  se  discierne  incluso  a  partir  de  las  motivaciones respectivas.   

         Más  aún, los sentenciadores tampoco  habrían  podido  determinar  dicho  monto para “el  doble   homicidio   como   conducta   homogénea”,  conforme  reivindica  el  casacionista,  cuando  al  tenor  del artículo 26 del  anterior  Código  Penal, a cuyos lineamientos se ajustaron al individualizar la  sanción,   disponía   que   en   los   eventos  de  concurso  de  “hechos   punibles”  su  ejecutor  quedaba  sometido  a  la pena más grave aumentada hasta en otro tanto.  En  este  orden  de  ideas, en dichos supuestos para la tasación debía partirse de  la    señalada   para   un   delito   considerado   como   base   en   la  represión  de  las  plurales  infracciones,  que  no  podía  ser  diverso  de aquél que tuviera precisada la  sanción de mayor severidad.   

         Así  las  cosas,  ningún  reparo concita el proceso dosimétrico  implementado  en  el  presente  asunto durante las instancias, donde determinado  que  uno  de  los  homicidios  constituía  el  delito base en la represión del  concurso,  seguidamente  se procedió a fijar la sanción específica por razón  del  mismo  ponderados  los  factores señalados por el artículo 61 del Código  Penal,  concretamente,  veintiséis  (26)  años de prisión, quantum finalmente  aumentado  en  dieciséis  (16)  años  adicionales  de acuerdo con el número y  gravedad  de  los  demás  delitos  concurrentes – el  restante  homicidio, las lesiones personales y el porte ilegal de armas de fuego  de  defensa  personal-,  sin  que  con  tal guarismo  resultara  excedido  el  límite  del  “hasta otro  tanto”  establecido  en  el comentado precepto, ni  quebrantada  la  prohibición  de  la  suma  aritmética  de  las  sanciones que  corresponderían a los respectivos hechos punibles.   

         En  el apartado final del libelo, el impugnante con violación del  principio  de  autonomía  desvía  la  censura hacía una causal diferente, por  cuanto  al  argüir  la  falta  de  motivación de la pena, al punto de resultar  imposible  la  determinación de sus fundamentos, según alega, plantea un vicio  de  garantía,  no el error in iudicando anunciado al postular el reparo, que de  estimar  configurado  debió  acusar  en  forma separada y bajo el ámbito de la  nulidad.   En  todo  caso,  resta  indicar, deja sumida tal falencia en una  huera  afirmación,  pues  a renglón seguido y con las escuetas consideraciones  que  plasma,  revela  en realidad su inconformidad con una réplica del Tribunal  que no satisfizo sus personales expectativas.   

         En síntesis, como la sustentación del  cargo  se reduce al cuestionamiento de la discrecionalidad judicial, el mismo no  prospera.   

         Consideración final   

Finalmente,  la  aplicación  retroactiva  favorable  de  las  disposiciones contenidas en el actual estatuto punitivo (Ley  599  de 2000), frente a las normas preexistentes a los hechos investigados y con  sujeción  a  las cuales se profirió la condena, si hubiere lugar a ella,   le   compete   al   Juez   de  Ejecución   de  Penas y  Medidas  de  Seguridad  de  conformidad con las previsiones del artículo 79-7º  del actual estatuto procesal penal.   

         Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema  de  Justicia, Sala de Casación Penal, administrando justicia en nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        NO       CASAR       el      fallo  impugnado.   

         

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO             ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Sentencia  de junio 22 de 1999, M.P. Dr. Ricardo Calvete Rangel,  radicado 10.870.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *