15387(25-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 15387  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 85  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de julio de  dos mil dos (2002).   

V I S T O S  

Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto  por  el  defensor  del  Teniente (r) JOSÉ  RAMÓN  GONZÁLEZ  CELIS contra la sentencia proferida  por  el  Tribunal  Superior Militar, el 25 de  agosto de 1998, en la que al  confirmar  la del juzgado de primera instancia (Inspector General de la Policía  Nacional),  fechada el 27 de abril del mismo año, lo condenó, junto con otros,  a  la pena principal de 5 años de prisión y a la accesoria de interdicción de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso de la pena privativa de la  libertad,  como  coautor  de  los delitos de concusión, falsedad ideológica en  ejercicio de funciones y uso de documento público falso.   

H    E    C   H   O  S   

El   juzgador   de  primera  instancia  los  sintetizó, así:   

“Se  sabe que los  mismos  ocurrieron  en  la ciudad de Medellín, entre el 18 y el 19 de diciembre  de  1991, una vez fue capturado el sujeto JOSÉ ALBERTO MERY ARENAS, quien opuso  resistencia,  haciendo  uso  de  un arma de fuego, siendo dejado en libertad aun  cuando  fue  capturado con dicha arma. La libertad se logró mediante un acta de  allanamiento  en la cual no se hacía mención de esa situación, la cual estaba  firmada  por  el  hoy  Teniente  (r)  JOSÉ  RAMÓN GONZÁLEZ CELIS, sabiéndose  posteriormente  que por la libertad del sujeto los Agentes, hoy retirados, JORGE  ENRIQUE   ZULUAGA   LONDOÑO   y  NILSON  ALIRIO  ÁLVAREZ  CASTRO,  al  parecer  solicitaron  a  la  progenitora de MERY ARENAS la suma de TRES MILLONES DE PESOS  ($3.000.000,oo)”.   

ACTUACIÓN    PROCESAL   

Con base en un informe del Jefe de la Sección  de   Policía   Judicial   e   Investigación   del   Departamento  de  Policía  Metropolitana  del  Valle de Aburrá y en unos testimonios, el Juzgado Noventa y  Uno  de  Instrucción  Penal  Militar  de Medellín, el 20 de diciembre de 1991,  declaró la apertura de la investigación.   

Escuchados  en  indagatoria los agentes Jorge  Enrique   Zuluaga   Londoño,  Nilson  Alirio  Álvarez  Castro  y  el  Teniente  José  Ramón González Celis  y  allegados  unos  medios  de  convicción,  les  fue  resuelta  la  situación  jurídica,  el  30  de  diciembre  de  1991,  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  los  delitos  de concusión y falsedad material en  documento  público,  respecto de los dos primeros, y falsedad ideológica y uso  de documento público falso, en cuanto al oficial.   

Practicadas otras pruebas, vinculados mediante  indagatoria  el  Teniente Elmer Fernández Velasco y el agente Fernando Valverde  Cotazo,  a  quienes  se  les  resolvió  la  situación jurídica, ampliadas las  indagatorias,   declaradas   unas  nulidades  y  superadas  otras  contingencias  procesales,  el  diligenciamiento  se envió al Inspector General de la Policía  Nacional,  juez  de  primera  instancia, quien, el 8 de abril de 1997, cerró la  investigación  y,  el  29  de abril siguiente, convocó a consejo de guerra sin  intervención  de vocales a los procesados José Ramón  González  Celis,  Jorge  Enrique  Zuluaga  Londoño y  Nilson  Alirio Álvarez Castro, por los delitos de concusión, falsedad material  en  ejercicio  de funciones y uso de documento público falso. Igualmente, cesó  procedimiento  respecto  de  Elmer Fernández Velasco y Fernando Laverde Cotazo.   

Celebrado  el  consejo  verbal  de guerra sin  intervención  de  vocales,  se  dictó sentencia de primera instancia, el 27 de  abril  de 1998, en la que se condenó, entre otros, al Teniente (r) José  Ramón  González  Celis a las penas  principales  de 5 años de prisión y a la interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el mismo lapso de la pena privativa de la libertad, como coautor  de  los  delitos de concusión, falsedad ideológica en ejercicio de funciones y  uso de documento público falso.   

En  razón  al  grado  jurisdiccional  de  la  consulta  y  apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  procesado  González   Celis,  el  Tribunal  Superior  Militar, el 25 de agosto de 1998, lo confirmó en lo sustancial.   

LA      DEMANDA      DE   CASACIÓN   

El  defensor  del  citado  procesado,  al  amparo  de  la causal primera de casación, acusa al Tribunal de  haber  violado,  de  manera  indirecta,  la  ley  sustancial por falso juicio de  existencia,  al  haber omitido en la apreciación de las pruebas los testimonios  de  los  agentes  de  la  Policía Nacional Antonio Alberto Cortés Cuervo, Neyl  Leal Suaza y Gerklain Lugo Jiménez.   

Afirma  que  dentro  del  diligenciamiento  aparece  la  declaración  de  Antonio Alberto Cortés Cuervo,  secretario  del Teniente Fernando Velásquez para la época de los hechos, quien  en     sus     varias     intervenciones    procesales    “hace  cargos  en contra del TE. ELMER FERNÁNDEZ,  persona,  que según este testimonio, tuvo que ver con las gestiones y trámites  de  los  documentos  que  guardan  relación  con  la situación del sujeto MERY  ARENAS,     diligencias     que     concluyeron     con    la    libertad    del  mismo…”. A continuación  copia varios fragmentos de esta versión.   

Igualmente,  sostiene  que  el  sentenciador  “pasó  por  alto  el  testimonio  del  Agente de la  Policía  NEYL  LEAL  SUAZA, quien para la fecha se desempeñaba como Secretario  del  Teniente  GONZÁLEZ CELIS y fue quien le colaboró en la elaboración de la  documentación  para  dejar  a  disposición  al  sujeto  MERY  ARENAS  ante  la  autoridad  judicial,  es  decir,  sin  tenerlo en cuenta como tampoco apreciarlo  dentro   del   proveído,   quedando   dicha  sentencia  IGNORANTE  DE  ASPECTOS  IMPORTANTES     QUE    OBRAN    DENTRO    DE    ESTA    DECLARACIÓN…”.   

Luego de transcribir un segmento del anterior  testimonio,  agrega  que el deponente asevera haber proferido insultos cuando se  enteró  de  la  libertad del aprehendido, en razón a que la documentación por  él  elaborada  era  para ponerlo a disposición de la correspondiente autoridad  judicial,  declaración  que,  a  su  juicio,  no  fue  tenida  en cuenta por el  Tribunal,  “ya  que  no  se dio cuenta de los hechos  irregulares  declarados  bajo  la  gravedad  del  juramento  por el testigo, con  relación  al  procedimiento  irregular  del Teniente FERNÁNDEZ, consistente en  haber  recibido  los  documentos  donde se dejaba a disposición al sujeto, para  desaparecerlos  posteriormente  y  ordenarle al testigo que elaborara el acta de  libertad del mismo”.      

Finalmente,  advierte  que la declaración de  Gerklain  Lugo  Jiménez tampoco fue apreciada. Éste dice, inicialmente ocultó  la  irregularidades cometidas en el momento en que recibió la orden emitida por  el  Teniente  Fernández  Velasco de poner en libertad a Mery Arenas, para luego  proceder  a  denunciarlas. Como demostración de sus asertos, transcribe algunos  apartes de la citada prueba.   

Añade:  

“Al incurrirse en  esta  omisión,  es lógico que no se puede hablar que el sentenciador dentro de  la  decisión  objeto  de  esta  demanda,  hubiera  apreciado  los  testimonios,  teniendo  en  cuenta los principios de la sana crítica (art. 535 del C. P. M) y  esto  es  grave, porque se omitió el análisis de los mismos, llegando entonces  a  una  conclusión  que  no  puede  ser  el  resultado  del silogismo perfecto,  quedando  en  este  momento  el sabor amargo de la incertidumbre. ¿Qué hubiera  ocurrido  si  el  sentenciador  hubiese  apreciado  y  tenido  en  cuenta  estas  pruebas?.  ¿Sería  que  si  las  hubiera  apreciado  o  tenido  en  cuenta, la  decisión  sería  diferente?.  ¿Cuál  el interés del sentenciador de segundo  grado  en  haber  omitido  la  apreciación  de  estos  testimonios?”.   

En esas condiciones, concluye que el juzgador  violó  indirectamente  la  ley  sustancial  por haber apreciado erradamente las  pruebas,  es  decir,  incurrió  en  un falso juicio de existencia, lo que, a su  juicio,  implica  que  el  fallo  carece  de  la  certeza  para  condenar  a  su  procurado.   

Como  normas violadas cita los artículos 230  de  la  Constitución  Política,  198,  243,  246, 442.1, 488, 492 y 535 del C.  Penal   Militar  y  las  del  Código  de  Procedimiento  Penal  “que  armonicen  con las que fueron relacionadas con el Código Penal  Militar”,  transgresión  originada  en  la falta de  apreciación de los citados testimonios.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia  impugnada  y,  por  ende,  absolver  a  su  procurado  de  los cargos  formulados en su contra.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR  

SEGUNDO DELEGADO EN LO PENAL  

Dice   que   teniendo   en   cuenta   las  consideraciones  y  las conclusiones del fallo impugnado, el casacionista no las  impugnó,  “en la medida en que sus argumentos están  orientados  a  fundamentar  la presunta responsabilidad penal del Teniente Elmer  Fernández  Velasco,  porque  a decir de las pruebas que cita como omitidas, ese  oficial  de  la  fuerza  pública  participó  irregularmente en la gestión que  terminó    con    la    libertad    de    la    persona   capturada”.   

En esas condiciones, anota que de probarse las  afirmaciones  del  libelista,  necesariamente  se  impondría  la expedición de  copias  a fin de que se investigue a este oficial, sin que con ello se afecte la  validez   del  proceso  penal  y  la  apreciación  probatoria  que  indicó  la  responsabilidad   del  procesado  recurrente,  máxime  cuando  el  fallo  está  amparado por la doble presunción de acierto y legalidad.   

También conceptúa que la sentencia de primer  grado,  la  que  fue  confirmada  en segunda instancia, concluyó que el oficial  Elmer  Fernández  Velasco y el agente Fernando Valverde Cotazo no tuvieron nada  que  ver  con los hechos objeto de la investigación, ya que si bien el Teniente  ordenó  la  libertad,  fue  por  falta  de  pruebas, pues la documentación que  recibió no relacionaba los verdaderos hechos.   

Por  lo tanto, sugiere a la Corte no casar el  fallo impugnado.       

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Acusa  el demandante al Tribunal de haber  violado,  de  manera  indirecta,  la ley sustancial por falta de apreciación de  los  testimonios  de los agentes de la Policía Nacional Antonio Alberto Cortés  Cuervo,  Neyl  Leal  Suaza  y  Gerklain  Lugo  Jiménez,  yerro  que  condujo al  quebrantamiento  de  los artículos 230 de la Constitución Política, 198, 243,  246,  442.1,  488,  492  y  535  del  C.  Penal  Militar  y  las  del Código de  Procedimiento  Penal  “que  armonicen  con  las  que  fueron     relacionadas     con    el    Código    Penal    Militar”.    

2.  Esta  censura  adolece  de  insalvables  desatinos técnicos que la condenan al fracaso, así:   

2.1. No distingue entre preceptos sustanciales  y  procesales,  pues  los entremezcla dándoles a todos la primera connotación.  Igualmente,  no  indicó  el  sentido  de  la  vulneración,  esto  es, falta de  aplicación o aplicación indebida.   

2.2. Si bien el reproche lo funda en el error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia por omisión y cita los elementos de  convicción  sobre  los  que recayó, sin embargo, lo deja a mitad de camino, ya  que  no  demuestra su trascendencia, esto es, cómo de haber sido apreciadas las  declaraciones  de  Antonio  Alberto  Cortés  Cuervo, Neyl Leal Suaza y Gerklain  Lugo  Jiménez  y  teniendo  en  cuenta  los  restantes  medios  de  prueba  que  sustentaron  el  fallo,  las  conclusiones  de  éste  habrían sido distintas y  favorables  al  procesado,  yerro  que  se  hace  más ostensible si se tiene en  cuenta   que   los   citados   testimonios   sólo   se   refieren  a  presuntas  irregularidades  cometidas  por el entonces Teniente Elmer Fernández, pero no a  la conducta reprochada al teniente José Ramón González.   

En  otras palabras, el libelista se limitó a  precisar  los  elementos  de  juicio  presuntamente omitidos, para finalizar con  unas  preguntas  que  debió  absolver con el fin de demostrar la incidencia del  desatino,  máxime  si se considera que la casación no es la sede adecuada para  plantear  hipótesis  y que la Corte, en virtud del principio de limitación, no  puede entrar a complementar el libelo.   

Por  las  razones  expuestas,  el  cargo  no  prospera.   

En   mérito    de   lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA     DE     CASACIÓN     PENAL    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

NO CASAR la sentencia  recurrida.   

Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso.   

Cópiese, comuníquese  y devuélvase al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

No hay firma  

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS                        CARLOS  AUGUSTO  GÁLVEZ ARGOTE                                

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                                           

CARLOS   E.   MEJIA   ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

                                                        Secretaria     

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