14997(30-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 14997  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.  58  

          Bogotá,  D.C.,  treinta (30) de mayo de  dos                                    mil                                   dos  (2002).                                                                                                                                                                     

          Decide  la  Corte  el  recurso  de  casación  interpuesto contra la  sentencia  de  fecha  abril  2 de 1998, mediante la cual el Tribunal Superior de  Bucaramanga  confirmó  la condena que le fue impuesta al procesado JORS  MAURICIO  GALLO ALFONSO por  el  Juzgado 3º Penal del Circuito de esa misma ciudad, fijando  la  pena  principal  en diecisiete (17) años y seis (6) meses de prisión,  al   hallarlo  responsable  de  los  delitos  de  homicidio  agravado,  y  hurto  calificado  y  agravado  cometidos  en  perjuicio  de Alejandro Argüello Mora y  otros.   

          En  el  mismo  pronunciamiento,  la  Corporación  citada revocó la  condena  de  primera instancia en cuanto al porte ilegal de armas  de fuego  de  defensa  personal y, en su lugar, absolvió al sindicado del cargo endilgado  por esta conducta punible.   

HECHOS  

          Del  fallo  impugnado se sabe que en la noche del 23 de diciembre de  1992,  Alejandro  Argüello  Mora  conducía  un  vehículo de servicio público  urbano  por la vía que del barrio El Jardín conduce al de Pan de Azúcar de la  ciudad  de Bucaramanga, cuando sorpresivamente dos individuos que se movilizaban  en   la   parte  trasera  del  bus,  identificados  después  como  JORS   MAURICIO   GALLO   ALFONSO,  alias  “Tuto”    y    su  hermano   Yorguin  Mario  Pico Alfonso, se levantaron y provisto de arma de  fuego  el  último de los mencionados, anunciaron a los pasajeros que se trataba  de un asalto y debían entregar todas sus pertenencias.   

          El  conductor  del  automotor,  al  percatarse  del  actuar  de  los  delincuentes,  los conminó para que se apearan porque una patrulla policial los  venía  siguiendo,  pero  el  sujeto  que  esgrimía el revólver no atendió el  llamado  y  continuó  despojando  de sus objetos de valor a los pasajeros, para  exigir  después  al  mencionado  Argüello  Mora  la  entrega del dinero.    

          Entre tanto, el sujeto que controlaba la  parte  posterior,  dominado  por  los  nervios,  repetidamente  le  pedía  a su  compinche  que  se  marcharan, quien se negaba requiriéndolo para que dejara el  miedo.   En  este  instante  se produjo un intercambio de disparos entre el  conductor  y  el  delincuente  armado,  que  culminó  cuando los dos asaltantes  emprendieron  la  huida  por  el espeso bosque del barrio Pan de Azúcar dejando  moribundo  en  el  interior  del  vehículo  a  su conductor, quien recibió dos  disparos   y   falleció   en  el  centro  asistencial  donde  recibió  auxilio  médico.   

          El  26  de diciembre siguiente, en la zona boscosa aledaña al lugar  del  atraco  fue  hallado  el  cadáver  de  un joven que presentaba dos heridas  ocasionadas  con  arma de fuego, identificado como Yorguin Mario Pico Alfonso, y  junto  a  él,  un revólver calibre 38, que según la experticia balística fue  el    utilizado    para    segar   la   existencia   del   conductor   del   bus  asaltado.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.   Con  sustento  en  el  acta de  levantamiento  del  cadáver  de  la  víctima  Argüello  Mora y el informe del  comandante  de  la  patrulla  policial  que  conoció  del caso, la Fiscalía 17  Seccional   de   Bucaramanga   dispuso  las  diligencias  previas  orientadas  a  establecer  la  identidad  de  los autores del homicidio perpetrado, suspendidas  mediante  providencia  del  28 de enero de 1994, de conformidad con el artículo  326 del anterior Código de Procedimiento Penal.   

          Las  informaciones suministradas por Gonzalo Argüello Mora, hermano  del   occiso,   brindaron  fundamento  a  la  reapertura  de  la  investigación  preliminar,  obteniéndose  los  resultados  que  permitieron  el  inicio  de la  investigación   a   la   que  se  ordenó  vincular  al  imputado  JORS  MAURICIO  GALLO  ALFONSO.    Efectuada  su  captura y escuchado en indagatoria, la Fiscalía 8ª Seccional de  Bucaramanga  resolvió  su  situación  jurídica  el 18 de febrero de 1997, con  detención  preventiva  por  el  delito de homicidio agravado, y caución por el  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

           Clausurado  el  sumario  y  surtido  el  traslado   de   rigor,   el  instructor  calificó  su  mérito  probatorio  con  resolución  de  acusación  de  fecha  mayo  27  de  1997, en la que imputó al  procesado        GALLO       ALFONSO    la  autoría,  en  concurso  de  conductas   punibles,   de   los  delitos  de  homicidio  agravado  (artículos  323  y 324-2º del Código Penal anterior),  hurto calificado y agravado (artículos  349,   350-1º   y   351   numerales   9º   y  10º   ibídem),  y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal (artículo    1º    del    Decreto   3664   de   1986).   

          2.   La etapa de la causa finalizó  con  la  sentencia  de  fecha  diciembre 5 de 1997, proferida por el Juzgado 3º  Penal  del  Circuito  de  Bucaramanga, que en cabal consonancia con la decisión  enjuiciatoria    condenó    al    sindicado    GALLO  ALFONSO a la pena principal de dieciocho (18) años de  prisión.   

          Apelado  el  fallo  por la defensora del  procesado,  el  Tribunal  Superior de esa misma ciudad lo confirmó parcialmente  en  los  términos  precisados  por la Corte en el acápite inicial, providencia  que    fue   objeto   de   la   impugnación   extraordinaria   que   ahora   se  decide.   

LA DEMANDA  

           Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, del artículo 220 del derogado estatuto instrumental  penal,  la  demandante acusa el fallo impugnado de la violación indirecta de la  ley  sustancial, que afirma derivada del error de hecho  por  falso  juicio de existencia “por suposición de  una   prueba   que  conlleva  al  Tribunal  y  fallador  suponer  la  coautoría  impropia”,  por  ende,  a la aplicación indebida de  los  artículos  21  y  23  del  Código  Penal anterior en concordancia con los  artículos 323 y 324 ibídem.   

          En la escueta sustentación del cargo la  actora  advierte  que  se  supuso “un acuerdo previo  inexistente  para  acciones eventuales surgidas además del hurto”,  al  que  se restringía el plan propuesto, agotado además con el  apoderamiento  de  los  bienes de los pasajeros.  Por lo tanto, surge aquí  “un  exceso  en  la actuación acordada, atribuible  únicamente  al  asaltante  que  accionó  el  arma”,  quien   decidió  disparar  contra  el  conductor  del  vehículo  debido  a  la  discusión   mantenida   con  él,  “sin  que  esta  conducta   obedeciera   a   un   fin   propuesto  particularmente”.   

          Destaca  que se rompió la relación de causalidad entre la conducta  del  homicida  y  la de su representado, cuando este último situado en la parte  trasera  le  insistía  a su hermano para que abandonaran el vehículo asaltado,  como  lo  declaró  en  el  proceso con apoyo en la versión del deponente José  Oscar  Machado  Romero.   Por  lo anterior, concluye el censor, el Tribunal  desconoció  “que  es  Yorguin  Mario Pico Alfonso,  quien  se  apersona de la actividad que pone en peligro el bien jurídico….por  la   suposición   de   un   acuerdo   inexistente   al  respecto”.    

          En  estos lacónicos argumentos apoya la  solicitud  elevada  a  la   Corte  para  que case parcialmente la sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar  absuelva a GALLO ALFONSO  del  cargo  endilgado  por  el  delito  de  homicidio  agravado,  manteniéndola  en  lo que respecta al hurto calificado y agravado, y  el porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PUBLICO  

          Para  el  Procurador  Segundo  Delegado la base de la argumentación  radica  en  una  pretendida  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial como  consecuencia  del  error de hecho por falso juicio de existencia atribuido al ad  quem,  en  cuanto  supuso la prueba que soporta la coautoría impropia deducida,  reparo  que el actor fundamenta en la escueta consideración de haber finalizado  tal  forma  de  intervención,  contrario  a  lo plasmado en el fallo recurrido,  cuando   se   produjo   la   consumación   del   delito  contra  el  patrimonio  económico.   

          El  planteamiento, en la forma como fue concebido, en concepto de la  Delegada,  traduce  una  vana  postura  personal  enfrentada  al criterio de los  juzgadores  de  instancia,  que  no consulta además la manifestación del error  anunciado,  pues  en  pasaje  alguno del escrito la actora concreta cuál fue la  prueba  supuesta  por  el  fallador  ni su trascendencia de cara a la decisión,  para  dedicarse  entonces a criticar de manera abstracta la invocada suposición  de la coautoría.   

          Advierte  que  si  lo  que  se  pretendía demostrar era la falta de  motivación  de  la  sentencia en dicho aspecto, la vía para formular un reparo  de  esta  específica  naturaleza,  con  incidencia  en  la  punibilidad, no era  diversa de la causal de nulidad.   

Destaca que de todos modos en el presente caso  no  podría  atestarse  la  suposición de una prueba inexistente en el proceso,  cuando  los argumentos que soportan la condena son el resultado del análisis de  la  prueba  evidenciada  materialmente  en  el  proceso.  En consecuencia, si lo  protestado  era  la  apreciación de tales elementos de persuasión, también se  ofrece  desafortunado  el  error  elegido  para  derruir  el  fallo,  así  como  ostensible  la  pretensión  del  demandante  de revivir discusiones probatorias  superadas.   

          Colige  entonces,  que  al  no  asistirle  razón a la actora cuando  sostiene  que  el substrato de la sentencia fue ideado o supuesto, el cargo debe  ser  desestimado  y,  como corolario de ello sugiere que no se case la sentencia  impugnada.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          Por  la vía de la violación indirecta de la ley sustancial y apoyo  en   la   causal   primera  de  casación  del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal  anterior,  la  demandante  acusa  el fallo del Tribunal de  incurrir  en error de hecho por falso juicio de existencia en la apreciación de  “una  prueba”, desatino  que  determinó,  según  afirma,  la aplicación indebida de los artículos 21,  23, 323 y 324 del derogado estatuto punitivo.   

          Sin  embargo,  en  la  escueta sustentación del reparo anunciado en  los  anteriores  términos,  la  actora en modo alguno se orienta a demostrar la  realidad  del  dislate  atribuido  al  ad  quem  y, menos aún, su trascendencia  frente  a  la  declaración  de  justicia  contenida  en la sentencia objeto del  recurso  extraordinario,  pues el desarrollo argumentativo del ataque se tradujo  en  la postulación, en forma precaria incluso para una alegación de instancia,  de  la  tesis  personal  de  la  recurrente  de  haber  quedado  restringida  la  coautoría  a  los punibles de hurto y porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  pues  entiende que el homicidio no hacía parte del acuerdo delictivo  previo de los hermanos y asaltantes del vehículo.   

          En  efecto,  sin  compadecerse de lejos siquiera con la enunciación  del    cargo,    consistido    insiste    la    Sala,    en    la   “suposición  de  una prueba”, ningún  esfuerzo  intelectivo  desplegó la censora por demostrar que los sentenciadores  en  la  contemplación material del acervo probatorio prescindieron o marginaron  de  su análisis alguno de los elementos de persuasión allegados al expediente,  a  tal  punto,  que a pesar de partir de dicho enunciado, en acápite alguno del  libelo  precisa  cuál  fue  el  medio probatorio objeto de la invención de los  falladores al abordar la temática de la coautoría.   

          Más  aún,  del  contexto  de  la  demanda  parece derivarse que la  libelista  radica  el  endilgado  falso  juicio  de  existencia por omisión, no  conforme  a  su  específica  manifestación  o  naturaleza, cuando se ignora un  medio   de   prueba   materialmente  incorporado  en  el  proceso,  sino  de  la  inconformidad  que  le asiste con la coautoría que los juzgadores predicaron de  los  dos  asaltantes del vehículo de servicio público en los delitos cometidos  en  esa  empresa criminal, en relación con la cual afirma, apartándose incluso  de  la  realidad  procesal,  que  los  juzgadores la supusieron en los análisis  esbozados en las decisiones conclusivas de las instancias.   

         

          Ciertamente,  en  tal  crítica  la  demandante pasa por alto que el  sentenciador  a  quo  asentó  la  coautoría  impropia  en  la comisión de las  conductas  punibles  a partir de los testimonios de José Oscar Machado Romero y  Rafael  Osma Rallón, que encontró respaldados en lo pertinente a través de la  versión   injurada   de   GALLO  ALFONSO,     de     quien     atestó     que    reconoció    “haber  colaborado cuidando la parte trasera del vehículo, haber  recogido      las      prendas      hurtadas,      y      hacer     ‘amague’  de  llevar  un  arma  para ayudar a  intimidar    a    los    desafortunados   viajeros”  (f.   327,  cd.  2),  para  colegir    entonces    respecto    del    citado   procesado   su   “aceptación  voluntaria  y  decidida  de  participar en el hecho  delictivo,  ya  que  en  ese momento pudo negarse a seguir con lo acordado, más  aún  cuando  ve que su hermano saca el revólver con el propósito amenazante y  dispuesto   para  lo  que  se  pudiera  presentar,  incluyendo  lógicamente  la  oposición  de  las  víctimas,  decidiendo…seguir  con  el  plan  y aceptando  tácitamente  con  ello  lo que se pudiera presentar y asumiendo a toda costa el  riezgo    (sic)…”   (fs.   327   y   328,   cd.  ibídem).   

          En  el  fallo  del  Tribunal,  que dada su naturaleza integra unidad  jurídica  con  el  de  primera  instancia, con cimiento también en esos mismos  elementos  de  juicio  se sostuvo que “claramente se  desprende  de  esta  declaración  que  los  dos sujetos actuaron libremente, de  consuno,  pues  ambos  sorpresivamente se pararon y anunciaron que se trataba de  un atraco….”.   

          Y  más  adelante,  también con apoyo en las pruebas acopiadas, del  acriminado  se  concluyó que “actuó por iniciativa  propia  y  de  acuerdo con su compañero de fechorías, que él era el encargado  de  requisar  a  los  pasajeros y despojarlos de las coas; es más, como dice el  testigo,  permanecía  con  la  mano  dentro  de la camisa haciendo el amague de  sacar  algo,  y  llegó  hasta  decirles  que él si les daba, intimidando a los  ofendidos,  mientras  el  hombre  armado  despojaba  de  sus  pertenencias a los  pasajeros   que   iban  adelante…”  (f.  23,  cd.  Tribunal).   

          Por  lo  anterior  entonces,  resulta  claro que la enunciación del  falso  juicio  de  existencia le sirve de pretexto a la actora para pretender de  la  Corte  la  reapertura  del debate probatorio agotado en las instancias, pues  sin  intentar  demostrar equivocación alguna del fallador en la apreciación de  las  pruebas,  simplemente  expone  sus  conclusiones  sobre la coautoría en la  comisión   del   concurso   de  conductas  punibles  objeto  de  las  presentes  diligencias,   para  las  cuales  reclama  preeminencia,  desconociendo  que  un  discurrir  de  este talante refulge por completo ajeno a la sede extraordinaria,  como  quiera  que la sentencia impugnada llega amparada por la doble presunción  de  acierto  y legalidad, de manera que el criterio del juzgador prevalece salvo  que  se  acredite  que  incurrió  en  errores  in  iudicando  o  in  procedendo  verdaderamente trascendentes.   

           Esta   inoportuna  aspiración  de  la  demandante  se evidencia a tal extremo, que la propuesta que formula con la vana  aspiración  de  obtener su examen y preeminencia en sede de casación, esto es,  de  haber  correspondido  la comisión del homicidio a un exceso del delincuente  abatido  en  el enfrentamiento con la víctima del asalto, o en otros términos,  a  una  desviación  en el curso de la acción delictiva acordada, no previsible  por  su  asistido,  corresponde  a  una mera apreciación personal e interesada,  esto  es,  a  una  hipótesis  que  no  se  presenta siquiera como surgida de un  paralelo  análisis  de  los  medios  de  persuasión  allegados  a  los  autos.   

          Así  las  cosas, ante las ostensibles inconsistencias que revela la  censura,  carente  además  de  sustentación,  el  cargo  no prospera.  En  consecuencia, la Corporación no casará el fallo impugnado.   

          Esta providencia no admite recurso alguno.   

          En  mérito  de  lo  expuesto  la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  de acuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia  en     nombre     de     la     República     y    por    autoridad    de    la  Ley,                

RESUELVE  

          NO    CASAR   la   sentencia   impugnada.   

          Cópiese,  comuníquese y devuélvase el  expediente al Tribunal de origen.  Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                           ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO             

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                                          NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

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