14799jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 14799  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 113  

          Santafé de Bogotá, D.C, cinco de julio de dos mil.   

VISTOS  

          De  acuerdo con el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal,  la  Corte  ausculta  el aspecto formal de la demanda de casación presentada por  el  defensor  del  procesado  LUIS HERNANDO FLORIÁN MONTENEGRO, en contra de la  sentencia  mediante  la  cual, el 16 de octubre de 1997, el Tribunal Superior de  Santa  Marta  condenó  al acusado a la pena principal de doce (12) años y seis  (6)  meses  de prisión, dado que lo halló responsable del delito de homicidio,  en  el  grado  de  tentativa,  cometido  en  la  persona  de   ENCARNACIÓN  QUIÑONES MARTÍNEZ.   

ANTECEDENTES Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Al  comenzar  la  noche  del  2  de  septiembre  de  1995,  mientras  ENCARNACIÓN  QUIÑONES  MARTÍNEZ  compartía  un  juego de dominó con algunos  familiares  y  amigos,  irrumpieron  dos (2) sujetos armados en cercanías de su  residencia,  situada  en  el  caserío  El  Níspero,  corregimiento El Trébol,  perteneciente  al  municipio  de  El  Banco  en  el  departamento del Magdalena,  quienes  le  dispararon  en  repetidas  ocasiones y le produjeron en su cuerpo y  salud  daños  funcionales de carácter permanente.  En el acto, uno de los  agresores fue identificado como LUIS HERNANDO FLORIÁN MONTENEGRO.   

          Con  base  en  la  denuncia presentada por la madre del ofendido, el  Fiscal  24  Delegado de El Banco abrió la investigación el 15 de septiembre de  1995,  vinculó  a  LUIS  HERNANDO FLORIÁN MONTENEGRO, a quien después afectó  con  medida de aseguramiento de detención preventiva, como autor de los delitos  de  homicidio,  en  la modalidad de tentativa, y porte ilegal de armas de fuego,  conductas  ilícitas  por  las  que  fue  acusado el 22 de julio de 1996, según  resolución  que alcanzó ejecutoria el 8 de agosto siguiente (fs. 4, 24, 72, 87  y 92v.).   

          De  la  etapa  del  juicio  conoció  el  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  de  la  misma  localidad, despacho que, una vez celebrada la audiencia  pública,  dictó  fallo condenatorio de primer grado, fechado el 28 de julio de  1997,  decisión  por  medio  de  la cual impuso al acusado la pena principal de  trece  (13)  años  de  prisión,  como  autor de los delitos mencionados.   Surtido  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  la  defensa, el Tribunal  confirmó  la  condena por el injusto contra la vida, mas absolvió al procesado  del  hecho  punible  de porte ilegal de arma de fuego, razón por la cual redujo  la  sanción  a  doce  (12)  años  y seis (6) meses de prisión (fs. 113 y 129,  cuaderno principal; fs. 3 cuaderno Tribunal).   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          Primer  cargo.   Por vía de la causal  primera,   el  censor  acusa  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  -artículos  29  de  la  Constitución,  1°  y  254  del  C.P.P.-, derivada del  desconocimiento  por  el  Juez  de  las  reglas  de  la  sana  crítica,  lo que  constituye un error de hecho.   

          En   su   plan  demostrativo,  el  censor  afirma  que  el  material  probatorio  del  proceso  arroja una conclusión diferente a la planteada por el  juzgador,  en  la  medida  en que los testimonios que le sirvieron de fundamento  para  condenar  “no  dan la certeza que exige la ley  para imputar responsabilidad al sindicado”.   

          A  partir  de  tal  premisa,  el  actor  niega  que el ofendido y su  hermana  hubiesen  podido  identificar  al procesado como uno de los autores del  hecho,  ya  que  en  el proceso aparece probado que en el momento del ataque los  presentes  tenían  su  atención  centrada  en el juego de dominó; además, la  noche  era  obscura;  no  había  alumbrado  público  en  el  sector,  pues los  jugadores  utilizaban  un  mechón  que sólo permitía observar a una distancia  inferior   a   dos   (2)   metros   y   el   ataque   se   produjo   de   manera  sorpresiva.   

          De  allí,  insiste,  la imposibilidad que tenían la víctima y los  testigos  familiares  para  observar  con  lujo  de  detalles a los victimarios,  razón  por la cual carece de sindéresis el estudio hecho por el juzgador sobre  estos    testimonios    y    su   relación   con   las   demás   pruebas   del  plenario.   

          En  las  mencionadas  condiciones  de  tiempo,  modo y lugar, no era  posible  que  la  víctima  y su hermana YOSER QUIÑONES MARTÍNEZ apreciaran la  identidad  de  los agresores, motivo por el cual se han violado las reglas de la  sana  crítica  en  la  apreciación de sus respectivos testimonios, máxime que  por  el  origen  familiar  de  los  mismos,  ameritaba un prudencial y cuidadoso  examen  de  las  condiciones  personales  de  los testigos y el contenido de sus  relatos,    para    determinar    si    merecían    credibilidad    o   no   la  merecían.   

          El   desconocimiento   de   la   sana   crítica,   además  es  una  irregularidad  verificable  a  través de la ininteligible postura del juzgador,  cuando  considera  que  algunos  de  los reunidos en el juego pudieron ver a los  agresores,  mientras  que  otros  no  lo  hicieron,  pues  lo  cierto  es que el  comportamiento  atestiguado por los hermanos VANEGAS, otros de los jugadores, es  el  que  coincide  con  la  lógica  y  la  experiencia,  porque sorpresivamente  interrumpida  la  partida  en  la  que  estaban concentrados, por acción de las  balas,  no  quedaba  camino  diferente al de huir del escenario para protegerse,  sin  percatarse  de la identidad de los agresores, los cuales debe suponerse que  actuaron  a  las  sombras  de  la  noche,  “bajo  la  clandestinidad  y  la  sorpresa  para  evitar  ser  descubiertos  y  mantener su  impunidad”.   

          Añade  al  planteamiento  que el juzgador tampoco podía deducir el  indicio   de   la   enemistad  entre  el  procesado  y  el  ofendido,  pues  las  aseveraciones  de  la  madre  de  éste  y  las fórmulas médicas aportadas, no  destacan  tal hecho, mucho menos que unas lesiones anteriores hubieran sido obra  del  imputado,  “por  lo  cual mal puede el fallador  sostener     subjetivamente    que    realmente    existe    un    indicio    de  enemistad”.   

          Adicionalmente,  acota,  como  fueron  desestimadas  la  injurada de  FLORIÁN  MONTENEGRO  y  las versiones de quienes lo acompañaban en su labor de  pesca,  que  cumplía a la hora en que se desarrollaban los hechos investigados,  de  igual  manera  se  ha conculcado la sana crítica, por ausencia de un examen  crítico   en   conjunto   de   todos   los   medios   de  prueba  arrimados  al  expediente.   En  efecto,  de un solo ajo y sin ningún análisis crítico,  se   descartaron   los  testimonios  exculpatorios  de  JOSÉ  DEL  CARMEN  MOYA  GONZÁLEZ,  LUIS  ENRIQUE  MONTENEGRO  RANGEL, ANTONIO ANDRÉS BELEÑO GUZMÁN y  ALVARO   REALES   CAAMAÑO,   visibles   de   folios   31   a  34  del  cuaderno  original.   

          Se  duele  y  dice  compartir  con el Tribunal que la investigación  quedó  inconclusa,  pues  “… no se practicaron las  pruebas  que  de  seguro  hubiesen  servido  para  el  esclarecimiento de muchas  circunstancias    que   aún   se   mantienen   sin   respuesta   y   resultados  concretos”;  por  ejemplo,  la  distancia entre el lugar de los acontecimientos y  la  ciénaga  donde  dijo  el  procesado que se encontraba cuando ocurrieron los  sucesos,  dado  que  el  fallador simplemente acogió como cierto que mediaba un  kilómetro  entre  uno  y  otro lugar, sin que exista respaldo de ello en el haz  probatorio,  por la ausencia de una reconstrucción de  los hechos o de una  inspección ocular.   

          Por  lo dicho, considera el censor que las afirmaciones del Tribunal  para  desestimar  las exculpaciones del acusado y los testimonios vertidos en su  favor,  “no  son  de  profundo  corte  ni  de  tenaz  envergadura…  Sólo  desconociéndose las reglas de la sana crítica, se puede  sostener  que  no  son  de recibo la injurada del sindicado y los testimonios de  sus  acompañantes”.   En  el proceso solamente  surgen  algunas  sospechas generadoras de incertidumbre razonable, en el sentido  de  que  los  hechos  hubieran  ocurrido  como  los  relataron  el ofendido y su  colactánea.   

          En  vista  de  que  el  yerro  señalado  promueve la violación del  artículo  247  del  C.  P.  P.,  el  demandante  pide  la  casación  del fallo  condenatorio  y  el  proferimiento  del  sustitutivo  que absuelva al procesado,  “como  un claro reconocimiento al principio in dubio  pro reo”.   

Segundo   cargo.   El   actor,  en  la  misma  dirección   de   la   primera   censura,  ataca  la  sentencia  por  violación  “indirecta   de  la  ley  sustancial  contenida en los artículos 29 de la C.N. 2°, 247 y 445 del Código  de  Procedimiento  Penal,  configurándose  un  error  manifiesto  de  hecho por  negación  de la presencia de duda probatoria sobre la responsabilidad penal del  procesado.”   

          Al  efecto  arguye  las  múltiples contradicciones existentes entre  los  testimonios  del  afectado  y  su  hermana  Yoser  Quiñones  Martínez,  como quiera que no coinciden en  informar  cuál  de  los  dos (2) sujetos agresores fue el que disparó primero;  con  qué  clase  de  arma  deflagraron los disparos (escopeta o revólver); por  qué    Yoser    Quiñónes    Martínez  dice  que a su consanguíneo le dispararon con un revólver, si el  dictamen  médico-legal señala que las heridas fueron ocasionadas con escopeta;  por   qué   el   lesionado   Encarnación  no  habla  del  niño  al que se refiere su hermana; o por qué el  mismo  no  menciona un supuesto segundo disparo que le hicieron cuando ya estaba  tendido  en  el  piso.   Por  lo  tanto,  la  prueba  reina para imputar la  responsabilidad  penal no arroja la certeza pretendida, ya que ella fue valorada  con  desconocimiento  de  las reglas de la sana crítica, las que si se hubiesen  aplicado,  demostrarían  la  existencia  de  duda  acerca  de quién o quiénes  causaron las lesiones a la víctima.   

          Reitera  que  en  este  proceso  se  advierten  dos  (2)  grupos  de  declarantes,  unos  presenciales  y  otros  no  presenciales.   El primero,  integrado,  de  un  lado,  por  los  hermanos  VANEGAS,  quienes no vieron a los  agresores  por  lo  sorpresivo  del  ataque; de otro, por los hermanos QUIÑONES  MARTÍNEZ,  quien  en  actitud  contraria  a  la  normal  ocurrencia,  dizque se  quedaron  en  el  lugar e identificaron a uno de los atacantes.  El segundo  grupo,  lo  componen  el  procesado  y  las  cuatro  (4) personas que le hacían  compañía  a la hora en que supuestamente ocurrió la tragedia, versiones que a  la luz de la sana crítica no podían descartarse.   

          De  acuerdo  con las reglas de la experiencia, la lógica, la razón  y  la  ciencia,  el  agredido  y su hermana no pudieron haber individualizado al  agresor.   Además,  se echan de menos contrainterrogatorios a los testigos  de   cargo  y  de  descargo,  una  inspección  judicial  y  otras  pruebas  que  permitieron  despejar  las  dudas  reinantes  en el proceso, en relación con la  responsabilidad del acusado.   

          Con  el argumento de falta de sana crítica y la existencia de duda,  el  actor  asegura  que  “de las probanzas recaudadas  tan  sólo  puede  deducirse  que  el  día  de los hechos personas desconocidas  dispararon  contra  la  víctima  causándole  lesiones conocidas”,  razón  por  la  cual  a  la  judicatura  le  quedaba como única  alternativa  la  de haber declarado la presencia del in  dubio pro reo.   

          Partidario  de  la  conclusión  a  la que llegaron  Ministerio  Público  y  Fiscal  dentro  del  debate,  en  el  sentido  de reconocer la duda  probatoria, el censor solicita la casación del fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Es  clara  la  intención  de ocultar bajo una aparente técnica, lo  que  en  realidad  es  un decidido embate al esfuerzo racional de los juzgadores  para  apreciar las pruebas.  De modo que, por más que se quiera involucrar  la  técnica  y  la teoría de la casación en demandas por distinta convicción  racional,   siempre   será  suficiente  respuesta  in  limine   decir   que  el  examen  probatorio  de  las  instancias  sólo  puede  atacarse  en casación por ausencia de una valoración  racional,  no  con  motivo  de  una supuesta racionalidad paralela que exhibe el  demandante,  pues,  si bien la verificación fáctica obedece a una inferencia u  operación  racional  lógico-inductiva, según la cual el juzgador podrá verse  frente  a  varias hipótesis explicativas de los hechos o la responsabilidad, de  todas  maneras  él  elige  una  de  ellas  por  su  mejor  apoyo  probatorio  y  razonabilidad.   

          Así   hecha  la  determinación  fáctica  en  las  instancias,  la  casación  no  puede  irrumpir como un elemento extraño a lo que los juzgadores  han  forjado  como  aplicación  de  los principios de inmediación probatoria y  contradicción,  y  de  ahí  que  la  sentencia  de  grado  se  proteja  por la  presunción de acierto y legalidad.   

          Por  otra parte, si el objeto de la casación es el fallo de segunda  instancia,  según  lo  prevé  el  artículo  218  del Código de Procedimiento  Penal,  lo  primero que debería citarse, en procura de demostración del error,  sería  el  contenido  pertinente  de  la  decisión  atacada o los tramos de la  argumentación  que  refleja  claramente el yerro o el vacío.  En suma, no  basta   al  impugnante  enunciar  que  se  ha  advertido  una  anomalía  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  hasta  relacionarla  con  alguna  de  ellas  en  concreto,  sino  que  ha menester traer a colación la parte del texto del fallo  en  que  la  misma quedó consignada, pues tal es el sentido de la demostración  clara y precisa que exige el artículo 225 del ordenamiento citado.   

          A  través  del  texto  de la demanda presentada en este caso, no es  posible  establecer  cuáles  fueron las razones de la sentencia para concederle  credibilidad  a  los  testimonios  inculpatorios,  a  pesar  de  las  señaladas  dificultades  de  percepción y las contradicciones que relieva el censor.   O  si  tales  razones  no se expusieron en la decisión, así debió demostrarse  con  la  reseña textual de lo que se hizo precariamente por el fallador, de tal  manera  que  en  tal  evento  el  ser  evidencie  el  vacío  y  lo  que  debió  ser.   

          De  igual  manera,  no  se  ha  dicho  cuáles fueron los argumentos  exhibidos  por el fallador para desechar la mencionada prueba desincriminatoria;  y,  si  es  que  no  los  hubo,  debió  explicarse de qué manera se refleja la  omisión en el texto de la sentencia.   

          Debe  decirse  también  que  los  dos  (2)  cargos planteados en la  demanda  adolecen  de las falencias acotadas, en la medida que sólo constituyen  reparos  en  contra  de  la  postura  asumida por el ad  quem  frente  a unas pruebas que, valoradas dentro del  ámbito  de  la  libre  apreciación,  llevaron  al  dispensador  de  justicia a  concluir  que  el  procesado había disparado en contra de la víctima.  No  puede  soslayarse,  además,  que  las  censuras  sólo  se  han  deslindado  en  abstracto  por  el  impugnante,  pues  se  trata de la misma objeción basada en  matices o momentos de la sana crítica supuestamente desconocida.   

          Para  rechazar de plano la demanda, bastaría la dicha constatación  de  que  no  se  ha  involucrado  el  contenido  exacto  de  la  sentencia  como  demostración,  lo  cual en lógica se denomina falta de razón suficiente, pero  surgen otras observaciones:   

          Cuando  el  censor  endilga al Tribunal la supuesta transgresión de  las  reglas  que  impone  la  sana  crítica, olvida que un planteamiento de tal  talante  lo  obligaba  a  mostrar  cómo  sus criterios harían sucumbir los del  ad  quem,  por  estar  estos  notoriamente   apartados  de  la  línea  de  lo  razonable,  lo  lógico  y  lo  probable.   

          Es  por  lo  visto que el impugnante termina en una suerte de escape  que  le  hace perder entidad a los cargos inicialmente propuestos, como que echa  de  menos  la  práctica de algunas pruebas, objeción que como bien se sabe, de  referirse  a medios probatorios de favor a su causa, sólo sería actualizable a  través  de  la  causal  tercera de casación (nulidad), siempre que se haga una  exposición  clara  de la fuerza que tendría la prueba o pruebas no practicadas  para  derruir  el  fallo  cuestionado,  pues  sólo  de  tal  manera se entiende  transgredido el principio de investigación integral.   

          De  esta  forma,  la  sana  crítica  no  tiene relación directa ni  mediata  con  la  falta  de  práctica  de  pruebas, sino que atañe a la manera  absurda  u  ostensiblemente  precaria  como el Tribunal, a partir de las pruebas  que  tenía  a  su  alcance, concluye en aseveraciones sin soportes empíricos o  racionales   dentro   del  proceso  o  completamente  extrañas  a  la  realidad  probatoria.   

          Que  el sitio estaba obscuro, los jugadores entretenidos y, además,  impactados  por la sorpresa de sentirse entre balas, no son factores que por sí  lleven  a  pensar  que  un  testigo  jamás podía percibir, menos que por tales  circunstancias  ineluctablemente  era  errónea la adjudicación de credibilidad  al  dicho  de  la  víctima  y  su  hermana,  en  el  sentido  de  que  lograron  individualizar  a  uno  de  los  autores,  pues  otros  elementos antecedentes y  concominantes,  que  el  actor  interesadamente  no  quiere tocar, bien podrían  facilitar la percepción que él niega.   

          En  últimas,  la  Corte  sólo  advierte  que el demandante intenta  sobreponer  su  personal  criterio en relación con las pruebas, sin antes citar  ni  deslegitimar  el  que,  en  uso  de la jurisdiccionalidad, debió exponer el  Tribunal.   

          Aunque  son múltiples los esfuerzos del censor para tratar de poner  las  cosas  dentro  del  cuadro  de  las  causales  de casación previstas en el  artículo  220  del  C. de P. P., ninguno de ellos le cumple a los requisitos de  claridad  y  precisión  que  exige  el  artículo 225 del mismo estatuto, pues,  verbigracia,  la  dinámica  de la casación no consiste en señalar que algunas  pruebas  fueron  apreciadas o que otras se dejaron de apreciar, en perjuicio del  in dubio pro reo, sino que es  preciso  demostrar  los  yerros  o  vacíos  que  revela  el  fallo a la hora de  acometer la estimación probatoria.   

          Por  las  razones expuestas, el libelo no ha sido propuesto conforme  con  las  reglas  que  impone  la  forma  del  recurso  y, en consecuencia, debe  rechazarse.   

          Así,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          1.    RECHAZAR   IN   LIMINE  la demanda de casación presentada por el  defensor del procesado LUIS HERNANDO FLORIÁN MONTENEGRO.   

          2.    DECLARAR    DESIERTO   el   recurso  interpuesto  y  concedido  por  el  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta en este  asunto.   

          3.  DEVOLVER  el  expediente a su lugar de  origen.   

          Esta  decisión  no  admite  recurso  alguno, de conformidad con los  artículos 197 y 226 del C.P.P.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL               JORGE  ENRIQUE   CÓRDOBA   POVEDA                

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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