14297(24-07-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  14297   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

Magistrada Ponente:  

MARINA PULIDO DE BARÓN  

Aprobado Acta No. 084.  

          Bogotá D.C., veinticuatro de julio de dos mil tres.   

VISTOS  

Se  pronuncia  la  Corte  de fondo sobre las  demandas   de  casación  presentadas  contra  el  fallo  de  segunda  instancia  proferido  por  el  Tribunal  Superior  de Pasto el 3 de junio de 1997, por cuyo  medio  confirmó la sentencia dictada por el Juzgado Penal del Circuito de Mocoa  (Putumayo)  en  la  que  condenó  a ABELARDO BERMÚDEZ  RAMÍREZ,     FABIO    GERMÁN    PORTILLO,    ÁLVARO    CASTRO    y  JOSÉ  ALFARO  como  autores  penalmente  responsables  de los delitos de homicidio agravado en  Guillermo  Gelpud y tentativa  de  homicidio  en  José  Alberto Guerrero     y     Alvaro    Quiroz.   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal sugiere a la Corte desestimar las demandas y, como consecuencia  de ello, no casar el fallo impugnado.   

HECHOS  

Fueron adecuadamente sintetizados en el fallo  de segundo grado así:   

“En las primeras  horas  de  la madrugada del 27 de agosto de 1988, cuando JOSÉ ALBERTO GUERRERO,  GUILLERMO  GELPUD  NARVAEZ  Y  ALVARO SAMUEL QUIROZ se encontraban comprando una  botella  de  aguardiente  en  una tienda situada en el barrio Independencia, del  municipio  de  Mocoa;  fueron  abordados  por  cuatro  agentes  de  la  Policía  Nacional,  más tarde identificados como ABELARDO BERMUDEZ RAMIREZ (a. “palomo  arrecho”),  FABIO  GERMÁN  PORTILLO  (a.  “el  indio”), ALVARO CASTRO (a.  “condorito”)  y  JOSE  ALFARO,  quienes  los  ultrajaron  de palabra y obra,  conduciéndolos  luego  hasta  el río Sangoyaco. En el trayecto, los agentes de  policía  dispararon  armas  de fuego contra GELPUD, el cual falleció instantes  después  en  el  hospital  de  Mocoa;  iguales  disparos hicieron contra QUIROZ  cuando  pretendía  huir,  hiriéndolo  en  una  pierna  y GUERRERO, hiriéndolo  gravemente en la cara”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Con  base  en  la  denuncia  presentada  por  José Alberto Guerrero Erazo,  el  Juzgado  16  de  Instrucción  Criminal  de Mocoa dispuso la correspondiente  indagación  preliminar  el  13  de  marzo  de  1991;  posteriormente, el 1º de  diciembre  de  1992,  la Fiscalía 33 de Mocoa declaró abierta la instrucción,  en    cuyo   marco   fueron   vinculados   mediante   indagatoria   FABIO   GERMÁN   PORTILLO,  JOSÉ       ALFARO,      ABERLARDO     BERMÚDEZ    RAMÍREZ    y  ÁLVARO CASTRO definiéndoles  su  situación  jurídica  el 18 de enero de 1995 con medida de aseguramiento de  carácter  detentivo  sin derecho a libertad provisional, como presuntos autores  de  los delitos de homicidio agravado y lesiones personales; también en aquella  oportunidad  se  ordenó  separar  la investigación adelantada por la muerte de  Abraham   Alirio   Trujillo  ocurrida el mismo día de los sucesos aquí investigados.   

Contra la referida providencia el defensor de  FABIO   GERMÁN   PORTILLO  interpuso  los  recursos de reposición y apelación; al ser resuelto el primero  se  precisó que la medida de aseguramiento procedía por el concurso de delitos  de  homicidio  y  tentativa  de  homicidio.  La defensa desistió del recurso de  alzada.   

Cerrada  la  investigación,  el  abogado de  confianza  de  FABIO PORTILLO  interpuso  sin éxito el recurso de reposición y el 6 de septiembre de 1995 fue  calificado  el  sumario con resolución de acusación contra los procesados como  presuntos  coautores  de  un  delito  de homicidio y dos delitos de tentativa de  homicidio  de  los  que  resultaron víctimas Guillermo  Gelpud  Narvaez,  José  Alberto  Guerrero y Álvaro Samuel Quiroz, respectivamente.   

El     ad  quem  confirmó la acusación el 3 de enero de 1996 al  conocer  del recurso de apelación interpuesto por los defensores precisando que  aparecían   demostradas  las  causales  específicas  de  agravación  punitiva  previstas  en  los  numerales 4º y 7º “del art. 234  del   C.P.”  (sic),  “en  cuanto  se  dio  muerte  y se lesionó a personas que no dieron ningún motivo y  además  aprovechando  su  estado  de  inferioridad frente a los agresores, eran  personas inermes”.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Mocoa,  fase en la que se acumuló a esta  actuación  la  adelantada  contra  los  mismos  procesados  por el homicidio de  Abraham    Alirio   Trujillo   Canamejoy.   

En  la  actuación acumulada se resolvió la  situación     jurídica     a     FABIO    GERMÁN  PORTILLO,  ABELARDO BERMÚDEZ  RAMÍREZ    y    ÁLVARO  CASTRO   el   7  de  abril  de  1995  con  medida  de  aseguramiento  sin  derecho  a  libertad  provisional como presuntos autores del  delito   de   homicidio   agravado,   en  tanto  que  respecto  de  JOSÉ  ALFARO  la  Fiscalía se abstuvo de  imponerle decisión asegurativa.   

          El    defensor    de    FABIO    GERMÁN  PORTILLO  interpuso  contra  la  anterior  providencia  recurso  de reposición, y el abogado de  ABELARDO  BERMUDEZ  solicitó  la  revocatoria  de  la medida de  aseguramiento,  solicitudes  que  fueron despachadas desfavorablemente, a la vez  que  se  dispuso  en  la  misma  decisión  imponer  medida  de aseguramiento de  detención   preventiva   a  JOSÉ  ALFARO   como   posible   autor   del   homicidio   agravado   objeto   de  investigación.   

Cerrada  la  instrucción,  el  apoderado de  FABIO      GERMÁN      PORTILLO      solicitó  con resultado desfavorable la revocatoria de la medida de  aseguramiento.  Por  su  parte,  el  abogado  de  JOSÉ  ALFARO  interpuso  con  éxito  recurso de reposición  contra  la  providencia  de  cierre del ciclo instructivo, y días más tarde se  concedió  a  los  procesados  la  libertad  provisional  por vencimiento de los  términos señalados para calificar el sumario.   

          Clausurada  nuevamente  la  instrucción,  el 26 de junio de 1996 se  profirió  resolución  de  acusación  contra ABELARDO  BERMÚDEZ   RAMÍREZ,   FABIO   GERMÁN   PORTILLO,  JOSÉ  ALFARO  y  ALVARO  CASTRO  como   posibles  autores  del  delito  de  homicidio  agravado  de  Abraham    Alirio   Trujillo   Canamejoy.   

Entonces  la  actuación  fue  remitida  al  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Mocoa  para  dar curso a la etapa del juicio,  donde,  como  ya se anotó, se acumuló esta causa a la que allí cursaba contra  los mismos procesados.   

Realizada la audiencia pública en las causas  acumuladas,  se  profirió  sentencia  el  21 de febrero de 1997, por cuyo medio  fueron  condenados  los  procesados a la pena principal de 18 años y 6 meses de  prisión  y  a  la  accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  un  lapso de 10 años, como coautores penalmente responsables del delito de  homicidio  agravado  de  Guillermo  Gelpud   y   de   las  tentativas  de  homicidio  cuyas  víctimas  fueron  José  Alberto  Guerrero  y  Alvaro  Samuel  Quiroz. En la  misma   oportunidad   se   los   absolvió   del   homicidio   en   Abraham  Trujillo  Canamejoy,  y no fueron  condenados  al  pago  de perjuicios porque la correspondiente indemnización fue  obtenida a través de las acciones contencioso administrativas.   

Los    defensores    de    ABELARDO    BERMÚDEZ    RAMÍREZ,    JOSÉ    ALFARO   y   FABIO   GERMÁN  PORTILLO  interpusieron  recurso  de apelación contra el fallo, el cual fue  confirmado  por  el  Tribunal  de  Pasto  mediante providencia del 3 de junio de  1997, misma que ahora es objeto de impugnación extraordinaria.   

LAS DEMANDAS  

1.             Demanda   a   nombre  de  ABELARDO BERMÚDEZ RAMÍREZ:   

El  defensor  plantea  cuatro  cargos  por  violación   indirecta   de  la  ley  sustancial  que  fundamenta  y  desarrolla  así:   

1.1.          Primer cargo: Falso juicio de existencia  que  recayó  sobre  el  testimonio  de  Fido Alberto  Castillo y otras pruebas.   

El  actor  comienza  por  señalar  que  fue  ignorada     “parte    importante    del    acervo  probatorio”,  entre  otros  el dictamen técnico que  concluyó  que  el tiempo utilizado para el desplazamiento entre la estación de  policía  y  el  sitio  donde  ocurrieron  los hechos es de aproximadamente ocho  minutos.   

La    declaración    de    Fido  Adalberto  Castillo  Moreno, quien se  desempeñaba  como  Comandante  de Guardia de la Estación de Policía de Mocoa,  por  virtud  de  la cual se estableció que a las 7 de la noche del 26 de agosto  de  1998 entregó el turno al agente ABELARDO BERMÚDEZ  RAMÍREZ y que volvió a asumir la guardia a la una de  la   mañana   del   día   siguiente,   como   también  se  acreditó  con  la  correspondiente copia del folio del libro de guardia.   

Y  agrega  que  según  lo  expuesto por las  víctimas  los  sucesos  investigados  ocurrieron entre las 12:30 y la una de la  mañana del 27 de agosto de 1988.   

         

Con base en las anteriores observaciones, el  censor  concluye  que  si  los  falladores  de  primero y segundo grado hubieran  valorado  las  pruebas  mencionadas  en  conjunto  habrían  establecido  que su  defendido   “no  pudo  haber  realizado  todas  las  actividades   descritas   por   las   víctimas   en   tan   solo  treinta  (30)  minutos”, pues si las víctimas fueron abordadas por  agentes  de la policía a las 12:30 de la mañana del 27 de agosto de 1988, para  luego  ser  conducidas  al  río  Sangoyaco,  donde fueron desnudadas, vendadas,  agredidas,  y  finalmente perseguidas cuando intentaron escapar, su representado  no  participó en los referidos hechos, dado que habría tardado ocho minutos en  regresar  a  la  estación  de policía, pese a lo cual entregó la guardia a la  una de la mañana.   

          Señala  que  si  los  agentes  de  policía  que  abordaron  a  las  víctimas  estaban  de  civil,  su  asistido  no intervino en tal suceso pues al  estar    prestando    guardia    tenía   que   vestir   el   uniforme   de   la  institución.   

          Adicionalmente  expone  que  a  la  una  de  la  mañana  cuando  se  cometieron  los hechos su representado estaba entregando el puesto de guardia al  agente        Castillo        Moreno.   

          Considera  entonces  el  censor, que “los  magistrados  que  fallaron  en  segunda instancia, pasaron por alto todas y cada  una   de  las  pruebas”  referidas,  “no  las  apreciaron  en  conjunto”, y por  ello  no  tuvieron  en cuenta que si los delitos investigados fueron cometidos a  la   una   de   la   mañana   del   28   de   agosto   de   1988,  ABELARDO  BERMÚDEZ no participó en ellos  pues se encontraba de guardia en la estación de policía.   

          Como  normas infringidas señala los artículos 19, 20, 21, 22, 26 y  323  del  derogado  estatuto  penal,  y  los  artículos 247, 248, 249 y 254 del  anterior Código de Procedimiento Penal.   

De acuerdo a lo anotado, el defensor solicita  a  la  Corte  casar el fallo atacado, y en consecuencia, absolver a ABELARDO BERMÚDEZ RAMÍREZ.   

1.2. Segundo cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre  la  declaración del Juez Ricardo  Chávez.   

          El  actor  señala  que  el  Tribunal desfiguró la declaración del  doctor  Ricardo Chávez, quien  se  desempeñaba  como Juez 25 de Instrucción Criminal, pues este expuso que al  tener  conocimiento  de los sucesos se dirigió en compañía de algunos agentes  de  policía  al hospital de Mocoa para escuchar a las víctimas, las cuales, al  notar   la   presencia  de  ALVARO  CASTRO,  le dijeron que no podían hablar porque las mataban y simplemente  señalaron  que  los  agresores  eran  agentes de la policía y del DAS.   

          Expone  el  censor  que  el  Tribunal  deformó  lo  expuesto por el  funcionario  judicial  al  asumir con base en su declaración que los agentes de  policía   cometieron   los  delitos,  pues  “siendo  objetivos  en el estudio de esta prueba y atisbando el alcance lógico y lo real  de  la  declaración, resulta apresurado, como lo ha hecho el Tribunal, concluir  que  fueron  los  ya  conocidos  sindicados  y  concretamente  mi defendido, los  autores  de  los  delitos.  La  sola  reacción  de temor del declarante o de la  víctima  hospitalizada  no da pie para determinar que fue mi defendido el autor  de los delitos”.   

          Y  agrega  que  la  distorsión  en  la apreciación de la prueba se  evidencia  cuando  el  Juez  de  Instrucción Criminal expuso que no fue posible  individualizar  a los autores de la muerte de Guillermo  Gelpud.   

          Adicionalmente   el   casacionista   expresa   que  el  a   quo   también  erró  al  decir  que  ABELARDO   BERMÚDEZ   fue  identificado  por  las víctimas en el hospital cuando expusieron que uno de los  autores   “era   un   mono   que  trabajaba  en  el  DAS”,  pues  su  asistido  nunca  ha laborado en tal  institución.   

          Por  tanto,  concluye  el  impugnante  que  con  base en las pruebas  analizadas  no  se  podía individualizar a los autores de los delitos y que por  ello  el  Tribunal  violó  los  artículos  247,  250  y  254  del  Código  de  Procedimiento Penal.   

Con fundamento en lo anterior, el demandante  pide  a  la  Sala  casar  la  sentencia  impugnada,  y  por tanto, absolver a su  defendido.   

1.3.          Tercer  cargo: Falso juicio de identidad  sobre  las  declaraciones  que  informaron  sobre  el  soborno  propuesto  a los  testigos.   

Para  demostrarlo el casacionista expone que  en  el fallo de condena se tuvieron como pruebas indiciarias las afirmaciones de  varios  testigos  en  el  sentido  de que FABIO GERMÁN  PORTILLO     y    JOSÉ  ALFARO  a  través de interpuestas personas intentaron  sobornar  a  los  declarantes para que faltaran a la verdad en sus exposiciones,  pero  destaca  que  sobre  el  particular  nadie  hace referencia a ABELARDO  BERMÚDEZ,  pese  a  lo cual, el  Tribunal  dijo  que  “No se puede, entonces asegurar  que  el  hecho  indicador  no  se encuentra debidamente demostrado: Los acusados  trataron  de  comprar  el  silencio  de  los  testigos  de cargo. La experiencia  enseña  que  a  esa  labor  se  dedican  quienes tienen interés en el proceso;  quienes    tratan    de    variar    la   prueba   incriminatoria…”.   

          Y  aduce  que si la responsabilidad de los sindicados se ha derivado  de  la  circunstancia  de  haber  intentado  callar  o  variar las declaraciones  testimoniales,   también  ha  de  considerarse  la  inocencia  de  su  asistido  “pues  él  no  incurrió  en sobornos a testigos ni  intentó  comprarlos o pagarles a cambio de su silencio o retractación, pues el  estaba      tranquilo      y      seguro     de     su     inocencia”.   

En consecuencia, estima el demandante que de  manera  indebida  se extendieron a su cliente, al responsabilizarlo, los efectos  de  las  referidas pruebas, lo cual constituye un yerro en su apreciación, pues  ABELARDO BERMÚDEZ es ajeno a  tales manifestaciones posteriores al delito.   

          Como  normas infringidas señala los artículos 19, 21, 23 y 323 del  anterior  código  Penal, y los artículos 247, 248, 250, 300 y 303 del derogado  estatuto procesal penal.   

Soportado  en  lo  expuesto, el casacionista  solicita  la  casación  del  fallo  atacado, y la consecuente absolución de su  representado.   

1.4.          Cuarto  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre las declaraciones de Henry Burbano  Rosero     y     Zoilo  Erazo.   

          Considera  el  casacionista  que los falladores de primero y segundo  grado  señalaron  que  el móvil de los sindicados para cometer los delitos fue  la  retaliación  por la muerte de un agente de la policía días antes, lo cual  fue  deducido  de  la  declaración  de  Henry Armando  Burbano   Rosero,   quien   expuso   que  conocía  a  Abraham  Trujillo, con quien  fue   retenido   por  los  agentes  de  la  policía  apodado  el  primero  como  “Palomo    Arrecho”,  ALFARO   y   CASTRO quienes los obligaron a caminar por  varios sitios antes de liberarlos.   

          De   lo   anotado   concluye   que  de  acuerdo  con  el  desarrollo  cronológico  de los hechos relatados por el testigo, su retención junto con la  de  Trujillo  se  produjo al  mismo      tiempo      que      la     de     las     víctimas     Guerrero,           Quiroz        y        Helpud,   pero  pese  a  ello,  el  mismo  declarante  señala que estos no estuvieron retenidos con él, circunstancia que  le  quita solidez a las “deducciones hipotéticas del  Tribunal”   sobre  la  existencia  de  un  plan  de  retaliación por parte de los agentes de la policía.   

          Agrega   que   la   “misión”   a   la   que   se   refiere   Zoilo  Erazo   no   estaba   referida  a  los  hechos  aquí  investigados,  y  que  por  tanto,  el  error del Tribunal consistió en dar por  cierta  su  existencia  y la especie de retaliación adelantada por parte de los  agentes de policía con base en el mencionado testimonio.   

          Estima  el impugnante infringidos los artículos 21 y 23 del Código  Penal  derogado,  y  los  artículos  147  y  254 del anterior estatuto procesal  penal.   

Con base en lo expuesto, el actor solicita a  la  Sala  casar  el  fallo  atacado,  y en consecuencia, absolver a ABELARDO BERMÚDEZ RAMÍREZ.   

2.             Demanda   a   nombre  de  JOSÉ ALFARO:   

El   actor   postula  cinco  censuras  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  que presenta y desarrolla de la  siguiente manera:   

2.1.          Primer  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  en  las  declaraciones  de José Alberto  Guerrero    y    Alvaro  Quiroz.   

          Plantea  el  casacionista  que los funcionarios de primera y segunda  instancia   le   han  otorgado  total  credibilidad  a  uno  de  los  ofendidos,  José  Alberto  Guerrero, al  señalar  a  JOSÉ ALFARO como  la  persona  que  junto  con  otros  agentes  de  la  policía  lo  agredieron e  intentaron  causarle  la  muerte,  pero  no  se  percataron  que  la víctima se  refirió  a lo largo de la actuación y en especial en el reconocimiento en fila  de  personas indistintamente a JOSÉ ALFARO  y  a  José  Alfaro  Cabrera,  que  son  personas  diferentes, como se desprende de la respuesta  “Me  parece  que el otro tenía boso y es más alto,  tiene   un   parecido  si  pero  no  estoy  seguro”.   

Agrega  que  JOSÉ  ALFARO  en  su  indagatoria  expuso  que no conocía a  Gelpud, e informó que había  un  policía que trabajaba allí en Mocoa, del cual las personas decían que era  hermano suyo porque se parecían mucho.   

          También  manifiesta  el censor que el Tribunal otorgó credibilidad  al    testimonio    de   Alvaro   Quiróz,  pese  a  que  se  refiere a una persona diferente a su defendido,  pues  en efecto dijo que quienes los “agredieron eran  agentes  de  la  Policía acantonados en Mocoa hace bastante tiempo, los agentes  uno   de   apodo  ‘palomo  arrecho’,  el otro GERMAN  PORTILLO,   llamado   ‘el  indio’,  el  otro  ALVARO  ACOSTA,         apodado         ‘condorito,  el otro JOSE ALFARO CABRERA, todos del F-2 el comandante  JOSÉ ALFARO CABRERA”.   

Por   tanto,   concluye  que  el  Tribunal  distorsionó   esta   prueba  para  condenar  a  JOSÉ  ALFARO  y  no  a José Alfaro  Cabrera   que   es   el  señalado  por  una  de  las  víctimas.   

          Estima   infringidas   las  siguientes  disposiciones  del  derogado  estatuto  procesal  penal:  El  artículo  254  porque  las  pruebas  no  fueron  apreciadas  en  conjunto conforme a las reglas de la sana crítica. El artículo  247   en   la  medida  que  no  existe  certeza  para  condenar  a  JOSE  ALFARO  y por ello debe ser absuelto  con   fundamento   en   el   principio  in  dubio  pro  reo,  y  el  artículo 249 dado que no se investigaron  con  igual  celo  las circunstancias que demuestran la existencia del hecho y la  responsabilidad     del     procesado    y    aquellas    que    acreditan    su  inocencia.   

          De  acuerdo  a  lo  expuesto, el censor solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado  y  en  su  lugar  proferir  sentencia  absolutoria en favor de  JOSE ALFARO.   

2.2.          Segundo cargo: Falso juicio de legalidad  en   cuanto   a   los  testimonios  de   Armando  Burbano     y    Zoilo  Erazo.   

          Señala  el demandante que el anunciado error de derecho tiene lugar  “al   haberse   analizado,   tenido  en  cuenta,  y  dádoles    (sic)   valor  probatorio,  que  influye  en la sentencia a pruebas inexistentes si se tiene en  cuenta   que   no   fueron   aportadas   mediante   los   ritos  legales  en  el  proceso”.   

          Puntualmente  refiere  que  mediante  providencia del 18 de enero de  1995  la Fiscalía dispuso investigar en una sola actuación el fallecimiento de  Guillermo   Gelpud   y  la  agresión  a  José Guerrero y  a  Alvaro Quiroz, y de manera  separada  la  muerte  de  Alvaro  Trujillo;  en  esta  última  instrucción  se ordenaron y recepcionaron los  testimonios     de    Armando    Burbano  y  Zoilo Erazo,  declaraciones   que   fueron   valoradas   por   los   falladores  para  deducir  responsabilidad  a  su  procurado  respecto  del  homicidio  y las tentativas de  homicidio  de  los primeros nombrados sin que hubieran sido aportadas legalmente  a tal proceso.   

          Precisa  que  si  bien  en  el  juicio se dispuso la acumulación de  ambas  causas,  “esto no quiere decir que las pruebas  practicadas  y  decretadas legalmente en uno, sean evaluadas en otro”;  además  destaca  que tales medios de prueba fueron tenidos en  el   fallo  atacado  “como  un  indicio  grave  para  proferir  la  sentencia  que condenó a JOSÉ ALFARO”  en  la  medida que los testigos expusieron que hacia la media noche del 26 al 27  de  agosto  de  1988  su  defendido se hallaba fuera de la estación de policía  junto  con  otros  dos policías vestidos de civil, pues se encontraba en un bar  con   Zoilo  Erazo  a  quien  informó    acerca   de   “la   misión” que cumplía.   

          Aduce  el  actor  que “al perder el valor  estas  pruebas,  la  inocencia”  de  su defendido se  acredita  “porque  habrá  que creer los testimonios  que     manifiestan,    esa    (sic)    noche  no  salió  del  Cuartel. Por lo tanto las pruebas anteriores  inexistentes  en  el  proceso no podrán restar credibilidad a la verdad de JOSE  ALFARO”.   

          Como  normas  violadas señala los siguientes preceptos del derogado  Código  de  Procedimiento  Penal:  artículo 246, pues las pruebas valoradas no  fueron  decretadas,  ni aportadas legalmente a la actuación; el artículo   247  porque  la  prueba para condenar debe ser legal; el artículo 250 en cuanto  las pruebas obtenidas de manera ilegal deben ser rechazadas.   

En  consecuencia,  también  señala  como  violado el artículo 29 de la Carta Política.   

          Con  fundamento  en lo anotado, el defensor solicita a la Sala casar  el fallo impugnado y en su lugar absolver a su asistido.   

2.3.          Tercer  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre  las  declaraciones  de Juan José  García,     Fredy     Ramírez    y    Fido Adalberto Castillo.   

          Luego  de  transcribir  apartes  de  las  mencionadas declaraciones,  referidas  a  que JOSÉ ALFARO  se  encontraba  descansando  en las instalaciones de la Estación de Policía la  noche  de  los  sucesos  aquí  investigados,  el  demandante señala que fueron  distorsionadas  por  el  Tribunal  “con fundamento en  pruebas  aportadas  sin  llenar  los requisitos de Ley que son nulos    (sic)    e   inexistentes   para   el  caso”,  dado  que  con  base  en  los testimonios de  Zoilo Erazo y de Henry   Armando  Burbano     el     ad  quem  tuvo  por  desvirtuada  la coartada invocada por  ALFARO,  en  el  sentido  de  asumir  que  se  encontró  con  el  primero  de  los  nombrados  a  mitad de la  mencionada noche en un bar.   

Precisa  el  impugnante  que “las  declaraciones  de ZOILO ERAZO y HENRY ARMANDO BURBANO, permiten  al  Honorable  Magistrado,  desfigurar  el hecho en sus dimensiones objetivas, y  que  a  la  postre llevaron a un Fallo que no debió ser condenatorio porque las  demás  pruebas  pierden  el  valor  que  dice  el Juez colegiado lo llevan a la  certeza”.   

          Como  normas  infringidas  señaló  el  artículo  21  del derogado  estatuto  penal pues “con la distorsión de la prueba  se    le    está    atribuyendo   (a   JOSÉ             ALFARO,    se    aclara)    el  hecho punible como producto de su acción, cuando en verdad este  no  se  encontraba  ni  siquiera  en  el  lugar  de  los  hechos  y menos con la  intención  de  cometer un delito”. También citó el  artículo   23  del  mismo  ordenamiento  en  atención  a  que  “con  la  distorsión  de  la  prueba  sin  lugar  a  duda  se  está  endilgando   la   responsabilidad  para  que  JOSE  ALFARO  se  constituya  como  “coautor”    de    los    delitos    que    se    le   atribuyen”.   

          Además  el  actor  indicó  como  vulnerado  el  artículo  254 del  anterior  Código  de Procedimiento Penal, por considerar que si “en  este  caso  concreto se evalúan las pruebas en sus (sic)  conjunto,  la  lógica  nos  da  la  razón    de    que    JOSE    ALFARO    estuvo    en   el   cuartel”.   

          De  conformidad con lo expuesto, el demandante solicita la casación  de  la  sentencia  impugnada y la absolución para JOSE  ALFARO.   

          2.4.                       Cuarto  cargo:  Falso  juicio de convicción que  recayó  sobre  la  declaración  de  Jaime  Hernando  Viteri.   

          Comienza   el  actor  por  destacar  fragmentos  del  testimonio  de  Jaime  Hernando  Viteri,  en  especial  con  relación  a  que  quienes  causaron la muerte a Abraham Trujillo  fueron  los  agentes  Taguado y Arenas, y que la noche de los hecho investigados  no   vio   en   las   calles   de   Mocoa   al   JOSÉ  ALFARO;   entonces   señala   que   “como   podrá   observarse   está   (sic)  declaración si se hubiera tenido en cuenta es de gran  importancia  para el esclarecimiento de los hechos, pero es inentendible que los  Funcionarios  investigadores  no  le  hubieran  dado importancia, máxime cuando  categóricamente  sindica  a los Agentes TAGUADO y ARENAS, de ser los autores de  la muerte de ALIRIO TRUJILLO”.   

          Y  agrega  que  “de  haberse  tenido  en  cuenta  esta  declaración  quizá se hubieran despejado las dudas que crean los  testimonios  de  JOSE  GUERRERO y ALVARO QUIROZ, quienes en la declaración ante  el  Contencioso  Administrativo  sindican a cuatro agentes uniformados, y en las  declaraciones  en  la  justicia  penal  sindican  a  cuatro  agentes vestidos de  civil”.   

          Como   normas  conculcadas  señala  los  siguientes  preceptos  del  anterior    estatuto    procesal    penal:    Artículo    246   “porque   debió   tenérsela  en  cuenta (la declaración de Jaime      Hernando      Viteri,     se  aclara)    ya    que    reunía    los    requisitos  legales”;     artículo    250    “por  cuanto  si  los  Jueces de primera y segunda instancia hubiesen  considerádola     improcedente     debieron    así    manifestarlo”;   el  artículo  254  porque  “toda  prueba  debe  ser  apreciada en conjunto”     

          Con  base  en  lo  manifestado, el impugnante demanda casar el fallo  censurado   y   en  su  lugar  dictar  sentencia  absolutoria  en  favor  de  su  defendido.   

2.5.          Quinto  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre  la  declaración del Juez Ricardo  Chávez.   

          Señala  el  censor  que  el  Tribunal  le  atribuyó  a la referida  declaración  un alcance que excedió lo expuesto por el testigo, pues concluyó  en  el  fallo  que  “quienes  habían  cometido  los  atentados   eran   agentes   de   Policía  y  algo  muy  importante”,  que  las  víctimas  “no  querían  hablar  más  por  el  temor  que les infundía la sola presencia de los propios  autores  de  los  delitos,  manifestación  que  se recibió de primera mano del  funcionario investigador”.    

          Sobre  ello  expresa  el  defensor  que  si  bien los autores de los  delitos  podían  ser  miembros  de  la  policía,  lo  cierto  es que no fueron  individualizados  y  que,  por el contrario, como la acusación no resultaba tan  sencilla,    tardaron    cerca    de    dos    años   para   señalar   a   los  responsables.   

Adicionalmente argumenta que para valorar la  declaración    del    doctor    Chávez  no  se  analizó  con  detenimiento  el testimonio de José  Guerrero  quien  en su declaración  expuso  que  cuando  llegó  al  hospital la noche de los acontecimientos estaba  inconsciente,  y  que sólo recuperó su conciencia en Pasto, motivo por el cual  señala  el  impugnante que no encuentra “razón para  que  de  lo  dicho por el testigo se saque conclusiones que no son de recibo, ya  que   la   propia   víctima   no   tenía   conciencia   de   lo   que   había  manifestado”.   

          Señala   como  preceptos  violados  las  siguientes  normas  de  la  anterior  legislación  procesal penal: Artículo 247, dado que en el proceso no  obran  pruebas  que  conduzcan  a  la  certeza  sobre  la  responsabilidad de su  representado,  y  el  artículo  303  que  se  refiere  a la apreciación de los  indicios,     en     cuanto    el    testimonio    del    doctor    Chávez  constituye  un indicio de que los  autores  eran  policías, pero la fuente de su información fue lo expresado por  una de las víctimas en estado de inconsciencia.   

          De  acuerdo  a  lo  expuesto, el censor solicita a la Corte casar el  fallo  impugnado y en su reemplazo proferir sentencia absolutoria en favor de su  asistido.   

3.             Demanda   a   nombre  de  FABIO GERMÁN PORTILLO:   

La  defensora  postula  tres  reproches  por  violación   indirecta   de   la  ley  sustancial,  que  presenta  y  desarrolla  así:   

          3.1.                      Falso  juicio  de  existencia  sobre  el acta de  levantamiento  del  cadáver,  la  necropsia,  las  historias  clínicas  de las  víctimas   y   la   declaración  del  Juez  Ricardo  Chávez.   

          Aduce  la casacionista que con el acta de levantamiento del cadáver  de  Guillermo Gelpud y con las  historias     clínicas     de     José    Alberto  Guerrero    y    Alvaro  Quiroz se puede establecer objetivamente que aparte de  las  heridas  producidas  por los proyectiles de armas de fuego, no se halló en  su  cuerpo  contusión  o  huella  alguna  propia de la agresión con bloques de  cemento  que  dicen  las víctimas soportaron en su espalda y abdomen, y tampoco  se  encontró  en  su  aparato digestivo los restos de la arena que dicen fueron  obligados  a  ingerir por sus agresores, circunstancia que evidencia un error de  hecho  por  falso  juicio de existencia sobre los referidos medios de prueba por  parte  del  Tribunal,  porque  a  partir  de  tales elementos de prueba se puede  concluir  que  “No  es  cierto entonces que antes de  disparar  en su contra las víctimas hayan sido golpeadas en la forma brutal que  describen”  lo  que,  a  su  turno  “carece   de  asidero  el  transcurso  de  tiempo  en  esa  actividad  criminal”  que  es  el  que  se  ha  aceptado  como  suficiente   para   que   se   hubiera  logrado  la  individualización  de  los  delincuentes.   

          Agrega    la    censora    que    el   ad  quem  también  incurrió  en  error  de  hecho  sobre  “el tiempo que tuvieron las víctimas para reconocer  a   sus  agresores”,  en  cuanto  no  consideró  lo  expuesto   por  el  Juez  Ricardo  Chávez  acerca  de  que Alvaro Quiroz  le  manifestó  algunas  horas  posteriores a la ocurrencia de los  sucesos,   encontrándose   en   el   hospital  de  Mocoa,  que  “habían  salido  a  comprar aguardiente en el Barrio San Agustín de  Mocoa  a  eso de las dos de la mañana, de la fecha referida y fueron alumbrados  por  unos  agentes  y  que  sin mediar palabra les fueron disparando”.   

Del anterior relato concluye la casacionista  que  las  víctimas no tuvieron el tiempo suficiente que se menciona en el fallo  censurado para reconocer a su atacantes.   

          Adicional  a  lo  expuesto  señala  que  igualmente se incurrió en  falso  juicio  de existencia por omisión, en cuanto no fue tenido en cuenta por  los  falladores que las víctimas eran reconocidos alcohólicos y drogadictos, y  que  el  día  de  los  hechos  estaban embriagados, como lo expuso Alvaro   Quiroz,  circunstancias  que  les  impedían  contar  con  la  claridad  suficiente para reconstruir la experiencia  vivida.   

          Como  normas violadas, la censora señala los artículos 21, 23, 22,  323  y  324 del derogado estatuto penal, y 246, 247, 248, 249 y 254 del anterior  Código de Procedimiento Penal.   

          De  conformidad con lo manifestado, la demandante solicita a la Sala  casar  la  sentencia  atacada,  y  proferir  fallo  absolutorio  en  favor de su  defendido.   

          3.2.                      Falso  juicio de identidad que recayó sobre las  declaraciones  del  Juez Ricardo Chávez, Zoilo Erazo,  Henry   Burbano   y  Mario  Meneses.   

          Expresa    la   defensora   que   el   ad  quem tergiversó el testimonio del doctor Ricardo  Chávez, quien se desempeñaba por  la  época  de  los  hechos  como Juez de Instrucción Criminal, pues si bien el  declarante  relata  que  se  entrevistó  con  los dos heridos en el hospital de  Mocoa,  y  que  estos  le manifestaron que los autores de las agresiones eran un  agente  “mono del DAS y otros de la policía que los  mantienen  de  civil”,  puede  concluirse que uno de  ellos,  por  las  características  que  de  ello  suministra  el  testigo,  era  Alvaro  Quiroz,  pero que el  otro  no  era  José Guerrero  como  se  aceptó  en  el desarrollo del proceso, habida cuenta que las lesiones  descritas    por    el   doctor   Chávez  son  diversas a las que presentó la referida víctima, motivo por  el cual es evidente que se trató de otra persona.   

En  efecto,  dijo  el  doctor  Ricardo    Chávez   que   el   ofendido  “tenía  señales  de disparo en la sien izquierda y  tenía  un orificio de entreda en la parte media del cuello, lado izquierdo y en  la   parte   posterior  del  cuello  hacia  el  lado  derecho,  parte  baja  del  occipital…”,   en   tanto   que   a  José     Guerrero     le     aparecía  “herida  de  entrada en el párpado inferior del ojo  izquierdo  y  herida  de salida ubicada a nivel de mastoides derecho”.   

          Concluye  entonces la actora, que el Tribunal dedujo equivocadamente  que  el  doctor  Chávez  se  había  entrevistado  con  José  Guerrero,    que    este   y   Quiroz  se atemorizaron ante la presencia de los autores de los sucesos en  el   hospital,   y   que   quienes   cometieron  los  delitos  eran  agentes  de  policía.   

          Indica  que,  por  el  contrario,  de  lo  expuesto  se concluye que  José   Guerrero   no   se  entrevistó  con  el doctor Chávez Zambrano, y tanto menos pudo este percatarse  de temor alguno que hubiera manifestado el primero.   

Adicional  a  lo  expuesto  destaca  que los  heridos  informaron  que  los  autores fueron tres agentes, uno del DAS  y dos de la policía que permanecían  de  civil,  luego no participaron cuatro personas en la comisión de los delitos  investigados,     y     además,    FABIO    GERMÁN  PORTILLO    permanecía   siempre   uniformado   por  desempeñarse  de  tiempo  atrás  como Comandante del cuartel de la policía de  Mocoa.   

Agrega la casacionista que la presencia de un  herido  distinto de Guerrero y  de  Quiroz en el hospital de  Mocoa  en  la  mencionada  mañana se deduce de las anotaciones que FABIO  PORTILLO dejó sentadas en el libro  de  guardia  de  la  policía,  en  el cual registró el ingreso de José  Guerrero  al  hospital  a  las 4:30  a.m.,  el  de  Alvaro Quiroz a  las  8:00  a.m,  y una hora más tarde, cuando se efectuaba el levantamiento del  cadáver  de Abraham Trujillo,  se  registró  el ingreso de un individuo “N.N. de 25  años  aprox.  Trigueño, sin más datos, presenta dos impactos en la cabeza con  arma  de  fuego,  móviles y agresores desconocidos”.   

          Y  concluye  que a partir del mencionado registro, que no fue tenido  en  cuenta por el Tribunal por un error de existencia por omisión, se acreditó  que  FABIO  GERMÁN  PORTILLO  permaneció  en  la  mañana  del día de los sucesos en las instalaciones de la  policía,  razón  por  la  cual  era imposible ubicarlo en el hospital, y tanto  menos que atemorizara con su presencia a los heridos.   

          Igualmente  expone  la  defensora  que  respecto  de  la  misión de  retaliación  dispuesta por la muerte de uno de sus compañeros en Mocoa, que el  ad  quem  dijo que cumplían  los  procesados,  en ningún momento los testigos Zoilo  Erazo,  Mario  Meneses  o  Henry  Burbano señalan que  FABIO PORTILLO hubiese estado  presente  junto  con  los  otros  involucrados en su desarrollo, al punto que el  último   de   los   nombrados   categóricamente  afirmó  que  “el  no  se  encontraba esa noche”, motivo  por  el  cual  hay  presencia de un falso juicio de identidad por distorsión de  las  citadas  pruebas que condujo al Tribunal a condenar a su defendido en lugar  de absolverlo como correspondía.   

         La  impugnante  indica  como  normas quebrantadas los artículos 21,  22,  23,  323  y 324 del derogado estatuto penal, y 246, 247, 248, 249 y 254 del  anterior Código de Procedimiento Penal.   

          De  acuerdo  a  lo expuesto, la demandante solicita a la Corte casar  el  fallo  impugnado y en su lugar proferir sentencia absolutoria en favor de su  asistido.   

          3.3.                      Falso   juicio   de   existencia   sobre   las  declaraciones  que exoneran de responsabilidad a FABIO  GERMÁN PORTILLO.   

          En   este   acápite   la   demandante   refiere  que  el  procesado  ABELARDO  BERMÚDEZ,  en  su  intento  por  acceder a beneficios por colaboración con la justicia, relató en  la  ampliación  de  indagatoria  solicitada  para tal efecto que en los sucesos  investigados   intervinieron   ÁLVARO  CASTRO,  JOSÉ  ALFARO  y  JUAN JOSÉ GARCÍA  SUÁREZ,  alias  “El Indio”, con quienes visitó a  las  10  de la mañana del día de los hechos el hospital de Mocoa en compañía  del  Comandante  de  la  Estación  de  Policía  Fredy  Homero  Ramírez Muñoz, para poner fin a la existencia  de  los  sobrevivientes.  Destaca  que en ningún aparte de la citada diligencia  ubicó    a    FABIO   GERMÁN   PORTILLO  en  el  desarrollo  de  las  conductas  investigadas, y que por el  contrario,  descartó con ahínco su participación señalando que se trataba de  un   montaje   para   perjudicarlo,   y  que  lo  confundían  con  GARCÍA   SUÁREZ   por  tener  el  mismo  sobrenombre.   

          Agrega    la    casacionista   que   días   después   BERMUDEZ   le   envío   una   carta   a  PORTILLO,  que  obra  en  el  expediente,  en  la  cual hace énfasis en que los autores de los delitos fueron  CASTRO,    ALFARO   y  “El  Indio”  GARCÍA.  Sindicación  que  reiteró bajo  juramento en la audiencia pública.   

          La  censora  señala  que si bien en la resolución de acusación se  ordenó  compulsar  copias  para  investigar  a  Fredy  Homero  Ramírez  Muñoz,  quien  se desempeñaba como  Comandante  de la Estación de Policía de Mocoa para la fecha de los hechos, no  se  tuvo  conocimiento del resultado de ello, pero que posteriormente este se ha  desempeñado  como  Director de la Cárcel Judicial de Mocoa donde se hallan los  procesados    PORTILLO   y  ALFARO,  y  que  siempre  ha  declarado  en  esta  actuación  que  el  primero  es  inocente porque carece de  capacidad para delinquir.   

          Aduce  también  la  demandante  que  la  inocencia  de PORTILLO   ha   sido   señalada   en  la  actuación    por    Gerardo    Bolaños,  Comandante  de Vigilancia de la Carcel de Mocoa, así como por el  procesado   JOSÉ   ALFARO,  según  lo  declaró Leonardo Eraso Pasinga.   

          Concluye  la  defensora,  que como las mencionadas pruebas no fueron  valoradas  en el fallo reprochado, se incurrió en un falso juicio de existencia  por omisión que impidió establecer la inocencia de su defendido.   

Como normas infringidas la actora señala los  artículos  21,  22, 23, 323 y 324 del derogado estatuto penal, y los artículos  246,  247,  248  y 254 del anterior Código de Procedimiento Penal, sin detallar  la manera en que fueron quebrantados.   

          Finalmente   la  casacionista  manifiesta  que  contra  FABIO  GERMÁN  PORTILLO  no se estructura  ninguno  de  los  indicios a los que alude la sentencia censurada, habida cuenta  que   no   se   acreditaron   los   hechos   indicadores  que  permitirían  las  correspondientes inferencias de responsabilidad.   

Con  base  en  lo  expuesto  la  impugnante  solicita  a  la  Sala  casar  el  fallo  impugnado,  y  en su reemplazo proferir  sentencia   absolutoria  en  favor  de  FABIO  GERMÁN  PORTILLO. Subsidiariamente demanda que se modifique la  dosificación  punitiva  en  atención  a  que  su  representado  compareció al  proceso,   lo   cual  constituye  una  circunstancia  genérica  de  atenuación  punitiva.   

CONCEPTO  DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

El  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal sugiere a la Corte desestimar las demandas y, como consecuencia  de ello, no casar el fallo impugnado, por las siguientes razones:   

         

Comienza  por  plantear  que  en Los libelos  presentados  a nombre de ABELARDO BERMÚDEZ  y  JOSÉ ALFARO  se  postulan  varios  cargos  (cuatro  censuras  la primera y cinco reproches la  segunda)  al  amparo  de  la  misma causal de casación, sin que se evidencie un  criterio  de  selección y sin que se interconecten para derruir cada uno de los  fundamentos  probatorios  del  fallo,  habida cuenta que las censuras formuladas  aisladamente  carecen  de  aptitud  para  desvirtuar la presunción de acierto y  legalidad  de  la  sentencia  atacada,  se  tornan  intrascendentes, y por ello,  debieron  ser  propuestas  de  manera  conjunta  para  que no quedaran elementos  probatorios   sin   censura,   capaces   de  cimentar  las  conclusiones  de  la  providencia.   

          Indica  entonces el Delegado, que en las mencionadas demandas debió  optarse  por  integrar  las varias censuras en una sola, pues al ser presentadas  por  separado  pierden  su fuerza y dejan sin tacha otros medios de prueba sobre  los que se sustenta el fallo impugnado.   

         Precisa  que  la  referida  proposición  conjunta  de  los cargos no opera cuando respecto de un mismo medio de prueba se  proponen  errores  que  son  excluyentes,  como  por ejemplo, error de hecho por  falso  juicio  de  existencia  y  error de derecho por falso juicio de legalidad  respecto del mismo medio de prueba.   

          Acerca  de la tercera demanda considera que la presentación es más  adecuada,  en  cuanto  articula los reproches bajo la égida de una sola censura  dirigida a reprobar el juicio de responsabilidad del procesado.   

Advierte el Delegado que las fallas técnicas  destacadas   serían   suficientes   para  que  las  dos  primeras  demandas  no  prosperaran  de  acuerdo  al principio de limitación que rige la competencia de  la  Corte  en  este trámite, pero que además, se advierte la sin razón de los  censores, como a continuación lo expone.   

1.             Demanda   a   nombre  de  ABELARDO BERMÚDEZ RAMÍREZ:   

1.1.         Respecto del primer cargo:   

          El  Delegado  expresa  que  el  cargo  no  se  ajusta  a la realidad  procesal  ni  a  la  técnica  casacional,  pues  el  tiempo  de  duración  del  desplazamiento  entre  el sitio de los hechos y la estación de policía sí fue  valorado,  dado  que el tema también fue postulado por el censor al impugnar el  fallo  de  primer  grado,  y  que por ello, al mismo se refirió el ad  quem, desde luego con una apreciación  diversa  a la del censor, motivo por el cual no se estructura el falso juicio de  existencia denunciado.   

          Además  destaca, que también en la sentencia impugnada se apreció  el  libro  de  minuta  de  la  guardia en la estación de policía, sólo que el  ad  quem  estimó que no era  confiable  dadas  las  inconsistencias  que  presentaba, circunstancia adicional  para dejar sin soporte la censura formulada.   

          En   punto  de  la  declaración  de  Fido  Alberto  Castillo  Moreno y de los testimonios de cargo  sobre  la  hora  en  que  ocurrieron  los  sucesos, el Delegado expone que estos  últimos  no  fueron  omitidos,  como  que a la postre sirvieron de soporte para  edificar  el  fallo  de  condena, y sobre el testimonio del primero aduce que el  reproche  del  casacionista  no  se  orienta  a  reprochar  la  omisión  de los  falladores  en  su  apreciación, sino a censurar la valoración de tal medio de  prueba,  caso  en  el  cual  le correspondía postular y desarrollar el error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad como consecuencia de la vulneración de  “los  parámetros  de  la  sana  crítica, entre los  cuales  se  cuenta  la  lógica,  o  las leyes de la ciencia física”  a  fin de demostrar que por las circunstancias que rodearon los  hechos  era  imposible que hubiera arribado a la hora específica de entregar el  turno.   

          Por  ello  señala  el Ministerio Público que el demandante enfiló  de  manera  errada  su  protesta al elegir el error de hecho por falso juicio de  existencia,   que   apunta   a   problemas   de   corporeidad   del   medio   de  convicción.   

          Y  agrega  que  tampoco  el  demandante  señala  el  sentido  de la  violación  normativa,  en  cuanto  se limita a citar disposiciones legales, sin  brindar razones para conocer su pretensión en forma certera.   

          Por  lo  anotado,  el  Delegado  considera  que  el  cargo  no  debe  prosperar.   

1.2. Respecto del segundo cargo:  

          El  Procurador  Delegado  expone  que  contrario a lo anotado por el  casacionista,  la  prueba  no fue tergiversada, pues en ningún aparte del fallo  atacado  se  dice  que el declarante sindicó a los procesados de ser autores de  los  delitos,  sino  que  percibió  temor  en  los heridos hacia los agentes de  policía  que  lo  acompañaban  en  la  entrevista, con lo que no se agregó ni  cercenó el contenido material de la prueba.   

          También  indica  que  en esta censura el actor no sólo se limita a  relacionar  disposiciones  que  estima  violadas, sino que, además, las citadas  son  disposiciones  procesales  y  no  sustanciales  como  lo requiere la causal  seleccionada.   

En  consecuencia,  estima el Delegado que el  cargo no debe prosperar.   

     

1. Respecto del tercer cargo:     

Manifiesta  el  Ministerio  Público, que no  asiste  razón  al demandante, pues el indicio de manifestaciones posteriores al  delito  al  que  se  refiere  no  compromete  a  su asistido, en atención a que  “en  ninguno de los dos fallos de instancia se le da  a  la  prueba  testimonial  que soporta el hecho indicador, el alcance desfasado  que  pregona  el libelista”, esto es, no se extendió  por   tergiversación   el   alcance   del   hecho   indicador   a  ABELARDO  BERMÚDEZ,  como  erradamente lo  entiende  el  actor,  pues  al dimensionar en su justa medida las sentencias, se  tiene      que     a     partir     del     hecho     indicante     –ofrecimiento   de   dinero   a   los  declarantes  para  faltar  a  la verdad- se dedujo el indicio de manifestaciones  posteriores         únicamente         respecto         de         PORTILLO        y       ALFARO.   

          Destaca  que  contra  BERMÚDEZ  pesan  otros elementos de convicción, no este, que lo señalan de  manera incuestionable como coautor de los delitos investigados.   

          En  punto  de  las  normas  infringidas,  el Delegado señala que el  actor incurre en los mismos yerros anotados anteriormente.   

     

1. Respecto del cuarto cargo:     

El  Delegado  manifiesta  que  el  censor no  precisa  cuál fue la tergiversación objetiva a la que alude en su libelo, pues  se  limita  a  exponer  su personal visión sobre las pruebas, para concluir que  “la  misión”  a  la que  hacen  referencia  los  testigos no era la de acabar con la vida de Gelpud,    Guerrero    y    Quiroz.   

          Adicionalmente,  indica  que una vez más el casacionista no señala  el  sentido  de  la  violación  de las normas que simplemente menciona, tampoco  demuestra   su   quebranto   como   corresponde,   y  que  lo  único  que  hace  “al  amparo  de que se ha distorsionado la prueba es  exponer   su   punto  de  vista  en  torno  a  dichas  declaraciones”  en  postura  que  no  se  corresponde  con  la  clase  de error  alegado.   

          Entonces  considera  el  Ministerio  Público  que  el cargo no debe  prosperar.   

          Finalmente     advierte    el    Delegado,    que    “aún  en sumatoria todos los cargos propuestos en forma inconexa, no  comprenden  la  totalidad de los medios de convicción en que se basó el juicio  de   responsabilidad   en  contra  del  procesado,  aspecto  que  de  suyo  hace  intrascendente el libelo”.   

2.             Demanda   a   nombre  de  JOSÉ ALFARO:   

     

1. Respecto del primer cargo:     

          El  Ministerio  Público comienza por señalar que en ningún aparte  de  los fallos se menciona el reconocimiento en fila de personas durante el cual  Alberto Guerrero reconoció a  JOSÉ  ALFARO, y tanto menos  al  valor  probatorio  de tal prueba, circunstancia que demuestra desatino en el  actor  al  postular  el  falso  juicio  de  identidad  por distorsión del medio  probatorio,  caso  en  el  cual  le  correspondía invocar el error de hecho por  falso juicio de existencia por omisión.   

          En     punto    de    la    individualización    de    ALFARO   por   parte   de   Guerrero,  que según lo señala el actor,  compromete  a  una  persona  distinta con el mismo nombre y apellido inicial, el  Delegado  manifiesta  que la identidad del procesado se encuentra acreditada con  otros  medios  de  prueba  y  que  el  demandante  no demostró la existencia de  tergiversación  de  la prueba por parte de los falladores, circunstancia que no  afecta la presunción de acierto y legalidad del fallo atacado.   

          Adicionalmente,  el  Ministerio  Público señala que las normas que  el   impugnante   cita   como   violentadas  son  de  carácter  procesal  y  no  sustancial.   

     

1. Respecto del segundo cargo:     

          Estima   el   Delegado  que  no  se  advierte  de  qué  manera  las  declaraciones    de    Armando   Burbano  y  Zoilo Erazo,  que  sirvieron  de fundamento para proferir el fallo de condena en la medida que  permitieron  demostrar  el  indicio  de  móvil  para delinquir en contra de los  procesados,    incluido    JOSÉ   ALFARO,  resultan viciadas en su legalidad en cuanto fueron practicadas en  el  juicio que se adelantó por el homicidio de Abraham  Trujillo  y  por el cual finalmente se absolvió a los  procesados,  pues con ocasión de la acumulación de los juicios, las pruebas de  uno   de  ellos  se  entienden  incorporadas  al  otro,  y  conforman  una  sola  actuación,  como  que  es  ese  el  fin  práctico del instituto previsto en el  artículo 91 del derogado estatuto procesal penal.   

Además  señala, que los sujetos procesales  tuvieron  la  oportunidad de debatir las pruebas en la actuación adelantada por  la    muerte    de    Abraham   Trujillo,  e  inclusive  con  posterioridad  a  su  acumulación  a la causa  surtida    por    los    delitos   de   homicidio   agravado   en   Guillermo  Gelpud y tentativa de homicidio  en  José  Alberto Guerrero y  Alvaro  Quiroz, circunstancia  que  evidencia que no se quebrantó el derecho al debido proceso de JOSÉ  ALFARO  que  sin éxito denuncia el  demandante.   

          Señala  que el casacionista omite indicar las disposiciones legales  de  carácter  procedimental  que fueron violadas en la aducción o práctica de  las  mencionadas  pruebas,  “sencillamente porque la  consideración  de  las  pruebas  por  virtud  del  fenómeno de la acumulación  procesal,   no   quebranta   ningún   rito   ni   imperativo  legal”.   

          También     indica     que     configura     un     “verdadero   desgaire”  que  el  defensor  proclame  que  las  prueba  que  sirvieron  para  absolver a su defendido por la  muerte  de  Abraham Trujillo,  sean  tenidas  en  cuenta  para  absolverlo  de  los  delitos  por los que se le  condenó,  pues  uno  y  otro  evento,  aunque  similares,  son  sustancialmente  diversos  y  se  apoyan  en  elementos de prueba diferentes, al punto que en los  fallos   de  instancia,  en  especial  en  el  de  primer  grado  se  consideró  “que  la  suficiencia probatoria exigida por el art.  247  del  C.P.P.,  se concretó respecto del homicidio de Gelpud y el intento de  lo  mismo  en  Guerrero  y  Quiroz,  mas  no  así  en relación al homicidio de  Trujillo,   por   el   cual   fueron   absueltos   dada   la   duda   probatoria  verificada”.   

          En  consecuencia,  considera  el  Delegado  que  el  cargo carece de  asidero  y  que  además,  el  impugnante  citó  disposiciones que no tienen el  carácter  de  sustanciales,  todo  lo  cual  determina  la  improsperidad de la  censura.      

1. Respecto del tercer cargo:     

          Expresa  el  Delegado que en este reproche el demandante simplemente  enuncia  el  error  y  cita  apartes  de  los  testimonios  mencionados, pero no  concreta  en dónde se encuentra su tergiversación o distorsión, circunstancia  que hace improcedente el cargo.   

     

1. Respecto del cuarto cargo:     

          Aquí  el  Ministerio  Público  indica que el actor “entra  en una confusión total”, pues con  la  postulación  de  un  error  de  derecho  por  falso  juicio  de convicción  desarrolla  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia en ostensible  contrariedad  de  las  reglas  técnicas  que  señalan diversidades entre uno y  otro,  con  lo  que  incurre en falta de claridad que deriva la imposibilidad de  prosperidad de la tacha.   

Igualmente aduce que el error de derecho por  falso  juicio  de  convicción,  salvo  casos excepcionales, ha desaparecido del  ámbito  casacional,  dado  que por regla general no hay sistema de tarifa legal  en la apreciación de los medios de prueba.   

2.5.          Quinto  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre  la  declaración del Juez Ricardo  Chávez   

          El  Delegado  se remite a las consideraciones que presentó respecto  del   cargo   segundo   de   la  demanda  de  ABELARDO  BERMÚDEZ,  que  ya fueron anotadas, para concluir que  el  cargo  no  debe  prosperar porque no se evidencia tergiversación alguna del  mencionado  medio  de prueba, además de que nuevamente las normas que el censor  invoca como conculcadas son de raigambre procesal y no sustancial.   

Finalmente   el   Delegado   concluye  que  “independientemente  de  la  procedibilidad  de  los  reproches  vistos  en  forma  aislada,  lo  cierto  es  que  el actor omitió la  obligación  de  comprender  en su crítica la totalidad de los medios de prueba  que  soportaron,  en  las  sentencias de instancia, la responsabilidad penal del  inculpado;  lo que se erige, dicho sea de paso, en suficiente razón para que se  predique       la       inviabilidad       de       la      réplica”.   

3.             Demanda   a   nombre  de  FABIO GERMÁN PORTILLO:   

     

1. Respecto del primer cargo:     

Expone el Delegado que si bien en el acta de  levantamiento    del    cadáver    y    en   la   necropsia   de   Gelpud,  y  en  las historias clínicas de  los  ofendidos “no se constata las lesiones a las que  refirieron  las  víctimas”,  lo  cierto  es  que de  conformidad  con  la  técnica de casación no se incurrió en un error de hecho  por  falso juicio de existencia respecto de las mencionadas pruebas, dado que al  observar  los  fallos  con  cuidado,  en  especial  el  de primera instancia que  integra  una  unidad  con  el de segundo grado, se puede concluir que sí fueron  valorados  tales  medios de prueba al inferir la materialidad de los delitos por  los  que se condenó a los procesados; luego si no se hizo abstracción total de  los  referidos  medios  probatorios,  no  se configura el error postulado por el  censor.   

          En  punto  del  error de hecho por falso juicio de existencia que el  demandante   señala   respecto   de   la  declaración  del  Juez  Ricardo  Chávez  Zambrano,  el Ministerio  Público  expone  que aquél incurrió en contradicción, pues luego de formular  la  censura señala que el Tribunal “lo utilizó sí,  es  cierto,  pero  desde otro ángulo…”, con lo que  pone  de  presente  que  la  prueba  no  fue  ignorada,  luego  no  incurrió el  ad   quem   en   el  yerro  denunciado.   

          Respecto  del  error  por  falso  juicio de existencia que el censor  hace   recaer   en   las   pruebas   que   acreditan  el  estado  de  embriaguez  consuetudinario  de  los  ofendidos, capaz de perturbar el reconocimiento de los  implicados,  el  Delegado  manifiesta  que  el  reproche es intrascendente, pues  además  de la sindicación de los enjuiciados por parte de las víctimas, obran  otros  elementos de prueba que también los señalan; además de que el referido  estado  no  conduce a dar por establecido “el impacto  sobre  sus  facultades  de  percepción”,  tema  que  debió    ser    debatidos    en   las   oportunidades   establecidas   en   las  instancias.   

          En consecuencia estima, que el cargo no debe prosperar.   

     

1. Respecto del segundo cargo:     

          Sobre  esta  censura  el  Delegado  se  remite a las consideraciones  planteadas   en   los   cargos   segundo   de   la   demanda   de   ABELARDO  BERMÚDEZ y quinto del libelo de  JOSÉ ALFARO.   

Agrega  que  como  el  censor señala que el  declarante  no  se  entrevistó  realmente  con  José  Guerrero  basado  en  que  las heridas descritas en el  testimonio  son  diversas  de  las  anotadas  en  la  historia  clínica  de  la  mencionada  víctima, el Ministerio Público dice que el yerro es intrascendente  pues  en  todo  caso  el  temor  que  el  Juez  percibió  en  el otro ofendido,  Alvaro  Quiroz,  soporta  la  valoración    que   de   tal   circunstancia   se   adelantó   en   el   fallo  impugnado.   

          Además  indica que el supuesto yerro “es  intrascendente,  pues en todo caso la percepción del temor que se sintió hacia  la  presencia  de  uno de los uniformados que habría participado en los hechos,  se  pudo  detectar  por  el otro ofendido que también se hallaba presente en el  lugar:  Alvaro  Quiroz,  respecto de quien nada dijo el casacionista”.   

Destaca el Delegado que bien pudo ocurrir que  el  funcionario  hubiera  simplemente  errado en la descripción de las heridas,  pues  otras circunstancias lo llevaron a asegurar que se trataba de José   Guerrero,  luego  la  credibilidad  otorgada a la declaración no fue producto de su distorsión.   

          Acerca  de  la  valoración  del  libro  de  minuta de guardia en la  estación  de  policía  de  Mocoa,  el  Delegado se remite a los planteamientos  presentados    en   el   cargo   primero   de   la   demanda   de   ABELARDO   BERMÚDEZ,  en  el  sentido  de  destacar  que  tal  medio  de  prueba  sí  fue  apreciado,  pero los falladores  consideraron  que  no era fiable, circunstancia que deja sin sustento la censura  por  falso  juicio de existencia por omisión que postula el casacionista.    

          En  punto  del  falso juicio de identidad que el actor señala sobre  la   apreciación   de   los   testimonios   de  Zoilo  Erazo,       Henry  Burbano     y     Mario  Meneses,   que  dan  cuenta  de  una  “misión”  de  los agentes de policía en  la  noche  de los hechos y que fue asumida como indicio de móvil, el Ministerio  Público  manifiesta  que  el demandante no acredita tergiversación alguna y en  el  desarrollo de la censura se limita a destacar su criterio personal sobre las  mencionadas  pruebas,  además,  no  tiene  en cuenta que el hecho indicador del  indicio  señalado fue valorado con los restantes medios de convicción obrantes  en el proceso.   

          Por   consiguiente,   estima   que   el  cargo  no  debe  prosperar.   

     

1. Respecto del tercer cargo:     

          El  Delegado  señala  que contrario a lo expuesto por el censor, la  delación    de    ABELARDO    BERMÚDEZ  sobre los autores de los delitos investigados en la que excluyó a  FABIO  PORTILLO, la carta que  el  primero  le envío a este haciendo alusión a su inocencia, y lo expuesto en  la  audiencia  pública  por  aquel, fueron elementos probatorios que sí fueron  valorados   en   el   fallo  de  primer  grado  y  que  sirvieron  para  deducir  responsabilidad  a  ALFARO y a  CASTRO,    no   así   a  PORTILLO,  de donde concluye  que  no  se presentó el falso juicio de existencia por omisión, y que además,  los  referidos medios de prueba fueron valorados precisamente en la forma que lo  solicita    el   actor,   razones   por   las   cuales   el   cargo   no   puede  prosperar.   

         Adicionalmente,  el  Ministerio  Público  expresa que la petición  del  defensor  orientada  a que se revise la dosificación de la pena impuesta a  su  asistido  por  la  presencia  de  una circunstancia genérica de atenuación  punitiva  es  presentada  por  fuera  del marco técnico de la casación, lo que  hace  improcedente  su  estudio,  pero  que  además,  no  se  compadece  con la  benignidad  de  la  pena  impuesta,  como  lo  destacó  el Tribunal en el fallo  atacado.   

         Para  culminar  expone  que si bien el actor atacó el fallo sin el  planteamiento  de cargos aislados como lo hicieron sus antecesores, lo cierto es  que  no reprochó todos los soportes probatorios de la decisión, y por ello, su  propuesta es inane.   

Con  base  en  lo  expuesto,  el  Procurador  Segundo  Delegado  para  la  Casación  Penal  sugiere a la Corte desestimar las  demandas y, como consecuencia de ello, no casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          En  atención  a  que los impugnantes plantean en la enunciación de  sus  censuras  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial la presencia de  errores  de  hecho  por  falsos  juicios de existencia por omisión de pruebas y  falsos  juicios  de identidad, así como de yerros de derecho por falsos juicios  de  convicción  y  de  legalidad,  obligado se impone recordar en qué consiste  cada  uno  de  estos  errores y en qué forma deben ser alegados y fundamentados  para que la propuesta casacional tenga vocación de éxito.   

Pues  bien,  en  relación  con el error de  hecho  por  falso  juicio  de  existencia,  tiene  dicho la Sala que se presenta  cuando  una  prueba  no  es  apreciada  de  ninguna manera, pese a figurar en la  actuación,  esto  es,  que  se  estructura  la  providencia  judicial con total  marginación  de  un  medio  probatorio  válidamente  practicado  o  aducido al  proceso,  que  resulta  trascendente  en  el sentido de la decisión; por tanto,  cuando  se  invoca esta clase de censura al demandante le corresponde indicar el  medio  no  valorado,  cuál  es  la  información que objetivamente brinda, qué  mérito  demostrativo  debe  serle asignado, y cómo su estimación conjunta con  el  resto  de  elementos  que integran el acervo probatorio conduce a trastrocar  las conclusiones del fallo censurado.   

A su vez, el error de hecho por falso juicio  de  identidad  tiene  lugar  cuando el juzgador al considerar el medio de prueba  tergiversa  su  contenido  cercenándolo, o adicionándolo, o distorsionándolo,  caso  en el cual compete al actor, mediante el cotejo objetivo de lo dicho en el  medio  probatorio y lo asumido en el fallo, expresar sin ambages qué aparte fue  omitido  o  añadido a la prueba, qué efectos se produjeron a partir de ello, y  lo  más  importante,  cuál es la trascendencia del yerro en la declaración de  justicia  contenida  en la parte resolutiva de la sentencia atacada, tópico que  no   puede  ser  demostrado  con  la  exposición  subjetiva  del  criterio  del  impugnante  acerca  del  valor  que  corresponde  al  medio de prueba que estima  tergiversado,  pues  menester  resulta  que  materialmente acredite que el error  condujo  a  la  falta  de  aplicación  o  a  la  aplicación indebida de la ley  sustancial  en  el fallo, esto es, que corregido el yerro, la prueba debidamente  valorada  en  conjunto  con las demás modifica sustancialmente el sentido de la  decisión reprochada.   

Se  incurre  en  error de derecho por falso  juicio   de   convicción   cuando  existiendo  tarifa  legal  en  punto  de  la  apreciación  de las pruebas, se niega al medio demostrativo el valor que la ley  le  ha conferido o se le otorga un mérito diferente al atribuido legalmente. En  atención  a  que  en  el estatuto procesal penal no se conserva este método de  apreciación  probatoria,  en  principio la denuncia de ésta clase de yerros no  tiene cabida en sede de casación.   

Hay presencia de error de derecho por falso  juicio   de   legalidad   cuando  se  quebranta  el  conjunto  de  requisitos  y  formalidades  previstas  en  la ley para la formación, validez y eficacia de la  prueba  que  integra  lo  que  la  jurisprudencia  ha  denominado debido proceso  probatorio1,  por  tanto,  se  refiere  a  la  validez y consecuente existencia  jurídica  del  medio  de prueba, que no equivale a su existencia material, y se  manifiesta  a  través  de  dos posibilidades: La primera, cuando el funcionario  judicial  al  apreciar  la  prueba  la  tiene  como válida en cuanto estima que  satisface  los requisitos formales para su producción, sin que en realidad ello  sea  así;  la segunda, cuando el fallador niega la validez del medio probatorio  por  asumir  erradamente  que no reúne las exigencias legales en su práctica o  aducción,   pese   a   que   en   verdad   estas   se   encuentran   cabalmente  cumplidas.   

          En  el  primer  caso  compete  al  censor  indicar  con precisión y  nitidez  por  qué  la  prueba  valorada  por el funcionario judicial es ilegal,  cuáles  son  las  normas  que  rigen  su  práctica o aducción, de qué manera  resultaron  violadas  y  cómo  la  apreciación  del  medio demostrativo ilegal  condujo  a  conclusiones  equívocas  y determinantes en el fallo. En la segunda  situación  el  casacionista debe demostrar que la prueba tenida como ilegal por  el  juez,  se  ajusta  a  las  disposiciones  legales que la rigen, y que al ser  entonces  apreciada  como  válida,  el  sentido  del  fallo  es sustancialmente  diverso2.   

          Precisado  lo  anterior,  procede la Sala a analizar cada uno de los  cargos propuestos en las demandas presentadas, así:   

1.             Demanda   a   nombre  de  ABELARDO BERMÚDEZ RAMÍREZ:   

1.1.          Primer cargo: Falso juicio de existencia  que  recayó  sobre  el  testimonio  de  Fido Alberto  Castillo y otras pruebas.   

Como acertadamente lo señaló el Delegado,  no  es  cierto  que  en  el  fallo atacado se hubiera omitido la valoración del  tiempo   que   duraba   el  traslado  del  sitio  donde  sucedieron  los  hechos  investigados  a  la  estación de policía de Mocoa, pues en el fallo de segundo  grado sobre el tema se anotó:   

“Un  aspecto  final  al  que  debe  hacerse  referencia, es al tiempo, analizado por el señor  defensor  de  BERMUDEZ  RAMIREZ,  cuando  trata  de establecer que éste no pudo  trasladarse  hasta  el  lugar  de  los  hechos  en  los  8  minutos establecidos  pericialmente.-  En primer lugar, debe decirse que la experiencia enseña que, a  no  ser  que  alguno  o  algunos  de los protagonistas de este tipo de dramas se  encuentre  pendiente  de la hora exacta en que sucede cada una de las secuencias  (lo  que  en  verdad  nunca  sucede), el tiempo es variable y su establecimiento  depende  de  múltiples  factores,  generalmente de pura referencia.- Por eso la  exactitud  que  en  no  pocos  se  quiere  exigir, no puede constituirse en duda  probatoria,  ano  ser, naturalmente, que se trate de considerables lapsos que no  encuentren explicación”.   

Igualmente advierte la Sala que en punto de  la    declaración   de   Fido   Adalberto   Castillo  Moreno  y  del  libro  de  minuta  de la guardia de la  estación  de  policía,  pruebas  a  través de las cuales el defensor pretende  acreditar  que a las siete de la noche del 26 de agosto de 1998 asumió el turno  el   agente  ABELARDO  BERMÚDEZ  RAMÍREZ  y  que  a  la  una  de la mañana del día siguiente lo entregó a  Castillo  Moreno, nuevamente  el  fallo  deja sin piso la censura por falso juicio de existencia por omisión,  pues en tal decisión se expuso:   

“…el libro que  se  lleva  en  la  guardia  indica  que  por  lo menos uno de los agentes estaba  encargado  de  esas  funciones;  pero  si  en  cuenta se tiene que la misión se  encontraba  en  pleno  desarrollo,  qué  vulnerable  se  torna  ese libro; qué  confianza  en  él  se  puede  depositar  cuando  es  el  propio agente que dice  entregó  el  turno  a  la  una  de  la  mañana  se  equivocó  en  seis horas,  equivocación  que no tiene otra explicación sino que es fruto de la precipitud  en  llenarlo para cubrirse las espaldas. Si equivocaciones de ese tamaño pueden  quedar  constando  por  escrito,  ese libro no puede ser tomado como la última,  definitiva e incontrovertible verdad”.   

Como  fácil puede advertirse, no es cierto  que  los  medios  de  prueba  señalados por el censor hayan sido omitidos en su  contenido  material,  sino  que por el contrario, el ad  quem  al  apreciarlos  estimó  que  no  le  ofrecían  credibilidad  y  por  tanto  los  descartó  razonadamente como fundamento de su  decisión,   circunstancia   que   denota   la   ausencia   del   yerro  que  se  postula.   

          Ahora  bien,  si  lo  que  se  reprocha  es  la  valoración  de las  referidas  pruebas  por  parte  de los falladores, correspondía al casacionista  plantear  y  desarrollar  el  cargo  por  error  de  hecho  por  falso juicio de  identidad,   asumiendo   naturalmente,   las   obligaciones   derivadas  de  tal  censura.   

          Adicional  a  lo  expuesto, en cuanto atañe a que si los agentes de  policía   que   abordaron   a  las  víctimas  estaban  de  civil  BERMUDEZ no intervino en el suceso pues al  estar  prestado  guardia tenía que vestir el uniforme de la institución, baste  señalar  que se trata de una conclusión que no consulta la falta de fiabilidad  que  el  ad  quem predicó de  las  pruebas  atrás  mencionadas sobre tal tópico, y que adicionalmente carece  de  trascendencia,  como que al procesado no se le condenó por vestir de civil,  sino  porque  contra él se formularon sindicaciones directas de las víctimas y  de   otros   testigos   sobre   su   activa   intervención   en   los   delitos  investigados.   

          En  efecto, como lo destaca el Ministerio Público, olvida el censor  que  obran  en  la  actuación  otros  medios  de  prueba que señalan de manera  incuestionable    la    coautoría    de    ABELARDO  BERMÚDEZ  en  la comisión de los comportamientos por  los  que  se  le  condenó,  tales  como  las  declaraciones  de  las  víctimas  José Guerrero y Alvaro  Quiroz,  así como los testimonios  de Zoilo Erazo, Henry Burbano  y   Mario   Meneses,   que  sirvieron  a los falladores de primero y segundo grado para edificar el fallo de  condena.   

          Es  oportuno precisar que en punto de la técnica casacional, no hay  lugar  a  falsos  juicio  de existencia sobre fragmentos de las pruebas, como al  parecer  erradamente lo asume el impugnante, pues cuando se suprime o cercena un  aparte  del  medio  probatorio,  se  da lugar al falso juicio de identidad, cuya  naturaleza, postulación y acreditación son diversas.   

Ahora  bien, respecto de la declaración de  Fido    Adalberto    Castillo    Moreno,  quien  se desempeñaba como Comandante de Guardia de la Estación  de  Policía de Mocoa, pronto se evidencia que la censura del casacionista no se  orienta  a  demostrar la pretermisión de tal prueba, sino a conseguir que se le  otorgue  el  valor  que él estima pertinente en su personal visión del asunto,  proceder   que  no  es  de  recibo  en  esta  impugnación  extraordinaria  como  inicialmente se destacó.   

          Acerca  de  las normas que el censor estima violadas (artículos 19,  20,  21,  22,  26  y  323 del anterior estatuto penal, y 247, 248, 249 y 254 del  Decreto  2700  de  1991),  se  tiene  que  las primeras, siendo sustanciales, no  precisa  el  sentido  de  la  violación, por falta de aplicación o aplicación  indebida  y tampoco demuestra que fueron conculcadas. Acerca de las segundas, si  bien   se  ha  reconocido  que  el  artículo  247  pese  a  encontrarse  en  un  ordenamiento  procesal tiene carácter sustancial, una vez más el demandante no  acredita el sentido y forma de su quebranto.   

Como  el  referido  artículo  248  es  de  raigambre  procesal,  y  también lo era el artículo 249 del mismo ordenamiento  según       lo      estimaba      la      Sala3  para  la  época  en  que  se  presentó  la  demanda,  olvida el actor que según el numeral 1º del artículo  220  de  la  anterior legislación procesal (numeral 1º del artículo 207 de la  Ley  600  de  2000),  la casación procede “cuando la  sentencia   sea  violatoria  de  una  norma  de  derecho  sustancial”,  cuya  cita  resulta  imprescindible (numeral 3º del artículo  225   de  la  legislación  derogada,  numeral  3º  del  artículo  212  de  la  normatividad  procesal  de  2000),  y  por tanto, tales preceptos no constituyen  punto  de  referencia  para  estructurar el cargo por violación indirecta de la  ley sustancial.   

Al  señalar  el  defensor  como violado el  artículo  254  de  la  derogada  legislación  procesal,  que  se  refiere a la  apreciación  de  las  pruebas,  ingresa indebidamente en el discurso propio del  error  de  hecho por falso raciocinio por quebranto de las reglas de la ciencia,  la lógica y la experiencia, que no invoca ni desarrolla.   

          El cargo no prospera.   

1.2.   Segundo  cargo:  Falso  juicio  de  identidad   que   recayó   sobre   la   declaración   del   Juez  Ricardo Chávez.   

          En  relación con este reproche, pronto advierte la Sala que si bien  el  demandante  señala  que  el  ad  quem   tergiversó   lo  expuesto  por  el  mencionado  testigo,  en  el  desarrollo  del cargo no procede a identificar los apartes que fueron cercenados  o  suprimidos,  y  en  lugar  de ello dirige su esfuerzo a presentar su personal  valoración  del  medio  de  prueba, circunstancia que evidencia quebranto de la  técnica casacional.   

Adicional  a lo anterior, se observa que la  censura  no resulta consonante con lo expuesto en el fallo atacado, pues en este  no  hay  tergiversación  por  adición  o  cercenamiento  de  lo  dicho  por el  funcionario  de  instrucción  criminal,  por  el  contrario,  sus  palabras son  tenidas  en cuenta en su justa dimensión, esto es, que al tener conocimiento de  los  sucesos  se  dirigió  en  compañía  de  algunos  agentes  de policía al  hospital  de  Mocoa  para  escuchar  a  las  víctimas,  las cuales, al notar la  presencia  de  ALVARO CASTRO,  le  dijeron  que  no  podían hablar porque las mataban y simplemente señalaron  que   los   agresores   eran   agentes   de   la  policía  y  del  DAS.   

          Reitérese  que  en  la  sentencia  impugnada  no  se  dice, como lo  señala  el actor, que el referido declarante hubiera sindicado a los procesados  como  los  autores de los hechos investigados, sino simplemente pone de presente  que  fueron  agentes de policía quienes cometieron los delitos, sin que se haga  señalamiento  particular  a alguno de ellos, tanto menos a quienes luego fueron  vinculados a la actuación y finalmente se les condenó.   

Además,  tampoco en la decisión impugnada  se  expresa  que  por  el  temor  que percibió el Juez en las víctimas pudiera  concluirse   que   los  procesados  cometieron  los  delitos,  simplemente,  tal  observación   valorada   en   conjunto   con  otras  pruebas,  tales  como  las  declaraciones  de  las  víctimas  y  de testigos directos del desarrollo de los  sucesos,  confirmó que en efecto, fueron agentes de policía los que dispararon  contra  los  ofendidos,  y  además se consiguió establecer cuáles miembros de  tal   institución   participaron   en   los   desafueros   que  motivaron  este  proceso.   

          Así  pues,  en el fallo de segundo grado en punto de la valoración  del  testimonio  del  Juez  Ricardo Chávez se anotó:   

“… desde ese  momento   (cuando   el   funcionario   judicial   se  entrevistó  al  otro  día  de  los  sucesos  con  los  ofendidos,  se  aclara)  ya  quedó  claro  que  quienes  habían cometido los  atentados,  eran  agentes  de  policía y, algo más importante, que no querían  hablar  más  (las víctimas, se precisa),  por  el temor que les infundía la sola presencia de los propios  autores  de  los  delitos,  manifestación  que  la  recibió de primera mano el  funcionario  investigador  y  así  la  transmitió  posteriormente a los nuevos  instructores.-  El  hecho  de  tratarse  de  una  declaración  rendida en tales  circunstancias,     desde    luego    que    posee    una    gran    dosis    de  credibilidad”.   

          En  consecuencia,  si la prueba no fue distorsionada, no hay lugar a  que el cargo por falso juicio de identidad prospere.   

Debe agregarse que al igual que en el cargo  anterior,  el  casacionista  simplemente  relaciona  ciertas  disposiciones  que  estima  conculcadas,  sin detenerse a analizar si son de naturaleza sustancial o  instrumental,  sin  señalar el sentido de su quebranto, y sin percatarse que la  violación  del artículo 254 del estatuto procesal penal derogado corresponde a  la formulación del falso raciocinio como atrás se advirtió.   

El cargo no prospera.  

1.3.          Tercer  cargo: Falso juicio de identidad  sobre  las  declaraciones  que  informaron  sobre  el  soborno  propuesto  a los  testigos.   

Considera la Sala que el defensor formula la  censura  sin  verificar  que  lo expuesto por los testigos que informan sobre el  intento   de   FABIO   GERMÁN   PORTILLO  y  JOSÉ ALFARO  de  conseguir  a través de interpuestas personas que los declarantes faltaran a  la  verdad,  lo cual se dedujo en el fallo atacado el indicio de manifestaciones  posteriores  al delito, no se hizo extensivo a ABELARDO  BERMÚDEZ,  todo  lo  cual  evidencia  la  manifiesta  impertinencia y carencia de soporte del reproche.   

Debe  resaltarse  para  mayor  claridad que  ABELARDO  BERMÚDEZ  no  fue  condenado  con  base en el mencionado indicio, ni en las declaraciones sobre los  intentos  de  soborno  a los testigos, sino a partir de las declaraciones de las  víctimas  José  Guerrero y  Alvaro  Quiroz, así como los  testimonios  de Zoilo Erazo, Henry Burbano  y Mario Meneses,  que fundamentaron la sentencia condenatoria proferida.   

También  en  esta  censura  el defensor se  limita  a  citar disposiciones que estima vulneradas, sin indicar el sentido del  quebranto,  la  naturaleza  de  aquellas  y  la  manera  en  que  se  produjo su  violación.   

El cargo no prospera.  

1.4.          Cuarto  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre las declaraciones de Henry Burbano  Rosero     y     Zoilo  Erazo.   

          Como  acertadamente lo destaca el Delegado, en el desarrollo de este  cargo  el  impugnante no se detiene a señalar qué fue adicionado o cercenado a  las  declaraciones que menciona, sino que simple y llanamente dirige su esfuerzo  a  presentar  su  particular visión de los sucesos para concluir, sin más, que  no  existió  la “misión”  de  causar  la  muerte  a ciertas personas como retaliación por la muerte de un  agente de la policía días antes.   

          Adicional   a   lo   expuesto,   el   casacionista   no  señala  la  trascendencia  del  reproche  que  postula,  pues aún si quedase desvirtuada la  existencia   de   la  referida  “misión”,  ello  en  nada  desvirtuaría la responsabilidad del procesado  derivada  de  lo  informado  por  otros  medios  de prueba, en particular, de la  sindicación  directa  de las víctimas, argumento de más para tener la censura  como impróspera.   

          Acerca   de   las   normas   citadas   por  el  censor,  valgan  las  observaciones  formuladas  por  la Sala en el análisis de los cargos anteriores  sobre el particular.   

          El cargo no prospera.   

          Por  las  razones  anotadas,  adicional  a las falencias de técnica  destacadas,  se  advierte sin dificultad que carecen de razón y de sustento los  argumentos  del  censor  como  para  desvirtuar  la  presunción de acierto y de  legalidad  de  que está revestido el fallo, motivo por el cual no es procedente  su casación.   

2.            Demanda   a   nombre  de  JOSÉ ALFARO:   

2.1.          Primer  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre las declaraciones de José Alberto  Guerrero    y    Alvaro  Quiroz.   

          Advierte  la  Sala  que  en  la  postulación  y  desarrollo de este  reproche  el  casacionista no sólo falta a la técnica de  la impugnación  extraordinaria   sino   que,   además,  su  planteamiento  carece  del  soporte  indispensable para su prosperidad.   

En  efecto, el actor no procede, como es su  deber,  a  señalar  de  qué  manera  fue  alterado el contenido material de lo  expuesto  por los declarantes, ya agregando, suprimiendo o tergiversando apartes  de    su   intervención,   sino   que   plantea   sin   éxito   una   indebida  individualización    de    su    representado    que   no   desarrolla   y   no  acredita.   

Obsérvese  que  el  censor  sustenta  su  reproche  en  que  José  Alberto Guerrero   en   el   reconocimiento  en  fila  de  personas  se  refirió  a  JOSÉ ALFARO y a José  Alfaro  Cabrera, pero no precisa si  en  realidad  había  en  Mocoa para la época de los sucesos dos individuos con  nombres  y  apellidos  similares; también el impugnante se refiere a que había  un   agente   de   policía   que   se   parecía  físicamente  a  JOSÉ  ALFARO, al punto que varias personas  asumían  que  era  hermano  suyo;  no  obstante,  tampoco con este argumento el  demandante  procede  a  desarrollar el yerro que postuló, más aún si se trata  de  un  asunto  de  individualización  que  fue  resuelto con la apertura de la  instrucción,  y  que  en  todo  caso  debió  ser  alegado  en  el curso de las  instancias.   

Unido a lo anterior se tiene, que en ninguno  de  los  fallos  se hace referencia al reconocimiento en fila de personas al que  alude  el  actor,  circunstancia  que  denota  dos falencias: la primera, que el  cargo  carece  de  trascendencia,  habida  cuenta  que  no  fue  con base en tal  señalamiento  que  se  condenó  a  ALFARO,  y  entonces,  con  prescindencia  de la apreciación del medio de  prueba   que   se   dice   tergiversado,   la   atribución  de  responsabilidad  permanecería  invariable. La segunda, que si lo reprochado no es la distorsión  de  la  prueba  sino su valoración por parte de los funcionarios judiciales, le  correspondía  acudir  a  los  lineamientos propios del falso raciocinio, con la  obligación  de  demostrar  que  los  falladores  en  la  apreciación del medio  probatorio  quebrantaron  las reglas de la ciencia, la lógica o la experiencia,  labor que tampoco adelantó.   

Es  evidente que el actor pretende con base  en  nimiedades  derruir  la responsabilidad atribuida a su representado por vía  de  plantear  antitécnicamente  una  indebida  individualización, olvidando el  acervo  probatorio  valorado  en  conjunto  que lo señala de manera inequívoca  como  coautor  de los hechos investigados, por ejemplo, con las declaraciones de  los  ofendidos  José Guerrero  y  Alvaro  Quiroz, así como  los    testimonios    de    Zoilo    Erazo,    Henry  Burbano     y     Mario  Meneses,  y  los  intentos de sobornar por interpuesta  persona a los declarantes para que variaran sus testimonios.   

          Finalmente,  en  punto  de  las  normas  que  el  demandante  estima  violadas,  no  se  detiene a verificar su naturaleza sustancial o procesal, ni a  explicar  de qué manera fueron conculcadas, ni si su postulación corresponde a  la  especie  de  yerro que formula. Así por ejemplo, relaciona el artículo 254  de  la  derogada  legislación  penal que por tratarse de la apreciación de las  pruebas,  corresponde  tratar  en  el  desarrollo  del  error de hecho por falso  raciocinio.   

          El cargo no prospera.   

2.2.          Segundo cargo: Falso juicio de legalidad  en    cuanto    a   los   testimonios   de   Armando  Burbano     y    Zoilo  Erazo.   

Si  bien  el actor expone las razones de su  inconformidad,  no  señala  por  qué  las pruebas valoradas por el funcionario  judicial  son  ilegales,  cuáles  son  las  normas  que  rigen  su  práctica o  aducción,  de qué manera resultaron violadas y cómo la apreciación del medio  demostrativo  ilegal  condujo  a  conclusiones  equívocas y determinantes en el  fallo.  En  suma, el censor no atina a señalar de qué manera fue conculcado el  debido   proceso   probatorio   con   la   valoración   de   las   pruebas  que  relaciona.   

Sin  dificultad  advierte  la  Sala  que el  demandante  no tiene en cuenta que el inciso 3º del artículo 95 de la derogada  legislación procesal penal establecía:   

“Efectuada  la  acumulación,     para     todos    los    efectos  legales se entenderá que las diversas actuaciones se  convierten    en    un   solo   proceso” (Subrayas fuera de texto).   

Como puede observarse de la preceptiva de la  norma  transcrita,  si  las  declaraciones  de  Armando  Burbano   y   Zoilo  Erazo  fueron   decretadas   y  practicadas  en  el  proceso  adelantado    por    el    homicidio    de    Abraham  Trujillo,  actuación que fue acumulada en el juicio a  la   causa   adelantada   por  los  sucesos  de  los  que  resultaron  víctimas  José  Alberto  Guerrero,  Guillermo  Gelpud Narvaez y  Alvaro  Samuel  Quiroz, ningún reparo puede formularse  al  fallo  en  punto  de  valorar  lo expuesto por los mencionados testigos para  deducir  responsabilidad  a los procesados, dado que, por mandato legal, una vez  acumuladas    las    causas   integran   “un   solo  proceso”,  circunstancia  que deja sin fundamento el  reproche  del censor, quien equivocadamente y de manera contraria a la razón de  ser  de  la acumulación de juicios sugiere que los testimonios recaudados en el  primer  proceso  no  podían  ser  valorados  en  la  segunda actuación por ser  “inexistentes”.   

          Además,  con  un  planteamiento que quebranta la lógica, el censor  solicita  que  las pruebas tenidas en cuenta para absolver a su defendido por el  homicidio     de     Abraham    Trujillo,  también  sean  apreciadas para absolverlo de los delitos por los  que  se  le condenó, sin percatarse que una y otra situación son esencialmente  diversas  aunque  se  hayan  desarrollado  en  el  mismo municipio y en la misma  noche,  además,  conviene  resaltar que la absolución no se derivó de pruebas  que  acreditaran su inocencia, sino de la aplicación del principio in  dubio  pro reo, dado que no fue posible  eliminar  algunas  dudas  surgidas  respecto  de su intervención en el referido  delito,  las  que  no  emergieron  en  la actuación que culminó con la condena  aquí impugnada.   

          Sobre    el    punto   señaló   el   ad  quem:   

“Es verdad que  en  la  sentencia  se absuelve a los mismos procesados por la muerte violenta de  ABRAHAM  TRUJILLO,  por  cuanto  las  pruebas  que  los  incriminan no tienen la  eficacia  suficiente  que  conduzca  a  la  certeza de la responsabilidad. Se ha  querido  canalizar  esa  situación,  para  decir  que  igual cosa sucede con la  muerte   de   GELPUD   y   las   lesiones   de   GUERRERO  y  QUIROZ”.   

“Nada  más  alejado  de la realidad. Si detenidamente se analizan las dos causas acumuladas,  muy  pronto  se  verá  que,  si bien los dos hechos criminales sucedieron en la  misma  noche,  son diferentes en el tiempo y en las circunstancias. En relación  con  la muerte de TRUJILLO, no existieron sobrevivientes que hubieran sufrido en  carne  propia  el atentado y que, por excelencia, se constituyen en las personas  llamadas  a  trasladar  la  verdad  a  un  proceso penal. Lo que no pasó con el  atentado a GELPUD, GUERRERO y QUIROZ”.   

Adicional  a  lo  anotado,  es  pertinente  resaltar  una  vez más que el censor relaciona disposiciones legales que estima  violadas,  pero  no  precisa si son de índole sustancial o procesal, no señala  el  sentido de su quebranto, ni la forma en que se produjo su lesión, argumento  de más para que el cargo fracase.   

La censura no prospera.  

2.3.          Tercer  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre  las  declaraciones  de Juan José  García,     Fredy     Ramírez    y    Fido Adalberto Castillo.   

En  la presentación de este cargo el actor  se  refiere  indistintamente  a la “distorsión de la  prueba”,  las  “pruebas  aportadas   sin   llenar   los  requisitos  de  Ley  que  son  nulos    (sic)    e   inexistentes   para   el  caso”,  y  a  la  desfiguración del “hecho  en  sus dimensiones objetivas” por  parte  del  Magistrado, todo lo cual evidencia su confusión conceptual, pues si  su  queja  apuntaba  a señalar que los falladores tergiversaron los testimonios  de  Juan  José  García,  Fredy  Ramírez  y  Fido  Adalberto  Castillo  resultaba menester que señalara con nitidez en qué consistió la  distorsión  por  adición  o  supresión de apartes trascendentes de la prueba,  labor  que  no  adelantó  pues  se  limitó  a  transcribir  fragmentos  de las  declaraciones sin hacer acotación específica alguna.   

Ahora  bien,  si  lo  que  reprocha son las  deducciones  de  los  falladores derivadas de los testimonios citados, el camino  que  le  correspondía  transitar  al censor era el del error de hecho por falso  raciocinio, que tampoco postuló y tanto menos desarrolló.   

          Si  lo  pretendido  era  censurar  la  validez  de  las  pruebas, le  correspondía  acudir al error de derecho por falso juicio de legalidad, caso en  el  cual  tenía el deber de explicar por qué las pruebas aludidas son ilegales  y  pese  a ello fueron consideradas por los falladores con efectos trascendentes  en   las  conclusiones  de  la  providencia  impugnada,  actividad  que  tampoco  desarrollo.   

          Debe  resaltarse  que  si  bien  el  impugnante postula el cargo por  falso   juicio   de   identidad   sobre   las   declaraciones   de  Juan    José    García,    Fredy   Ramírez   y   Fido   Adalberto  Castillo,   en   su   desarrollo   se  ocupa  de  las  declaraciones  de  Zoilo Erazo  y   de   Henry  Armando  Burbano  con  lo que quebranta el  principio  de  claridad  y  nitidez  que  debe  presidir  la  demostración  del  cargo.   

          En  suma,  las  ostensibles  fallas de técnica en la postulación y  desarrollo  del  cargo, que lo tornan meramente enunciativo y confuso, así como  la  falta  de  razón  en  los  argumentos  expuestos, unida a la imprecisión y  vaguedad  con  las  que  fueron  relacionadas algunas disposiciones legales como  violadas, imponen el fracaso del reproche.   

El cargo no prospera.  

          2.4.                       Cuarto  cargo:  Falso  juicio de convicción que  recayó  sobre  la  declaración  de  Jaime  Hernando  Viteri.   

Nuevamente   el   censor   incurre   en  protuberantes  yerros  técnicos y deja su reproche ayuno de demostración, pues  comienza  por  postular el error por falso juicio de convicción que corresponde  a  un  yerro de derecho en la técnica casacional, pero acto seguido alude a que  la   declaración   de   Hernando  Viteri  no fue tenida en cuenta, con lo que orienta su discurrir hacia las  directrices  del  error  de hecho por falso juicio de existencia por omisión de  la  prueba,  sin  percatarse  la  diversa  estructura  y  naturaleza  de  uno  y  otro.   

En efecto, el censor olvida que el error de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción  supone tarifa legal en punto de la  apreciación   de  las  pruebas,  y  se  presenta  cuando  es  negado  al  medio  demostrativo  el  valor  que  la  ley  le ha conferido o se le otorga un mérito  diferente  al  atribuido  legalmente,  yerro que en principio no tiene cabida en  sede  de  casación,  dado  que  el estatuto procesal penal no establece sistema  tarifario de apreciación probatoria.   

A  su  vez,  tampoco el demandante tiene en  cuenta  que  el error de hecho por falso juicio de existencia se presenta cuando  una  prueba que aparece en la actuación no es apreciada de ninguna manera, todo  lo  cual quebranta el principio de claridad, nitidez y precisión que exige esta  impugnación extraordinaria.   

          En  relación  con  las normas que el demandante estima conculcadas,  basten  las  mismas  observaciones ofrecidas sobre el particular respecto de los  cargos anteriores del libelo.   

2.5.          Quinto  cargo: Falso juicio de identidad  que  recayó  sobre  la  declaración del Juez Ricardo  Chávez.   

          En  la  formulación y presentación de esta censura el casacionista  incurre    en    los    mismos    dislates    del   defensor   de   ABELARDO  BERMUDEZ  en el segundo cargo de  su  libelo,  a  los  cuales  es  preciso  hacer  remisión,  esto  es, que no se  evidencia  en  el  fallo  tergiversación  por  adición  o  cercenamiento de lo  expuesto  por  el  Juez  de  Instrucción  Criminal,  y  que por el contrario su  exposición  fue  asumida  conforme  a  su relato sobre la visita al hospital de  Mocoa  para  escuchar  a  las víctimas, las cuales le comentaron que no podían  hablar  porque  las  mataban  y  simplemente  señalaron  que los agresores eran  agentes   de   la   policía   y  del  DAS.   

          Se  recalca que en el fallo objeto de impugnación no se dijo que el  mencionado  declarante  hubiera  señalado  a los procesados como los autores de  los  hechos investigados, pues sólo se adujo que informó acerca de que habían  sido agentes de policía quienes cometieron los delitos.   

Debe   agregarse,   que   tampoco  en  la  providencia  atacada  se  anotó  que  el  temor  percibido  por  el Juez en los  ofendidos  permitía  concluir  que  los  procesados  eran  los  autores  de las  conductas  investigadas,  sólo que las observaciones del testigo sirvieron para  que  al valorarlas con otros medios de prueba, tales como los testimonios de los  ofendidos  y  de  los  testigos  de  los  sucesos,  permitieran concluir que los  agentes   de   policía   que   dispararon   contra  las  víctimas  fueron  los  procesados.   

Adicionalmente  se  tiene  que si el censor  argumenta  que  no  se  analizó  con detenimiento el testimonio de José  Guerrero  quien  en su declaración  expuso  que  cuando  llegó al hospital día noche de los acontecimientos estaba  inconsciente,   le   correspondía  plantear  un  específico  error,  cierto  y  trascendente  en las conclusiones del fallo, actividad que no adelantó. Y Si lo  que  cuestiona  son  las  conclusiones  derivadas  de  tal prueba, ingresa en la  argumentación    del    falso    raciocinio    que    tampoco    postuló    ni  desarrolló.   

Por  tanto,  si  la  declaración del Juez  Ricardo  Chávez  no  fue  objeto  de  tergiversación,  el  cargo  por  falso juicio de identidad no está  llamado a prosperar.   

3.            Demanda   a   nombre  de  FABIO GERMÁN PORTILLO:   

La  defensora  postula  tres  reproches por  violación   indirecta   de   la  ley  sustancial,  que  presenta  y  desarrolla  así:   

          3.1.                      Falso  juicio  de existencia en relación con el  acta  de  levantamiento  del  cadáver, la necropsia, las historias clínicas de  las  víctimas  y  la  declaración  del  Juez Ricardo  Chávez.   

          Estima  la Sala que la casacionista no demuestra el yerro postulado,  pues  la  actuación  informa  que las mencionadas pruebas sí fueron tenidas en  cuenta  en  el  fallo, al punto que con el acta de levantamiento del cadáver de  Guillermo  Gelpud  y con las  historias     clínicas     de     José    Alberto  Guerrero    y    Alvaro  Quiroz  se  demostró la materialidad de las conductas  investigadas,   circunstancia  que  denota  la  ausencia  del  falso  juicio  de  existencia por omisión.   

          En  efecto  en el fallo de primera instancia que conforma una unidad  con el de segundo grado se expresó:   

“…las muertes  violentas  de  GUILLERMO  GELPUD  NARVAEZ y ABRAHAM ALIRIO TRUJILLO CANAMEJOY se  acreditan con el siguiente caudal probatorio:   

“a) Protocolos  de necropsia en los cuales se establece que GELPUD…   

“b) Diligencias  de  levantamiento  de los cadáveres realizados por los Juzgados de Instrucción  Criminal de Mocoa…”.   

“Con respecto a  las  lesiones  de  que  fueron  víctimas  JOSE ALBERTO GUERRERO y ALVARO QUIROZ  corren en la foliatura las siguientes probanzas:   

“a)  Historias  clínicas  números 38172 del Hospital José María Hernández de Mocoa y 139767  del  Hospital  San Pedro en las cuales aparece que GUERRERO presentó una herida  penetrante    en    cara    causada    por    arma    de    fuego…”.   

Además,  como  acertadamente lo señala el  Delegado,  si  bien no aparece el registro detallado de las lesiones que echa de  menos  la  actora,  lo cierto es que tal circunstancia deviene en intrascendente  en  punto de derruir la presunción de acierto y legalidad del fallo, pues ellas  en  nada  interfieren  sobre  la  atribución de responsabilidad de PORTILLO.   

          Acerca  del  “tiempo  que  tuvieron  las  víctimas  para reconocer a sus agresores”, evidencia  la  Sala  que  la  defensora intenta sin éxito construir la censura a partir de  peculiaridades  intrascendentes,  pues  como  se  afirmó  en el fallo de primer  grado,  corriente  resulta  que  las  víctimas conocieran con antelación a los  victimarios,  en  cuanto  agentes de policía que se desempeñaban en Mocoa, sin  que  para  identificarlos tuviera que transcurrir un largo periodo, más aún si  se  advierte  que inclusive, fueron señalados con sus apodos que resultaron ser  ciertos.   

          Respecto  del falso juicio de existencia por omisión que la censora  señala  respecto  de  la  condición  de  alcohólicos  y  drogadictos  de  los  ofendidos,  no  dice  y  la  Sala  no  advierte, de qué manera ello puede tener  suficiente  entidad  para  desvirtuar las sindicaciones directas que hicieron de  sus  agresores,  pues  sin  duda  alguna, la situación especial a la que fueron  sometidos  con  anterioridad  a los disparos permite evidenciar, junto con otras  pruebas  como las declaraciones de testigos presenciales, que su dicho no se vio  alterado    de    manera    alguna   por   su   real   o   supuesta   condición  alcohólica.   

          Al  igual  que sus antecesores, la defensora cita como disposiciones  quebrantadas  algunas  de índole sustancial sobre las que no señala el sentido  de  la  vulneración  ni  la  forma  en que ella se produjo, y además relaciona  disposiciones  procesales que carecen de aptitud para fundamentar el cargo en la  técnica  casacional.  Además, relaciona el artículo 254 del derogado estatuto  procesal,  que  como  ya  se  ha  advertido  reiteradamente  a  lo largo de esta  providencia  corresponde  al discurrir propio del falso raciocinio por quebranto  de  las  reglas  de  la  ciencia, la lógica o la experiencia, que no postuló y  tampoco desarrolló.   

          Tampoco  se  detiene  la casacionista a analizar la trascendencia de  su  denuncia  frente  a  otras  pruebas que comprometen a su defendido, como los  sobornos  que  a  través de interpuesta persona formuló a los declarantes para  que  alteraran  la  verdad en sus exposiciones sobre lo acontecido, argumento de  más para que la censura fracase.   

          El cargo no prospera.   

          3.2.                      Falso  juicio de identidad que recayó sobre las  declaraciones  del  Juez  Ricardo Chávez,  Zoilo  Erazo, Henry Burbano y Mario Meneses.   

          Acerca  de  la  censura que por falso juicio de identidad formula la  demandante    respecto    de    la    declaración    del    Juez   Ricardo     Chávez,     basten     las  consideraciones  ofrecidas al tratar los cargos segundo y quinto de las demandas  de    BERMÚDEZ   y   de  ALFARO,  respectivamente.   

Pertinente  resulta destacar que la censura  además  de  no  contar con respaldo en la actuación deviene en intrascendente,  pues   lo  cierto  es  que  el  fallo  de  condena  en  contra  de  FABIO  GERMÁN  PORTILLO  no  se sustentó  exclusivamente  en  el  testimonio  del  Juez  Ricardo  Chávez,  ni  en  el  temor  cierto  o presunto de las  víctimas  ante  la  presencia  de  los uniformados que acompañaban al referido  funcionario  en  su  visita al hospital de Mocoa, sino en otras pruebas, como ya  se ha señalado.   

En  cuanto  se  refiere  al falso juicio de  existencia  por omisión respecto del libro de minuta de guardia de la estación  de  policía de Mocoa, valgan las observaciones que formuló la Sala al analizar  el   cargo   primero   de   la   demanda  de  ABELARDO  BERMÚDEZ,  de las cuales se concluye que no es cierto  que  tal  medio de prueba haya sido omitido en el fallo atacado, sino que por el  contrario,  el  ad  quem  al  apreciarlo  estimó  que  no  le  ofrecía credibilidad y por tanto lo descartó  razonadamente  como  fundamento  de  su  decisión,  circunstancia que denota la  ausencia del yerro postulado.   

          En  cuanto atañe al falso juicio de identidad que la actora postula  respecto  de  las  declaraciones  de Zoilo Erazo, Mario  Meneses  y Henry Burbano, una vez más su censura queda  expósita  de  argumentación y acreditación, como que no se detiene a señalar  de  qué  manera  fueron distorsionados tales testimonios, y lo más importante,  no  demuestra que con la corrección del yerro se trastocarían las conclusiones  del  fallo,  pues  olvida  que  no  fue  con  base  en  estas  declaración  que  exclusivamente  se  condenó  a su representado, sino que otros medios de prueba  comprometieron  con  certeza su responsabilidad, entre ellos, la declaración de  los  ofendidos  y los sobornos que formuló a través de diversas personas a los  declarantes  de  cargo  para  que  alteraran  la  verdad  de  los  hechos en sus  exposiciones.   

Acerca  de las normas citadas como violadas  la  defensora  incurre  en  las  mismas falencias de técnica y de demostración  expuestas sobre el punto al estudiar el cargo anterior.   

          3.3.                      Falso juicio de existencia que recayó sobre las  declaraciones  que exoneran de responsabilidad a FABIO  GERMÁN PORTILLO.   

         En  punto  de este reproche estima la Sala que tanto la delación de  ABELARDO  BERMÚDEZ respecto  de  los  autores  de  los  delitos  investigados,  como  la carta que remitió a  FABIO  GERMÁN  PORTILLO y lo  que  expresó  en la audiencia pública, fueron elementos de juicio valorados en  la   sentencia  de  primera  instancia  y  que  a  la  postre  fundamentaron  la  atribución      de      responsabilidad      respecto      de      ALFARO        y        CASTRO,   no   con   relación    a  PORTILLO,  de  donde  puede  concluirse  que  no  se  presentó  el  falso  juicio de existencia por omisión  denunciado, motivo por el cual el cargo no puede prosperar.   

          En efecto, en la providencia citada se anotó:   

“No  podemos  dejar  de  mencionar  la  acusación que ya en la etapa del juicio hace ABELARDO  BERMUDEZ  ,  por  lo  menos en contra de ALFARO y de CASTRO, hecho que, desde la  perspectiva  de  uno  de  los  procesados,  califica  aún  más los testimonios  acriminatorios…”   

La  Sala advierte que resulta curioso en el  desarrollo  de este reproche, que la censora pretenda destruir la presunción de  acierto  y  de  legalidad  del fallo atacado, con base en la declaración de una  persona,   Fredy  Homero  Ramírez  Muñoz,  que  según  ella  misma,  pudo  verse  involucrada en los hechos  investigados,    y   que   se   ha   limitado   a   exponer   que   PORTILLO   carece   de   capacidad   para  delinquir,  pues  sobra  advertir, que a este no se le condenó por ser capaz de  cometer  delitos,  sino porque se demostró con pruebas legalmente aducidas a la  actuación,  tales  como  las  las  declaraciones  de las víctimas José     Guerrero    y    Alvaro  Quiroz,  así como los testimonios  de Zoilo Erazo, Henry Burbano  y   Mario  Meneses,  y  los  intentos  por sobornar a través de interpuestas personas a los declarantes para  que  faltaran  a la verdad, que en efecto, junto con los otros procesados estuvo  presente e intervino en los sucesos investigados.   

          Como    la   casacionista   manifiesta   que   contra   FABIO  PORTILLO no se estructura ninguno de  los  indicios  a  los que salude la sentencia censurada, habida cuenta que no se  acreditaron   los  hechos  indicadores  que  permitirían  las  correspondientes  inferencias  de  responsabilidad, baste señalar que la técnica para atacar los  indicios  no  se  satisface  con una somera, vaga y escueta postulación como la  que  ofrece, pues si deseaba atacar los hechos indicantes a partir de los cuales  se   dedujeron   los   indicios,   imperioso   resultaba   que   formulara   los  correspondientes  yerros  de  hecho o de derecho con señalamiento de su especie  respecto   de   tales   pruebas   y  proceder  de  conformidad  a  acreditar  su  materialidad,   trascendencia   y   efectos  en  la  inferencia,  labor  que  no  emprendió.   

Ahora  bien,  en  punto  de la solicitud de  modificar   la  dosificación  punitiva  en  atención  a  que  su  representado  compareció  al  proceso,  baste  decir,  que  la  demandante se desentiende por  completo  del  rigor y exigencias de esta impugnación extraordinaria para hacer  su  pedido,  dado  que  no  demuestra  errores  en los falladores, y sin ello la  censura  no  pasa  de  ser  una  lánguida  petición  propia de las instancias;  además,  la  circunstancia  genérica  de  atenuación de pena cuya aplicación  solicita  no  tiene  la virtud de modificar los extremos punitivos, y por tanto,  si  la  sanción  impuesta fue la mínima establecida en el Decreto 100 de 1980,  no  hay  posibilidad  alguna  de  imponer  una pena inferior al límite punitivo  dispuesto por el legislador.   

Como con acierto lo señaló el delegado, el  cargo no prospera.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN  PENAL,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE   

NO CASAR la sentencia recurrida.  

Cópiese,  notifíquese,  devuélvase  al  Tribunal de origen y cúmplase.   

YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Comisión    de  servicio   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO    DE    BARÓN                    

JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANES               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

Impedido  

TERESA    RUIZ  NÚÑEZ   

Secretaria   

    

1 Cfr.  Auto   del   18   de   diciembre   de   2001.  M.P.  Dr.  Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego.   

2 Cfr.  Sentencia del 12 de junio de 2003. Rad. 15290.   

3 Cfr.  Providencias  del  14  de mayo de 1997. M.P. Dr. Jorge Aníbal Gómez Gallego, y  del 24 de julio de 2001. M.P. Dr. Carlos Gálvez Argote.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *